Qué obtuve al participar en el conjunto internacional
Doy gracias a Dios por el don de la música en nuestra vida. Considero una gracia divina que pudiera formar parte del conjunto internacional del Congreso Mundial Menonita en la Asamblea de 2022, en Indonesia. Era mi sueño desde que asistí a la Asamblea de 2003, en Zimbabue.
Al participar en la música en las Asambleas mundiales del CMM, aprendí canciones en diferentes idiomas. Mi primera impresión fue que me resultaba extraño pronunciar las palabras de las canciones. Las palabras en otros idiomas a veces tienen similitudes con mi idioma, pero tienen un significado muy gracioso.
A medida que me fui acostumbrando a cantar esas canciones en diferentes idiomas, empecé a disfrutarlo mucho. Aprender dichas canciones se convirtió en mi actividad preferida.
Una gran familia mundial
Al cantar canciones en diferentes idiomas, siento que formo parte de los hermanos y hermanas en cuyo idioma estoy cantando. Me siento unido a ellos, a su estilo musical y a su cultura.
Cantar canciones en diferentes idiomas con el coro de la Asamblea junto a hermanos y a hermanas de diferentes continentes, es también como un anticipo del cielo.
Canciones como Dalam Yesu/En Jesús somos una familia o No estás solo me ayudan a considerar el hecho de que formo parte de una gran familia mundial. Tengo muchos hermanos y hermanas que me acompañan en todas las situaciones por las que atravieso.
La canción La verdadera fe evangélica es la más memorable para mí porque siempre me recuerda que debo examinar mi fe y me anima a vivir una vida como verdadero seguidor de Cristo.
Cantar esas canciones también ha unido a mi familia. Cuando solía ensayar para la Asamblea, especialmente canciones en otros idiomas, mis hijas pequeñas se apresuraban a cantarlas conmigo. En comparación con ellas, yo era lento para aprender la pronunciación. Como familia, pasamos muchas horas unidos aprendiendo juntos esas canciones.
Fomentar el respeto y la curiosidad
Lo que aprendí en la Asamblea lo llevé a la iglesia en la que serví. Enseñé canciones en muchos idiomas diferentes, como Som’Landela, We want peace, Hakuna akaita sa Jesu, Siyahamba, Alabaré, Tapaiko cheuma (Soy tu hijo), Segala puji syukur (Aclamad con júbilo), Kirisuto no heiwa (Que la paz de Cristo), etc.
Traduje algunas de estas canciones al hindi para que los miembros de la iglesia pudieran disfrutar de aprenderlas y cantarlas fácilmente. Cantar en inglés y en hindi nos permite comprender con claridad el mensaje de la canción, ya es importante la convicción y participación. Por lo general, la gente se siente más convencida al cantar en un idioma que entiende.
Pero, normalmente animo a la gente a cantar al menos una estrofa o el estribillo en el idioma original.
Cuando los miembros de nuestra iglesia aprenden diferentes palabras en un idioma extranjero, esto les ayuda a experimentar el carácter mundial de la canción; fomenta el respeto y la curiosidad por otras culturas y hace que el momento se sienta más unido y significativo. En definitiva, ayuda a la congregación a sentirse unida a la familia mundial.
Comprender el Espíritu de Dios
Una persona de mi congregación contó que cantar canciones en diferentes idiomas le ayudó a comprender la gratitud de Dios. Esto se puede ver en el lenguaje, el patrón musical y la cultura. Aunque tal vez no comprendamos plenamente el significado al cantar canciones en diferentes idiomas, sentimos que Dios nos ha concedido su alegría y su espíritu por medio del lenguaje y la música.
Cantar canciones como No estás solo, le ayudó a comprender que estamos unidos. Compartimos nuestro dolor y nuestra alegría, y también nos apoyamos mutuamente en las situaciones difíciles.
Cantar los himnos de la Asamblea le ayudó a comprender que tiene un lugar en la congregación como parte de la familia, para cuidar a los demás miembros de la familia que lo necesitan.
En conclusión, me gustaría decir que las canciones de la Asamblea han sido una fuerza muy eficaz para unir a la iglesia en su entendimiento de Dios, su lugar y su papel en la familia mundial.
Ashish Kumar Milap, pastor de la Iglesia Menonita Sunderganj, de Dhamtari, India, donde sirve a una congregación de 1.040 miembros bautizados. En 2022, participó en la Asamblea en Indonesia como integrante del coro internacional.
Los efectos duraderos de la Asamblea del CMM de 2003 en la música de las congregaciones de Zimbabue
Mi primer encuentro verdadero con el CMM fue en la Asamblea de 2003, realizada en Bulawayo, Zimbabue, aquí en África. Efectivamente, fue una experiencia asombrosa de adoración internacional y multicultural. Los sonidos musicales de diversas culturas y tradiciones se fundieron en armonía, dejando una huella imborrable en mi alma.
Dicha experiencia despertó una pasión por la música de adoración del mundo que sigue inspirándome a mí y a la mayoría de los miembros de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, ¡incluso hasta el día de hoy!
La Asamblea del CMM de 2003 en Zimbabue marcó un acontecimiento significativo para la comunidad anabautista mundial. Esta reunión ha tenido efectos duraderos en los estilos musicales de las congregaciones locales de Zimbabue. Dicha influencia se puede apreciar en la fusión de ritmos tradicionales zimbabuenses con himnos occidentales y música cristiana contemporánea.
Música tradicional de Zimbabue y adoración anabautista
En Zimbabue, la música tradicional es parte integral de la identidad cultural. Instrumentos de percusión como tambores, sonajeros y maracas se utilizan comúnmente en el culto.
Después de 2003, algunas congregaciones de los Hermanos en Cristo comenzaron a incorporar estos elementos en sus cultos, fusionándolos con instrumentos occidentales como guitarras y teclados, creando un sonido único con el que se identifican los fieles locales.
De hecho, la mayoría de las congregaciones de Zimbabue acompañan la música de adoración con instrumentos musicales. Esto se ha extendido incluso a las congregaciones rurales, donde los fieles solían limitar su canto a los coros.
Influencia de la música anabautista
La Asamblea del CMM reunió a músicos de diversas tradiciones anabautistas. Esta experiencia propició la adopción de canciones tales como, “¡Sobre mi cabeza, oigo música en el aire!” (canción folclórica afroamericana con ritmo zimbabuense en las congregaciones locales).
Muchas iglesias comenzaron a utilizar canciones con una mezcla de himnos tradicionales y canciones de adoración contemporáneas de África y América Latina.
El cambio a favor de elementos tradicionales fue bastante evidente al fomentar la realización personal y la adoración en el contexto africano. Esto impulsó el movimiento en el canto, algo que se da de manera natural en los habitantes autóctonos de África. Interpretaciones tales como “Hakuna akaita” (No hay nadie como Jesús) y “Jes’ uya khazimula” (Jesús siempre brilla), adquirieron un nuevo significado y popularidad como influencia directa de la música anabautista.
Varios otros coros en idiomas “extranjeros”, como “Obrigado Senhor” (Gracias, Jesús), y canciones de la Asamblea de 2003, de Zimbabue, también integran parte de la música de adoración local.
Impacto en la adoración
La fusión de estilos musicales ha influido en las prácticas de adoración. Los cultos son más participativos, con los miembros cantando en ndebele, shona e inglés. Algunas iglesias han introducido la danza, incorporando movimientos tradicionales zimbabuenses.
Este cambio ha hecho que el culto sea más expresivo y relevante para la cultura local.
La Asamblea del CMM en Zimbabue contribuyó en gran medida a estimular indirectamente que las congregaciones locales valoraran la diversidad cultural en la música de adoración.
Cantar canciones de un himnario compartido como el cancionero del CMM, ha repercutido en las congregaciones. Las canciones en común fomentan un sentido de unidad y una experiencia de fe compartida entre los miembros de la congregación. Los vincula con una comunidad más amplia de creyentes de diferentes culturas y lugares.
Desafíos y oportunidades
Si bien esta fusión musical ha enriquecido el culto, también ha presentado desafíos. Algunas congregaciones se esfuerzan por encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación. Los miembros mayores preferirían himnos tradicionales, mientras que los más jóvenes suelen preferir estilos contemporáneos. Esta brecha generacional requiere una gestión cuidadosa de parte de los miembros jóvenes y de los líderes de la iglesia.
Los jóvenes del distrito de Bulawayo de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, han tomado la iniciativa de integrar a todos mediante la creación del Coro Juvenil del Distrito de Bulawayo. El grupo ha transformado los himnos tradicionales para que sean más accesibles a todas las edades, utilizando instrumentos locales y occidentales en sus grupos de alabanza dirigidos por jóvenes.
La Asamblea del CMM de 2003 impulsó un movimiento en torno a la adoración contextualizada en las congregaciones de la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue. Al adoptar las tradiciones musicales locales, las iglesias han creado experiencias de adoración que son auténticamente zimbabuenses y, a la vez, están vinculadas mundialmente.
Esta mezcla de estilos refleja el énfasis anabautista en la comunidad y la pertinencia cultural.
A medida que las congregaciones de Zimbabue continúan evolucionando, su música sigue siendo un testimonio del poder de la fe expresada a través de la cultura local.
Los efectos más duraderos que ha dejado el CMM son la participación emocional y espiritual, la vinculación y el intercambio cultural y, sobre todo, lo que se ha despertado en cuanto a sentimientos de gozo, reverencia y contemplación, que realzan realmente las experiencias de adoración.
Nelson G Muzarabani, miembro de la Iglesia de los Hermanos en Cristo Entumbane, de Bulawayo, Zimbabue, y anciano de la misma, se desempeñó como secretario de la Convención durante casi diez años.Como músico de formación, participa activamente en el ministerio musical de la iglesia, y también en otros proyectos. Está jubilado del sector público y privado, donde trabajó durante poco más de 35 años como educador, investigador, historiador, archivista, administrador y gerente.
“Oh Señor, tú has formado a todas las naciones, y ellas vendrán a ti para adorarte y para glorificar tu nombre.”
Salmo 86:9
Cuando cantamos canciones del cancionero internacional del Congreso Mundial Menonita, estamos practicando la hospitalidad y el sentido de pertenencia. Cantar canciones de otras culturas también nos vincula con la iglesia mundial.
Canciones tales como “Here I Am to Worship”, “Way Maker” y “How Great Thou Art” se encuadran perfectamente en el canon musical de la Iglesia Menonita Neffsville. Otras no tanto, tales como “Cantai aoSenhor”, “Kwake Yesu Nasimama” y “Tú Eres Todopoderso.”
Nuestra congregación es mayoritariamente blanca, y muchos miembros tienen ascendencia menonita suiza o alemana. Sin embargo, también contamos con miembros de Puerto Rico, Haití, Kenia y Uganda. Cantar canciones en sus lenguas maternas es una manera de expresarles que realmente pertenecen a este lugar.
Además, muchos de nuestros miembros han servido como misioneros en el extranjero, en África, Asia y América del Sur. Cantar canciones del cancionero del CMM también los alienta.
Permítanme darles dos ejemplos de cómo nuestro canto es una manera de expresar una cálida bienvenida y solidaridad de manera concreta.
Canción favorita en el idioma del corazón
Hace unos tres años, un misionero de Perú al que apoyamos visitó Neffsville y predicó el domingo. Esa mañana, cantamos “Tú estás aquí”. Mientras cantábamos, las lágrimas rodaban por sus mejillas. Nunca pensó que escucharía una canción en su lengua materna en una iglesia menonita de Lancaster, Pensilvania.
Más tarde supe que “Tú estás aquí” era una de sus canciones favoritas. Él y su familia se sintieron acogidos de una manera más profunda, simplemente porque cantamos una canción en el culto en su lengua materna.
Los caminos de Dios dan la bienvenida a un invitado
El segundo ejemplo es reciente. Cantamos “Cantai ao Senhor” en nuestro culto, tanto en portugués como en inglés.
El domingo, por casualidad, una familia visitó nuestra iglesia por primera vez; eran oriundos de Brasil y hablaban portugués en su casa.
Algunos miembros de nuestra congregación se preguntaban por qué cantamos en portugués. No conocían a nadie de nuestra congregación que fuera oriundo de un país donde se hablara ese idioma.
¡Pero así es como obra Dios! Esta familia quedó fascinada al ver que una congregación de Lancaster, Pensilvania, cantara en su lengua materna.
Se sintieron bienvenidos de una manera que iba más allá de lo que cualquier apretón de manos habría logrado. Se sintieron visibilizados.
La música nos vincula a todo el mundo
Uno de mis objetivos para este año es que mi congregación cante al menos una canción de una cultura no mayoritaria en la mayoría de nuestros cultos. Las canciones del cancionero del CMM nos ayudan a hacerlo de una manera que nos vincula poderosamente con nuestros hermanos y hermanas anabautistas de todo el mundo. Como dice el Salmo 86:9, “glorificamos el nombre de Dios”, lo hacemos con las canciones de “todas las naciones”.
Después de todo, cuando lleguemos al cielo habrá personas de todas las naciones; todos aquellos que hayan vivido en Cristo alguna vez. Todos, con nuestras diversas culturas, idiomas y razas, cantaremos: “La salvación se debe a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:10b).
Cantar canciones de otras culturas e idiomas nos sirve de práctica, especialmente las del cancionero del CMM (muchas de las cuales también se encuentran en nuestro himnario, Voices Together).
Rashard Allen, director de música y adoración de la Iglesia Menonita Neffsville de Lancaster, Pensilvania, EE. UU. Se familiarizó con el Cancionero del CMM al formar parte del Conjunto Internacional para la Asamblea del CMM en Indonesia, en 2022. Desde entonces, ha impartido talleres sobre música litúrgica en congregaciones menonitas de Uganda, y ha organizado los cinco coros internacionales que participaron en la conmemoración de Anabautismo@500 celebrada en Zúrich, en 2025.
Correo: “Un mensajero… a quien se le ha confiado la tarea de llevar mensajes”. Así fue como el secretario general del CMM, Paul N. Kraybill, presentó la nueva revista del CMM en su primer número en 1986.
“La Asamblea del Congreso Mundial Menonita de 1984, en Estrasburgo, hizo eco de un clamor que ha sido escuchado con frecuencia antes y desde entonces. No nos conocemos lo suficiente. Somos una comunidad mundial, pero nuestro conocimiento es local y limitado. A pesar de nuestras imprentas, editoriales y publicaciones, ¡no hay un mensajero internacional!”, escribió.
De modo que: “El Congreso Mundial Menonita se complace en presentar la revista Correo, una nueva publicación”.
“Correo se diseñó específicamente para que sea un mensajero que lleve mensajes hacia y desde toda la comunidad menonita mundial.
“Quisiéramos recibir respuestas, comentarios, sugerencias, críticas y contribuciones, con el fin de que este sea realmente un ‘correo’ que lleve mensajes hacia y desde todas partes del mundo.”
Entre esa época y el 2026, la revista ha experimentado cambios, ¡y seguirá haciéndolo! Pero nuestro objetivo sigue siendo ser un espacio donde la comunidad global pueda conocerse.
¿Cómo les enseña, inspira y ayuda la revista Correo a comprender a la familia anabautista?
¿Qué reflexiones e historias conmovedoras de sus lecturas le han acompañado mucho después de haber dejado la revista a un lado?
Únase a la conversación
Les invitamos a unirse a la conversación. Los miembros de nuestra comunidad mundial poseen una amplia experiencia y una profunda sabiduría que les permite dialogar superando las barreras geográficas y culturales. Estamos trabajando en una oportunidad para aprender juntos a través de un seminario web. Estén atentos a los próximos anuncios sobre el seminario web.
Al observar la desunión y el desacuerdo a nuestro alrededor, incluso dentro de la iglesia, que podamos abrir nuestros corazones para recibir la gracia de celebrar la diversidad.
Cómo la música de las reuniones mundiales enriquece a mi iglesia
Desde que el consejero de un campamento infantil me enseñó mis primeros acordes de guitarra hace muchísimos años, la música ha formado parte de mi vida. También disfruto de conocer a cristianos de otras culturas.
Hasta ahora he participado en cuatro Asambleas mundiales del Congreso Mundial Menonita. Me asombra cómo nuestra fe compartida da vida a la diversidad en la unidad. La canción de bendición japonesa, “Kirisuto no heiwa ga”, ocupa un lugar especial en mi corazón, al igual que la canción latinoamericana, “Adorad a Jesus” y la canción en inglés, “Way Maker”.
Los ritmos y melodías me transmiten imágenes de encuentros y sentimientos de alegría y cercanía.
Mi guitarra y yo fuimos invitados a formar parte de la banda internacional en el culto masivo al conmemorar el quincentenario de los anabautistas en Zúrich. El respeto mutuo nos motivó a aprender los diferentes estilos musicales característicos de las canciones.
Durante los ensayos conjuntos y en el culto, sentí que teníamos un pedacito del cielo con nosotros. Una comunidad mundial celebró a nuestro venerable Dios con diferentes expresiones musicales y en idiomas distintos.
El Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial es una de las ocasiones en que las canciones de la familia mundial despliegan su poder unificador. Me complace compartir mis propias historias de encuentros en las Asambleas del CMM en Indonesia (2022), EE. UU. (2015), Paraguay (2009) e India (1997).
Al practicar las canciones en su idioma original, sentimos una cercanía especial con la familia a nivel mundial. Para algunas canciones, también he elaborado textos en alemán. Las letras en alemán hacen que aspectos de nuestra fe compartida sean perceptibles.
Actualmente, me estoy preparando para el CMERK* en mayo de este año, en los Países Bajos. Además de canciones europeas, también aprovecharemos esta oportunidad para interpretar canciones de las Asambleas del CMM.
Con canciones como “Ewe Tina” y “Hakuna Akaita Sa Jesu”, nos gusta inspirar a la gente a participar en la próxima Asamblea del CMM, prevista para 2028, en África. Esa sería mi esperanza. Porque, por supuesto, estas canciones despliegan su espíritu sanador e inspirador de gozo en la comunidad mundial.
*CMERK, reunión regional para todas las iglesias menonitas europeas, es una combinación de dos nombres: Conférence Mennonite Européenne (francés) y Mennonitische Europäische Regionale Konferenz (alemán). El evento se realizará del 14 al 17 de mayo de 2026, en los Países Bajos.
Wilhelm Unger, pastor de las iglesias menonitas de Friedelseim y Limburgerhof-Kohlhof de Alemania (parte de Arbeitsgemeinschaft Mennonitischer Gemeinden in Deutschland, iglesia miembro del CMM,).
Al final de la Cumbre Mundial de la Juventud (GYS) en Alemania, los participantes se reunieron alrededor de una fogata para cantar y hacer pan. Foto: Irma Sulistyorini
La columna de los miembros directivos
La perspectiva que tenemos ante nosotros es extraordinaria: un mundo donde las personas han sanado lo suficiente como para reconocer su valor y, por lo tanto, son capaces de establecer relaciones marcadas por una auténtica intimidad, dignidad y respeto. Un mundo donde las tecnologías poderosas y las conexiones globales reducen las brechas en lugar de profundizarlas, convirtiéndose en herramientas para el entendimiento mutuo y una prosperidad compartida.
Al mismo tiempo, nombramos la verdad de este momento. Muchas personas en todo el mundo viven en lugares llenos de temor, marcados por la violencia, el desplazamiento, la incertidumbre económica, la crisis climática y una profunda polarización social. El miedo es evidente. Nos tienta a retraernos, a proteger lo nuestro y a imaginar que la supervivencia es lo mejor a lo que podemos aspirar.
Y, sin embargo, estos no son solamente desafíos que hay que afrontar. También constituyen momentos que exigen valentía.
En toda la familia anabautista mundial, las comunidades están redescubriendo sus voces, su capacidad de acción y el llamado a vivir de manera diferente. La solidaridad, como la entiende el Congreso Mundial Menonita, no consiste en un acuerdo pasivo ni en un asunto lejano. Es una decisión fiel de permanecer vinculados: elegir las relaciones en vez del aislamiento, el acompañamiento en vez del control y la esperanza en vez del miedo.
Esta solidaridad se practica cuando escuchamos profundamente a las diferentes culturas, cuando la experiencia vivida determina nuestro discernimiento compartido y cuando permanecemos a la mesa, incluso cuando el camino a seguir es incierto.
Nos recuerda que la sanación es posible, que habrá de surgir nueva vida de lugares difíciles y que la unidad es algo que practicamos con paciencia y cuidado.
Al iniciar el año 2026, hemos sido invitados e invitadas a cuidar lo que se nos ha confiado: a construir espacios de confianza, a fortalecer lazos de amor y a definir un futuro caracterizado por la paz de Cristo.
Lo que construyamos no será perfecto, pero habrá de ser fiel.
Que podamos abrirnos a la gracia que Dios ya nos ha dado y que la vivamos por medio de la solidaridad, acompañándonos en humildad, eligiéndonos unos a otros con valentía y confiando en el Espíritu que nos une.
Lisa Carr-Pries, vicepresidenta del CMM (2022-2031). Es directora de Atención Espiritual de Parkwood Community (residencia de ancianos de cuidado prolongado) en Waterloo, Ontario, Canadá, y miembro de la Iglesia Menonita de Nith Valley, Ontario, Canadá.
El 21 de enero de 1525, un pequeño grupo de creyentes en Zúrich, Suiza, se reunieron en secreto, impulsados por una convicción arraigada en las Escrituras.
Anhelaban una iglesia que fuera fiel al camino de Jesús, una comunidad en que el bautismo marcara una decisión personal y consciente de seguir a Cristo. Este acto de valentía, que desafió la tradición, con el riesgo de persecución, marcó el nacimiento del movimiento menonita anabautista.
Al celebrar nuestro quincentenario, recordamos dicho comienzo con gratitud y humildad a través del tema, La valentía de amar, inspirado en 1 Juan 4:7-21 y el Salmo 136.
1 Juan 4:7-21 nos llama a amarnos unos a otros, ya que “el amor viene de Dios”. Este es el centro de nuestra identidad: amamos porque Dios nos amó primero en Cristo. La valentía de los primeros anabautistas de actuar según su fe, fue una respuesta al amor perfecto de Dios, que “echa fuera el temor”.
De similar manera, el salmista canta repetidamente: “El amor inagotable de Dios permanece para siempre” (Salmo 136). Este estribillo nos recuerda que el amor de Dios ha sostenido a nuestra iglesia en medio de la persecución, el sufrimiento y la renovación.
Hoy día, el Congreso Mundial Menonita continúa con este legado. Al conmemorar el año 1525, recordamos que nuestro movimiento no comenzó con una discusión, sino con un acto de amor. Los primeros anabautistas lo arriesgaron todo. Su amor no es tímido, sino activo y duradero.
Encarnemos ese acto: la valentía de amar. La valentía de perdonar cuando nos han ofendido. La valentía de resistir la violencia con la paz. Y la valentía de seguir a Jesús incluso cuando el camino sea difícil.
Sunoko Lin, tesorero del CMM. Es oriundo de Indonesia y actualmente reside en Los Ángeles, California, EE. UU., donde pastorea la Comunidad Cristiana Maranatha, una congregación de LMC: una comunidad de iglesias anabautistas.
En los Estatutos del CMM de 2009, el Concilio General estableció comisiones permanentes – Diáconos, Fe y Vida, Misiones, Paz – “en asuntos de vital interés para la comunidad de iglesias del CMM”.
Las comisiones podrán preparar asuntos o material para la consideración del Concilio General, orientar y proponer recursos para el CMM o las iglesias miembros, y facilitar redes afines al CMM o fraternidades que colaboren en asuntos de interés común.
Desde la perspectiva de la Comisión de Paz, Joji Pantoja destaca cómo la Comisión contribuyó a la hermandad, la adoración, el servicio o el testimonio en la comunión anabautista mundial, y cómo desempeñó su papel para que el CMM fuera una comunidad mundial de fe en la tradición anabautista.
Durante mi mandato como presidenta, la Comisión se propuso traducir nuestra teología de la paz en un testimonio mundial tangible. Se destacan tres momentos importantes, cada uno de los cuales muestra una faceta diferente de nuestro testimonio de paz.
La primera fue nuestro trabajo con los wounaans de Panamá, donde una visita a la comunidad llevó al CMM a abogar ante su gobierno para proteger sus árboles sagrados de cocobolo y su papel como guardianes del bosque.
Se trataba de paz como acción concreta y arraigada: defender la creación de Dios y las comunidades que la sostienen.
La segunda fue la elaboración de una declaración general del CMM que afirmaba nuestro apoyo a los derechos de los pueblos originarios en todo el mundo. Se trataba de paz como postura profética. La Comisión desempeñó un papel clave en la redacción de este documento, basado en los principios bíblicos de justicia.
Esta declaración nos llevó de reaccionar ante las crisis a definir de manera proactiva nuestra identidad mundial, brindando a cada iglesia miembro una base teológica para la solidaridad.
La tercera fue nuestra intervención directa en favor de un objetor de conciencia en Corea, miembro de nuestra familia mundial, encarcelado por su negativa a participar en el entrenamiento militar, basada en su fe. En este caso, nuestro testimonio de paz se convirtió en defensa pastoral. La Comisión movilizó a todas las partes del CMM para abogar por su libertad, afirmando que nuestra postura teológica sobre la paz tiene consecuencias reales para nuestros miembros.
Esta acción demostró que la Comisión no solo se limita a hacer declaraciones generales, sino que también apoya a las personas cuyas vidas encarnan nuestras convicciones fundamentales, garantizando que nuestra comunión mundial sea una fuente tangible de apoyo y testimonio.
Recuerdo entrañable
Recuerdo el profundo silencio en la sala después de escuchar al anciano wounaan hablar del bosque como si fuera un pariente. Ese momento de convicción compartida, en el que nuestra teología se encontró con su realidad vivida, fue sagrado.
Del mismo modo, valoro mucho el paciente y devoto proceso de redacción de la Declaración de Solidaridad con los Pueblos Indígenas. No fue un proceso rápido; se tardó casi dos años en terminar el documento de posición. Este largo período no fue un retraso, sino un tiempo necesario de hermandad. Escuchamos, debatimos y perfeccionamos el texto para asegurarnos de que representara verdaderamente a nuestra familia mundial diversa.
El momento en que todo quedó finalmente armonizado y lo adoptamos juntos fue increíblemente conmovedor. No solo aprobábamos un documento, sino también presenciábamos el fruto de un discernimiento colectivo y sostenido, llevando a la práctica verdaderamente la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
Futuro
Sueño con que la Comisión cree herramientas prácticas para las iglesias sobre cómo participar en los procesos locales de verdad y de reconciliación, o que facilite asociaciones en las que las iglesias con experiencia en justicia territorial puedan asesorar a otras.
Pasemos de hacer declaraciones contundentes a empoderar a miles de testigos locales, todas vinculadas y fortalecidas por nuestra comunión mundial.
—Felicitas (Joji) Pantoja (Filipinas), presidenta, Comisión de Paz (2015-2022)
Comentarios de otras Comisiones:
Diáconos
“La labor tan importante y significativa de la Comisión de Diáconos de acompañar a las iglesias en momentos de sufrimiento y angustia, así como en momentos de alegría para animar a nuestros hermanos y hermanas, fue y seguirá siendo tal como comenzó en Hechos 6:1-7. Estas experiencias realmente han acercado y seguirán acercando a nuestras comunidades a fin de ser ‘sal’ y ‘luz’ para el mundo.” — Cynthia Peacock (India), presidenta, Comisión de Diáconos (2009-2015)
Fe y Vida
“Desarrollamos una sesión de trabajo dinámica en la que diferentes integrantes prepararon estudios de casos sobre asuntos importantes que se habían decidido – a veces con gran dificultad o conflicto – en sus iglesias nacionales o regionales. Estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de trabajar junto con toda la Comisión en esta tarea, aprovechando la experiencia de los cinco continentes y aprendiendo mucho sobre nosotros mismos en el proceso.” —Anicka Fast (Canadá), secretaria, Comisión Fe y Vida (2023- )
Misiones
“Nos pareció bien y adecuado, tanto a nosotros como al Espíritu, unir finalmente a las organizaciones anabautistas de todo el mundo que participaban en la misión. ¿¡Por qué no habríamos de cooperar!? ¿¡Por qué no habríamos de colaborar!?” —Janet Plenert (Canadá), presidenta de Fraternidad Mundial Misionera (GMF) (2009)
En circunstancias muy similares a las de hoy en día, un grupo de menonitas emprendió una peregrinación desde el sur de Rusia (actual Ucrania) a Zúrich, Suiza, en 1925, a fin de presentar un mensaje de la Convención General de Congregaciones Menonitas de Rusia en la primera reunión mundial del Congreso Mundial Menonita.
La delegación expresaba las siguientes aspiraciones en su carta: “Acogemos favorablemente la idea de establecer una Unión Mundial Menonita, cuya expresión unánime debería ser una reunión de representantes de todos los menonitas del mundo”.
La creación de una organización menonita mundial y diversa sería algo enriquecedor para la iglesia, especialmente en los grupos dispersos más pequeños. Podría facilitar la financiación de escuelas establecidas por iglesias, promover actividades misioneras, ayudar a los necesitados y a los que sufren, abordar los desafíos de la migración y establecer un directorio mundial.
La carta transmitía un mensaje inspirador de reciprocidad, de solidaridad mundial y de esperanza por la unidad en medio de una notable diversidad.
¿Han cambiado los tiempos? ¿O todavía es necesario que se nos recuerde la importancia crucial de la unidad dada la diversidad de nuestras propias experiencias?
Hace más de 2.500 años, otro grupo comenzó una peregrinación desde más al este hacia Jerusalén, llevando un mensaje para ser compartido entre las comunidades de otros grupos judíos exiliados. Hoy en día conocemos este mensaje como el Salmo 133, que comienza así:
¡Qué bueno y agradable es que el pueblo de Dios viva unido! (Salmos 133:1, NVI)
Al entonar este cántico cada año, los exiliados descubrían que vivir juntos en unidad” es un don de Dios, una realidad tangible y atractiva.
Un don de Dios
El pasaje describe cómo descienden el aceite y el rocío. Estas imágenes ilustran cómo el salmista imaginaba la unión de los israelitas: es otorgada por Dios. La verdadera unión no se puede construir ni alcanzar mediante acuerdos humanos sobre doctrinas o prácticas; es un don divino.
Una realidad atractiva
La unión es una bendición que atrae más bendiciones. Es una vida plena que se extiende hacia afuera: una fragancia que se esparce, un rocío que impregna. Así como un aroma agradable llama la atención, la unión del pueblo de Dios es algo que todos anhelamos experimentar. Cuando lo descubrimos, se vuelve irresistible.
Una realidad tangible
La primera palabra después del título del Salmo 133, la palabra hebrea hinneh, que significa “miren” o “contemplen”, tiene un gran significado. Al invitarnos a “mirar”, el texto sugiere que la unión del pueblo de Dios no es meramente un concepto “espiritual”. Tampoco es algo que experimentaremos sólo después de la muerte. La unión del pueblo de Dios es una realidad tangible que se puede ver y sentir aquí y ahora.
Durante siglos, teólogos cristianos han visto en este salmo un anticipo del concepto del Nuevo Testamento de ser uno solo o de la comunión, donde la unión no se entiende como uniformidad o unísono, sino armonía en medio de la diversidad.
Al igual que los israelitas en su exilio, la delegación menonita en 1925 concibió una organización que encarnara la unidad como una realidad tangible. Anhelaban ser parte de un organismo más grande que ellos mismos, de carácter mundial.
Concibieron una organización que encarnara dicha unidad.
¿Y hoy en día?
Estamos llevando a la práctica lo que la delegación concibió hace cien años.
Esta anhelada comunión se materializó en el Congreso Mundial Menonita (CMM).
Procuramos encarnar la comunión.
Facilitamos la labor interdependiente en los ministerios de educación, misiones y paz.
Apoyamos a las iglesias que sufren y colaboramos con muchas otras iniciativas en nuestra búsqueda de fomentar la unidad.
Al celebrar este centenario, recordemos que la unidad es un don de Dios. Dejémonos atraer por dicha unidad. Hagámosla tangible. Oremos para que nuestra unidad brinde esperanza a nuestras iglesias en tiempos de sufrimiento y opresión, y a un mundo que se desintegra en medio de la violencia, el nacionalismo, la fragmentación y la polarización.
César García, secretario general del CMM, oriundo de Colombia, reside en Kitchener, Ontario, Canadá.Este artículo es una adaptación de su sermón del centenario pronunciado en Schönblick, Alemania, el 25 de mayo de 2025.
Hace unos años, tuvimos una reunión de las Comisiones en los Países Bajos. Junto con otros, recogí algunas personas en el aeropuerto. Estábamos cenando cuando sonó mi teléfono. Era alguien que llamaba en nombre de un miembro de una Comisión de Angola cuyo vuelo se había retrasado. Quien llamó transmitió el mensaje de que el hombre angoleño estaba listo para que su hermano lo recogiera.
Cuando llegué al punto de encuentro, la persona que me había llamado seguía allí. Nunca olvidaré su cara de sorpresa al darse cuenta de que yo era el “hermano” de este hombre africano.
No encajábamos en lo que imaginaba cuando pensaba en hermanos. Mi hermano angoleño y yo no encajábamos en dicho estereotipo.
¿No es eso lo que significa ser cristianos, y especialmente anabautistas, en el mundo de hoy?
En este mundo, la gente odia a los demás porque se ven diferentes, porque tienen ideas políticas diferentes, porque hablan un idioma diferente, porque… porque…porque… Hay tantas razones.
Líderes pasados y presentes del CMM celebran el centenario del CMM (izq-der): Sandra Báez, César García, Henk Stenvers, Larry Miller, Eleanor Miller, Janet Plenert y Danisa Ndlovu.
Necesitamos valentía
Si queremos seguir a Cristo, que nos enseñó a amar a los demás como a nosotros mismos, necesitamos valentía.
Valentía para decir NO al odio y sí al amor, incluso si va en contra de nuestros propios intereses.
Valentía para amar, aunque los demás no nos amen.
Valentía para no encajar, sino más bien para mostrar un camino diferente, un camino que conduzca a la paz en vez de la guerra.
Necesitamos la valentía que la gente demostró hace quinientos años en Zúrich, cuando desafiaron los poderes de aquella época porque querían ser verdaderos seguidores de Cristo.
Estoy esperanzado y ruego por muchos más rostros sorprendidos como el de aquel hombre en el aeropuerto, cuando nosotros, como comunión de seguidores de Cristo, mostramos amor mutuo, vivimos nuestra unidad a pesar de las diferencias y así difundimos un mensaje de paz.
—Henk Stenvers, presidente del Congreso Mundial Menonita (2022-2028), reside en los Países Bajos.
Las campanas resonaron por toda la ciudad llena de anabautistas. Se estima que más de 3.500 personas colmaron las calles del casco antiguo de Zúrich el 29 de mayo del 2025, Día de la Ascensión, para conmemorar el quincentenario del anabautismo.
“Hoy en día, como menonitas de Suiza, somos una comunidad pequeña”, afirmaron Gladys Geiser y Lukas Amstutz, copresidentes de la Konferenz der Mennoniten der Schweiz, en la apertura del culto. En la ciudad anfitriona tuvieron lugar los primeros bautismos de adultos conocidos del movimiento anabautista. “Pero como podemos ver en este culto, somos parte de un movimiento que se ha hecho más diverso e internacional.”
Desde sus inicios con unos pocos creyentes valientes en Europa, actualmente el Congreso Mundial Menonita tiene 111 iglesias miembros (tras la reunión del Comité Ejecutivo realizada unos días antes en Alemania) en 61 países de todo el mundo.
“Hoy todos podemos reunirnos aquí, todas las naciones, como dice la Palabra: todas las naciones, todas las tribus, todos los idiomas. Esto es especial porque únicamente el Señor puede hacer tales cosas”, expresó Jean-Claude Ambeke, de los Hermanos Menonitas de Angola, que actualmente vive en Francia.
Una mañana algo nublada se convirtió en un día soleado para caminar por las calles históricas, abarrotar las salas de conferencias o escuchar los coros. Incluso había un vendedor ambulante que repartía helados, cortesía de la Iglesia Reformada.
Los participantes podían estirar las piernas mientras seguían un recorrido histórico a pie o se hacían dramatizaciones en escenarios denominados “senderos con historia”, mientras que más de una docena de talleres brindaban perspectivas sobre el anabautismo: testimonios, estudios históricos y asuntos actuales. Además, la teóloga y periodista suiza Judith Wipfler presidió una mesa redonda en que se reflexionó sobre “un mundo en llamas”, junto con líderes anabautistas que actualmente viven en zonas de conflicto que conllevan grandes desafíos.
Cinco coros de todo del mundo dieron conciertos en un espacio cubierto y al aire libre, y se sumaron a un coro masivo para el culto. Dirigieron temas favoritos de las Asambleas como EweThina y Kirisuto no heiwa ga. El grupo musical suizo Songs of Peace presentó una nueva canción con un coro que exclamaba, “¡Queremos justicia, queremos paz!”
Una iglesia importante
Las filas para el culto de clausura comenzaron a media tarde. La iglesia Grossmünster, con capacidad para 1.200 personas, estaba al tope de su capacidad, al igual que los sitios adicionales para presenciar el culto (Predigerkirche 350, Friedenskiche 250, FEG 100 y el agregado ad hoc Helferei 130). Y aun así quedaron cientos de personas afuera, sentados en la plaza o dispersos en los cafés, mirando desde la pantalla de sus teléfonos celulares.
Mientras tanto, en todo el mundo, miles de personas se conectaron en línea a través de sus pantallas personales o junto con otros en iglesias, oficinas o museos.
Con representantes de trece comuniones mundiales y tres organizaciones ecuménicas multilaterales como invitados de honor, el culto no sólo trató sobre el anabautismo sino que también constituyó otro paso en la senda de la reconciliación.
Un camino hacia la reconciliación
“Todos heredamos un legado de dolor debido a las divisiones de la Reforma. Sabemos que persisten las diferencias teológicas y prácticas, pero nos alegramos por el camino hacia la reconciliación que hemos compartido”, declaró Janet Plenert en la liturgia del culto.
El culto contó con la presencia de líderes de la Federación Luterana Mundial y de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, e incluyó un mensaje del Papa León XIV transmitido por el cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos: “Les aseguro mis oraciones para que nuestras relaciones fraternales se profundicen y crezcan”.
Mientras que John D. Roth, del CMM y Hanns Lessing, del CMIR confesaron el “testimonio común de su comunión respecto a la unidad de la iglesia”, los secretarios generales César García y Setri Nyomi se lavaron mutuamente los pies, “como expresión tangible de nuestro compromiso con la reconciliación”, señaló J. Nelson Kraybill.
Otra expresión concreta de apoyo fue la posibilidad de usar gratuitamente las instalaciones de las iglesias reformadas, incluyendo la emblemática iglesia Grossmünster.
“Reencontrarnos en la Grossmünster quinientos años después de la división, ahora como una “familia reconciliada”, creó una instancia nueva y poderosa en nuestra memoria colectiva que espero cambie la manera en que la próxima generación cuente nuestra historia”, expresó John D. Roth.
El evento, en el marco estratégico de una conmemoración, concluyó con un tono de celebración. Los coros de cinco regiones formaron un túnel de canciones desde la iglesia hasta la plaza, mientras los invitados salían al son de Siyahamba (Caminamos en la luz de Dios).
Dios misericordioso, en un mundo dividido por el nacionalismo, los conflictos religiosos, la xenofobia y la guerra, nos has reunido hoy como personas de muchas naciones, lenguas y organismos eclesiales.
Tu gracia, oh Dios, hace que esta reunión en amor sea posible. Gracias por la inmensa hospitalidad que la ciudad de Zúrich y las iglesias reformadas de Suiza han brindado a los anabautistas. ¡Bendice esta generosa muestra de bondad!
Gracias por el testimonio de todos los presentes que conocen y expresan tu amor reconciliador. Aun cuando la iglesia mundial a veces esté dividida, tú nos llamas a vivir como hermanos y hermanas en Cristo. Danos la valentía para amarnos mutuamente, y para amar a los “otros”, quienesquiera que sean.
Derrama hoy tu Espíritu Santo sobre nosotros para que tu sanación y tu amor puedan fluir a través de nosotros hacia el mundo. Haz de nosotros —y de las iglesias que representamos— “una nueva humanidad” unida en amor, “para que el mundo sepa” que nuestra esperanza está en Cristo, en cuyo nombre oramos.
Amén.
Sunoko Lin, tesorero del CMM, guía la oración de apertura en la catedral de Grossmünster durante el culto de clausura en el día del aniversario en Zúrich, Suiza.Unos 1.200 fieles de todo el mundo colmaron la catedral de Grossmünster para asistir al culto de clausura, mientras que miles más lo siguieron por Internet/Dale Gehman
Una perturbación en la Iglesia por algunas personas de Dios.
Liturgista: Pueblo de Dios, nos reunimos en esta histórica ciudad de Zúrich, lugar de origen de un movimiento de renovación del siglo XVI liderado por Ulrico Zuinglio, y cuna del movimiento que conocemos actualmente como anabautismo.
[Cientos de pequeños volantes con mensajes escritos caen desde el balcón hacia los que están sentados en los bancos y en el podio. Tres manifestantes con trajes de época se ponen de pie y exclaman:]
Primer manifestante: ¿Qué clase de iglesia es esta? ¿Quién pertenece realmente al cuerpo de Cristo? ¡La Escritura llama a los seguidores de Jesús a separarse de aquellos que no viven una vida pura!
Segundo manifestante: ¡Excluyan a aquellos que no bautizan sólo mediante la confesión de fe! Tercer manifestante: ¡Excluyan a aquellos que tienen autoridad y no permiten que nuestras congregaciones vivan tranquilas y en paz!
Liturgista: ¡Están interrumpiendo un culto de adoración! ¿Quién son ustedes? ¿Por qué hacen esto?
Primer manifestante: Somos sus antepasados anabautistas. Cristo es nuestra autoridad. ¡Incluso él perturbó la paz!
Segundo manifestante: Hemos estudiado las Escrituras. ¡Dios nos ha dado una visión!
Primer manifestante: ¡Escúchennos!
Tercer manifestante: ¡El reino de Dios está cerca!
Primer manifestante: ¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia!
Tercer manifestante: A los ricos les decimos: “Donde esté su tesoro, allí también estará su corazón”.
Segunda manifestante: A los poderosos les decimos: “La guerra es contraria a la voluntad de Dios”. ¡Obedeceremos a Dios antes que a la autoridad humana!
Tercer manifestante: Cristo se pone del lado de aquellos que no tienen quién los ayude: de los refugiados, de las víctimas de la violencia, de los que están encarcelados por su fe y su identidad.
Liturgista: ¡Esperen… por favor! Escuchen la Palabra del Señor dicha por el apóstol Pablo:
No tengan un concepto más alto de sí mismos del que deben tener. Dios ha medido una porción de fe para cada uno de ustedes. Tenemos muchas partes en un solo cuerpo, pero no todas tienen la misma función. Ámense unos a otros como a los miembros de su familia. Sean los mejores en honrarse unos a otros.
Confesión y lamento
Liturgista: La congregación ha estado escuchando. Agradecemos este recordatorio de nuestro pasado.
Compartimos su esperanza y sus agravios. Todos los que estamos reunidos aquí hoy deseamos ser más como Jesús. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Oremos por la gracia para confesar nuestros pecados y vayamos a vivir vidas santas.
Primer manifestante: Gracias por escucharnos.
Liturgista: Las aguas del bautismo nos han dividido.
[se vierte agua]
Pero quienes beben del agua sanadora de Jesús, nunca volverán a tener sed. Purifícanos, Espíritu Santo, refréscanos con el agua de la vida eterna.
No creemos que Jesús haya muerto en vano. No creemos que quienes sufrieron por su fe a lo largo de los siglos lo hayan hecho en vano.
Segundo manifestante: ¡Sí! Necesitábamos escuchar esto de ustedes. Las palabras que pronunciamos deben impulsarnos a la acción. Por este motivo hemos regresado para esta conmemoración.
Liturgista: Oremos. Dios Todopoderoso, venimos ante ti no por nuestra rectitud, sino por tu gran misericordia.
Primer manifestante: Perdónanos por la arrogancia de pensar que podríamos ser perfectos y sin pecado.
Segundo manifestante: Ya sea que vivamos en comunidades apartadas del mundo o en medio del mundo, perdónanos por ser ciegos a las necesidades de nuestro prójimo.
Tercer manifestante: Perdónanos por aquellas ocasiones en las que no hemos sabido “hacer justicia y amar la misericordia”.
Primer manifestante: Perdónanos por nuestro silencio… por no dar “razón de la esperanza que hay en nosotros”.
Segundo manifestante: Perdónanos cuando nos hemos negado a trabajar con personas diferentes a nosotros, incluso cuando la necesidad era grande.
Tercer manifestante: Perdónanos cuando hemos menospreciado a otras iglesias y hemos perdido oportunidades de aprender de ellas y de asociarnos con ellas.
Gracias por aquellas comunidades de fe que nos han abierto sus corazones y nos acompañan en el camino de Jesús.
Liturgista: Recibe nuestras peticiones, oh Padre, en el nombre de Jesucristo, por medio del poder del Espíritu Santo.
Juntos nos unimos a la oración de Cristo, cada uno en su propio idioma.
“Padre Nuestro…”
Afirmación del perdón
Liturgista: Cristo mismo dijo: “Tus pecados son perdonados. Vete y no peques más”. Somos perdonados, amados y libres. Amén.
Lisa Carr-Pries (Canadá), vicepresidenta del CMM, y Danisa Ndlovu (Zimbabue), expresidente del CMM, dirigieron esta liturgia. Ebenezer Mondez (Filipinas), James Jakob Fehr (Alemania) y Ulrike Schmutz (Suiza) hicieron el papel de perturbadores.
Aman Ganjboir, delegado de YABs de la India, se prepara para lanzar volantes desde el entrepiso para “perturbar” el culto./Irma Sulistyorini
James Jakob Fehr (Alemania) con traje de época, primer manifestante/MWC
Ulrike Schmutz (Suiza), segunda manifestante/MWC
Ebenezer Mondez (Filipinas) con traje regional, tercer manifestante/MWC
Liturgia de reconciliación: Nuestro camino a la reconciliación
Los líderes de las comuniones respectivas pronunciaron estas palabras. Cuando los representantes luteranos y menonitas hablaban, se hacían las señal de la cruz en la frente uno al otro. Cuando los representantes reformados y menonitas hablaban, los secretarios generales se lavaban los pies mutuamente
Representantes
Representantes del Congreso Mundial Menonita
Anne-Cathy Graber, secretaria de Relaciones ecuménicas
J. Nelson Kraybill, ex presidente
Janet Plenert, ex vicepresidenta, actual coordinadora de Representantes regionales
John Roth, presidente, Comité de planificación de la renovación
Larry Miller, ex secretario general
Representante de la Iglesia Católica
Cardenal Kurt Koch, Prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
Representante de la Federación Luterana Mundial
Rev. Anne Burghardt, secretaria general
Representantes de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas
Rev. Dr. Hanns Lessing, secretario ejecutivo de Comunión y teología
Rev. Dr. Setri Nyomi, secretario general interino
Menonitas
En nuestro culto de hoy, el Congreso Mundial Menonita, junto con representantes de otras tradiciones anabautistas y de la Iglesia Libre, se reúne con representantes de la Iglesia Católica Romana, la Federación Luterana Mundial y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas para dar un testimonio común.
Todos heredamos un legado de dolor debido a las divisiones de la Reforma. Sabemos que persisten las diferencias teológicas y prácticas, pero nos alegramos del camino a la reconciliación que hemos compartido.
En 2003, católicos y menonitas concluyeron un diálogo de cinco años titulado, “Llamados a ser pacificadores”, cuyo punto de partida fue el reconocimiento compartido de que “la lealtad a Cristo como Señor prevalece sobre las exigencias del Estado”.
Más recientemente, la participación católica y luterana en el Diálogo Trilateral sobre el Bautismo, ha ayudado a aclarar los puntos de convergencia así como las diferencias persistentes en torno a nuestra interpretación y práctica del bautismo. Consideramos que estos diálogos constituyen un don para la iglesia.
Católicos
Mensaje del Santo Padre León XIV A los participantes en la conmemoración del quincentenario del movimiento anabautista
Queridos amigos, mientras se reúnen para conmemorar los 500 años del movimiento anabautista, los saludo cordialmente con las primeras palabras pronunciadas por Jesús resucitado: “La paz sea con ustedes” (Juan 20:19).
En la alegría de nuestra celebración pascual, ¿cómo no reflexionar sobre la aparición de Cristo en la tarde de aquel “primer día de la semana” (ibíd.), cuando Jesús no solo atravesó los muros y las puertas cerradas, sino también los corazones temerosos de sus discípulos? Además, al impartir su gran don de la paz, Cristo fue sensible a la experiencia de los discípulos, sus amigos, y no ocultó los signos de su Pasión aún visibles en su cuerpo glorioso.
Al acoger la paz del Señor y aceptar su llamado, que implica estar abiertos a los dones del Espíritu Santo, todos los seguidores de Jesús pueden sumergirse en la radical novedad de la fe y de la vida cristiana. De hecho, ese deseo de renovación caracteriza al mismo movimiento anabautista.
El lema elegido para su celebración, “La valentía de amar”, nos recuerda, sobre todo, la necesidad de que católicos y menonitas hagan todo esfuerzo por vivir el mandamiento del amor, la llamada a la unidad cristiana y el mandato del servicio al prójimo. Del mismo modo, subraya la necesidad de honestidad y la amabilidad al reflexionar sobre nuestra historia común, que incluye heridas dolorosas y narrativas que influyen en las relaciones y percepciones católico- menonitas hasta nuestros días. Cuán importante es, entonces, esa purificación de los recuerdos y esa relectura común de la historia que nos permita sanar las heridas del pasado y construir un nuevo futuro a través de la “valentía de amar”. De hecho, solo así el diálogo teológico y pastoral puede dar fruto, un fruto duradero (véase Juan 15:16).
¡Ciertamente no es una tarea fácil! Sin embargo, fue precisamente en momentos de prueba cuando Cristo reveló la voluntad del Padre: fue cuando, desafiado por los fariseos, nos enseñó que los dos mandamientos más importantes son amar a Dios y al prójimo (véase Mateo 22:34-40); fue en la víspera de su Pasión, cuando habló de la necesidad de la unidad: “para que todos sean uno… para que el mundo crea” (Juan 17:21). Mi deseo para cada uno de ustedes, por tanto, es que puedan decir, citando a san Agustín: “Toda mi esperanza está puesta en la inmensa grandeza de tu misericordia. Da lo que mandas y manda lo que quieras” (Confesiones, X: 29, 40).
Por último, en el contexto de nuestro mundo desgarrado por la guerra, nuestro continuo camino de sanación y fortalecimiento de la fraternidad desempeña un papel fundamental, porque cuanto más unidos estén los cristianos, más eficaz será nuestro testimonio de Cristo, Príncipe de la Paz, en la construcción de una civilización del encuentro del amor.
Con estos sentimientos, les aseguro mi oración para que nuestras relaciones fraternas se fortalezcan y crezcan. Invoco sobre cada uno de ustedes la alegría y la serenidad que provienen del Señor resucitado.
En 2010, la Asamblea Luterana Mundial, reunida en Stuttgart, Alemania, afirmó formalmente una “Acción Menonita”, basada en el informe de un diálogo de cinco años titulado, “La sanación de las memorias: Reconciliación por medio de Cristo”. Un culto de reconciliación incluyó expresiones mutuas de perdón y un compromiso de interpretar las confesiones luteranas y las narrativas menonitas de su pasado a la luz de la historia común descrita en dicho informe. Dicho proceso marcó un momento clave en las relaciones entre nuestras dos comuniones y sentó las bases para un mayor aprendizaje mutuo sobre los temas del bautismo y la relación cristiana con el Estado.
En el culto de reconciliación en 2010, todos los presentes compartieron la señal de la cruz como una manera de hacer presente la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La cruz toca las heridas del pecado, sana nuestro quebrantamiento y restaura nuestras vidas. Promete sanación por medio de la gracia de Dios y señala el don de un corazón y un espíritu nuevos.
Hoy día, el Congreso Mundial Menonita y la Federación Luterana Mundial recordamos y renovamos nuestro compromiso con la señal de la cruz.
Luteranos
En el diálogo, “La sanación de las memorias”, nos comprometimos a escuchar atentamente la historia de unos y otros, y a relatar la historia de nuestros comienzos compartidos de tal modo que ambas partes pudieran afirmarla. La convicción luterana de que la iniciativa de Dios hace posible nuestra respuesta de fe fue recibida calurosamente por los menonitas. El pedido luterano de perdón por haber perseguido a los anabautistas fue generosamente concedido. Un análisis conjunto y franco del bautismo contribuyó a posibilitar un fructífero Diálogo Trilateral sobre el Bautismo del Congreso Mundial Menonita y la Iglesia Católica.
Damos gracias a Dios porque cada vez más luteranos y menonitas valoran el testimonio mutuo del evangelio.
Menonitas
Hoy en Zúrich celebramos los pasos hacia la reconciliación que hemos dado con representantes de la tradición reformada.
En 2004, la ciudad de Zúrich y la Iglesia Reformada de Suiza ayudaron a erigir una placa conmemorativa junto al río Limmat, reconociendo la ejecución de Felix Manz y otros seis anabautistas en Zúrich.
Tres años después, la Conferencia Menonita Suiza y la Iglesia Reformada del Cantón de Zúrich concluyeron un diálogo significativo, comprometiéndose en un proceso permanente de reconciliación. En dicho documento, los menonitas afirmaron: “No nos pertenecemos. Pertenecemos a Jesucristo que nos llama a seguirlo, y ha derribado el muro de la enemistad y unido a personas de cerca y de lejos en un solo cuerpo”.
La semana pasada, el Concilio General del Congreso Mundial Menonita recibió formalmente una declaración redactada con representantes de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas titulada, “Restaurando la plenitud de nuestra familia: en busca de un testimonio común”.
Al escuchar una letanía de confesión, gratitud y compromiso extraída de esta declaración, César García, secretario general del Congreso Mundial Menonita, y Setri Nyomi, secretario general interino de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, se lavarán los pies mutuamente como expresión tangible de nuestro compromiso con la reconciliación. Los invitamos a todos a dar testimonio de esta señal de arrepentimiento y perdón.
Reformados
Hemos confesado el origen común de nuestras iglesias y el dolor de su fractura. Pedimos a Dios que bendiga el redescubrimiento de un entendimiento común del evangelio, a fin de que inspiren la evangelización y la construcción de la paz.
Menonitas
En presencia de representantes de toda la Iglesia, el Congreso Mundial Menonita y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas dan testimonio común de la unidad de la iglesia.
Reformados
Hoy, conmemoramos los orígenes comunes de nuestras comuniones mundiales, reconocemos nuestra relación fracturada, y nos alegramos de que, basándonos en los esfuerzos de muchos años en pos del entendimiento mutuo y la reconciliación, podemos responder a Cristo nuestra Paz viviendo en la unidad del Espíritu. Unidos, nos comprometemos a ser humildes, pacientes, sinceros y, sobre todo, bondadosos, al andar juntos como un solo cuerpo de Cristo.
Menonitas
Reunidos bajo la mirada bondadosa de Dios, celebramos que nuestra identidad se encuentra en nuestra confesión común de Jesús como Señor, nuestros comunes antepasados en la fe y nuestro llamado común al discipulado y al testimonio del evangelio en un mundo fragmentado.
Reformados
Nuestras tradiciones nos han bendecido con una pasión por la justicia y la paz. Que el Dios de la cruz y la resurrección nos dé el corazón y la mente para procurar la paz y practicar la justicia que resiste la violencia, la opresión y la devastación ecológica, una justicia que encuentra su máxima expresión en el perdón, la misericordia y la reconciliación.
Menonitas
Hoy, como miembros anabautistas y reformados del cuerpo de Cristo, afirmamos que nuestro testimonio al mundo se nutre y se sostiene por la gracia de Dios, que nos permite amar a Dios, a los demás y a toda la creación.
Reformados
Nos comprometemos con la sagrada misión de proclamar el evangelio del amor en todos nuestros contextos, cada uno con sus propios desafíos y exigencias. No permitiremos que el miedo, la desconfianza o los obstáculos al diálogo nos impidan responder a este llamado.
Menonitas
Prometemos recorrer juntos el camino para sanar las heridas del pasado y volver a unir el cuerpo de Cristo. Nos comprometemos a aprender unos de otros, compartiendo la riqueza y diversidad de nuestras tradiciones. Nos comprometemos a una cooperación intencional que afirme la misericordia de Dios y facilite la justicia que lleva a la paz.
Reformados
Juntos, oramos por el cuerpo de Cristo. En Cristo, somos miembros unos de otros, hermanos y hermanas de la misma carne y del mismo Espíritu.
Menonitas
Juntos, acogemos el don de la unidad, convencidos de que tú, oh Dios, estás restaurando la plenitud de tu familia. Amén.
Juntos confesamos nuestra fe
En reconocimiento de nuestra identidad común en el cuerpo de Cristo, los participantes se pusieron de pie y recitaron juntos el Credo de Nicea, cada uno en su propio idioma.
Esta antigua declaración de fe cristiana surgió del Concilio Ecuménico de Nicea, y este año se conmemora su 1700 aniversario.
Larry Miller, secretario general emérito del CMM, hace la señal de la cruz en la frente de Rev. Dra. Anne Burghardt, secretaria general de la Federación Luterana Mundial/Dale Gehman
Anne-Cathy Graber, secretaria de relaciones ecuménicas del CMM/MWC
Rev. Dr. Hanns Lessing, secretario ejecutivo de Comunión y teología, Comunión Mundial de Iglesias Reformadas/MWC
Cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, transmite los saludos del Papa León XIV/MWC
Rev. Dr. Setri Nyomi, secretario general interino de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, lava los pies a César García, secretario general del CMM/MWC
Breves piezas musicales de órgano sirvieron para remarcar la letanía, como así también agua vertida de un cuenco como recordatorio del bautismo.
Hoy nos hemos reunido para participar del culto, en la ciudad donde los primeros anabautistas se inspiraron en las enseñanzas de Ulrico Zuinglio… y junto a las aguas del río Limmat, donde fue ejecutado Félix Manz, el primer mártir anabautista.
[Se vierte agua]
Dios de amor, recordamos a Félix Manz y a los seguidores del Cordero, que en todas las épocas y lugares han sufrido un discipulado fiel.
Una voz potente clama desde el trono de Dios: “Yo hago nuevas todas las cosas… Al que tenga sed, le daré a beber del manantial del agua de vida”. (Apocalipsis 21:5-6)
[Se vierte agua]
Dios bondadoso, en un mundo desgarrado por la guerra y una iglesia mundial a menudo dividida, ¡cuánto anhelamos que hagas nuevas todas las cosas! ¡Ven, Señor Jesús!
[interludio de órgano]
“El ángel me mostró un río limpio, de agua de vida. Era claro como el cristal, y salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle principal de la ciudad y a cada lado del río, crecía el árbol de la vida, que da fruto cada mes, es decir, doce veces al año; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones.” (Apocalipsis 22:1–2)
“Con la dolorosa conciencia de que nuestras diferencias se convirtieron en fuente de conflicto y división, oramos ahora por la valentía y la creatividad para transformarlas, de modo tal que enriquezcan nuestra unidad en el cuerpo de Cristo.”
[Se vierte agua]
¡Por la sanación de las naciones! ¡Por la sanación de la iglesia! “En Cristo somos miembros los unos de los otros, hermanos y hermanas de la misma carne y del mismo Espíritu…”
Dios sanador, el río de agua de vida ha llegado a nosotros. Las hojas del árbol de la vida han traído sanación entre las comuniones de las iglesias representadas hoy aquí.
[interludio de órgano]
“Soy yo, Jesús, quien les envió a mi ángel con este testimonio para las iglesias. Soy la raíz y el retoño que desciende de David, la estrella brillante de la mañana.
El Espíritu y la Esposa del Cordero dicen: “Ven”.
Y el que escuche, diga: “Ven”.
Y el que tenga sed, y quiera, venga y tome del agua de la vida sin que le cueste nada. (Apocalipsis 22:16-17)
Oh Dios, nuestra ayuda en épocas pasadas, nuestra esperanza en los años venideros:
Gracias a la obra del Espíritu Santo en nosotros, tenemos una esperanza renovada al ver señales de sanación y unidad en la iglesia mundial.
Tenemos esperanza al ver la vitalidad de las iglesias representadas hoy aquí, que están geográficamente alejadas de sus raíces denominacionales en Europa.
Tenemos esperanza al ver que la evangelización y la construcción de la paz van de la mano en muchos lugares del mundo.
Sobre todo, tenemos esperanza porque en Cristo has prometido que estarás con nosotros “siempre, hasta el fin del mundo”.
Ven, Espíritu Santo, inspíranos con la fidelidad de los santos a lo largo de los siglos. Como ellos, que nunca nos avergoncemos del evangelio. Señor Jesucristo, bendícenos con la valentía de arriesgarnos a amarnos unos a otros, a nuestro prójimo e incluso a nuestros enemigos como tú nos has amado.
En un frío Día de Acción de Gracias de noviembre de 1910, un grupo de cinco pastores ordenados se reunió con otros invitados en el centro de reuniones Menonita Amish Conservador de River Pigeon, en el condado de Huron, Michigan, EE. UU., a fin de trabajar juntos para promover la misión de la iglesia. De esa reunión nació la Red de Iglesias Rosedale, en aquel entonces llamada Conferencia Menonita Amish Conservadora.
Los pastores anfitriones fueron el obispo Solomon J. Swartzentruber y el pastor Michael S. Zehr. Asistieron el obispo Joshua King, del condado de Stark (Ohio), y el obispo John L. Mast y el pastor Jonas D. Yoder, del condado de Mifflin (Pensilvania, EE. UU.). Aunque no asistieron a esta reunión, otras iglesias del Valle de Casselman de Pensilvania y Maryland, del condado de Lewis en Nueva York y del condado de Johnson en Iowa, se identificaron con este grupo incipiente.
La Iglesia Menonita de River Pigeon, donde se realizó la primera reunión, sigue siendo una iglesia miembro de la Red de Iglesias Rosedale hasta el día de hoy.
Prioridades
En aquella primera reunión se abordaron cinco prioridades principales: mantener la unidad, la inconformidad, conservar la lengua alemana, el deber de difundir el evangelio y brindar respuestas a las divisiones.
Las primeras actividades de este nuevo grupo surgieron de su convicción de difundir el Evangelio y de su preocupación por los pobres y huérfanos.
En su segunda reunión, realizada en 1912, se proyectó la creación de un hogar para niños huérfanos. Las congregaciones del Valle de Casselman, en Pensilvania y en Maryland, fueron las que más apoyaron el proyecto, por lo que en 1914 se fundó el Hogar Infantil en Grantsville (Maryland, EE. UU.).
En la actualidad
En la actualidad, la Red de Iglesias Rosedale está conformada por 119 congregaciones distribuidas en Estados Unidos, que trabajan juntas para desarrollar y multiplicar las iglesias local y mundialmente.
Hasta el día de hoy, continúa el mismo compromiso con la Escritura como autoridad para la vida y con la misión de Dios en el mundo que existió cuando se fundó.
La Red Rosedale no sería lo que es sin su brazo educativo (Rosedale Bible College) y su brazo misionero (Rosedale International). Estas organizaciones ayudan enormemente a la iglesia a cumplir su misión.
Otra fortaleza de la Red Rosedale es el apoyo que brinda a sus pastores a través de grupos de pares, cohortes, clases y reuniones anuales, que ofrecen oportunidades para fraternizar, animarse, inspirarse y capacitarse.
Como pueden atestiguar otros grupos eclesiales de Norteamérica, entre los desafíos importantes que enfrenta la Red Rosedale figuran la influencia siempre presente del materialismo y la creciente influencia del nacionalismo.
La Red Rosedale se unió al CMM como miembro asociado en 2000.
En 2025, tenía 119 iglesias con 13,403 miembros bautizados
Brian Hershberger, Director Ejecutivo, Red de Iglesias de Rosedale