Sueños ambiciosos para un mundo más justo

“Todo comenzó con las pequeñas ambiciones de un corazoncito”, comenta Sibonokuhle Ncubenokuhle Ncube. Cuando era una niña de 10 años en Zimbabue, “al escuchar que mis padres nunca tenían suficiente dinero para ayudar (a mis parientes) porque todo el pueblo pasaba hambre, mis sueños se volvieron ambiciosos... Cuando crezca, seré útil.

Tanto en las zonas rurales como urbanas de Zimbabue, la mayoría de los hogares cultivan algunos de sus alimentos. Por tal motivo, los cambios en los patrones climáticos son evidentes para todos. Las sequías solían ocurrir cada diez años, luego cada cinco. “Hoy en día, las sequías se van sucediendo a lo largo de las estaciones, de lo cual somos muy conscientes”, afirma.

Al sumarse una pandemia mundial, la situación se vuelve aún más crítica.

Liderazgo eclesial en la comunidad

Al igual que con las cuestiones relacionadas al coronavirus, las razones del cambio climático no siempre se comprenden, explica Sibonokuhle Ncube, y a menudo se politizan. Las divisiones políticas se traducen en acciones que causan daño.

La mala gestión y la politización del desarrollo también pueden afectar la manera en que la asistencia y los recursos fluyen de una región a otra. “Aparte de los problemas estructurales, [en Zimbabue] hubo disturbios civiles; violencia estructural, cultural y física, y desplazamiento”.

Sus estudios y su vocación se han centrado en el desarrollo, la construcción de la paz y la gestión financiera climática en Zimbabue, donde ha trabajado con organismos gubernamentales, ONG nacionales e internacionales, y organizaciones religiosas.

“Abordar la pobreza rural a través de intervenciones agrícolas fue mi primera estrategia. Trabajamos conjuntamente con las comunidades (afectadas por la falta de alimentos) para que juntos podamos crear los medios que les ayuden a obtener un aprovisionamiento adecuado. Además, abordamos las cuestiones que suelen dividir a las comunidades.”

La iglesia necesita líderes que comprendan sus dinámicas locales y puedan compartir información transformadora desde el púlpito. “El Cuerpo de Cristo se enriquece más, no solo en términos de conocimiento espiritual, sino en un amplio intercambio de habilidades para la vida”, agrega. Por ejemplo, la iglesia podría promover la restauración ecológica de tierras comunales (el cuidado de los bosques locales, los potreros compartidos) en su comunidad.

La esperanza surge de la acción

Es necesaria una acción de alto nivel como respuesta climática. En toda época, hay problemáticas que “convocan a las personas de fe a llevar a la práctica acciones radicales de discipulado. En el presente, la respuesta ante la crisis climática implica algunas de dichas acciones”. Es necesaria una postura profética frente a los poderes que reproducen la marginalidad.

“Una respuesta climática enérgica consta de múltiples niveles. En función de las políticas gubernamentales, hablemos con personas en el poder para que tomen medidas financieras a favor de la innovación, mitigación y adaptación”, propone Sibonokuhle Ncube. “Las comunidades de fe deben orar por las personas en el poder que controlan los recursos. Necesitamos orar por aquellos que no tienen un sentido de responsabilidad ecológica.”

La gente también debería considerar la acción civil. “Los individuos y las comunidades podrían actuar en sus ámbitos respectivos, lo cual evitaría que nos invadiera la desesperación.”

Sibonokuhle Ncube asesoró al Gobierno de Zimbabue en el período previo al acuerdo climático de París, en 2015. Algunos de los compromisos asumidos entonces por las potencias mundiales no se han cumplido. Sin embargo, “he optado por la esperanza y seguir actuando desde las bases”.

“Al abordar la respuesta climática, nuestro enfoque debería ser tan consensuado, coordinado e intergeneracional como la atención que le dedicamos al VIH y el SIDA”, asevera.

Una perspectiva desde un nosotros

Para una respuesta climática profunda y significativa, “sería necesario que convergiéramos en una mesa redonda tan grande como la circunferencia de la Tierra. Esto nos afecta a todos como humanidad”, afirma Sibonokuhle Ncube.

“Es muy valioso que no hablemos desde una perspectiva polarizada que tenga un nosotros y un ellos. También considero las cosas a nivel generacional.”

“Me encantaría partir de una visión sistémica encarnada del mundo, en que les pediría a todos que nos consideremos beneficiarios de la era del carbono. Invito a las comunidades a pensar en lo que podríamos hacer para cambiar algunas de las maneras en que fomentamos el desarrollo y la economía. La información colectiva libera recursos y abre la participación.”

Ejercer una mayordomía mundial

Sibonokuhle Ncube hace un llamado a las personas de fe para que consideren la justicia y la mayordomía en su respuesta climática. “El impacto de nuestras reducciones individuales puede ser mínimo, pero debemos considerar cómo nuestra excesiva dependencia de combustibles fósiles causa malestar al otro lado del mundo.”

 “La perspectiva sistémica hace que las Escrituras cobren vida. Las comunidades desfavorecidas por el cambio climático y debido a nuestras acciones, son nuestros prójimos” (Mateo 25).

“Es necesario que reflexionemos profundamente sobre qué implica una transición justa. En el Norte global o el Sur global, es necesario que todos hagamos algo. Es necesario que hagamos que las autoridades rindan cuentas con una fundamentación teológicamente sólida. No solo somos un pueblo que obra de manera oculta, sino que también somos capaces de denunciar la verdad ante los que están en el poder, como lo tuvieron que hacer muchos personajes de la Biblia.”

Ante las catástrofes naturales y el impacto del clima cambiante a futuro, es necesario que las comunidades sean resilientes, trabajen con energías alternativas, sepan cómo comunicar nuestra mayordomía ecológica como parte de nuestra fe”, expresa Sibonokuhle Ncube.

Compartir los dones

Para el Congreso Mundial Menonita, existe una perspectiva de “compartir los dones”. “La vida que vivimos es un don de Dios. Nos brinda dones tales como el orden creado. Somos responsables de cuidar dichos dones, dejando mejores dones ecológicos como legado a las generaciones venideras, para garantizar que compartamos una mejor calidad de vida para la posteridad.”

“Ruego que este pensamiento generacional pueda ayudarnos a reorientar nuestras mentes: pidamos al Espíritu Santo que reconfigure nuestros espíritus. Miremos al mundo de manera redentora a través de los ojos de Dios. Miremos a los hermanos y hermanas y la creación en todo el mundo a través de los ojos de Dios”.

—Sibonokuhle Ncube, miembro de la iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue, actualmente transita su proceso de construcción de la paz a través de estudios de teología y paz en el Seminario Bíblico Menonita Asociado, Elkhart, Indiana, USA. También es miembro del Grupo de Trabajo para el Cuidado de la Creación del CMM.

 

Para más información sobre el Grupo de Trabajo para el Cuidado de la Creación del CMM visite: 

Grupo de Trabajo para el Cuidado de la Creación

Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2020Haga clic aquí para leer otros artículos de este número.

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