• Comisiones y el CMM a los 100 años

    En los Estatutos del CMM de 2009, el Concilio General estableció comisiones permanentes – Diáconos, Fe y Vida, Misiones, Paz – “en asuntos de vital interés para la comunidad de iglesias del CMM”.

    Las comisiones podrán preparar asuntos o material para la consideración del Concilio General, orientar y proponer recursos para el CMM o las iglesias miembros, y facilitar redes afines al CMM o fraternidades que colaboren en asuntos de interés común.

    Desde la perspectiva de la Comisión de Paz, Joji Pantoja destaca cómo la Comisión contribuyó a la hermandad, la adoración, el servicio o el testimonio en la comunión anabautista mundial, y cómo desempeñó su papel para que el CMM fuera una comunidad mundial de fe en la tradición anabautista.

    Durante mi mandato como presidenta, la Comisión se propuso traducir nuestra teología de la paz en un testimonio mundial tangible. Se destacan tres momentos importantes, cada uno de los cuales muestra una faceta diferente de nuestro testimonio de paz.

    La primera fue nuestro trabajo con los wounaans de Panamá, donde una visita a la comunidad llevó al CMM a abogar ante su gobierno para proteger sus árboles sagrados de cocobolo y su papel como guardianes del bosque.

    Se trataba de paz como acción concreta y arraigada: defender la creación de Dios y las comunidades que la sostienen.

    La segunda fue la elaboración de una declaración general del CMM que afirmaba nuestro apoyo a los derechos de los pueblos originarios en todo el mundo. Se trataba de paz como postura profética. La Comisión desempeñó un papel clave en la redacción de este documento, basado en los principios bíblicos de justicia.

    Esta declaración nos llevó de reaccionar ante las crisis a definir de manera proactiva nuestra identidad mundial, brindando a cada iglesia miembro una base teológica para la solidaridad.

    La tercera fue nuestra intervención directa en favor de un objetor de conciencia en Corea, miembro de nuestra familia mundial, encarcelado por su negativa a participar en el entrenamiento militar, basada en su fe. En este caso, nuestro testimonio de paz se convirtió en defensa pastoral. La Comisión movilizó a todas las partes del CMM para abogar por su libertad, afirmando que nuestra postura teológica sobre la paz tiene consecuencias reales para nuestros miembros.

    Esta acción demostró que la Comisión no solo se limita a hacer declaraciones generales, sino que también apoya a las personas cuyas vidas encarnan nuestras convicciones fundamentales, garantizando que nuestra comunión mundial sea una fuente tangible de apoyo y testimonio.

    Recuerdo entrañable

    Recuerdo el profundo silencio en la sala después de escuchar al anciano wounaan hablar del bosque como si fuera un pariente. Ese momento de convicción compartida, en el que nuestra teología se encontró con su realidad vivida, fue sagrado.

    Del mismo modo, valoro mucho el paciente y devoto proceso de redacción de la Declaración de Solidaridad con los Pueblos Indígenas. No fue un proceso rápido; se tardó casi dos años en terminar el documento de posición. Este largo período no fue un retraso, sino un tiempo necesario de hermandad. Escuchamos, debatimos y perfeccionamos el texto para asegurarnos de que representara verdaderamente a nuestra familia mundial diversa.

    El momento en que todo quedó finalmente armonizado y lo adoptamos juntos fue increíblemente conmovedor. No solo aprobábamos un documento, sino también presenciábamos el fruto de un discernimiento colectivo y sostenido, llevando a la práctica verdaderamente la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

    Futuro

    Sueño con que la Comisión cree herramientas prácticas para las iglesias sobre cómo participar en los procesos locales de verdad y de reconciliación, o que facilite asociaciones en las que las iglesias con experiencia en justicia territorial puedan asesorar a otras.

    Pasemos de hacer declaraciones contundentes a empoderar a miles de testigos locales, todas vinculadas y fortalecidas por nuestra comunión mundial.

    —Felicitas (Joji) Pantoja (Filipinas), presidenta, Comisión de Paz (2015-2022)

    Comentarios de otras Comisiones:

    Diáconos

    “La labor tan importante y significativa de la Comisión de Diáconos de acompañar a las iglesias en momentos de sufrimiento y angustia, así como en momentos de alegría para animar a nuestros hermanos y hermanas, fue y seguirá siendo tal como comenzó en Hechos 6:1-7. Estas experiencias realmente han acercado y seguirán acercando a nuestras comunidades a fin de ser ‘sal’ y ‘luz’ para el mundo.”
    Cynthia Peacock (India), presidenta, Comisión de Diáconos (2009-2015)

    Fe y Vida

    “Desarrollamos una sesión de trabajo dinámica en la que diferentes integrantes prepararon estudios de casos sobre asuntos importantes que se habían decidido – a veces con gran dificultad o conflicto – en sus iglesias nacionales o regionales. Estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de trabajar junto con toda la Comisión en esta tarea, aprovechando la experiencia de los cinco continentes y aprendiendo mucho sobre nosotros mismos en el proceso.”
    —Anicka Fast (Canadá), secretaria, Comisión Fe y Vida (2023- )

    Misiones

    “Nos pareció bien y adecuado, tanto a nosotros como al Espíritu, unir finalmente a las organizaciones anabautistas de todo el mundo que participaban en la misión. ¿¡Por qué no habríamos de cooperar!? ¿¡Por qué no habríamos de colaborar!?”
    —Janet Plenert (Canadá), presidenta de Fraternidad Mundial Misionera (GMF) (2009)


    diversity group discussion
  • CMM: Cien años de comunión

    En circunstancias muy similares a las de hoy en día, un grupo de menonitas emprendió una peregrinación desde el sur de Rusia (actual Ucrania) a Zúrich, Suiza, en 1925, a fin de presentar un mensaje de la Convención General de Congregaciones Menonitas de Rusia en la primera reunión mundial del Congreso Mundial Menonita.

    La delegación expresaba las siguientes aspiraciones en su carta: “Acogemos favorablemente la idea de establecer una Unión Mundial Menonita, cuya expresión unánime debería ser una reunión de representantes de todos los menonitas del mundo”.

    La creación de una organización menonita mundial y diversa sería algo enriquecedor para la iglesia, especialmente en los grupos dispersos más pequeños. Podría facilitar la financiación de escuelas establecidas por iglesias, promover actividades misioneras, ayudar a los necesitados y a los que sufren, abordar los desafíos de la migración y establecer un directorio mundial.

    La carta transmitía un mensaje inspirador de reciprocidad, de solidaridad mundial y de esperanza por la unidad en medio de una notable diversidad.

    ¿Han cambiado los tiempos? ¿O todavía es necesario que se nos recuerde la importancia crucial de la unidad dada la diversidad de nuestras propias experiencias?

    Hace más de 2.500 años, otro grupo comenzó una peregrinación desde más al este hacia Jerusalén, llevando un mensaje para ser compartido entre las comunidades de otros grupos judíos exiliados. Hoy en día conocemos este mensaje como el Salmo 133, que comienza así:

    ¡Qué bueno y agradable es que el pueblo de Dios viva unido! (Salmos 133:1, NVI)

    Al entonar este cántico cada año, los exiliados descubrían que vivir juntos en unidad es un don de Dios, una realidad tangible y atractiva.

    Un don de Dios

    El pasaje describe cómo descienden el aceite y el rocío. Estas imágenes ilustran cómo el salmista imaginaba la unión de los israelitas: es otorgada por Dios. La verdadera unión no se puede construir ni alcanzar mediante acuerdos humanos sobre doctrinas o prácticas; es un don divino.

    Una realidad atractiva

    La unión es una bendición que atrae más bendiciones. Es una vida plena que se extiende hacia afuera: una fragancia que se esparce, un rocío que impregna. Así como un aroma agradable llama la atención, la unión del pueblo de Dios es algo que todos anhelamos experimentar. Cuando lo descubrimos, se vuelve irresistible.

    Una realidad tangible

    La primera palabra después del título del Salmo 133, la palabra hebrea hinneh, que significa “miren” o “contemplen”, tiene un gran significado. Al invitarnos a “mirar”, el texto sugiere que la unión del pueblo de Dios no es meramente un concepto “espiritual”. Tampoco es algo que experimentaremos sólo después de la muerte. La unión del pueblo de Dios es una realidad tangible que se puede ver y sentir aquí y ahora.

    Durante siglos, teólogos cristianos han visto en este salmo un anticipo del concepto del Nuevo Testamento de ser uno solo o de la comunión, donde la unión no se entiende como uniformidad o unísono, sino armonía en medio de la diversidad.

    Al igual que los israelitas en su exilio, la delegación menonita en 1925 concibió una organización que encarnara la unidad como una realidad tangible. Anhelaban ser parte de un organismo más grande que ellos mismos, de carácter mundial.

    Concibieron una organización que encarnara dicha unidad.

    ¿Y hoy en día?

    Estamos llevando a la práctica lo que la delegación concibió hace cien años.

    Esta anhelada comunión se materializó en el Congreso Mundial Menonita (CMM).

    Procuramos encarnar la comunión.

    Facilitamos la labor interdependiente en los ministerios de educación, misiones y paz.

    Apoyamos a las iglesias que sufren y colaboramos con muchas otras iniciativas en nuestra búsqueda de fomentar la unidad.

    Al celebrar este centenario, recordemos que la unidad es un don de Dios. Dejémonos atraer por dicha unidad. Hagámosla tangible. Oremos para que nuestra unidad brinde esperanza a nuestras iglesias en tiempos de sufrimiento y opresión, y a un mundo que se desintegra en medio de la violencia, el nacionalismo, la fragmentación y la polarización.

    César García, secretario general del CMM, oriundo de Colombia, reside en Kitchener, Ontario, Canadá. Este artículo es una adaptación de su sermón del centenario pronunciado en Schönblick, Alemania, el 25 de mayo de 2025.

    family in Christ photo group
  • Domingo de la Fraternidad Anabautista Mundial 2026

    Sermones


    Quienes comparten tienen más

    Miqueas 6:8 

    Estoy de pie bajo el sol de principios de verano en el campo de fresas de la familia Loosli en Moron, en el Jura, y busco entre los pequeños arbustos las fresas más maduras y hermosas. 

    Lo que me pasa por la mente en esta hermosa mañana de junio es el lema del próximo fin de semana de mujeres de otoño: “Quienes comparten, tiene más”. 

    La inspiración proviene del curso “Just People» (simplemente personas) de Stop Poverty. Los valores que queremos abordar son la caridad, la sostenibilidad, la justicia y la misericordia. Nuestro texto clave será Miqueas 6:8. 

    “Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios”. 

    Respiramos profundo. Dios ya ha establecido lo importante en sus mandamientos. No hay nada que añadir. 

    La tarea ahora es combinar el lema del fin de semana de mujeres, “Quienes comparten tiene más”, con Miqueas 6:8. 

    Este lema nos desafía, no solo por lo que afirma, sino porque es contradictorio: ¡una parte es menos de algo, no más! Menos es menos, no más. 

    Cuando algo es paradójico y aparentemente sin sentido, puede estar apuntando a un significado superior. 

    ¿Cuál podría ser dicho significado? 

    Cuando comparto o regalo algunas de las fresas que he recogido con el sudor de mi frente en el soleado Moron, tengo menos fresas, no más. Así que el “más” no puede referirse a las fresas, sino a qué, entonces. ¿Cuál es el valor añadido? 

    Cambio de escena 

    Este es el mapa del mundo como lo conocemos. Los colores representan los diferentes continentes: 

    Este es un mapa mundial en el que los contornos naturales están distorsionados. Europa, América del Norte y partes de Asia están infladas porque consumen más recursos naturales en términos relativos. 

    Pero los recursos del mundo son finitos. 

    Lo que algunos consumen para la producción de alimentos, el espacio habitable per cápita, la extracción de minerales, etc., otros no lo tienen. Por eso se han encogido. 

    En este mapa, África, India y Pakistán aparecen ampliados. Este es el mapa de la desnutrición infantil. Hay muchos más niños desnutridos en los continentes ampliados, mientras que en Europa y América casi no hay ninguno. La distribución desigual de los recursos es un hecho. 

    El compositor suizo Mani Matter resumió este conocimiento de una manera ingeniosa y acertada en un breve poema o canción. 

    “Quienes están en buena situación 
    estarían mejor 
    si estuvieran mejor aquellos 
    que están en peor situación 
    Pero eso no es posible 
    Sin que aquellos 
    que están en peor situación 
    estén en mejor situación…” 

    En Suiza, la situación es realmente muy buena. Suiza es uno de los países más ricos del mundo. La mayoría de nosotros padecemos muy pocas privaciones. Al otro lado del planeta, la gente trabaja duro y en condiciones precarias para garantizar nuestra prosperidad material. Nuestra prosperidad tiene un precio, pero no somos necesariamente nosotros quienes lo pagamos. 

    Si los bienes se distribuyeran de forma más equitativa alrededor del mundo, todo el mundo estaría mejor. Pero ¿cómo podemos llegar a compartir lo que tenemos? 

    Según las investigaciones sobre la felicidad y el Informe Mundial sobre la Felicidad de las Naciones Unidas, debería ser bastante sencillo: compartir nos hace felices. 

    Uno aumenta su propia felicidad al aumentar la felicidad de los demás. Así que, si aseguráramos que la desnutrición en el Sur Global disminuyera y que la gente tuviera acceso a más recursos, más alimentos, más oportunidades educativas, etc., seríamos más felices. 

    En este sentido, uno tiene más cuando comparte. 

    De vuelta al campo de fresas 

    Cuando comparto las fresas que he recogido y se las llevo a alguien, hago feliz a esa persona. Hay un momento de disfrute para quien las recibe y la alegría de recibir un regalo. Y al poder presenciarlo, yo también soy más feliz. Por lo tanto, hay más. 

    De alguna manera, todavía no me satisface del todo. 

    Ciertamente hay mucha verdad en ello, pero en realidad es una visión virtuosa en el sentido de los antiguos griegos. Pero estamos hablando de un fin de semana de mujeres menonitas. 

    Aquí está Miqueas 6:8 una vez más: 

    “Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios”.  

    Según Miqueas, lo siguiente es importante: 

    • cumplir la ley (algunas traducciones hablan de practicar la justicia, hacer lo correcto, no permitir la injusticia); 
    • ser compasivos con nuestros semejantes (algunas traducciones hablan de solidaridad, de dar cuidado); 
    • vivir en constante comunión con Dios (algunas traducciones dicen “caminar atentamente con Dios, ser comprensivo y atento, vivir en reverencia con Dios”). 

    Dios mostrará misericordia a quienes viven de esta manera. 

    Este es un texto que se centra en la fe práctica y vivida. Analicémoslo con más detalle: 

    Justicia y rectitud 

    El tema de la justicia es un hilo conductor en la Biblia. Al pensar en ella, al principio podríamos pensar que cada uno recibe lo que merece, que todos deben recibir el castigo justo por sus malas acciones. 

    Pero la justicia de Dios no se trata principalmente de juicio. La justicia de Dios es la creación de condiciones que afirmen la vida, de relaciones equilibradas entre las personas, entre Dios y los seres creados. Dado que somos falibles, la justicia de Dios tiene mucho que ver con la misericordia. 

    Y se trata de una justicia que no concierne sólo al individuo, sino que no pierde de vista la convivencia social: pensemos en el ejemplo del año del jubileo, cuando cada siete veces siete años se perdonan todas las deudas (Levítico 25). 

    Ser humano, mostrar solidaridad y dar cariño 

    Muchos sabemos lo que se siente recibir la hospitalidad de personas que, según nuestros estándares, no tienen nada, pero aun así quieren compartir lo poco que pueden reunir en ese momento con sus invitados. Esto es profundamente impresionante, a veces incluso vergonzoso, porque no se puede dar nada a cambio en ese momento. 

    Pero quizás decidas emular este ejemplo. A través del ejemplo de los más pobres, aprendemos a compartir y se crea un efecto dominó. 

    Vivir en constante conexión con Dios, caminar atentamente con Dios

    Esto significa que Dios nos guía y nosotros le seguimos. 

    No somos nosotros los que decidimos dónde ir y luego Dios nos sigue, sino que es Dios quien nos va indicando el camino que debemos recorrer atentos a Él. 

    Si no tenemos cuidado y nos dejamos distraer, podemos perdernos en un giro del camino y de repente encontrarnos entre la maleza. “Vivir en constante comunión con Dios” significa, idealmente, tomar la mano de Dios como un niño pequeño y aferrarse a ella con la mayor fuerza posible. 

    Así que eso era lo que le preocupaba a Miqueas en el año 700 a. C. ¿Sigue tratándose de eso hoy en día, incluso en la vida con Jesús? 

    En mi búsqueda de un versículo que resuma lo que importa en la vida con Dios de manera tan sucinta como Miqueas 6:8, y que también aborde la cuestión del sacrificio y el compartir, encontré un versículo en hebreos. La Carta a los hebreos se dirige a una congregación cuyo entusiasmo inicial parece estar decayendo. Por lo tanto, es necesario que se les recuerde lo importante. En las exhortaciones finales del capítulo 13, leemos (13:15): 

    “Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre”. 

    Y luego viene el versículo que lo resume tan bellamente (13:16): 

     “Y no se olviden de hacer el bien ni de compartir lo que tienen con quienes pasan necesidad. Estos son los sacrificios que le agradan a Dios”. 

    Dios se complace cuando hacemos el bien y compartimos. Así es como queremos entender el lema: “Quienes comparten, tienen más”. 

    El “más” es la conexión estrecha con nuestro Señor Jesús, la completa atención, el cuestionamiento agradecido, la escucha de qué y cómo debemos y podemos compartir. 

    Y cuando oramos, cantamos y escuchamos, sentimos que compartir es una necesidad que nace de lo más profundo de nosotros. Es la necesidad de caminar con atención a Dios y compartir nuestras fortalezas, nuestros recursos, nuestras experiencias de fe, todo lo que nos define, con otras personas. 

    —Mathild Gyger es miembro de la Congregación Evangélica Menonita de Schanzli, Suiza. Adaptación de un sermón que pronunció el 1 de octubre del 2023. 

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    Compartir un almuerzo después del servicio en la iglesia menonita de Ratisbona, Alemania.
    Foto proporcionada

    La persona samaritana que hay en mí 

    Lucas 10:25-37 

    Todos conocemos la historia del buen samaritano. La moraleja de todo ello es muy sencilla. Jesús la resume acertadamente tras la parábola: “Ve, y haz tú lo mismo” (10:37). 

    Sin embargo, se me ocurre una historia que podría encajar de alguna manera con la parábola del buen samaritano. 

    El otoño pasado, Alfred, de Ghana, vivió con mi madre y padre durante cinco meses mientras cursaba un semestre en el extranjero en la Universidad de Basilea como parte de sus estudios de teología. Durante su estancia en Suiza, él volvió a casa dos veces muy alterado porque había visto a gente caerse en las escaleras mecánicas de la estación de Basilea. Lo que más le molestaba no eran las lesiones sufridas por las personas que habían caído, sino el hecho de que apenas hubiera nadie a su lado para ayudar a las víctimas. 

    Esto demuestra que, después de todo, la valentía civil no es tan sencilla. Incluso si la situación, como en este caso, no supone ningún peligro real, cuesta mucho esfuerzo decidir amar. Al parecer, muchas personas no logran el “Ve, y haz tú lo mismo”. 

    Por lo tanto, tal vez valga la pena examinar más detenidamente este texto bíblico. 

    En esta parábola, casi todo se invierte. El héroe de la historia no es el sacerdote, ni el levita, ni el judío común. 

    No, el héroe es el samaritano, alguien que, desde la perspectiva judía de la época, perdió el rumbo y siguió una creencia errónea. 

    Casi se puede oír el crujir de dientes del erudito cuando responde a la pregunta de Jesús tras la historia: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (10:36). No se atreve a decir: “¡El samaritano!”. En cambio, dice: el que usó de misericordia con él (10:37). 

    ¿A quién consideraríamos hoy un héroe si Jesús nos contara personalmente la historia? También hay grupos de personas que son más o menos rechazadas en nuestra sociedad. Aunque no queramos, también nosotros tenemos nuestras reservas y prejuicios, que a menudo no son fáciles de superar. 

    Jesús cuenta deliberadamente la historia de tal manera que incomoda a sus oyentes. Por lo tanto, les invito a ustedes a que se tomen un momento y reinterpreten el papel del samaritano con alguien que les incomode. 

    Intente tener en la mente a esta persona o grupo de personas durante el resto del sermón. 

    Cuando se cuenta la historia del Buen Samaritano, normalmente se destaca la compasión por la humanidad. 

    Sin embargo, Kenneth E. Bailey, experto en cultura de Oriente Medio, me mostró durante mi preparación cómo la falta de valentía para amar juega un papel importante en esta historia. 

    Empezando por el sacerdote, que probablemente regresaba a Jericó después de dos semanas de ministerio en Jerusalén. Si él se hubiera acercado al hombre herido, del que no sabía si estaba muerto o aún vivo, él habría corrido el riesgo de contaminarse ritualmente, lo que habría supuesto un largo proceso de purificación durante el cual él, sus sirvientes y su familia habrían tenido que vivir con consecuencias desagradables.  

    Si él se hubiera contaminado y luego hubiera evadido el proceso de purificación, esto habría significado que estaba sirviendo en el altar como impuro, lo que podría haber dado lugar a una acusación con consecuencias aún peores. 

    Por lo tanto, para el sacerdote, ciertos peligros o inconvenientes acechaban en esta situación. Obviamente, él carecía de la valentía necesaria y le resultaba más fácil pasar por alto la situación. 

    En la historia de Alfred en la estación de tren de Basilea, muchas de las personas que no ayudaron probablemente también tenían sus razones. “Si me detengo ahora, llegaré tarde a mi reunión y el jefe ya está enfadado conmigo de todos modos”. “¿Y si no puedo ayudar en absoluto? Sé muy poco sobre primeros auxilios. Todo el mundo lo vería, ¡qué vergüenza!”. 

    Después del sacerdote viene el levita, asistente del sacerdote en el templo. Kenneth Bailey cree que el levita debía saber que un sacerdote había recorrido ese camino poco antes que él. El levita estaba subordinado al sacerdote. ¿Debería haber denunciado al sacerdote por no haber actuado como debía? Eso también habría requerido mucha valentía. 

    Además, dado que el sacerdote que ya había pasado por allí sabía perfectamente lo que estaba bien y lo que estaba mal, el levita pudo seguir adelante casi sin remordimientos. 

    En el caso de Alfred, algunas personas también se habrán preguntado: “¿Por qué debería yo ayudar? Hay muchas otras personas. Probablemente lo harían incluso mejor que yo”. 

    Y ahora llega el samaritano. 

    Lo que él hace es inimaginable: él tiene la valentía de actuar con amor. 

    Como enemigo de los judíos de la época, él cuida al hombre herido y lo lleva a una posada cercana, presumiblemente en una ciudad judía. 

    Las personas que escuchaban esta historia en aquel momento probablemente habrían esperado que el samaritano dejara al hombre herido a las afueras de la ciudad y huyera. Incluso como salvador de este judío, un samaritano no habría estado a salvo de una posible venganza. 

    Además, al llevar al hombre herido a la posada y proporcionar dinero para su cuidado, el samaritano no solo salvó la vida del judío, sino probablemente también su libertad. Teniendo en cuenta que el hombre no tenía nada después del robo, él podría haber sido vendido como esclavo para pagar sus deudas. 

    La valentía del samaritano para actuar muestra cómo el amor puede cambiar la vida de los demás. 

    Volvamos a la pregunta de Jesús: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?”. 

    Jesús formula la pregunta de otra manera. Al parecer, la pregunta no debería ser “¿Quién es mi prójimo?”, sino “¿A quién debo ser yo prójimo?”. 

    No: “¿A quién debo amar para ganar la vida eterna?”. Más bien: “¿A quién puedo tenderle la mano? ¿A quién puedo apoyar? ¿Quién debería poder contar conmigo?”. 

    El enfoque se centra más en la “unidad” en vez del “tengo que proveer para mi vida eterna”. Y la respuesta a la pregunta de el prójimo en la parábola es casi revolucionaria. Rompe las barreras religiosas, lingüísticas y étnicas y saca al erudito de su zona de confort. Muestra la visión de Dios de un mundo nuevo. 

    Jesús le dice al erudito: “Ve, y haz tú lo mismo” (10:37). 

    Por nuestra propia naturaleza, no estamos en condiciones de amar tanto a Dios como a nuestros semejantes de la manera que Dios requiere.  

    Y, sin embargo, quiero orientarme hacia esta visión divina de un mundo nuevo en el cual ayudamos desinteresadamente a las personas necesitadas: prestamos primeros auxilios cuando alguien resulta herido; compartimos con las personas pobres parte de lo que nos abunda; nos oponemos al racismo; tendemos la mano a las personas marginadas; nos ponemos del lado de los oprimidos. 

    Por desgracia, el mundo no es blanco o negro. 

    ¿Tengo toda la información necesaria para saber a quién debo defender? Las situaciones suelen tener matices y no se puede decir simplemente cuál es la decisión correcta. 

    Jesús no espera que siempre hagamos todo bien. Sin embargo, no quiero quedarme solo en la gracia. El samaritano de nuestra historia puede y debe ser un modelo a seguir para mí. Debe enseñarme humildad, bajarme de mi pedestal, ayudarme a ver más allá de las fronteras y animarme a encontrar la valentía para amar a todos mis semejantes, aunque a primera vista parezca imposible. 

    A veces es fácil amar. Y otras veces se necesita valentía. 

    Pero si conseguimos amar con sinceridad, entonces podemos cambiar la vida de nuestros prójimos y convertirnos en seres humanos para ellos.  

    Para resumirlo con las palabras de una canción de Unspoken: “Si vamos a ser conocidos por algo, que sea por el amor”. 

    Amén. 

    —Hanna Sagesser es miembro de la ‘Mennonitengemeinde Schänzli’ (Congregación Menonita de Schänzli), Muttenz, Suiza. Este sermón es una adaptación de lo que ella predicó a los invitados e invitadas internacionales junto con la congregación el 1 de junio del 2025. 

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    Los miembros del Consejo General se reúnen para orar por Roman Rakhuba, delegado del Consejo General de Ucrania, antes de su partida. Foto: Irma Sulistyorini