Solidaridad: ¿Qué construiremos juntos?

Pero el amor del Señor es eterno para aquellos que lo honran; su justicia es infinita por todas las generaciones, para los que cumplen con su alianza y no se olvidan de obedecer sus mandatos.

Salmo 103:17–18 (DHH)

Cumplir el pacto de Dios y observar sus mandamientos significa, en primer lugar, amar a Dios con todo tu corazón y, en segundo lugar, amar al prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37–40).

Al tender la mano a quienes lo necesitan –ya sea con ayuda, una colcha, un kit de higiene o, incluso, solo un correo electrónico o un mensaje de alguna aplicación en el que se diga, “Oramos por ti” o “Que Dios te acompañe”– demostramos dicho amor.

Al formar un círculo de creyentes alrededor de una sinagoga o una mezquita que ha sido atacada; al utilizar silbatos para advertir a las personas en el vecindario de que estén atentas ante posibles detenciones ilegales; al manifestarnos pacíficamente contra la guerra y la discriminación; al abrir las puertas de nuestras iglesias a todo el mundo, expresamos nuestra solidaridad con las personas oprimidas.

Al escuchar en vez de juzgar y excluir; al aceptar que las personas son diferentes en muchos aspectos; al dejar de lado los prejuicios y mostrarnos abiertos a otras culturas, podemos demostrar que cada parte del cuerpo es igual de importante.

Una mano en el hombro, un abrazo, un consejo amistoso, servir en lugar de esperar que te sirvan, una visita, lavarse los pies unos a otros o incluso preguntar simplemente: “¿Cómo estás? Hay tantas formas de decir: “¡No estás solo!”.

Si queremos ser verdaderos seguidores de Cristo, debemos seguir su exhortación a vivir en unidad, aunque a veces resulte difícil y complicado. Solo así, a partir de la solidaridad, podremos trabajar por la paz.

—Henk Stenvers, presidente del CMM (2022-2028), reside en Naarden, Países Bajos.