Qué obtuve al participar en el conjunto internacional
Doy gracias a Dios por el don de la música en nuestra vida. Considero una gracia divina que pudiera formar parte del conjunto internacional del Congreso Mundial Menonita en la Asamblea de 2022, en Indonesia. Era mi sueño desde que asistí a la Asamblea de 2003, en Zimbabue.
Al participar en la música en las Asambleas mundiales del CMM, aprendí canciones en diferentes idiomas. Mi primera impresión fue que me resultaba extraño pronunciar las palabras de las canciones. Las palabras en otros idiomas a veces tienen similitudes con mi idioma, pero tienen un significado muy gracioso.
A medida que me fui acostumbrando a cantar esas canciones en diferentes idiomas, empecé a disfrutarlo mucho. Aprender dichas canciones se convirtió en mi actividad preferida.
Una gran familia mundial
Al cantar canciones en diferentes idiomas, siento que formo parte de los hermanos y hermanas en cuyo idioma estoy cantando. Me siento unido a ellos, a su estilo musical y a su cultura.
Cantar canciones en diferentes idiomas con el coro de la Asamblea junto a hermanos y a hermanas de diferentes continentes, es también como un anticipo del cielo.
Canciones como Dalam Yesu/En Jesús somos una familia o No estás solo me ayudan a considerar el hecho de que formo parte de una gran familia mundial. Tengo muchos hermanos y hermanas que me acompañan en todas las situaciones por las que atravieso.
La canción La verdadera fe evangélica es la más memorable para mí porque siempre me recuerda que debo examinar mi fe y me anima a vivir una vida como verdadero seguidor de Cristo.
Cantar esas canciones también ha unido a mi familia. Cuando solía ensayar para la Asamblea, especialmente canciones en otros idiomas, mis hijas pequeñas se apresuraban a cantarlas conmigo. En comparación con ellas, yo era lento para aprender la pronunciación. Como familia, pasamos muchas horas unidos aprendiendo juntos esas canciones.
Fomentar el respeto y la curiosidad
Lo que aprendí en la Asamblea lo llevé a la iglesia en la que serví. Enseñé canciones en muchos idiomas diferentes, como Som’Landela, We want peace, Hakuna akaita sa Jesu, Siyahamba, Alabaré, Tapaiko cheuma (Soy tu hijo), Segala puji syukur (Aclamad con júbilo), Kirisuto no heiwa (Que la paz de Cristo), etc.
Traduje algunas de estas canciones al hindi para que los miembros de la iglesia pudieran disfrutar de aprenderlas y cantarlas fácilmente. Cantar en inglés y en hindi nos permite comprender con claridad el mensaje de la canción, ya es importante la convicción y participación. Por lo general, la gente se siente más convencida al cantar en un idioma que entiende.
Pero, normalmente animo a la gente a cantar al menos una estrofa o el estribillo en el idioma original.
Cuando los miembros de nuestra iglesia aprenden diferentes palabras en un idioma extranjero, esto les ayuda a experimentar el carácter mundial de la canción; fomenta el respeto y la curiosidad por otras culturas y hace que el momento se sienta más unido y significativo. En definitiva, ayuda a la congregación a sentirse unida a la familia mundial.
Comprender el Espíritu de Dios
Una persona de mi congregación contó que cantar canciones en diferentes idiomas le ayudó a comprender la gratitud de Dios. Esto se puede ver en el lenguaje, el patrón musical y la cultura. Aunque tal vez no comprendamos plenamente el significado al cantar canciones en diferentes idiomas, sentimos que Dios nos ha concedido su alegría y su espíritu por medio del lenguaje y la música.
Cantar canciones como No estás solo, le ayudó a comprender que estamos unidos. Compartimos nuestro dolor y nuestra alegría, y también nos apoyamos mutuamente en las situaciones difíciles.
Cantar los himnos de la Asamblea le ayudó a comprender que tiene un lugar en la congregación como parte de la familia, para cuidar a los demás miembros de la familia que lo necesitan.
En conclusión, me gustaría decir que las canciones de la Asamblea han sido una fuerza muy eficaz para unir a la iglesia en su entendimiento de Dios, su lugar y su papel en la familia mundial.
Ashish Kumar Milap, pastor de la Iglesia Menonita Sunderganj, de Dhamtari, India, donde sirve a una congregación de 1.040 miembros bautizados. En 2022, participó en la Asamblea en Indonesia como integrante del coro internacional.
Los efectos duraderos de la Asamblea del CMM de 2003 en la música de las congregaciones de Zimbabue
Mi primer encuentro verdadero con el CMM fue en la Asamblea de 2003, realizada en Bulawayo, Zimbabue, aquí en África. Efectivamente, fue una experiencia asombrosa de adoración internacional y multicultural. Los sonidos musicales de diversas culturas y tradiciones se fundieron en armonía, dejando una huella imborrable en mi alma.
Dicha experiencia despertó una pasión por la música de adoración del mundo que sigue inspirándome a mí y a la mayoría de los miembros de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, ¡incluso hasta el día de hoy!
La Asamblea del CMM de 2003 en Zimbabue marcó un acontecimiento significativo para la comunidad anabautista mundial. Esta reunión ha tenido efectos duraderos en los estilos musicales de las congregaciones locales de Zimbabue. Dicha influencia se puede apreciar en la fusión de ritmos tradicionales zimbabuenses con himnos occidentales y música cristiana contemporánea.
Música tradicional de Zimbabue y adoración anabautista
En Zimbabue, la música tradicional es parte integral de la identidad cultural. Instrumentos de percusión como tambores, sonajeros y maracas se utilizan comúnmente en el culto.
Después de 2003, algunas congregaciones de los Hermanos en Cristo comenzaron a incorporar estos elementos en sus cultos, fusionándolos con instrumentos occidentales como guitarras y teclados, creando un sonido único con el que se identifican los fieles locales.
De hecho, la mayoría de las congregaciones de Zimbabue acompañan la música de adoración con instrumentos musicales. Esto se ha extendido incluso a las congregaciones rurales, donde los fieles solían limitar su canto a los coros.
Influencia de la música anabautista
La Asamblea del CMM reunió a músicos de diversas tradiciones anabautistas. Esta experiencia propició la adopción de canciones tales como, “¡Sobre mi cabeza, oigo música en el aire!” (canción folclórica afroamericana con ritmo zimbabuense en las congregaciones locales).
Muchas iglesias comenzaron a utilizar canciones con una mezcla de himnos tradicionales y canciones de adoración contemporáneas de África y América Latina.
El cambio a favor de elementos tradicionales fue bastante evidente al fomentar la realización personal y la adoración en el contexto africano. Esto impulsó el movimiento en el canto, algo que se da de manera natural en los habitantes autóctonos de África. Interpretaciones tales como “Hakuna akaita” (No hay nadie como Jesús) y “Jes’ uya khazimula” (Jesús siempre brilla), adquirieron un nuevo significado y popularidad como influencia directa de la música anabautista.
Varios otros coros en idiomas “extranjeros”, como “Obrigado Senhor” (Gracias, Jesús), y canciones de la Asamblea de 2003, de Zimbabue, también integran parte de la música de adoración local.
Impacto en la adoración
La fusión de estilos musicales ha influido en las prácticas de adoración. Los cultos son más participativos, con los miembros cantando en ndebele, shona e inglés. Algunas iglesias han introducido la danza, incorporando movimientos tradicionales zimbabuenses.
Este cambio ha hecho que el culto sea más expresivo y relevante para la cultura local.
La Asamblea del CMM en Zimbabue contribuyó en gran medida a estimular indirectamente que las congregaciones locales valoraran la diversidad cultural en la música de adoración.
Cantar canciones de un himnario compartido como el cancionero del CMM, ha repercutido en las congregaciones. Las canciones en común fomentan un sentido de unidad y una experiencia de fe compartida entre los miembros de la congregación. Los vincula con una comunidad más amplia de creyentes de diferentes culturas y lugares.
Desafíos y oportunidades
Si bien esta fusión musical ha enriquecido el culto, también ha presentado desafíos. Algunas congregaciones se esfuerzan por encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación. Los miembros mayores preferirían himnos tradicionales, mientras que los más jóvenes suelen preferir estilos contemporáneos. Esta brecha generacional requiere una gestión cuidadosa de parte de los miembros jóvenes y de los líderes de la iglesia.
Los jóvenes del distrito de Bulawayo de la Iglesia de los Hermanos en Cristo, han tomado la iniciativa de integrar a todos mediante la creación del Coro Juvenil del Distrito de Bulawayo. El grupo ha transformado los himnos tradicionales para que sean más accesibles a todas las edades, utilizando instrumentos locales y occidentales en sus grupos de alabanza dirigidos por jóvenes.
La Asamblea del CMM de 2003 impulsó un movimiento en torno a la adoración contextualizada en las congregaciones de la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue. Al adoptar las tradiciones musicales locales, las iglesias han creado experiencias de adoración que son auténticamente zimbabuenses y, a la vez, están vinculadas mundialmente.
Esta mezcla de estilos refleja el énfasis anabautista en la comunidad y la pertinencia cultural.
A medida que las congregaciones de Zimbabue continúan evolucionando, su música sigue siendo un testimonio del poder de la fe expresada a través de la cultura local.
Los efectos más duraderos que ha dejado el CMM son la participación emocional y espiritual, la vinculación y el intercambio cultural y, sobre todo, lo que se ha despertado en cuanto a sentimientos de gozo, reverencia y contemplación, que realzan realmente las experiencias de adoración.
Nelson G Muzarabani, miembro de la Iglesia de los Hermanos en Cristo Entumbane, de Bulawayo, Zimbabue, y anciano de la misma, se desempeñó como secretario de la Convención durante casi diez años.Como músico de formación, participa activamente en el ministerio musical de la iglesia, y también en otros proyectos. Está jubilado del sector público y privado, donde trabajó durante poco más de 35 años como educador, investigador, historiador, archivista, administrador y gerente.
“Oh Señor, tú has formado a todas las naciones, y ellas vendrán a ti para adorarte y para glorificar tu nombre.”
Salmo 86:9
Cuando cantamos canciones del cancionero internacional del Congreso Mundial Menonita, estamos practicando la hospitalidad y el sentido de pertenencia. Cantar canciones de otras culturas también nos vincula con la iglesia mundial.
Canciones tales como “Here I Am to Worship”, “Way Maker” y “How Great Thou Art” se encuadran perfectamente en el canon musical de la Iglesia Menonita Neffsville. Otras no tanto, tales como “Cantai aoSenhor”, “Kwake Yesu Nasimama” y “Tú Eres Todopoderso.”
Nuestra congregación es mayoritariamente blanca, y muchos miembros tienen ascendencia menonita suiza o alemana. Sin embargo, también contamos con miembros de Puerto Rico, Haití, Kenia y Uganda. Cantar canciones en sus lenguas maternas es una manera de expresarles que realmente pertenecen a este lugar.
Además, muchos de nuestros miembros han servido como misioneros en el extranjero, en África, Asia y América del Sur. Cantar canciones del cancionero del CMM también los alienta.
Permítanme darles dos ejemplos de cómo nuestro canto es una manera de expresar una cálida bienvenida y solidaridad de manera concreta.
Canción favorita en el idioma del corazón
Hace unos tres años, un misionero de Perú al que apoyamos visitó Neffsville y predicó el domingo. Esa mañana, cantamos “Tú estás aquí”. Mientras cantábamos, las lágrimas rodaban por sus mejillas. Nunca pensó que escucharía una canción en su lengua materna en una iglesia menonita de Lancaster, Pensilvania.
Más tarde supe que “Tú estás aquí” era una de sus canciones favoritas. Él y su familia se sintieron acogidos de una manera más profunda, simplemente porque cantamos una canción en el culto en su lengua materna.
Los caminos de Dios dan la bienvenida a un invitado
El segundo ejemplo es reciente. Cantamos “Cantai ao Senhor” en nuestro culto, tanto en portugués como en inglés.
El domingo, por casualidad, una familia visitó nuestra iglesia por primera vez; eran oriundos de Brasil y hablaban portugués en su casa.
Algunos miembros de nuestra congregación se preguntaban por qué cantamos en portugués. No conocían a nadie de nuestra congregación que fuera oriundo de un país donde se hablara ese idioma.
¡Pero así es como obra Dios! Esta familia quedó fascinada al ver que una congregación de Lancaster, Pensilvania, cantara en su lengua materna.
Se sintieron bienvenidos de una manera que iba más allá de lo que cualquier apretón de manos habría logrado. Se sintieron visibilizados.
La música nos vincula a todo el mundo
Uno de mis objetivos para este año es que mi congregación cante al menos una canción de una cultura no mayoritaria en la mayoría de nuestros cultos. Las canciones del cancionero del CMM nos ayudan a hacerlo de una manera que nos vincula poderosamente con nuestros hermanos y hermanas anabautistas de todo el mundo. Como dice el Salmo 86:9, “glorificamos el nombre de Dios”, lo hacemos con las canciones de “todas las naciones”.
Después de todo, cuando lleguemos al cielo habrá personas de todas las naciones; todos aquellos que hayan vivido en Cristo alguna vez. Todos, con nuestras diversas culturas, idiomas y razas, cantaremos: “La salvación se debe a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:10b).
Cantar canciones de otras culturas e idiomas nos sirve de práctica, especialmente las del cancionero del CMM (muchas de las cuales también se encuentran en nuestro himnario, Voices Together).
Rashard Allen, director de música y adoración de la Iglesia Menonita Neffsville de Lancaster, Pensilvania, EE. UU. Se familiarizó con el Cancionero del CMM al formar parte del Conjunto Internacional para la Asamblea del CMM en Indonesia, en 2022. Desde entonces, ha impartido talleres sobre música litúrgica en congregaciones menonitas de Uganda, y ha organizado los cinco coros internacionales que participaron en la conmemoración de Anabautismo@500 celebrada en Zúrich, en 2025.
Adorar juntos, sobre todo cantar juntos, se suele mencionar como lo más destacado de las Asambleas del Congreso Mundial Menonita. Después de todo, no hay nada como cantar en una reunión de miles de personas como hermanos y hermanas en Cristo. Incluso cuando no todos hablan el mismo idioma, la música tiende a unirlos de una manera que no lo hacen otras experiencias.
Se anuncia la canción y la pantalla se llena de palabras que muchos en la sala no pronuncian con fluidez, o que no pueden pronunciar en absoluto.
La melodía puede resultar desconocida, el ritmo ligeramente diferente de lo que el cuerpo espera.
Un coro de todo el mundo ayuda a iniciar el sonido. Luego, gradualmente, el sonido colectivo va cobrando forma.
Miles de voces con diferentes acentos, formas vocálicas e instintos musicales comienzan a sonar juntas.
El sonido nunca es completamente perfecto. Algunas palabras se pronuncian mal. Algunas armonías pierden precisión. Sin embargo, algo inconfundible sucede en estos momentos. Personas que adoran de forma diferente, tienen perspectivas diferentes y provienen de contextos bastante distintos, se comprometen a cantar la misma canción al mismo tiempo.
Nadie canta solo. Nadie canta exactamente de la misma manera. Se revela una verdad más profunda: la unidad en una iglesia mundial no se descubre borrando las diferencias, sino aprendiendo a mantenerlas unidas mediante el sonido.
El propósito de este artículo es reflexionar sobre cómo ha funcionado la música a lo largo de un siglo de Asambleas del CMM, cómo ha cambiado a medida que la comunión menonita se ha vuelto cada vez más mundial, y cómo cantar juntos sigue creando un sentido vivencial de unidad.
La primera reunión del Congreso Mundial Menonita tuvo lugar en 1925 en Basilea, Suiza, para conmemorar el cuatricentenario de la Reforma anabautista. Ya que la iglesia mundial ha conmemorado el quincentenario, este parece un momento oportuno para reflexionar sobre las Asambleas del siglo pasado, desde la perspectiva particular de la música.
Una manera de hacer el seguimiento de lo que se ha cantado en las Asambleas del CMM es a través de los cancioneros elaborados para cada reunión. Si bien ningún cancionero capta todo lo que se canta o escucha (y algunas de las canciones impresas nunca se usan), brindan una perspectiva concreta de cómo la iglesia mundial se ha percibido a sí misma, su unidad y cuáles son las voces convocadas a la adoración comunitaria.
Asamblea No. 7, 1962, Kitchener (Canadá)
Cantar juntos nuestra fe: por qué la música importa
Cantar juntos nos exige algo que pocas otras prácticas colectivas nos exigen. Requiere vulnerabilidad y confianza, y no puede hacerse en privado en medio de una multitud.
Se exponen las voces, se comparte la respiración, y el ritmo se negocia en tiempo real. Cantar juntos implica tanto escuchar como producir sonido.
Para una comunión mundial como el Congreso Mundial Menonita, esto importa muchísimo. La unidad en el CMM no ha significado una uniformidad total de creencias, prácticas o perspectivas. La fraternidad abarca continentes, culturas e historias determinadas por realidades sociales y políticas muy diferentes.
Sin embargo, una y otra vez, la iglesia se reúne y elige adorar. Al hacerlo, practica una forma de unidad que no depende de la resolución de todas las diferencias, sino del compromiso con convicciones compartidas, aun cuando estas convicciones se expresan de diversas maneras.
En las Asambleas del CMM, muchas veces dicha unidad se transmite a través de lo que podríamos llamar canciones del corazón: canciones que ciertas comunidades atesoran y que expresan sus historias de fe, sufrimiento, esperanza y gozo.
Estas canciones no significan necesariamente lo mismo para todos los que las cantan. Más bien, animan a tomar conciencia de los diferentes estilos musicales, énfasis teológico, lenguajes textuales y prácticas de adoración. Cantar las canciones del corazón de unos y otros, es una manera de aprender juntos quiénes somos.
Esta práctica conlleva riesgos. Las palabras podrían ser mal pronunciadas o malinterpretadas. Las formas musicales podrían resultar desconocidas o inquietantes. Sin embargo, es precisamente en esta vulnerabilidad que la música cumple su función más importante.
La unidad que no cuesta nada, nos exige poco. Cantar cuando existen diferencias, en cambio, capacita a la iglesia a escuchar antes de guiar, a seguir antes de determinar y a permitir que se enriquezcan los supuestos profundamente arraigados sobre la adoración y la música.
Asamblea No. 10, 1962, Wichita (EE. UU.)
Cancioneros y un punto de inflexión: 1967-1972
Los cancioneros no son colecciones neutrales. Cada inclusión y omisión refleja un conjunto de valores: de quién es la teología que se nombra, de quién es el idioma que se escucha y de quién son las formas musicales que se consideran cantables por una comunidad mundial.
A medida que el Congreso Mundial Menonita se internacionaliza, sus cancioneros han adquirido una complejidad creciente.
Las actas de la primera Asamblea del CMM en 1925 mencionan coros y cantores, pero el primer cancionero impreso específicamente para una Asamblea data de 1936, durante la reunión en Ámsterdam y Elspeet, Países Bajos. Anteriormente, las congregaciones probablemente cantaban de los himnarios disponibles en los lugares de culto.
Estos primeros cancioneros de las Asambleas contenían exclusivamente himnos europeos y norteamericanos, generalmente en inglés, alemán, francés y/o neerlandés.
A medida que la representación en el CMM se volvió más diversa, especialmente con la considerable expansión en el Sur global, este panorama musical comenzó a sentirse cada vez más incongruente. Para la Asamblea de 1967 en Ámsterdam, con delegados de más de treinta países, los participantes se dieron cuenta con mayor claridad de que la comunión menonita estaba cambiando.
La diversidad cultural, lingüística y de color de piel ya no era algo secundario: estaba muy presente en la en la reunión.
Este momento marcó un punto de inflexión.
La siguiente Asamblea, realizada en 1972, en Curitiba, Brasil, fue la primera Asamblea del CMM en el hemisferio sur. El historiador Cornelius Dyck expresó el desafío que enfrentaba la iglesia a través de una pregunta profunda: “¿Qué clase de unidad es posible y deseable en una hermandad mundial en que cada congregación es responsable, en última instancia, solo ante sí misma?”
La Asamblea en Brasil se llevó a cabo en medio de grandes desafíos, tales como la represión política bajo el régimen militar, dificultades con la traducción y barreras lingüísticas.
No obstante, las actas hablan positivamente en especial de la música. El canto comunitario fue recibido con un aplauso entusiasta y, por primera vez, se presentaron grupos de América del Sur. Solo un tercio de los participantes provenía de Europa y América del Norte. Un grupo de trabajo sobre la música reconoció la necesidad de contar con canciones de diversos períodos, géneros y culturas a fin de reflejar mejor la iglesia mundial.
También se produjeron cambios organizativos. Las reuniones del Concilio General comenzaron a realizarse en el Sur global, los congresos regionales empezaron a reunirse y las redes de misiones se extendieron a más de cincuenta países, donde las iglesias a menudo crecían más rápidamente que las del Norte.
El Congreso Mundial Menonita puntualizó que su propósito era servir de medio para fraternizar y testificar”, enfatizando la comunicación, el aliento mutuo y la responsabilidad compartida. Posteriormente, también estableció la función remunerada del secretario general, y el CMM pasó de ser dirigido por historiadores a personas con experiencia en el liderazgo de la misión.
Asamblea No. 14, 2003, Bulawayo (Zimbabue)
Lo que aprendemos cuando cantamos juntos
A partir de la década de 1970, las Asambleas del CMM siguieron creciendo en número de asistentes y en diversidad. Se desarrollaron cancioneros internacionales con una representación mundial intencionada, comenzando con la Asamblea de 1978, en Wichita, Kansas (EE. UU.).
Figuraban más idiomas en las páginas y en los cultos, a veces con el apoyo de la traducción simultánea. A partir de esta colección, se priorizaron las canciones del corazón de cada continente. Las mujeres desempeñaron roles de liderazgo cada vez más visibles en la música, incluyendo figuras como Mary Oyer como directora de canto. El presidente también fue, por primera vez, una persona proveniente de fuera de EE. UU. y Alemania (Etiopía).
Para la Asamblea de 1984 en Estrasburgo, la Asamblea moderna del CMM ya había comenzado a cobrar forma: un comité programático; un subcomité de música y culto; una estructura temática con ritmos diarios; y la presencia de la música durante toda la reunión. Se presentaron músicos de todo el mundo, demostrando que la unidad requiere intención y práctica.
La unidad que se forja a través del canto en las Asambleas del CMM no es permanente. Cuando desaparece el canto final, los participantes regresan a sus contextos de origen, llevándose diferentes preguntas, convicciones y desafíos. Sin embargo, algo perdura: el recuerdo de haber cantado juntos redefine cómo se abordan las diferencias después.
Asamblea No. 17, 2022, Indonesia
La música enseña a la iglesia mundial que la unidad no requiere la resolución de todos y cada uno de los desacuerdos. Requiere presencia.
Al cantar, la iglesia practica la convivencia en tiempo real, la escucha atenta, la adaptación según sea necesario y el compromiso con una acción compartida incluso cuando sea exigente. La unidad, en este sentido, no es un ideal abstracto, sino una disciplina practicada.
Las Asambleas del CMM funcionan como espacios de ensayo para este tipo de pertenencia. Ofrecen un vistazo de lo que es posible cuando la diversidad no se gestiona ni se minimiza, sino que se integra en un ritmo compartido.
Cada voz importa precisamente porque es distinta. Y en el acto compartido de cantar, la iglesia mundial aprende de nuevo lo que significa pertenecer juntos.
Benjamin Bergey, profesor asociado de música en la Universidad Menonita del Este, Harrisonburg, Virginia, EE. UU., donde dirige los coros y la orquesta, e imparte cursos de teoría y dirección musical. Fue coordinador musical de la Asamblea de 2022, en Indonesia y dirige a los Cantantes de Cámara de EMU, que se presentaron en la conmemoración del quincentenario en Zúrich. También fue editor musical de Voices Together, un himnario de la Iglesia Menonita de EE. UU. y Canadá. Es miembro de la Iglesia Harrisonburg Mennonite, Virginia, EE. UU.
La unidad en una iglesia mundial no se descubre borrando las diferencias, sino aprendiendo a mantenerlas unidas mediante el sonido.
Benjamin Bergey
Breve cronología histórica
N.°1 – 1925 Basilea y Zúrich
Propósito: reunirse para celebrar el cuatricentenario y publicar un libro conmemorativo.
Se presentan coros de la región de Basilea (Holee y Schänzli) y se mencionan muchos cantos, incluidos los himnos Gott grüße Dich, Große Gott, Die Sach ist Dein y Nun danket alle Gott.
N.°2 – 1930 Danzig
“Congreso Menonita de Ayuda Mundial”
Propósito: recibir informes de varias comunidades y organizaciones menonitas sobre la labor de ayuda humanitaria, orientación sobre la difícil situación de las comunidades menonitas en la Unión Soviética e intercambiar información sobre futuras medidas coordinadas de ayuda humanitaria.
Se hace referencia al canto y se mencionan himnos específicos (Wach auf, du Geist der ersten Zeugen, Kein schöner Land in dieser Zeit, Innsbruck, ich muß dich lassen.
N.°3 – 1936 Ámsterdam y Elspeet
Propósito: continuar este tipo de reuniones, fortalecer los lazos como un solo cuerpo, celebrar el cuatricentenario de la conversión de Menno Simons en los Países Bajos.
Se imprime primer cancionero, con los himnos en el orden en que se había previsto usarlos para cada culto (textos en alemán y holandés)
Se menciona un canto no oficial en el barco mientras cruzaban el Ijsselmeer para ir a Elspeet durante una fuerte lluvia.
N.°4 – 1948 Goshen y norte de Newton
Propósito: continuar los canales de fraternidad mundial, y de reconocimiento y aprendizaje mutuos.
Se menciona el excelente canto de los miembros del Congreso, coros y cuartetos (se mencionaron varios coros y conjuntos de las regiones anfitrionas).
Los archivos de MC USA contienen 43 carretes de cintas magnéticas con grabaciones de audio de esta Asamblea.
N.°5 – 1952 Basilea (St. Chrischona)
Propósito: seguir compartiendo y estar en comunión, y un “mayor conocimiento mutuo de las congregaciones menonitas ampliamente distribuidas sobre la faz de la tierra”. (JC Wenger)
Se mencionan grupos corales de Francia, Suiza, Alemania y Kansas, EE. UU.
Se imprime el segundo cancionero para esta Asamblea.
Se menciona el canto de La fe de nuestros padres a orillas del río Limmat, cerca de donde Félix Manz fue ejecutado por ahogamiento.
N.°6 – 1957 Karlsruhe
Un Congreso más de la gente, con mayor asistencia (unas 1.300 personas requirieron alojamiento) y menos de la mitad de los participantes eran de Estados Unidos y Canadá.
Se realizan encuestas para recabar opiniones y propuestas, se redactan y aprueban Estatutos por votación, y se crea un Comité Ejecutivo y un Concilio General (Presídium).
Se elabora tercer cancionero con treinta himnos en francés, alemán, inglés y holandés.
N.°7 – 1962 Kitchener
Se menciona por primera vez un comité de música.
Se mencionan muchos coros norteamericanos.
Se menciona una mayor variedad de directores de canto y organistas (a menudo solo uno o dos en Asambleas anteriores).
Cuarto cancionero con cuarenta himnos en alemán e inglés.
N.°8 – 1967 Ámsterdam
La iglesia crecía en el Sur global con más de treinta países representados (véase “punto de inflexión” en el artículo anterior).
Se mencionan varios grupos corales universitarios estadounidenses y europeos.
Quinto cancionero con 38 himnos en alemán, inglés, francés y holandés.
Primer cancionero que incluye notación musical occidental.
N.°9 – 1972 Curitiba
Primera Asamblea con más participantes del Sur que del Norte.
La música se destaca de manera positiva con cantos grupales y presentaciones de grupos menonitas de América del Norte y del Sur.
El sexto cancionero incluye por primera vez español y portugués, además de inglés y alemán.
N.°10 – 1978 Wichita: “El Reino de Dios en un mundo cambiante”
Por primera vez se presentan coros de todo del mundo (incluido Rusia, recibido con muchos aplausos).
Se publica el primer Cancionero Internacional, que marca el inicio en la práctica del nuevo modelo (incluye un Prefacio y una Introducción).
63 himnos con notación musical occidental, organizados en cinco capítulos por continente.
La Aldea de la Iglesia Mundial se presenta con un escenario que brinda la posibilidad de compartir música.
N.°14 – 2003 Bulawayo: “Compartiendo dones en el sufrimiento y la alegría”
Se publica el tercer Cancionero Internacional, que esta vez incluye representación de los cinco continentes en el comité, incluidas varias canciones con notación musical no occidental.
El primer coro internacional inicia el modelo de conjunto con dos cantantes de cada continente. Una grabación previa ayudó a los asistentes a aprender la música de la Asamblea.
Se presenta Hakuna akaita que se canta con frecuencia y sigue siendo una de las canciones favoritas.
N.°15 – 2009 Asunción: “Reunámonos en el camino de Jesucristo”
Se publica el cuarto Cancionero Internacional con un prefacio que reconoce que no todos leen notación musical y se emplean decenas de idiomas, aunque la música es una fuerza unificadora.
Tengan la Mente de Cristo (N.°9) se escribió para el versículo lema de esta Asamblea.
Surge el canto espontáneo al cortarse la luz: Siyahamba
Por primera vez, todas las sesiones plenarias se transmiten en vivo.
N.°16 – 2015 Harrisburg: “Caminemos con Dios”
Se publica el quinto Cancionero Internacional.
Tú eres todopoderoso se convierte en una canción del corazón.
Se canta en lenguaje de señas un verso de En el Señor estaré siempre agradecido para un grupo grande de asistentes sordos o con dificultades auditivas.
N.°17 – 2022 Salatiga: “Seguir a Jesús juntos superando barreras”
Se publica el Sexto Cancionero Internacional, el primero en incluir notación musical oriental.
La versión digital también es utilizada por muchos participantes virtuales debido a la pandemia mundial.
Dhuh pangeran (N.°2) escrito por el menonita indonesio Saptojoadi para la Asamblea de 1978, se convierte en una canción del corazón.
2025 Zúrich: La valentía de amar
Aunque no fue una Asamblea completa, se conmemoró el quincentenario del anabautismo.
Cinco grupos musicales de todo el mundo ofrecen conciertos y participan en el culto en la catedral Grossmünster.
Se utilizan canciones del Cancionero Internacional de 2022, además de Queremos paz, una canción trilingüe escrita por un menonita con un arreglo especial creado para el evento.
Las alabanzas internacionales invitan a los participantes a la adoración a pesar de no estar familiarizados con ellas
Por Laura Kraybill
Las alabanzas suben hasta las vigas del techo a medida que los menonitas, los hermanos menonitas y los hermanos en Cristo juntan sus voces para alabar con canciones de todo el mundo en Harrisburg, PA 2015. Las diferencias culturales y teológicas existen, pero la música es el unificador en el Congreso Mundial, inclusive cuando la zona cómoda de los participantes se estira.
Sea la alabanza familiar o no, la música es una parte importantísima para muchos en la Asamblea del Congreso. “Deseo que pudiésemos seguir cantando y cantando”, dijo uno de los participantes.
“Deseo que las personas lleguen a decir: guau, no sabía que pudiese alabar a Dios con música que viene del Asia”, dijo Marcy Hostetler, quien es lider del coro internacional en esta semana y directora del coro de la Escuela Secundaria Menonita de Lancaster.
A medida que los participantes aprenden las canciones y los movimientos de diferentes países, Hostetler desea una experiencia de adoración en comunidad. “Cuando te abres puedes experimentar cosas nuevas, puedes experimentar a Dios”.
EL grupo de alabanza misma está compuesto de una diversidad de músicos talentosos que provienen de todo el mundo. Con sólo tres días para practicar y con una variedad de puntos de vistas culturales acerca de tener a una mujer como líder, Hostetler se preocupó de cómo funcionaría el grupo.
Parte del regocijo proviene de conexiones inesperadas.
Cuando Hostetler grabó a un niño refugiado cantando en la República Democrática del Congo en 1993, nunca se imaginó que ese mismo niño formaría parte del equipo de alabanza del CMM 32 años después.
A pesar de que los casettes que ella grabó fueron robados, Hostetler encontró uno de ellos que contenía la vos de Dodo Miranda. Cuando Miranda pidió ser parte del grupo en la Asamblea del CMM, Hostetler tuvo la alegría de compartir la grabación con él.
Cada día se tiene una selección de música de un continente diferente. Estos incluyen Asia, Africa, Europa y América del Norte. Después de adorar en diferentes estilos, Hostetler tiene una visión de que la música será un poderoso medio de conexión. No hay nada como cantar todos juntos para superar barreras culturales.
Laura Kraybill es de Elkhart, Indiana, comenzará sus estudios teológicos en Garrett Evangelical Theological Seminary este otoño en el programa de Maestría en Divinidades. Los últimos cinco años ella estuvo dirigiendo el programa de teatro en Hesston College en Kansas.