• logos: World Council of Churches, Mennonite World Conference, act alliance, the Lutheran World Federation, World Communion of Reformed Churches, Anglican Communion, the Middle East Council of Churches, Christian Conference of Asia, World Methodist Council

    El Consejo Mundial de Iglesias, el Consejo de Iglesias del Oriente Medio, la Federación Luterana Mundial, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, el Consejo Metodista Mundial, el Congreso Mundial Menonita, la Conferencia Cristiana de Asia y ACT Alianza se unen para expresar su profunda preocupación con respecto a las repercusiones humanitarias y sociales del creciente conflicto en el Medio Oriente y la amenaza que plantea para la paz y la seguridad de la región y del mundo.

    Después de haber soportado muchos años de complejos desafíos políticos, económicos y sociales, el pueblo de Irán –que cuenta con más de 92 millones de habitantes– ahora enfrenta las amenazas inmediatas del conflicto actual y un futuro muy incierto.

    El uso de la fuerza por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, el asesinato del Líder Supremo iraní, Alí Khamenei, el 28 de febrero del 2026, y las posteriores represalias iraníes han desatado una guerra que amenaza la paz en la región y más allá. También plantea serias preocupaciones sobre la seguridad y el bienestar de los civiles, un ejemplo trágico de ello es la muerte, según se informa, de hasta 175 niñas y personal escolar en un ataque con misiles contra una escuela de niñas en la ciudad de Minab, en el sur de Irán.

    Los riesgos humanitarios y el sufrimiento inevitablemente se intensificarán entre más se prolongue este conflicto. Además, nos preocupan profundamente los crecientes informes que indican graves violaciones del derecho internacional humanitario durante las operaciones militares en curso. Insistimos en que, como obligación moral y legal, todos los participantes en el conflicto deben proteger del daño a los civiles y abstenerse de atacar zonas e infraestructuras civiles.

    Al mismo tiempo, tememos que el conflicto pueda dar lugar a un nuevo período de violencia e inestabilidad prolongadas en toda la región. Este conflicto ya está afectando a muchos países de la región y de otras partes del mundo.

    En el Líbano, la situación se ha intensificado hasta convertirse en un ataque israelí a gran escala que afecta a varias regiones del país, incluida la capital, Beirut. Se ha infligido una gran destrucción en barrios residenciales, especialmente en los suburbios del sur de Beirut y en amplias zonas del sur del país. La intensificación de las hostilidades ha provocado un sufrimiento generalizado entre la población civil y ha obligado a cientos de miles de personas a huir de sus hogares en busca de seguridad.

    Irak también se ha visto afectado por la escalada regional, con tensiones crecientes y preocupaciones de seguridad que añaden más tensión a un contexto ya frágil.

    Los ataques de represalia iraníes también han afectado a varios países del Golfo, así como a Chipre y Azerbaiyán.

    Adicionalmente, nos preocupa profundamente que estos ataques y sus consecuencias probablemente causen desplazamientos de población aún mayores en una región que ya tiene un número muy elevado de personas desplazadas y con una provisión o planificación lamentablemente inadecuada para garantizar el bienestar de los desplazados internos dentro de Irán o de los refugiados en los países vecinos.

    Además de las consecuencias inmediatas de muerte, destrucción y desplazamiento en Irán y los países más afectados, este conflicto ya está afectando la vida y el sustento de las personas, comunidades y sociedades de toda la región. Junto con el resto de la sociedad en Irán y la región en general, las iglesias y las comunidades cristianas se enfrentan a los peligros que esta guerra representa para su futuro.

    Cabe destacar que los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos son claramente ilegales según el derecho internacional. Se llevan a cabo sin ninguna justificación creíble de la supuesta amenaza inminente de Irán y constituyen una flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas, creada precisamente para proteger a los pueblos del mundo del flagelo de la guerra. El abandono de la diplomacia en favor de un ataque armado es imprudente e irresponsable.

    Tras haber tomado este camino, no se debe permitir que Israel y Estados Unidos vuelvan a sembrar la desolación y a llamarla paz. Deben asumir la responsabilidad por las consecuencias de sus actos, incluidas las consecuencias para el futuro del pueblo iraní, cuya libertad dicen promover.

    Hacemos un llamamiento a un alto el fuego inmediato, a la reanudación urgente de la colaboración diplomática y del diálogo político a través de los mecanismos internacionales y regionales establecidos y al pleno cumplimiento por todos los Estados de sus obligaciones en virtud del derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas.

    Nuestro llamamiento se fundamenta en nuestra fe y nuestros valores éticos cristianos, así como en el derecho y la política. Afirmamos que la guerra es incompatible con la naturaleza y la voluntad de Dios para la humanidad, y contraria a nuestros principios cristianos fundamentales. La paz es un imperativo moral y espiritual arraigado en nuestra fe en un Dios de justicia y compasión, y un don que no se alcanza mediante la fuerza ni la violencia armada. La dignidad humana es sagrada y refleja la imagen de Dios. Cualquier atentado contra la vida civil o violación sistemática de los derechos humanos, ya sea mediante ataques externos u opresión interna, constituye una afrenta directa a la dignidad humana otorgada por Dios y a la santidad de la vida.

    En este conflicto y en nuestro contexto mundial más amplio, lamentamos la ausencia de moralidad y legalidad, la arrogancia imperante y las ideologías de poder, y la sustitución de la conciencia por la utilidad política. Como cristianos, no reconocemos ninguna licencia divina para matar, destruir, desplazar u ocupar. Proclamamos la dignidad humana y los derechos otorgados por Dios a todas las personas, por igual y sin discriminación. Rechazamos la lógica brutal de la guerra y la dominación. Buscamos el don de la paz.

    Oramos por la gente del Medio Oriente, que ha sufrido demasiada violencia durante tanto tiempo, y con demasiada frecuencia, como resultado de intervenciones de actores externos.

    Invitamos a todas las iglesias y cristianos del mundo, y a todas las personas de fe y buena voluntad, a unirse en oración por la paz en el Medio Oriente y en todas partes del mundo donde existen conflictos y luchas.

    Dios, pon fin a la violencia y la injusticia.

    Inspira a los líderes a trabajar por el bienestar de todas las personas.

    Que tu amor y compasión prevalezcan, uniendo a las naciones en la búsqueda común de la paz.

    Que tu reino de paz reine en la Tierra como en el cielo.


    • ACT Alianza
    • Conferencia Cristiana de Asia
    • Federación Luterana Mundial
    • Congreso Mundial Menonita
    • Consejo de Iglesias del Oriente Medio
    • Comunión Mundial de Iglesias Reformadas
    • Consejo Mundial de Iglesias
    • Consejo Metodista Mundial
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    Urgent prayer & pastoral letters

    God, bring an end to violence and injustice
  • Amados hermanos y hermanas

    El Congreso Mundial Menonita hace un llamado a todos sus miembros a unirse en oración por nuestros hermanos y hermanas en Venezuela.

    El 3 de enero del 2026, a las 2:00 a. m., hora local, Estados Unidos bombardeó bases militares en Caracas, la capital, y en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. Las fuerzas militares estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, quienes serán juzgados por conspiración para cometer narcoterrorismo. El presidente estadounidense ha declarado su intención de “gobernar” Venezuela y de que las compañías petroleras estadounidenses tomen el control de la infraestructura petrolera venezolana.

    Según Jaime Prieto, historiador y menonita de Costa Rica, esto es parte de un patrón: ejércitos violentos de Estados Unidos están invadiendo a los pueblos de América Latina como lo han hecho una y otra vez desde el siglo XIX: Puerto Rico, Guatemala, Cuba, Panamá y ahora Venezuela.

    Informes de los anabautistas en Venezuela:

    • Actualmente se encuentran seguros en sus casas, pero hay un sentimiento generalizado de incertidumbre; temor a la escasez de alimentos, medicinas y combustible; y hay cierto peligro de violencia en las calles.
    • Piden oración por la estabilidad cívica y política, incluido el respeto a los derechos ciudadanos; y por la resiliencia espiritual cristiana, ya que esto se traduce en una fuerza invisible para reconstruir el país.

    Compartimos con ustedes algunas palabras de nuestras iglesias miembros en la región.


    El comité nacional de la IMCOL (Iglesia Cristiana Menonita de Colombia), nuestra iglesia miembro en el país vecino, Colombia, ha recibido a numerosos refugiados de Venezuela en los últimos años y participa en un ministerio conjunto con las iglesias menonitas emergentes en Venezuela.

    Nuestra iglesia hermana en Venezuela nos pide oración por:

    • Una solución negociada en lugar de un posible segundo ataque.
    • Que no vaya a profundizarse la violencia entre los grupos progobiernistas y la oposición.
    • Que la situación de Venezuela se defina desde Venezuela y no por intervención internacional.

    Oremos también:

    • Por las posibles víctimas mortales, sus familias y por los heridos y sus familias.
    • Por lo que esta política intervencionista de EEUU significa para las naciones y pueblos del mundo, especialmente para los países de América Latina.

    Acompañamos al pueblo venezolano en este momento de incertidumbre, clamando a Dios por una paz verdadera y por la justicia que dignifica la vida de su gente.

    Que el amor de Cristo sea nuestro puente, nuestra esperanza y nuestro camino hacia la reconciliación.

    La Conferencia Peruana de los Hermanos Menonitas también comparte sus oraciones por Venezuela:

    Primeramente, damos gracias a nuestro DIOS creador y Salvador.

    Sabemos cuán difícil es la vida en nuestro país hermano de Venezuela.

    Oramos pidiendo al SEÑOR que este sufrimiento haya terminado… Y sea su mano preciosa dando nuevas oportunidades de vida, de gozo y alegría en el SEÑOR.

    Y sea de ahora en adelante poniendo nuestra fe …de que todo va a cambiar para bien de las futuras o de las siguientes generaciones.

    La Epístola de Santiago nos recuerda que “el fruto de la justicia se siembra en paz para quienes hacen la paz” (Santiago 3:18). La manera en que sembramos las semillas importa. Las intervenciones y los ataques militares no son semillas que finalmente traerán justicia.

    Lamentamos la decisión de Estados Unidos de utilizar su poderío militar para aparentemente cumplir su propia agenda en otro país.

    Jesús nos llama a amar a nuestros enemigos y a no convertirnos en lo que odiamos. La preocupación por determinada forma de gobierno no justifica el ataque militar ni la intervención de otra. “Cuando resistimos el mal con el mal, cuando lo reflejamos, cuando lo atacamos con la misma moneda, simplemente garantizamos su perpetuación”, afirma el teólogo Walter Wink.

    • Pedimos sus oraciones por aquellas personas en la región se encuentran angustiadas y sufriendo.
    • Oramos para que el pueblo venezolano pueda ejercer su derecho a determinar colectivamente su liderazgo nacional.
    • Oramos para que los líderes gubernamentales de todo el mundo hablen y actúen con valentía y amor en este momento de conflicto.
    • También oramos por los líderes de Estados Unidos, para que aprendan a gobernar con sabiduría y justicia.

    Que podamos reconocer las diferentes perspectivas, incluso entre nuestros hermanos y hermanas, y sigamos viviendo con gracia y entendimiento. Que aprendamos de la historia y elijamos los caminos de Cristo y su paz. Al orar por los demás, que el Espíritu Santo moldee nuestros corazones y nos guíe a la acción.

    “El Señor juzgará entre las naciones
    y decidirá los pleitos de pueblos numerosos.
    Ellos convertirán sus espadas en arados
    y sus lanzas en hoces.
    Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro
    ni a recibir instrucción para la guerra.” (Isaías 2:4)

    Señor, en tu misericordia, escucha nuestra oración.

    En el nombre de Jesús, amen.

    Henk Stenvers

    Henk Stenvers,
    presidente,
    Congreso Menonita Mundial

    Andrew Suderman

    Andrew Suderman secretario, Comisión de Paz


    Urgent prayer & pastoral letters

    man and woman hand out bowls of soup across a table
  • Actualización

    Tras la declaración de un cese el fuego temporal, continuamos orando y actuando por una paz justa mientras nos solidarizamos con todos aquellos que sufren, lloran y guardan la esperanza: palestinos, judíos y aliados.

    Carta

    Amados hermanos y hermanas:

    El 7 de octubre de 2025 es el trágico aniversario de un brote de violencia que ha causado la pérdida de cientos de miles de vidas en las tierras llamadas Israel y Palestina y también en la región más amplia.

    Reconocemos que la imagen de Dios se encuentra en cada hombre, mujer y niño: cada muerte resultante de la opresión, el hambre, el encarcelamiento y la violencia es una tragedia.

    Nos apena la represión, el desprecio por la dignidad humana y el despojo durante décadas que condujeron a la crisis actual.

    Denunciamos los actos genocidas que buscan extinguir a un pueblo y su cultura. Denunciamos las enseñanzas cristianas que justifican y sustentan la crueldad, la superioridad y la violencia.

    Abrimos los ojos para ver y los oídos para escuchar el clamor de quienes sufren. Confesamos nuestro fracaso a la hora de responder ante su dolor.

    Nos hacemos un llamado a actuar en solidaridad con quienes se encuentran heridos y oprimidos. Nos comprometemos a decir la verdad y a practicar la justicia que conducen a la paz y la seguridad para todos en la región y más allá.

    Junto con nuestros hermanos cristianos palestinos del movimiento de teología de la liberación Sabeel:

    Dios todopoderoso, recordamos que “cuando los justos claman, el Señor escucha y los libra de todas sus angustias” (Salmo 34: 17). Señor, ¿dónde está tu mensaje de libertad en medio del sufrimiento de quienes son detenidos y torturados injustamente? 

    Ayúdanos a dar testimonio ante quienes sufren y a aumentar nuestras acciones para que tu justicia se cumpla.

    Señor en tu misericordia…escucha nuestra oración.

    Oh Señor, cuánto anhelamos ver tu paz reinar en nuestro mundo.

    Anhelamos ver tu paz en Palestina e Israel, así como para las iglesias miembros del CMM en otras partes del mundo que también sufren violencia política o guerra en la República Democrática del Congo, India, Myanmar, Ucrania y Estados Unidos; y la violencia social persistente en muchas partes de Latinoamérica.

    Que venga tu reino de paz, y que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. ¡Y que seamos participantes de tu reino de paz!

    Nuestras palabras parecen pequeñas e insuficientes ante la crisis, pero aun así reafirmamos nuestra convicción de que:

    El Espíritu de Jesús nos llena de poder para confiar en Dios en todos los aspectos de la vida, de manera que lleguemos a ser hacedores de paz que renunciamos a la violencia, amamos a nuestros enemigos, procuramos justicia, y compartimos nuestras posesiones con los necesitados..”
    (Convicciones Compartidas 5) 

    Señor, en tu misericordia, escucha nuestra oración.

    En el nombre de Jesús, amen.

    Henk Stenvers

    Henk Stenvers,
    presidente,
    Congreso Menonita Mundial

    Tigist Tesfaye

    Tigist Tesfaye secretaria, Comisión Diáconos

    Andrew Suderman

    Andrew Suderman secretario, Comisión de Paz

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  • Amados hermanos y hermanas: 

    La escalada de la guerra en el Medio Oriente hoy es una fuente de temor y dolor para nuestra familia anabautista alrededor del mundo. Para algunas personas, esta es una nueva realidad; para otras, es algo que se suma a la carga de violencia que arrastran desde hace años o décadas de conflictos locales. Vemos a todos aquellos que están siendo aplastados bajo las maquinaciones de los poderosos; nos lamentamos y pedimos la presencia misericordiosa de Dios entre ellos. Condenamos cualquier justificación de la guerra como parte de la voluntad de Dios. 

    Invitamos a que nuestras oraciones nos impulsen a la acción. Y a que nuestras acciones sean nuestras oraciones. 

    Nuestra lealtad no es hacia presidentes ni reyes, sino hacia el Príncipe de Paz. Como miembros de una Iglesia Histórica de Paz –es decir, una iglesia dedicada a los caminos de la paz– , seguimos a Jesús, el Príncipe de Paz, quien nos llama a un amor radical al enemigo. 

    • Este amor entrena a nuestros corazones para ver a Dios en el “otro” ser humano, ya sea enemigo o amigo. 
    • Este amor nos da la valentía de buscar la justicia. 
    • Este amor nos llama a buscar relaciones correctas a nivel interpersonal, a nivel de organizaciones, entre estados y pueblos, y con el resto de la creación, todos los cuales sufren daños en medio del conflicto. 

    El poder del amor de Cristo nos impulsa no al orgullo que defiende a las naciones o a la pureza ideológica, sino a la compasión por quienes sufren, independientemente de su identidad nacional o afiliación política. 

    Las enseñanzas de Jesús nos recuerdan que el enemigo no es la otra persona sino nuestro propio instinto de crear barreras y caer víctimas de la enemistad misma. Oramos para que, al encontrar la valentía de amar, el poder transformador de Dios rompa los ciclos de violencia que dividen, oprimen y matan. 

    La justicia debe acompañar a la paz. De hecho, la paz solo puede estar presente cuando se materializa una justicia restaurativa, orientada a la búsqueda de la verdad y a la reparación. Confesamos nuestro fracaso en la búsqueda de una paz justa. Pedimos al Espíritu Santo que nos enseñe humildad y nos equipe con la valentía de amar. Pedimos sabiduría para reconocer y decir la verdad con claridad profética y amor abnegado. Pedimos la audacia para enfrentar la injusticia a pesar del riesgo que ello nos implique. 

    Estamos resueltos a alzar la voz, ya sea ante los gobiernos o ante nuestros conciudadanos, para cuestionar el apoyo acrítico a fuentes de violencia y muerte constantes. 

    Como comunión anabautista mundial, renunciamos a la violencia, como lo hizo Jesús. Nos comprometemos –como seguidores de Jesús– a transformar los sistemas injustos a través de la no violencia activa. Hacemos un llamado a los Estados para que dejen de invertir en la guerra y, en su lugar, comiencen el arduo trabajo de buscar los caminos de la paz, una paz que no llegue a través de las armas, los misiles o la fuerza violenta, de modo que todo pueda florecer. 

    Nuestras palabras parecen pequeñas e insuficientes ante la crisis y ante nuestra propia falta de consenso en torno a sus causas, sin embargo, reafirmamos nuestra convicción de que 

    El Espíritu de Jesús nos llena de poder para confiar en Dios en todos los aspectos de la vida, de manera que lleguemos a ser hacedores de paz que renunciamos a la violencia, amamos a nuestros enemigos, procuramos justicia, y compartimos nuestras posesiones con los necesitados. (Convicción Compartida 5) 

    Señor, en tu misericordia, escucha nuestra oración.
    En el nombre de Jesús, Príncipe de Paz.

    Amén.

    Henk Stenvers
    Presidente
    Congreso Mundial Menonita


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    Otros recursos (en inglés)  

    https://sabeel.org/category/wave-of-prayers

    https://mcc.org/what-we-do/where-we-work/palestine-and-israel


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