• Perspectivas — Canadá

    Me llamo Doug Klassen. Soy el ministro ejecutivo de la Iglesia Menonita de Canadá. Nuestra convención cuenta con 205 congregaciones repartidas por el vasto territorio de Canadá. Nuestra congregación más oriental y nuestra congregación más occidental distan 5.300 km.

    Empecé en el ministerio pastoral en 1992 como pastor de jóvenes. Me encantaban las personas jóvenes de mi congregación. Me encantaba su energía. Me encantaba la sinceridad con la que practicaban su fe. Me encantaba la esperanza sincera que tenían en el futuro.

    Llevo ya casi 34 años en el ministerio. Durante los últimos siete años he estado colaborando en el liderazgo de nuestra denominación.

    Lo que va bien: la juventud

    Fueron precisamente esos años dedicados a la pastoral juvenil los que me han ayudado a comprender la necesidad de que la Iglesia Menonita de Canadá le dé prioridad a la pastoral juvenil. Estoy firmemente convencido de que el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestra juventud es una fe arraigada en una congregación local y moldeada por la iglesia mundial.

    Muchos jóvenes de Canadá consideran a la iglesia como una institución anticuada. Muchos piensan que ir a la iglesia es algo que les gusta hacer a las personas mayores. No ven su relevancia. Sin embargo, hemos descubierto que cuando le damos a la juventud una muestra de lo que está ocurriendo en la iglesia mundial, su perspectiva cambia.

    Así pues, para la Asamblea del CMM realizada en Indonesia hace tres años, designamos a una persona joven de cada región de nuestra iglesia nacional y nos hicimos cargo de todos los gastos de su asistencia.

    Cuando la junta directiva me preguntó cuánto iba a costar, les respondí que podíamos considerarlo un gasto o una inversión. Esta inversión ya nos está aportando muy buenos beneficios. Estamos formando líderes y lideresas para nuestra iglesia, quienes tienen una perspectiva mundial.

    Además, me gustaría compartir con ustedes algo que representa un desafío para nosotros. A lo largo de los años, en América del Norte, muchos académicos han escrito excelentes libros sobre el tema de la paz. Muchos de nosotros hemos leído sus libros y hemos asistido a sus cursos.

    Lo que nos resulta difícil: la paz

    Nuestro país ha disfrutado también de muchos años de paz. No hay conflictos armados. Canadá lleva muchos años sin participar activamente en guerras.

    Aunque estamos muy agradecidos por ello, también supone un problema. Aprender a construir la paz es algo que requiere práctica. Ser capaz de explicar por qué se cree en la paz requiere práctica. Es como un músculo del cuerpo: si no se usa, se debilita.

    En noviembre, el Gobierno canadiense anunció que quiere reclutar a más soldados a fin de estar preparados en caso de que alguno de los conflictos mundiales llegue a Canadá. Nos preguntamos: ¿qué pasaría si la situación se agravara mucho y el Gobierno decretara el servicio militar obligatorio? ¿Cuál sería la respuesta de las iglesias menonitas?

    Hace setenta años, durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de nuestros jóvenes solicitaron la condición de objetores de conciencia. Hoy en día, no estoy tan seguro de qué haría la mayoría.

    Tenemos que aprender de la experiencia de las iglesias menonitas de Colombia. Necesitamos que menonitas de Myanmar nos enseñen lo que alguna vez supimos. Necesitamos que el testimonio de paz de la iglesia mundial se nos vuelva a presentar de nuevas formas.

    Les pedimos que oren por nosotros. Rueguen que no tengamos miedo. Rueguen que tengamos ojos para ver cómo tantas iglesias menonitas del Sur global han sido testigos tan increíbles del camino pacífico del evangelio.

    Roguemos que podamos volver a conocer, en lo más profundo de nuestro corazón, a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien gracias a su amor abnegado, ha vencido al mundo y nos ha mostrado el camino del Reino de Dios.

    —Doug Klassen, ministro ejecutivo de la Iglesia Menonita de Canadá, es uno de los representantes de América del Norte en el Comité Ejecutivo del CMM. Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza.