• Momentos destacados de la Semana de la Fraternidad YABs 2026

    “Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta. Uno podrá decir: «Tú tienes fe, y yo tengo hechos. Muéstrame tu fe sin hechos; yo, en cambio, te mostraré mi fe con mis hechos.»”—Santiago 2:17-18

    En la tercera semana de junio de 2026, jóvenes anabautistas se reunieron en línea y en sus congregaciones locales para reflexionar sobre “Solidaridad en acción: de la fraternidad al impacto”, el tema elegido este año para la Semana de la Fraternidad de Jóvenes Anabautistas (YABs).

    Desde momentos de oración, intercambio de testimonios, reflexión y compromiso, pasando por proyectos artísticos colaborativos hasta compartir alimentos y juegos, los jóvenes se tomaron el tiempo de descubrir que la solidaridad va más allá de estar juntos y conectar. Jóvenes adultos de todo el mundo organizaron encuentros en sus áreas locales. Además, el Comité YABs organizó dos reuniones en línea.

    Valentina Kunze (Uruguay), expresó que, “La solidaridad consiste en formar parte de una misma causa, alentarnos mutuamente, compartir alegrías y desafíos, y pasar a la acción en conjunto. Se trata de hacer visible y transformadora nuestra unidad mediante acciones de gran impacto”. La presidenta del Comité YAB y representante de América Latina señala que esta es la razón por la cual se eligió dicho tema.

    En el encuentro virtual, los jóvenes adultos oraron por los triunfos y desafíos que enfrentan los jóvenes de todo el mundo, escucharon testimonios de Napoleon Chance Bisi (República Democrática del Congo), de Mennonite Voice, y de Shifa Sidh (India), de la Iglesia Menonita de Rajnandgaon (India), y reflexionaron sobre el significado de la solidaridad.

    Liam Kachkar (Canadá), representante del Comité YABs para América del Norte, cuenta que, “En nuestra discusión grupal, consideramos que escuchar es importante para la solidaridad. Al escuchar, también debemos estar dispuestos a mostrarnos vulnerables y a construir confianza a pesar de las diferencias. Es un proceso continuo. La solidaridad no es algo estacional”.

    Valary Otieno (Kenia) afirma: “La solidaridad consiste en ser lo suficientemente vulnerable como para compartir tu vida con los demás, manteniendo el respeto, poniéndote en el lugar de otras personas e intentando comprender por lo que están pasando. Solo cuando esto sucede, las acciones solidarias cobran verdadero impacto gracias a la comprensión”.

    Faith Fernandez (Filipinas) y Maagi Manyama (Tanzania) coinciden en que la solidaridad consiste en el apoyo mutuo, en animarse continuamente y en participar en acciones colectivas.

    Aman Ganjboir (India) afirma que su grupo considera que la solidaridad abarca compartir las cargas de los demás mediante ayuda práctica, practicar la hospitalidad y construir relaciones con humildad.

    Blessing Joy Turqueza (Filipinas), representante del Comité YABs para Asia, concluyó la reunión virtual: “Disfrutemos de nuestra conexión, celebremos lo que Dios está haciendo en cada uno de nuestros contextos y hagamos visible nuestra unidad a través de la acción”.

    Instantáneas de la Semana de la Fraternidad de Jóvenes Anabautistas en todo el mundo

    GKMI Kudus y Semarang, Indonesia: comunión, tiempo de reflexión, tiempo de oración y redacción de nuestro compromiso de solidaridad sobre una cruz.—Daniel Talenta

    Iglesia Menonita de Shantipur, India: tiempo de comunión y arte colaborativo.
    —Rechal Kalihari

    Iglesia de los Hermanos en Cristo, Zimbabue: más de 30 jóvenes participaron en la Semana de Comunión de los YABs. Todo el culto dominical fue dirigido por jóvenes.
    —Sipho Moyo

    Iglesia Menonita de Durg, Chhattisgarh, India: comunión, oración y arte colaborativo.
    —Anisha Nand

     


  • activistas anabautistas sostienen diálogos

    Mikhael Ardiyanto (der.) y Zachary Shields (centro) en el quincentenario del anabautismo en Zúrich, Suiza, junto a Camila Pérez-Diener, participante de la Cumbre Mundial de la Juventud.

    Una forma de resistencia

    Este artículo es una adaptación de una conversación entre dos jóvenes anabautistas en respuesta a preguntas de la editora de Correo, reflexionando sobre la solidaridad y cómo la practican hoy en día.

    Resido en Langley, Columbia Británica, Canadá. Participo en la Hermandad Menonita de Langley.

    Actualmente, curso estudios universitarios de paz y resolución de conflictos en la Universidad de Fraser Valley, de Columbia Británica, Canadá. También estudié un año en Goshen College, en Indiana, Estados Unidos. Estoy creando un club de paz junto con otros estudiantes, en la Universidad de Fraser Valley.

    Soy organizador regional de Mennonite Action Canada en Columbia Británica y coordinador de Jóvenes Adultos Anabautistas por la Paz (YAAP, por su sigla en inglés), una iniciativa que surgió de conversaciones entre jóvenes adultos menonitas y pasó a ser un grupo de trabajo de la Iglesia Menonita de Columbia Británica, para luego promover la interacción de la Iglesia Menonita de Canadá con jóvenes adultos a nivel nacional.

    Soy oriundo de una pequeña ciudad (de unos 800.000 habitantes) llamada Kudus, en Java Central, Indonesia. Me crié con tradiciones anabautista-menonitas, pero ser “menonita” allí es diferente a ser “menonita” donde vivo ahora en los Países Bajos.

    Mis estudios universitarios se centraron en la teología. El año pasado me gradué con una maestría en paz y trauma de la Universidad Libre de Ámsterdam (vinculada al seminario menonita de Ámsterdam, Países Bajos). Actualmente, colaboro con el Centro de Estudios sobre Religión, Paz y Justicia de Ámsterdam.

    Durante mi estadía aquí, también participo en protestas estudiantiles y escribo artículos relacionados con dicha lucha. Asimismo, me dedico a realizar documentales sobre la injusticia ecológica en Indonesia en colaboración con Kerk in Actie (organización protestante holandesa de ayuda humanitaria y desarrollo).

    ¿Cómo te ha influido tu fe, cultura y formación anabautista?

    La tradición anabautista ha influido mucho en mi forma de ver los problemas sociales y
    estructurales.

    Cuando era niño, siempre me enseñaron que lo que distingue a los menonitas es que somos una iglesia de paz. Siempre que me identificaba como menonita, lo que surgía era admiración por el movimiento pacifista.

    Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Tendemos a entender la “paz” en términos limitados: mientras no haya ningún acto de violencia aparente, se supone que todo está bien.

    Además, suele haber una brecha entre cómo se entiende la fe y cómo se practica. Se enseña y se aprende mucho, pero no siempre se traduce en hechos.

    Al estudiar en los Países Bajos en una comunidad diversa, estoy aprendiendo que la paz siempre está relacionada con cuestiones ecológicas, violencia doméstica, injusticia de género, etc.

    Nosotros, (Mikhael y Zachary) nos conocimos el año pasado en Zúrich. Gente de todo el mundo se había congregado para celebrar el quincentenario del anabautismo. Nos reconocíamos como personas que formaban parte de una iglesia de paz; es algo que compartimos en el movimiento anabautista.

    Cuando hablo con amigos cristianos que no tienen un trasfondo menonita, no se hace referencia a la paz en sus iglesias.

    Y, sin embargo, para nosotros, ¿qué significa la paz más allá del “no a la guerra”, más allá de la doctrina? Incluso en nuestra propia tradición, hablamos de la paz, pero amenudo no la ponemos en práctica.

    Podemos sentir aversión al conflicto, que es diferente a la violencia. Al intentar evitar el conflicto, creamos problemas más profundos que resultan perjudiciales a nivel verbal, emocional y espiritual.

    Desde una perspectiva de fe, el marco anabautista de la paz influye en todo lo que hago, desde mi vida cotidiana hasta mi trabajo profesional y la posición que ocupo en la iglesia menonita de Columbia Británica. Se trata de construir una paz positiva que funcione para todos.

    Una paz positiva se basa tanto en la solidaridad con personas en todo el mundo como en el contexto local.

    Mikhael, te especializas en trauma: ¿cómo crees que la fe anabautista influye en tu área de estudio?

    A veces, nuestra formación cristiana choca con nuestras culturas.

    Cuando llegué a los Países Bajos, adquirí una mayor perspectiva sobre el trauma colectivo que sufrimos en Indonesia a raíz de sucesos del pasado. Al mismo tiempo puedo entender, en cierto modo, por qué ocurre esto dentro de un contexto más amplio. Aun así, creo que hay otras maneras de abordarlo.

    Por ejemplo, el trauma puede transmitirse a la siguiente generación. Se vuelve colectivo cuando el trauma se consolida en la siguiente generación. La gente no quiere hablar de este trauma, pero entonces altera a la propia sociedad.

    Creo que es un desafío global para los anabautistas, procurar comprender la paz más allá de la ausencia de violencia.

    Al crecer en la iglesia, pensaba que la paz era como la labor humanitaria, que la paz era simplemente trabajar contra la guerra y los conflictos en el extranjero.

    Pero a menudo, la gente ignoraba los conflictos en la iglesia. No abordaban sus propios traumas personales, sus traumas familiares, los traumas de la iglesia.

    Creo que es importante que la iglesia reconozca que tenemos traumas que a veces dificultan nuestra capacidad de acercarnos y trabajar con personas de diferentes orígenes.

    Es posible que la gente no sea físicamente violenta, pero quizá hablen mal de los demás a sus espaldas.

    Al comprometernos con las enseñanzas de Jesús, encontramos solidaridad. En los Evangelios, Jesús se sentaba con personas de todas las esferas de la sociedad. Una de las primeras personas que Jesús eligió para compartir la buena noticia fue la mujer junto al pozo (Juan 4).

    Para mí, esas historias fundamentales forjan los caminos del trabajo solidario.

    También está mi lucha personal. Cuando uno aprende muchas cosas, siente que ha sido llamado. Saber lo que Jesús hizo en la Biblia me impulsa a hacer algo.

    Pero al mismo tiempo, me doy cuenta de que no soy un mesías, alguien que puede resolverlo todo. Quiero ser solidario con los demás.

    Estoy aquí, pero no soy el protagonista de la historia. El foco de la historia está en las personas que también trabajan para remediar la injusticia. Pero, aunque trabajemos juntos, también nos encontramos en posiciones diferentes en cuanto a privilegios.

    Cuando uno cuenta con el conocimiento y un poco de poder para marcar la diferencia, surge un instinto sano de ayudar. No es un impulso malo, pero debemos prestar atención a ese impulso y escucharlo.

    En la manera de escuchar, podemos establecer una especie de práctica similar a la oración. Si no escucho a los demás, ¿cómo podría escuchar las palabras rectoras de Dios?

    ¿Qué opinas de la solidaridad en lo que respecta al trabajo con personas que atraviesan momentos difíciles? ¿Cómo se manifiesta la solidaridad para ti?

    Es importante reconocer que el impulso de “ayudar” puede desviarse fácilmente de su intención original. El impulso en sí no es malo, pero sin la práctica de escuchar verdaderamente, el deseo de involucrarse puede convertirse en una tendencia a dominar. En este proceso, a menudo inconsciente, quienes deberían seguir siendo protagonistas se ven reducidos gradualmente a objetos, dejando de ser amigos en el camino para convertirse en receptores de nuestras intervenciones.

    Pero el problema no se limita a ello. Este cambio también tiene el potencial de tensar las relaciones con quienes viven en la realidad por la que se lucha. En lugar de sentirse parte de la lucha, pueden sentirse distanciados o incluso desplazados.

    La solidaridad, en este sentido, corre el riesgo de ser percibida como una intrusión, o peor aún: como una amenaza. Llegado a este punto, la pregunta es si realmente estamos presentes para acompañar, o si inconscientemente nos estamos posicionando como el centro.

    Y más aún: ¿esto podría convertirse, de manera sutil, en una nueva forma de dominación?

    Vincularnos con quienes son diferentes a nosotros es fundamental para quienes procuran participar solidariamente. Puede ser algo hermoso.

    Parte de la solidaridad consiste en permitir que los diferentes mundos choquen. Necesitamos “microrreformas”, no en la fe, sino en el espíritu.

    Cuando encuentras que los intereses comunes realmente coinciden, la paz y el amor comienzan a florecer. Vemos que se manifiestan los frutos del Espíritu cuando nos reunimos, escuchamos, participamos y también conocemos los sueños para el futuro que tienen quienes están sufriendo.

    Volviendo a los primeros anabautistas, ellos hablaban de sus problemas, se reunían regularmente, tenían revelaciones radicales y se convirtieron en menonitas, ¿verdad?

    Cuando las personas se reúnen en grupos y hablan sobre los temas que les importan, es mucho más difícil que el imperio y otras fuerzas represivas las repriman. Pensando en mi contexto como menonita en Columbia Británica, nos gusta organizar comidas compartidas y cantar a cuatro voces.

    Ha sido una poderosa herramienta de solidaridad. En Mennonite Action, hemos tenido la oportunidad de cantar y compartir nuestra música con los demás de manera solidaria.

    Creo que el Espíritu Santo se muevede verdad cuando la gente usa su vozcolectiva para denunciar la violencia y las atrocidades. Que la paz y la justicia fluyan como un río.

    La solidaridad es algo que se construye através de relaciones justas. Y creo que esto representa un desafío, ya que tendemosa apresurarnos a encontrar soluciones. Es necesario que las hallemos, pero también es necesario que conozcamos las necesidades de los demás.

    Cuando la escucha está ausente en un movimiento, las acciones colectivas a menudo se reducen a meros actos de violencia, mientras que los manifestantes terminan culpándose y criticándose unos a otros.

    Aquello por lo que se lucha está relacionado con los derechos fundamentales que surgen de la experiencia misma de injusticia. Sin embargo, en el ámbito público, a medida que el espacio para la escucha mutua se reduce cada vez más, lo que surge no es una mera sospecha o la figura de “alborotadores”, sino también el riesgo de una falta de reconocimiento aún más profunda —incluso de dominación— de parte de quienes deberían ser los verdaderos protagonistas de la lucha; como si la lucha ya no les perteneciera, sino que proviniera de otro lugar.

    Sin la predisposición a ser vulnerable, es decir, la valentía de abrirse, de escuchar, de
    aprender y desaprender, esta situación solo continuará girando en el mismo ciclo de
    malentendidos.

    Cuando escuchas a los demás, aprendes por qué hacen las cosas. Quizás descubras
    que tienen miedo.

    Y también desaprendes. Después de ello, podemos tener conversaciones más fructíferas.

    A veces, cuando intentamos luchar contra la injusticia por nuestra cuenta, sentimos que el mundo es tan cruel. Como si no pudiéramos escapar, como si la injusticia estuviera por todas partes. Por eso procuro encontrar una comunidad que pueda trabajar unida.

    Cuando sales a la calle, organizas estructuras y conoces a gente diversa, tienes una perspectiva diferente. Podemos compartir, podemos trabajar juntos. Y cuando tengamos preguntas, podemos acudir los unos a los otros y plantearlas.

    Y entonces uno siente esperanza. No se trata solo de un sentimiento, sino de estar presente con los demás, y que ellos también estén presentes contigo.

    En mi comunidad menonita, sobre todo con jóvenes adultos, cuando hablo de temas de paz y justicia, se vuelve algo electrizante. Hablar de solidaridad resulta extraordinariamente atrayente.

    Los jóvenes tienen energía y quieren hacer algo. Pero a menudo, carecemos de experiencia. Por eso, encontrar cómo colaborar puede revitalizar a las congregaciones de un modo que realmente expanda el cuerpo de la iglesia, abordando la sensación de impotencia que experimentan las personas y ayudándolas a crecer.

    Sabemos que la iglesia puede ser un lugar transformador, y creo que esa iglesia transformadora es necesaria para la paz en el mundo, especialmente para quienes están atravesando momentos difíciles. Así que dejemos fluir la energía del espíritu que la gente tiene y vinculémonos solidariamente.

    Y la solidaridad no es un acto en solitario. A veces uno se siente paralizado, abrumado;
    no se puede sostener solo.

    Siempre comienza con la comunidad.

    En Indonesia, existe la palabra tongkrongan, que se refiere a un lugar de encuentro social informal y discreto. Allí, la gente puede intercambiar ideas en un ambiente relajado.

    La reunión en sí es importante porque a partir de ahí la gente se empieza a conocer. Puede ser un poco tenso, pero al compartir la comida, surge la oportunidad de entablar conversaciones.

    En este tipo de reuniones informales, la conversación puede abarcar desde historias personales hasta temas políticos, y el debate puede ampliarse. Es una manera de compartir y transmitir historias a los demás.

    Cuando no encontramos un espacio para abordar un problema en lugares como la iglesia, este tipo de reuniones informales para compartir historias sirven como una forma de resistencia.

    Sí, todo esto requiere depender de diferentes personas. Si no te desenvuelves bien en los medios de comunicación o al hablar en público, busca un/a amigo/a que pueda ayudarte a hablar sobre la violencia en tu barrio o en cualquier otro lugar del mundo que te preocupe mucho.

    Y también, acércate a personas que no pertenecen a tu iglesia. Una gran parte de la solidaridad es ir más allá de nuestros límites habituales, aunque resulte un poco incómodo.

    En Indonesia, las conversaciones sobre la injusticia estructural corren el riesgo de ser vistas como “demasiado políticas”, y precisamente por esa razón, la iglesia tiende a distanciarse de dichas discusiones.

    Pero es inspirador cuando veo cómo las personas que no están sufriendo se dan cuenta de su condición privilegiada y de cómo están conectadas a través de estructuras que perpetúan la violencia, encuentran maneras de protestar en su propio contexto (por ejemplo, la defensa de Palestina por parte de Mennonite Action). También puedo vincularme con personas para abogar por Indonesia de manera creativa, a pesar de estar en los Países Bajos.

    Tengo un mensaje para la gente de todo el mundo. No tengan miedo de extender el papel de la iglesia en su labor de solidaridad, de ampliar el significado de
    la iglesia.

    Ello es parte de lo que constituye la solidaridad: las demostraciones de amor a través de la cooperación, trabajar juntos por la paz, escuchar y también recibir.

    Necesitamos recibir ese tipo de paz de las personas que enfrentan la injusticia, conocer sus luchas, para que podamos trabajar a fin de abordar los problemas que siguen perjudicando a la gente y haciéndola sufrir.

    La solidaridad comienza con el reconocimiento: qué tengo, qué tenemos, qué cargamos y cuán privilegiados somos.

    Pero no se trata solo de autoconciencia. A partir de dicho reconocimiento, comenzamos a ver cómo nuestras luchas se entrelazan con las de los demás, qué conecta nuestras
    luchas con otras luchas.

    La solidaridad se da cuando decido permitir que el sufrimiento ajeno me transforme, me conmueva. Y a partir de ahí, actuamos juntos, defendiendo algo diferente, aprendiendo cosas nuevas y desaprendiendo viejas costumbres que no nos han servido, y acompañar a los demás.

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    Pan y Paz es una iniciativa de la Iglesia Menonita de Colombia. Su objetivo es impulsar a las iglesias locales, a personas de buena voluntad y a la sociedad civil, a reflexionar sobre la relación entre la justicia económica y la paz, y entre el bienestar básico de la gente y la posibilidad de una paz duradera. Esta iniciativa da testimonio ante el mundo de la voz de la iglesia respecto a cuestiones cruciales relacionadas con los conflictos y la paz en el país. Foto: Anna Vogt

    ¿Estamos preparados para el verdadero costo de la solidaridad?

    Este artículo es una adaptación de una conversación entre dos colombianas, constructoras de paz de larga
    trayectoria que viven la solidaridad en acción, y el presidente de la Comisión de Paz, Andrés Pacheco Lozano.

    Mi nombre es Martha Inés Cortés. Soy de la Iglesia Hermanos Menonitas en Cali, Valle del Cauca, Colombia. Desde que conocí el Evangelio he sido parte de la iglesia de los Hermanos Menonitas. En mi relación con la Iglesia he sido pastora, y actualmente lideresa del ministerio de la Iglesia Misión Jesucristo Luz y Vida.

    Además, soy directora de la Fundación Edupaz: Educación para la Paz y Resolución de Conflictos. Hace catorce años que estoy involucrada en este contexto de trabajar por la paz con comunidades de base y en ámbitos escolares.

    Soy teóloga y gerontóloga.

    Estudié teología aquí en el Seminario Bautista de Cali y tengo formación también en temas de construcción de paz. Y cuando hablo de dichos temas es desde varias miradas, incluyendo trabajar en incidencia en temas de violencia de género, resolución de conflictos en ámbitos escolares, y protección en la prevención de abuso sexual en niñas, niños y adolescentes.

    Soy Jenny Neme Neiva, de Bogotá.

    Crecí en la Iglesia Católica, desde el bautizo de niña, primera comunión, confirmación y demás. Fue como adolescente que conocí la Iglesia Menonita de Colombia y ahí me hice menonita.

    Conocí la Iglesia Menonita por el activismo. En esa época, años 90, había un movimiento social muy fuerte alrededor del cambio de la Constitución Política de Colombia. Y había una causa muy importante, que sobre todo se estaba dando desde el sector juvenil, que era la insistencia por el reconocimiento a la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio y también el reconocimiento a la libertad religiosa para que estos temas quedaran incluidos en la nueva Constitución de Colombia.

    Me encontré con la Iglesia Menonita haciendo incidencia en la Asamblea Nacional Constituyente por estos temas. Al inicio me pareció rarísimo: ¿Cómo una iglesia está hablando de estos temas,
    con lenguaje religioso y en los escenarios de incidencia en la Asamblea Nacional Constituyente, un lugar al que no iban comúnmente expresiones religiosas? Eso me inspiró a conocer más, y a encontrarme con espacios adicionales de reflexión, más desde la fe, para inspirar ese activismo
    sociopolítico. Me encantó y esta fue mi puerta de entrada a la iglesia.

    ¿Cómo ven reflejada la solidaridad en su trabajo y contexto? Y ¿qué implica hablar de solidaridad en conexión con la fe?

    Yo pienso que la solidaridad es parte de la vida. No sé si es parte del carácter personal o si se desarrolla durante el camino. Pero yo percibo que casi en cualquier ámbito de mi vida, si hay un problema, me pregunto: ¿qué puedo que hacer y cómo ayudar?

    Yo actualmente desempeño varios roles. Uno de ellos es como enviada especial del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) para acompañar una de las mesas de diálogos de paz que lidera el Gobierno con uno de los actores armados. En ese rol, tenemos que interactuar con la delegación del Gobierno, con el actor armado, con población civil, con actores internacionales, entre otros.

    En ese contexto se presentan dificultades. Allí me hago esa pregunta, qué puedo hacer y cómo ayudar. Pero tanto la pregunta como la respuesta no son fáciles.

    Por ejemplo, cuando consideramos que hay una obligación de parte del Estado de garantizar nuestros derechos, y cuando a alguien se le vulnera un derecho, cuando está pasando por una dificultad, la tentación es de intervenir y resolver. Sin embargo, no siempre es posible intervenir y resolver directamente, ya que las soluciones no siempre están en mis manos. Se trata más bien de pensar en cómo activar los distintos mecanismos que existen para buscar alternativas de solución.

    Interactuamos también con víctimas. Reconociendo que no solamente soy mujer, sino también que soy de una iglesia, hay un nivel de confianza que se crea para que la gente me cuente qué es lo que necesita. También hay una confianza puesta en que será posible ayudar a encontrar una solución.

    Hay otro rol que desempeño. Se trata de acompañar algunas iniciativas en justicia restaurativa con responsables de hechos victimizantes en el marco del conflicto armado. En dicho contexto, es crucial escuchar y reconocer las necesidades de víctimas y victimarios. Pero también es importante ayudarles a pensar en cómo diseñar o generar caminos que frenen los daños; que resarzan el daño cometido; que en alguna medida ofrezcan algún nivel de reparación; y que creen sendas distintas a la violencia que han vivido.

    Con base en esos roles, creo que la solidaridad es como una disposición a caminar con otras y con otros, y buscar conjuntamente esas alternativas de solución. La solidaridad no se trata entonces de asistencialismo.

    Para mí la solidaridad tiene que ver con la empatía. Se trata de comunión o colaboración mutua, apoyo inmediato. Se trata de una conexión desde la acción, desde lo que hacemos, frente a las
    realidades que nos enfrentamos y que requieren de nuestra respuesta inmediata.

    Por ejemplo, en un caso de violencia de género, la mujer está con sus hijos, y tienen hambre. Ella no sabe qué hacer. En situaciones así, la pregunta es: ¿qué vamos a hacer y cómo podemos brindar esa solidaridad? La empatía en casos así es clave. Pero también es importante ayudar a canalizar una ruta para que ella, como mujer y madre, camine sobre esa ruta, entendiendo que hay necesidades inmediatas que deben ser satisfechas, como el hambre. Así que no solamente es empatía, y no solamente acompañarle para hacer una denuncia ante las autoridades competentes. Sino también cómo lidiar con el hambre, cómo ser compañía y ayudarle a reconocer que ella puede salir adelante sin necesidad de seguir con una persona que la esté violentando. Se trata de orientar, acompañar y buscar necesidades inmediatas. De apoyar en la creación de ideas y alternativas para que como mujer pueda salir adelante, incluyendo su economía.

    La solidaridad es entonces apoyar a la comunidad, pero también enseñarle cuáles son sus derechos, cómo pueden caminar, cómo pueden obtener sus derechos. La solidaridad es, para mí, esa empatía de poder unirse con la otra persona para colaborar.

    Cuando pienso en lo que es la solidaridad, me viene a la mente la palabra misericordia.

    Claro, yo creo que personas u otro tipo de actores pueden tener otro tipo de intereses o motivación, como intereses políticos, económicos o interés de protagonismo. Mientras que, como personas de fe, nuestra solidaridad se basa en la misericordia. Es lo que moviliza esa solidaridad.

    Misericordia porque lo que pasa a las y los demás me duele. Implica intentar ponerme un poco en los zapatos de la otra persona y ayudar a hacer catarsis, ayudar a pensar en alternativas de solución.

    Si les entiendo bien, solidaridad no es sólo empatía. Es más bien acompañar, lo que implica buscar y proveer herramientas que le permitan a la gente cambiar o incluso transformar su realidad. Eso es interesante, porque a veces pensamos en la solidaridad como un evento o acción aislada. Como una respuesta situacional, inmediata. Y por lo que escucho de ustedes, se trata más bien de un proceso de caminar con otras y otros, lo que toma tiempo y compromiso, e implica construir confianza.

    Creo que un reflejo de eso y que nos motiva a esa práctica de solidaridad está contenida en el sermón del monte. Es a partir de allí que reconozco esa identidad que tengo en Jesús. Sé de dónde vengo. Sé para dónde voy, y eso me permite entonces servir.

    Mi identidad de fe es lo que me ha llevado a servir. Y eso puede ser un modelo para que otras personas vean que esto no es simplemente un asunto de religiosidad, sino que se trata de un estilo de vida.

    ¿Habría algún elemento especial o distintivo entonces de pensar en la solidaridad como anabautistas menonitas?

    Yo creo que, en situaciones difíciles, hay muchas organizaciones y espacios que están dispuestas a acompañar. Pero hay una gran diferencia: muchas de esas organizaciones pueden irse después de un tiempo, mientras que los y las anabautistas nos quedamos. El mundo anabautista se queda para caminar esa otra milla. Entendiendo que por quiénes somos en Jesús, no es posible que simplemente dejemos o abandonemos a la gente ahí, sino que tenemos el llamado a seguir caminando con la gente.

    Creo que es un poco arriesgado decir que hay una característica de la solidaridad que sea distintivamente anabautista. Pero me parece que nuestra visión de la no violencia sí puede ser una característica particular.

    Inicialmente puede ser que tú apoyes en una situación determinada, pero no sabes las consecuencias futuras. Por ejemplo, si trato de apoyar una situación en la que una familia está pidiendo que le construyan una casa porque la perdió por una inundación, listo. Pero puede ser que la nueva casa construida todavía esté muy cerca de la orilla del río, y cuando el río crezca se va a llevar la casa una vez más. Esto es un ejemplo demasiado simple. Pero el punto es que hay muchos tipos de riesgos en contextos donde tenemos tantísimas situaciones de violencia, como
    lo ha dicho Martha: violencia hacia las mujeres, violencia sociopolítica, situaciones de conflicto armado. En esos contextos, pensando en la no violencia, es muy importante que tus acciones de solidaridad no generen más daño. En otras palabras, ¿cómo vivir la solidaridad de tal manera que esta no cause más daño? ¿Cómo realizar acciones solidarias sin daño? ¿Cómo ejercer la solidaridad no violentamente?

    Esa es una buena pregunta. A veces el tema de la solidaridad suena algo más unilateral, es decir, de que yo hago algo en una determinada situación por otras y otros sin a veces medir cuáles son las repercusiones. Así que puede ser que tengamos buenas intenciones, pero es posible que nuestra expresión de solidaridad cause daños de otras formas.

    Teniendo en cuenta su caminar con comunidades anabautista-menonitas en Colombia, ¿qué piensan ustedes que puede ser algo distintivo de la solidaridad en el contexto colombiano?

    Las personas colombianas somos solidarias. Hay un espíritu de buscar ayudar a las y los demás, de estar ahí presente. Como colombianas y colombianos, por nuestra cultura y lo que hemos vivido, somos tenaces y buscamos ayudarnos y resistir; nos ayudamos a salir adelante.

    Es un poco difícil. Pienso en la violencia en nuestro país y en la concentración de la riqueza en pocas manos. Realmente a la gente se le hace necesario pensar en el otro o en la otra. Creo que esas acciones de solidaridad se han forjado en la gente en contexto de limitaciones, de violencia, de precariedad. Me parece que en alguna medida la fe o las fes mueven ese sentido de solidaridad.

    Pensando en la construcción de la paz, desde el Gobierno e inclusive desde embajadas y otros actores internacionales, está en aumento el reconocimiento de los esfuerzos de paz territorial, el importante trabajo de las comunidades mismas en la base. Eso me parece llamativo. Aunque para mí eso no es algo nuevo, porque que con muchas y muchos hemos tenido la posibilidad de acompañar a comunidades en sus caminos de paz. Yo creo que desde hace muchos años hemos aprendido e insistido en que la construcción de paz debe nacer desde nuestros escenarios locales, con una mirada a lo que pasa en la actualidad social. Ahí es muy clave la acción solidaria de las iglesias, desde nuestras comunidades de fe.

    ¿Cuál es la conexión entre solidaridad y activismo?

    Para mí el activismo nos puede llevar a la solidaridad, así que no están desconectadas.

    Pienso en los comienzos de Edupaz, en los años 90, en medio de un tiempo de mucha violencia. En ese entonces, claramente era clave hacer algo con toda esta violencia que se estaba viviendo, y que se vivía incluso en los colegios. Era una acción concreta. A pesar de que Edupaz empezó con ese enfoque en colegios, pronto los esfuerzos fueron más allá de las paredes del colegio, a unirse con las universidades, a salir a las calles y hacer incidencia, a hablar de paz en diferentes
    escenarios, a buscar lazos de solidaridad. Esto nos llevó a pensar que debíamos fortalecer las bases. También nos llevó a preguntarnos y reflexionar sobre cómo nos organizábamos como organización y como comunidades de fe. Pero toda esa reflexión nació en un activismo.

    Al mismo tiempo, yo creo que el activismo es como una manera de hacer concreta la solidaridad.

    Creo que la solidaridad no es solamente una expresión de buena intención. La solidaridad tiene que materializarse en algo. Tal vez el activismo es lo que nos ayuda a materializar esa buena intención. Lo que pasa es que, cada vez más, hemos aprendido más de lo que es el activismo, y que éste no se trata solamente de respuestas sueltas o cosas simples.

    El activismo se ha hecho cada vez más exigente, porque nos invita a ir más allá en nuestro camino de solidaridad, de buscar ponernos en los zapatos del otro o de la otra, de juntos y juntas visionar transformaciones, caminos posibles. Enfoques diferenciales, de la acción sin daño, son algunos ejemplos de nuevos criterios que han empezado a aparecer y que señalan los costos de la solidaridad.

    Me parece que la tarea es aún más exigente, que debe ser más pensada. De hecho, nuestra tradición anabautista nos brinda también esa exigencia, llamándonos a tener reflexiones más profundas, teológicas y contextuales. Por eso, no podemos caer en que por tener buenas intenciones al realizar una acción, terminemos haciendo daño. Sino que también necesitamos más elementos, incluyendo nuestros principios anabautistas, de tal manera que nuestras reflexiones y acciones puedan ser potentes. Creo que estos elementos hacen más contundente la conexión entre activismo y solidaridad.

    También me pregunto si la visión de solidaridad es algo individual o es algo colectivo. Y me pregunto también cómo se concibe y vive la no violencia, sobre todo cuando hay respuestas que obedecen a la indignación, a las situaciones de injusticia que nos dan rabia o enojo. Y algunas personas nos pueden cuestionar: “¿acaso ustedes no son no violentos?” Como si no tuviéramos ese derecho a la indignación, a incomodarnos por cosas que están mal, que no compartimos. Y a emprender, como respuesta, acciones o procesos.

    Por ejemplo, yo me pongo a pensar en cómo la solidaridad implica que cuidemos a quienes están trabajando temas de violencia de género, que son tan difíciles. Hay mucho que hacer, porque creo que las cargas que se producen en este otro tipo de procesos generan también desgastes emocionales, físicos y hasta económicos, además de riesgos a la seguridad. Esto exige una voz mucho más firme de parte de la iglesia.

    Nosotros tendríamos mucho desde dónde dar, desde nuestra perspectiva teológica, desde nuestra comprensión del evangelio. Desde lo que nos inspira el Señor.

    En el mundo que vivimos parece haber una tendencia a estigmatizar lo que es el activismo. ¿Qué piensan de eso, que se vea el activismo de manera más negativa o con cierta reticencia?

    Yo creo que no todo vale en el activismo. Hay cosas que la gente se inventa y de pronto no surte ningún efecto, pero insisten en que están transformando la realidad con lo que están haciendo. Eso pasa incluso dentro de nuestra familia menonita.

    Por ejemplo, aquí en Colombia tenemos tensiones fuertes con las situaciones que se están presentando con las colonias menonitas que han llegado y se han asentado en Colombia en los últimos años. Y si bien han dado ofrendas y han ofrecido trabajo a personas colombianas en las tierras que han adquirido, ya hay fallos judiciales en contra de ellos en términos de la vulneración de derechos de pueblos indígenas. Eso versus la larga trayectoria que tiene la Iglesia Menonita colombiana en la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz.

    Ahora encontramos a comunidades menonitas que están involucradas no solamente en el despojo de tierra, sino también en daños ambientales. Ahí siento que hay una reflexión teológica contextual que se hace necesaria. Yo pensaría que si tenemos una visión como anabautistas, en la que le damos un lugar importante al discernimiento comunitario, eso nos debería ayudar a mirar si desde el actuar se están haciendo bien o mal las cosas. Y tener ese discernimiento con honestidad, afrontando estas tensiones que también tenemos permanentemente.

    A través de los medios de comunicación y redes sociales ahora tenemos acceso a informaciones que antes no teníamos. Ahora, en minutos, o incluso en vivo, es posible obtener información. Entonces cuando las y los jóvenes han perdido su norte o no tienen encarnada su historia, sino que más bien están encarnando lo que el día a día les están diciendo estas fuentes de información, es muy fácil perder la orientación. Así que es allí donde los temas de identidad, de lo que nos motiva y nos da orientación, se vuelven importantes, especialmente de cara al activismo.

    Con relación al mundo menonita, y a veces se ve en el liderazgo de hombres y mujeres, hay ciertas formas de violencia. En nuestra propia familia de fe hemos fallado en reconocer, como decía Jenny, episodios de violencia, así como atender a la gente y a las víctimas dentro de nuestra propia comunión.

    Entonces a mí me parece que este tema de la solidaridad suena en ocasiones muy bien si se mira hacia fuera. El desafío es también en reconocer las implicaciones de la solidaridad al interior de nuestra familia, con quienes han sido víctimas.

    Jenny y Martha: Muchas gracias por este diálogo, por sus reflexiones, aprendizajes y testimonios de solidaridad. Gracias también por llamar nuestra atención también a la necesidad de mirar los dilemas y conflictos que existen en nuestra familia menonita. Por exhortarnos a reconocer la responsabilidad que tenemos con las víctimas y personas que han sufrido en nuestra familia de fe. Es allí también donde debe materializarse nuestro compromiso de caminar en solidaridad, siguiendo el ejemplo de Jesús como nos lo han recordado ustedes.

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    Comité del Club de Paz y facilitadores en la Escuela Misionera Wanezi, Zimbabue.

    El perdón y un espacio seguro

    Según lo relatado a la editora de la revista Correo por el presidente del Comité de Paz y Justicia Social de Zimbabue.

    Me apasiona el ministerio pastoral, la construcción de la paz y el desarrollo del liderazgo. Actualmente, me desempeño como supervisor de la Iglesia de los Hermanos en Cristo (BICC, por su sigla en inglés) de Zimbabue, en el distrito de Nono, Matabeleland Norte. Estoy casado con Thobekile Ncube, quien es directora del programa para mujeres y profesora adjunta de la Universidad Teológica de Zimbabue. Hemos sido bendecidos con
    dos hijos, Nathan y Neville.

    Tras sentir mi llamado, me capacité en nuestra escuela bíblica local llamada Instituto Bíblico Ekuphileni (1993-1995). Fui evangelista voluntario y luego pastor a tiempo completo (1997-2014) de las congregaciones de Maphisa y Nkulumane.

    Cuando la iglesia me pidió que presidiera el Comité de Paz y Justicia Social, descubrí que tenía algunas limitaciones en mis habilidades para la construcción de la paz. Entonces solicité el ingreso a la Universidad Menonita del Este en Harrisonburg, Virginia, EE. UU., y me formé allí (2015-2017). Tras mi regreso a Zimbabue, comencé a impartir talleres y seminarios sobre construcción de la paz y transformación de conflictos.

    Tras conocer la existencia de los Clubes de Paz a través de amigos en Kenia, Zambia y Tanzania, comenzamos a dialogar sobre la construcción de la paz en las escuelas de nuestra iglesia en 2017, e implementamos los Clubes de Paz en 2023 y 2024. Hasta ahora, se han establecido en seis escuelas secundarias de BICC y en cinco escuelas primarias.

    La iglesia BICC de Zimbabue está agradecida por el apoyo financiero recibido de la organización asociada, el Centro Menonita de Paz (Mennonitische Friedenszentrum) en Berlín, Alemania.

    Liderazgo de los Clubes de Paz

    En nuestras escuelas BICC, el Comité del Club de Paz está integrado por el pastor de la misión, un tutor (un profesor) y una tutora (una profesora), junto con estudiantes elegidos. La participación de los pastores de la misión vincula directamente al Club de Paz con la iglesia.

    En los Clubes de Paz, los estudiantes eligen un presidente, un vicepresidente y otros miembros del comité, quienes son supervisados por la tutora, el tutor y el pastor. Los Clubes de Paz han mantenido relaciones cordiales con las administraciones escolares.

    La principal tarea del programa Paz y Justicia Social es capacitar a los miembros del Club de Paz mediante talleres para que lideren actividades de paz semanalmente.

    Transformación en los estudiantes

    Recibimos informes de algunas de nuestras escuelas que indicaban que los alumnos mayores intimidaban a los más jóvenes, y que consumían drogas y alcohol. Por ello, se crearon los Clubes de Paz para abordar el surgimiento de conflictos, la violencia y los problemas sociales.

    Los Clubes de Paz buscan transformar la mentalidad de los jóvenes y ayudarlos a tomar decisiones bien fundamentadas para asegurar un futuro mejor. Juegos de rol, diálogos, debates, poemas y canciones son algunas de las herramientas que se utilizan para enseñar la construcción de la paz y fomentar la resiliencia, la reconciliación, el perdón y la sanación.

    Tras la capacitación, se observa cierta transformación en los estudiantes.

    Ahora, los estudiantes se reúnen a la mesa para debatir cuando surge algún malentendido. Son mínimos los problemas de vandalismo, peleas y consumo de drogas, gracias a las actividades de los Clubes de Paz.

    Un pastor señaló que, “ha cambiado el comportamiento de los miembros del Club de Paz en la iglesia, ya que escuchan y participan en los cultos, incluidas las ofrendas. Son mínimas las conductas tales como hacer ruido o dormir durante el culto”.

    Solidaridad

    Jesús enseñó y demostró misericordia, compasión y solidaridad a sus seguidores.
    Les ordenó ser misericordiosos y amar al prójimo (Lucas 6:36 y Lucas 10).

    Vemos que Jesús sanó a los enfermos, alimentó a los necesitados y resucitó a los muertos. Jesús enseñó sobre el arrepentimiento, ayudando a las personas a reconocer su pecaminosidad y guiándolas a confesar sus pecados. Estableció principios de construcción de la paz y transformación de conflictos. Buscamos influir en los miembros del Club de Paz para que sigan dicho ejemplo.

    Por ejemplo, los estudiantes secundarios de Mtshabezi compraron cien cuadernos, ciento cincuenta bolígrafos y diez pares de zapatos para expresar su solidaridad con los estudiantes primarios más vulnerables y necesitados.

    Los miembros del Club de Paz asumen el liderazgo

    El compromiso y la dedicación de los miembros de los Clubes de Paz superan nuestras expectativas e imaginación. En algunos casos, se han animado unos a otros a hablar con sus compañeros sobre cómo llevar una vida de paz.

    En cierto momento, una escuela secundaria recibió publicidad negativa. Fue acusada de ser un foco para el uso indebido de drogas y otras sustancias. Los miembros del Club de Paz actuaron de inmediato para refutar las acusaciones.

    El presidente del Club de Paz utilizó su cámara para grabar las actividades positivas de los estudiantes y envió las fotos al boletín informativo que leen los padres y otras partes interesadas.

    Además, los miembros del Club de Paz utilizaron su dinero para comprar e imprimir camisetas con mensajes sobre la enseñanza de la construcción de la paz y un mensaje en contra de las drogas y el uso indebido de sustancias.

    Practicar el perdón

    Me he dado cuenta de que lo más importante es brindarles a estos jóvenes un espacio seguro para que compartan sus conflictos, miedos, traumas y confesiones. Y les hemos enseñado a pedir disculpas cuando han ofendido a otras personas.

    El libro de Filemón ha sido una de las herramientas utilizadas para enseñar los principios del perdón, el diálogo y la reconciliación. Pablo ejemplifica estos principios a través de su manejo de la relación entre Filemón y Onésimo.

    Más allá del Club

    Actualmente, contamos con Clubes de Paz en nuestras escuelas, pero también detectamos conflictos en la iglesia. Hemos realizado algunos talleres en congregaciones locales, distritos e incluso a nivel de la convención, a fin de ayudar a las personas a comprender los principios de la construcción de la paz y la transformación de conflictos.

    Hemos identificado y capacitado a un grupo de promotores de la paz, quienes han sido fundamentales para capacitar tanto a la iglesia como a la comunidad. Se les ha encomendado la tarea de facilitar sesiones y concientizar a las congregaciones –incluidos los grupos de hombres, mujeres y jóvenes– durante sus campamentos y convenciones.

    Además, estamos llegando a las comunidades a través de talleres, y también nos han invitado a ayudar a resolver conflictos a nivel comunitario. Asimismo, soy coautor de un manual de paz que se utiliza actualmente en la BICC en Zimbabue.

    ¡Los anabautistas valoran la construcción de la paz! Son una comunidad de paz.

    Desde mi contexto, considero fundamental identificar los desafíos imperantes y a las personas claves para luego diseñar un programa educativo o un manual de paz que los aborde. Identificar las necesidades ayudará a la iglesia a solucionar sus problemas donde más se necesita. La creación de redes y la colaboración permitirán a la iglesia desafiar colectivamente la violencia estructural y la marginación. Se ha demostrado que métodos prácticos como la música, los deportes, el teatro y el arte también son útiles.

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  • Dar es una forma de vida, arraigada en la fe, la familia y un profundo compromiso con la familia mundial

    Para Ruth y Timothy Stoltzfus Jost, la generosidad nunca ha sido simplemente un acto de dar, sino que ha sido una forma de vida, arraigada en la fe, la familia y un profundo compromiso con la familia global.

    Tanto Ruth como Timothy fueron criados en familias que les inculcaron la mayordomía fiel y el servicio activo dentro de la iglesia. El padre de Ruth enseñaba en la Universidad Menonita del Este en Virginia, mientras que su madre dirigía un ministerio cristiano de radio y prensa escrita y ejercía como pastora.

    El padre de Timothy fue administrador de un hospital psiquiátrico menonita en California y se convirtió en un líder de los Servicios de Salud Mental Menonitas y de la Ayuda Mutua Menonita. Su madre era maestra y escritora.

    En ambas familias, la fe se vivía a través del servicio, la hospitalidad y el compromiso de compartir los dones de Dios con los demás.

    Timothy recuerda a su congregación de los Hermanos Menonitas en Reedley, California, EE. UU., acogiendo a refugiados de la Unión Soviética e inmigrantes de Paraguay. Ruth recuerda a familiares que sirvieron en misiones menonitas alrededor del mundo. Desde pequeños, ambos aprendieron que pertenecer a la iglesia significaba cuidar de personas más allá de su propia comunidad.

    Timothy y Ruth, ambos abogados, se conocieron en 1981 en una conferencia sobre la relación entre el derecho y la Biblia en un seminario menonita. Se casaron poco después y comenzaron a construir una vida centrada en la fe, el servicio y la comunidad.

    Una experiencia que marcó la vida  

    Una de las experiencias que marcó la juventud de Ruth fue asistir a la Asamblea del Congreso Mundial Menonita en Ámsterdam en 1967. Al ser hospedada por una familia menonita holandesa que vivía en una casa flotante, experimentó de primera mano la calidez y la conexión de la comunidad menonita mundial. Tras la asamblea, su familia viajó a Checoslovaquia para visitar a miembros de la Iglesia de los Hermanos Checos, lo que le permitió profundizar su comprensión de que la fe trasciende las fronteras nacionales.

    A lo largo de las décadas, el Congreso Mundial Menonita siguió influyendo en la comprensión que su familia tenía de la iglesia. En 1997, mientras vivían en Alemania y participaban en una congregación menonita alemana, asistieron a la Asamblea del Congreso Mundial Menonita en Calcuta, India, con sus tres hijos.

    En el 2009, Ruth y Timothy asistieron a la Asamblea del Congreso Mundial Menonita en Paraguay y visitaron comunidades menonitas en todo el Chaco. Ruth quedó particularmente conmovida por un ministerio penitenciario que demostró el testimonio activo de la iglesia en las comunidades urbanas. Su visita desafió ideas preconcebidas y reveló una fe vibrante expresada a través de un servicio compasivo.

    Posteriormente, Ruth asistió a la Asamblea del Congreso Mundial Menonita del 2015 en Harrisburg, Pensilvania, EE. UU., continuando así una conexión de toda la vida con la comunidad mundial de creyentes menonitas.

    Vivir modestamente para dar generosamente

    A lo largo de sus vidas, Ruth y Timothy han adoptado los valores de una vida sencilla y la generosidad.

    Timothy pasó parte de la década de 1970 viviendo en comunidades intencionales menonitas donde los recursos se compartían siguiendo el espíritu de la iglesia primitiva.

    Ruth recuerda a menudo la sencilla instrucción de su madre cada vez que los niños recibían dinero: “Gasten un poco, ahorren un poco y den un poco”.

    Esos valores se han transmitido a la siguiente generación. Hoy, su hijo menor está sirviendo con la German Mennonite Peace Fellowship, organizando viajes de acompañamiento a Palestina.

    A lo largo de su matrimonio, Ruth y Timothy han considerado sus recursos como dones que Dios les ha confiado. Han procurado vivir con modestia para poder dar generosamente: para apoyar a la iglesia, cuidar de los necesitados y promover el trabajo por la paz y la justicia.

    Solidaridad espiritual 

    Para ellos, el Congreso Mundial Menonita encarna la visión bíblica que se encuentra en 2 Corintios 8: una comunidad donde los creyentes comparten recursos, cargas, ánimo y esperanza a través de culturas y continentes.

    Dicho compartir incluye apoyo material, pero también abarca la solidaridad espiritual. Ellos recuerdan vívidamente haber recibido mensajes de oración y aliento de iglesias menonitas de otros países durante momentos difíciles en Estados Unidos, un poderoso recordatorio de que forman parte de algo mucho más grande que ellos mismos.

    Es por eso que apoyan al Congreso Mundial Menonita.

    El Congreso Mundial Menonita fortalece las relaciones superando las fronteras, conecta a creyentes de diversas culturas y construye una comunidad global donde florecen la fe, la generosidad y el cuidado mutuo. A través del CMM, las iglesias aprenden unas de otras, se apoyan mutuamente y dan testimonio juntas del amor de Dios en el mundo.

    Ruth y Timothy Stoltzfus Jost invitan a otros y otras a unirse a este ministerio de compartir.

    Al apoyar al Congreso Mundial Menonita, usted ayuda a nutrir una familia de fe mundial, una que encarna el llamado de Cristo a la unidad, la generosidad y la esperanza para las generaciones venideras.


    offering during worship service
  • *Esta actualización se completó justo antes de que dos terremotos azotaran Venezuela. Haga clic aquí para leer la oración urgente en respuesta a dicho acontecimiento. * 

    “Padre Celestial, Creador del cielo y de la tierra…
    Mueve los corazones de las naciones y de los vecinos para que respondan con urgencia y compasión,
    siguiendo las palabras de Jesús: «ama a tu prójimo»…
    Que las comunidades se unan, compartiendo lo poco que poseen y confiando en Tu abundancia. Concede sanidad, restauración y esperanza.
    En Tu misericordia, Señor, escucha nuestra oración. Amén”. 

    El presidente del Congreso Mundial Menonita lanzó hace algunos meses un llamado pastoral a la oración: primero por Venezuela, tras la violenta intervención de Estados Unidos en su gobierno; y luego por Cuba, que sufre escasez de alimentos y combustible debido al bloqueo de combustible impuesto por Estados Unidos. Líderes locales de la familia anabautista relataron cómo se vieron afectadas sus comunidades. 

    La oración anterior, proveniente de una iglesia miembro del CMM en la India, es un ejemplo de los mensajes que los destinatarios envían en respuesta a estos llamados a la oración, señala Kristina Toews, gerente de Comunicaciones. Se envían cartas pastorales a los delegados del Concilio General para que las difundan entre sus miembros, a los suscriptores de la lista de correo de la Red de Oración y a los representantes regionales para que las compartan con sus contactos. También se difunden a través de CMM Info* —el boletín electrónico mensual— y se publican en el sitio web, donde miembros de todo el mundo pueden compartir palabras de oración y ánimo. 

    Varios meses después, los representantes regionales del CMM solicitaron actualizaciones a los líderes de las iglesias: 

    Cuba 

    En los últimos dos años, la situación se ha vuelto cada vez más inestable, con un aumento de la violencia y los robos, según el pastor Luis Hernández, de la Sociedad Misionera Cubana Hermanos en Cristo (Brethren in Christ), iglesia miembro del CMM. 

    Él informa que la disponibilidad de alimentos disminuye día a día, los precios son elevados y algunas personas pasan días sin comer. El gobierno no dispone de recursos para distribuir. La iglesia comparte sus escasos recursos con las comunidades de su entorno. 

    “La situación puede describirse como crítica”, afirma George Broughton, representante regional del CMM para América Latina y el Caribe. 

    La iglesia sigue vinculada a las comunidades y acompañándolas. A pesar de los desafíos, Luis Hernández señala que la iglesia muestra señales positivas de crecimiento: bautismos frecuentes y una mayor asistencia a los cultos. Un problema persistente es la pérdida de jóvenes —especialmente de líderes jóvenes formados en la iglesia— que emigran en busca de un futuro con más oportunidades. 

    ¿Qué mensaje tiene Luis Hernández para la iglesia mundial en nombre de su comunidad en Cuba? 

     »A pesar del sufrimiento, el dolor, la escasez, los problemas de transporte y las dificultades económicas, la iglesia anabautista en Cuba está creciendo en número. Nos gustaría recibir apoyo no solo en oración, sino también económica y emocionalmente». 

    Venezuela 

    *Esta actualización se completó justo antes de que dos terremotos azotaran Venezuela. Haga clic aquí para leer la oración urgente en respuesta a dicho acontecimiento. * 

    Venezuela llevaba años atravesando graves dificultades económicas antes del golpe de Estado de 2026. Por ello, algunos lo recibieron con la esperanza de un cambio. Se liberó a presos políticos y se produjeron ciertas mejoras económicas. 

    Sin embargo, los precios siguen subiendo, los sistemas de abastecimiento de agua no funcionan en algunas regiones y escasean el gas y la electricidad. 

    El gobierno ha estado nacionalizando algunos activos inmobiliarios, pero los beneficios suelen favorecer a personas cercanas al poder. Algunas iglesias han buscado obtener ventajas alineándose con los intereses gubernamentales y utilizando actos religiosos para hacer campaña política, mientras que otras discrepan de esta postura. 

    Muchos pastores no perciben un salario por su labor y algunos están tirando la toalla. El pastor Euclides Bauza, de la Red de Misiones Menonitas en Venezuela, sigue visitando las congregaciones de toda la región y recibiendo hospitalidad. 

    ¿Qué mensaje tiene Euclides Bauza para la iglesia mundial en nombre de su comunidad en Venezuela? 

    “Como menonitas, perseveramos ayudándonos mutuamente y contando con cierto apoyo del extranjero. Estamos iniciando una nueva congregación. En cada reunión de la congregación, compartimos una comida. 

    Nos ayudamos unos a otros y estamos en comunicación con el cuerpo de bomberos y la defensa civil para ayudar a las personas a llegar al hospital. Hay muchas personas con necesidades; abundan la enfermedad y la mala alimentación. Estamos destinando
    parte de los fondos que recibe la iglesia para ayudar a la gente con medicamentos, entre otras cosas”. 

    En la última encuesta estadística del CMM, se registraron 390 miembros bautizados en congregaciones de identidad anabautista en Venezuela. Casa de Restauración y Vida Shalom es miembro asociado del CMM. Las iglesias en Cuba reportaron 5200 miembros, incluida la Sociedad Misionera Cubana Hermanos en Cristo (Brethren in Christ), que es miembro del CMM. 

    Para que cada uno tenga suficiente 

    Lamentablemente, una profunda desigualdad económica acompaña a nuestra diversa familia anabautista menonita mundial. Inspirado en la enseñanza bíblica de “Jubileo” (en Levítico 25, por ejemplo), el Congreso Mundial Menonita estableció el Fondo de Ayuda de la Iglesia Mundial. El objetivo es poner en práctica las palabras del Apóstol Pablo a los Corintios: para que haya igualdad, como está escrito, ‘El que recogió mucho no tuvo más y el que poco, no tuvo menos.’” (2 Corintios 8,13-15). 

    Con el apoyo del Fondo de Ayuda de la Iglesia Mundial del CMM, la Sociedad Misionera Cubana Hermanos en Cristo pudo instalar paneles solares en una localidad para suministrar electricidad a una iglesia y a la comunidad circundante. 

    Henk Stenvers, presidente del CMM, expresa que, “Orar unos por otros es una de las formas en que vivimos nuestro llamado a ser una comunión de iglesias de tradición
    anabautista, unidas entre sí en una comunidad de fe mundial para la comunión, la adoración, el servicio y el testimonio. Es una manera de brindar cuidado a la distancia. Pero que nuestras oraciones también nos impulsen a la acción, a medida que el Espíritu
    nos muestra cómo podemos apoyar a nuestros hermanos y hermanas que están lejos”. 


  • Nelson Okanya, director de las Comisiones, expresa que, “Me encanta ver cómo las iglesias miembros definen la agenda de las reuniones de las Comisiones. Como persona nueva en este cargo, es muy interesante observar este enfoque participativo, que requiere escuchar. La esencia de nuestra reunión fue el discernimiento colectivo de temas importantes planteados en el Concilio General, y la búsqueda de mejores recursos para nuestra iglesia global”. 

    Las cuatro comisiones del CMM se reunieron en Mennorode, Elspeet, Países Bajos, del 12 al 14 de mayo de 2026, antes de la CMERK.* En la reunión de tres días, revisaron su trabajo a la luz de la Estrategia del CMM aprobada en 2025 y debatieron las prioridades para los próximos tres años. 

    Diáconos 

    Tigist Tesfaye, secretaria de la Comisión de Diáconos, afirma que, “Mantuvimos muchas conversaciones importantes, incluyendo el fortalecimiento de las relaciones, el afianzamiento de las amistades y la redefinición del papel futuro de la Comisión de Diáconos como una de las ‘cuatro cámaras del corazón’. Reflexionamos sobre cómo la Comisión de Diáconos puede acompañar a los miembros de las iglesias de la CMM en tiempos de sufrimiento y crisis como expresión de nuestra solidaridad”. 

    La Hora de Oración en Línea (HOL) bimensual sigue contando con una buena asistencia, con un promedio de más de 60 participantes. 

    En viajes de solidaridad, una pequeña delegación de diáconos y especialistas visita una iglesia miembro en un país que atraviesa dificultades. Actualmente, hay tres viajes en fase de planificación. 

    Los diáconos siguen perfeccionando el Fondo de Ayuda de la Iglesia Mundial para satisfacer mejor las necesidades de las iglesias miembros de la CMM. 

    Un tema central de debate fue el fortalecimiento de los recursos de atención pastoral para las iglesias. La Comisión de Diáconos también reconoció la creciente necesidad de una atención pastoral centrada en el trauma y analizó el desarrollo de herramientas y guías prácticas para las iglesias. 

    Fe y vida 

    Bajo una nueva presidencia, la Comisión de Fe y Vida está afrontando el reto de cómo estudiar la Biblia e interpretar las enseñanzas de Jesús como una comunión global, cuando existen múltiples perspectivas sobre temas que amenazan con dividirnos. 

    Tim Geddert, presidente de la Comisión de Fe y Vida, dice que “Mi esperanza y mi oración es que aprendamos a dialogar con respeto y confianza sobre una gran variedad de temas, y que experimentemos lo mucho más importante que es construir comunidad juntos que intentar convencer a todos de que crean lo mismo”. 

    Fe y Vida también colaboró con el departamento de Comunicaciones para crear videos que destacan los recursos disponibles en el sitio web del CMM y en otros medios. 

    «El CMM ya ha producido muchos recursos útiles para los líderes de la iglesia. Estén atentos a esta serie en las redes sociales en los próximos meses. Esperamos que les inspire a descubrir herramientas que fortalezcan su fe y ministerio», concluye Tim Geddert. 

    a group photo of MWC Commissions and staff

    Paz 

    ¿Qué significa ser una iglesia de paz en el mundo actual? La Comisión de Paz planea emprender un viaje de siete años para renovar nuestra comprensión. Este viaje comenzará en 2028, al concluir la década de la Renovación, y se extenderá hasta 2036, el 500 aniversario de la conversión de Menno Simons al anabautismo. 

    Además, la Comisión de Paz representa al Congreso Mundial Menonita y participa en la iniciativa ecuménica «Bienaventurados los pacificadores», que los cuáqueros iniciaron para conmemorar el simbólico 2000 aniversario del Sermón de la Montaña en 2030. La Comisión de Paz también ha recibido una solicitud para trabajar en una declaración sobre la libertad religiosa, la cual se encuentra en proceso de redacción. Asimismo, revisó y editó las directrices para la defensa política cuando recibe invitaciones de iglesias miembros para brindar apoyo en caso de que dicha defensa sea necesaria. 

    Además, la Comisión de Paz está trabajando en protocolos para cuando el Congreso Mundial Menonita participe en visitas de solidaridad a zonas de conflicto. “Cuando nuestras iglesias miembros solicitan e invitan a realizar actos de solidaridad, queremos saber cómo podemos apoyarlas mejor y demostrarles nuestra solidaridad en su lucha. Esto también implica ser conscientes de los riesgos que corren quienes participan en dichas visitas y actuar con prudencia. En definitiva, es importante demostrar que nuestras iglesias miembros no están solas en el camino hacia una paz integral que nuestro mundo necesita con tanta urgencia”, afirma Andrew Suderman, secretario de la Comisión de Paz. 

    Misión 

    La Comisión de Misiones está actualizando sus recursos sobre misiones, que incluyen historias, testimonios y artículos. 

    Junto con las Redes de Misión y Servicio, están planificando seminarios web periódicos para fortalecer la conexión entre la paz y la misión en la familia anabaptista global. 

    “Según este plan, las iglesias miembros pueden esperar un seminario web de las Redes de Misión o Servicio cada dos meses, en lugar de los cuatro seminarios web anuales actuales”, expresa James Krabill, presidente de la Comisión de Misiones. 

    También comenzaron a planificar talleres y ponentes para la Asamblea 18 en Tanzania. 

    “Las Comisiones del CMM sirven a la iglesia mundial en su búsqueda por seguir a Jesús, vivir la unidad y construir la paz. Trabajando en estrecha colaboración, como las cuatro cámaras del corazón, las Comisiones promueven un evangelio y una visión holísticos, brindando orientación y proponiendo recursos a las iglesias miembros del CMM y facilitando la colaboración de redes relacionadas con el CMM en asuntos de interés común”, declara Nelson Okanya. 


    *CMERK, reunión regional para todas las iglesias menonitas europeas, es una combinación de dos nombres:
    Conférence Mennonite Européenne (francés) y
    Mennonitische Europäische Regionale Konferenz (alemán).

    general meeting of group of diverse people
  • Imagen: Un puño alzado en señal de solidaridad sostiene una toalla. 
    Crédito: Pintura de Emme Schreiner, una joven de la Iglesia Menonita de Pasadena, EE. UU. 

    Desde una posición de “poder sobre” hacia  “poder con” 

    En Juan 13, Jesús y sus discípulos están sentados alrededor de una mesa antes de la fiesta de la Pascua. De repente, Jesús rompe con su rol de anfitrión y maestro: se quita la capa, se ata una toalla a la cintura y comienza a lavar los pies sucios de sus discípulos.

    ¡Que se inclinara a lavarles los pies de esta manera es escandaloso! Esta acción trastoca las normas y jerarquías establecidas.

    En aquella época, lavar los pies de los invitados era tarea de los sirvientes. Solo los subordinados realizaban esta labor y lavaban el polvo de los pies sucios por caminar con sandalias en los caminos sin pavimentar de Palestina.

    Los discípulos sienten la disonancia de que su líder se humille como un siervo. Pedro protesta al principio, diciendo: “¡Jamás me lavarás los pies!” (v. 8), antes de finalmente aceptar que lo hiciera.

    Un llamado a la solidaridad

    A menudo escuchamos sobre este pasaje bíblico como un llamado al servicio, y esa es una forma de entenderlo. En efecto, Jesús anima a sus discípulos a buscar el rol de siervo, humillándose a sí mismos mediante el acto de lavar los pies. 

    Sin embargo, creo que Jesús está llamando a sus discípulos (y a nosotros hoy en día) a algo más recíproco que el servicio. Les instruye a lavarse los pies unos a otros, a formar parte de un círculo donde se da y se recibe amor, un círculo de reciprocidad y cuidado compasivo. La palabra que mejor se me ocurre para describirlo es solidaridad

    Por muy significativo que sea servir a los demás, la concepción del servicio suele ser
    unidireccional: un grupo de personas, generalmente las que tienen más poder, dan algo a quienes tienen menos. Y a veces, el servicio puede reforzar una dinámica de
    “nosotros y ellos” que nos separa de quienes están “en necesidad”. 

    Una actitud de solidaridad se basa en relaciones mutuas que implican ver las luchas de los otros, escuchar sus lamentos y comprender su dolor (como Dios lo hace con las personas esclavizadas en Éxodo 2:23-25). 

    La reciprocidad de la solidaridad

    Mi comprensión de la solidaridad se amplió cuando los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por su sigla en inglés) ocuparon Los Ángeles en el 2025, arrestando a más de 14 000 personas en la región en solo ese año. Una mañana de junio pasado, me desperté con los gritos de angustia de nuestros vecinos. Hombres enmascarados, armados con fusiles de asalto y en vehículos sin distintivos, llegaron a nuestro barrio y secuestraron a varios de nuestros vecinos más cercanos cuando salían a trabajar. Fueron momentos muy aterradores para nuestro vecindario.

    Mi cónyuge y miembros de nuestra comunidad se turnaron durante los meses siguientes para realizar patrullas desarmados como parte de equipos de respuesta rápida con el fin de alertar a la comunidad en caso de que el ICE regresara. Creemos que muchos casos de detención injusta y separación familiar probablemente se evitaron gracias a estas redes de respuesta rápida.

    Durante esos angustiosos tiempos, la generosidad y la ayuda mutua abundaron. La gente empezó a dejar comida y otras donaciones en las casas de los vecinos para las familias de los migrantes detenidos y para otros que tenían demasiado miedo de salir de casa.

    Nuestros vecinos sabían que teníamos un bebé y empezaron a ofrecernos pañales que les habían donado. Como pastora que a menudo se dedica a ayudar a los demás, me conmovió su amabilidad hacia mi familia, que recibía ayuda en forma de pañales tan necesarios. Esto es solidaridad mutua; las divisiones entre nosotros y ellos se desvanecen y entramos en un nuevo estado de plenitud como Comunidad Amada.

    La vulnerabilidad de la solidaridad

    Cuando buscamos la solidaridad, reconocemos que nuestra seguridad y nuestra liberación están intrínsecamente ligadas. Nuestras necesidades, intereses y bienestar están interconectados con las necesidades, intereses y bienestar de los demás, especialmente de aquellos considerados vulnerables. 

    Jesús abraza la vulnerabilidad con amor cuando se arrodilla para lavar los pies sucios de sus discípulos. Se siente incómodo y se ensucia. Su poder como anfitrión podía mantenerlo separado y por encima de sus discípulos, aun así, él elige activamente orientar su cuerpo hacia la vulnerabilidad. 

    A veces, nuestras diferentes mezclas de poder y vulnerabilidad implican que necesitamos que nos laven los pies. Y a veces, nosotros necesitamos lavar los pies de otras personas. 

    Foto: IMC Philippines

    Cuando practicamos la solidaridad, pasamos conscientemente de una posición de poder sobre (o bajo) otros a una posición de poder con los demás. 

    Esto es lo que Dios hace en la encarnación, como se describe en Filipenses 2:5-11. Jesús no considera la divinidad (igualdad con Dios, v. 6) como algo que deba explotarse. Más bien, se une a la humanidad en solidaridad, incluso hasta el punto de la muerte en la cruz. Su tierno acto de lavar los pies prefigura su acto final de amor abnegado. En lugar de una demostración de poderío y dominación, elige el humilde camino de la cruz, el camino de la solidaridad con aquellos que son vulnerables y oprimidos. 

    Jesús recorre el camino de la cruz porque es uno con el Dios del Éxodo, el Dios de la liberación que dice: “He visto claramente a mi pueblo oprimido en Egipto. He oído su clamor de injusticia a causa de sus opresores. Conozco su dolor” (Éxodo 3:7). Dios ve, oye, sabe y, finalmente, desciende (v. 8). 

    La dirección de la solidaridad

    Esta es la dirección de la solidaridad: el poder que se mueve con compasión hacia aquellos que son oprimidos.

    Al leer estos pasajes hoy, un punto de conflicto para los intérpretes anabautistas podría ser Éxodo 3:8, donde Dios describe la tierra prometida: “una tierra llena de leche y miel, un lugar donde habitan los cananeos, los hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos”. Dicha tierra ya está habitada por otros pueblos.

    Sabemos que la historia del Éxodo no termina con el rescate y la liberación de un pueblo; continúa con la destrucción y el exterminio de los habitantes de la Tierra Prometida. El teólogo de la nación Osage Robert Allen Warrior, en su ensayo “Cananeos, vaqueros e indios”, nos invita a leer la historia del Éxodo desde “los ojos de los cananeos” y a reconocer que quienes son oprimidos también pueden oprimir a otros. Lamenta cómo un Dios de liberación puede convertirse tan rápidamente en un Dios de conquista.

    Liberación para oprimidos y opresores

    Como anabautistas buscamos interpretar estos pasajes desde la perspectiva de la vida no violenta, la muerte y la resurrección de Jesús. Muchas de las escrituras hebreas que Jesús habría escuchado ofrecen alternativas a las historias de conquista y, sin duda, influyeron en su mensaje liberador para todos los pueblos.

    Por ejemplo, en Amós 9:7, Dios suplica a Israel: “¿No sois para mí como los cusitas” … ¿Acaso no saqué yo a Israel de la tierra de Egipto, a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir?”. Amós ofrece una visión más amplia de la solidaridad, la compasión y la liberación de Dios hacia aquellos considerados enemigos de Israel, quienes, según el profeta, tienen sus propias historias de éxodo.

    Como cristianos que buscamos practicar la solidaridad con los oprimidos, podríamos reflexionar sobre cómo la liberación y el amor de Dios deben extenderse, en última instancia, a aquellos a quienes consideramos opresores y enemigos, para que la espiral de oprimidos y opresores no continúe indefinidamente.

    Katerina Gea es miembro de la Comisión de Paz del CMM. También ejerce como pastora en la Iglesia Menonita de Pasadena, situada en los territorios tradicionales de los gabrielinos y los tongva, en California, EE. UU.

    Domingo de la Paz 2026

    Cuando practicamos la solidaridad, pasamos conscientemente de una posición de poder sobre (o bajo) otros a una posición de poder con
    los demás.


  • Encuentro mundial menonita en Filipinas destaca la solidaridad, la fe y el testimonio común 

    Casi trescientos participantes de más de una decena de países se reunieron el 14 de marzo de 2026, en la histórica plaza de Lumban, para el 9° evento anual de Renovación del Congreso Mundial Menonita (CMM). Centrado en el tema, “Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo cargas, compartiendo esperanzas”, la reunión subrayó el llamado a “ayudarse entre sí a soportar las cargas” (Gálatas 6:2–10). 

    El evento de Renovación reunió a miembros de la Iglesia Menonita Integrada de Filipinas (IMC, por sus siglas en inglés), el Comité Ejecutivo del CMM y miembros del Comité de Jóvenes Anabautistas (YABs). 

    Por medio de la adoración, testimonios, expresiones culturales y la oración, los participantes dieron testimonio de unidad, resiliencia y cuidado mutuo en diferentes culturas y continentes. 

    Bayanihan

    Uno de los momentos más destacados de la ceremonia de apertura fue una procesión simbólica con una choza tradicional de nipa (bahay kubo), que representaba el valor filipino de bayanihan. Esta práctica cultural, en la que los vecinos trabajan juntos para trasladar una vivienda en caso de necesidad, sirvió como una metáfora viva del tema del encuentro. 

    Arraigado en la unidad, la compasión (malasakit) y la cooperación, el concepto de Bayanihan refleja una característica distintiva de la interpretación anabautista del evangelio. 

    “Dios nos llama a responder con solidaridad y acciones desinteresadas a las necesidades de los demás en nuestra iglesia mundial”, afirmó César García, secretario general del CMM. “Al hacerlo, experimentamos el Bayanihan en nuestra familia de fe y lo damos a conocer en un mundo que anhela un amor fiel y una solidaridad duradera.” 

    El programa también celebró la herencia cultural de Filipinas a través de la música y la danza. 

    Varios distritos eclesiales hicieron presentaciones tradicionales de danza y música, integrando la fe con la identidad local. Entre las danzas presentadas se encontraba Pandanggo sa Ilaw, una danza folclórica que simboliza la luz en la oscuridad, inspirada en Mateo 5:14-16. Otras presentaciones incluyeron la Cariñosa, que refleja temas de amor y pertenencia, y danzas de la cosecha que celebran la provisión de Dios a través de la agricultura. 

    Solidaridad en el compromiso común 

    Los testimonios y la oración constituyeron un componente central del programa. 

    “Al escuchar [las historias de los pastores de IMC], percibí la fe, perseverancia y una profunda confianza en Dios”, expresó Blessing Joy Turqueza, representante de Asia en el Comité de YABs. “Aun en las dificultades, continúan sirviendo. Aun en la incertidumbre, siguen confiando en que Dios proveerá. Y pese a todo, veo esperanza en la comunidad de creyentes.” 

    Blessing Turqueza enfatizó que la solidaridad en la iglesia no se basa en la perfección, sino en el compromiso común. “La iglesia sobrelleva heridas e interrogantes”, manifestó, “pero también lleva consigo algo más grande: la fe, la esperanza y el amor de Cristo. Cuando nos mantenemos unidos como familia de Cristo, apoyándonos y animándonos mutuamente, comenzamos a ver la fidelidad de Dios.” 

    Sindah Ngulube, obispo de la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue, habló de solidaridad tras el devastador incendio en un internado de varones. Increíblemente, todos los niños salieron ilesos. Tras el suceso, la comunidad eclesial local se movilizó rápidamente a fin de brindar asistencia y comenzar las tareas de reconstrucción. 

    Doug Klassen, pastor ejecutivo de la Iglesia Menonita de Canadá, pidió solidaridad para discernir el compromiso anabautista con la paz en medio de los debates sobre la preparación militar y el posible reclutamiento obligatorio en Canadá. 

    “Hace setenta años, muchos menonitas se declararon objetores de conciencia”, comentó Doug Klassen. “Hoy, debemos preguntarnos qué haríamos nosotros. Es necesario que aprendamos del testimonio de los menonitas de Colombia y Myanmar, quienes siguen encarnando la paz en contextos difíciles. La iglesia mundial tiene mucho para enseñarnos.” 

    IMC 

    Eladio Móndez, obispo moderador de IMC
    Belén Raga, alcaldesa de Lumban

    Eladio Móndez, obispo moderador de IMC, y Belén Raga, alcaldesa de Lumban, dieron la bienvenida formal a los participantes, y expresaron su gratitud por la oportunidad de ser anfitriones de un encuentro internacional. La presencia de líderes de iglesias de todo el mundo junto a las congregaciones locales puso de relieve la naturaleza interconectada de la familia de iglesias del CMM. 

    El encuentro de Renovación forma parte de una serie de eventos que se llevan a cabo durante varios años en diferentes regiones del mundo, cada uno concebido para celebrar la historia común y las diversas expresiones de la fe anabautista. Los miembros del Comité Ejecutivo del CMM se suman a los participantes locales en un culto masivo en el que anfitriones e invitados comparten sus dones. Además del culto y las enseñanzas, estos encuentros brindan un espacio para compartir historias, fortalecer relaciones y orar por la iglesia mundial. 

    La presencia menonita en Filipinas comenzó después de la Segunda Guerra Mundial a través de la ayuda humanitaria, asistencia médica y el trabajo de reconstrucción, iniciativas dirigidas por el Comité Central Menonita (MCC, por sus siglas en inglés). En 1965, se fundó Missions Now, Inc. (MNI), una organización misionera dirigida por filipinos, centrada en la evangelización y el establecimiento de iglesias, especialmente en comunidades rurales e indígenas. Tras un período de transición interna, la Iglesia Menonita Integrada (IMC) se conformó en 1991 y se unió al Congreso Mundial Menonita en 1993, formando parte de la familia anabautista mundial. 

    La ofrenda recogida durante el culto se destinó a la contribución del Aporte Proporcional Justo de la IMC al CMM. 

    El encuentro concluyó con comidas compartidas, fraternización y un sentimiento renovado de solidaridad. 

    “En la adoración, el canto, la oración y el intercambio cultural, se nos recuerda que la iglesia mundial está llamada a ayudar a que soportemos mutuamente las cargas”, expresó John D. Roth, coordinador de Renovación. “Me ha inspirado especialmente la energía y el compromiso de los jóvenes de la IMC al dar testimonio del amor de Dios en un mundo fracturado. Su fe es una poderosa señal de esperanza para el futuro de la iglesia.” 

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    Lea los testimonios sobre Renovación y obtenga más información sobre el evento en la edición 41.3 de Correo (solo en formato electrónico)



    Actualizado 25 abril 2026: titulo de Eladio Mondez

  • Al final de la Cumbre Mundial de la Juventud (GYS) en Alemania, los participantes se reunieron
    alrededor de una fogata para cantar y hacer pan. Foto: Irma Sulistyorini

    La columna de los miembros directivos 

    La perspectiva que tenemos ante nosotros es extraordinaria: un mundo donde las personas han sanado lo suficiente como para reconocer su valor y, por lo tanto, son capaces de establecer relaciones marcadas por una auténtica intimidad, dignidad y respeto. Un mundo donde las tecnologías poderosas y las conexiones globales reducen las brechas en lugar de profundizarlas, convirtiéndose en herramientas para el entendimiento mutuo y una prosperidad compartida. 

    Al mismo tiempo, nombramos la verdad de este momento. Muchas personas en todo el mundo viven en lugares llenos de temor, marcados por la violencia, el desplazamiento, la incertidumbre económica, la crisis climática y una profunda polarización social. El miedo es evidente. Nos tienta a retraernos, a proteger lo nuestro y a imaginar que la supervivencia es lo mejor a lo que podemos aspirar. 

    Y, sin embargo, estos no son solamente desafíos que hay que afrontar. También constituyen momentos que exigen valentía. 

    En toda la familia anabautista mundial, las comunidades están redescubriendo sus voces, su capacidad de acción y el llamado a vivir de manera diferente. La solidaridad, como la entiende el Congreso Mundial Menonita, no consiste en un acuerdo pasivo ni en un asunto lejano. Es una decisión fiel de permanecer vinculados: elegir las relaciones en vez del aislamiento, el acompañamiento en vez del control y la esperanza en vez del miedo. 

    Esta solidaridad se practica cuando escuchamos profundamente a las diferentes culturas, cuando la experiencia vivida determina nuestro discernimiento compartido y cuando permanecemos a la mesa, incluso cuando el camino a seguir es incierto. 

    Nos recuerda que la sanación es posible, que habrá de surgir nueva vida de lugares difíciles y que la unidad es algo que practicamos con paciencia y cuidado. 

    Al iniciar el año 2026, hemos sido invitados e invitadas a cuidar lo que se nos ha confiado: a construir espacios de confianza, a fortalecer lazos de amor y a definir un futuro caracterizado por la paz de Cristo. 

    Lo que construyamos no será perfecto, pero habrá de ser fiel. 

    Que podamos abrirnos a la gracia que Dios ya nos ha dado y que la vivamos por medio de la solidaridad, acompañándonos en humildad, eligiéndonos unos a otros con valentía y confiando en el Espíritu que nos une. 

    2025 headshot

    Lisa Carr-Pries, vicepresidenta del CMM (2022-2031). Es directora de Atención Espiritual de Parkwood Community (residencia de ancianos de cuidado prolongado) en Waterloo, Ontario, Canadá, y miembro de la Iglesia Menonita de Nith Valley, Ontario, Canadá.


  • Tomando acción en solidaridad

    Hay muchas razones para estar frustrados por el agravamiento de las tensiones políticas en el mundo. Las iglesias miembros del Congreso Mundial Menonita en cada región continental hacen un llamado a la oración y la solidaridad. Muchos se ven afectados por la corrupción o la violencia en sus países.

    Como anabautistas constructores de paz, ¿qué hacemos?

    “En momentos como este, debemos orar. En privado y como comunidad, expresarle a Dios nuestra ira, frustración, lamentación, esperanza y angustia”, afirma Nindyo Sasongko. Es teólogo residente en la Comunidad Menonita de Manhattan, EE. UU., y ministro de Gereja Kristen Muria Indonesia (GKMI).

    Para él, tal momento fue a finales de agosto del 2025. En Indonesia se produjeron protestas generalizadas cuando se silenció a quienes criticaban las fuertes subidas de impuestos. Un incidente en el que un vehículo blindado de la policía atropelló y mató a un mototaxista frente a la multitud que protestaba desató la indignación.

    “Los comentarios desdeñosos del gobierno sobre la voz de las personas que luchan por llegar a fin de mes y su indiferencia ante la muerte de un hombre inocente me dejaron conmocionado emocionalmente”, expresa Nindyo Sasongko.

    El 5 de septiembre del 2025, Nindyo Sasongko leyó su oración en representación del cristianismo (una de las seis religiones reconocidas en Indonesia) frente al Consulado General de la República de Indonesia en Nueva York. La protesta pacífica fue presenciada por el Cónsul General Winanto Adi.

    [Nota: esta es una versión abreviada de la oración]

    Esta noche, nos reunimos ante Ti,
    sinceros en nuestra súplica
    por el pueblo de Indonesia.
    Unidos en una sola voz:
    No por rebelión,
    sino porque sus clamores ya no pueden ser reprimidos.

    ¡Nos lamentamos!
    No, seamos valientes delante de ti:
    ¡Estamos afligidos!

    No por envidia ni rencor,
    sino por una furia justa nacida de la ansiedad,
    y del amor y la esperanza como hijos de esta tierra,
    vagando por mares extranjeros.

    Preguntamos: ¿Hasta cuándo, oh Dios?
    Abre las puertas de tu misericordia,
    para que todos los que están en la confusión puedan ver que hay intereses mayores:

    No indiferencia, sino familiaridad,
    No insensibilidad, sino compasión,
    No avaricia, sino esperanza por cada sangre de la nación.

    Abre caminos de reconciliación,
    para que cada persona pueda reconstruir la confianza
    desgarrada por la sospecha y la discordia.
    Cura las heridas de esta nación:
    las heridas de la carne por el conflicto,
    las cicatrices emocionales de la pérdida,
    y la profunda y silenciosa ira que habita en su interior.

    Que este dolor se transforme
    en el nacimiento de una nueva era,
    marcada por la justicia, la integridad
    y una paz duradera para todo el pueblo de Indonesia.

    Oh, tú, cuyo amor inquebrantable no tiene fin,
    que el clamor de los pobres no quede desatendido,
    que su sufrimiento sea aliviado,
    y que su mañana esté asegurado.

    La oración finalizó con un llamado a la actual administración para que regrese a la Constitución, tenga la humildad de escuchar los gritos de la multitud y abra el camino hacia una mayor justicia.

    Persistir incluso cuando no vemos cambios

    Desde la ola de protestas, lamentablemente, nada ha cambiado en Indonesia. Medio año después de las protestas, la situación parece haber empeorado. Entonces, ¿por qué orar por las naciones?

    “Porque la oración nos transforma primero a nosotros mismos. Ablanda nuestros corazones, reestructura nuestros deseos y nos une a la sagrada confianza en el Señor y en la comunidad que nos rodea”, explica Nindyo Sasongko.

    “Creo en un Dios que elige activamente la solidaridad con los vulnerables y protege a las viudas y los huérfanos”, declara Nindyo Sasongko. “Jesús enseñó la paz y la no violencia no solo como conceptos, sino como una forma de vida. Sigo convencido de que la no violencia es el arma más poderosa para desmantelar la desigualdad social”.

    En segundo lugar, mi optimismo se ve alimentado por una generación de jóvenes [en la diáspora] que sienten una profunda preocupación por Indonesia. En su mirada crítica y en su exigencia de la verdad, veo la mano de Dios, el Dios de la paz, trabajando entre bastidores para restaurar a Indonesia.

    “En esta verdad encuentro valentía y optimismo para afrontar los desafíos que se avecinan. Mi esperanza es que más creyentes unan sus manos en oración”, expresa Nindyo Sasongko.

    El CMM facilita la oración comunitaria por las naciones e iglesias a través de su red de oración bimensual por correo electrónico y su Hora de Oración en Línea. Únase a nosotros.


    Indonesian man teaching
  • “En estos tiempos en que la iglesia y sus miembros están siendo perseguidos y son víctimas de guerras que han dejado desconsaladas a muchas familias, es urgente situar la unidad, la paz y la solidaridad en el centro de la labor evangelizadora”, escribe el Rev. Ernest Musobwa Kishaku. Es el representante de Kivu, el cuarto distrito de la iglesia miembro del CMM Communauté des Églises de Frères Mennonites au Congo (CEFMC) en la parte oriental de la República Democrática del Congo, que está sufriendo mucha violencia.

    “El Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial representa una valiosa oportunidad para que todos nos acerquemos a las personas, sanemos las heridas internas, contribuyamos a la sanación del trauma y restauremos el tejido social que se ha visto profundamente afectado por las consecuencias de la guerra”, afirma el Rev. Musobwa Kishaku. 

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    Miembros de la congregación de Lingwaka de la iglesia miembro del CMM, Communauté Mennonite
    de Kinshasa, celebraron la comunión durante el servicio del Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial. 

    Todos los años, el Congreso Mundial Menonita (CMM) distribuye un paquete de recursos para la adoración con el fin de ayudar a las congregaciones de todo el mundo a celebrar dicho día. Un  tema común, pasajes de las Escrituras, oraciones y testimonios, ayudará a las congregaciones a participar más plenamente en la comunión, intercesión y acción de gracias con y para la familia mundial de fe.

    Este año, las congregaciones celebraron el 19 o el 26 de enero, los domingos más cercanos al 21 de enero. En esa fecha, en 1525, tuvo lugar el primer bautismo anabautista en Zúrich, Suiza.

    A continuación algunos ejemplos de cómo se celebró el Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial en nuestras congregaciones miembros de todo el mundo. 

    La Iglesia Menonita de Bhilai de la India celebró el Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial con gran entusiasmo. Se ofrecieron oraciones para los cinco continentes de parte de varios grupos, incluyendo el grupo de jóvenes, el grupo de mujeres, el consejo de la iglesia y el pastor. También se organizó un almuerzo compartido como parte de la celebración.

    La ‘Casa da Comunidade’, parte de la Iglesia de los Hermanos Menonitas de Lisboa, Portugal, utilizó la historia del buen samaritano del recurso de adoración en su culto del Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial.

    En la Iglesia Anabautista Castañeda, de Filipinas, los miembros se dividieron en cinco grupos para representar las cinco regiones continentales del CMM. En dichos grupos, hablaron sobre historias de solidaridad y paz, la escucha y el perdón, el apoyo y la perseverancia. 

    En la Iglesia Menonita de Bussum-Naarden, de los Países Bajos, siete congregaciones de la región (Ring Midden-Nederland) celebraron un culto conjunto en el que encendieron velas por todos los continentes. 

    La Iglesia Cristiana Menonita Binuangan, de Filipinas, celebró el Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial cantando Qué amigo tenemos en Jesús, Bendita seguridad, Confía y obedece y Dios, eres bueno. Algunas de las canciones se cantaron en el idioma ilocano. El ilocano es el dialecto común que se utiliza junto con dialectos locales como kankana-ey, bugkalot, ibaloi, kalanguya y otros.

    Después del culto dominical del Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial en la congregación de Mennnonitengemeinde Worms-Ibersheim, de Alemania, siguió una pausa para tomar café y pastelitos. El edificio de la iglesia se asienta en un terreno donado a la parroquia por un menonita a finales del siglo XIX. El vitral central de los tres vitrales representa a Cristo situado sobre “una base menonita”, según explica el pastor Andreas Kohrn.

    “Estamos muy agradecidos al Congreso Mundial Menonita por compartir el material del Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial, a fin de que todos podamos adorar en un mismo espíritu. Es un momento para que nos unamos y aceptemos el desafío de tener la valentía para amar a todos y crecer en solidaridad”, dice Ashisha Kumar Milap, pastor de la Iglesia Menonita Sunderganj Dhamtari de la India. 

    Organizaron un concurso de coloreo en la escuela dominical utilizando el dibujo incluido en dicho material. 

    Después de una comida compartida, hubo un intercambio entre los miembros sobre aquello que afecta la solidaridad o que ayuda a fortalecerla.

    En la Iglesia Menonita Level Ground, de Abbotsford, Columbia Británica (Canadá), los niños y niñas disfrutaron de colorear dibujos mientras la congregación oraba por la comunión anabautista mundial, destacando especialmente su solidaridad con el pueblo venezolano. 

    ¿Usted cómo celebró el Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial? ¡Envíenos sus fotos! ¡Comparta sus testimonios! Envíelos a photos@mwc-cmm.org. 


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    Continuar con la solidaridad 

    Que nuestras oraciones nos impulsen a la acción. En 2026, el Congreso Mundial Menonita se centra en la solidaridad. Los invitamos, especialmente durante este tiempo de reflexión antes de la Pascua, a unirse en solidaridad con el anabautismo mundial a través de sus oraciones. 

    Tomen una foto o un video para compartir con la familia global cómo están orando en solidaridad. Usen el texto a continuación. Envíen su foto o video a photos@mwc-cmm.org.

    Oramos en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas de ____________ (colocar el nombre del país). 

    O

    __________ (colocar el nombre de su congregación) ora en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas de __________ (colocar el nombre del país). 

  • Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial 2026

    A continuación, se presentan algunas de las maneras en que las iglesias de Europa celebran juntas el culto, con acciones simbólicas para demostrar su solidaridad. 

    En el servicio 

    En las congregaciones doopsgezinde (menonitas) de los Países Bajos, la persona en el liderazgo del culto de adoración enciende una vela en una mesa situada en la parte delantera al comienzo del servicio y la apaga como parte de la clausura del mismo.  

    Con estas acciones, la persona en el liderazgo del culto de adoración pronuncia una versión de estas palabras: 

    Encendemos la vela como recordatorio de la luz que nos guía y nos reconforta. Vivamos en la luz de la eternidad 

    O 

    Encendemos la vela como símbolo de nuestro vínculo con los demás, con Dios, con nosotros mismos y con el mundo. 

    Apagamos la vela, pero llevamos la luz en nuestros corazones al mundo. 


    Después del servicio

    Comidas Compartidas 

    Una vez al mes celebramos el Gemeinschaftssonntag (domingo de comunión). Todas las personas traen algo para comer (por ejemplo, una ensalada, un pastel, un postre o un guiso) y preparamos un gran bufé. Después del servicio, sacamos las sillas de la sala de culto y colocamos las mesas.  

    Todas las personas están invitadas a comer, incluidas las invitadas, y hasta ahora, ¡todos han tenido siempre suficiente para comer! Normalmente sobran muchas cosas y mucha gente se lleva algo a casa. 

    Después de la comida, algunas personas pasan toda la tarde en la iglesia. Niños, niñas y adultos juegan fuera en el césped o se sientan juntos. 

    A veces también abrimos una cafetería por la tarde para las personas que viven cerca de nuestra iglesia o que están haciendo senderismo por la zona. Esto crea una colorida comunidad de personas desconocidas, familias, lugareñas y feligreses. Hay muchas oportunidades para conversar y encontrarse, en las que el Espíritu de Dios puede obrar. 

    —Joel Driedger, Mennonitengemeinde Karlsruhe-Thomashof e.V. (Comunidad Menonita Karlsruhe-Thomashof e.V.), Karlsruhe, Alemania. 


    Desde hace varios años, nos reunimos para compartir un almuerzo después del servicio en la iglesia menonita de Ratisbona. Cualquiera que desee disfrutar de una deliciosa comida en buena compañía es bienvenido a unirse a nosotros. 

    El almuerzo se organiza de manera muy informal a través de un grupo de WhatsApp.  

    El grupo está conformado por personas que asisten regularmente al almuerzo y están encantadas de aportar algo. Tres o cuatro días antes del servicio, decidimos juntos qué queremos comer. Puede haber un domingo de sopa, por ejemplo, o pasta/arroz con diversas salsas, o simplemente perritos calientes con ensaladas. Por supuesto, el postre es imprescindible.  

    Cualquiera puede unirse a nosotros para almorzar, incluso de forma espontánea. Nos gusta especialmente invitar a nuevas personas visitantes al servicio. 

    Aunque esto significa que el número de personas que comen juntas varía, hasta ahora todo el mundo ha quedado satisfecho.  

    Consideramos que estos almuerzos comunitarios son muy valiosos para nuestra congregación. Nos brindan la oportunidad de conocernos mejor y mantener buenas conversaciones. El intercambio entre generaciones es especialmente agradable. La deliciosa comida une a las personas, desde los niños de jardín de infancia hasta las personas jubiladas. 

    —Lena Schmutz, ‘Mennonitengemeinde Regensburg’ (Congregación Menonita de Ratisbona), Alemania. 


    Recetas 

    Alemania 

    Tarta de manzana hundida 

    • Mezclar 125 gr. de margarina y 125 gr. de azúcar, añadir 3 huevos y seguir mezclando. 
    • Mezclar 200 gr. de harina y 2 cucharaditas de levadura en polvo e incorporar a la masa. 
    • Añadir 2 cucharadas de leche. 
    • Pele y corte por la mitad 5 manzanas, quíteles el corazón y córtelas con un tenedor. 
    • Engrase un molde redondo para hornear y vierta la masa, coloca las mitades de manzana sobre la masa. 
    • Hornea de 40 a 50 minutos a 200 °C o 390 °F. 

    —Liesa Unger, Directora de eventos Internacionales del CMM 


    Portugal 

    Lavadas (gazpacho) 

    Ingredientes 

    • 3 tomates 
    • 3 pimientos morrones verdes y rojos (no picantes) 
    • 3 dientes de ajo 
    • Aceite de oliva virgen extra (preferiblemente de Portugal, España, Italia o Grecia) 
    • 200 gr. de jamón serrano 
    • 1 barra de pan duro (cuanto más viejo, mejor…) 
    • Agua 
    • Cubitos de hielo 

    Instrucciones 

    • Empieze con una ensaladera grande. Machaque los 3 dientes de ajo y añade aceite de oliva. (Yo usaría 2 ó 3 cucharadas).  
    • Corte los tomates en trozos pequeños. Corte los pimientos en tiras (quite las semillas). Corte el jamón serrano en cubitos. Ponga todo en la ensaladera.  
    • Corte el pan en cubos medianos.  
    • Antes de añadir el pan, vierta agua fría en el bol y mezcle todo con una cuchara grande.  
    • Cuando todo esté bien mezclado, añada el pan para que se empape. 
    • Añada unos cubitos de hielo para mantenerlo fresco. 

    Es una comida excelente y fresca para el verano. Aprendí esta receta de mi querida madre. Ella era del interior de Alentejo, Portugal. Allí no lo llamaban gazpacho, sino “lavadas”. En aquellos tiempos, los ingredientes eran escasos, así que la gente comía lo que había disponible. 

    —José Arrais, representante regional del CMM, Europa 


  • Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial 2026

    Sermones


    Quienes comparten tienen más

    Miqueas 6:8 

    Estoy de pie bajo el sol de principios de verano en el campo de fresas de la familia Loosli en Moron, en el Jura, y busco entre los pequeños arbustos las fresas más maduras y hermosas. 

    Lo que me pasa por la mente en esta hermosa mañana de junio es el lema del próximo fin de semana de mujeres de otoño: “Quienes comparten, tiene más”. 

    La inspiración proviene del curso “Just People» (simplemente personas) de Stop Poverty. Los valores que queremos abordar son la caridad, la sostenibilidad, la justicia y la misericordia. Nuestro texto clave será Miqueas 6:8. 

    “Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios”. 

    Respiramos profundo. Dios ya ha establecido lo importante en sus mandamientos. No hay nada que añadir. 

    La tarea ahora es combinar el lema del fin de semana de mujeres, “Quienes comparten tiene más”, con Miqueas 6:8. 

    Este lema nos desafía, no solo por lo que afirma, sino porque es contradictorio: ¡una parte es menos de algo, no más! Menos es menos, no más. 

    Cuando algo es paradójico y aparentemente sin sentido, puede estar apuntando a un significado superior. 

    ¿Cuál podría ser dicho significado? 

    Cuando comparto o regalo algunas de las fresas que he recogido con el sudor de mi frente en el soleado Moron, tengo menos fresas, no más. Así que el “más” no puede referirse a las fresas, sino a qué, entonces. ¿Cuál es el valor añadido? 

    Cambio de escena 

    Este es el mapa del mundo como lo conocemos. Los colores representan los diferentes continentes: 

    Este es un mapa mundial en el que los contornos naturales están distorsionados. Europa, América del Norte y partes de Asia están infladas porque consumen más recursos naturales en términos relativos. 

    Pero los recursos del mundo son finitos. 

    Lo que algunos consumen para la producción de alimentos, el espacio habitable per cápita, la extracción de minerales, etc., otros no lo tienen. Por eso se han encogido. 

    En este mapa, África, India y Pakistán aparecen ampliados. Este es el mapa de la desnutrición infantil. Hay muchos más niños desnutridos en los continentes ampliados, mientras que en Europa y América casi no hay ninguno. La distribución desigual de los recursos es un hecho. 

    El compositor suizo Mani Matter resumió este conocimiento de una manera ingeniosa y acertada en un breve poema o canción. 

    “Quienes están en buena situación 
    estarían mejor 
    si estuvieran mejor aquellos 
    que están en peor situación 
    Pero eso no es posible 
    Sin que aquellos 
    que están en peor situación 
    estén en mejor situación…” 

    En Suiza, la situación es realmente muy buena. Suiza es uno de los países más ricos del mundo. La mayoría de nosotros padecemos muy pocas privaciones. Al otro lado del planeta, la gente trabaja duro y en condiciones precarias para garantizar nuestra prosperidad material. Nuestra prosperidad tiene un precio, pero no somos necesariamente nosotros quienes lo pagamos. 

    Si los bienes se distribuyeran de forma más equitativa alrededor del mundo, todo el mundo estaría mejor. Pero ¿cómo podemos llegar a compartir lo que tenemos? 

    Según las investigaciones sobre la felicidad y el Informe Mundial sobre la Felicidad de las Naciones Unidas, debería ser bastante sencillo: compartir nos hace felices. 

    Uno aumenta su propia felicidad al aumentar la felicidad de los demás. Así que, si aseguráramos que la desnutrición en el Sur Global disminuyera y que la gente tuviera acceso a más recursos, más alimentos, más oportunidades educativas, etc., seríamos más felices. 

    En este sentido, uno tiene más cuando comparte. 

    De vuelta al campo de fresas 

    Cuando comparto las fresas que he recogido y se las llevo a alguien, hago feliz a esa persona. Hay un momento de disfrute para quien las recibe y la alegría de recibir un regalo. Y al poder presenciarlo, yo también soy más feliz. Por lo tanto, hay más. 

    De alguna manera, todavía no me satisface del todo. 

    Ciertamente hay mucha verdad en ello, pero en realidad es una visión virtuosa en el sentido de los antiguos griegos. Pero estamos hablando de un fin de semana de mujeres menonitas. 

    Aquí está Miqueas 6:8 una vez más: 

    “Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios”.  

    Según Miqueas, lo siguiente es importante: 

    • cumplir la ley (algunas traducciones hablan de practicar la justicia, hacer lo correcto, no permitir la injusticia); 
    • ser compasivos con nuestros semejantes (algunas traducciones hablan de solidaridad, de dar cuidado); 
    • vivir en constante comunión con Dios (algunas traducciones dicen “caminar atentamente con Dios, ser comprensivo y atento, vivir en reverencia con Dios”). 

    Dios mostrará misericordia a quienes viven de esta manera. 

    Este es un texto que se centra en la fe práctica y vivida. Analicémoslo con más detalle: 

    Justicia y rectitud 

    El tema de la justicia es un hilo conductor en la Biblia. Al pensar en ella, al principio podríamos pensar que cada uno recibe lo que merece, que todos deben recibir el castigo justo por sus malas acciones. 

    Pero la justicia de Dios no se trata principalmente de juicio. La justicia de Dios es la creación de condiciones que afirmen la vida, de relaciones equilibradas entre las personas, entre Dios y los seres creados. Dado que somos falibles, la justicia de Dios tiene mucho que ver con la misericordia. 

    Y se trata de una justicia que no concierne sólo al individuo, sino que no pierde de vista la convivencia social: pensemos en el ejemplo del año del jubileo, cuando cada siete veces siete años se perdonan todas las deudas (Levítico 25). 

    Ser humano, mostrar solidaridad y dar cariño 

    Muchos sabemos lo que se siente recibir la hospitalidad de personas que, según nuestros estándares, no tienen nada, pero aun así quieren compartir lo poco que pueden reunir en ese momento con sus invitados. Esto es profundamente impresionante, a veces incluso vergonzoso, porque no se puede dar nada a cambio en ese momento. 

    Pero quizás decidas emular este ejemplo. A través del ejemplo de los más pobres, aprendemos a compartir y se crea un efecto dominó. 

    Vivir en constante conexión con Dios, caminar atentamente con Dios

    Esto significa que Dios nos guía y nosotros le seguimos. 

    No somos nosotros los que decidimos dónde ir y luego Dios nos sigue, sino que es Dios quien nos va indicando el camino que debemos recorrer atentos a Él. 

    Si no tenemos cuidado y nos dejamos distraer, podemos perdernos en un giro del camino y de repente encontrarnos entre la maleza. “Vivir en constante comunión con Dios” significa, idealmente, tomar la mano de Dios como un niño pequeño y aferrarse a ella con la mayor fuerza posible. 

    Así que eso era lo que le preocupaba a Miqueas en el año 700 a. C. ¿Sigue tratándose de eso hoy en día, incluso en la vida con Jesús? 

    En mi búsqueda de un versículo que resuma lo que importa en la vida con Dios de manera tan sucinta como Miqueas 6:8, y que también aborde la cuestión del sacrificio y el compartir, encontré un versículo en hebreos. La Carta a los hebreos se dirige a una congregación cuyo entusiasmo inicial parece estar decayendo. Por lo tanto, es necesario que se les recuerde lo importante. En las exhortaciones finales del capítulo 13, leemos (13:15): 

    “Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre”. 

    Y luego viene el versículo que lo resume tan bellamente (13:16): 

     “Y no se olviden de hacer el bien ni de compartir lo que tienen con quienes pasan necesidad. Estos son los sacrificios que le agradan a Dios”. 

    Dios se complace cuando hacemos el bien y compartimos. Así es como queremos entender el lema: “Quienes comparten, tienen más”. 

    El “más” es la conexión estrecha con nuestro Señor Jesús, la completa atención, el cuestionamiento agradecido, la escucha de qué y cómo debemos y podemos compartir. 

    Y cuando oramos, cantamos y escuchamos, sentimos que compartir es una necesidad que nace de lo más profundo de nosotros. Es la necesidad de caminar con atención a Dios y compartir nuestras fortalezas, nuestros recursos, nuestras experiencias de fe, todo lo que nos define, con otras personas. 

    —Mathild Gyger es miembro de la Congregación Evangélica Menonita de Schanzli, Suiza. Adaptación de un sermón que pronunció el 1 de octubre del 2023. 

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    Compartir un almuerzo después del servicio en la iglesia menonita de Ratisbona, Alemania.
    Foto proporcionada

    La persona samaritana que hay en mí 

    Lucas 10:25-37 

    Todos conocemos la historia del buen samaritano. La moraleja de todo ello es muy sencilla. Jesús la resume acertadamente tras la parábola: “Ve, y haz tú lo mismo” (10:37). 

    Sin embargo, se me ocurre una historia que podría encajar de alguna manera con la parábola del buen samaritano. 

    El otoño pasado, Alfred, de Ghana, vivió con mi madre y padre durante cinco meses mientras cursaba un semestre en el extranjero en la Universidad de Basilea como parte de sus estudios de teología. Durante su estancia en Suiza, él volvió a casa dos veces muy alterado porque había visto a gente caerse en las escaleras mecánicas de la estación de Basilea. Lo que más le molestaba no eran las lesiones sufridas por las personas que habían caído, sino el hecho de que apenas hubiera nadie a su lado para ayudar a las víctimas. 

    Esto demuestra que, después de todo, la valentía civil no es tan sencilla. Incluso si la situación, como en este caso, no supone ningún peligro real, cuesta mucho esfuerzo decidir amar. Al parecer, muchas personas no logran el “Ve, y haz tú lo mismo”. 

    Por lo tanto, tal vez valga la pena examinar más detenidamente este texto bíblico. 

    En esta parábola, casi todo se invierte. El héroe de la historia no es el sacerdote, ni el levita, ni el judío común. 

    No, el héroe es el samaritano, alguien que, desde la perspectiva judía de la época, perdió el rumbo y siguió una creencia errónea. 

    Casi se puede oír el crujir de dientes del erudito cuando responde a la pregunta de Jesús tras la historia: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (10:36). No se atreve a decir: “¡El samaritano!”. En cambio, dice: el que usó de misericordia con él (10:37). 

    ¿A quién consideraríamos hoy un héroe si Jesús nos contara personalmente la historia? También hay grupos de personas que son más o menos rechazadas en nuestra sociedad. Aunque no queramos, también nosotros tenemos nuestras reservas y prejuicios, que a menudo no son fáciles de superar. 

    Jesús cuenta deliberadamente la historia de tal manera que incomoda a sus oyentes. Por lo tanto, les invito a ustedes a que se tomen un momento y reinterpreten el papel del samaritano con alguien que les incomode. 

    Intente tener en la mente a esta persona o grupo de personas durante el resto del sermón. 

    Cuando se cuenta la historia del Buen Samaritano, normalmente se destaca la compasión por la humanidad. 

    Sin embargo, Kenneth E. Bailey, experto en cultura de Oriente Medio, me mostró durante mi preparación cómo la falta de valentía para amar juega un papel importante en esta historia. 

    Empezando por el sacerdote, que probablemente regresaba a Jericó después de dos semanas de ministerio en Jerusalén. Si él se hubiera acercado al hombre herido, del que no sabía si estaba muerto o aún vivo, él habría corrido el riesgo de contaminarse ritualmente, lo que habría supuesto un largo proceso de purificación durante el cual él, sus sirvientes y su familia habrían tenido que vivir con consecuencias desagradables.  

    Si él se hubiera contaminado y luego hubiera evadido el proceso de purificación, esto habría significado que estaba sirviendo en el altar como impuro, lo que podría haber dado lugar a una acusación con consecuencias aún peores. 

    Por lo tanto, para el sacerdote, ciertos peligros o inconvenientes acechaban en esta situación. Obviamente, él carecía de la valentía necesaria y le resultaba más fácil pasar por alto la situación. 

    En la historia de Alfred en la estación de tren de Basilea, muchas de las personas que no ayudaron probablemente también tenían sus razones. “Si me detengo ahora, llegaré tarde a mi reunión y el jefe ya está enfadado conmigo de todos modos”. “¿Y si no puedo ayudar en absoluto? Sé muy poco sobre primeros auxilios. Todo el mundo lo vería, ¡qué vergüenza!”. 

    Después del sacerdote viene el levita, asistente del sacerdote en el templo. Kenneth Bailey cree que el levita debía saber que un sacerdote había recorrido ese camino poco antes que él. El levita estaba subordinado al sacerdote. ¿Debería haber denunciado al sacerdote por no haber actuado como debía? Eso también habría requerido mucha valentía. 

    Además, dado que el sacerdote que ya había pasado por allí sabía perfectamente lo que estaba bien y lo que estaba mal, el levita pudo seguir adelante casi sin remordimientos. 

    En el caso de Alfred, algunas personas también se habrán preguntado: “¿Por qué debería yo ayudar? Hay muchas otras personas. Probablemente lo harían incluso mejor que yo”. 

    Y ahora llega el samaritano. 

    Lo que él hace es inimaginable: él tiene la valentía de actuar con amor. 

    Como enemigo de los judíos de la época, él cuida al hombre herido y lo lleva a una posada cercana, presumiblemente en una ciudad judía. 

    Las personas que escuchaban esta historia en aquel momento probablemente habrían esperado que el samaritano dejara al hombre herido a las afueras de la ciudad y huyera. Incluso como salvador de este judío, un samaritano no habría estado a salvo de una posible venganza. 

    Además, al llevar al hombre herido a la posada y proporcionar dinero para su cuidado, el samaritano no solo salvó la vida del judío, sino probablemente también su libertad. Teniendo en cuenta que el hombre no tenía nada después del robo, él podría haber sido vendido como esclavo para pagar sus deudas. 

    La valentía del samaritano para actuar muestra cómo el amor puede cambiar la vida de los demás. 

    Volvamos a la pregunta de Jesús: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?”. 

    Jesús formula la pregunta de otra manera. Al parecer, la pregunta no debería ser “¿Quién es mi prójimo?”, sino “¿A quién debo ser yo prójimo?”. 

    No: “¿A quién debo amar para ganar la vida eterna?”. Más bien: “¿A quién puedo tenderle la mano? ¿A quién puedo apoyar? ¿Quién debería poder contar conmigo?”. 

    El enfoque se centra más en la “unidad” en vez del “tengo que proveer para mi vida eterna”. Y la respuesta a la pregunta de el prójimo en la parábola es casi revolucionaria. Rompe las barreras religiosas, lingüísticas y étnicas y saca al erudito de su zona de confort. Muestra la visión de Dios de un mundo nuevo. 

    Jesús le dice al erudito: “Ve, y haz tú lo mismo” (10:37). 

    Por nuestra propia naturaleza, no estamos en condiciones de amar tanto a Dios como a nuestros semejantes de la manera que Dios requiere.  

    Y, sin embargo, quiero orientarme hacia esta visión divina de un mundo nuevo en el cual ayudamos desinteresadamente a las personas necesitadas: prestamos primeros auxilios cuando alguien resulta herido; compartimos con las personas pobres parte de lo que nos abunda; nos oponemos al racismo; tendemos la mano a las personas marginadas; nos ponemos del lado de los oprimidos. 

    Por desgracia, el mundo no es blanco o negro. 

    ¿Tengo toda la información necesaria para saber a quién debo defender? Las situaciones suelen tener matices y no se puede decir simplemente cuál es la decisión correcta. 

    Jesús no espera que siempre hagamos todo bien. Sin embargo, no quiero quedarme solo en la gracia. El samaritano de nuestra historia puede y debe ser un modelo a seguir para mí. Debe enseñarme humildad, bajarme de mi pedestal, ayudarme a ver más allá de las fronteras y animarme a encontrar la valentía para amar a todos mis semejantes, aunque a primera vista parezca imposible. 

    A veces es fácil amar. Y otras veces se necesita valentía. 

    Pero si conseguimos amar con sinceridad, entonces podemos cambiar la vida de nuestros prójimos y convertirnos en seres humanos para ellos.  

    Para resumirlo con las palabras de una canción de Unspoken: “Si vamos a ser conocidos por algo, que sea por el amor”. 

    Amén. 

    —Hanna Sagesser es miembro de la ‘Mennonitengemeinde Schänzli’ (Congregación Menonita de Schänzli), Muttenz, Suiza. Este sermón es una adaptación de lo que ella predicó a los invitados e invitadas internacionales junto con la congregación el 1 de junio del 2025. 

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    Los miembros del Consejo General se reúnen para orar por Roman Rakhuba, delegado del Consejo General de Ucrania, antes de su partida. Foto: Irma Sulistyorini