El Congreso Mundial Menonita hace un llamado a todos sus miembros a unirse en oración por nuestros hermanos y hermanas en Venezuela.
El 3 de enero del 2026, a las 2:00 a. m., hora local, Estados Unidos bombardeó bases militares en Caracas, la capital, y en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. Las fuerzas militares estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, quienes serán juzgados por conspiración para cometer narcoterrorismo. El presidente estadounidense ha declarado su intención de “gobernar” Venezuela y de que las compañías petroleras estadounidenses tomen el control de la infraestructura petrolera venezolana.
Según Jaime Prieto, historiador y menonita de Costa Rica, esto es parte de un patrón: ejércitos violentos de Estados Unidos están invadiendo a los pueblos de América Latina como lo han hecho una y otra vez desde el siglo XIX: Puerto Rico, Guatemala, Cuba, Panamá y ahora Venezuela.
Informes de los anabautistas en Venezuela:
Actualmente se encuentran seguros en sus casas, pero hay un sentimiento generalizado de incertidumbre; temor a la escasez de alimentos, medicinas y combustible; y hay cierto peligro de violencia en las calles.
Piden oración por la estabilidad cívica y política, incluido el respeto a los derechos ciudadanos; y por la resiliencia espiritual cristiana, ya que esto se traduce en una fuerza invisible para reconstruir el país.
Compartimos con ustedes algunas palabras de nuestras iglesias miembros en la región.
El comité nacional de la IMCOL (Iglesia Cristiana Menonita de Colombia), nuestra iglesia miembro en el país vecino, Colombia, ha recibido a numerosos refugiados de Venezuela en los últimos años y participa en un ministerio conjunto con las iglesias menonitas emergentes en Venezuela.
Nuestra iglesia hermana en Venezuela nos pide oración por:
Una solución negociada en lugar de un posible segundo ataque.
Que no vaya a profundizarse la violencia entre los grupos progobiernistas y la oposición.
Que la situación de Venezuela se defina desde Venezuela y no por intervención internacional.
Oremos también:
Por las posibles víctimas mortales, sus familias y por los heridos y sus familias.
Por lo que esta política intervencionista de EEUU significa para las naciones y pueblos del mundo, especialmente para los países de América Latina.
Acompañamos al pueblo venezolano en este momento de incertidumbre, clamando a Dios por una paz verdadera y por la justicia que dignifica la vida de su gente.
Que el amor de Cristo sea nuestro puente, nuestra esperanza y nuestro camino hacia la reconciliación.
La Conferencia Peruana de los Hermanos Menonitas también comparte sus oraciones por Venezuela:
Primeramente, damos gracias a nuestro DIOS creador y Salvador.
Sabemos cuán difícil es la vida en nuestro país hermano de Venezuela.
Oramos pidiendo al SEÑOR que este sufrimiento haya terminado… Y sea su mano preciosa dando nuevas oportunidades de vida, de gozo y alegría en el SEÑOR.
Y sea de ahora en adelante poniendo nuestra fe …de que todo va a cambiar para bien de las futuras o de las siguientes generaciones.
La Epístola de Santiago nos recuerda que “el fruto de la justicia se siembra en paz para quienes hacen la paz” (Santiago 3:18). La manera en que sembramos las semillas importa. Las intervenciones y los ataques militares no son semillas que finalmente traerán justicia.
Lamentamos la decisión de Estados Unidos de utilizar su poderío militar para aparentemente cumplir su propia agenda en otro país.
Jesús nos llama a amar a nuestros enemigos y a no convertirnos en lo que odiamos. La preocupación por determinada forma de gobierno no justifica el ataque militar ni la intervención de otra. “Cuando resistimos el mal con el mal, cuando lo reflejamos, cuando lo atacamos con la misma moneda, simplemente garantizamos su perpetuación”, afirma el teólogo Walter Wink.
Pedimos sus oraciones por aquellas personas en la región se encuentran angustiadas y sufriendo.
Oramos para que el pueblo venezolano pueda ejercer su derecho a determinar colectivamente su liderazgo nacional.
Oramos para que los líderes gubernamentales de todo el mundo hablen y actúen con valentía y amor en este momento de conflicto.
También oramos por los líderes de Estados Unidos, para que aprendan a gobernar con sabiduría y justicia.
Que podamos reconocer las diferentes perspectivas, incluso entre nuestros hermanos y hermanas, y sigamos viviendo con gracia y entendimiento. Que aprendamos de la historia y elijamos los caminos de Cristo y su paz. Al orar por los demás, que el Espíritu Santo moldee nuestros corazones y nos guíe a la acción.
“El Señor juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra.” (Isaías 2:4)
Señor, en tu misericordia, escucha nuestra oración.
En el nombre de Jesús, amen.
Henk Stenvers, presidente, Congreso Menonita Mundial
(Perspectivas) Actividades del anabautismo a los 500
Mesa redonda
Con el título, De pie en medio de un mundo en llamas, voces de los cinco continentes se reunieron el 29 de mayo en la Friedenskirche. Con motivo del quincentenario, debatieron un tema candente: ¿cómo permanecer fieles al legado anabautista de paz y no violencia en un mundo desgarrado por el conflicto, la injusticia y el trauma?
Ante numeroso público, el debate se desarrolló en dos partes: cada ponente compartió su testimonio, seguido de una discusión grupal. La moderadora Judith Wipfler, periodista suiza, presentó a cada ponente, creando un hilo conductor de vulnerabilidad, valentía y compromiso.
La ciencia del trauma al servicio de la paz
Carolyn Yoder (autora de El Pequeño Libro de Sanación del Trauma y creadora del programa STAR, Estrategias para la concientización y resiliencia frente al trauma) abrió la sesión.
Oriunda de Estados Unidos, comenzó contando la historia de un padre que, frente a la violencia, optó por una respuesta pacífica, rompiendo así un ciclo destructivo.
Basándose en los recientes avances en neurociencia, continuó explicando que cuando se enfrenta una amenaza, el cerebro humano cambia al modo de supervivencia –huida, lucha o bloqueo–, lo que dificulta nuestra capacidad de regular nuestras emociones, nuestra capacidad de razonar y nuestra conexión con los demás.
Sin embargo, existen “antídotos comunitarios”: el canto, la adoración y la solidaridad. Estas prácticas, arraigadas en la historia anabautista, permiten a las personas volver a participar en un proceso de resiliencia y sanación.
“Debemos proteger nuestros espíritus para no transmitir la violencia que hemos sufrido”, afirmó emocionada, haciendo referencia a un padre en Gaza, una imagen conmovedora de la humanidad herida. “Cuando tomamos conciencia de nuestras heridas, podemos optar por no repetir el sufrimiento.”
Migrantes y dignidad: acompañar a quienes sufren
Basándose en el Salmo 137, Rebeca González Torres habló de la pérdida, el exilio y la nostalgia de tiempos de paz en su trabajo con migrantes en México. En este lamento bíblico, reconoció los sentimientos de aquellos a quienes acompaña: desarraigados, vulnerables, a menudo invisibles.
Junto con su esposo, estableció una “casa de paz” cerca de un centro de detención de migrantes, próximo a la frontera con Estados Unidos. “Recibimos a las personas cuando son liberadas, a veces descalzas, sin nada.” Además de brindar apoyo material, enfatizó la importancia de escuchar: “A veces preparaba comida, pero no la comían. Primero, teníamos que comprender sus necesidades”.
Actualmente, reside en el estado de Morelos (cerca de la Ciudad de México) y sigue apoyando a las familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos. Su mensaje es claro: la Iglesia tiene una vocación de acompañamiento, de compasión activa y debe ser un espacio de escucha para los que sufren.
“Incluso sin dinero, podemos acompañar a quienes buscan a un familiar.”
Servir con humildad en África Occidental
Siaka Traoré, de Burkina Faso, hizo una profunda reflexión sobre lo que significa ser un “consejero” o “animador” en su contexto.
Como representante regional del Congreso Mundial Menonita, está vinculado con diez comunidades que se extienden por varios países de África Occidental y Central, y reúnen a más de 240.000 creyentes.
En una región marcada por la inestabilidad política, las tensiones comunitarias y los desafíos lingüísticos (idiomas oficiales: francés, inglés y portugués, además de las lenguas tribales), trabaja para fortalecer las iglesias mediante la transparencia, la humildad y la fraternidad. “Un líder no está para ser servido, sino para servir”, recordó a la audiencia, citando Marcos 10:45.
Más allá de los conflictos internos en las iglesias, advierte: “Muchos ven el Congreso Mundial Menonita como una ONG. Debemos recordar que es, ante todo, una comunión de iglesias.”
A través de su labor en el terreno, encarna la mediación, la unidad y la paz, enfatizando cómo el aliento mutuo constituye una poderosa motivación en situaciones de crisis.
Carolyn Yoder (EE. UU.) habló sobre la sanación del trauma/CMM
Rebeca González Torres (México) habló sobre el trabajo con migrantes/Irma Sulistyorini
Siaka Traoré (Burkina Faso) habló sobre ser consejero/Irma Sulistyorini
Amos Chin (Myanmar) habló sobre la vida bajo el régimen militar/CMM
Hans Ueli (John) Gerber (Suiza) habló sobre el conflicto y la paz/Irma Sulistyorini
Donde ser pacifista es un acto de fe
La mera presencia de Amos Chin en Zúrich fue prácticamente un milagro. El pastor de Myanmar tuvo que superar obstáculos administrativos y políticos para salir de un país en guerra. “Myanmar está bajo un régimen militar. Hay que tener valor para ir a la iglesia”, declaró.
Proveniente de una familia budista, enfrentó el rechazo por seguir a Cristo: “Cuando me bauticé, me excluyeron de mi familia”.
Hoy en día, acompaña a una joven generación menonita amenazada por el reclutamiento. Algunos son arrestados, otros viven escondidos. A pesar de ello, su mensaje permanece arraigado en la no violencia. “Enseñamos el pacifismo aun en este contexto extremo.”
Su sentido clamor resonó en la audiencia: “¿Por qué el mundo olvida a Myanmar cuando está tan movilizado por Ucrania? Nuestro sufrimiento es igual de real.”
Fe activa en un mundo en llamas
Hans Ueli (John) Gerber, menonita de Suiza, presentó un resumen sereno pero lúcido. Nos recordó que los conflictos son parte de la vida humana y no son problemáticos en sí mismos. Lo que importa es lo que hacemos con ellos.
“El conflicto es neutral. La violencia, en cambio, siempre es destructiva”, afirmó.
Citando la obra de Aleksandr Solzhenitsyn y Friedrich Hacker, instó a tener cautela respecto a las soluciones violentas: “La violencia sostiene que resolverá el mal, pero es en sí misma el mal que pretende resolver”.
También se refirió a la confusión frecuente entre la paz como ausencia de conflicto y la paz como dinámica de justicia. La paz, en la tradición anabautista, es exigente: requiere verdad, valentía y comunidad.
“Lo que nos sostiene es el amor. Pero lo que nos guía es la humildad.”
Debate
El debate final brindó la oportunidad de intercambiar puntos de vista.
Amos Chin reiteró la importancia de la solidaridad mundial y equitativa.
Carolyn Yoder abogó por una cultura de no violencia activa basada en investigaciones sólidas. Señaló que los conflictos no violentos se resuelven, en promedio, tres veces más rápido que los que conllevan violencia.
Rebeca González Torres instó a las iglesias a ir más allá de una postura puramente espiritual y a comprometerse concretamente con las personas que sufren. “A menudo, simplemente decimos ‘Dios te bendiga’, pero eso no es suficiente.”
Esta mesa redonda será recordada por demostrar poderosamente cómo la tradición anabautista puede seguir brindando una voz profética en un mundo turbulento.
—Maude Burkhalter, editora de Alliance Presse (editorial suiza de material cristiano) y miembro de la Église Évangélique Mennonite Tavannes, Suiza.
Este artículo apareció por primera vez en el boletín de Konferenz Der Mennoniten Der Schweiz/Conférence Mennonite Suisse.
Tras la declaración de un cese el fuego temporal, continuamos orando y actuando por una paz justa mientras nos solidarizamos con todos aquellos que sufren, lloran y guardan la esperanza: palestinos, judíos y aliados.
Carta
Amados hermanos y hermanas:
El 7 de octubre de 2025 es el trágico aniversario de un brote de violencia que ha causado la pérdida de cientos de miles de vidas en las tierras llamadas Israel y Palestina y también en la región más amplia.
Reconocemos que la imagen de Dios se encuentra en cada hombre, mujer y niño: cada muerte resultante de la opresión, el hambre, el encarcelamiento y la violencia es una tragedia.
Nos apena la represión, el desprecio por la dignidad humana y el despojo durante décadas que condujeron a la crisis actual.
Denunciamos los actos genocidas que buscan extinguir a un pueblo y su cultura. Denunciamos las enseñanzas cristianas que justifican y sustentan la crueldad, la superioridad y la violencia.
Abrimos los ojos para ver y los oídos para escuchar el clamor de quienes sufren. Confesamos nuestro fracaso a la hora de responder ante su dolor.
Nos hacemos un llamado a actuar en solidaridad con quienes se encuentran heridos y oprimidos. Nos comprometemos a decir la verdad y a practicar la justicia que conducen a la paz y la seguridad para todos en la región y más allá.
Dios todopoderoso, recordamos que “cuando los justos claman, el Señor escucha y los libra de todas sus angustias” (Salmo 34: 17). Señor, ¿dónde está tu mensaje de libertad en medio del sufrimiento de quienes son detenidos y torturados injustamente?
Ayúdanos a dar testimonio ante quienes sufren y a aumentar nuestras acciones para que tu justicia se cumpla.
Señor en tu misericordia…escucha nuestra oración.
Oh Señor, cuánto anhelamos ver tu paz reinar en nuestro mundo.
Anhelamos ver tu paz en Palestina e Israel, así como para las iglesias miembros del CMM en otras partes del mundo que también sufren violencia política o guerra en la República Democrática del Congo, India, Myanmar, Ucrania y Estados Unidos; y la violencia social persistente en muchas partes de Latinoamérica.
Que venga tu reino de paz, y que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. ¡Y que seamos participantes de tu reino de paz!
Nuestras palabras parecen pequeñas e insuficientes ante la crisis, pero aun así reafirmamos nuestra convicción de que:
“El Espíritu de Jesús nos llena de poder para confiar en Dios en todos los aspectos de la vida, de manera que lleguemos a ser hacedores de paz que renunciamos a la violencia, amamos a nuestros enemigos, procuramos justicia, y compartimos nuestras posesiones con los necesitados..” (Convicciones Compartidas 5)
¿Qué significa ser una Iglesia de Paz Histórica, o más bien, una iglesia dedicada a los caminos de la paz de Cristo?
Esta es la pregunta con la que lucha la Iglesia Menonita en Myanmar mientras el conflicto en curso continúa afectando a muchas personas dentro de su país.
Hace varios años, el ejercito derrocó al gobierno elegido democráticamente e instaló a un presidente y una administración designados por los militares. Las violaciones de los derechos humanos aumentaron, especialmente cuando el nuevo gobierno respaldado por los militares (junta) reprimió cualquier disidencia y trató de eliminar toda oposición. Esto ha dado lugar a importantes ataques y asesinatos, detenciones arbitrarias, desplazamiento de personas de sus hogares y restricciones a la libertad de expresión y/o de reunión. Esto ha generado ansiedad en torno a las reuniones para cultos religiosos y otros actos. La junta también introdujo el servicio militar obligatorio.
¿Cuál es el papel de la iglesia en un contexto tal? ¿Qué significa estar dedicados al camino de paz de Cristo en medio de estas realidades?
Una iglesia de paz en medio de la guerra
Éstas son las preguntas que los miembros de la Iglesia Bíblica Misionera Menonita (BMC por sus siglas en inglés) en Myanmar han estado haciendo.
La BMC contactó al Congreso Mundial Menonita (CMM), del cual es miembro, para solicitar ayuda. Se preguntaban si sería posible que el CMM enviara una delegación en una visita de solidaridad para explorar estos asuntos juntos.
Del 25 al 29 de noviembre del 2024, una delegación del CMM llegó a Tailandia para pasar tiempo con nuestros hermanos de Myanmar. Se decidió que sería mejor reunirnos en Tailandia, ya que reunirse en Myanmar podría suponer un riesgo para los líderes birmanos. (La junta vigila de cerca quién se reúne con quién).
La delegación estuvo compuesta por César García (Colombia), secretario general del CMM; Tigist Tesfaye (Etiopía), secretaria de la Comisión de Diáconos; Andrés Pacheco Lozano (Colombia/Países Bajos), presidente de la Comisión de Paz; Andrew Suderman (Canadá/EE. UU.), secretario de la Comisión de Paz; y Agus Mayanto (Indonesia), representante regional del CMM para el Sudeste Asiático. Norm Dyck (Iglesia Menonita de Canadá) también formó parte de esta delegación debido a la larga relación que la iglesia Menonita de Canadá ha mantenido con la Iglesia Menonita de Myanmar.
Andrés Pacheco Lozano comparte historias de las luchas por la paz en Colombia con los líderes de Myanmar durante la visita de la delegación de diáconos. Foto: Agus Mayanto
Orígenes e historia del movimiento anabautista
Los líderes de la BMC solicitaron tiempo para profundizar en los orígenes y la historia del movimiento anabautista. César García dirigió estas sesiones cada mañana.
Los pastores también querían explorar lo que la Biblia enseña con respecto a la paz. Andrés Pacheco Lozano y Andrew Suderman facilitaron momentos por la mañana y por la tarde para explorar la historia bíblica y su conexión con la paz y la justicia. Parte de ese tiempo se dedicó a explorar las observaciones de nuestros hermanos de Myanmar sobre la paz desde una perspectiva bíblica y su posible significado para el contexto de Myanmar.
Andrés Pacheco Lozano y Andrew Suderman también compartieron historias de otras iglesias y sus luchas por la paz y la justicia, tales como la iglesia menonita en Colombia y Corea del Sur, así como otras luchas (por ejemplo, el apartheid en Sudáfrica).
Tigist Tesfaye facilitó un momento de oración por cada uno de los líderes presentes y las congregaciones en las que ministran.
Fue un tiempo difícil, pero maravilloso, que pasamos juntos.
Visiones del shalom
Fue difícil ya que el grupo entero procesó el trauma que muchos de los pastores de Myanmar han experimentado y continúan experimentando.
Un pastor, por ejemplo, compartió cómo dos días antes de venir a esta reunión, las instalaciones de la iglesia de un pastor amigo suyo habían sido destruidas.
De la misma manera, al explorar visiones de shalom, y después de dedicar un tiempo a pensar y hablar sobre el poder de la imaginación, un pastor preguntó: “¿Pero, qué pasa si no podemos o no sabemos qué imaginar?” ¡Fue desgarrador!
Y, sin embargo, al final de nuestro tiempo juntos, después de mucha oración, aprendizaje, exploración, lectura de la Biblia y reflexión sobre ella, ese mismo pastor comenzó a resaltar pasos de acción, incluida una oración que están elaborando para ayudar a nuestra comunión mundial a orar por ellos mientras continúan dando testimonio de la paz de Cristo en su contexto.
El camino, sin embargo, está lejos de terminar. La lucha continúa.
Que Dios continúe con ellos. Y que podamos aprender a ser solidarios con ellos y su lucha por la paz.
—Andrew G. Suderman es el secretario de la Comisión de Paz. Reside en Harrisonburg, Virginia, EE. UU.
“Vecina”, “Vecino”. Esta es una de las maneras en las que en Bogotá (Colombia) nos referimos a diferentes personas a nuestro alrededor. Desde quienes viven en nuestro edificio o en una casa cercana, hasta quienes nos encontramos en la tienda o en otros espacios compartidos o públicos. Puede ser que conozcamos bien a la persona, o que ni siquiera sepamos cómo se llama. Pero al llamarle “vecina” o “vecino” hacemos que la relación sea más cálida. Es una manera de ir más allá de lo distante, extraño e incluso conflictivo que puede ser el encuentro con otra persona.
Vecina/vecino es un término que denota cercanía o proximidad. En inglés, es este término de vecino/vecina, neighbour, el que aparece en Mateo 22:34-40. Mientras que en español y francés, el término “prójimo” es comúnmente empleado en este pasaje bíblico. Si bien el hablar de “prójimo” o “prójima” se deriva de la noción de proximidad, de quien está cerca o al lado, este término parece ser a veces demasiado abstracto o desconectado de nuestro diario vivir. Comúnmente, el término prójimo/prójima es empleado cuando hacemos referencia a un pasaje bíblico o cuando buscamos dar cuenta de las implicaciones éticas de nuestra fe cristiana, no cuando nos referimos a otras personas en nuestro diario vivir. ¿Qué pasaría si enfatizáramos la cercanía, calidez y cotidianidad que hacen parte del referirnos a otras personas como vecino/vecina (como pasa en Bogotá) para releer las implicaciones de este pasaje bíblico?
Este texto de Mateo es muy conocido. En principio el texto parece muy claro y contundente. Y, sin embargo, hay muchos diferentes énfasis que se pueden hacer o dar a lo que Jesús dice.
Uno de los énfasis del texto puede ser resaltar la interconexión entre la dimensión “vertical” y la dimensión “horizontal” de la fe; entre el amor a Dios y el amor a otros seres humanos, respectivamente. En su comentario sobre bíblico sobre este pasaje de Mateo, Richard B. Gardner5 argumenta que estos principios que Jesús presenta no son necesariamente nuevos. El amor a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente puede encontrarse ya en Deuteronomio 6:5. Mientras que el amor al prójimo como a sí misma(o) puede identificarse en Levítico 19:18.2 Lo que hace a esta respuesta de Jesús tan particular es la interdependencia entre estos dos mandamientos. Es imposible separar la dimensión vertical de la horizontal de nuestra fe.
Otro énfasis en la lectura del texto puede ser la interconexión entre cómo entendemos la fe y cómo la vivimos. No sería consistente que afirmemos amar a Dios y que actuemos con apatía ante el sufrimiento de nuestra vecina y vecino. Tampoco será muy lógico decir que creemos en un Dios de paz y justicia cuando seguimos actuando de formas opresivas o injustas hacia las y los demás. De hecho, Richard B. Gardner propone que una de las conclusiones que se podría sacar del texto es que el amor al prójimo es el área de acción en la cual que podemos corporizar o demostrar nuestro amor a Dios.3 La vida de Jesús es expresión encarnada del amor de Dios al mundo. A su vez, como humanos estamos invitadas e invitados a encarnar nuestro amor a Dios en el amor hacia otras personas—y hacia el resto de la creación. Nuestras acciones hacia el prójimo (especialmente hacia quienes han sido marginadas y marginados) son las que dan cuenta de nuestro amor a Dios. Por ello, no podemos separar cómo entendemos y cómo vivimos nuestra fe.
La respuesta de Jesús en Mateo 22 también puede servir como una clave de lectura bíblica. Sirve como lentes para ayudarnos a discernir sobre textos, leyes y mandamientos que pueden estar en conflicto o que son ambivalentes. Richard B. Gardner cuenta que de acuerdo con la tradición rabínica que data al siglo segundo, la Torá contiene aproximadamente 613 leyes (365 prohibiciones y 248 mandamientos).4 El que Jesús ubique al amor a Dios y al prójimo como los mandamientos más importantes hace que todo este gran número de leyes y reglas estén supeditados o tengan que ser leídos con estos lentes de amor a Dios y al prójimo.
Si bien estos énfasis son valiosos, este pasaje de Mateo 22:34-40 sigue siendo un texto cuya interpretación no termina. Nuestro mundo requiere constantemente que reinterpretemos qué quiere decir esto del amor a Dios y el amor al prójimo. Esto es particularmente cierto en tiempos en los cuales la emergencia climática, las elecciones de gobiernos de derecha, la reaparición de sentimientos xenófobos, y las violencias en nuestras sociedades, guerras y genocidio en nuestro mundo se han convertido en realidades a las cuales debemos enfrentarnos día a día.
¡Qué pena vecina! ¡qué pena vecino!
Siguiendo la lógica de referirnos a otras personas como vecinas/vecinos en Bogotá, es común que empleemos la expresión “¡qué pena vecina/vecino!” cuando queremos pedir algo, cuando necesitamos ayuda de otra persona, o para excusarnos.
Vivimos en un mundo en el cual nuestras relaciones de proximidad y cercanía han sido profundamente distorsionadas y violentadas. En muchas ocasiones, hemos sido cómplices de esos daños. Por ello, debemos revisar cuidadosamente cómo hemos transgredido nuestras relaciones de proximidad, de “vecindad”. Tal vez, debemos confesar: perdón vecina, perdón vecino.
Inundaciones en las calles de Piura, Perú, tras unas fuertes lluvias. El cambio climático nos llama a amar a nuestros vecinos. Foto: Henk Stenvers
Vivimos en tiempos en los que se ha normalizado sospechar de quien está próximo, bien sea porque tiene un bagaje diferente, o porque es es una persona migrante, desplazada, o marginada. No importa que viva cerca nuestro, que haga parte de nuestra misma sociedad o que provenga de un lugar, país o región aledaña, igual no le consideramos “vecina/vecino” sino como persona “extraña”, “hostil” e incluso “enemiga” o “criminal”. Muchas guerras en nuestra historia y en nuestro mundo actual han sido o son entre vecinos y vecinas.
Con la naturaleza, nuestras relaciones de proximidad también se han visto severamente afectadas. Hemos convertido relaciones de interdependencia en relaciones de domino y control. Vemos a la naturaleza simplemente como un “recurso” que pueden ser explotado y capitalizado. El cambio climático es una de las señales de los daños que hemos causado y que seguimos generando como seres humanos. Nuestra relación con nuestro espacio vital, con la tierra y las aguas, ha sido fatalmente herida.
Perdón vecina, perdón vecino…
En medio de estas realidades conflictivas, la pregunta del experto en la ley a Jesús sobre cuál es el mandamiento más importante parece tomar mucha relevancia. ¿Cómo encontrar guías y puntos de referencia en nuestra fe para lidiar con estas distorsiones? ¿Cuáles son las leyes que debemos seguir? ¿Qué hacemos si como humanidad contamos con marcos legales como el Derecho Internacional y como los DDHH y sin embargo gobiernos, poderes económicos y políticos deciden saltarlos impunemente? ¿Cómo hacemos si medidas que tomamos para limitar nuestra afectación al medio ambiente son revertidas por los gobiernos de turno?
Como en los tiempos de Jesús, el dilema no es sólo que existan miles de leyes y marcos de referencia éticos hoy en día. El dilema se agudiza por la existencia de realidades de opresión y violencia que hacen aún más urgente la necesidad de encontrar puntos de orientación, de re-conectarnos con elementos centrales de nuestra fe para discernir cómo actuar.
“Buenos días vecina”, “buenos días vecino”.
Cuando hablo sobre lo que es típico de Bogotá (Colombia) con personas que no han estado o vivido en la ciudad, frecuentemente viene a mi mente el saludar a otras personas diciendo “buenos días vecina” o “buenos días vecino”. Usualmente me toma unos minutos (y un par de ejemplos) poder comunicar cómo suena y qué quiere decir. Entre risas, nunca estoy seguro si termino por hacer un buen trabajo explicando el uso de “vecina/vecino” para referirnos a otras personas—¡incluso si esas personas no viven cerca de donde vivo yo!. Al leer una vez más el pasaje bíblico sobre el amor a Dios y a quienes están en nuestra proximidad (énfasis del término “prójimo” en español), trato de considerar conscientemente algunos posibles matices de este mandamiento cuando es leído a través del término vecina/vecino (énfasis que el texto tiene en inglés) y a cómo lo empleamos en nuestra cotidianidad en Bogotá. En ese sentido, la respuesta de Jesús es una invitación a re-pensar nuestras relaciones de proximidad.
Los miembros de la Comunidad Cristiana Menonita de Girardot, Colombia, comparten pan con sus vecinos —prójimo y vecino— en Pan y Paz, el «domingo del pan y la paz». Foto: Comunidad Cristiana Menonita de Girardot
En un mundo en el cual barreras visibles e invisibles de segregación abundan, un mundo en el cual se promueve el utilizar a poblaciones marginadas como chivos expiatorios para dar cuenta de los problemas de una comunidad o un país, un mundo en el cual se estimula ver a la otra persona como enemiga, el llamar y relacionarse con alguien como vecina/vecino, con la calidez y proximidad que la expresión denota, es una acción contra-corriente. Es ir en contra del status quo.
Puede parecer que llamar a alguien vecina/vecino suene superficial, sea un código social, o simplemente una expresión que nos acostumbramos a usar en Bogotá. Y, sin embargo, al referirnos a otra persona como vecina o vecino lo que hacemos es crear un lazo de cercanía. Un lazo que no necesariamente existía antes. Esto hace que sea más difícil verle como extraña o enemiga.
Las relaciones de distancia o proximidad con las y los demás no son estáticas o rígidas. Pueden cambiar, y lo pueden hacer de formas sorpresivas. Incluso personas que se consideran extrañas o enemigas pueden convertirse en vecinas y vecinos. La parábola del buen samaritano (Lucas 10: 25-37), en la cuál Jesús ilustra quién es el prójimo, es un buen ejemplo de esto. Las personas samaritanas y judías no tenían la mejor de las relaciones en los tiempos de Jesús. Y, sin embargo, Jesús identifica en un samaritano, quien seguramente era visto como extraño (e incluso enemigo), el mejor reflejo de lo que quiere decir ser prójimo.
Creo que la respuesta de Jesús nos interpela justamente en ese sentido: a redibujar nuestras relaciones de amor y proximidad. Siempre hay otras personas a quienes podemos hacer nuestras vecinas y vecinos. Si tomamos la idea de que es en el amor a la vecina(o) en el cual nuestro amor a Dios se hace evidente, debemos siempre buscar enriquecer y nutrir cómo vivimos y expresamos ese amor. Por complejo que sea, cada nuevo día, contexto y realidad en la que vivimos con las y los demás es una nueva oportunidad para dar forma a y encarnar/corporizar ese amor a Dios.
¿En qué le puedo ayudar vecina? ¿En qué le puedo ayudar vecino?
En Bogotá, es común que quienes trabajan en una tienda pregunten “¿en qué le puedo ayudar vecina/vecino?” a las personas que entran a la tienda o que parecen estar buscando algo que no logran encontrar. De esa pregunta, lo que me llama la atención no sólo es que nos llamen vecina/vecino sino que además ofrezcan su ayuda. En el mundo en el que vivimos, puede ser que nos sintamos mal por lo que les pasa a otras personas en el mundo, por lo que pasa a nuestras vecinas o vecinos. Pero puede ser que optemos por sentir simpatía con su situación a la distancia, siempre y cuando no afecte nuestra zona de confort.
Si asumimos que el amor al prójimo es el espacio en el que podemos expresar y dar cuerpo a nuestro amor por Dios, la invitación de amar al prójimo es un llamado a actuar en solidaridad, discerniendo lo qué podemos hacer y cómo podemos ayudar. El amor al prójimo no es sólo un tema de palabras, sino de acciones. No se trata de que siempre tengamos las respuestas o soluciones a los problemas. Ni tampoco de que decidamos por las otras personas lo que estas deben hacer. Actuar en solidaridad es un compromiso de caminar con otras y otros, a escucharles, y a discernir con ellas y ellos qué hacer—más allá de darle un like a un post de Instagram o compartir un video de TikTok.
En ocasiones la solidaridad puede ser expresada a través del activismo o participar en demostraciones y protestas noviolentas. En otras, se puede expresar en el reconocer y confrontar nuestros privilegios, y servir como aliados y aliadas en luchas que tienen muchas personas y comunidades. En otros momentos, puede ser que la solidaridad se vea reflejada en buscar crear espacios seguros y espacios valientes (brave spaces) para confrontar las diferentes formas de violencia que muchas personas han experimentado. La idea no es hacer un listado con todas las formas de solidaridad posibles. Estos ejemplos son simplemente indicaciones de cómo la solidaridad implica ir más allá de las palabras o simpatías.
El ser vecinas/vecinos incluye también una serie de responsabilidades y cuidados. En muchas ocasiones, es justamente en las relaciones de cercanía o proximidad en los cuales la violencia se manifiesta con mucha agudeza. No siempre se habla de esas formas de violencia. Y frecuentemente se silencia a las voces que buscan hacerlas explícitas. Violencias de género, violencia sexual, violencia que denominamos “doméstica”, entre otras, muestran cómo la cercanía como tal no es garantía de relaciones saludables o justas. Estos son ejemplos de cómo el pecado de la violencia y los daños profundos que ésta causa pueden expresarse en relaciones de proximidad. El hablar del amor al prójimo como expresión del amor a Dios nos recuerda de la increíble responsabilidad que tenemos por el florecimiento de las otras personas. Así que el considerar a la otra persona como vecina/vecino no es sólo una manera de expresar calidez, sino que implica también el comprometerme a ser responsable con su cuidado y bienestar.
Una vez más, es en el amor a nuestra vecina/vecino, prójima/prójimo, el espacio en el que encarnamos nuestro amor a Dios.
Al conmemorar este año los 500 años del Anabautismo, y al considerar que el tema elegido para tan importante tiempo ha sido “La valentía de amar”, es crucial volver sobre las implicaciones y responsabilidades que el amor a Dios y al prójimo tienen hoy. En un mundo en el cual la muerte o desesperanza parecen dominar, que sea la voz de Jesús la que nos recuerde qué debe estar en el centro de cómo entendemos y vivimos nuestra fe.
Los delegados de YABs (representantes de su conferencia nacional miembro) exhiben sus banderas al final de sus reuniones en Alemania en mayo de 2025. Foto: Irma Sulistyorini
Que sea este un tiempo en el que podamos pensar sobre a quiénes consideramos vecinas/vecinos y en quienes nos consideran así. Que este sea un tiempo que nos invite a tener la valentía para amar, para crear nuevos lazos y relaciones de proximidad con otras personas—incluso con quienes percibimos como improbables o incluso imposibles.
Que sea este un tiempo además para nuevos inicios, para establecer nuevos compromisos de actuar en solidaridad con otras y otros, buscando su bienestar. Y que sea nuestro Dios de amor, quien nos ama tanto y quien nos invita a amarle en nuestras relaciones con las y los demás, con nuestro mundo, quien nos siga desafiando, inspirando y guiando en este camino.
Amén.
— Andrés Pacheco Lozano es el presidente de la Comisión de Paz. Originario de Colombia, vive en Ámsterdam, Países Bajos. Este recurso es una adaptación de un sermón que pronunció en la Iglesia Cristiana Menonita De Teusaquillo en Bogotá, Colombia.
La escalada de la guerra en el Medio Oriente hoy es una fuente de temor y dolor para nuestra familia anabautista alrededor del mundo. Para algunas personas, esta es una nueva realidad; para otras, es algo que se suma a la carga de violencia que arrastran desde hace años o décadas de conflictos locales. Vemos a todos aquellos que están siendo aplastados bajo las maquinaciones de los poderosos; nos lamentamos y pedimos la presencia misericordiosa de Dios entre ellos. Condenamos cualquier justificación de la guerra como parte de la voluntad de Dios.
Invitamos a que nuestras oraciones nos impulsen a la acción. Y a que nuestras acciones sean nuestras oraciones.
Nuestra lealtad no es hacia presidentes ni reyes, sino hacia el Príncipe de Paz. Como miembros de una Iglesia Histórica de Paz –es decir, una iglesia dedicada a los caminos de la paz– , seguimos a Jesús, el Príncipe de Paz, quien nos llama a un amor radical al enemigo.
Este amor entrena a nuestros corazones para ver a Dios en el “otro” ser humano, ya sea enemigo o amigo.
Este amor nos da la valentía de buscar la justicia.
Este amor nos llama a buscar relaciones correctas a nivel interpersonal, a nivel de organizaciones, entre estados y pueblos, y con el resto de la creación, todos los cuales sufren daños en medio del conflicto.
El poder del amor de Cristo nos impulsa no al orgullo que defiende a las naciones o a la pureza ideológica, sino a la compasión por quienes sufren, independientemente de su identidad nacional o afiliación política.
Las enseñanzas de Jesús nos recuerdan que el enemigo no es la otra persona sino nuestro propio instinto de crear barreras y caer víctimas de la enemistad misma. Oramos para que, al encontrar la valentía de amar, el poder transformador de Dios rompa los ciclos de violencia que dividen, oprimen y matan.
La justicia debe acompañar a la paz. De hecho, la paz solo puede estar presente cuando se materializa una justicia restaurativa, orientada a la búsqueda de la verdad y a la reparación. Confesamos nuestro fracaso en la búsqueda de una paz justa. Pedimos al Espíritu Santo que nos enseñe humildad y nos equipe con la valentía de amar. Pedimos sabiduría para reconocer y decir la verdad con claridad profética y amor abnegado. Pedimos la audacia para enfrentar la injusticia a pesar del riesgo que ello nos implique.
Estamos resueltos a alzar la voz, ya sea ante los gobiernos o ante nuestros conciudadanos, para cuestionar el apoyo acrítico a fuentes de violencia y muerte constantes.
Como comunión anabautista mundial, renunciamos a la violencia, como lo hizo Jesús. Nos comprometemos –como seguidores de Jesús– a transformar los sistemas injustos a través de la no violencia activa. Hacemos un llamado a los Estados para que dejen de invertir en la guerra y, en su lugar, comiencen el arduo trabajo de buscar los caminos de la paz, una paz que no llegue a través de las armas, los misiles o la fuerza violenta, de modo que todo pueda florecer.
Nuestras palabras parecen pequeñas e insuficientes ante la crisis y ante nuestra propia falta de consenso en torno a sus causas, sin embargo, reafirmamos nuestra convicción de que
El Espíritu de Jesús nos llena de poder para confiar en Dios en todos los aspectos de la vida, de manera que lleguemos a ser hacedores de paz que renunciamos a la violencia, amamos a nuestros enemigos, procuramos justicia, y compartimos nuestras posesiones con los necesitados.(Convicción Compartida 5)
En Ecuador se ha declarado un estado de “conflicto armado interno” desde enero del 2024. El gobierno continúa luchando contra la violencia de los grupos de crimen organizado. Las tres iglesias nacionales menonitas en Ecuador – Iglesia Evangélica Menonita Ecuatoriana (IEME – iglesia miembro del CMM), Iglesia Cristiana Anabautista Menonita de Ecuador (ICAME), y la Iglesia Cristiana Menonita (ICME) – hacen un llamado a la oración a nuestra familia anabautista global.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, reciban abrazos desde la Sierra y la Costa Ecuatoriana.
Pedimos oración por las personas en Ecuador, porque sabemos que Dios desea el shalom y el bienestar para el pueblo ecuatoriano y para nuestras iglesias menonitas.
La oscuridad nos azota diariamente. Nuestro país ha pasado de ser una “isla de paz” a un pozo de tinieblas.
Cada día nos llegan historias de matanza y horror. Hoy, nuestras iglesias deben enfrentar dilemas impensables, como si deberían destinar parte de las ofrendas a los capos de la droga que extorsionan en nuestros barrios…para apaciguarlos y asegurar que la congregación pueda seguir reuniéndose en los cultos dominicales.
Sabemos que el destino que Dios quiere para nosotros es otro.
Como comunidad de líderes pacificadores, nos hemos unido desde las tres conferencias anabautistas ecuatorianas para trabajar por la paz en nuestro país. Pero sabemos que no podemos hacerlo solos.
Por eso, solicitamos que el Congreso Mundial Menonita camine junto a nosotros en este esfuerzo, y esperamos unirnos a todos ustedes en oración para que el cuerpo de Cristo sea uno con Ecuador.
Deseamos paz y oramos por los grupos criminales organizados. En el shalom de las personas violentas y violentadas, podemos encontrar nuestra paz.
Esperamos que nuestro trabajo conjunto, uniendo diversas iglesias y formas de ser iglesia, sea un testimonio de paz en estos tiempos tan divididos.
Únase a nuestros hermanos y hermanas anabautistas para orar por Ecuador.
En Jesucristo, nuestra paz.
Henk Stenvers, presidente
Andrés Pacheco Lozano, Comisión de Paz, presidente
Un balance preocupante: discriminación y violencia
“Entendemos que Dios no discrimina”, afirma Nathan Mudiji, “pero que, ante Él, todo el mundo debe reconocer su pecado y hacer lo mejor que pueda para reparar la relación rota a causa del pecado”.
En la República Democrática del Congo, los batwa, un pueblo indígena que vive principalmente en las provincias de Équateur y Mai-Ndombe, sufren discriminación y tratos inhumanos por parte de los bantúes, el grupo mayoritario.
Estos abusos toman diversas formas: expropiaciones masivas de tierras, marginación social, explotación económica e incluso violencia en lugares que se supone ofrecen protección e igualdad.
Nathan Mudiji, pastor de las Iglesias de los Hermanos Menonitas del Congo (CEFMC por su sigla en francés) y director del Departamento de Misiones a nivel nacional, relata algunos casos que ilustran esta dura realidad: una mujer batwa, que murió por falta de atención en un hospital donde los médicos bantúes se negaron a atenderla, o una joven expulsada de la escuela por haber superado a sus compañeros bantúes. En las iglesias dirigidas por bantúes, los batwa a menudo son obligados a sentarse en el suelo, tras haber entrado en último lugar.
Estas exclusiones, ignoradas o toleradas por las instituciones locales, alimentan un sentimiento de injusticia y exacerban los conflictos entre las dos comunidades.
Espacios Amigables por la Paz: un lugar de transformación
Frente a esta situación crítica, Nathan Mudiji creó Espacios Amigables por la Paz (ECP por su sigla en francés), un proyecto original destinado a transformar las relaciones entre bantúes y batwas. Con el apoyo de la CEFMC, este programa se basa en la convicción de que la paz y la justicia son posibles cuando ambas comunidades aprenden a respetarse mutuamente.
Los ECP están diseñados como lugares acogedores e igualitarios, donde jóvenes y viejos, batwas y bantúes, pueden reunirse, conversar y participar en actividades comunes. Las iniciativas planificadas incluyen:
un centro de escucha e información para la transformación de conflictos;
capacitación en actividades generadoras de ingresos;
la facilitación de diálogos intergeneracionales;
espacios lúdicos.
Estas acciones tienen como objetivo restaurar la dignidad de los batwa, a menudo marginados, y crear conciencia en los bantúes con respecto al daño causado por su comportamiento discriminatorio.
Una visión de paz y reconciliación para la República Democrática del Congo
“Reparar las relaciones rotas a causa del pecado es algo que preocupa tanto a los bantúes como a los batwa”, explica Nathan Mudiji.
El planteamiento de Natán tiene sus raíces en su esperanza en el plan perfecto de paz de Dios. Basándose en Isaías 65 y Apocalipsis 21, Natán nos recuerda que el Reino de Dios es un mundo sin lágrimas ni dolor, donde todos pueden vivir juntos en la presencia de Dios.
“Damos fe de que la visión de Dios para los batwas y los bantúes es verlos vivir juntos sin discriminación entre ellos”.
Un modelo para la República Democrática del Congo y más allá
Para Nathan, el interés en los Espacios Amigables para la Paz no se limita al territorio de Kiri. Con el tiempo, él espera ver este modelo aplicado en otras regiones de la RDC e incluso a escala continental. Su ambición es ofrecer una solución duradera a los conflictos comunitarios, promoviendo la justicia social y el respeto mutuo.
—Nathan Mudiji Makumbi es un pastor menonita y profesor de religión e informática en la Academia FATEB de Kinshasa. Está comprometido con la transformación de las relaciones conflictivas entre bantúes y batwas en el territorio Kiri, en la República Democrática del Congo.
Correo : Perspectivas
América Latina: Paraguay
La misión de la ASCIM (Asociación de Servicios de Cooperación Indígena-Menonita) es promover el crecimiento socioeconómico de las comunidades indígenas a través de programas de cooperación en educación, salud, economía y orientación socio-espiritual, apoyando así la coexistencia intercultural armoniosa. La ASCIM surgió de las iniciativas de evangelización y cooperación entre tres colonias menonitas alemanas y sus vecinos enhlet y nivaclé de Yalve Sanga, en el Chaco, en la región occidental de Paraguay. Se constituyó oficialmente en 1978. La ASCIM es miembro de la Red de Servicio Anabautista Mundial (GASN).
Dado que en el Chaco central de Paraguay existe una población multicultural, no hace falta decir que la paz en esta región sólo puede mantenerse mediante la cooperación. Si la brecha entre quienes son más débiles económicamente y quienes son más fuertes económicamente se acentúa demasiado, es previsible que surjan conflictos sociales. Por ello, la ASCIM, que se basa en la fe cristiana, se compromete a garantizar que los habitantes de esta región determinen su vida con miras a la convivencia y la cooperación.
Al fin y al cabo, si Dios ha otorgado dignidad a todas las personas, nadie debe quedar al margen; hay que satisfacer las necesidades básicas de todas las personas con el objetivo de garantizar una coexistencia armoniosa.
La ASCIM ofrece programas de cooperación en educación, salud, emprendimientos laborales y orientación socio-espiritual. Al trabajar conjuntamente como asociados en los distintos ámbitos de la vida, las personas toman conciencia unas de otras, llegan a conocerse y a valorarse, y hablan y planifican juntas. No se trata de pequeños proyectos provisorios, sino de una cooperación a largo plazo al servicio de la paz.
Un accidente revela una enfermedad
Si vieran a esta mujer de cincuenta años de la comunidad nivaclé de Nicha Toyisch, podrían pensar que tiene setenta años. Esta mujer, llamémosla Lisa, había estado conduciendo una motocicleta. De alguna manera, mientras conducía, el dedo gordo de su pie izquierdo quedó atrapado entre la cadena y la rueda dentada, y el dedo se desgarró, desprendiéndose por completo del pie.
El dedo gordo del pie no sólo es el dedo más grande, sino también el más importante para caminar.
Lisa fue trasladada al hospital en una camioneta, pero no podía pagar una operación en un hospital privado. Llegó a Yalve Sanga a las 18 horas, con pérdida de sangre y fuertes dolores. Tenía una herida abierta donde debería haber estado el dedo gordo del pie.
Nos pusimos manos a la obra con lo que podíamos. Le pusimos anestesia local, y las enfermeras le colocaron una vía intravenosa a través de la cual también recibió analgésicos. Luego, con relativa tranquilidad ya que ella sentía menos dolor, pudimos lavar la herida con desinfectante ya que no podía haber ninguna inflamación. Luego detuvimos la hemorragia. Tiramos de la piel restante sobre la herida abierta todo lo posible y la suturamos para que dejara de sangrar y pudiera cicatrizar (aunque podía llevar mucho tiempo) y la vendamos bien.
Lisa permaneció internada con antibióticos, calmantes y la vacuna del tétanos. Su hijo adulto, que aún vive en casa, estaba muy preocupado y la acompañó todo el tiempo.
Sin embargo, nos dimos cuenta de que Lisa posiblemente tuviera otras dolencias. Normalmente, los pacientes mayores aprovechan el tratamiento hospitalario para comer una dieta más abundante. En el caso de Lisa, el personal de enfermería se dio cuenta de que dejaba mucha comida en el plato.
Y también tenía una tos persistente que a las enfermeras les pareció sospechosa. Examinaron el esputo en busca de tuberculosis, y he aquí que el mayor enemigo de Lisa era el bacilo de la tuberculosis, no el dedo amputado.
Así que empezamos a tratar la tuberculosis. Lisa siguió recibiendo cuidados diarios de las heridas y ya podía saborear mejor la comida rica en proteínas.
Después de diez días, se había recuperado lo suficiente para recibir el alta. La herida iba a requerir algún tiempo más, pero podía moverse por la casa con un andador. La trabajadora sanitaria comunitaria de Nicha Toyisch (capacitada en la ASCIM) y la enfermera que visitaba semanalmente el asentamiento, se encargaron de cambiarle los vendajes regularmente.
Al cabo de unos dos meses, el pie había sanado y al término de seis meses, había finalizado el tratamiento de la tuberculosis.
(Escrito por el Dr. Richard Wiens, jefe médico del Sanatorio ASCIM)
Esta historia muestra el impacto que tuvimos en un momento de la vida de una persona como parte de nuestro trabajo práctico a largo plazo.
En el ámbito de la educación, ofrecemos capacitación para docentes. En el sector sanitario, brindamos capacitación y acompañamiento para el personal sanitario y atención preventiva, consultas y, si fuera necesario, derivaciones de pacientes. Colaboramos con los consejos de administración de los asentamientos en la estimación de costos, asesoramos en ganadería y agricultura, y ofrecemos capacitación en contabilidad. Brindamos formación social y espiritual a mujeres. Proporcionamos material didáctico para jardines de infancia y formamos a docentes indígenas. Se prestan servicios de voluntariado con la recomendación de su iglesia de origen.
En suma, creemos que nuestra labor es integral y contribuye a la paz.
¡Gloria a Dios!
Heinrich Dyck Harder, vicedirector de la ASCIM (Asociación de Servicios de Cooperación Indígena-Menonita) de Yalve Sanga, Paraguay.
“Vivimos en un mundo complicado. La erosión de la confianza y la ruptura de las relaciones son demasiado comunes. La buena noticia es que, por muy abundantes que sean los conflictos, también lo es el compromiso de las comunidades anabautistas menonitas de todo el mundo de seguir el llamado de Jesús a trabajar por la justicia y la paz”, dice Max Wiedmer, productor de ‘Transmission’ (Transmisión).
Transmission es una serie de 5 videos de 10 minutos creada por Affox AG, una productora multimedia. Se presenta el pensamiento anabautista a personas de alrededor del mundo con el fin de fomentar una vida de fe.
“Ofrecemos un vistazo a las experiencias que vivimos como discípulos de Jesús en diferentes partes del mundo,” dice Max Wiedmer.
El quinto video se ha publicado en inglés, español y francés. El alemán y el neerlandés estarán disponibles en breve.
“Como productores, nos enfrentamos cara a cara con la complejidad de hacer paz”, afirma Max Wiedmer. La película explora “lo que significa ser fiel al llamado de Jesús a amar al prójimo y a nuestros enemigos” a través de cuatro historias:
Vivir en paz en Ucrania
Oír la voz de Dios en Irlanda del Norte
Prepararse para la justicia en Burundi, Ruanda y la RD del Congo
Encontrando esperanza en el trabajo de reconciliación en Canadá.
Cada cortometraje va acompañado de una guía de estudio con información de contexto sobre el tema y el lugar y preguntas para debatir en un grupo pequeño, un grupo de personas jóvenes o una clase de la escuela dominical.
“Tenemos la esperanza de fortalecer nuestro sentido de identidad compartida y de comunidad en medio de la gran diversidad presente en todo el cuerpo anabautista,” dice Max Wiedmer.
Amados hermanos y hermanas:
Hacemos un llamado a orar por nuestros hermanos y hermanas en los Estados Unidos que están tomando medidas legales que buscan restaurar los derechos de las personas de fe a reunirse, adorar y servir sin interferencia del gobierno. La Iglesia Menonita de los Estados Unidos se une a más de 20 comunidades cristianas y judías en esta acción.
La actual administración presidencial de los Estados Unidos ha eliminado las restricciones impuestas al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) para que no lleve a cabo redadas, arrestos y otras acciones de control en los lugares de culto. Hoy en día, a las personas a quienes se dirigen estos cambios se les describe como “solicitantes de asilo” o “migrantes”; en la Biblia, se les llama “extranjeros/peregrinos” (Levítico 19:33-34) o “los más pequeños entre estos” (Mateo 25:40). Al pueblo de Dios se le recordaba regularmente que debía acoger y cuidar a los vulnerables (Éxodo 23:9, Deuteronomio 10:19, hebreos 13:2). En la actualidad, parte de ese trabajo se realiza a través de lugares de culto que se han vuelto inseguros debido a estos cambios de políticas.
“Creemos que debido al llamado de Cristo a cuidar de los que tienen hambre, sed, de los que son extranjeros, los que están desnudos, enfermos o encarcelados (Mateo 25:31-36), debemos unirnos a los primeros seguidores de Jesús al elegir obedecer a Dios en lugar de cualquier autoridad humana (Hechos 5:29)”, escribe el moderador de la Iglesia Menonita de los Estados Unidos (MC USA por su sigla en inglés), Jon Carlson, en una carta a la familia cristiana anabautista mundial.
“Reconozco que la relación anabautista con las autoridades seculares es un tema complicado… Aun así, los anabautistas han utilizado, en varios puntos de la historia, medios legales para impedir que el Estado invada la práctica religiosa y para proteger el libre ejercicio de nuestra fe…”, escribe Jon Carlson.
“Sabemos que muchos de nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo han sufrido persecuciones e intrusión gubernamental mucho más duras en sus comunidades”, expresa Jon Carlson. Invita a la comunión mundial a orar por MC USA, “sobrellevando los unos las cargas de los otros y cumpliendo la ley de Cristo” (Gálatas 6:2). También les invitamos a compartir su sabiduría y su perspectiva sobre cómo permanecer fieles frente a la presión gubernamental. Por favor, continúen teniendo en sus oraciones a los seguidores de Jesús en los Estados Unidos, así como nosotros también los tenemos a ustedes en nuestras oraciones”.
El Congreso Mundial Menonita llama a nuestros miembros de todo el mundo a orar por los socios en este desafío legal y por todos nuestros miembros en los EE. UU.
Oramos para que el Espíritu de Dios dé valentía a las personas a dar testimonio público y a actuar para proteger a los más vulnerables.
Damos gracias a Dios por el valor para oponerse a acciones injustas, incluso de parte de su propio gobierno.
Damos gracias a Dios por los socios de otras comunidades religiosas, por la solidaridad en la protección de las libertades religiosas para todos y de los derechos de las personas vulnerables.
Pedimos oración para que todos los norteamericanos encuentren La Valentía De Amar en medio de la incertidumbre política y los temores económicos de este momento. En Canadá, México y los Estados Unidos, que nuestros hermanos y hermanas anabautistas vean la imagen de Dios en todas las personas de todos los lugares. Que tengamos la gracia de dejar de lado el miedo, las ideologías políticas y las diferencias. Que la iglesia de Jesucristo responda a las amenazas y a la división con actos creativos de compasión y amor.
Señor, en tu misericordia, escucha nuestra oración. En el nombre de Jesús, Príncipe de Paz.
Amén.
Henk Stenvers Presidente Congreso Mundial Menonita
César García
Secretario General
Congreso Mundial Menonita
Amados hermanos y hermanas de la comunión anabautista-menonita mundial:
Con gran pesar en el corazón, recordamos el primer aniversario de los terribles acontecimientos que marcaron el inicio de un nuevo ciclo de violencia en el Medio Oriente. Nos parte el corazón ver la cantidad de vidas que se han perdido hace un año y desde entonces. Lamentamos la represión, el desprecio por los derechos humanos y el despojo sufrido durante décadas que condujeron a la crisis actual.
Hace un año, los combatientes de Hamas traspasaron las fronteras militarizadas de la Franja de Gaza y cometieron actos atroces en Israel. Este ataque dejó 1.200 israelíes muertos, incluidos casi 400 soldados. Unos 250 civiles y miembros del personal de seguridad israelíes fueron llevados a Gaza como rehenes. Israel respondió con una horrible campaña de castigo colectivo contra Gaza que ha durado un año, atacando hospitales, escuelas, lugares de culto y periodistas. El número de muertos en Gaza es de más de 40.000 y sigue aumentando, y hay miles de desaparecidos o cuyo paradero se desconoce. Israel ha impedido la entrada de alimentos y ayuda médica a la Franja. Más recientemente, Israel ha desatado un feroz ataque militar contra Líbano, el país vecino.
Como cristianos dedicados al camino de paz de Cristo, rechazamos la guerra como forma de resolver las diferencias. Estamos con todos los que sufren hoy, ya sean judíos, musulmanes o cristianos. A veces, nos sentimos impotentes, incluso cómplices, mientras el trauma y el prejuicio acumulados a lo largo de generaciones se desatan en oleadas de odio y destrucción.
Jesús, el Príncipe de Paz, nos enseña que la guerra no conduce al florecimiento humano. El amor valiente a los enemigos y la búsqueda no violenta de la justicia para todos es la manera en que aspiramos seguir a Jesús. El amor entrena nuestros corazones para ver a Dios en los “otros” seres humanos. El amor nos da la valentía de buscar la justicia y vivir correctamente unos con otros. Como seguidores de Jesús, oramos por esa valentía de amar con poder transformador. Porque es el amor el que ofrece una realidad y un futuro fundamentalmente diferentes a los ciclos de violencia que oprimen, suprimen y matan alimentados por la sed de poder y los mecanismos de muerte.
Como comunión anabautista-menonita mundial reiteramos nuestro llamado de octubre del 2023 para que todas las partes en este conflicto depongan las armas y comiencen el arduo trabajo de la construcción de paz. Pedimos la liberación de los cautivos, tanto los rehenes israelíes retenidos por Hamas como los prisioneros palestinos retenidos ilegalmente en “detención administrativa” por el Estado israelí. En la medida de lo posible, estamos resueltos a hablar con nuestros propios gobiernos y conciudadanos que puedan estar brindando un apoyo acrítico que perpetúa el conflicto en curso.
La justicia debe acompañar a la paz, y todas las partes en este conflicto han sufrido agravios. Confesamos que no hemos sabido escuchar bien ni buscar la justicia, ni reconocer la insuficiencia de nuestra sabiduría. Por eso, invocamos al Espíritu Santo para que nos enseñe y nos capacite para actuar con humildad y valentía al hablar y actuar.
Oramos no sólo para que cese la violencia, sino para que las tierras de la Biblia se conviertan en un lugar de armonía y diversidad humana, donde los vecinos “descansen a la sombra de su vid y de su higuera” sin que nadie los atemorice (Miqueas 4:4). Reafirmamos nuestra convicción de que “El Espíritu de Jesús nos llena de poder para confiar en Dios en todos los aspectos de la vida, de manera que lleguemos a ser hacedores de paz que renunciamos a la violencia, amamos a nuestros enemigos, procuramos justicia, y compartimos nuestras posesiones con los necesitados”. (Congreso Mundial Menonita “Convicciones compartidas” #5).