• Perspectivas — Filipinas

    Soy de Filipinas y estoy agradecida de que nuestra familia de IMC pueda ser testigo de la fidelidad de Dios entre personas de muchas tribus, culturas y naciones.

    Todavía recuerdo la primera vez que vi a la iglesia mundial reunida en Alemania. Me quedé asombrada. Por un instante, sentí como si estuviera vislumbrando un pequeño anticipo del cielo: gente de diferentes lugares e idiomas, pero todos alabando al mismo Dios en sus propios idiomas, a su propia manera.

    Esto me recordó que, incluso con nuestras diferencias, somos una sola familia en Cristo.

    Pero, como todos sabemos, la vida cristiana no siempre es fácil. Junto con la alegría, también hay cargas.

    Compre uno, lleve otro gratis

    Crecí en la iglesia como hija de pastores. Mis padres son ambos pastores, así que crecí viendo no solo la alegría del ministerio, sino también las cargas que conlleva. Es como un “compre uno y lleve otro gratis”.

    En los últimos años, nuestra comunidad eclesial atravesó momentos dolorosos. Se fueron algunos laicos y algunas iglesias. Y como jóvenes de la iglesia, muchos no comprendíamos del todo lo que estaba sucediendo o había sucedido. Era algo que sobrellevaban los ancianos. Como jóvenes, simplemente sentimos la pérdida.

    De repente, ya no estaban personas con las que solíamos adorar. Ates y Kuyas (hermanos y hermanas) que habían sido parte de nuestras vidas. Las relaciones cambiaron. Y teníamos preguntas que no sabíamos cómo formular.

    Sentí una gran angustia. Porque cuando la gente se va, uno siente que algo se ha roto en la familia.

    Pero aun en esos momentos difíciles, también hubo algo esperanzador. He visto a miembros perseverar en la fe pese a sus propias cargas.

    Fe en medio de la adversidad

    Hoy quisiera compartir lo que escuché de nuestros líderes. Quería comprender mejor las cargas que llevaban nuestros pastores, así que les pedí a algunos de ellos que compartieran sus sentimientos conmigo.

    Un pastor expresó que una de sus mayores preocupaciones era el bienestar de los pastores de nuestro distrito: mejorar su situación económica, reparar las instalaciones de los edificios de las iglesias y brindarles más oportunidades a los pastores y laicos para capacitarse en el ministerio. Aun con estas cargas, continúa sirviendo fielmente, confiando en que Dios fortalecerá a la iglesia y a sus líderes.

    Otro pastor habló sobre las numerosas responsabilidades que conlleva el ministerio. Muchos pastores sirven con recursos limitados, y a la vez cuidan de sus familias y crían a sus hijos. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, continúan sirviendo fielmente, confiando en que Dios atenderá sus necesidades.

    Una pastora compartió un testimonio muy personal. A sus 69 años, requería una cirugía de corazón muy costosa. Al principio, dudó por el costo. Pero su familia le recordó que servimos a un Dios que escucha la oración. Las iglesias oraron, la gente oró y, gracias a la providencia de Dios, la cirugía fue posible.

    Durante ese tiempo de enfermedad, ella experimentó la fidelidad de Dios. Y aún ahora, a sus setenta y tantos años, continúa sirviendo al Señor con la vida que Él ha sostenido.

    Otro pastor se refirió a la carga que siente por la unidad en la iglesia. Esa unidad no se logra de la noche a la mañana; requiere paciencia, humildad y amor. Aun cuando es difícil, siguen trabajando por la paz y la comprensión dentro de la iglesia.

    Dos jóvenes pastores también compartieron el desafío de liderar congregaciones en las que muchos miembros son mayores que ellos. Puede resultar intimidante a veces, pero siguen adelante con fe, aprendiendo a liderar con humildad mientras sirven fielmente a las personas que Dios les ha confiado.

    La escucha se vuelve esperanza

    Escuchar sus historias me ayudó a comprender más profundamente las cargas del ministerio. Y lo que compartieron fue solo un pequeño vistazo de todo lo que han vivido. Sin embargo, también escuché cómo la comunidad de creyentes los ayudó a sobrellevar esas cargas, fortaleciéndolos en el camino.

    Mientras escuchaba, también percibí algo más: fe, perseverancia y una profunda confianza en Dios. Aun en medio de las dificultades, siguen sirviendo. Aun en la incertidumbre, siguen confiando en que Dios proveerá. Aun en momentos difíciles, siguen amando y guiando a la iglesia.

    A través de ello, también he visto esperanza en la comunidad de creyentes. He visto iglesias que continúan adorando juntas. He visto personas orando unas por otras. He visto pastores y miembros que eligen seguir sirviendo juntos.

    En Filipinas, tenemos un hermoso valor llamado bayanihan: el espíritu de ayudarnos unos a otros a sobrellevar las cargas por el bien de la comunidad. Hay un dicho: “Magaan ang mabigat kapag nagtutulungan” (Lo pesado se vuelve ligero cuando todos lo llevamos juntos). Creo que esto es también lo que la iglesia está llamada a ser. Gálatas 6:2 nos recuerda: “Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y así cumplirán la ley de Cristo”.

    A veces el ministerio es difícil. A veces la unidad requiere tiempo. A veces las cargas se sienten pesadas.

    Pero cuando nos mantenemos unidos como familia de Cristo, orando, apoyándonos y animándonos unos a otros, comenzamos a ver la fidelidad de Dios.

    Mi esperanza para nuestras iglesias, y para la iglesia mundial, es que sigamos viviendo con este espíritu de solidaridad. Porque la verdad es que la iglesia nunca ha sido perfecta. Sobrellevamos heridas. Sobrellevamos preguntas. Sobrellevamos cargas.

    Pero también llevamos con nosotros algo más grande: fe, esperanza y el amor de Cristo. Y un día, todos estaremos juntos ante Dios: personas de todas las tribus, lenguas y naciones, adorándolo. Tal como sucede en los eventos del CMM.

    —Blessing Joy Turqueza, miembro de Integrated Mennonite Churches, Inc., de Filipinas, es la representante de Asia en el Comité de YABs (2025–2028). Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, “Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza”.


  • Perspectivas — India

    “Por eso, siempre que podamos, hagamos bien a todos, y especialmente a nuestros hermanos en la fe.” Gálatas 6:10

    Así como la parábola de los talentos nos motiva y nos guía para que utilicemos los talentos que nos ha concedido el Todopoderoso, nuestro Creador, se nos advierte que no dejemos nuestros talentos desatendidos ni los desperdiciemos.

    Cuando elogiamos a los dos primeros siervos por haber sabido sacar partido a los talentos que les había dado su amo, ¿pensaríamos que podrían ayudar o inspirar al tercero a utilizar su talento en lugar de enterrarlo y evitar así que lo arrojaran a las tinieblas?

    Aquí surge la cuestión de compartir la carga.

    Estamos en este mundo para ayudarnos unos a otros a crecer en el amor de Cristo y, de este modo, compartir la esperanza.

    Los hijos y las hijas de Dios están llamados a tender la mano (o a poner sus talentos al servicio) de las personas oprimidas, marginadas y aisladas, para que otras personas puedan experimentar el amor de Cristo y recuperar una vida digna e inclusiva.

    Sanación por el gran poder de la oración

    Esta es la historia de una niña de mi iglesia cuyo padre se ganaba la vida practicando brujería.

    Sucedió que una de sus hijas fue sanada gracias al gran poder de la oración a nuestro Dios viviente por un grupo de personas que se mantenía en contacto constante con la familia y le predicaba el evangelio.

    Gracias a esas oraciones, el padre de la familia finalmente abandonó la brujería y toda la familia aceptó a Jesús como su Salvador personal.

    La hija menor de la familia ha obtenido una maestría en teología y ahora imparte clases en una escuela de discipulado, dirigida por una de las congregaciones de mi iglesia.

    Este es un ejemplo de cómo compartir las cargas y compartir la esperanza.

    Predicar el evangelio a los marginados

    Mi siguiente historia es la de un señor de 87 años, también miembro de mi iglesia.

    Se ha pasado toda su vida predicando el evangelio a personas que han quedado al margen, acercando a muchas de ellas a Cristo. No fue una tarea fácil, ya que a menudo tuvo que enfrentarse al rechazo, a la hostilidad y a diversas dificultades. Afrontó muchos desafíos en su vida, pero se centró en el mandato de Jesús de compartir el evangelio.

    Lo conocí hace poco, cuando fui a la casa de un miembro de la iglesia a orar. La actitud alegre de este hombre, pese a su avanzada edad, es un reflejo de cómo se transmite la esperanza.

    Perseverar en la oración

    Mi tercera historia es un testimonio de la fidelidad de Dios y del poder transformador del evangelio.

    Con el compromiso de difundir el evangelio, un joven de la Convención de la India Oriental de mi iglesia se acercó a la gente de una zona tribal que ni siquiera había oído hablar de Jesús. Le cerraron las puertas y se negaron a hablar con él. No parecía haber ninguna esperanza de que lo aceptaran, solo prevalecían el rechazo, la oposición e incluso amenazas.

    Pero, junto con un grupo de creyentes, el joven ayunó, lloró y siguió orando con fervor.

    Dios, en el momento que Él consideró oportuno, hizo surgir dentro de la comunidad tribal a una persona de paz que aceptó a Jesús y abrió su casa a otros creyentes. Poco a poco, la hostilidad fue disminuyendo.

    En la actualidad, unos 480 creyentes sirven al Señor con alegría, reuniéndose para celebrar el culto en cuatro iglesias establecidas y en treinta activas comunidades de fe que se reúnen en casas.

    La oposición no desapareció de inmediato, pero poco a poco se fue produciendo una transformación. Se superaron las adicciones. Las familias experimentaron la reconciliación y la paz. El miedo dio paso a la fe.

    Hoy en día, los miembros de la iglesia están motivados y capacitados para utilizar las habilidades que poseen con el fin de ganarse la vida.

    Así pues, los hijos y las hijas de Dios comparten la carga y llevan adelante la esperanza que nos une a Cristo.

    —Sipra Biswas, miembro de Bharatiya Jukta Christa Prachar Mandali (Iglesia Misionera Unida de la India, BJCPM, por sus siglas en hindi), una iglesia miembro del CMM en la India. Es una de los representantes de Asia en el Comité Ejecutivo del CMM. Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza.


  • Perspectivas — Zimbabue

    Con espíritu de solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas y compartiendo la esperanza, quisiera compartir brevemente sobre una experiencia difícil durante mi último periodo como obispo, y cómo Dios intervino y levantó a las personas para compartir dicha carga y dar esperanza nuevamente.

    En junio de 2024, la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue sufrió una tragedia. Alrededor de las cuatro de la madrugada, se produjo un misterioso incendio en el dormitorio de chicos Peter Mlotshwa de la escuela secundaria Matopo, una de las escuelas administradas por nuestra iglesia.

    Cincuenta y un alumnos de primer año (de entre doce y trece años de edad) y el responsable del internado lograron escapar del incendio en la nueva residencia. Todas sus pertenencias se quemaron, incluyendo comida, mantas y uniformes.

    Compartiendo las cargas

    Como dice en Gálatas 6:2: “Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo”.

    La ley de Cristo es amarnos los unos a los otros. Amar al prójimo como a uno mismo.

    Muchas personas acudieron a ayudar (entre ellas la primera dama de Zimbabue), antiguos alumnos de Matopo, escuelas hermanas de la Iglesia de los Hermanos en Cristo (tanto de primaria como de secundaria), miembros de la comunidad de Matopo y de las Iglesias de los Hermanos en Cristo, y Sethule Trust.

    Sembrando esperanza

    A pesar de la difícil situación que nos aquejaba, la bondadosa mano de Dios estuvo con nosotros; permitió que los hermanos, las hermanas y otros colaboradores nos ayudaran a sobrellevar la reconstrucción del dormitorio de los chicos, cuyo costo ascendió a USD 73.000, costo que no podíamos asumir por nuestra cuenta.

    Me sentí aliviado de que, tras el incendio, no hubiera víctimas y todos los chicos salieran ilesos, incluido el responsable del internado. ¡Gloria a Dios!

    Por lo tanto, continuemos compartiendo nuestras cargas y nuestra esperanza unos con otros como cuerpo de Cristo en la iglesia mundial.

    Nos sentimos motivados a compartir el amor y la esperanza de Cristo en nuestras comunidades y a nunca darnos por vencidos. Como dice Gálatas 6:9: “Así que no debemos cansarnos de hacer el bien, porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos”.

    — Sindah Ngulube, obispo emérito de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, Conferencia de Zimbabue, es uno de los representantes de África en el Comité Ejecutivo del CMM. Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza.


  • Perspectivas — Bolivia

    En los últimos años hemos oído hablar de guerras y conflictos en muchas regiones; los conflictos armados se han intensificado, provocando miles de desplazamientos, millones de personas en situación de pobreza y una sensación de desesperanza y angustia.

    Parece que estuviéramos experimentando el tipo de señales que Jesús describió en Mateo 24 como señales del “fin de los tiempos” (v. 3).

    Las palabras de Jesús resuenan en nuestras mentes y almas: “Y a causa del aumento de la maldad, el amor de muchos se enfriará” (v. 12).

    Es en circunstancias como estas que, como creyentes, estamos llamados a demostrar nuestra fe encarnando la solidaridad como una forma de vida, y no solo como un concepto. Cuando la maldad aumenta, el amor de Dios debería brillar con más fuerza en nosotros y a través de nosotros.

    Sobrellevar los unos las cargas de los otros

    En la carta a los Gálatas, el apóstol Pablo afirma que, si queremos cumplir “la ley de Cristo”, debemos ayudarnos mutuamente a sobrellevar nuestras cargas. Es decir, Pablo nos pide simplemente que estemos atentos a las necesidades a nuestro alrededor.

    Cuando pienso en la iglesia llevando a cabo esta tarea, me veo a mí mismo creciendo en la extrema pobreza en el sur de la República Dominicana.

    No había conflicto armado, pero la pobreza era tan extrema que, a menudo, nuestra única comida del día consistía en plátanos verdes hervidos y nada más. Otros días, solo teníamos un vaso de agua con azúcar.

    El pastor de nuestra congregación local comprendió este llamado a compartir las cargas. No solo compartió con nosotros lo que tenía, sino que también tocó las puertas de una organización de ayuda internacional para establecer un programa de apadrinamiento para nuestra comunidad. Esto nos proporcionó alimentos, ropa y educación a muchos de nosotros.

    Cuando esto sucedió, nuestra carga se aligeró y nuestros días comenzaron a tener algo más que plátanos verdes hervidos o un vaso de agua con azúcar.

    Compartir la esperanza

    “¡Mañana será un día mejor!”

    Era un dicho favorito que expresaba mi madre cuando me acercaba a ella, sollozando y quejándome, incluso diciéndole que ese día iba a faltar a la escuela porque tenía hambre. Ella me explicaba repetidamente que Dios ya tenía planeado un día mucho mejor para nosotros. Luego decía, por favor ve a la escuela, porque la educación es tu oportunidad para triunfar.

    Más tarde aprendí que el día mejor que Dios tenía planeado para alguien a menudo tiene que ver con que otra persona escuche el llamado mencionado en Gálatas 6:10:

    “Por eso, siempre que podamos, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.” 

    Fue una pareja anabautista de Estados Unidos la que decidió aprovechar la oportunidad de apadrinar a un niño en el sur de la República Dominicana. Utilizaron los recursos que Dios les había dado para compartir la carga con ese pequeño niño. Le brindaron lo necesario para que tuviera más comida, ropa y educación.

    Se convirtieron en la fuente inspiradora de esperanza que regó un futuro mejor para aquel niño, Francisco Pérez de León, y para mis padres y mis hermanos.

    Compartir la esperanza es una decisión, un compromiso que, como parte de la familia de Cristo, debemos asumir.

    Tenemos una gran oportunidad para que el amor de Dios sea relevante y transformador en la vida de muchos que están sufriendo. Y si concluimos que nuestros recursos económicos no son suficientes para ayudar a otras personas que lo necesitan, entonces usemos un recurso aún mayor que tenemos a nuestro alcance: la oración.

    Orar los unos por los otros

    En el libro de Efesios 6:18 el apóstol nos ordena:

    “No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo santo.”

    Cuando compartimos las cargas y la esperanza con nuestros semejantes, con los necesitados, abrimos las puertas a un futuro mejor no solo para los que reciben o se benefician directamente de nuestras acciones, sino también para aquellos a los que se podrá llegar después gracias a quienes influenciamos primero.

    Para esa pareja anabautista que me apadrinó, esto se traduce en todas aquellas personas a las que Dios me permitió acercarme en más de treinta años de ministerio.

    Somos la familia de Cristo, y no estás solo.

    —Francis Pérez de León es líder de la Iglesia Evangélica Menonita Boliviana, y uno de los representantes de América Latina en el Comité Ejecutivo del CMM. Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, “Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza”.


  • Perspectivas — Canadá

    Me llamo Doug Klassen. Soy el ministro ejecutivo de la Iglesia Menonita de Canadá. Nuestra convención cuenta con 205 congregaciones repartidas por el vasto territorio de Canadá. Nuestra congregación más oriental y nuestra congregación más occidental distan 5.300 km.

    Empecé en el ministerio pastoral en 1992 como pastor de jóvenes. Me encantaban las personas jóvenes de mi congregación. Me encantaba su energía. Me encantaba la sinceridad con la que practicaban su fe. Me encantaba la esperanza sincera que tenían en el futuro.

    Llevo ya casi 34 años en el ministerio. Durante los últimos siete años he estado colaborando en el liderazgo de nuestra denominación.

    Lo que va bien: la juventud

    Fueron precisamente esos años dedicados a la pastoral juvenil los que me han ayudado a comprender la necesidad de que la Iglesia Menonita de Canadá le dé prioridad a la pastoral juvenil. Estoy firmemente convencido de que el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestra juventud es una fe arraigada en una congregación local y moldeada por la iglesia mundial.

    Muchos jóvenes de Canadá consideran a la iglesia como una institución anticuada. Muchos piensan que ir a la iglesia es algo que les gusta hacer a las personas mayores. No ven su relevancia. Sin embargo, hemos descubierto que cuando le damos a la juventud una muestra de lo que está ocurriendo en la iglesia mundial, su perspectiva cambia.

    Así pues, para la Asamblea del CMM realizada en Indonesia hace tres años, designamos a una persona joven de cada región de nuestra iglesia nacional y nos hicimos cargo de todos los gastos de su asistencia.

    Cuando la junta directiva me preguntó cuánto iba a costar, les respondí que podíamos considerarlo un gasto o una inversión. Esta inversión ya nos está aportando muy buenos beneficios. Estamos formando líderes y lideresas para nuestra iglesia, quienes tienen una perspectiva mundial.

    Además, me gustaría compartir con ustedes algo que representa un desafío para nosotros. A lo largo de los años, en América del Norte, muchos académicos han escrito excelentes libros sobre el tema de la paz. Muchos de nosotros hemos leído sus libros y hemos asistido a sus cursos.

    Lo que nos resulta difícil: la paz

    Nuestro país ha disfrutado también de muchos años de paz. No hay conflictos armados. Canadá lleva muchos años sin participar activamente en guerras.

    Aunque estamos muy agradecidos por ello, también supone un problema. Aprender a construir la paz es algo que requiere práctica. Ser capaz de explicar por qué se cree en la paz requiere práctica. Es como un músculo del cuerpo: si no se usa, se debilita.

    En noviembre, el Gobierno canadiense anunció que quiere reclutar a más soldados a fin de estar preparados en caso de que alguno de los conflictos mundiales llegue a Canadá. Nos preguntamos: ¿qué pasaría si la situación se agravara mucho y el Gobierno decretara el servicio militar obligatorio? ¿Cuál sería la respuesta de las iglesias menonitas?

    Hace setenta años, durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de nuestros jóvenes solicitaron la condición de objetores de conciencia. Hoy en día, no estoy tan seguro de qué haría la mayoría.

    Tenemos que aprender de la experiencia de las iglesias menonitas de Colombia. Necesitamos que menonitas de Myanmar nos enseñen lo que alguna vez supimos. Necesitamos que el testimonio de paz de la iglesia mundial se nos vuelva a presentar de nuevas formas.

    Les pedimos que oren por nosotros. Rueguen que no tengamos miedo. Rueguen que tengamos ojos para ver cómo tantas iglesias menonitas del Sur global han sido testigos tan increíbles del camino pacífico del evangelio.

    Roguemos que podamos volver a conocer, en lo más profundo de nuestro corazón, a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien gracias a su amor abnegado, ha vencido al mundo y nos ha mostrado el camino del Reino de Dios.

    —Doug Klassen, ministro ejecutivo de la Iglesia Menonita de Canadá, es uno de los representantes de América del Norte en el Comité Ejecutivo del CMM. Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza.


  • Perspectivas — Suiza

    Mi iglesia local en Suiza es fruto de una iniciativa de fundación de iglesias menonitas. Cuando los automóviles y los tractores aún eran una rareza, menonitas se reunían en las colinas rurales de toda la región, en granjas y lugares de reunión que ofrecían educación, alojamiento y una sencilla capilla para el culto comunitario.

    Al cabo de unos años, estas comunidades abandonaron las remotas cimas de las montañas donde habían encontrado refugio alguna vez y se integraron cada vez más a la vida de las aldeas en los valles. Su idioma también cambió: los menonitas eran conocidos por sus escuelas e iglesias alemanas, pero ahora todo tenía que ser en francés.

    Este paso de una mentalidad rural a un estilo de vida más suburbano fue una decisión deliberada de dos congregaciones menonitas que reconocieron la necesidad de un cambio de paradigma. Bajaron de las montañas, habitadas en su mayoría por menonitas, para conocer nuevos vecinos, encontrarse con otras denominaciones cristianas y descubrir nuevas perspectivas. Compartir las cargas del prójimo cobró un nuevo significado cuando dicha persona ya no era un pariente cercano, sino tal vez alguien completamente desconocido.

    La comunidad creció, las perspectivas se ampliaron, pero la identidad anabautista se mantuvo. Para ilustrarlo, permítanme compartir una historia que nos anima hoy a sobrellevar mutuamente las cargas.

    La comunidad responde

    Una madre joven de nuestro pueblo recibió recientemente la devastadora noticia de que padecía una grave enfermedad cardíaca. Su enfermedad hizo que sus niveles de energía bajaran tanto que le costaba mucho ocuparse de su hogar; incluso cocinar se le hacía difícil. Decidió compartir esta carga con una mujer de nuestra iglesia, y la comunidad respondió.

    En nuestra iglesia, un grupo de mujeres y hombres brinda un servicio de entrega de comida para cualquiera que lo necesite. No importa si pertenecen o no a nuestra congregación, todas las personas pueden recibir comidas. Viudas de edad avanzada, hombres que nunca aprendieron a cocinar para sí mismos, familias con un bebé recién nacido y personas que están pasando por el dolor de una pérdida, todos acuden a esta red de apoyo en busca de ayuda.

    Este servicio de entrega de comida está organizado por un pequeño grupo de trabajo solidario que ayuda a aliviar las pesadas cargas que soportan las personas. La joven madre con la enfermedad cardíaca se sintió profundamente conmovida; nunca se había imaginado que mujeres de su propio pueblo, que ni siquiera conocía, cocinarían para ella todos los días, proporcionándole una comida –e incluso un postre– para ella y su familia.

    Mi iglesia sigue ofreciendo este servicio de comida a cualquier persona de la comunidad que lo necesite. Apoya a las familias en momentos de alegría tal como un nacimiento, y en momentos difíciles cuando les faltan fuerza o recursos económicos para preparar sus comidas. Las mujeres y algunos hombres preparan comida para quienes la necesitan y buscan aliviar, al menos en parte, la carga que pesa sobre los hombros de su prójimo.

    Esta práctica tiene raíces profundas en nuestra tradición. En las comunidades menonitas rurales, las familias numerosas solían cocinar y comer juntas, compartiendo la vida de manera práctica. Ayudarnos unos a otros en momentos de dolor y tribulación, así como de alegría y felicidad, ha sido desde hace mucho tiempo un hilo conductor en la iglesia, y hoy sigue siendo un testimonio vivo de nuestra identidad anabautista que tiende la mano al prójimo.

    —Raphaël Burkhalter, miembro de la ‘Konferenz der Mennoniten der Schweiz/Conférence mennonite Suisse’ (Conferencia Menonita de Suiza), es representante de Europa en el Comité YABs (2025–2028). Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza.


  • La columna de los miembros directivos 

    La palabra “solidaridad” proviene del latín solidus: íntegro, firme y unido. Es más que simpatía (“Siento lo que te está pasando”) o empatía (“Comprendo cómo te sientes”). La solidaridad dice: “Estaré a tu lado”. Es la disposición a compartir las cargas de los demás.

    Recientemente, nuestra iglesia ha estudiado el pasaje de Mateo 9:9-13, que nos brinda una imagen clara de dicha solidaridad inspirada en Cristo. Jesús no salva desde la distancia. Se adentra en la humanidad y se sienta a la mesa con recaudadores de impuestos y pecadores. Se pone del lado de quienes los demás evitan.

    Como señaló John Stott, la cruz revela primero la identificación de Dios con los pecadores antes de revelar el juicio de Dios contra el pecado.

    La solidaridad es el testimonio mismo de la Encarnación.

    Mi congregación local, Maranatha, ha experimentado esta gracia. Cuando nuestra congregación de origen indonesio-estadounidense comenzó a celebrar el culto junto a inmigrantes de diversas etnias, descubrimos que la solidaridad no es un programa, sino una mesa.

    Escuchamos historias de desplazamiento, compartimos comidas, oramos en varios idiomas y soportamos cargas que, en un principio, no eran nuestras. En esos momentos, las palabras de Bonhoeffer resonaron con toda su verdad: “La iglesia es iglesia solo cuando existe para los demás”.

    A lo largo de los Evangelios, Jesús crea una comunidad que se pone del lado de los pobres, afligidos, mansos, enfermos y olvidados. La solidaridad es la acción de estar unidos: la fuerza que hace que el cuerpo de Cristo sea uno.

    Que en 2026 la familia mundial del Congreso Mundial Menonita encarne esta solidaridad firme, unida y a imagen de Cristo, con valentía y alegría.

    —Sunoko Lin, tesorero del CMM, y miembro directivo. También es pastor de Maranatha Christian Fellowship (Hermandad Cristiana Maranatha), iglesia miembro de LMC en California.


  • La danza expresa cultura y unidad en evento de Renovación

    “La danza utiliza movimientos familiares para acercarnos a Dios, hacer partícipe a la comunidad y expresar gratitud, al tiempo que refleja nuestras prácticas culturales especialmente en momentos de celebración”, afirma Marcial Arenos, del Binuangan Mennonite Christian Church, Distrito Norte de la Iglesia Menonita Integrada (IMC por su sigla en inglés), en Filipinas. “Es una expresión corporal de adoración que implica la participación colectiva.”

    En la programación del evento de Renovación 2026 en Filipinas, se alternaron danzas culturales de varios distritos de la IMC con distintos trasfondos culturales. Las presentaciones de grupos de danza locales de los distritos también son un elemento característico de los encuentros regionales y culturales de la IMC.

    Las danzas se destacan por trajes tradicionales (confeccionados por miembros de la iglesia), gestos simbólicos y movimientos repetitivos que narran una historia. Estas características reflejan las tradiciones y los valores de las comunidades, señala Blessing Joy Turqueza, representante de YABs para Asia y uno de los responsables de la Asociación Juvenil Menonita de Filipinas de la IMC.

    “El uso de la danza enriquece la adoración, la oración y la lectura de las Escrituras; podemos expresarnos en nuestro idioma, nuestras tradiciones y nuestra cultura”, expresa Marcial Arenos. Además, es una forma de acercamiento a la comunidad, donde la preservación de la cultura y el dialecto a través de la danza crea vínculos con las comunidades indígenas.

    “Para nosotros en Filipinas, estas danzas tradicionales simbolizan la unidad y la celebración. La Biblia también dice que toda lengua confesará a Jesús y toda tribu celebrará la gloria de Dios (Filipenses 2:10-11). Por este motivo, celebramos a Dios con nuestra danza”, afirma Shammah Micah B. Abadier, de la Iglesia Menonita de Red Cross Village, Distrito Central.

    Pandanggo sa Ilaw

    Una de las danzas del programa fue Pandanggo sa Ilaw. Esta danza folclórica de la isla de Lubang, en Mindoro, deriva del fandango español de la época colonial. Representa el cortejo mediante el equilibrio de lámparas encendidas que simbolizan las luciérnagas.

    “La belleza de la danza depende de cuán clara y constante se mantenga la llama que porta el bailarín”, explica Felipe Magbuhos Jr., de la Iglesia Menonita Bíblico de Lacao en Lumban. Originalmente se realizaba con velas, pero ahora usan una luz que funciona con pilas.

    “Como está escrito: ‘Ustedes son la luz de este mundo… procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. (Mateo 5:14-16).

    “Esta danza nos recuerda que, en medio de situaciones oscuras, nuestra vida —la ‘luz’ que llevamos en nuestras manos— debe servir de inspiración y testimonio de la bondad de Dios”, afirma.

    Al finalizar la programación del evento de Renovación, todos los participantes e invitados internacionales fueron invitados a realizar juntos la danza de la unidad, que forma parte habitualmente de la convención anual de la IMC.

    “Al saludar y extender las manos de esta manera, alabamos a nuestro Dios”, expresa Shammah Micah B. Abadier.


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  • Pero el amor del Señor es eterno para aquellos que lo honran; su justicia es infinita por todas las generaciones, para los que cumplen con su alianza y no se olvidan de obedecer sus mandatos.

    Salmo 103:17–18 (DHH)

    Cumplir el pacto de Dios y observar sus mandamientos significa, en primer lugar, amar a Dios con todo tu corazón y, en segundo lugar, amar al prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37–40).

    Al tender la mano a quienes lo necesitan –ya sea con ayuda, una colcha, un kit de higiene o, incluso, solo un correo electrónico o un mensaje de alguna aplicación en el que se diga, “Oramos por ti” o “Que Dios te acompañe”– demostramos dicho amor.

    Al formar un círculo de creyentes alrededor de una sinagoga o una mezquita que ha sido atacada; al utilizar silbatos para advertir a las personas en el vecindario de que estén atentas ante posibles detenciones ilegales; al manifestarnos pacíficamente contra la guerra y la discriminación; al abrir las puertas de nuestras iglesias a todo el mundo, expresamos nuestra solidaridad con las personas oprimidas.

    Al escuchar en vez de juzgar y excluir; al aceptar que las personas son diferentes en muchos aspectos; al dejar de lado los prejuicios y mostrarnos abiertos a otras culturas, podemos demostrar que cada parte del cuerpo es igual de importante.

    Una mano en el hombro, un abrazo, un consejo amistoso, servir en lugar de esperar que te sirvan, una visita, lavarse los pies unos a otros o incluso preguntar simplemente: “¿Cómo estás? Hay tantas formas de decir: “¡No estás solo!”.

    Si queremos ser verdaderos seguidores de Cristo, debemos seguir su exhortación a vivir en unidad, aunque a veces resulte difícil y complicado. Solo así, a partir de la solidaridad, podremos trabajar por la paz.

    —Henk Stenvers, presidente del CMM (2022-2028), reside en Naarden, Países Bajos.


  • No soy activista social, es el título de un libro de Ronald Sider. Situar a Jesús en un lugar central demuestra que cuestiones como la riqueza, la pobreza, la paz y la no violencia, la acción social y la política, son tan espirituales como la evangelización, la familia y el matrimonio. Según Abraham Kuyper, no hay un centímetro cuadrado de toda la Tierra que no pertenezca al Señor resucitado.

    Por ese motivo, hacer justicia y cuidar de los demás no son cuestiones que solo interesen a activistas sociales. Constituyen lo esencial del ministerio de quienes siguen a Jesús. Incluso, como señala Sider, una acción social eficaz requiere el poder de la resurrección de Jesús.

    Podemos ver lo fundamental que es confiar en el Espíritu Santo y el poder de la resurrección de Jesús en la acción social de la iglesia cuando comprendemos el significado de la palabra “solidaridad” desde una perspectiva bíblica. Solidaridad puede utilizarse para traducir la palabra hebrea hesed del Antiguo Testamento. Veamos un ejemplo:

    “El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que abraces la hesed (solidaridad inquebrantable) y que obedezcas humildemente a tu Dios.” Miqueas 6:8 (DHH).

    Hesed combina el amor puro, la generosidad y el compromiso duradero. Es una expresión del carácter; por lo tanto, no depende de cómo respondan los demás. Implica estar dispuesto a perdonar y a actuar para ayudar al prójimo. Se refiere tanto a la actitud como a las acciones.

    Por consiguiente, la solidaridad –entendida como hesed– no se practica de forma vertical, desde arriba. Es horizontal e implica respeto mutuo. Como tal, no puede ser fruto únicamente de la voluntad humana. Es consecuencia de un encuentro personal y real con Dios. Al fin y al cabo, amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19).

    Una de las razones por las que se estableció el Congreso Mundial Menonita hace un siglo fue para solidarizarnos con nuestras iglesias que enfrentaban la guerra, la violencia y la persecución. El Congreso Mundial Menonita constituye nuestra iglesia mundial, en la que seguimos a Jesús, vivimos la unidad y construimos la paz. Somos un organismo conformado por más de 10.000 congregaciones locales, agrupadas en 110 sínodos o iglesias nacionales. Contamos con alrededor de 1,5 millones de miembros bautizados. Nos necesitamos para seguir a Jesús; nos necesitamos para vivir la unidad; nos necesitamos para construir la paz.

    Dios nos invita a actuar como Él, con amor puro, generosidad y compromiso duradero. Dios nos llama a responder a las necesidades de los demás miembros de nuestra iglesia universal con solidaridad y acciones desinteresadas, para que podamos experimentar la solidaridad dentro de nuestra familia de fe y transmitirla al mundo, un mundo que sufre las consecuencias de su alejamiento de Dios, fuente del amor fiel y de la solidaridad inquebrantable.

    En la actualidad, al reflexionar sobre la solidaridad en este número de Correo, recordemos a nuestros hermanos y hermanas que enfrentan la guerra, la violencia, la pobreza y la persecución. Oremos por ellos. Compartamos nuestros recursos. Defendamos sus derechos. Acompañémoslos. Pidamos a Dios que el Espíritu Santo esté presente en nuestra iglesia para que podamos seguir respondiendo solidariamente.

    —César García, secretario general del CMM, oriundo de Colombia, reside en Kitchener, Ontario (Canadá).


  • Perspectivas — India

    Qué obtuve al participar en el conjunto internacional 

    Doy gracias a Dios por el don de la música en nuestra vida. Considero una gracia divina que pudiera formar parte del conjunto internacional del Congreso Mundial Menonita en la Asamblea de 2022, en Indonesia. Era mi sueño desde que asistí a la Asamblea de 2003, en Zimbabue. 

    Al participar en la música en las Asambleas mundiales del CMM, aprendí canciones en diferentes idiomas. Mi primera impresión fue que me resultaba extraño pronunciar las palabras de las canciones. Las palabras en otros idiomas a veces tienen similitudes con mi idioma, pero tienen un significado muy gracioso.  

    A medida que me fui acostumbrando a cantar esas canciones en diferentes idiomas, empecé a disfrutarlo mucho. Aprender dichas canciones se convirtió en mi actividad preferida. 

    Una gran familia mundial 

    Al cantar canciones en diferentes idiomas, siento que formo parte de los hermanos y hermanas en cuyo idioma estoy cantando. Me siento unido a ellos, a su estilo musical y a su cultura. 

    Cantar canciones en diferentes idiomas con el coro de la Asamblea junto a hermanos y a hermanas de diferentes continentes, es también como un anticipo del cielo. 

    Canciones como Dalam Yesu/En Jesús somos una familia o No estás solo me ayudan a considerar el hecho de que formo parte de una gran familia mundial. Tengo muchos hermanos y hermanas que me acompañan en todas las situaciones por las que atravieso. 

    La canción La verdadera fe evangélica es la más memorable para mí porque siempre me recuerda que debo examinar mi fe y me anima a vivir una vida como verdadero seguidor de Cristo. 

    Cantar esas canciones también ha unido a mi familia. Cuando solía ensayar para la Asamblea, especialmente canciones en otros idiomas, mis hijas pequeñas se apresuraban a cantarlas conmigo. En comparación con ellas, yo era lento para aprender la pronunciación. Como familia, pasamos muchas horas unidos aprendiendo juntos esas canciones. 

    Fomentar el respeto y la curiosidad 

    Lo que aprendí en la Asamblea lo llevé a la iglesia en la que serví. Enseñé canciones en muchos idiomas diferentes, como Som’Landela, We want peace, Hakuna akaita sa Jesu, Siyahamba, Alabaré, Tapaiko cheuma (Soy tu hijo), Segala puji syukur (Aclamad con júbilo), Kirisuto no heiwa (Que la paz de Cristo), etc. 

    Traduje algunas de estas canciones al hindi para que los miembros de la iglesia pudieran disfrutar de aprenderlas y cantarlas fácilmente. Cantar en inglés y en hindi nos permite comprender con claridad el mensaje de la canción, ya es importante la convicción y participación. Por lo general, la gente se siente más convencida al cantar en un idioma que entiende.  

    Pero, normalmente animo a la gente a cantar al menos una estrofa o el estribillo en el idioma original. 

    Cuando los miembros de nuestra iglesia aprenden diferentes palabras en un idioma extranjero, esto les ayuda a experimentar el carácter mundial de la canción; fomenta el respeto y la curiosidad por otras culturas y hace que el momento se sienta más unido y significativo. En definitiva, ayuda a la congregación a sentirse unida a la familia mundial.  

    Comprender el Espíritu de Dios 

    Una persona de mi congregación contó que cantar canciones en diferentes idiomas le ayudó a comprender la gratitud de Dios. Esto se puede ver en el lenguaje, el patrón musical y la cultura. Aunque tal vez no comprendamos plenamente el significado al cantar canciones en diferentes idiomas, sentimos que Dios nos ha concedido su alegría y su espíritu por medio del lenguaje y la música. 

    Cantar canciones como No estás solo, le ayudó a comprender que estamos unidos. Compartimos nuestro dolor y nuestra alegría, y también nos apoyamos mutuamente en las situaciones difíciles. 

    Cantar los himnos de la Asamblea le ayudó a comprender que tiene un lugar en la congregación como parte de la familia, para cuidar a los demás miembros de la familia que lo necesitan. 

    En conclusión, me gustaría decir que las canciones de la Asamblea han sido una fuerza muy eficaz para unir a la iglesia en su entendimiento de Dios, su lugar y su papel en la familia mundial. 

    Ashish Kumar Milap, pastor de la Iglesia Menonita Sunderganj, de Dhamtari, India, donde sirve a una congregación de 1.040 miembros bautizados. En 2022, participó en la Asamblea en Indonesia como integrante del coro internacional. 


  • Perspectivas — Zimbabue

    Los efectos duraderos de la Asamblea del CMM de 2003 en la música de las congregaciones de Zimbabue 

    Mi primer encuentro verdadero con el CMM fue en la Asamblea de 2003, realizada en Bulawayo, Zimbabue, aquí en África. Efectivamente, fue una experiencia asombrosa de adoración internacional y multicultural. Los sonidos musicales de diversas culturas y tradiciones se fundieron en armonía, dejando una huella imborrable en mi alma. 

    Dicha experiencia despertó una pasión por la música de adoración del mundo que sigue inspirándome a mí y a la mayoría de los miembros de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, ¡incluso hasta el día de hoy! 

    La Asamblea del CMM de 2003 en Zimbabue marcó un acontecimiento significativo para la comunidad anabautista mundial. Esta reunión ha tenido efectos duraderos en los estilos musicales de las congregaciones locales de Zimbabue. Dicha influencia se puede apreciar en la fusión de ritmos tradicionales zimbabuenses con himnos occidentales y música cristiana contemporánea. 

    Música tradicional de Zimbabue y adoración anabautista 

    En Zimbabue, la música tradicional es parte integral de la identidad cultural. Instrumentos de percusión como tambores, sonajeros y maracas se utilizan comúnmente en el culto. 

    Después de 2003, algunas congregaciones de los Hermanos en Cristo comenzaron a incorporar estos elementos en sus cultos, fusionándolos con instrumentos occidentales como guitarras y teclados, creando un sonido único con el que se identifican los fieles locales. 

    De hecho, la mayoría de las congregaciones de Zimbabue acompañan la música de adoración con instrumentos musicales. Esto se ha extendido incluso a las congregaciones rurales, donde los fieles solían limitar su canto a los coros. 

    Influencia de la música anabautista 

    La Asamblea del CMM reunió a músicos de diversas tradiciones anabautistas. Esta experiencia propició la adopción de canciones tales como, “¡Sobre mi cabeza, oigo música en el aire!” (canción folclórica afroamericana con ritmo zimbabuense en las congregaciones locales). 

    Muchas iglesias comenzaron a utilizar canciones con una mezcla de himnos tradicionales y canciones de adoración contemporáneas de África y América Latina. 

    El cambio a favor de elementos tradicionales fue bastante evidente al fomentar la realización personal y la adoración en el contexto africano. Esto impulsó el movimiento en el canto, algo que se da de manera natural en los habitantes autóctonos de África.  Interpretaciones tales como “Hakuna akaita” (No hay nadie como Jesús) y “Jes’ uya khazimula” (Jesús siempre brilla), adquirieron un nuevo significado y popularidad como influencia directa de la música anabautista. 

    Varios otros coros en idiomas “extranjeros”, como “Obrigado Senhor” (Gracias, Jesús), y canciones de la Asamblea de 2003, de Zimbabue, también integran parte de la música de adoración local. 

    Impacto en la adoración  

    La fusión de estilos musicales ha influido en las prácticas de adoración. Los cultos son más participativos, con los miembros cantando en ndebele, shona e inglés. Algunas iglesias han introducido la danza, incorporando movimientos tradicionales zimbabuenses. 

    Este cambio ha hecho que el culto sea más expresivo y relevante para la cultura local. 

    La Asamblea del CMM en Zimbabue contribuyó en gran medida a estimular indirectamente que las congregaciones locales valoraran la diversidad cultural en la música de adoración. 

    Cantar canciones de un himnario compartido como el cancionero del CMM, ha repercutido en las congregaciones. Las canciones en común fomentan un sentido de unidad y una experiencia de fe compartida entre los miembros de la congregación. Los vincula con una comunidad más amplia de creyentes de diferentes culturas y lugares. 

    Desafíos y oportunidades 

    Si bien esta fusión musical ha enriquecido el culto, también ha presentado desafíos. Algunas congregaciones se esfuerzan por encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación. Los miembros mayores preferirían himnos tradicionales, mientras que los más jóvenes suelen preferir estilos contemporáneos. Esta brecha generacional requiere una gestión cuidadosa de parte de los miembros jóvenes y de los líderes de la iglesia. 

    Los jóvenes del distrito de Bulawayo de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, han tomado la iniciativa de integrar a todos mediante la creación del Coro Juvenil del Distrito de Bulawayo. El grupo ha transformado los himnos tradicionales para que sean más accesibles a todas las edades, utilizando instrumentos locales y occidentales en sus grupos de alabanza dirigidos por jóvenes. 

    La Asamblea del CMM de 2003 impulsó un movimiento en torno a la adoración contextualizada en las congregaciones de la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue. Al adoptar las tradiciones musicales locales, las iglesias han creado experiencias de adoración que son auténticamente zimbabuenses y, a la vez, están vinculadas mundialmente. 

    Esta mezcla de estilos refleja el énfasis anabautista en la comunidad y la pertinencia cultural. 

    A medida que las congregaciones de Zimbabue continúan evolucionando, su música sigue siendo un testimonio del poder de la fe expresada a través de la cultura local. 

    Los efectos más duraderos que ha dejado el CMM son la participación emocional y espiritual, la vinculación y el intercambio cultural y, sobre todo, lo que se ha despertado en cuanto a sentimientos de gozo, reverencia y contemplación, que realzan realmente las experiencias de adoración. 

    Nelson G Muzarabani, miembro de la Iglesia de los Hermanos en Cristo Entumbane, de Bulawayo, Zimbabue, y anciano de la misma, se desempeñó como secretario de la Convención durante casi diez años. Como músico de formación, participa activamente en el ministerio musical de la iglesia, y también en otros proyectos. Está jubilado del sector público y privado, donde trabajó durante poco más de 35 años como educador, investigador, historiador, archivista, administrador y gerente.