El 21 de enero de 1525, un pequeño grupo de creyentes en Zúrich, Suiza, se reunieron en secreto, impulsados por una convicción arraigada en las Escrituras.
Anhelaban una iglesia que fuera fiel al camino de Jesús, una comunidad en que el bautismo marcara una decisión personal y consciente de seguir a Cristo. Este acto de valentía, que desafió la tradición, con el riesgo de persecución, marcó el nacimiento del movimiento menonita anabautista.
Al celebrar nuestro quincentenario, recordamos dicho comienzo con gratitud y humildad a través del tema, La valentía de amar, inspirado en 1 Juan 4:7-21 y el Salmo 136.
1 Juan 4:7-21 nos llama a amarnos unos a otros, ya que “el amor viene de Dios”. Este es el centro de nuestra identidad: amamos porque Dios nos amó primero en Cristo. La valentía de los primeros anabautistas de actuar según su fe, fue una respuesta al amor perfecto de Dios, que “echa fuera el temor”.
De similar manera, el salmista canta repetidamente: “El amor inagotable de Dios permanece para siempre” (Salmo 136). Este estribillo nos recuerda que el amor de Dios ha sostenido a nuestra iglesia en medio de la persecución, el sufrimiento y la renovación.
Hoy día, el Congreso Mundial Menonita continúa con este legado. Al conmemorar el año 1525, recordamos que nuestro movimiento no comenzó con una discusión, sino con un acto de amor. Los primeros anabautistas lo arriesgaron todo. Su amor no es tímido, sino activo y duradero.
Encarnemos ese acto: la valentía de amar. La valentía de perdonar cuando nos han ofendido. La valentía de resistir la violencia con la paz. Y la valentía de seguir a Jesús incluso cuando el camino sea difícil.
Sunoko Lin, tesorero del CMM. Es oriundo de Indonesia y actualmente reside en Los Ángeles, California, EE. UU., donde pastorea la Comunidad Cristiana Maranatha, una congregación de LMC: una comunidad de iglesias anabautistas.
En los Estatutos del CMM de 2009, el Concilio General estableció comisiones permanentes – Diáconos, Fe y Vida, Misiones, Paz – “en asuntos de vital interés para la comunidad de iglesias del CMM”.
Las comisiones podrán preparar asuntos o material para la consideración del Concilio General, orientar y proponer recursos para el CMM o las iglesias miembros, y facilitar redes afines al CMM o fraternidades que colaboren en asuntos de interés común.
Desde la perspectiva de la Comisión de Paz, Joji Pantoja destaca cómo la Comisión contribuyó a la hermandad, la adoración, el servicio o el testimonio en la comunión anabautista mundial, y cómo desempeñó su papel para que el CMM fuera una comunidad mundial de fe en la tradición anabautista.
Durante mi mandato como presidenta, la Comisión se propuso traducir nuestra teología de la paz en un testimonio mundial tangible. Se destacan tres momentos importantes, cada uno de los cuales muestra una faceta diferente de nuestro testimonio de paz.
La primera fue nuestro trabajo con los wounaans de Panamá, donde una visita a la comunidad llevó al CMM a abogar ante su gobierno para proteger sus árboles sagrados de cocobolo y su papel como guardianes del bosque.
Se trataba de paz como acción concreta y arraigada: defender la creación de Dios y las comunidades que la sostienen.
La segunda fue la elaboración de una declaración general del CMM que afirmaba nuestro apoyo a los derechos de los pueblos originarios en todo el mundo. Se trataba de paz como postura profética. La Comisión desempeñó un papel clave en la redacción de este documento, basado en los principios bíblicos de justicia.
Esta declaración nos llevó de reaccionar ante las crisis a definir de manera proactiva nuestra identidad mundial, brindando a cada iglesia miembro una base teológica para la solidaridad.
La tercera fue nuestra intervención directa en favor de un objetor de conciencia en Corea, miembro de nuestra familia mundial, encarcelado por su negativa a participar en el entrenamiento militar, basada en su fe. En este caso, nuestro testimonio de paz se convirtió en defensa pastoral. La Comisión movilizó a todas las partes del CMM para abogar por su libertad, afirmando que nuestra postura teológica sobre la paz tiene consecuencias reales para nuestros miembros.
Esta acción demostró que la Comisión no solo se limita a hacer declaraciones generales, sino que también apoya a las personas cuyas vidas encarnan nuestras convicciones fundamentales, garantizando que nuestra comunión mundial sea una fuente tangible de apoyo y testimonio.
Recuerdo entrañable
Recuerdo el profundo silencio en la sala después de escuchar al anciano wounaan hablar del bosque como si fuera un pariente. Ese momento de convicción compartida, en el que nuestra teología se encontró con su realidad vivida, fue sagrado.
Del mismo modo, valoro mucho el paciente y devoto proceso de redacción de la Declaración de Solidaridad con los Pueblos Indígenas. No fue un proceso rápido; se tardó casi dos años en terminar el documento de posición. Este largo período no fue un retraso, sino un tiempo necesario de hermandad. Escuchamos, debatimos y perfeccionamos el texto para asegurarnos de que representara verdaderamente a nuestra familia mundial diversa.
El momento en que todo quedó finalmente armonizado y lo adoptamos juntos fue increíblemente conmovedor. No solo aprobábamos un documento, sino también presenciábamos el fruto de un discernimiento colectivo y sostenido, llevando a la práctica verdaderamente la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
Futuro
Sueño con que la Comisión cree herramientas prácticas para las iglesias sobre cómo participar en los procesos locales de verdad y de reconciliación, o que facilite asociaciones en las que las iglesias con experiencia en justicia territorial puedan asesorar a otras.
Pasemos de hacer declaraciones contundentes a empoderar a miles de testigos locales, todas vinculadas y fortalecidas por nuestra comunión mundial.
—Felicitas (Joji) Pantoja (Filipinas), presidenta, Comisión de Paz (2015-2022)
Comentarios de otras Comisiones:
Diáconos
“La labor tan importante y significativa de la Comisión de Diáconos de acompañar a las iglesias en momentos de sufrimiento y angustia, así como en momentos de alegría para animar a nuestros hermanos y hermanas, fue y seguirá siendo tal como comenzó en Hechos 6:1-7. Estas experiencias realmente han acercado y seguirán acercando a nuestras comunidades a fin de ser ‘sal’ y ‘luz’ para el mundo.” — Cynthia Peacock (India), presidenta, Comisión de Diáconos (2009-2015)
Fe y Vida
“Desarrollamos una sesión de trabajo dinámica en la que diferentes integrantes prepararon estudios de casos sobre asuntos importantes que se habían decidido – a veces con gran dificultad o conflicto – en sus iglesias nacionales o regionales. Estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de trabajar junto con toda la Comisión en esta tarea, aprovechando la experiencia de los cinco continentes y aprendiendo mucho sobre nosotros mismos en el proceso.” —Anicka Fast (Canadá), secretaria, Comisión Fe y Vida (2023- )
Misiones
“Nos pareció bien y adecuado, tanto a nosotros como al Espíritu, unir finalmente a las organizaciones anabautistas de todo el mundo que participaban en la misión. ¿¡Por qué no habríamos de cooperar!? ¿¡Por qué no habríamos de colaborar!?” —Janet Plenert (Canadá), presidenta de Fraternidad Mundial Misionera (GMF) (2009)
En circunstancias muy similares a las de hoy en día, un grupo de menonitas emprendió una peregrinación desde el sur de Rusia (actual Ucrania) a Zúrich, Suiza, en 1925, a fin de presentar un mensaje de la Convención General de Congregaciones Menonitas de Rusia en la primera reunión mundial del Congreso Mundial Menonita.
La delegación expresaba las siguientes aspiraciones en su carta: “Acogemos favorablemente la idea de establecer una Unión Mundial Menonita, cuya expresión unánime debería ser una reunión de representantes de todos los menonitas del mundo”.
La creación de una organización menonita mundial y diversa sería algo enriquecedor para la iglesia, especialmente en los grupos dispersos más pequeños. Podría facilitar la financiación de escuelas establecidas por iglesias, promover actividades misioneras, ayudar a los necesitados y a los que sufren, abordar los desafíos de la migración y establecer un directorio mundial.
La carta transmitía un mensaje inspirador de reciprocidad, de solidaridad mundial y de esperanza por la unidad en medio de una notable diversidad.
¿Han cambiado los tiempos? ¿O todavía es necesario que se nos recuerde la importancia crucial de la unidad dada la diversidad de nuestras propias experiencias?
Hace más de 2.500 años, otro grupo comenzó una peregrinación desde más al este hacia Jerusalén, llevando un mensaje para ser compartido entre las comunidades de otros grupos judíos exiliados. Hoy en día conocemos este mensaje como el Salmo 133, que comienza así:
¡Qué bueno y agradable es que el pueblo de Dios viva unido! (Salmos 133:1, NVI)
Al entonar este cántico cada año, los exiliados descubrían que vivir juntos en unidad” es un don de Dios, una realidad tangible y atractiva.
Un don de Dios
El pasaje describe cómo descienden el aceite y el rocío. Estas imágenes ilustran cómo el salmista imaginaba la unión de los israelitas: es otorgada por Dios. La verdadera unión no se puede construir ni alcanzar mediante acuerdos humanos sobre doctrinas o prácticas; es un don divino.
Una realidad atractiva
La unión es una bendición que atrae más bendiciones. Es una vida plena que se extiende hacia afuera: una fragancia que se esparce, un rocío que impregna. Así como un aroma agradable llama la atención, la unión del pueblo de Dios es algo que todos anhelamos experimentar. Cuando lo descubrimos, se vuelve irresistible.
Una realidad tangible
La primera palabra después del título del Salmo 133, la palabra hebrea hinneh, que significa “miren” o “contemplen”, tiene un gran significado. Al invitarnos a “mirar”, el texto sugiere que la unión del pueblo de Dios no es meramente un concepto “espiritual”. Tampoco es algo que experimentaremos sólo después de la muerte. La unión del pueblo de Dios es una realidad tangible que se puede ver y sentir aquí y ahora.
Durante siglos, teólogos cristianos han visto en este salmo un anticipo del concepto del Nuevo Testamento de ser uno solo o de la comunión, donde la unión no se entiende como uniformidad o unísono, sino armonía en medio de la diversidad.
Al igual que los israelitas en su exilio, la delegación menonita en 1925 concibió una organización que encarnara la unidad como una realidad tangible. Anhelaban ser parte de un organismo más grande que ellos mismos, de carácter mundial.
Concibieron una organización que encarnara dicha unidad.
¿Y hoy en día?
Estamos llevando a la práctica lo que la delegación concibió hace cien años.
Esta anhelada comunión se materializó en el Congreso Mundial Menonita (CMM).
Procuramos encarnar la comunión.
Facilitamos la labor interdependiente en los ministerios de educación, misiones y paz.
Apoyamos a las iglesias que sufren y colaboramos con muchas otras iniciativas en nuestra búsqueda de fomentar la unidad.
Al celebrar este centenario, recordemos que la unidad es un don de Dios. Dejémonos atraer por dicha unidad. Hagámosla tangible. Oremos para que nuestra unidad brinde esperanza a nuestras iglesias en tiempos de sufrimiento y opresión, y a un mundo que se desintegra en medio de la violencia, el nacionalismo, la fragmentación y la polarización.
César García, secretario general del CMM, oriundo de Colombia, reside en Kitchener, Ontario, Canadá.Este artículo es una adaptación de su sermón del centenario pronunciado en Schönblick, Alemania, el 25 de mayo de 2025.
Hace unos años, tuvimos una reunión de las Comisiones en los Países Bajos. Junto con otros, recogí algunas personas en el aeropuerto. Estábamos cenando cuando sonó mi teléfono. Era alguien que llamaba en nombre de un miembro de una Comisión de Angola cuyo vuelo se había retrasado. Quien llamó transmitió el mensaje de que el hombre angoleño estaba listo para que su hermano lo recogiera.
Cuando llegué al punto de encuentro, la persona que me había llamado seguía allí. Nunca olvidaré su cara de sorpresa al darse cuenta de que yo era el “hermano” de este hombre africano.
No encajábamos en lo que imaginaba cuando pensaba en hermanos. Mi hermano angoleño y yo no encajábamos en dicho estereotipo.
¿No es eso lo que significa ser cristianos, y especialmente anabautistas, en el mundo de hoy?
En este mundo, la gente odia a los demás porque se ven diferentes, porque tienen ideas políticas diferentes, porque hablan un idioma diferente, porque… porque…porque… Hay tantas razones.
Líderes pasados y presentes del CMM celebran el centenario del CMM (izq-der): Sandra Báez, César García, Henk Stenvers, Larry Miller, Eleanor Miller, Janet Plenert y Danisa Ndlovu.
Necesitamos valentía
Si queremos seguir a Cristo, que nos enseñó a amar a los demás como a nosotros mismos, necesitamos valentía.
Valentía para decir NO al odio y sí al amor, incluso si va en contra de nuestros propios intereses.
Valentía para amar, aunque los demás no nos amen.
Valentía para no encajar, sino más bien para mostrar un camino diferente, un camino que conduzca a la paz en vez de la guerra.
Necesitamos la valentía que la gente demostró hace quinientos años en Zúrich, cuando desafiaron los poderes de aquella época porque querían ser verdaderos seguidores de Cristo.
Estoy esperanzado y ruego por muchos más rostros sorprendidos como el de aquel hombre en el aeropuerto, cuando nosotros, como comunión de seguidores de Cristo, mostramos amor mutuo, vivimos nuestra unidad a pesar de las diferencias y así difundimos un mensaje de paz.
—Henk Stenvers, presidente del Congreso Mundial Menonita (2022-2028), reside en los Países Bajos.
Las campanas resonaron por toda la ciudad llena de anabautistas. Se estima que más de 3.500 personas colmaron las calles del casco antiguo de Zúrich el 29 de mayo del 2025, Día de la Ascensión, para conmemorar el quincentenario del anabautismo.
“Hoy en día, como menonitas de Suiza, somos una comunidad pequeña”, afirmaron Gladys Geiser y Lukas Amstutz, copresidentes de la Konferenz der Mennoniten der Schweiz, en la apertura del culto. En la ciudad anfitriona tuvieron lugar los primeros bautismos de adultos conocidos del movimiento anabautista. “Pero como podemos ver en este culto, somos parte de un movimiento que se ha hecho más diverso e internacional.”
Desde sus inicios con unos pocos creyentes valientes en Europa, actualmente el Congreso Mundial Menonita tiene 111 iglesias miembros (tras la reunión del Comité Ejecutivo realizada unos días antes en Alemania) en 61 países de todo el mundo.
“Hoy todos podemos reunirnos aquí, todas las naciones, como dice la Palabra: todas las naciones, todas las tribus, todos los idiomas. Esto es especial porque únicamente el Señor puede hacer tales cosas”, expresó Jean-Claude Ambeke, de los Hermanos Menonitas de Angola, que actualmente vive en Francia.
Una mañana algo nublada se convirtió en un día soleado para caminar por las calles históricas, abarrotar las salas de conferencias o escuchar los coros. Incluso había un vendedor ambulante que repartía helados, cortesía de la Iglesia Reformada.
Los participantes podían estirar las piernas mientras seguían un recorrido histórico a pie o se hacían dramatizaciones en escenarios denominados “senderos con historia”, mientras que más de una docena de talleres brindaban perspectivas sobre el anabautismo: testimonios, estudios históricos y asuntos actuales. Además, la teóloga y periodista suiza Judith Wipfler presidió una mesa redonda en que se reflexionó sobre “un mundo en llamas”, junto con líderes anabautistas que actualmente viven en zonas de conflicto que conllevan grandes desafíos.
Cinco coros de todo del mundo dieron conciertos en un espacio cubierto y al aire libre, y se sumaron a un coro masivo para el culto. Dirigieron temas favoritos de las Asambleas como EweThina y Kirisuto no heiwa ga. El grupo musical suizo Songs of Peace presentó una nueva canción con un coro que exclamaba, “¡Queremos justicia, queremos paz!”
Una iglesia importante
Las filas para el culto de clausura comenzaron a media tarde. La iglesia Grossmünster, con capacidad para 1.200 personas, estaba al tope de su capacidad, al igual que los sitios adicionales para presenciar el culto (Predigerkirche 350, Friedenskiche 250, FEG 100 y el agregado ad hoc Helferei 130). Y aun así quedaron cientos de personas afuera, sentados en la plaza o dispersos en los cafés, mirando desde la pantalla de sus teléfonos celulares.
Mientras tanto, en todo el mundo, miles de personas se conectaron en línea a través de sus pantallas personales o junto con otros en iglesias, oficinas o museos.
Con representantes de trece comuniones mundiales y tres organizaciones ecuménicas multilaterales como invitados de honor, el culto no sólo trató sobre el anabautismo sino que también constituyó otro paso en la senda de la reconciliación.
Un camino hacia la reconciliación
“Todos heredamos un legado de dolor debido a las divisiones de la Reforma. Sabemos que persisten las diferencias teológicas y prácticas, pero nos alegramos por el camino hacia la reconciliación que hemos compartido”, declaró Janet Plenert en la liturgia del culto.
El culto contó con la presencia de líderes de la Federación Luterana Mundial y de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, e incluyó un mensaje del Papa León XIV transmitido por el cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos: “Les aseguro mis oraciones para que nuestras relaciones fraternales se profundicen y crezcan”.
Mientras que John D. Roth, del CMM y Hanns Lessing, del CMIR confesaron el “testimonio común de su comunión respecto a la unidad de la iglesia”, los secretarios generales César García y Setri Nyomi se lavaron mutuamente los pies, “como expresión tangible de nuestro compromiso con la reconciliación”, señaló J. Nelson Kraybill.
Otra expresión concreta de apoyo fue la posibilidad de usar gratuitamente las instalaciones de las iglesias reformadas, incluyendo la emblemática iglesia Grossmünster.
“Reencontrarnos en la Grossmünster quinientos años después de la división, ahora como una “familia reconciliada”, creó una instancia nueva y poderosa en nuestra memoria colectiva que espero cambie la manera en que la próxima generación cuente nuestra historia”, expresó John D. Roth.
El evento, en el marco estratégico de una conmemoración, concluyó con un tono de celebración. Los coros de cinco regiones formaron un túnel de canciones desde la iglesia hasta la plaza, mientras los invitados salían al son de Siyahamba (Caminamos en la luz de Dios).
Dios misericordioso, en un mundo dividido por el nacionalismo, los conflictos religiosos, la xenofobia y la guerra, nos has reunido hoy como personas de muchas naciones, lenguas y organismos eclesiales.
Tu gracia, oh Dios, hace que esta reunión en amor sea posible. Gracias por la inmensa hospitalidad que la ciudad de Zúrich y las iglesias reformadas de Suiza han brindado a los anabautistas. ¡Bendice esta generosa muestra de bondad!
Gracias por el testimonio de todos los presentes que conocen y expresan tu amor reconciliador. Aun cuando la iglesia mundial a veces esté dividida, tú nos llamas a vivir como hermanos y hermanas en Cristo. Danos la valentía para amarnos mutuamente, y para amar a los “otros”, quienesquiera que sean.
Derrama hoy tu Espíritu Santo sobre nosotros para que tu sanación y tu amor puedan fluir a través de nosotros hacia el mundo. Haz de nosotros —y de las iglesias que representamos— “una nueva humanidad” unida en amor, “para que el mundo sepa” que nuestra esperanza está en Cristo, en cuyo nombre oramos.
Amén.
Sunoko Lin, tesorero del CMM, guía la oración de apertura en la catedral de Grossmünster durante el culto de clausura en el día del aniversario en Zúrich, Suiza.Unos 1.200 fieles de todo el mundo colmaron la catedral de Grossmünster para asistir al culto de clausura, mientras que miles más lo siguieron por Internet/Dale Gehman
Una perturbación en la Iglesia por algunas personas de Dios.
Liturgista: Pueblo de Dios, nos reunimos en esta histórica ciudad de Zúrich, lugar de origen de un movimiento de renovación del siglo XVI liderado por Ulrico Zuinglio, y cuna del movimiento que conocemos actualmente como anabautismo.
[Cientos de pequeños volantes con mensajes escritos caen desde el balcón hacia los que están sentados en los bancos y en el podio. Tres manifestantes con trajes de época se ponen de pie y exclaman:]
Primer manifestante: ¿Qué clase de iglesia es esta? ¿Quién pertenece realmente al cuerpo de Cristo? ¡La Escritura llama a los seguidores de Jesús a separarse de aquellos que no viven una vida pura!
Segundo manifestante: ¡Excluyan a aquellos que no bautizan sólo mediante la confesión de fe! Tercer manifestante: ¡Excluyan a aquellos que tienen autoridad y no permiten que nuestras congregaciones vivan tranquilas y en paz!
Liturgista: ¡Están interrumpiendo un culto de adoración! ¿Quién son ustedes? ¿Por qué hacen esto?
Primer manifestante: Somos sus antepasados anabautistas. Cristo es nuestra autoridad. ¡Incluso él perturbó la paz!
Segundo manifestante: Hemos estudiado las Escrituras. ¡Dios nos ha dado una visión!
Primer manifestante: ¡Escúchennos!
Tercer manifestante: ¡El reino de Dios está cerca!
Primer manifestante: ¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia!
Tercer manifestante: A los ricos les decimos: “Donde esté su tesoro, allí también estará su corazón”.
Segunda manifestante: A los poderosos les decimos: “La guerra es contraria a la voluntad de Dios”. ¡Obedeceremos a Dios antes que a la autoridad humana!
Tercer manifestante: Cristo se pone del lado de aquellos que no tienen quién los ayude: de los refugiados, de las víctimas de la violencia, de los que están encarcelados por su fe y su identidad.
Liturgista: ¡Esperen… por favor! Escuchen la Palabra del Señor dicha por el apóstol Pablo:
No tengan un concepto más alto de sí mismos del que deben tener. Dios ha medido una porción de fe para cada uno de ustedes. Tenemos muchas partes en un solo cuerpo, pero no todas tienen la misma función. Ámense unos a otros como a los miembros de su familia. Sean los mejores en honrarse unos a otros.
Confesión y lamento
Liturgista: La congregación ha estado escuchando. Agradecemos este recordatorio de nuestro pasado.
Compartimos su esperanza y sus agravios. Todos los que estamos reunidos aquí hoy deseamos ser más como Jesús. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Oremos por la gracia para confesar nuestros pecados y vayamos a vivir vidas santas.
Primer manifestante: Gracias por escucharnos.
Liturgista: Las aguas del bautismo nos han dividido.
[se vierte agua]
Pero quienes beben del agua sanadora de Jesús, nunca volverán a tener sed. Purifícanos, Espíritu Santo, refréscanos con el agua de la vida eterna.
No creemos que Jesús haya muerto en vano. No creemos que quienes sufrieron por su fe a lo largo de los siglos lo hayan hecho en vano.
Segundo manifestante: ¡Sí! Necesitábamos escuchar esto de ustedes. Las palabras que pronunciamos deben impulsarnos a la acción. Por este motivo hemos regresado para esta conmemoración.
Liturgista: Oremos. Dios Todopoderoso, venimos ante ti no por nuestra rectitud, sino por tu gran misericordia.
Primer manifestante: Perdónanos por la arrogancia de pensar que podríamos ser perfectos y sin pecado.
Segundo manifestante: Ya sea que vivamos en comunidades apartadas del mundo o en medio del mundo, perdónanos por ser ciegos a las necesidades de nuestro prójimo.
Tercer manifestante: Perdónanos por aquellas ocasiones en las que no hemos sabido “hacer justicia y amar la misericordia”.
Primer manifestante: Perdónanos por nuestro silencio… por no dar “razón de la esperanza que hay en nosotros”.
Segundo manifestante: Perdónanos cuando nos hemos negado a trabajar con personas diferentes a nosotros, incluso cuando la necesidad era grande.
Tercer manifestante: Perdónanos cuando hemos menospreciado a otras iglesias y hemos perdido oportunidades de aprender de ellas y de asociarnos con ellas.
Gracias por aquellas comunidades de fe que nos han abierto sus corazones y nos acompañan en el camino de Jesús.
Liturgista: Recibe nuestras peticiones, oh Padre, en el nombre de Jesucristo, por medio del poder del Espíritu Santo.
Juntos nos unimos a la oración de Cristo, cada uno en su propio idioma.
“Padre Nuestro…”
Afirmación del perdón
Liturgista: Cristo mismo dijo: “Tus pecados son perdonados. Vete y no peques más”. Somos perdonados, amados y libres. Amén.
Lisa Carr-Pries (Canadá), vicepresidenta del CMM, y Danisa Ndlovu (Zimbabue), expresidente del CMM, dirigieron esta liturgia. Ebenezer Mondez (Filipinas), James Jakob Fehr (Alemania) y Ulrike Schmutz (Suiza) hicieron el papel de perturbadores.
Aman Ganjboir, delegado de YABs de la India, se prepara para lanzar volantes desde el entrepiso para “perturbar” el culto./Irma Sulistyorini
James Jakob Fehr (Alemania) con traje de época, primer manifestante/MWC
Ulrike Schmutz (Suiza), segunda manifestante/MWC
Ebenezer Mondez (Filipinas) con traje regional, tercer manifestante/MWC
Liturgia de reconciliación: Nuestro camino a la reconciliación
Los líderes de las comuniones respectivas pronunciaron estas palabras. Cuando los representantes luteranos y menonitas hablaban, se hacían las señal de la cruz en la frente uno al otro. Cuando los representantes reformados y menonitas hablaban, los secretarios generales se lavaban los pies mutuamente
Representantes
Representantes del Congreso Mundial Menonita
Anne-Cathy Graber, secretaria de Relaciones ecuménicas
J. Nelson Kraybill, ex presidente
Janet Plenert, ex vicepresidenta, actual coordinadora de Representantes regionales
John Roth, presidente, Comité de planificación de la renovación
Larry Miller, ex secretario general
Representante de la Iglesia Católica
Cardenal Kurt Koch, Prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
Representante de la Federación Luterana Mundial
Rev. Anne Burghardt, secretaria general
Representantes de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas
Rev. Dr. Hanns Lessing, secretario ejecutivo de Comunión y teología
Rev. Dr. Setri Nyomi, secretario general interino
Menonitas
En nuestro culto de hoy, el Congreso Mundial Menonita, junto con representantes de otras tradiciones anabautistas y de la Iglesia Libre, se reúne con representantes de la Iglesia Católica Romana, la Federación Luterana Mundial y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas para dar un testimonio común.
Todos heredamos un legado de dolor debido a las divisiones de la Reforma. Sabemos que persisten las diferencias teológicas y prácticas, pero nos alegramos del camino a la reconciliación que hemos compartido.
En 2003, católicos y menonitas concluyeron un diálogo de cinco años titulado, “Llamados a ser pacificadores”, cuyo punto de partida fue el reconocimiento compartido de que “la lealtad a Cristo como Señor prevalece sobre las exigencias del Estado”.
Más recientemente, la participación católica y luterana en el Diálogo Trilateral sobre el Bautismo, ha ayudado a aclarar los puntos de convergencia así como las diferencias persistentes en torno a nuestra interpretación y práctica del bautismo. Consideramos que estos diálogos constituyen un don para la iglesia.
Católicos
Mensaje del Santo Padre León XIV A los participantes en la conmemoración del quincentenario del movimiento anabautista
Queridos amigos, mientras se reúnen para conmemorar los 500 años del movimiento anabautista, los saludo cordialmente con las primeras palabras pronunciadas por Jesús resucitado: “La paz sea con ustedes” (Juan 20:19).
En la alegría de nuestra celebración pascual, ¿cómo no reflexionar sobre la aparición de Cristo en la tarde de aquel “primer día de la semana” (ibíd.), cuando Jesús no solo atravesó los muros y las puertas cerradas, sino también los corazones temerosos de sus discípulos? Además, al impartir su gran don de la paz, Cristo fue sensible a la experiencia de los discípulos, sus amigos, y no ocultó los signos de su Pasión aún visibles en su cuerpo glorioso.
Al acoger la paz del Señor y aceptar su llamado, que implica estar abiertos a los dones del Espíritu Santo, todos los seguidores de Jesús pueden sumergirse en la radical novedad de la fe y de la vida cristiana. De hecho, ese deseo de renovación caracteriza al mismo movimiento anabautista.
El lema elegido para su celebración, “La valentía de amar”, nos recuerda, sobre todo, la necesidad de que católicos y menonitas hagan todo esfuerzo por vivir el mandamiento del amor, la llamada a la unidad cristiana y el mandato del servicio al prójimo. Del mismo modo, subraya la necesidad de honestidad y la amabilidad al reflexionar sobre nuestra historia común, que incluye heridas dolorosas y narrativas que influyen en las relaciones y percepciones católico- menonitas hasta nuestros días. Cuán importante es, entonces, esa purificación de los recuerdos y esa relectura común de la historia que nos permita sanar las heridas del pasado y construir un nuevo futuro a través de la “valentía de amar”. De hecho, solo así el diálogo teológico y pastoral puede dar fruto, un fruto duradero (véase Juan 15:16).
¡Ciertamente no es una tarea fácil! Sin embargo, fue precisamente en momentos de prueba cuando Cristo reveló la voluntad del Padre: fue cuando, desafiado por los fariseos, nos enseñó que los dos mandamientos más importantes son amar a Dios y al prójimo (véase Mateo 22:34-40); fue en la víspera de su Pasión, cuando habló de la necesidad de la unidad: “para que todos sean uno… para que el mundo crea” (Juan 17:21). Mi deseo para cada uno de ustedes, por tanto, es que puedan decir, citando a san Agustín: “Toda mi esperanza está puesta en la inmensa grandeza de tu misericordia. Da lo que mandas y manda lo que quieras” (Confesiones, X: 29, 40).
Por último, en el contexto de nuestro mundo desgarrado por la guerra, nuestro continuo camino de sanación y fortalecimiento de la fraternidad desempeña un papel fundamental, porque cuanto más unidos estén los cristianos, más eficaz será nuestro testimonio de Cristo, Príncipe de la Paz, en la construcción de una civilización del encuentro del amor.
Con estos sentimientos, les aseguro mi oración para que nuestras relaciones fraternas se fortalezcan y crezcan. Invoco sobre cada uno de ustedes la alegría y la serenidad que provienen del Señor resucitado.
En 2010, la Asamblea Luterana Mundial, reunida en Stuttgart, Alemania, afirmó formalmente una “Acción Menonita”, basada en el informe de un diálogo de cinco años titulado, “La sanación de las memorias: Reconciliación por medio de Cristo”. Un culto de reconciliación incluyó expresiones mutuas de perdón y un compromiso de interpretar las confesiones luteranas y las narrativas menonitas de su pasado a la luz de la historia común descrita en dicho informe. Dicho proceso marcó un momento clave en las relaciones entre nuestras dos comuniones y sentó las bases para un mayor aprendizaje mutuo sobre los temas del bautismo y la relación cristiana con el Estado.
En el culto de reconciliación en 2010, todos los presentes compartieron la señal de la cruz como una manera de hacer presente la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La cruz toca las heridas del pecado, sana nuestro quebrantamiento y restaura nuestras vidas. Promete sanación por medio de la gracia de Dios y señala el don de un corazón y un espíritu nuevos.
Hoy día, el Congreso Mundial Menonita y la Federación Luterana Mundial recordamos y renovamos nuestro compromiso con la señal de la cruz.
Luteranos
En el diálogo, “La sanación de las memorias”, nos comprometimos a escuchar atentamente la historia de unos y otros, y a relatar la historia de nuestros comienzos compartidos de tal modo que ambas partes pudieran afirmarla. La convicción luterana de que la iniciativa de Dios hace posible nuestra respuesta de fe fue recibida calurosamente por los menonitas. El pedido luterano de perdón por haber perseguido a los anabautistas fue generosamente concedido. Un análisis conjunto y franco del bautismo contribuyó a posibilitar un fructífero Diálogo Trilateral sobre el Bautismo del Congreso Mundial Menonita y la Iglesia Católica.
Damos gracias a Dios porque cada vez más luteranos y menonitas valoran el testimonio mutuo del evangelio.
Menonitas
Hoy en Zúrich celebramos los pasos hacia la reconciliación que hemos dado con representantes de la tradición reformada.
En 2004, la ciudad de Zúrich y la Iglesia Reformada de Suiza ayudaron a erigir una placa conmemorativa junto al río Limmat, reconociendo la ejecución de Felix Manz y otros seis anabautistas en Zúrich.
Tres años después, la Conferencia Menonita Suiza y la Iglesia Reformada del Cantón de Zúrich concluyeron un diálogo significativo, comprometiéndose en un proceso permanente de reconciliación. En dicho documento, los menonitas afirmaron: “No nos pertenecemos. Pertenecemos a Jesucristo que nos llama a seguirlo, y ha derribado el muro de la enemistad y unido a personas de cerca y de lejos en un solo cuerpo”.
La semana pasada, el Concilio General del Congreso Mundial Menonita recibió formalmente una declaración redactada con representantes de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas titulada, “Restaurando la plenitud de nuestra familia: en busca de un testimonio común”.
Al escuchar una letanía de confesión, gratitud y compromiso extraída de esta declaración, César García, secretario general del Congreso Mundial Menonita, y Setri Nyomi, secretario general interino de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, se lavarán los pies mutuamente como expresión tangible de nuestro compromiso con la reconciliación. Los invitamos a todos a dar testimonio de esta señal de arrepentimiento y perdón.
Reformados
Hemos confesado el origen común de nuestras iglesias y el dolor de su fractura. Pedimos a Dios que bendiga el redescubrimiento de un entendimiento común del evangelio, a fin de que inspiren la evangelización y la construcción de la paz.
Menonitas
En presencia de representantes de toda la Iglesia, el Congreso Mundial Menonita y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas dan testimonio común de la unidad de la iglesia.
Reformados
Hoy, conmemoramos los orígenes comunes de nuestras comuniones mundiales, reconocemos nuestra relación fracturada, y nos alegramos de que, basándonos en los esfuerzos de muchos años en pos del entendimiento mutuo y la reconciliación, podemos responder a Cristo nuestra Paz viviendo en la unidad del Espíritu. Unidos, nos comprometemos a ser humildes, pacientes, sinceros y, sobre todo, bondadosos, al andar juntos como un solo cuerpo de Cristo.
Menonitas
Reunidos bajo la mirada bondadosa de Dios, celebramos que nuestra identidad se encuentra en nuestra confesión común de Jesús como Señor, nuestros comunes antepasados en la fe y nuestro llamado común al discipulado y al testimonio del evangelio en un mundo fragmentado.
Reformados
Nuestras tradiciones nos han bendecido con una pasión por la justicia y la paz. Que el Dios de la cruz y la resurrección nos dé el corazón y la mente para procurar la paz y practicar la justicia que resiste la violencia, la opresión y la devastación ecológica, una justicia que encuentra su máxima expresión en el perdón, la misericordia y la reconciliación.
Menonitas
Hoy, como miembros anabautistas y reformados del cuerpo de Cristo, afirmamos que nuestro testimonio al mundo se nutre y se sostiene por la gracia de Dios, que nos permite amar a Dios, a los demás y a toda la creación.
Reformados
Nos comprometemos con la sagrada misión de proclamar el evangelio del amor en todos nuestros contextos, cada uno con sus propios desafíos y exigencias. No permitiremos que el miedo, la desconfianza o los obstáculos al diálogo nos impidan responder a este llamado.
Menonitas
Prometemos recorrer juntos el camino para sanar las heridas del pasado y volver a unir el cuerpo de Cristo. Nos comprometemos a aprender unos de otros, compartiendo la riqueza y diversidad de nuestras tradiciones. Nos comprometemos a una cooperación intencional que afirme la misericordia de Dios y facilite la justicia que lleva a la paz.
Reformados
Juntos, oramos por el cuerpo de Cristo. En Cristo, somos miembros unos de otros, hermanos y hermanas de la misma carne y del mismo Espíritu.
Menonitas
Juntos, acogemos el don de la unidad, convencidos de que tú, oh Dios, estás restaurando la plenitud de tu familia. Amén.
Juntos confesamos nuestra fe
En reconocimiento de nuestra identidad común en el cuerpo de Cristo, los participantes se pusieron de pie y recitaron juntos el Credo de Nicea, cada uno en su propio idioma.
Esta antigua declaración de fe cristiana surgió del Concilio Ecuménico de Nicea, y este año se conmemora su 1700 aniversario.
Larry Miller, secretario general emérito del CMM, hace la señal de la cruz en la frente de Rev. Dra. Anne Burghardt, secretaria general de la Federación Luterana Mundial/Dale Gehman
Anne-Cathy Graber, secretaria de relaciones ecuménicas del CMM/MWC
Rev. Dr. Hanns Lessing, secretario ejecutivo de Comunión y teología, Comunión Mundial de Iglesias Reformadas/MWC
Cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, transmite los saludos del Papa León XIV/MWC
Rev. Dr. Setri Nyomi, secretario general interino de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, lava los pies a César García, secretario general del CMM/MWC
Breves piezas musicales de órgano sirvieron para remarcar la letanía, como así también agua vertida de un cuenco como recordatorio del bautismo.
Hoy nos hemos reunido para participar del culto, en la ciudad donde los primeros anabautistas se inspiraron en las enseñanzas de Ulrico Zuinglio… y junto a las aguas del río Limmat, donde fue ejecutado Félix Manz, el primer mártir anabautista.
[Se vierte agua]
Dios de amor, recordamos a Félix Manz y a los seguidores del Cordero, que en todas las épocas y lugares han sufrido un discipulado fiel.
Una voz potente clama desde el trono de Dios: “Yo hago nuevas todas las cosas… Al que tenga sed, le daré a beber del manantial del agua de vida”. (Apocalipsis 21:5-6)
[Se vierte agua]
Dios bondadoso, en un mundo desgarrado por la guerra y una iglesia mundial a menudo dividida, ¡cuánto anhelamos que hagas nuevas todas las cosas! ¡Ven, Señor Jesús!
[interludio de órgano]
“El ángel me mostró un río limpio, de agua de vida. Era claro como el cristal, y salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle principal de la ciudad y a cada lado del río, crecía el árbol de la vida, que da fruto cada mes, es decir, doce veces al año; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones.” (Apocalipsis 22:1–2)
“Con la dolorosa conciencia de que nuestras diferencias se convirtieron en fuente de conflicto y división, oramos ahora por la valentía y la creatividad para transformarlas, de modo tal que enriquezcan nuestra unidad en el cuerpo de Cristo.”
[Se vierte agua]
¡Por la sanación de las naciones! ¡Por la sanación de la iglesia! “En Cristo somos miembros los unos de los otros, hermanos y hermanas de la misma carne y del mismo Espíritu…”
Dios sanador, el río de agua de vida ha llegado a nosotros. Las hojas del árbol de la vida han traído sanación entre las comuniones de las iglesias representadas hoy aquí.
[interludio de órgano]
“Soy yo, Jesús, quien les envió a mi ángel con este testimonio para las iglesias. Soy la raíz y el retoño que desciende de David, la estrella brillante de la mañana.
El Espíritu y la Esposa del Cordero dicen: “Ven”.
Y el que escuche, diga: “Ven”.
Y el que tenga sed, y quiera, venga y tome del agua de la vida sin que le cueste nada. (Apocalipsis 22:16-17)
Oh Dios, nuestra ayuda en épocas pasadas, nuestra esperanza en los años venideros:
Gracias a la obra del Espíritu Santo en nosotros, tenemos una esperanza renovada al ver señales de sanación y unidad en la iglesia mundial.
Tenemos esperanza al ver la vitalidad de las iglesias representadas hoy aquí, que están geográficamente alejadas de sus raíces denominacionales en Europa.
Tenemos esperanza al ver que la evangelización y la construcción de la paz van de la mano en muchos lugares del mundo.
Sobre todo, tenemos esperanza porque en Cristo has prometido que estarás con nosotros “siempre, hasta el fin del mundo”.
Ven, Espíritu Santo, inspíranos con la fidelidad de los santos a lo largo de los siglos. Como ellos, que nunca nos avergoncemos del evangelio. Señor Jesucristo, bendícenos con la valentía de arriesgarnos a amarnos unos a otros, a nuestro prójimo e incluso a nuestros enemigos como tú nos has amado.
En un frío Día de Acción de Gracias de noviembre de 1910, un grupo de cinco pastores ordenados se reunió con otros invitados en el centro de reuniones Menonita Amish Conservador de River Pigeon, en el condado de Huron, Michigan, EE. UU., a fin de trabajar juntos para promover la misión de la iglesia. De esa reunión nació la Red de Iglesias Rosedale, en aquel entonces llamada Conferencia Menonita Amish Conservadora.
Los pastores anfitriones fueron el obispo Solomon J. Swartzentruber y el pastor Michael S. Zehr. Asistieron el obispo Joshua King, del condado de Stark (Ohio), y el obispo John L. Mast y el pastor Jonas D. Yoder, del condado de Mifflin (Pensilvania, EE. UU.). Aunque no asistieron a esta reunión, otras iglesias del Valle de Casselman de Pensilvania y Maryland, del condado de Lewis en Nueva York y del condado de Johnson en Iowa, se identificaron con este grupo incipiente.
La Iglesia Menonita de River Pigeon, donde se realizó la primera reunión, sigue siendo una iglesia miembro de la Red de Iglesias Rosedale hasta el día de hoy.
Prioridades
En aquella primera reunión se abordaron cinco prioridades principales: mantener la unidad, la inconformidad, conservar la lengua alemana, el deber de difundir el evangelio y brindar respuestas a las divisiones.
Las primeras actividades de este nuevo grupo surgieron de su convicción de difundir el Evangelio y de su preocupación por los pobres y huérfanos.
En su segunda reunión, realizada en 1912, se proyectó la creación de un hogar para niños huérfanos. Las congregaciones del Valle de Casselman, en Pensilvania y en Maryland, fueron las que más apoyaron el proyecto, por lo que en 1914 se fundó el Hogar Infantil en Grantsville (Maryland, EE. UU.).
En la actualidad
En la actualidad, la Red de Iglesias Rosedale está conformada por 119 congregaciones distribuidas en Estados Unidos, que trabajan juntas para desarrollar y multiplicar las iglesias local y mundialmente.
Hasta el día de hoy, continúa el mismo compromiso con la Escritura como autoridad para la vida y con la misión de Dios en el mundo que existió cuando se fundó.
La Red Rosedale no sería lo que es sin su brazo educativo (Rosedale Bible College) y su brazo misionero (Rosedale International). Estas organizaciones ayudan enormemente a la iglesia a cumplir su misión.
Otra fortaleza de la Red Rosedale es el apoyo que brinda a sus pastores a través de grupos de pares, cohortes, clases y reuniones anuales, que ofrecen oportunidades para fraternizar, animarse, inspirarse y capacitarse.
Como pueden atestiguar otros grupos eclesiales de Norteamérica, entre los desafíos importantes que enfrenta la Red Rosedale figuran la influencia siempre presente del materialismo y la creciente influencia del nacionalismo.
La Red Rosedale se unió al CMM como miembro asociado en 2000.
En 2025, tenía 119 iglesias con 13,403 miembros bautizados
Brian Hershberger, Director Ejecutivo, Red de Iglesias de Rosedale
En ningún momento escuchamos la palabra “líderes”, más bien se hablaba de los misioneros. Los primeros líderes de la iglesia fueron los hermanos menonitas Jakob Franz en la década de 1930 y, posteriormente, Gerhard Hein.
La gente se fue, pero sembró la Palabra en la comunidad. Primero se estableció una iglesia en Filadelfia, luego en Cayin ô Clim (actualmente Neuland).
Al principio, la prioridad de los líderes era proclamar la Palabra a otras comunidades. Lo hacían por medio de cultos, estudios bíblicos y la traducción de canciones al idioma del pueblo.
En 1960, un grupo fue bautizado por los misioneros.
La organización Luz a los Indígenas nos brindó la oportunidad, como indígenas, de formar parte de la iglesia, de ser personas de fe en Dios. Desde el 2006, se llama ACoMeM (Asociación Civil Obra Misionera Evangélica Menonita).
La iglesia se unió a la iglesia menonita a medida que nos relacionábamos más con los menonitas.
En la actualidad, las fortalezas de la iglesia son la Biblia y la escuela para estudiar la Palabra. Lo importante es tener fe, y que esa fe no se pierda.
Nuestro desafío es ayudar a más personas a confiar en Dios.
Alrededor de 2018, la iglesia tenía 2.600 miembros bautizados, en doce congregaciones.
Elsa Pérez, de la tribu indígena nivaclé, es miembro de la Iglesia Evangélica Hermanos Menonitas Malaquías, ubicada en la Comunidad Campo Alegre, Paraguay.
Algunos tenemos la tendencia a pensar que deberíamos definir la doctrina correcta y, a partir de ahí, pasar a la práctica. Primero la Escritura; después, la experiencia. Pero, en muchos sentidos, tanto en nuestra historia como en nuestra realidad actual, la experiencia nos impulsa a pensar teológicamente para comprender lo que sucede.
Consideremos el Concilio de Jerusalén. Ellos se preguntaban: ¿Podemos incluir a los gentiles o no?
Aquello no quedaba claro en la Biblia de la época.
El hecho de que los gentiles estuvieran recibiendo el Espíritu Santo impulsó a la iglesia a pensar de una manera nueva, sin contradecir el fundamento que tenían.
Su experiencia los llevó a plantear la cuestión a partir de la Escritura y a desarrollar nuevas interpretaciones.
Como anabautistas, históricamente hemos enfatizado la congregación local y la centralidad de la congregación local como anticipo del reino de Dios.
Pero eso no nos ayuda a responder por qué existe la necesidad de una iglesia regional o mundial.
En los inicios del CMM, la experiencia impulsó a las iglesias menonitas a pensar en un organismo mundial.
¿Podría señalar alguna similitud entre la actualidad y algunas de las tendencias de hace cien años cuando se inició el CMM?
En ese momento, había una pandemia mundial. Muchos países acababan de atravesar la Primera Guerra Mundial. Por supuesto, un impacto financiero lleva a los gobiernos a buscar un chivo expiatorio: ¿a quién vamos a culpar por ello? Esto fue un factor importante en el auge del nacionalismo en Europa.
Y luego nuestras iglesias también se vieron afectadas por la Revolución rusa y la subsiguiente persecución violenta en la zona de Ucrania, donde había una gran concentración de nuestras iglesias en esa época.
Por consiguiente, con la mezcla de nacionalismo, diferencias culturales, idiomas y el pasado reciente como también más lejano de violencia entre sus países, era complicado para los líderes de la iglesia menonita en 1925 pensar en ser un solo cuerpo.
Algunas personas espiritualizan la idea de la unidad y dicen: Vamos a estar unidos en el cielo.
O dicen: Sí, luchamos violentamente unos contra otros, pero somos uno en espíritu.
Tanto entonces como ahora, algunas iglesias ven a otros cristianos con recelo, incluso en una misma familia denominacional.
Pero la Biblia no habla de esa manera.
La Biblia se refiere a la unidad de una manera muy práctica, visible aun para el mundo. Hay un nivel de unidad que parece una especie de milagro.
El fundador del CMM, Christian Neff y otras personas hablaban y escribían sobre la necesidad de un organismo mundial desde algún tiempo antes de 1925, pero no era fácil superar la falta de confianza.
Finalmente, Christian Neff encontró una buena excusa para reunir a la gente: celebrar los cuatrocientos años del movimiento anabautista.
Y fue en ese contexto que la iglesia de Ucrania envió una carta a la gente en esta primera reunión anabautista mundial, solicitando la conformación de un organismo mundial que coordinara la labor de educación, misión y apoyo a las iglesias que padecen persecución y sufrimiento, entre otras cosas.
Cuando los líderes de la iglesia se reunieron, la experiencia de estar juntos les abrió los ojos a la necesidad de una comunión a fin de enfatizar que el centro no es la política ni un Estado nacional, ni siquiera una cultura. La fuente de nuestra identidad es Jesús.
El contexto entonces era muy similar al actual después de la pandemia, en medio de un creciente nacionalismo y experiencias de sufrimiento debido a la violencia y la persecución.
Es interesante y triste a la vez ver cómo la historia se repite.
Lo que ha cambiado es que dicha experiencia nos invita a pensar teológicamente. ¿Quisiéramos ser un solo cuerpo por cuestiones pragmáticas? ¿O porque nuestra interpretación del evangelio lo exige?
¿Cuáles fueron algunos momentos claves en que optamos por ser verdaderamente mundiales?
Para ser una familia mundial, necesitamos ciertos niveles de reconciliación y perdón por nuestra historia de divisiones.
No estábamos preparados para pensar de esa manera hace ochenta años.
Al principio, los líderes querían que solo se celebrara una Asamblea. Y así fue durante los primeros cuarenta o cincuenta años.
Pero cada vez más iglesias del Sur global se fueron haciendo miembros. Y las iglesias que están padeciendo sufrimiento ven con mayor claridad la necesidad de una iglesia mundial. No se puede enfrentar la persecución violenta ni las catástrofes naturales si se está solo.
Hacia la década de 1970, se empezaron a nombrar presidentes desde el Sur global. Desde el ejecutivo, C. J. Dyck afirmó: Si deseamos que el CMM continue, debería ser más que una reunión mundial. Debería formar parte de la misión a la que los menonitas están llamados en este mundo, un espacio donde clarificar el significado de la fe en sus diversos contextos culturales.
Esa visión fue el resultado, entre otras cosas, del aporte de las iglesias del Sur global que pedían más interdependencia.
Impulsados por dichas experiencias, hemos avanzado en el pensamiento teológico al entender la iglesia como algo que va más allá de las puertas de mi congregación local.
¿Estamos donde deberíamos estar?
Creo que estamos yendo en la dirección correcta, pero se nos plantean desafíos teológicos cuando abordamos el tema de la iglesia mundial.
Para muchos de los líderes y pastores de nuestra iglesia mundial, apenas estamos comenzando a construir una comprensión clara de la unidad.
Demasiadas veces, nuestra interpretación de la pureza en nuestra tradición anabautista nos ha impulsado a fragmentarnos porque pensamos que para ser santos o puros, es necesario que nos separemos de aquellos que consideramos que no lo son.
Nuestra historia de divisiones exige una verdadera reconciliación. Hay heridas históricas que no han sido sanadas y seguimos observando divisiones que ocurren en tiempo real.
Los desafíos del racismo y el colonialismo están presentes. Existe la tendencia a que algunos sectores de la iglesia tomen decisiones sin consultar a otros e impongan sus puntos de vista.
Se nos presentan desafíos cuando privilegiamos nuestros propios intereses sobre los intereses de los demás; cuando afirmamos que primero debemos proteger nuestro presupuesto antes de considerar a otras iglesias.
Además, tenemos ambición y el deseo de controlar, dominar y conquistar a los demás.
Los reinos de este mundo nos resultan muy atractivos. Nos encanta la sensación de ser superiores a otros grupos.
Pero Dios nos invita a vivir en contraste con los reinos de este mundo. El reino de Dios es una alternativa real. Debemos reconocer que necesitamos el poder del Espíritu Santo.
500th Anabaptist Anniversary
¿A qué nos referimos con unidad?
Debemos comprender que la unidad no implica necesariamente la ausencia de conflicto. La verdadera unidad implica la unión de diferentes fragmentos y formas.
Por definición, la unidad implica diversidad, pues si no hay diversidad de opiniones, cultura, teología o experiencias, entonces no hay necesidad de hablar de unidad porque todos creen lo mismo. Lo opuesto a la unidad no es la diversidad, sino la uniformidad.
Y como iglesia de paz, sabemos que el problema no es tener conflictos. El problema es cómo manejamos dichos conflictos.
Es imposible tener una relación sana sin conflictos.
Hoy en día, muchas iglesias del CMM son el resultado de la división de otras iglesias. El paso del tiempo no cambia la realidad de que fue una división interna.
En el CMM, procuramos alentar a las iglesias a mantenerse unidas tanto como sea posible y a no dividirse.
Sin embargo, a veces la separación es necesaria porque existe un nivel de desacuerdo que ya no es posible resolver debido a la naturaleza de nuestro corazón. Dios nos permite cierto nivel de distancia, y aun así podemos ser parte de la familia mundial si respetamos nuestras diferencias, aunque no compartamos una postura sobre un tema dado.
Eso implica la voluntad de sanar las heridas. Debe haber un esfuerzo intencional de ambas partes para sanar el resentimiento y evitar el odio mutuo.
Una vez más, es nuestra experiencia la que nos impulsa a pensar teológicamente sobre la unidad.
¿De qué manera el tema La valentía de amar nos guía y determina la manera de pensar sobre este aniversario?
Creo que es un tema crucial y relevante en el mundo político actual, en que tanta gente sufre acoso y acosa a los demás.
Hay muchas causas, proyectos y demandas justas. Mucha gente dice: “Tenemos derecho a defender nuestra tierra. Tenemos derecho a exigir que estos abusadores dejen de cometer abusos”.
Pero, ¿existe la posibilidad de hacer algo de manera distinta a revindicar tus derechos?
Creo que Jesús nos invita a andar otro camino.
Decir, “quiero dejar de lado mis derechos y amar” requiere una gran valentía.
No es pasivo. Implica una respuesta muy intencional, incluso asertiva, que busca el beneficio del otro, incluso el bienestar del agresor.
La valentía de amar que nuestros extranjeros descubrieron hace quinientos años no era nueva. Vemos esta invitación proveniente de Dios desde el comienzo de la historia humana.
La valentía de amar implica también desmantelar el miedo (1 Juan 4:18).
Percibo que muchos líderes actúan por miedo: miedo a ser contaminados, miedo a ser influenciados, miedo al cambio.
Cuando hay un amor perfecto, puedes hablar de cualquier tema difícil sin el miedo de que vayas a perder algo.
No hay fragmentación, excomunión ni condenación mutua, pero sí respeto por las convicciones firmes.
Como dijo Agustín de Hipona, la definición de pecado es ser egocéntrico, por ende el amor es lo opuesto a ello.
Cuando amas, te abres a los demás y no hay lugar para el miedo.
Parte de la misión del CMM es vincularse con otras comuniones. ¿Cómo le ha formado esta experiencia?
Si no te relacionas con otros cristianos, podrías terminar teniendo una idea muy limitada de lo que es la iglesia cristiana.
Al ser un organismo mundial como el CMM, tenemos la capacidad de contar con representación propia como una entidad ante otras iglesias.
Cuando tienes una identidad clara y encarnas tus valores, las experiencias con otras iglesias podrán ser inmensamente enriquecedoras y transformadoras. Entonces podrás aprender de los demás y también compartir tus valores.
Lo cual no significa que sea fácil. Por ejemplo, en la Conferencia de Secretarios de Comuniones Cristianas Mundiales, están representadas un total de 21 entidades mundiales. Y, como se pueden imaginar, la diversidad es enorme. Algunos tienen un pasado complejo de persecución y condenación mutua. Y con otros grupos, ni siquiera existe una relación.
Y por supuesto, es muy diferente la interpretación de estas iglesias sobre muchas cosas, tales como el liderazgo y la jerarquía.
Así que fue un desafío pensar en cómo representar al CMM. ¿Cómo debería reaccionar ante los desafíos? Hay reuniones en las que los temas son tan controvertidos que las discusiones se vuelven muy fuertes.
Pero con el paso del tiempo, comencé a ver cómo los desafíos de una comunión son muy similares a los desafíos de otra comunión.
Y luego las relaciones empezaron a profundizarse, lo que me ayudó a valorar a las personas más allá de las doctrinas o las diferencias doctrinales.
Recuerdo una reunión en la que había varios secretarios generales compartiendo una comida.
Y uno de ellos le dijo a otro: Al conocerte, me di cuenta de que pensaba de manera tan similar a ti que sentí que estaría bien ser parte de tu iglesia, y el otro respondió: Yo también podría ser miembro de tu iglesia.
De manera que esas experiencias determinan tu manera de interpretar las Escrituras y te transforman en el camino.
500 years of Anabaptism celebration in Peru
¿Cómo podrá el CMM evolucionar fielmente hasta llegar a ser una comunión fuerte y renovada, que sea resiliente a los desafíos de un futuro quizá muy diferente?
Yo diría que si seguimos por ese camino, seremos resilientes:
construir una comunión mundial,
procurar la interdependencia,
tomar decisiones por consenso,
consultarnos mutuamente,
tener un buen liderazgo,
mantener una buena relación entre los miembros de la familia anabautista,
construir buenas relaciones con otras comuniones mundiales,
sanar los recuerdos interna y externamente.
Pero, por supuesto, también necesitamos la valentía de reconocer nuestras propias debilidades.
A veces tenemos un enfoque triunfalista respecto a la misión y la fundación de iglesias, el servicio y desarrollo social, nuestro impacto en los negocios y la construcción de la paz.
Sin duda, es bueno reconocer el trabajo que hemos realizado. Pero también es bueno reconocer todas las debilidades que tenemos.
Darnos cuenta de cuánto trabajo duplicamos en la fundación de iglesias, cuánto colonialismo ha permeado nuestra labor, cuánto paternalismo todavía hay en nuestras organizaciones misioneras.
Cuánto bien hemos hecho con nuestro servicio y, al mismo tiempo, cuántas personas hemos herido en dicho proceso.
También es fundamental mirarnos con humildad y ver lo pequeños que somos en comparación con otras comuniones mundiales.
Por lo tanto, para ser una iglesia resiliente y llena de esperanza en el futuro, debemos reconocer las áreas en las que necesitamos trabajar.
Una comunión fuerte es aquella capaz de hablar de nuestras diferencias con amor.
“La valentía de amar”: el amor nos da la apertura de corazón y la valentía para hacer cosas difíciles.
César García, menonita colombo-canadiense, Secretario General del Congreso Mundial Menonita desde 2012, conversó con Karla Braun, Editora ejecutiva de Correo, sobre el CMM a sus cien años y La valentía de amar. Esta entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad.
La misión de la ASCIM (Asociación de Servicios de Cooperación Indígena-Menonita) es promover el crecimiento socioeconómico de las comunidades indígenas a través de programas de cooperación en educación, salud, economía y orientación socio-espiritual, apoyando así la coexistencia intercultural armoniosa. La ASCIM surgió de las iniciativas de evangelización y cooperación entre tres colonias menonitas alemanas y sus vecinos enhlet y nivaclé de Yalve Sanga, en el Chaco, en la región occidental de Paraguay. Se constituyó oficialmente en 1978. La ASCIM es miembro de la Red de Servicio Anabautista Mundial (GASN).
Dado que en el Chaco central de Paraguay existe una población multicultural, no hace falta decir que la paz en esta región sólo puede mantenerse mediante la cooperación. Si la brecha entre quienes son más débiles económicamente y quienes son más fuertes económicamente se acentúa demasiado, es previsible que surjan conflictos sociales. Por ello, la ASCIM, que se basa en la fe cristiana, se compromete a garantizar que los habitantes de esta región determinen su vida con miras a la convivencia y la cooperación.
Al fin y al cabo, si Dios ha otorgado dignidad a todas las personas, nadie debe quedar al margen; hay que satisfacer las necesidades básicas de todas las personas con el objetivo de garantizar una coexistencia armoniosa.
La ASCIM ofrece programas de cooperación en educación, salud, emprendimientos laborales y orientación socio-espiritual. Al trabajar conjuntamente como asociados en los distintos ámbitos de la vida, las personas toman conciencia unas de otras, llegan a conocerse y a valorarse, y hablan y planifican juntas. No se trata de pequeños proyectos provisorios, sino de una cooperación a largo plazo al servicio de la paz.
Un accidente revela una enfermedad
Si vieran a esta mujer de cincuenta años de la comunidad nivaclé de Nicha Toyisch, podrían pensar que tiene setenta años. Esta mujer, llamémosla Lisa, había estado conduciendo una motocicleta. De alguna manera, mientras conducía, el dedo gordo de su pie izquierdo quedó atrapado entre la cadena y la rueda dentada, y el dedo se desgarró, desprendiéndose por completo del pie.
El dedo gordo del pie no sólo es el dedo más grande, sino también el más importante para caminar.
Lisa fue trasladada al hospital en una camioneta, pero no podía pagar una operación en un hospital privado. Llegó a Yalve Sanga a las 18 horas, con pérdida de sangre y fuertes dolores. Tenía una herida abierta donde debería haber estado el dedo gordo del pie.
Nos pusimos manos a la obra con lo que podíamos. Le pusimos anestesia local, y las enfermeras le colocaron una vía intravenosa a través de la cual también recibió analgésicos. Luego, con relativa tranquilidad ya que ella sentía menos dolor, pudimos lavar la herida con desinfectante ya que no podía haber ninguna inflamación. Luego detuvimos la hemorragia. Tiramos de la piel restante sobre la herida abierta todo lo posible y la suturamos para que dejara de sangrar y pudiera cicatrizar (aunque podía llevar mucho tiempo) y la vendamos bien.
Lisa permaneció internada con antibióticos, calmantes y la vacuna del tétanos. Su hijo adulto, que aún vive en casa, estaba muy preocupado y la acompañó todo el tiempo.
Sin embargo, nos dimos cuenta de que Lisa posiblemente tuviera otras dolencias. Normalmente, los pacientes mayores aprovechan el tratamiento hospitalario para comer una dieta más abundante. En el caso de Lisa, el personal de enfermería se dio cuenta de que dejaba mucha comida en el plato.
Y también tenía una tos persistente que a las enfermeras les pareció sospechosa. Examinaron el esputo en busca de tuberculosis, y he aquí que el mayor enemigo de Lisa era el bacilo de la tuberculosis, no el dedo amputado.
Así que empezamos a tratar la tuberculosis. Lisa siguió recibiendo cuidados diarios de las heridas y ya podía saborear mejor la comida rica en proteínas.
Después de diez días, se había recuperado lo suficiente para recibir el alta. La herida iba a requerir algún tiempo más, pero podía moverse por la casa con un andador. La trabajadora sanitaria comunitaria de Nicha Toyisch (capacitada en la ASCIM) y la enfermera que visitaba semanalmente el asentamiento, se encargaron de cambiarle los vendajes regularmente.
Al cabo de unos dos meses, el pie había sanado y al término de seis meses, había finalizado el tratamiento de la tuberculosis.
(Escrito por el Dr. Richard Wiens, jefe médico del Sanatorio ASCIM)
Esta historia muestra el impacto que tuvimos en un momento de la vida de una persona como parte de nuestro trabajo práctico a largo plazo.
En el ámbito de la educación, ofrecemos capacitación para docentes. En el sector sanitario, brindamos capacitación y acompañamiento para el personal sanitario y atención preventiva, consultas y, si fuera necesario, derivaciones de pacientes. Colaboramos con los consejos de administración de los asentamientos en la estimación de costos, asesoramos en ganadería y agricultura, y ofrecemos capacitación en contabilidad. Brindamos formación social y espiritual a mujeres. Proporcionamos material didáctico para jardines de infancia y formamos a docentes indígenas. Se prestan servicios de voluntariado con la recomendación de su iglesia de origen.
En suma, creemos que nuestra labor es integral y contribuye a la paz.
¡Gloria a Dios!
Heinrich Dyck Harder, vicedirector de la ASCIM (Asociación de Servicios de Cooperación Indígena-Menonita) de Yalve Sanga, Paraguay.
AMyHCE (Anabautistas, Menonitas y Hermanos en Cristo) es un pequeño movimiento de iglesias de tradición anabautista vinculadas como una misma conferencia en la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). Dicha Federación facilita el reconocimiento de las congregaciones dentro del marco legal español, lo cual permite, por ejemplo, que las bodas celebradas en nuestras iglesias tengan validez legal; que podamos prestar asistencia en las prisiones y tener capellanía hospitalaria; y que el Ayuntamiento de Burgos haya cedido un terreno para la construcción de un lugar de reunión.
Vincularnos con el CMM desde el principio nos dio visibilidad en nuestras iglesias hermanas de Europa y más allá. Reunidos en una agrupación nacional sumamos más, pero el CMM nos da un valioso sentido de pertenencia a una realidad eclesial con identidad anabautista de alcance mundial. AMyHCE es miembro de la Fraternidad Mundial Misionera (GMF).
Éramos pocos cuando comenzamos a llamarnos menonitas o anabautistas en España. Buscamos conocernos, relacionarnos con cierta frecuencia y explorar temas de interés común.
Así nació el Encuentro Menonita Español (EME), que tiene lugar cada dos años cerca de la iglesia que lo organiza, a fin de conocernos mejor. Puede asistir cualquier miembro que lo desee y a veces vienen de otros países.
Durante dos o tres días disfrutamos de la comida de la región y quizás un estilo diferente de alabanza; seguimos un tema, escuchamos conferencias, predicaciones y testimonios, mezclándonos en grupos de diálogo; entablamos amistades, y hacemos un poco de turismo.
La notable diversidad nos enriquece y estimula a crecer en amor. Procuramos ser fieles al Señor pero el Espíritu Santo es quien hace maravillas.
Un amplio abanico de misión
La iglesia menonita de Barcelona sigue siendo pequeña pero dispone de un centro de acogida para migrantes.
Durante décadas hemos estado hermanados con dos iglesias de Hermanos en Cristo en Madrid, otra en Catalunya y un punto de misión en Asturias.
La iglesia evangélica de Vigo tiene un ministerio entre familias de la etnia gitana (comunidad romaní).
La iglesia anabautista de Burgos es bastante más grande, ahora en proceso de relevo generacional, y tiene un punto de misión en otra población. En 1999 inició La Casa Grande de Benín, para la acogida de niños abandonados y que brinda educación a muchos niños de la zona.
La fuerte inmigración a España trajo a hermanos y hermanas de Honduras de iglesias de Amor Viviente (iglesia fundada por misioneros de Misiones Menonitas del Este), que nos inspiran por su capacidad para fundar media docena de iglesias y tener siempre puntos de misión.
El Centro Teológico Koinonía (CTK) nació entre líderes de Madrid y Burgos con el deseo de capacitar a los demás. Algunas de nuestras comunidades se han beneficiado del CTK para estudiar juntos la Biblia y la doctrina cristiana con un enfoque anabautista, aprendiendo también principios del ministerio cristiano para servir en las iglesias. Los estudiantes viajan desde sus ciudades un sábado al mes, y se crea comunidad al compartir la dinámica de clase, diálogo en grupos y una comida alrededor de la mesa.
Conocernos es valorarnos unos a otros, sin importar a qué comunidad pertenecemos.
El retiro anual que fomenta la comunión fraternal entre pastores y líderes de grupos tan diversos quizás sea lo que más sorprende. Ninguna estructura ni formalidad amenaza la idiosincrasia de los grupos. Invitamos a misioneros recién llegados de trasfondo anabautista a conocernos en este ambiente.
Todo parece frágil y espontáneo, pero hay un deseo de que el Espíritu de Dios ministre a cada uno según sus necesidades. Sí, en los encuentros anuales se tratan agendas y temas, pero sobre todo es allí donde los líderes adoran a Dios, comparten avances y necesidades con franqueza, y reciben oraciones, amor y apoyo de los compañeros. Reímos y lloramos juntos. Últimamente, dos o tres veces al año, nos vemos en un Zoom para seguir este nivel de profunda hermandad.
No puedo dejar de pensar que todo lo mejor del reino de Dios es un don del Espíritu Santo. Cuando miro hacia atrás, veo claramente que lo que Dios inicia y hace en nosotros y a través de nosotros, es lo que va a permanecer. Todo lo que consigamos con nuestras propias fuerzas o con nuestro talento humano bien puede tambalearse y caer un día.
Por eso, que Dios sea siempre el protagonista de nuestras vidas y obras, y que escojamos tener al Espíritu obrando en nosotros. Estamos aprendiendo a ser la familia de Dios.
—Connie Bentson Byler ha vivido en España sirviendo con la Red Menonita de Misiones durante cuatro décadas. Connie y Dionisio Byler son miembros de Comunidades Unidas Anabautistas de Burgos, aunque desde su jubilación en 2018 residen a dos horas de allí.
La Casa Grande, en Benín, fue fundada por obreros misioneros de la Iglesia Menonita de Burgos en España (Iglesia Evangélica Comunidades Unidas Anabautistas, que forma parte de la iglesia miembro del CMM, Anabautistas, Menonitas y Hermanos en Cristo, España), quienes participaban en el Instituto Bíblico de Benín. Hoy en día, entre sus asociados se incluyen la Red Menonita de Misión, Mennonitiches Hilfswerk y Mennonite Men. La Casa Grande es miembro de la Red de Servicio Anabautista Mundial (GASN).
Es muy grato ver a este Dios maravilloso cuyos hijos e hijas están por todas partes y cuyo amor se derrama sobre todos ellos, dondequiera que estén.
La Casa Grande comenzó como un hogar para niños y niñas que habían quedado huérfanos o necesitaban más apoyo del que sus familias podían darles. En la actualidad, hemos ampliado nuestras actividades para incluir educación (desde primaria hasta secundaria) y capacitación vocacional, además de compartir la Palabra de Dios a través de estas iniciativas de desarrollo en las comunidades. Los proyectos de agricultura, fuentes de combustible limpio y gestión de desechos incluyen una unidad de cría de cerdos, la creación de carbón ecológico y la construcción de letrinas.
Nuestro ministerio de educación presta especial atención a las niñas, que a menudo se ven presionadas a abandonar la escuela. Además, se ofrece apoyo a los niños y niñas con discapacidades y otros factores de vulnerabilidad. El centro ha contratado a profesionales (fisioterapeuta y fonoaudiólogo) para trabajar con ellos.
Nuestro tratamiento y recuperación de desechos y cuidado de la creación capacitan a mujeres y niñas de la comunidad sobre cómo mantener y utilizar letrinas, producir combustible de la basura para cocinar y hacer mejor abono.
Cuando en la comunidad de Allada se ven calles bordeadas por árboles, significa que la Casa Grande está cerca. Nuestro barrio se diferencia de los demás porque las calles están bordeadas de árboles. Es una muestra de nuestros esfuerzos por proteger el medio ambiente y un símbolo de nuestra lucha contra la deforestación.
Cuando apoyamos la educación de un niño o niña en nuestra escuela “Líderes de África”, los miembros de la familia se involucran. Son 86 niños y niñas de nuestro ministerio que se vieron directamente beneficiados por nuestra labor en 2023, pero calculamos que el número de los que se beneficiaron indirectamente es alrededor de 800. Para calcular las personas beneficiadas, multiplicamos el número porque suponemos que este niño o niña tiene un padre, una madre y un hermano o hermana. Apoyar al niño o niña ya es en sí una ayuda para los miembros de la familia.
La hija perdida
Cuando su familia pasaba por momentos difíciles, una niña de seis o siete años a quien llamaremos “F”, fue enviada a vivir con una mujer rica para ganar dinero para la tía de F. Al poco tiempo, F se escapó. La policía la encontró y la internó en un centro. Después de cinco años, F vino a vivir con nosotros a Casa Grande.
Nos propusimos encontrar a la familia de la niña. Pasamos muchas noches, viajamos muchos kilómetros, atravesamos pueblos de un lado a otro.
A casi 200 km de Casa Grande, encontramos a una familia que afirmaba haber perdido a una hija, muy parecida a la de la niña de nuestra casa. Escuchamos la historia de la separación de la niña de su familia.
De repente, de la casa salió una mujer joven que se parecía mucho a F, como si fuera la hermana mayor. “¡Esta es nuestra niña!”, dijimos. Unos momentos después, apareció otra mujer que también se parecía mucho a F, después de que nos habían contado su historia. La mujer mayor nos mostró una foto de la hija que había perdido y nosotros le mostramos una foto de la niña que habíamos encontrado.
Cuando le mostramos la foto a la madre, ella corrió por todo el pueblo. Se tiró al suelo, lloró, gritó y saltó de alegría. “¡Gloria a Dios! ¡Oh, Dios ha encontrado a mi hija de nuevo!” Fue un día de celebración y todo el pueblo se acercó a nosotros.
Esta historia ha conmovido a toda la comunidad y todavía mantenemos una relación con F, a quien devolvimos a su madre. Toda la familia estaba muy feliz porque habían encontrado a su hija perdida.
Todos pertenecemos
A la gente no le gustaba que los niños discapacitados estudiaran junto a los niños sanos. Sin embargo, a través del proyecto de apoyo a niñas y niños discapacitados hemos creado inclusión, donde niños sanos y niños discapacitados crecen juntos y estudian en la misma aula.
Dos niños pequeños, hijos de madres solteras, llegaron a nuestro cuidado con grandes necesidades médicas.
Uno de ellos, al que llamaremos “T”, quedó bajo responsabilidad de su tía, que lo descuidó. Sufría de desnutrición grave. Cuando uno lo miraba, lo único que se veía eran sus huesos. Un vecino llamó a la policía que lo llevó al hospital, pero la tía no quiso pagar por su atención. Entonces, un juez emitió una orden de internación para asignar el niño a nuestro hogar.
Incluso cuando nos confiaron al niño teníamos un poco de miedo, pero estamos muy contentos de que Dios se haya valido de nosotros para salvar la vida de este niño. Hoy, cuando la gente viene a ver al niño, no pueden creer que sea el mismo niño.
Pero nosotros les respondemos: ¡Sí, es el niño!
El otro varón, al que llamaremos “P”, tiene una madre que está en prisión y que está luchando con problemas de salud mental. Ella lo descartó como si fuera un paquete, por lo que el juez de menores ordenó que el niño quedara bajo nuestro cuidado.
Cuando lo trajimos a casa hace diez meses, descubrimos que padece un caso grave de anemia falciforme, una enfermedad que es muy difícil de tratar. Durante meses solíamos pasar días enteros en el hospital con P, pero ya hace casi cuatro meses que no lo hemos tenido que llevar.
Comenzamos a orar y P está muy bien ahora.
Su mamá todavía está en prisión, por eso oramos con P, juntos meditamos en la Palabra y ayudamos a este niño a descubrir su futuro y sentir la calidez del amor de Dios.
Koissivi Bienvenu KADJA, coordinador nacional de La Casa Grande en Allada, Benín desde 2019. Se sumó al equipo en 2011 y desde entonces ha desempeñado diferentes funciones.
El Servicio Menonita para Catástrofes ha respondido a una nueva catástrofe por inundaciones en Barre, Vermont y sus alrededores, donde voluntarios han limpiado o reparado más de cincuenta viviendas. Las mujeres en la foto limpiaron el barro del sótano de una casa inundada por el agua del río. Fotógrafo: Brent Trumbo
América del Norte: EE. UU.
El Servicio Menonita para Catástrofes (MDS, por sus siglas en inglés) hace frente a catástrofes, reconstruye viviendas y restaura la esperanza organizando y empoderando a voluntarios a fin de responder a las personas afectadas por los catástrofes en EE. UU. y Canadá. Creado en la década de 1950, como una expresión organizada de las prácticas anabautistas de ayuda mutua, actualmente el MDS es respetado por las agencias nacionales de gestión de catástrofes de ambos países. En 2022-2023, el MDS contó con más de siete mil voluntarios (algunos capacitados en construcción, otros sin ninguna experiencia) provenientes de iglesias menonitas que lo apoyan, de otras iglesias o de ninguna, y de todos aquellos sectores que comparten la identidad anabautista en América del Norte, desde los Amish de la Antigua Orden a la gran variedad de menonitas urbanos y expertos en tecnología. El MDS pertenece a la Red de Servicio Anabautista Mundial.
El 29 de julio de 2024, Brent Trumbo ₋voluntario veterano del MDS que asiste a la Iglesia Menonita de Harrisonburg, Virginia₋ se desempeñaba como líder de equipo en Barre, Vermont, EE. UU., junto con voluntarios menonitas de la Antigua Orden de Dayton, Virginia y de la zona del condado de Lancaster, Pensilvania.
“Me quedé atónito cuando vi lo que estaban haciendo”, expresó. Las mujeres, la mayoría veinteañeras, usaban palas para llenar baldes de veinte litros con barro y luego los llevaban, un balde en cada mano, del sótano de una casa de doscientos años que se había inundado con lodo del río.
“Cargaban unos 18 kilos en cada mano”, dijo. “Lo hicieron durante horas y horas sin parar ni reducir su ritmo.”
Y cantaban mientras trabajaban. “Su armonía era fenomenal”, comentó Brent Trumbo. “Se podría haber hecho una grabación en ese sótano.”
Brent Trumbo quedó maravillado por el hermoso canto que se alzaba desde el barro en el sótano. “Era un ambiente desagradable”, explicó. “Pusimos algunas luces provisorias allí abajo, pero estaba oscuro. No olía bien.”
Sin embargo, las condiciones no parecieron perturbar a las mujeres en absoluto, así que se sumó al trabajo.
“Trataba de seguirles el ritmo”, comentó Brent Trumbo, de 65 años de edad. “Tuve que tomar un par de analgésicos (Ibuprofeno).”
Recuerda haberse emocionado en su último día de trabajo, que fue el 2 de agosto de 2024.
“Eran jóvenes muy trabajadoras, humildes, muy amigables, se acercaban a conversar conmigo durante veinte minutos con total naturalidad”, expresó. Me devolvieron la esperanza en la próxima generación. Eso es lo que realmente siento. Me emociono mucho cuando hablo de ello.”
No tenía idea de que la foto que sacó de las mujeres con vestidos embarrados sería vista por miles de personas en Facebook e Instagram.
“¡La gente pensó que era alguien que usaba su imaginación mediante la inteligencia artificial!”, señaló Brent Trumbo. Él quisiera asegurarle a la gente que es un ser humano real.
¿Quién no aparece en la fotografía? El dueño de casa, un hombre que, cuando bajaba bocadillos y bebidas al sótano para los voluntarios, quedaba atónito al ver el trabajo que se estaba realizando.
“Cuando nos íbamos y yo salía con mi auto, me di cuenta de que él se había sentado en una reposera en el jardín y parecía que estaba llorando”, dijo Trumbo. “Estoy seguro de que simplemente estaba en shock. Fue un momento muy conmovedor.”
—Esta historia se publicó por primera vez en el sitio web del MDS, después de que la foto se compartiera en las redes sociales.
Reflexiones de Kevin King, director ejecutivo del Servicio Menonita para Catástrofes (MDS, por sus siglas en inglés):
A fines de agosto, pasé varios días en Barre, Vermont, visitando el proyecto del MDS y las comunidades vecinas. Me sumé a voluntarios de Arizona, Nueva York, Illinois, Ohio, Virginia, Minnesota e Indiana, a fin de escuchar a los sobrevivientes de las inundaciones y a los líderes de la comunidad local. Tres grandes inundaciones han afectado el norte y centro de Vermont en los últimos doce meses. Escuché historias de muchos residentes que reviven el trauma cuando aparecen las tormentas eléctricas y se preguntan si serán víctimas de una cuarta inundación.
Una mañana, durante el desayuno con Dan Molind, pastor de la iglesia bautista local, él comentó: “Qué bendición es ver la gran variedad de menonitas que han venido a limpiar y reconstruir a través del MDS, desde Amish a estadounidenses. ¿Cómo es posible?”
Le respondí que era debido a nuestra compasión, obediencia a las Escrituras y agradecimiento a Dios.
Nosotros, como comunidad de fe anabautista, podremos tener nuestras diferencias, pero en última instancia lo que uno siempre ve es que los voluntarios del MDS viven su unidad en Cristo poniendo en práctica su fe.