Alegrías y cargas entrelazadas

Perspectivas — Filipinas

Soy de Filipinas y estoy agradecida de que nuestra familia de IMC pueda ser testigo de la fidelidad de Dios entre personas de muchas tribus, culturas y naciones.

Todavía recuerdo la primera vez que vi a la iglesia mundial reunida en Alemania. Me quedé asombrada. Por un instante, sentí como si estuviera vislumbrando un pequeño anticipo del cielo: gente de diferentes lugares e idiomas, pero todos alabando al mismo Dios en sus propios idiomas, a su propia manera.

Esto me recordó que, incluso con nuestras diferencias, somos una sola familia en Cristo.

Pero, como todos sabemos, la vida cristiana no siempre es fácil. Junto con la alegría, también hay cargas.

Compre uno, lleve otro gratis

Crecí en la iglesia como hija de pastores. Mis padres son ambos pastores, así que crecí viendo no solo la alegría del ministerio, sino también las cargas que conlleva. Es como un “compre uno y lleve otro gratis”.

En los últimos años, nuestra comunidad eclesial atravesó momentos dolorosos. Se fueron algunos laicos y algunas iglesias. Y como jóvenes de la iglesia, muchos no comprendíamos del todo lo que estaba sucediendo o había sucedido. Era algo que sobrellevaban los ancianos. Como jóvenes, simplemente sentimos la pérdida.

De repente, ya no estaban personas con las que solíamos adorar. Ates y Kuyas (hermanos y hermanas) que habían sido parte de nuestras vidas. Las relaciones cambiaron. Y teníamos preguntas que no sabíamos cómo formular.

Sentí una gran angustia. Porque cuando la gente se va, uno siente que algo se ha roto en la familia.

Pero aun en esos momentos difíciles, también hubo algo esperanzador. He visto a miembros perseverar en la fe pese a sus propias cargas.

Fe en medio de la adversidad

Hoy quisiera compartir lo que escuché de nuestros líderes. Quería comprender mejor las cargas que llevaban nuestros pastores, así que les pedí a algunos de ellos que compartieran sus sentimientos conmigo.

Un pastor expresó que una de sus mayores preocupaciones era el bienestar de los pastores de nuestro distrito: mejorar su situación económica, reparar las instalaciones de los edificios de las iglesias y brindarles más oportunidades a los pastores y laicos para capacitarse en el ministerio. Aun con estas cargas, continúa sirviendo fielmente, confiando en que Dios fortalecerá a la iglesia y a sus líderes.

Otro pastor habló sobre las numerosas responsabilidades que conlleva el ministerio. Muchos pastores sirven con recursos limitados, y a la vez cuidan de sus familias y crían a sus hijos. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, continúan sirviendo fielmente, confiando en que Dios atenderá sus necesidades.

Una pastora compartió un testimonio muy personal. A sus 69 años, requería una cirugía de corazón muy costosa. Al principio, dudó por el costo. Pero su familia le recordó que servimos a un Dios que escucha la oración. Las iglesias oraron, la gente oró y, gracias a la providencia de Dios, la cirugía fue posible.

Durante ese tiempo de enfermedad, ella experimentó la fidelidad de Dios. Y aún ahora, a sus setenta y tantos años, continúa sirviendo al Señor con la vida que Él ha sostenido.

Otro pastor se refirió a la carga que siente por la unidad en la iglesia. Esa unidad no se logra de la noche a la mañana; requiere paciencia, humildad y amor. Aun cuando es difícil, siguen trabajando por la paz y la comprensión dentro de la iglesia.

Dos jóvenes pastores también compartieron el desafío de liderar congregaciones en las que muchos miembros son mayores que ellos. Puede resultar intimidante a veces, pero siguen adelante con fe, aprendiendo a liderar con humildad mientras sirven fielmente a las personas que Dios les ha confiado.

La escucha se vuelve esperanza

Escuchar sus historias me ayudó a comprender más profundamente las cargas del ministerio. Y lo que compartieron fue solo un pequeño vistazo de todo lo que han vivido. Sin embargo, también escuché cómo la comunidad de creyentes los ayudó a sobrellevar esas cargas, fortaleciéndolos en el camino.

Mientras escuchaba, también percibí algo más: fe, perseverancia y una profunda confianza en Dios. Aun en medio de las dificultades, siguen sirviendo. Aun en la incertidumbre, siguen confiando en que Dios proveerá. Aun en momentos difíciles, siguen amando y guiando a la iglesia.

A través de ello, también he visto esperanza en la comunidad de creyentes. He visto iglesias que continúan adorando juntas. He visto personas orando unas por otras. He visto pastores y miembros que eligen seguir sirviendo juntos.

En Filipinas, tenemos un hermoso valor llamado bayanihan: el espíritu de ayudarnos unos a otros a sobrellevar las cargas por el bien de la comunidad. Hay un dicho: “Magaan ang mabigat kapag nagtutulungan” (Lo pesado se vuelve ligero cuando todos lo llevamos juntos). Creo que esto es también lo que la iglesia está llamada a ser. Gálatas 6:2 nos recuerda: “Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y así cumplirán la ley de Cristo”.

A veces el ministerio es difícil. A veces la unidad requiere tiempo. A veces las cargas se sienten pesadas.

Pero cuando nos mantenemos unidos como familia de Cristo, orando, apoyándonos y animándonos unos a otros, comenzamos a ver la fidelidad de Dios.

Mi esperanza para nuestras iglesias, y para la iglesia mundial, es que sigamos viviendo con este espíritu de solidaridad. Porque la verdad es que la iglesia nunca ha sido perfecta. Sobrellevamos heridas. Sobrellevamos preguntas. Sobrellevamos cargas.

Pero también llevamos con nosotros algo más grande: fe, esperanza y el amor de Cristo. Y un día, todos estaremos juntos ante Dios: personas de todas las tribus, lenguas y naciones, adorándolo. Tal como sucede en los eventos del CMM.

—Blessing Joy Turqueza, miembro de Integrated Mennonite Churches, Inc., de Filipinas, es la representante de Asia en el Comité de YABs (2025–2028). Presentó esta reflexión en el evento de Renovación 2026 realizado en Filipinas en marzo de 2026, cuyo lema era, “Solidaridad en la familia de Cristo: compartiendo las cargas, compartiendo la esperanza”.