Tender la mano al prójimo

Perspectivas — Suiza

Mi iglesia local en Suiza es fruto de una iniciativa de fundación de iglesias menonitas. Cuando los automóviles y los tractores aún eran una rareza, menonitas se reunían en las colinas rurales de toda la región, en granjas y lugares de reunión que ofrecían educación, alojamiento y una sencilla capilla para el culto comunitario.

Al cabo de unos años, estas comunidades abandonaron las remotas cimas de las montañas donde habían encontrado refugio alguna vez y se integraron cada vez más a la vida de las aldeas en los valles. Su idioma también cambió: los menonitas eran conocidos por sus escuelas e iglesias alemanas, pero ahora todo tenía que ser en francés.

Este paso de una mentalidad rural a un estilo de vida más suburbano fue una decisión deliberada de dos congregaciones menonitas que reconocieron la necesidad de un cambio de paradigma. Bajaron de las montañas, habitadas en su mayoría por menonitas, para conocer nuevos vecinos, encontrarse con otras denominaciones cristianas y descubrir nuevas perspectivas. Compartir las cargas del prójimo cobró un nuevo significado cuando dicha persona ya no era un pariente cercano, sino tal vez alguien completamente desconocido.

La comunidad creció, las perspectivas se ampliaron, pero la identidad anabautista se mantuvo. Para ilustrarlo, permítanme compartir una historia que nos anima hoy a sobrellevar mutuamente las cargas.

La comunidad responde

Una madre joven de nuestro pueblo recibió recientemente la devastadora noticia de que padecía una grave enfermedad cardíaca. Su enfermedad hizo que sus niveles de energía bajaran tanto que le costaba mucho ocuparse de su hogar; incluso cocinar se le hacía difícil. Decidió compartir esta carga con una mujer de nuestra iglesia, y la comunidad respondió.

En nuestra iglesia, un grupo de mujeres y hombres brinda un servicio de entrega de comida para cualquiera que lo necesite. No importa si pertenecen o no a nuestra congregación, todas las personas pueden recibir comidas. Viudas de edad avanzada, hombres que nunca aprendieron a cocinar para sí mismos, familias con un bebé recién nacido y personas que están pasando por el dolor de una pérdida, todos acuden a esta red de apoyo en busca de ayuda.

Este servicio de entrega de comida está organizado por un pequeño grupo de trabajo solidario que ayuda a aliviar las pesadas cargas que soportan las personas. La joven madre con la enfermedad cardíaca se sintió profundamente conmovida; nunca se había imaginado que mujeres de su propio pueblo, que ni siquiera conocía, cocinarían para ella todos los días, proporcionándole una comida –e incluso un postre– para ella y su familia.

Mi iglesia sigue ofreciendo este servicio de comida a cualquier persona de la comunidad que lo necesite. Apoya a las familias en momentos de alegría tal como un nacimiento, y en momentos difíciles cuando les faltan fuerza o recursos económicos para preparar sus comidas. Las mujeres y algunos hombres preparan comida para quienes la necesitan y buscan aliviar, al menos en parte, la carga que pesa sobre los hombros de su prójimo.

Esta práctica tiene raíces profundas en nuestra tradición. En las comunidades menonitas rurales, las familias numerosas solían cocinar y comer juntas, compartiendo la vida de manera práctica. Ayudarnos unos a otros en momentos de dolor y tribulación, así como de alegría y felicidad, ha sido desde hace mucho tiempo un hilo conductor en la iglesia, y hoy sigue siendo un testimonio vivo de nuestra identidad anabautista que tiende la mano al prójimo.

—Raphaël Burkhalter, miembro de la ‘Konferenz der Mennoniten der Schweiz/Conférence mennonite Suisse’ (Conferencia Menonita de Suiza), es representante de Europa en el Comité YABs (2025–2028). Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza.