• Jueves a la mañana

    Hace un año, el obispo Ambrocio Porcincula, líder de nuestra convención ‚Äía quien quizás recuerden como “el hombre Aleluya”‚Äí, murió debido a un derrame cerebral. Hoy quisiera recordarlo porque fue tan cercano a mí como mi propio abuelo. Hasta donde sé, nunca faltó a una Asamblea del CMM desde que comenzó a participar. Sé que también estaría aquí si todavía estuviera vivo, y estaría orgulloso de verme hoy parado en el escenario.

    Tres días después de la muerte de mi obispo, mi padre dio positivo de COVID-19 y contrajo una neumonía grave. Fue una de las peores crisis que hemos experimentado como iglesia y como familia, porque mi padre era a quien le tocaba dirigir la convención después de la muerte del obispo Porcincula. Durante nuestro duelo, la vida de mi padre también pendía de un hilo.

    Pensé que también perderíamos a mi padre, porque no podíamos encontrar un hospital que lo recibiera. Pero, aunque mis hermanos y yo estábamos profundamente angustiados, por la fe nos sostenemos y acordamos cuidar de nuestro padre en casa. Hicimos lo mejor para conseguir todo lo que necesitaba y ayudarlo a sobrevivir.

    No podía imaginar una segunda muerte de un ser querido y un padre para todos en la iglesia, lo cual sería devastador. Pero, en medio de nuestra lucha, encontramos consuelo en el conocimiento de que Dios tiene el control. Encontramos paz en la fe; pase lo que pase, es la voluntad de Dios.

    Después de dos semanas de atención domiciliaria, mi padre se recuperó y fue sanado por el Señor.

    Creo que la historia de la crisis de COVID de mi familia es solo una entre millones. Ninguno de nosotros ha estado libre de una crisis en estos últimos dos años, pero a pesar de la presencia de la aflicción y el dolor, nuestra fe es nuestra fuente constante de paz.

    Muchas personas están sufriendo, abatidas por el peso de sus problemas. Pero el Salmo 9,9 dice: “El Señor protege a los oprimidos; él los protege en tiempos de angustia”.

    Nuestras luchas son un recordatorio constante de que Dios es nuestra ayuda. Ahora, necesitamos a Dios más que nunca.

    Como comunión, oramos acerca de las luchas de nuestras iglesias en India, que enfrentan persecución debido a sus creencias cristianas. En Myanmar, nuestros hermanos y hermanas sufren incertidumbres políticas que terminaron en violencia. Y en Ucrania, muchos son desplazados por la guerra.

    Pero a pesar de todo, estamos aquí: ¡ustedes llegaron! Y para aquellos que están en línea: ¡ustedes están presentes! (Tienen que levantarse demasiado temprano o quedarse despiertos hasta tarde, ¡pero están presentes!)

    ¿No es hermoso volver a vernos? ¿No es hermoso ver la reunión de tus hermanos y hermanas hoy en este lugar? ¿No es hermoso que, a pesar de la pandemia y la guerra, nos inscribimos a principios de este año y confiamos en que todo estaría bien para julio ¡Fue un gran acto de fe!

    Como parte del equipo de inscripción de la Asamblea, me sorprende ver cómo muchos de ustedes se inscribieron enseguida, en cuanto abrimos la inscripción en el sitio web. Se inscribieron con antelación, a pesar de las incertidumbres alrededor nuestro. En ese entonces ni siquiera sabíamos qué pasaría con la guerra en Ucrania, pero aun así, las personas de Europa fueron algunas de las primeras en inscribirse.

    Hoy quisiera recordar a nuestros hermanos y hermanas de Ucrania. Muchos de ellos optan por quedarse en medio de la guerra y ayudar a los necesitados. Las iglesias menonita-anabautistas reúnen todo lo que pueden para ayudar al pueblo de Ucrania. La guerra es fea, pero cuando las personas deciden unirse, ayudándose unos a otros en tiempos de necesidad, es algo hermoso.

    En tiempos difíciles, somos la extensión de las manos de Dios. Los milagros de Dios llegan a través de nosotros.

    Esto es lo que significa vivir juntos en tiempos de crisis. Nos olvidamos de nuestras diferencias, de nuestros desacuerdos, y coincidimos en nuestro objetivo común de procurar la paz. La paz no es un destino, sino un camino y ese camino no podemos recorrerlo solos, nos necesitamos unos a otros.

    A todos los que responden al llamado de auxilio de sus hermanos y hermanas, a los que dan donaciones, para quienes son voluntarios, a los que ayudan a la gente a encontrar justicia, a los que cuidan de personas desconocidas: ¡gracias! Ya dieron un paso más hacia un mundo pacífico que todos deseamos. Son la extensión del brazo de Dios.

    Ahora, desafío a todos también a hacer lo mismo por nuestros hermanos y hermanas en India y Myanmar. Tratemos de aprender más sobre su situación y descubramos cómo podemos ser las manos físicas de Cristo en este momento de necesidad.

    Hace un año, durante nuestra crisis de COVID, mi familia tuvo que permanecer en aislamiento domiciliario durante más de un mes mientras mi papá se recuperaba de COVID. Fue necesario contar con la generosidad de nuestros amigos y miembros de la iglesia para suplir todas nuestras necesidades: alimentos, recargas de oxígeno y medicamentos. En retrospectiva, todavía me sorprende ver cómo Dios usó a las personas para satisfacer nuestras necesidades justo cuando más lo necesitábamos. Incluso en medio de la noche, hubo personas que no dudaron en ofrecer ayuda. Hasta la persona más inesperada, que crees que no puede darte nada porque también es una persona necesitada, llamaba a nuestra puerta para darnos algo debido a una preocupación genuina por nosotros.

    Verdaderamente, las crisis y las dificultades sacan lo mejor de nosotros. Vemos las manos de Dios obrando a través de todos nosotros.

    Quisiera finalizar con Romanos 15,13: “Que Dios, que da esperanza, los llene de alegría y paz a ustedes que tienen fe en él, y les dé abundante esperanza por el poder del Espíritu Santo” (DHH).

    Confíen en el poder del Espíritu Santo porque hay esperanza en este momento difícil. Nosotros, como comunión de iglesias, seremos la ayuda mutua en tiempos de necesidad. Cuando el poder del Espíritu Santo fluye a través de nosotros, no podemos evitar actuar, el Espíritu Santo es nuestra fuerza impulsora para acercarnos a los necesitados. Y así es vivir juntos en tiempos de crisis para aquellos que siguen a Cristo.

    —Ebenezer G. Mondez, representante del Comité YABs (Jóvenes Anabautistas) (2015-2022) para Asia y el Pacífico y consejero de los YABs (2022-2028). Es miembro de la Iglesia Bíblica Menonita de Lumban, Filipinas.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Durante la Asamblea 17 del Congreso Mundial Menonita en Indonesia, el comandante Yanni Rusmanto de Solo, Indonesia, participó en un taller, “Menonitas y musulmanes radicales de Indonesia construyen la paz”, y mediante la ayuda de un intérprete expresó: “Estábamos lejos de la paz, pero ahora somos amigos de los cristianos. Estamos trabajando por la paz y la humildad.”

    Este fue uno de varios talleres sobre relaciones interreligiosas, centrado en cristianos y musulmanes. En total, se llevaron a cabo más de cincuenta talleres en la Asamblea 17, y muchos de ellos se grabaron para que se pudieran ver después.

    Yanni Rusmanto es líder de Hezbollah, un grupo paramilitar indonesio. (“Hezbollah” significa “partido de Dios” y es el nombre de muchos grupos musulmanes sin relación entre sí). Dicho grupo vigila la comunidad a fin de detectar borrachos e infractores de la ley, dar advertencias y comunicarse con la policía cuando hay peleas callejeras.

    En el taller, Paulus Hartono, pastor de GKMI, y Yanni Rusmanto hablaron sobre su cooperación, que comenzó después del terremoto y el tsunami del 26 de diciembre de 2004, que devastaron parte de Aceh. No fue suficiente que el Servicio Menonita de Diaconía (MDS, por sus siglas en inglés), ubicado en Solo, respondiera a estos hechos. Paulus, fundador de MDS, se acercó para invitar al comandante musulmán local a sumarse a las iniciativas de ayuda.

    Yanni se preguntaba: “¿Por qué este infiel quiere dialogar?” Cuando Paulus se le acercó, tenía miedo de que pudiera convertirse así que trató de rechazarlo, pero Paulus siguió preguntando.

    Yanni dice: “Me habló de la humildad y del terremoto de Aceh; y así empecé a abrir mi corazón”.

    Los dos grupos trabajaron codo con codo en Aceh durante quince días, viviendo bajo el mismo techo. Paulus cuenta que, “empezamos a conocernos, y nos respetamos aunque seamos muy diferentes en muchas cosas. Pero eso no significa que no podamos trabajar juntos.”

    Yanni todavía lo considera a Paulus un kéfir, es decir un infiel. Pero, “Paulus es un buen kéfir. Quiero ser amigo de Paulus y quisiera dialogar.”

    Para Paulus, la construcción de la paz y la ayuda humanitaria van de la mano. MDS da respuesta a las catástrofes, construye la sostenibilidad ambiental y lleva a cabo el diálogo interreligioso. Los tres son inseparables, e incluso a veces son indistinguibles.

    La gente le pregunta cuál es el secreto de su próspera congregación y ministerio innovador y Paulus responde: “Debemos hacer la misión de Jesús, no la misión de nuestra organización o la misión de nuestra iglesia. Vivimos plenamente los valores del reino: misión, paz, verdad, justicia y amor, guiados por el Espíritu Santo.”

    Yanni dice: “Vemos el corazón del pueblo menonita. Hacen las paces humildemente, establecen buenas relaciones con otras religiones, incluso con nosotros, el Hezbollah.”

    Yanni Rusmanto ahora coloca a Paulus Hartono en una tercera categoría: un infiel bueno.

    Yanni afirma que “la paz es mejor que la violencia. El mundo está lleno de violencia, incluida la guerra. Es hora de hacer las paces juntos. Hezbollah sirve a Dios y al mundo: con Paulus, servimos al mundo. Al final, les digo a todos mis amigos menonitas de todo el mundo, que amen la paz, la humildad y la no violencia.”


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • “No puedo agradecer lo suficiente que, aunque seamos un grupo grande y diverso, hablamos el mismo idioma: el idioma del amor por Cristo y su pueblo”, dice Daniel Nugroho, que formó parte del equipo de intérpretes que hizo posible que todos pudieran entender en la Asamblea.

    En cada plenario de adoración, había hasta cuatro intérpretes en el escenario ‚Äíintegrantes de un equipo de veintún personas‚Äí, interpretando al indonesio a todos los oradores. Mientras tanto, dos intérpretes de un equipo de ocho interpretaron al francés y al español en las cabinas respectivas.

    Los intérpretes tuvieron algunos desafíos adicionales en Indonesia, con contagios por COVID y fallas de Internet que afectaron los auriculares.

    Karina Derksen-Schrock, coordinadora de interpretación del CMM, señala que “la traducción simultánea es un ejercicio particularmente exigente que requiere mucha atención, especialmente porque hay que adaptarse a los acentos y patrones del habla de los diferentes oradores”.

    Y en cuanto a la comprensión, no se trata sólo de las palabras utilizadas.

    Sarah Pillay, intérprete del inglés al indonesio, dice que “como intérpretes, tenemos la oportunidad de ser un puente no solo para el idioma sino también para la cultura y el vínculo entre las personas”.

    Ary Rusdianto, coordinador de interpretación del indonesio, trabajó tras bambalinas durante años. Supervisó la traducción al indonesio de las historias y los materiales para el culto del CMM, a fin de ayudar a sus compatriotas indonesios a familiarizarse con el CMM antes del evento. Uno de sus desafíos fue encontrar intérpretes de indonesio y español.

    Ary manifestó que “fue una bendición que Dios proporcionara muchos intérpretes de indonesio para ayudar en la Asamblea”.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Vida en el Espíritu: Aprender. Servir. Adorar.

    82 participantes de 26 países diferentes 34 delegados: 4 de América del Norte, 4 de Europa, 11 de Asia, 6 de África y 9 de América Latina.

    En las sesiones de delegados, surgieron algunos desafíos comunes para los jóvenes: la soledad y la necesidad de pertenencia, la necesidad de un buen liderazgo, cerrar la brecha generacional y la necesidad de redefinir la iglesia, de manera que su función pueda trasladarse a los espacios donde los jóvenes están presentes.

    Los delegados también intercambiaron ideas sobre soluciones, para que pudieran ser parte de generar cambios mediante la construcción de relaciones y el intercambio de recursos.

    Más que simplemente discutir, los delegados y participantes disfrutaron de su tiempo aprendiendo sobre las diferentes culturas, compartiendo comidas de sus países, compartiendo palabras de aliento y fortalecimiento, y orando unos por otros.

    Ebenezer Mondez, representante del Comité YABs para Asia (2015-2022) y consejera de YABs (2022-2028), cuenta que “uno de los momentos más impactantes de GYS fue después de que los delegados compartieran sus conclusiones con los participantes: sobre un gran mapa en el piso, oramos por los países de unos y de otros, así como también por cada uno personalmente. El Espíritu estuvo muy presente cuando nos unimos en oración, y la gente oró verdaderamente por el cambio que querían ver en el mundo y en sí mismos”.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Miércoles a la mañana

    Siempre ha habido dos tipos principales de aprendizaje: el académico y el vivencial. La mayoría de nosotros tenemos una inclinación hacia uno u otro, pero la realidad es que ambos son necesarios para aprender. El conocimiento no hace mucho bien a nadie si no se aplica. De manera alternativa, a menudo es contraproducente y un desperdicio implementar algo sin una investigación previa. Explorar perspectivas diversas se podría concebir en el marco de múltiples contextos, ya sea que se relacione con nuestra familia anabautista mundial, el cuerpo mundial de Cristo o nuestra sociedad multicultural más amplia. Nuestra capacidad de aprender de alguien solo está limitada por nuestra capacidad de ver la imagen de Dios en cada persona, y nuestra apertura para permitir que el Espíritu de Cristo en nosotros nos enseñe a través de cualquier persona o situación, sin importar cuán diferente, incómoda o antipática sea. Al pensar en cómo sería para nosotros aprender juntos como familia anabautista mundial, nos vienen a la mente cuatro cualidades esenciales que Jesús manifestó: humildad, integridad, discernimiento y responsabilidad.

    Humildad e integridad

    La humildad y la integridad están igualmente ligadas a nuestra identidad en Cristo. Salmos 119 comienza con: “Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor” (NVI). Si sabemos quiénes somos como hijos amados del Padre salvados por la gracia a través de la fe, podemos entablar conversaciones con personas de diversas perspectivas con humildad y sin sentirnos orgullosos o a la defensiva. Saber quiénes y de quién somos nos da seguridad para actuar con integridad en diversos entornos.

    Jesús es claro: si permanecemos en él, haremos lo que él ordena y nuestra vida lo manifestará. Cuanto más sinceros seamos sobre quiénes somos y a quién seguimos, menos personas se sorprenderán cuando nos comportemos de cierta manera y como respuesta se vean obligadas a tomar una decisión. De la misma manera, Jesús conoció su identidad como Hijo de Dios y su llamado desde una edad temprana, lo que determinó sus prioridades, su ministerio y cómo la gente reaccionaba ante él.

    Para actuar acorde a nuestro propio llamado como sacerdotes y embajadores de Dios, debemos saber quiénes somos en relación a nuestro Padre. Cuando tenemos confianza en lo que somos por el amor y el perdón de nuestro Padre, somos libres de brindar lo mismo sin expectativas. Jesús sabía que era el Hijo amado de Dios y, sin embargo, vino a servir, no a ser servido. Somos capaces de vivir esa misma identidad divina de hijos e hijas y seguir su ejemplo de servicio.

    Discernimiento

    El discernimiento no es tan sofisticado, pero últimamente me he dado cuenta de que se volverá más esencial para la iglesia a medida que el ruido y las noticias nos inunden con información, tanto verdadera como falsa. ¿Cómo, en medio del clamor de las voces y de los medios en el mundo, vamos a aprender de los demás mientras discernimos y damos testimonio de lo que es verdadero y auténtico?

    Un pastor recientemente me reformuló el discernimiento como la capacidad de identificar la fuente: el mundo, nuestra carne, Satanás o el Espíritu. Nuestra habilidad para hacer esto es algo que solo se logra a través del Espíritu. Un pasaje de las Escrituras que lo ilustra es 1 Corintios 2: “pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios …. Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido…. El que es espiritual lo juzga todo…. por nuestra parte, tenemos la mente de Cristo”.

    Una de las cosas más difíciles de aprender a confiar es en la experiencia de Dios de otra persona. Entre los cristianos, existe una amplia variedad de maneras en que las personas viven su relación con Dios y disciernen la dirección y guía de Dios en su vida. A veces evaluamos el hecho de aprender de otros como si siempre estuviéramos aprendiendo directamente de Dios. Pero lo que aprendemos de los demás no siempre es de Dios o concuerda con la Palabra de Dios. Esto es algo que es discernido por el Espíritu, con quien siempre debemos poner a prueba todo lo que recibimos (1 Juan 4:1, 1 Tesalonicenses 5:21), ya sea profecía, enseñanza o experiencia y compararlo con la Palabra de Dios.

    Responsabilidad

    La responsabilidad es lo más peligroso que viene con el aprendizaje. Es un principio del reino que el conocimiento y las bendiciones conllevan la responsabilidad de administrarlos bien ante Dios. “A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aún más” (Lucas 12:48, NVI).

    Ahí radica el peligro del aprendizaje unilateral: adquirir conocimientos sin ponerlos en práctica. Esto se aplica particularmente al Occidente y aquellos de nosotros que hemos crecido en ámbitos cristianos. Aun así, tener menos no exime a nadie de responsabilidad. Hay muchos recursos disponibles en mi cultura para ayudar a las personas, desde libros, conferencias, contenido de redes sociales, retiros y cohortes; es posible conseguir cualquier tipo de contenido. A veces me pregunto qué le pasaría a la Iglesia en el Occidente si se le quitara todo ello. Si todo lo que nos quedara fuese la Palabra de Dios, el mundo creado y el pueblo de Dios dirigido por el Espíritu Santo, ¿sería suficiente para que aprendiéramos?

    No digo que debamos ignorar todos los recursos que existen, pero mi preocupación, incluso al evaluar mi propia vida, es cuán fácilmente puedo recurrir a otras fuentes de crecimiento y conocimiento además de la verdadera Fuente. Y lo que es más importante, ¿qué estoy haciendo con todo lo que he aprendido y adquirido?

    Este es mi desafío para ustedes, amados hermanos y hermanas, en estos tiempos tumultuosos, como dice Efesios, “así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza, y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efesios 4:14-15). A medida que nos transformemos constantemente a la imagen de Cristo, que nuestra capacidad de aprender juntos con toda humildad e integridad propicie un mayor discernimiento a través del Espíritu para conocer la verdad y manifestar lo que significa vivir nuestra vida en consecuencia.

    Este es el reino que Jesús inició y este es nuestro llamado como el cuerpo de Cristo: concretarlo para que el mundo lo vea.

    —Larissa Swartz se desempeña como presidenta del Comité de Jóvenes Anabautistas, YABs (2015-2022). Actualmente, está por iniciar una nueva etapa en la ciudad de Nueva York con miras a formar parte de un movimiento de iglesias que se reúnen en casas.

    Aprendiendo Juntos – Mañana Plenario: 6 de julio 2022


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Miércoles a la mañana

    «Aprender juntos a discernir la voluntad de Dios”: desde el principio, los primeros cristianos afrontaron este desafío. ¡En efecto, “aprender juntos a discernir la voluntad de Dios” no es un deseo piadoso! No es un proceso cómodo. De hecho, es el gran desafío de la vida cristiana, de nuestra vida personal y en la vida de nuestras congregaciones, de nuestras iglesias locales.

    Para reflexionar sobre este desafío, propongo que volvamos a un momento fundamental, un momento originario: el momento en que a los discípulos se les llamó cristianos (en Hechos 11,26); “fue en Antioquía donde por primera vez a los discípulos se les llamó cristianos”. (NVI)

    Para mi gran sorpresa, al leer y meditar sobre este episodio de la historia de la iglesia, me vi obligada a cuestionar lo que creía saber. Este cambio ocurrió cuando observé que la época en que se les dio el nombre de cristianos a los creyentes fue todo menos idílica. La amenaza más peligrosa para la nueva iglesia cristiana no era tanto el contexto de persecución, o de “sufrimiento” descrito en el texto. No, lo más impactante para mí fue este hermoso momento, este momento en que recibieron un “nombre” –además, un nombre que contenía el de Cristo–, y correspondía en realidad a una situación en la cual la mayor amenaza para los nuevos creyentes era la de la división, la división interna.

    En efecto, por un lado, está la comunidad de Jerusalén: la comunidad madre, más antigua y culturalmente judía. Por otro lado, está la comunidad de Antioquía: ¡de cultura griega, una comunidad más joven y dinámica con mayor crecimiento y frutos más visibles! Por un lado, están los que anuncian la Palabra exclusivamente a los judíos y, por otro lado, los que anuncian las buenas noticias a los paganos, los griegos. Dos estilos: los ancianos más ligados a la tradición; ¡y los más jóvenes, sin duda más ingeniosos y con mayor libertad! Dos formas de ser y dos proyectos evangelísticos. En esta situación, ¿cómo pueden seguir aprendiendo juntos? ¿Cómo pueden discernir juntos la voluntad de Dios?

    Desde el comienzo, los primeros cristianos afrontaron dolorosamente dicho desafío. Esto lo podemos aplicar a nuestra situación actual. ¿Qué tienen los menonitas de la antigua Europa donde se inició el anabautismo en común con los menonitas de otros continentes, con las iglesias más jóvenes y dinámicas?

    Volvamos a la historia de los Hechos de los Apóstoles: ¿cuáles son las razones por las que no se produjo la escisión, al menos no en ese momento, aunque estaban presentes todos los factores de la división? ¿Cuáles fueron los pasos que se dieron en el proceso de discernimiento?

    En primer lugar, notamos que la iglesia madre (la de Jerusalén) opta por enviar a un hombre, Bernabé, que al menos en aquel entonces no era un hombre de alto rango. El factor decisivo es la actitud de este hombre que hará posible los lazos de unidad. “Cuando llegó y vio las evidencias de la gracia de Dios, se alegró y animó a todos …” (v. 23 NVI). De esta manera, Bernabé comienza tomándose el tiempo para mirar, no con una mirada crítica, sino de asombro. ¡No tiene miedo a lo nuevo! Sin duda, podría haber estado celoso del crecimiento de esta nueva comunidad. Sin duda, vio –y con razón, ya que de lo contrario Jerusalén no lo habría enviado– todos los riesgos que corría esta joven y dinámica comunidad, todas las posibles desviaciones… Pero su primera mirada fue una de asombro ante lo que el otro estaba viviendo, dando gracias por el fruto nacido por la obra de los demás.

    Este es el primer paso del proceso: mirar y admirar lo bueno en los demás, lo bueno en la iglesia de los demás. Si nos atreviéramos a asombrarnos ante los demás, ¿no cambiarían las relaciones entre nuestros países y las diferentes culturas? ¿Están los occidentales dispuestos a admirar lo que sucede en otros lugares y aprender de los demás? ¿Estamos preparados para esta conversión en nuestra manera de ver?

    Una vez más, ¡volvamos a nuestra historia! Bernabé no está dichosamente optimista frente a lo que está dando frutos. La verdadera bondad y la verdadera amabilidad no excluyen la obra de la verdad que consolida las cosas. Y así, en segundo lugar, vemos cómo Bernabé toma la iniciativa de buscar a Pablo y traerlo de vuelta a Antioquía para que durante un año los dos puedan enseñar a esta nueva comunidad joven.

    Sin embargo, hay un pequeño detalle, que en realidad no es pequeño. Pablo y Bernabé no están solo en calidad de maestros. Se menciona que “se reunieron con la iglesia” (v. 26). No tienen miedo de estar entre los demás como iguales, en una relación de reciprocidad donde todos toman parte en la conversación. Esto se lleva a cabo por un período de un año, lo que les permite construir lazos y conocer la situación desde adentro. Este es el segundo paso del proceso.

    Regresemos a Antioquía, la iglesia joven. No tiene miedo de acoger a alguien enviado por la iglesia madre, aceptando la enseñanza de parte de una persona que proviene de una comunidad mucho menos dinámica, aparentemente menos fructífera. No tiene miedo de ponerse en la posición de recibir de los demás.

    Pero la historia no ha terminado: la iglesia joven, a su vez, cuidará de la iglesia madre. Durante un tiempo de hambruna, organizará una recaudación de fondos y enviará dinero a Judea (ver v. 27-30). ¡Hay verdadera reciprocidad en esta demonstración concreta del cuidado mutuo!

    El momento en la historia en que los creyentes reciben el hermoso nombre de “cristianos”, es por consiguiente, el momento en que aceptan no quedarse estancados en su manera de ver solo en términos de su etnia, de su cultura, de su realidad local. “Aprender juntos” es correr el riesgo de vencer fronteras, porque pertenecemos a un mismo cuerpo, porque “somos miembros los unos de los otros” (Romanos 12,5). Somos la misma carne, la del Cuerpo de Cristo.

    —Anne-Cathy Graber, pastora y teóloga menonita, es hermana consagrada de la comunidad Chemin Neuf de París, Francia. Se desempeña en la Comisión de Fe y Vida de CMM como representante del Foro Cristiano Mundial y de la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias. Asiste a la Église Évangélique Mennonite de Châtenay-Malabry, París, Francia.

    Aprendiendo Juntos – Mañana Plenario: 6 de julio 2022


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Miércoles a la noche

    Cuando tenía 17 años, mi abuelo se vio obligado a combatir en la Segunda Guerra Mundial. Cuando comencé a hablar sobre mis planes de estudiar sobre la paz y teología de la paz, se molestó un poco. Me dijo: “¡Hablas de paz y guerra, pero no sabes de lo que estás hablando! Cuando llega la guerra, no tienes otra opción. ¡No hay nada que puedas hacer!” En ese momento, creía que lo que le había faltado a Europa Occidental durante la Segunda Guerra Mundial era una buena teología de la paz. Ahora la tenemos, así que estaremos bien, o eso pensaba.

    Hace unos meses (y unos ochenta años después de la Segunda Guerra Mundial), estalló la guerra en Ucrania. Y mientras nuestros hermanos y hermanas de Ucrania enfrentan los males de la guerra, muchos menonitas de Europa Occidental están conmocionados por la cercanía y la realidad de la guerra. Los años de buena teología de la paz se olvidaron. Ahora nos volvemos a sentir como se sentía mi abuelo: “No hay nada que podamos hacer”. De repente, para muchos cristianos que creen en la paz, la única opción posible es la participación violenta. Cuando nuestro contexto era pacífico, afirmábamos la no violencia, pero ahora frente a la guerra vemos la resistencia no violenta como ingenua y poco realista. Tenemos muchos buenos teólogos de la paz, pero para este momento lo que decían se ha vuelto irrelevante. Hoy tenemos miedo de que la guerra se apodere de Europa. De repente, nuestra teología y nuestras creencias se consideran obsoletas. Una tormenta se apoderó de Europa y nuestras convicciones se derrumbaron. Las tormentas tienden a hacer eso: rompen las cosas que pensábamos que eran sólidas y fuertes.

    La Escritura que leemos hoy es el argumento final del Sermón del Monte. Dicho sermón es una colección de enseñanzas de Jesús, dirigidas a personas que viven tiempos difíciles. En ese momento, Palestina estaba bajo la ocupación romana y los judíos luchaban bajo la opresión de un régimen violento: fuertes impuestos, trabajos forzados y abusos sexuales eran parte de su vida cotidiana. Sin embargo, Jesús le hace un llamado al pueblo oprimido por la Roma imperial, a amar colectivamente a sus enemigos y a no resistir al malhechor. Y les advierte que esto será muy difícil de hacer, y que podrían pagarlo con sus vidas.

    De alguna manera, a las multitudes parece gustarles lo que escuchan. “¡Vaya, Jesús sí que tiene mucho carisma, miren cómo enseña! ¡Qué autoridad!” Jesús probablemente sabe que muchos de sus oyentes son simplemente curiosos, están aquí para ver de qué se trata el alboroto, para escuchar, discutir, comentar… y no actuarán sobre sus enseñanzas ni las practicarán. Pero se avecina una tormenta que pondrá a prueba todas sus ideas y creencias. Para las personas sentadas en el monte escuchando a Jesús, la guerra con Roma está a punto de empeorar. Es así que, para los lectores de Mateo, la persecución aquejará a quienes decidan seguir el Camino de Cristo, y estas tormentas romperán algunas de las opiniones y creencias que parecían tan sólidas.

    Sin embargo, hay una manera de que las creencias sobrevivan a la tormenta. Jesús habla de dos casas, una construida sobre la roca y la otra sobre la arena. La tormenta afectó a ambas, “cayó la lluvia, y vinieron los torrentes, y soplaron los vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa”, pero una casa cayó y la otra no. La diferencia entre las dos casas es su base. El fundamento de la casa no es creer o no en Jesús; Él nos dice que los cimientos de roca son la práctica de sus palabras.

    La historia cuenta que ambos hombres han escuchado las palabras de Jesús, pero solo el sabio actuó en base a dichas palabras. Otras traducciones tienen “ponerlos en práctica”. Es actuar en base a las palabras de Jesús, una y otra vez, día tras día, lo que nos prepara para la tormenta, porque la tormenta vendrá de todos modos. Solo hay una forma de mantenernos firmes en la tormenta: ¡practicar! Practicar el amor a los enemigos, practicar la resistencia no violenta, practicar desarmar al opresor sin dañar al opresor. Esto es algo que todos podemos hacer juntos.

    Si practicamos juntos, aprendemos juntos. Antes de ser pastora, era terapeuta ocupacional. La idea central de la terapia ocupacional es que el cerebro y el cuerpo aprenden haciendo. Cuando hacemos algo nuevo, las neuronas de nuestro cuerpo se conectan de nuevas maneras, así que cuando repetimos y practicamos, las conexiones se fortalecen. Después de un tiempo, podemos hacer esa cosa nueva en diferentes situaciones, sin tener que pensar más en ello.

    Cuando practicamos, aprendemos, lo cual también significa que, si queremos aprender, necesitamos practicar. En teoría, creo que podría correr una maratón, pero solo podré hacerlo si practico correr. Lo mismo ocurre con un testimonio de paz radical o resistencia no violenta. En Europa occidental, cuando los menonitas hablamos de paz, pasamos mucho tiempo hablando de cómo deberíamos actuar en diferentes situaciones. Y la mayoría de las veces, eso es todo lo que hacemos. Cuando llega realmente la guerra, es cuando deberíamos empezar a hacer lo que hemos estado discutiendo, pero en medio de la tormenta no es el momento adecuado para aprender a actuar.

    Entonces, no esperes a que la tormenta descubra si tus cimientos son sólidos, asegúrate de que lo sean. ¿Cómo? ¡Con práctica! Los menonitas están acostumbrados a escuchar llamados a la resistencia no violenta en la Asamblea.

    En la Asamblea del CMM de 1967 en Ámsterdam, Vincent Harding llamó a los menonitas a unirse a sus hermanas y hermanos negros en la lucha por la libertad, y a unirse a los numerosos movimientos revolucionarios de todo el mundo.

    En la Asamblea de 1984 en Estrasburgo, Ron Sider instó a la iglesia a formar un grupo de trabajo de pacificación altamente capacitado, lo que motivó la creación del Equipo de Pacificadores Comunitarios.

    Pero la mayoría de nosotros nos hemos quedado al margen, donde las cosas son cómodas. En una linda casita en la playa.

    ¿Cómo es practicar amar al enemigo a nivel colectivo en nuestro tiempo y lugar? Podría ser la resistencia a la guerra no violenta. Tal vez los menonitas podrían prepararse para la resistencia a la guerra con un “servicio antimilitar”, como un campo de entrenamiento de resistencia no violenta. Las naciones se preparan para la guerra con el servicio militar. Hay capacitación en primeros auxilios para atención médica de emergencia. Podría ser hora de que creamos una capacitación generalizada para que la gente de la iglesia aprenda y practique los conceptos básicos de la resistencia civil.

    Algunas personas se comprometen y se comprometerán toda su vida a la pacificación no violenta, y necesitamos desesperadamente a personas así, pero también necesitamos una base de práctica para toda la iglesia.

    En la mayor parte de Europa, tenemos más experiencia en la discusión y el debate que en el activismo, la resistencia a la guerra, la revolución o el cambio social. Necesitamos la ayuda de la iglesia mundial si queremos encontrar una base en el campo de la práctica. Sabemos que tenemos hermanos y hermanas que tienen experiencia en la resistencia no violenta. Así que, por favor capacítenos, practiquen con nosotros para que podamos aprender juntos. Así es como nos sostendremos cuando vengan las tormentas.

    —Salomé Haldemann es una terapeuta ocupacional y graduada en teología y estudios de la paz en el Seminario Bíblico Anabaptista, Elkhart, Indiana, Estados Unidos. Realiza prácticas como pastora de Eglise Evangélique Mennonite de Béthel, Neuf-Brisach, Francia.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Martes a la noche

    ¡Jsús está exhausto, probablemente frustrado! Recientemente planeó un retiro con sus discípulos, pero multitudes que claman se interponen en el camino. Entonces, pasa un día entero enseñando y organizando el alimento para cinco mil personas.

    Luego viene una noche de oración y después un paseo por el Mar de Galilea. Ve a sus discípulos luchando contra el viento. Su plan es acercarse a ellos y relevar su identidad divina, pero no entienden la cuestión. ¡Entonces, milagrosamente calma la tormenta y suspira que simplemente no entienden nada!

    A continuación, hay una confrontación acalorada con los líderes religiosos de mente cerrada y una conversación decepcionante con sus discípulos de mente obtusa (¡palabras de Jesús, no mías!).

    Necesita un respiro. Entonces, se dirige a la ciudad turística más cercana en la costa mediterránea, algo así como un balneario en la costa de California, o Bali, o Tenerife o Río. De nuevo, sus planes se frustran: (cito textualmente) “No quería que nadie lo supiera; ¡sin embargo, no podía mantener su presencia en secreto!”

    ¿Notan cómo el aspecto humano y divino de Jesús se entrelazan en esta sección del Evangelio de Marcos? Jesús multiplica milagrosamente los panes, camina sobre el agua, se identifica como “YO SOY”. Sin embargo, está cansado, frustrado, incapaz de cumplir con los planes elaborados cuidadosamente.

    “Jesús es el centro de nuestra fe.”

    • El Jesús humano, que aprendió y vivió y sirvió y sufrió y experimentó todo tipo de limitaciones humanas, como todos nosotros.
    • El Jesús divino, que existe desde toda la eternidad como la segunda persona de la Trinidad, creador del cielo y de la Tierra, digno de todo honor y adoración como DIOS.

    Este “Jesús divino-humano” es el centro de nuestra fe. 

    La iglesia fiel siempre ha confesado que Jesús es plenamente humano y plenamente divino. Ese es el misterio que llamamos “la encarnación”: Dios se hizo humano, uniendo para siempre en la persona de Jesús, la divinidad y la humanidad.

    La encarnación es el mayor acontecimiento de superación de barreras en la historia del universo. Por medio de Jesús, se ha vencido la barrera entre la eternidad y el tiempo, el espíritu y la materia, el Creador y la creación. Y, debido a esto, podemos estar seguros de que la gran barrera que aún separa a Dios y al pueblo fiel de Dios, algún día desaparecerá para siempre.

    Después del gran acontecimiento de superar barreras que llamamos “encarnación,” Jesús continuó venciendo barreras: entre ricos y pobres, poderosos e indefensos, varón y mujer, sagrado y secular, limpio e inmundo, judíos y gentiles.

    Debido a que Jesús es plenamente divino y plenamente humano, hacemos bien en examinar los relatos del Evangelio teniendo presente dos preguntas:

    1. ¿Qué nos revela Jesús, el Jesús encarnado, Dios hecho carne, sobre cómo es Dios?

    2. ¿Qué revela Jesús, el Jesús plenamente humano, acerca de cómo debemos relacionarnos con Dios y entre nosotros?

    En muchos textos, los aspectos divinos de Jesús parecen estar en primer plano. En el texto de Marcos sobre Jesús y la mujer sirofenicia, los aspectos humanos se destacan con bastante claridad.

    Dios manifestado en la carne ni siquiera puede mantener su presencia en secreto. Aparece una mujer, una candidata muy poco probable para el ministerio de Jesús. Una mujer, gentil, sirofenicia; ¡el equivalente bíblico más cercano sería la reina Jezabel! Para Jesús no es nada divertido. Y si no escuchamos con atención, ¡parece que Jesús simplemente la insulta! “¿Qué? ¿Tirarle buena comida a un perro? ¡De ninguna manera!”

    ¡Un momento! ¿Qué? ¿Es Jesús quien está hablando?

    Si eso es todo lo que oímos, no estamos escuchando con atención. Es cierto que los judíos a veces llamaban a los gentiles “¡perros! (kunes)”. No mascotas domésticas: perros salvajes, sucios que deambulan por las calles. Sin embargo, ¡Jesús aquí usa una palabra diferente! Si la traducción no lo demuestra con toda claridad, revise las notas al pie. Se refiere a cachorros (kunaria), “queridos cachorritos”, animales domésticos junto a “los niños” que están sentados a la mesa comiendo. El texto ya tiene un tono diferente, ¿no? Y nótese que Jesús en realidad no la llama cachorra; ¡está usando una metáfora! ¿Y notaron que en inglés acabo de llamar a los niños, cabritas? (¡Es lo que realmente significa la palabra “cabritas”!)

    La metáfora de Jesús no está pensada para ser ofensiva, como tampoco lo fue la mía. No la está denigrando; sabe que un día los gentiles y los judíos serán pares en pie de plena igualdad en el pueblo de Dios.

    El verdadero problema de este texto no es que Jesús hable de cachorros, sino que Jesús rechace su pedido. “¡Estoy de vacaciones! No es un buen momento. Lo siento, ¡tu pedido ha sido denegado!” Pero nuevamente, escuchemos con más atención. “Primero, dejen que los niños coman todo lo que quieran.”

    “Primero…” Jesús no está diciendo, “No”; está diciendo, “¡Todavía no!” ¡Primero tienen que suceder algunas cosas! Jesús conoce el plan divino para la salvación del mundo. “Primero el judío, luego el gentil.” Primero la bendición a Abraham y su descendencia, luego a través de ellos al resto del mundo. ¡Jesús vino a salvar al mundo entero! ¡Es por eso que comienza con Israel, incorporando y capacitando a quienes comisionará para llevar las buenas nuevas hasta los confines de la Tierra!

    ¡Y esta mujer valiente, persistente y llena de fe está de acuerdo! “¡Sí! ¡Sí, Señor! ¡Primero, los niños! Entonces, no pediré un lugar en la mesa … ¡todavía no! Esperaré a que una pequeña migaja caiga de la mesa ya mismo. ¡Eso es todo lo que necesito!” ¡Su respuesta inteligente y llena de fe es suficiente para que Jesús cambie de opinión!

    Martín Lutero lo expresó de esta manera: “Detrás del “No” de Jesús, ella escuchó el “Sí” secreto de Dios.

    Jesús no vino a Tiro a ministrar, pero terminó haciéndolo. Jesús no planeó comenzar a ministrar a los gentiles, todavía no, pero termina haciendo exactamente eso. Jesús tiene todo planeado, pero cambia de opinión. O tal vez deberíamos decir que ella lo hace cambiar de opinión.

    De hecho, ella hace aún más que eso. Se convierte en el instrumento a través del cual Jesús aprende cuál es el “próximo paso” que debería dar para hacer la voluntad de Dios.

    ¿Por qué eso debería sorprendernos? Nos está mostrando cómo responder a las necesidades de los demás, a quienes Dios usará a menudo para ayudarnos a descubrir nuestro propio llamado al ministerio. Jesús nos está mostrando cómo debe ser nuestra humanidad redimida. Al mismo tiempo, es un representación de cómo es Dios, escuchando las súplicas de los necesitados, rompiendo barreras con una respuesta plena de gracia generosa.

    Que aprendamos de Jesús cómo es realmente Dios, elaborando un plan para salvar al mundo, obrando en el tiempo y el espacio para llevar ese plan a su glorioso cumplimiento y de paso derramando gracia sobre las personas. Que aprendamos de Jesús lo que estamos llamados a ser, personas que superan las barreras y ministran la gracia de Dios a los demás. Que aprendamos de la mujer sirofenicia lo que se necesita para superar barreras, acercándonos con fe valiente para vincularnos al corazón de Jesús, el Jesús divino-humano, que es el centro de nuestra fe.

    Y que todo lo que hagamos juntos en estos próximos cuatro días (escuchar, orar, cantar, adorar y celebrar la diversidad de la familia de Dios), nos permita entrever lo que Jesús está haciendo entre nosotros y en todo el mundo al que vino a salvar.

    —Timothy J. Geddert, profesor del Nuevo Testamento de Fresno Pacific University (Seminario Bíblico), Fresno, California, EE.UU., y miembro de North Fresno Mennonite Brethren Church, California, EE.UU.

    Ceremonia de Apertura y Tiempo de Adoración: 5 de julio de 2022


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • Siguiendo a Jesús juntos, superando las barreras

    Las Asambleas globales del Congreso Mundial Menonita (CMM) son el equivalente de una reunión de Domingo en una congregación local. A través de la liturgia, declaramos la soberanía de Cristo en nuestra iglesia global, desafiando nacionalismos, racismo y otras falsas ideologías que reclaman nuestra obediencia y seguimiento. Gracias a enseñanzas, talleres y predicaciones afirmamos nuestra identidad anabautista y facilitamos la formación del carácter de nuestras iglesias al exponerlas a diferentes perspectivas y énfasis bíblicos moldeados por el contexto de muchas culturas diferentes. En actividades informales, apreciamos la importancia de cada individuo y de su comunidad, compartimos los dones que hemos recibido y nos enriquecemos mutuamente por las nuevas relaciones que surgen. A través de los momentos de oración, apoyamos a quienes enfrentan persecución, violencia, pobreza extrema y desastres naturales. Descubrimos que no estamos solos, que somos un organismo vivo, y que somos parte del cuerpo de Cristo.

    Estas son apenas algunas razones por las cuales las Asambleas del CMM han sido una parte esencial de nuestra comunidad global por décadas. En 2022, celebramos la segunda Asamblea mundial en Asia y la número 17 desde el inicio del CMM en 1925.

    Cuando empezamos a planear la Asamblea 17, jamás nos imaginamos la magnitud de barreras que tendríamos que cruzar. Indonesia 2022 pasará a la historia como uno de los eventos más complejos y retadores que hemos desarrollado. En adición a las diferencias culturales, de clase social y de perspectivas teológicas, algunas barreras que tuvimos que superar incluyeron lo siguiente:

    • Finanzas: trasladar el evento de 2021 a 2022 debido a la pandemia tuvo como consecuencia enormes gastos económicos.
    • Salud: un número significativo de personas tuvo que guardar cuarentena – yo mismo incluido – debido al COVID-19 y a otros virus. Eso impidió la participación completa de muchos asistentes.
    • Tecnología: siendo esta la primera Asamblea oficialmente híbrida, muchas actividades se planearon para facilitar la participación en línea. Sin embargo, fallas técnicas obstruyeron la transmisión en vivo e impidieron la traducción simultánea en el lugar del evento a pesar de muchos ensayos y la aparente certeza de los expertos en que la tecnología no fallaría.

    El liderazgo de la Asamblea se preparó por siete años para llevar a cabo un evento exitoso. La evaluación que desarrollamos después de la Asamblea y la experiencia de los participantes revelará el nivel de éxito del evento. Sin embargo, como iglesia, vale la pena recordar que estamos llamados a tener eventos fructíferos más que simplemente eventos exitosos.

    Es en el sentido de fruto que podemos apreciar lo valioso de la Asamblea en Indonesia. Gracias a la diversidad de barreras discípulos de Cristo de muchas naciones aprendieron a practicar paciencia unos con otros. Gente de muchas culturas diferentes se movilizó para trabajar en unidad y buscando el bienestar de quienes estaban enfermos y necesitaban apoyo. El amor e interés por los demás, en muchos casos, fue evidente. Los malentendidos y conflictos inesperados nos llevaron a practicar el ministerio de la reconciliación en medio nuestro. Descubrimos una vez más la importancia de la vulnerabilidad y de la confesión de faltas cometidas. Entendimos cuán crucial es pedir y recibir perdón con humildad.

    Consecuentemente, la Asamblea en 2022 profundizó la relación intercultural de muchos miembros de nuestras iglesias y facilitó la unidad en medio de la diversidad. La Asamblea 17 pudo no haber sido la más exitosa en parámetros humanos que miden la calidad de eventos. Aun así, ha sido una de las más fructíferas para crecer en nuestro llamado a ser una comunión global en la tradición Anabautista.

    —César García, secretario general del CMM, oriundo de Colombia, reside en Kitchener, Ontario, Canadá.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en Octubre de 2022.
  • India

    Los misioneros de Estados Unidos iniciaron su labor misionera menonita en noviembre de 1899, en India Central, actualmente conocido como el estado de Chhattisgarh. Cabe señalar que comenzaron con obras filantrópicas, brindando ayuda a las personas afectadas por la sequía. El primer bautismo de los cuarenta y tres nuevos creyentes se realizó en diciembre de 1900. En sus inicios, la membresía creció rápidamente. En 1949, al celebrarse el Jubileo de Oro de la obra misionera, los miembros bautizados sumaban 1579.

    Durante los años siguientes, la Iglesia Menonita de India (MCI) no creció numéricamente como se esperaba. Los primeros líderes de MCI hicieron algunos intentos por establecer nuevas iglesias en regiones nuevas. Sin embargo, en general estaban conformes con mantener el statu quo; entonces, MCI decidió no hacer una autoevaluación. Posiblemente, Dios no quedó conforme con la preservación del statu quo, y así surgió el movimiento pentecostal.

    Llegada de pentecostales a zonas de la convención de MCI

    Antes de la década de 1970, recuerdo que algunos predicadores pentecostales fueron invitados por las iglesias locales a predicar en ocasiones especiales, y también por la convención de MCI. En su mayoría eran predicadores que podían conmover emocionalmente a la gente.

    A principios de la década de los setenta, la presencia pentecostal fue más sentida en algunas iglesias menonitas urbanas, donde los miembros provenían de diferentes denominaciones. En la Iglesia Menonita principal, los cultos pentecostales comenzaron en una casa particular a mediados de los años setenta. Empezaron a reunirse para adorar y fraternizar en casas particulares, especialmente los jóvenes menonitas que no estaban al frente de las actividades de MCI. Asimismo, las personas que no eran cristianas también comenzaron a asistir a dichas reuniones pentecostales.

    Las reuniones se caracterizaban por sus oraciones y cantos muy animados y emotivos. Lentamente el movimiento cobró impulso, centrándose en el nuevo nacimiento, el bautismo por inmersión, el diezmo y hablar en lenguas. Se animaba a la gente a exclamar “Aleluya”, “Amén” y “Alabado sea el Señor” durante la predicación. En los cultos se animó a las personas a compartir lo que el Señor había hecho en sus vidas durante la semana anterior. Y, a veces, se servían generosamente comidas sencillas después de los cultos.

    Durante los días de la semana, los pastores pentecostales hacían visitas regulares a las casas, incluso casas menonitas, orando con valentía por los enfermos. Los pastores procuraban que en cada oportunidad se hiciera notar su presencia, como en los funerales. A menudo, se hacían amigos de miembros acomodados de MCI que no eran muy activos. Poco a poco, las iglesias pentecostales que se reunían en casas se multiplicaron. Se extendieron rápidamente a más ciudades y pueblos, y creció el número de miembros. Se alentó a los líderes laicos que estaban desbordantes de entusiasmo, a que asistieran a las escuelas bíblicas pentecostales; al finalizar, se les asignaban congregaciones donde tuvieran la posibilidad de servir.

    Al parecer no había un sistema institucionalizado. Los pastores eran quienes tomaban las decisiones en todos los asuntos y tenían libertad para dirigir las congregaciones locales.

    La Iglesia Menonita de India y la presencia pentecostal

    Al principio, aunque los líderes de las iglesias menonitas invitaran a predicar a los pastores pentecostales distantes, los pentecostales locales estaban desanimados. Los miembros menonitas que se habían unido al movimiento pentecostal, fueron obligados a dejar las iglesias menonitas. Pero la presencia constante y el número creciente de pentecostales, ha cambiado tácitamente la mentalidad de MCI. Además, muchos de los miembros de MCI se casaron con mujeres de trasfondo pentecostal, que se han vuelto activas en las iglesias menonitas de India.

    Actualmente, la presencia de las iglesias pentecostales y sus líderes es conocida y aceptada. No hay más rivalidades abiertas entre las dos denominaciones. De hecho, MCI ha aceptado cambios en sus propias modalidades de culto. Hay más cantos en el culto y se invita a las personas a compartir lo que el Señor ha hecho en sus vidas durante la semana anterior.

    Los pastores pentecostales son aceptados con el debido respeto. Se anima a los pastores menonitas a orar por los no cristianos que llegan después de los cultos. Las peticiones de oración de los no creyentes son incluidas en las oraciones pastorales, y también se les permite compartir sus testimonios durante el culto del domingo.

    Esto ha alentado a los grupos pentecostales no afiliados de las aldeas a procurar el liderazgo de MCI. A su vez, MCI establece dichos grupos, primero como centros de oración, apoyando a sus líderes; luego, y cumpliendo con ciertas condiciones, los reconoce como iglesias unitarias de pleno derecho del MCI.

    Asimismo, se están realizando esfuerzos en MCI para revitalizar a los miembros para el ministerio de evangelización.

    Sugerencias para las relaciones con los pentecostales

    1. Dado que el movimiento pentecostal es un fenómeno mundial, debemos reconocerlo como obra de Dios. Haríamos bien en aceptar el consejo de Gamaliel, profesor de derecho judío, mencionado en Hechos 5,33-39.

    2. Es necesario hacer una autoevaluación respecto al motivo por el que Dios ha impulsado el crecimiento del pentecostalismo, pese a la presencia de las iglesias establecidas. Es similar al surgimiento del movimiento anabautistamenonita a principios del siglo XVI.

    3. Debemos ser capaces de regocijarnos con lo que Dios ha estado haciendo, acercando cada vez más personas al rebaño de Jesucristo a través de los ministerios de los pentecostales.

    4. Las iglesias establecidas deberían encontrar maneras de desarrollar relaciones de trabajo con los pentecostales y otras iglesias.

    5. Deberíamos aceptar la ineptitud de cualquier denominación eclesial, incluyendo la Iglesia Menonita de India, ya que ninguna por sí sola es capaz de proclamar la “multiforme sabiduría de Dios” (Efesios 3,9-11). Es necesaria la unidad de espíritu y cooperación de las iglesias para cumplir dicho llamado.

    — Shantkumar Kunjam, obispo de la Convención de la Iglesia Menonita de India, vive en Rajnandgaon, Chhatisgarh, India.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2022.
  • Canadá

    Hace veinte años mi esposo y yo nos lamentábamos por el declive complicado de nuestra iglesia, que se había desestabilizado durante la renovación de la década de los noventa.

    Tenía una actitud cínica y, a la vez, nostálgica, respecto a lo carismático. En busca de cordura, estabilidad y una enseñanza sólida, nos llamó la atención una iglesia cercana de los Hermanos Menonitas. ¿Podría llegar a ser nuestra congregación?

    Me estremecí interiormente: no quería renunciar al ímpetu audaz de lo profético, a los picos extáticos de la adoración, a los encuentros intensamente personales en el ministerio de la oración; y a la diversión.

    Algunos de mis conocidos se dirigieron a la iglesia pentecostal más cercana, solo para quejarse de la falta de enseñanza sólida. Otros se volvieron evangélicos convencionales, solo para quejarse de la falta de vida infundida por el Espíritu. ¿Estábamos condenados a unirnos a algún remanente de elitistas espirituales descontentos que no hacían más que quejarse de cualquier iglesia en la que se encontraran?

    Oramos, respiramos hondo, y optamos por los Hermanos Menonitas.

    Esto no me lo esperaba.

    Anabautistas carismáticos

    Ese primer domingo vi manos levantadas en señal de adoración, ancianos orando por los demás y un fuerte enfoque comunitario que cuestionaba mi ensimismamiento. Además, el pastor acababa de regresar de una experiencia de YWAM (Juventud con una Misión), deseoso de ver el movimiento del Espíritu Santo en su iglesia. ¿Pentecostales no declarados? No, Hermanos Menonitas.

    La Iglesia de los Hermanos Menonitas se originó hace ciento cincuenta y cinco años, fruto de un matrimonio improbable entre una ‘madre’ menonita ferviente y un ‘padre’ más carismático (un híbrido de bautista alemán y pietismo luterano apasionado); su unión produjo –fuera del matrimonio– un hijo inmanejable, propenso a saltar literalmente de alegría.

    Los primeros Hermanos fueron una fuerza evangelizadora a tener en cuenta, centrada en una intensa experiencia personal de Dios.

    ‘Mamá meno’ estaba un poco desconcertada. Esperó a ver qué pasaba; cuando surgieron la sensualidad y el pecado, reprimió el exceso de demostraciones emocionales con mano dura. Desde ese entonces, su niño saltarín ha estado considerablemente más contenido.

    Pero en Canadá, algunos dedos de los pies de los Hermanos Menonitas se están crispando. ¿Qué es lo que pasa?

    Diversidad llena del Espíritu

    No fue hasta fines del siglo XIX que Canadá alentó activamente la inmigración desde fuera de la esfera de los europeos blancos de habla inglesa. Luego, un auge económico posterior a la Segunda Guerra Mundial llevó a ampliar la gama de tonos de los inmigrantes aceptables, para incluir a asiáticos, africanos subsaharianos y sudamericanos. La Iglesia de los Hermanos Menonitas canadiense –que había enviado misioneros al extranjero durante años– comenzó a comprometerse con la diáspora en su propio umbral, lo que tuvo como resultado ministerios étnicos en las iglesias y la fundación de iglesias étnicas específicas.

    Metafóricamente, la comida compartida de la iglesia tenía un dim sum teológico, papadum y tortilla agregados a la salchicha y platz de los granjeros.

    Pese a las dudas de larga data con respecto al pentecostalismo tradicional, los músculos “para saltar” ya atrofiados de los Hermanos Menonitas se flexionaron bajo la influencia sutil pero creciente del Sur global, donde el pentecostalismo es una expresión dominante del cristianismo protestante. Hoy en día, esa influencia carismática es como un pedernal chispeante en busca de leña bien colocada; dentro del fogón de los Hermanos Menonitas ‚Äícálidamente nostálgico pero construido sólidamente‚Äí yacen las brasas del fuego que una vez nos dio a luz.

    Algunas iglesias se encienden; otras, como la nuestra, arden lentamente.

    Han transcurrido veinte años desde nuestro primer domingo con los Hermanos Menonitas. Recientemente, el actual pastor principal confesó su anhelo de renovación. Él señalaba que el elemento que le faltaba en su vida –ya abundante en oración, en la Palabra y en comunidad–, era el riesgo. En el otoño de 2021, presentó una serie de sermones sobre el don del Espíritu Santo, impulsando en nosotros expresiones carismáticas que honrarían la teología y los valores de los Hermanos Menonitas.

    ¿En qué consistía?

    Imagínense: Un culto contemporáneo dinámico con letras cuidadosamente seleccionadas que expresaran verdades antiguas; introspección espiritual subjetiva discernida por medio de una hermenéutica comunitaria; varias posturas sobre elementos teológicos no esenciales que no susciten hostilidad ni evasión; iniciativas radicales de justicia social defendidas por pacificadores radicales; la Palabra predicada valientemente pero con humilde reconocimiento de las ambigüedades bíblicas; la oración que es audaz pero evita las agendas transaccionales; dones espirituales captados y enseñados a través de la capacitación intencional, y espacio para encuentros personales con Dios mediante el ministerio de la oración.

    Imagínense: Un culto contemporáneo dinámico con letras cuidadosamente seleccionadas que expresaran verdades antiguas; introspección espiritual subjetiva discernida por medio de una hermenéutica comunitaria; varias posturas sobre elementos teológicos no esenciales que no susciten hostilidad ni evasión; iniciativas radicales de justicia social defendidas por pacificadores radicales; la Palabra predicada valientemente pero con humilde reconocimiento de las ambigüedades bíblicas; la oración que es audaz pero evita las agendas transaccionales; dones espirituales captados y enseñados a través de la capacitación intencional, y espacio para encuentros personales con Dios mediante el ministerio de la oración.

    —Nikki White, escritora de MULTIPLY (la organización internacional de misiones de los Hermanos Menonitas) y autora de Identity in Exodus. Asiste a North Langley Community Church en Columbia Británica, Canadá, donde supervisa el desarrollo del currículo y la capacitación para el ministerio de oración.


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2022.