• Estas reflexiones articulan muy brevemente el desarrollo histórico, perfil y tendencias de las comunidades anabautistas e iglesias menonitas multiétnicas en América Latina pertenecientes al CMM; y presenta los desafíos de los menonitas en sus tareas misionológicas, trabajo pastoral y en su testimonio de justicia y paz siguiendo a Jesús en un continente multiétnico.

    1. El carácter multiétnico de las comunidades e iglesias menonitas y anabautistas

    Argentina. En 1917, Josephus W. y Emma Shank, Tobías K. y Mae Hershey, misioneros de la Junta Menonita de Misiones y Caridades de Elkhart, Indiana, se instalaron en Argentina; en 1919 fundaron la primera iglesia menonita de América Latina, en el pueblo de Pehuajó. De esta iniciativa misionera surgiría en 1943, el trabajo y fundación de iglesias entre el pueblo toba/qom.

    México. Desde las primeras décadas del siglo pasado, la presencia menonita tuvo un carácter étnico de migración. Un ejemplo es Old Colony Mennonite, de origen ruso y procedente de Manitoba y Saskatchewan (Canadá). Se ubicó en la ciudad de San Antonio de los Arenales, México, desde 1922 hasta 1926, con una migración de aproximadamente 6.000 personas.

    Paraguay. Un total de 1.763 colonos menonitas provenientes de Canadá, emigraron a Paraguay entre 1926 y 1927, estableciendo la Colonia Menno. La Colonia Fernheim, que se ubicó también en el Chaco paraguayo, estuvo conformada por 2.000 emigrantes provenientes de: a) Molotschna en Rusia (1930–32), b) Amur, región cercana a Charbin en China (1932) c) y un pequeño grupo proveniente de Polonia. La tercera colonia llamada Friesland se formó en 1937 debido al desmembramiento de la Colonia Fernheim y se ubicó en el este de Paraguay. Desde dicha colonia se inició el trabajo misionero entre el pueblo enhelt en 1937, surgiendo así una nueva organización eclesial indígena menonita en Yalve Sanga (Lago Armadillo).

    La historia menonita-anabautista en América Latina debe verse como el encuentro entre las hermanas y hermanos evangélicos enviados por sociedades misioneras norteamericanas, y los pueblos latinos y autóctonos de este continente. Por otro lado, las colonias menonitas con muchas costumbres étnicas y culturales heredadas en Europa desde el siglo XVI, se asentaron en los territorios de pueblos indígenas, afrodescendientes y mestizos. En contextos históricos y países muy distintos se produjo el encuentro de personas de gran diversidad cultural; por medio de ayudas mutuas y de tensiones culturales, étnicas y sociales, surgieron las iglesias que hoy conforman el Congreso Mundial Menonita.

    En las comunidades e iglesias menonita-anabautistas se puede escuchar conversaciones y alabanzas a Dios en inglés, francés, alemán, español, portugués, inglés-criollo, francés-criollo, pero también en toba/qom, guaraní, bribri, enlhet, cabécar, kekchí, tupí, garífuna, quechua, emberá-wounaán y en muchas otras lenguas autóctonas. Esa dinámica de interacción entre las diversas culturas en la conformación de las iglesias y comunidades de fe se vio impulsada desde sus inicios por la acción del Comité Central Menonita, los cuerpos voluntarios menonitas, organizaciones educativas, seminarios y universidades menonitas (mayormente de Estados Unidos y Canadá, pero también de Europa), aportando elementos de vital importancia en la práctica de seguir a Jesús. A lo largo de esta historia de constantes migraciones, puede verse la tensión entre quienes percibieron como prioridad el crecimiento de comunidades y la edificación de templos – sin cuestionar las estructuras sociales de sus tiempos – y quienes enfatizaron la lucha por la justicia y la paz como exigencia prioritaria del Evangelio. A partir de dichas migraciones – tanto de grupos menonitas de origen germano, como también de las migraciones dentro y fuera de los países por parte de comunidades y familias de pueblos autóctonos – surgieron comunidades e iglesias anabautistas.

    Algo característico de las últimas décadas (1980–2015) con respecto a los inicios de este movimiento en América Latina, es que prácticamente en todos los países ya hay presencia de iglesias y comunidades menonita-anabautistas. Al comparar las estadísticas del CCM de 2009 con sus estadísticas de 2015, se observa que los países de mayor crecimiento del movimiento se localizan en Cuba (150%), Haití (70%) y Bolivia (80%). Aquí se percibe que el perfil de las comunidades menonitas que están cruzadas por el encuentro intercultural y el entendimiento de lo que debe ser la evangelización y la pastoral, tienen grandes trazos que las unen con su pasado.

    Cuba. En los años cincuenta, los Hermanos en Cristo llegaron a La Habana, Cuba, a evangelizar junto con los cuákeros y nazarenos en Cuatro Caminos. En 1954, la Junta Menonita de Misiones y Caridades de Franconia, EE.UU., también envió a los misioneros Henry Paul Yoder y su familia para fundar una iglesia en la provincia de Las Villas, en el pueblo de Rancho Veloz. La revolución encabezada por Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, produjo una gran desbandada de misioneros norteamericanos que abandonaron la isla en los años sucesivos. Durante los años de la revolución, el liderazgo de Juana M. García fue fundamental para mantener el trabajo eclesial que iniciaron los Hermanos en Cristo en el pueblo de Cuatro Caminos, en La Habana. El 19 de agosto de 2008 se inició un nuevo trabajo misionero de los menonitas en Cuba. El pastor Alexander Reyna Tamayo y su familia habían trabajado anteriormente como pastores en la Iglesia Evangélica Misionera. En 2004 conoció a Janet Breneman de EE.UU. y Jack Suderman de la Iglesia Menonita de Canadá, después de que ellos ofrecieran cursos sobre la tradición anabautista en la Iglesia Evangélica Libre. En común acuerdo con la Iglesia Evangélica Misionera, Alexander Reyna inició contactos con la Iglesia Menonita de Canadá y llegó a conformar esta nueva organización que trabaja en pequeñas células en los hogares, en las provincias de Santiago de Cuba, Olguín, Granma, Villa Clara y Cienfuegos. El enorme crecimiento experimentado en Cuba, sobre todo en la última década, nos remite a la nueva situación política que vive la Isla, que últimamente inició relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y la apertura religiosa que está experimentando.

    Haití. País de origen afrodescendiente y el más pobre de América Latina, sacudido además por el devastador terremoto del 12 de enero de 2010, y la crisis económica y política de sus gobiernos. Es otro ejemplo que remueve la temática del perfil anabautista de las iglesias y las tendencias del servicio que prestan organizaciones anabautistas y sociedades misioneras. Tanto en el caso de Cuba como en el de Haití, se hace necesario un detallado estudio que explique su gran crecimiento numérico así como el perfil cultural presente en la vida y misión de los miembros de sus comunidades.

    Bolivia. Se ha convertido en el país de mayor migración de menonitas conservadores de origen alemán en América Latina en las dos últimas décadas. Desde 1980 hasta 2007, se han establecido un total de 53 nuevas colonias en las provincias de Pando, Beni y Santa Cruz. Estas colonias provenían de la división interna de muchas otras colonias menonitas en Bolivia y otros países como: Belice, Paraguay, México, Argentina y Canadá. En 2007, estas nuevas colonias completaban una población de 30.618 personas (adultos, niños y niñas).

    En la sociedad civil, una de las reacciones a esa situación es que pareciera que la Reforma Agraria aún no ha llegado a América Latina para fortalecer a los grupos más desfavorecidos, como las poblaciones indígenas o de origen afrodescendiente. Nuestras preguntas se orientan otra vez sobre: a) la relación que surge en este contexto, entre colonias de grupos menonitas de origen europeo con las poblaciones indígenas de sus alrededores; b) el rol de las sociedades misioneras y la conformación de iglesias que tienen el propósito de seguir a Jesús desde sus propias raíces culturales y étnicas. Los desafíos del evangelio en el encuentro y/o desencuentro de comunidades con un trasfondo étnico y cultural tan diverso, están presentes y latiendo fuertemente como el tiempo de las primeras migraciones étnicas de los menonitas en América Latina.

    2. Estadísticas de los menonitas en América Latina

    I. Región de Mesoamérica:

    País:¬† Número de miembros:
    México 33.881
    Guatemala 9.496
    Honduras 21.175
    El Salvador 909
    Nicaragua 11.501
    Costa Rica 3.869
    Panamá 820

    II. Región del Caribe

    País:¬† Número de miembros:
    Bahamas 25
    Cuba 8.664
    Jamaica 733
    Haití 5.566
    República Dominicana 5.780
    Puerto Rico 798
    Belice 5.405
    Granada  8
    Trinidad & Tobago 300

    III. Región América del Sur

    País:¬† Número de miembros:
    Venezuela 596
    Colombia 3.664
    Ecuador 1.340
    Perú 1.524
    Brasil 14.748
    Bolivia 26.661
    Chile 1.452
    Paraguay  34.574
    Uruguay 1.464
    Argentina 4.974

    Gran Total: 199.912

    Estadísticas del Congreso Mundial Menonita, Membresía, Una comunidad de iglesias afines al anabautismo, Membresía, Junio de 2015.

    3. Desafíos pastorales desde la realidad multiétnica de América Latina

    Estas breves reflexiones nos llevan a considerar los siguientes desafíos pastorales desde la realidad multiétnica de América Latina.

    Renovación en el Espíritu. La experiencia en el Espíritu, al igual que nuestros antepasados del siglo XVI, debe significar iluminación y fortaleza para recrear nuestra identidad anabautista, a fin de asumir una actitud crítica ante el Estado, una teología y práctica pastoral a favor de los pobres, una hermenéutica contextual de la Biblia de no resistencia, un compromiso por la justicia y la paz, una tolerancia grande hacia las diversas formas de concebir el misterio profundo de Dios en la multietnicidad de las iglesias y comunidades anabautistas y la sociedad civil.

    Movimiento de teólogas latinoamericanas. El encuentro con teólogas africanas en Zimbabwe, marcó un gran desafío para las mujeres latinoamericanas que se dieron cita en la Asamblea del CMM realizada en Bulawayo, en 2003. De ahí surgiría el ‚ÄúMovimiento de teólogas latinoamericanas‚Äù, que en base al apoyo del proyecto ‚ÄúCompartir Dones Globalmente‚Äù del CMM, ha realizado diversos encuentros en América Latina. En la Asamblea del CMM realizada en julio de 2009, en Asunción, Paraguay, 120 mujeres menonitas latinoamericanas se reunieron para reflexionar respecto al lema: ‚ÄúEl mensaje liberador de Jesús para las mujeres hoy‚Äù. En la reciente Asamblea del CMM celebrada en Pennsylvania, EE.UU., del 21 al 26 de julio de 2015, el ‚ÄúMovimiento de Teólogas Anabautistas de América Latina‚Äù se reunió con las teólogas anabautistas de todo el mundo para promover una red mundial. Uno de los grandes desafíos de este movimiento es cómo integrar en su liderazgo y en el seno de su trabajo, a mujeres que representen ese carácter multiétnico de los menonitas en América Latina. Es a partir de esa gran diversidad de pueblos y culturas que nuestras familias, iglesias y movimientos alcanzarán un mayor testimonio en la sociedad y en el seno mismo del CMM.

    Testimonio de paz. El testimonio de quienes trabajan por la paz, arriesgando inclusive sus vidas por el bienestar de otras personas, nos recuerdan las palabras de Jesús: ‚ÄúBienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos e hijas de Dios‚Äù. (Mateo 5:9) Los testimonios ofrecidos por el trabajo de organizaciones menonitas como Justapaz en Colombia, y el Comité Central Menonita durante la revolución en Centroamérica durante los años setenta y ochenta, nos recuerdan que es posible dar nuestra contribución por la paz. Pero, esto nos lleva a reflexionar cómo hemos de dar este testimonio en los nuevos escenarios de nuestra América Latina, frente al crecimiento de la población, la destrucción de las culturas y pueblos ancestrales, el racismo, la xenofobia, la desocupación laboral de los jóvenes, la polución y contaminación ambiental, y nuevas formas de opresión y violencia que destruyen poblaciones y la vida del planeta.

    Modelos pastorales. Se hace necesario un análisis más detallado de lo que ha sido el testimonio de los anabautistas y menonitas en América Latina. En la década de los setenta, se desarrolló un método que orientaba la acción pastoral de muchas comunidades tomando como punto de partida las palabras: ver, juzgar y actuar; en otras palabras, analizar con las ciencias sociales lo que¬† acontece actualmente en nuestros pueblos latinoamericanos, juzgarlo a la luz de los desafíos de la Palabra en el seguimiento de Jesús, y finalmente responder pastoralmente con acciones concretas. Quizá sea hora de reconocer que el método antes descrito nos desafía nuevamente a revisar nuestras tareas pastorales, pero no sólo en el sentido de analizar la situación de injusticia a nivel macroeconómico y social, sino también desde las necesidades de una pastoral que esté atenta a las nuevas expresiones de familia en todo el continente, a los gritos de nuevos grupos marginados en nuestra sociedad, que incluye también a nuestros pueblos indígenas, afrodescendientes y a los pueblos mestizos pobres.

    La expresión afrocaribeña. El Caribe ha sido la región latinoamericana que más dificultades ha tenido en organizarse desde la colonia a causa de su historia, su complejidad política y la gran diversidad de lenguas. En la Asamblea del CMM celebrada en Asunción, Paraguay en julio de 2009, los representantes de la zona del Caribe expresaron en el caucus latinoamericano la necesidad de organizarse también como región. El fortalecimiento de las reflexiones teológicas, sociales y pastorales de las iglesias y comunidades anabautistas del Caribe debe ser una prioridad del CMM. La realidad de las iglesias afrodescendientes del Caribe enriquece enormemente el carácter multiétnico del CMM, que permitirá fortalecer el diálogo de dichas iglesias con las iglesias afrobrasileñas, y también con las iglesias menonitas de √Åfrica.¬†

    La gran diversidad étnica y cultural. En medio de la pobreza económica, las comunidades menonitas de los pueblos originarios y de trasfondo africano de todo el continente, comparten con nosotros su riqueza histórica, cultural y espiritual. Por medio de sus historias y sus mitos hundidos en las entrañas de la selva, los mares, los ríos, las rocas y las praderas, nos exhortan a proteger y velar por la madre tierra. Sus visiones y sueños nos hacen ver el desorden provocado en la creación por los sistemas económicos que protegen los intereses económicos de las transnacionales, o ‚Äúpromueven el desarrollo‚Äù a costa de la destrucción de la diversidad cultural.¬†

    La visita de hermanos y hermanas de los pueblos originarios como los métis y ojibwe (América del Norte), los quechuas (Perú), los kekchíes (Guatemala), los emberá y wounaan (Panamá), a las tierras de los pueblos originarios del Chaco paraguayo durante la Asamblea del CMM en Paraguay (2009), es una bella señal de fraternidad y unidad en medio de la diversidad. Desde este anhelo de aprender unos de otros y de poner nuestros talentos al servicio de los demás, es que esta gran variedad étnica de los menonitas en América Latina sólo puede nutrir a la comunidad anabautista; y, además, hacer real nuestros esfuerzos de ser instrumentos de Dios en la creación que añora con dolores de parto su liberación, así como nosotros gemimos y suspiramos por la redención de nuestros cuerpos (Romanos 8:18–25).

    ‚ÄîJaime Prieto es costarricense, casado con la brasileña Silvia de Lima; juntos tienen un hijo llamado Thomáz Satuyé. Jaime es Doctor en Teología por la Universidad de Hamburg, República Federal de Alemania (1992), miembro de la Iglesia Menonita de Costa Rica desde 1971, y actualmente pertenece a la Asociación de Iglesias Evangélicas Menonitas de Costa Rica (miembro del Congreso Mundial Menonita). Es autor de Misión y migración, el tomo sobre América Latina de la Colección de Historia Menonita Mundial publicada por el CMM.

    Este artículo apareció¬†por primera vez¬†en¬†Correo/Courier/Courrier¬†en abril de¬†2016.¬†

     

     

  • Los primeros menonitas llegaron a Brasil en el transcurso del año 1930, en calidad de refugiados de Rusia/Ucrania, donde sus propiedades, iglesias y escuelas fueron confiscadas por el Estado durante la era estalinista.

    Miles de menonitas (15.000–25.000) y otros grupos se trasladaron a Moscú en 1929 para obtener una visa. Sólo 5.000 fueron autorizados a irse del país. Al llegar a Alemania, no se les permitió permanecer allí, de modo que optaron por emigrar a Canadá. Debido a la depresión económica de la década de 1930, Canadá sólo aceptó a unos pocos de estos inmigrantes, principalmente aquellos que gozaban de buena salud y que tenían parientes radicados en el país.

    Los otros dos países que los recibirían eran Brasil y Paraguay. Líderes de iglesias de Europa y América del Norte alentaron a los refugiados a trasladarse como grupo a Paraguay, donde había un asentamiento de menonitas de Canadá. En Paraguay, los menonitas ya gozaban de varios privilegios tales como la exención al servicio militar y el derecho a la autonomía de las colonias; alrededor de 3.000 optaron por ir a Paraguay.

    Las primeras luchas

    Otros 1.300 decidieron trasladarse a Brasil. Los verdaderos motivos de esta elección no son muy claros. Al llegar a Brasil, se dispuso su asentamiento en una región serrana de bosques tropicales en el sur, totalmente diferente a lo que habían conocido en Rusia. Un grupo de colonos (Stolz Plateau) no pudo progresar, y encontraron un buen sitio en Curitiba (300 km al norte), donde había llanuras y un clima más frío. En unos años, todos los menonitas se habían mudado del lugar de asentamiento original.

    Entre los colonos, había tres grupos diferentes: Hermanos Menonitas, Iglesia Menonita (kirchliche) y Evangélicos Menonitas. Al principio, todos los cultos se realizaban conjuntamente, excepto las asambleas, y todo en alemán. Durante la Segunda Guerra Mundial – a la que Brasil entró en 1942 – se prohibió hablar en alemán en público hasta fines de 1945. Por consiguiente, las iglesias celebraban sus cultos en alemán bajo, a veces en ruso, e incluso empezaron a emplear el portugués.

    Acción social

    El primer proyecto social comenzó en 1948 con un orfanato para niñas/os abandonados, y con la primera congregación exclusivamente de habla portuguesa en las afueras de Curitiba. Contaban con el apoyo de los obreros fraternales de la Iglesia de los Hermanos Menonitas (MB) de América del Norte. Luego, siguieron otros proyectos de fundación de iglesias, y poco después se conformó la Asociación de Iglesias de los Hermanos Menonitas con las congregaciones de habla portuguesa. En 1994, la Convención de habla alemana y la Convención de habla portuguesa se unieron y conformaron la Convención de Iglesias Evangélicas de Hermanos Menonitas de Brasil (COBIM, Convenção Brasileira das Igrejas Evangélicas Irmãos Menonitas). Actualmente, COBIM tiene más de sesenta congregaciones y varios proyectos misionales en Brasil y África.

    En 1955, la Junta Menonita de Misiones y Caridades de la Conferencia General, de la Iglesia Menonita de Estados Unidos, enviaron sus primeros misioneros a Brasil. Se establecieron varias congregaciones en San Pablo, en la región central de Brasil y en la región amazónica, conformando la Alianza Evangélica Menonita (AEM). La Asociación de Iglesias Menonitas de Brasil (AIMB) – fruto de la unión de dos grupos de habla alemana y otros evangélicos menonitas – y COM (Comisión sobre la Misión en el Extranjero), se sumaron a este proyecto de fundar iglesias, comenzando a enviar misioneros en 1976. La AEM tiene actualmente unas treinticinco iglesias y congregaciones, y proyectos misionales en Brasil y Albania.

    En 1965, el Comité Central Menonita (MCC) inició varios proyectos agrícolas y de desarrollo social en el noreste de Brasil. En 2012, finalizó esta labor social y comunitaria. Algunas organizaciones locales (AMAI) le están dando continuidad a varios de los proyectos que promueven la paz y la reconciliación. Se establecieron tres congregaciones, afiliadas a la AEM.

    AIMB, la Convención conformada por menonitas y evangélicos menonitas, tiene nueve iglesias y congregaciones. Durante muchos años, sus cultos se celebraban en alemán. Esto empezó a cambiar en la década de 1980, a medida que las iglesias fueron empleando más el portugués, procurando un mayor acercamiento con sus vecinos y el contexto brasileño. Su proyecto misional más importante es el de la Asociación Menonita de Asistencia Social (AMAS), que cuenta con seis guarderías para familias de bajos ingresos que atienden diariamente a más de mil niñas/os.

    En la década de 1960, un grupo de menonitas Holdeman (menonitas de la Iglesia de Dios en Cristo) se trasladaron desde EE.UU. a la región central de Brasil (400 km al oeste de Brasilia, la capital del país), y establecieron su colonia en Rio Verde, en el estado de Goiás. Se mantienen en contacto con la comunidad menonita general de Brasil a través de la distribución de literatura anabautista/menonita.

    Tras ochenta y cinco años en Brasil, se calcula que el número de miembros de las iglesias de todas las convenciones es de 12.000 a 15.000. En los últimos treinta años, ha habido varias divisiones y escisiones en las iglesias y convenciones, mayormente a causa de los movimientos de renovación pentecostales/carismáticos. El deseo de alejarse de la cultura de una iglesia étnica alemana ha sido también un factor que llevó al establecimiento de varias congregaciones menonitas independientes.

    ¿Cuáles son los principales desafíos para los menonitas de Brasil?

    1. Identidad. ¿Qué significa ser cristiano menonita en Brasil, donde el 90 por ciento de todos los cristianos evangélicos son pentecostales/carismáticos/neocarismáticos? Relacionado con esto, aún tenemos la cultura de una iglesia étnica. Un líder hacía la siguiente observación: “Ya no vivimos en una colonia, pero la colonia aún la llevamos dentro de nosotros”. Los brasileños no entienden esta mentalidad menonita y les parece que es ajena a su cultura.
    2. Extensión comunitaria y aculturación. Cómo comprometerse con y ser fiel a una interpretación de la Biblia que esté centrada en Jesús, en medio de un contexto en el que existe todo tipo de religiosidad, “superstición cristiana”, “revelación divina directa”, evangelio centrado en el control del poder, evangelio de la prosperidad, etc.
    3. Diversidad y conflicto. Las congregaciones con trasfondo de habla alemana están llegando al final del proceso de cambio idiomático. Algunas tienen dos cultos, uno en cada idioma, y otras tienen cultos bilingües. Los casamientos interétnicos son más comunes que antes. Los miembros bautizados nuevos son mayormente de trasfondo no alemán. La diversidad cultural y teológica está cada vez más presente.
    4. Liderazgo. El concepto del líder servidor designado por la congregación, y que establece un liderazgo en equipo, está siendo cuestionado por un liderazgo jerárquico, autodesignado, centrado en la productividad y en ambiciones de poder.

    No obstante, el Espíritu Santo está presente en las diferentes convenciones y congregaciones, a fin de que se apoyen y ayuden unas a otras. El Instituto Teológico Fidelis pertenece a las tres entidades: AEM, COBIM y AIMB.

    Existen otros proyectos tales como la Escuela Menonita Erasto Gaertner y el Hogar de Ancianos Lar Betesda, que están bajo la dirección conjunta de menonitas y Hermanos Menonitas.

    Cada vez se hace más importante la necesidad de dialogar, compartir experiencias y aprender unos de otros.

    Peter y Gladys Siemens conforman un equipo pastoral de la Iglesia Vila Guaíra, Curitiba, Brasil. Gladys integra, además, la Comisión de Diáconos del Congreso Mundial Menonita.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2016.

    Iglesias menonitas nacionales de Brasil

    *Alliança Evangélica Menonita

    Miembros: 2.900

    Congregaciones: 35

    Sede: Paulista, Brasil

    Presidente: Cristiano Maiximiano de Oliveira

    *Associação das Igrejas Menonitas do Brasil

    Miembros: 1.184

    Congregaciones: 9

    Sede: Curitiba, Brasil

    Presidente: Fridbert August

    Church of God in Christ, Mennonite

    Miembros: 344

    Congregaciones: 5

    ¬±Convenção Brasileira das Igrejas Evangélicas Irmãos Menonitas

    Miembros: 6.960

    Congregaciones: 70

    Sede: Curitiba

    Presidente: Emerson Luis Cardoso

    Igreja Evangélica Irmãos Menonitas Renovada

    Miembros: 3.350

    Congregaciones: 27

    Sede: Sao Paulo

    Presidente: Jose Eguiny Manente

    * Indica membresía en el CMM.

    ¬± COBIM ha reanudado la solicitud de aceptación como miembro del CMM.

    Fuente: Mapa Mundial del CMM

    www.mwc-cmm.org/maps/world

    Consultado, enero de 2016

  • La hospitalidad: Consideremos qué significa brindar hospitalidad como seguidores de Cristo

    En septiembre del 2015, el mundo occidental tomó conocimiento de la crisis de los refugiados a través de las fotos impactantes difundidas en los medios informativos. Ante una mayor conciencia del problema, la comunidad anabautista mundial considera qué significa recibir al extraño, en tanto personas de diferentes trasfondos religiosos se integran a nuestros barrios.

    El número de abril 2016 de Courier/Correo/Courrier procura discernir la variedad de razones que motivan a las comunidades anabautistas de todo el mundo a reunirse para constituir el CMM. A continuación, escritores y escritoras reflexionan en sendos artículos sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo el amor de Cristo por nosotros motiva y guía nuestra respuesta a los extraños en nuestro contexto local?

    Un ministerio de hospitalidad incluyente

    Escritura: “Este fue el pecado de tu hermana Sodoma: ella y sus aldeas se sentían orgullosas de tener abundancia de alimentos y de gozar de comodidad, pero nunca ayudaron al pobre y al necesitado” (Ezequiel 16:49 DHH).

    Cuento: “Un refugiado se quejaba amargamente ante Dios porque no lo habían dejado entrar en una iglesia, y Dios le contestó: No te preocupes que a mí tampoco me dejan entrar”.

    Teniendo como punto de referencia para la reflexión este pasaje bíblico y la historia anexa, quiero hacer esta pequeña y sencilla nota desde mi propio testimonio personal para marcar la diferencia con el texto referido.

    Colombia, donde vivo actualmente, es un país en guerra interna desde hace más de sesenta años, siendo el último conflicto armado interno que queda en el hemisferio occidental. Más de cinco millones de personas en desplazamiento forzado, segundo país en el mundo con este fenómeno según datos de las Naciones Unidas, y cerca de un millón de refugiados en otros Estados. Veinticinco mil muertes violentas cada año, miles de desaparecidos y secuestrados, y más de seis millones de víctimas reconocidas por el gobierno.

    Un cuadro social impresionante, que si estuviera impregnado de petróleo o cualquier otro interés económico de las multinacionales, hubiese aparecido en las noticias de los medios masivos de EE.UU., Canadá y Europa, y entonces las iglesias anabautistas del Norte se hubiesen enterado.

    Amenazas e incertidumbre

    Después de vivir por muchos años en Bogotá, en 1986 nos trasladamos con mi esposa e hijos a un pequeño pueblo en el caribe colombiano, al norte del país, llamado San Jacinto.

    Allí adquirimos una finca, casa, maquinaria agrícola, vehículos, y vivíamos con mi esposa y cuatro hijos de la abogacía, la agricultura y el periodismo. Apoyábamos el trabajo social y organizativo de los campesinos de la región.

    Debido al trabajo con los campesinos me acusaron de ser un ideólogo de la guerrilla, y comenzó contra mí una persecución y amenazas permanentes por parte del comandante de policía del lugar, y más tarde por un grupo paramilitar llamado “MAS” (Muerte a Secuestradores).

    En marzo de 1988, el Ejército Nacional colombiano y la policía unieron fuerzas y nos hicieron un allanamiento en nuestra casa; las amenazas de muerte aumentaron, nuestros amigos nos evadían, los bancos no nos atendían. Vivir allí se hizo insoportable. Huyéndole a la muerte, nos vimos forzados a desplazarnos hacia la cercana ciudad de Cartagena, perdiendo todo lo que habíamos adquirido con nuestro trabajo.

    Allí en Cartagena recibimos la hospitalidad de un tío mío, quien nos abrió las puertas de su casa. En el patio construimos un lugar para habitar mientras pasaba la tormenta, gracias al apoyo de la Iglesia Menonita.

    Pero la situación del desplazado, nacional o internacional, es bien difícil. Por un lado está dejando atrás su territorio, amigos, familiares, trabajo, bienes, cultura, contactos, buen nombre, y por otro, entra en un terreno desconocido, amenazante, inhóspito, y se adentra al mundo de los prejuicios y estigmas.

    De ser una persona “de bien”, de pronto entra a ser sospechoso de terrorismo, de criminalidad, creando un gran temor entre sus vecinos. Entra en el ámbito del miedo, no sólo del desplazado sino de las personas que lo rodean, sus amigos, familiares, iglesias, todos con el miedo de que los confundan o los señalen como enemigos, los declaren “objetivo militar”, los amenacen y les hagan daño.

    El miedo impregnado en los demás es lo que más afecta a los desplazados, pues paraliza e impide la hospitalidad y la solidaridad. Existen muchas personas, miembros de una iglesia que creen y quieren ser hospitalarios, pero tienen familia, hijos pequeños, deudas hipotecarias, y tienen miedo de poner en peligro la vida y estabilidad de estas personas que dependen de ellos. Dicen que si estuvieran solos darían la vida por ayudar, pero en esas condiciones sería irresponsabilidad e injusto con los menores.

    En julio de 1989 llegamos nuevamente a Bogotá, derrotados pero no vencidos, una pareja de amenazados y desplazados, con cuatro hijos menores de edad. Llegamos a una ciudad afectada por el terrorismo, llena de muertos vivientes pidiendo limosna en cada semáforo, niños y niñas abandonados en las calles, una delincuencia amenazante, cercada por zonas de miseria, racista y discriminadora.

    El gobierno central había aprovechado la excusa de la guerra para suprimir la mayoría de las libertades públicas, y ordenaba allanamientos y detenciones arbitrarias cada día en la ciudad y el país. La desconfianza y el miedo reinaban en la ciudad. Como dice el maestro oriental, “la guerra es el arte del engaño” y “donde la primera víctima es la verdad”, lo que dificulta creer en alguien y aun creerle a Dios.

    Recibir y cobijar

    Pero hoy mi familia y yo estamos vivos gracias a la acción decidida de un grupo de personas, perteneciente a la Iglesia Menonita de Teusaquillo (Bogotá), encabezado por el pastor Peter Stucky. Aunque tenían hijos menores de edad y personas a su cargo, vencieron el miedo a la estigmatización y ser declarados auxiliares de la guerrilla; organizaron una acción de hospitalidad incluyente que nos cobijó y nos dio energía suficiente para despertar nuestro poder de resiliencia y recuperarnos.

    Es allí con ese acto de hospitalidad donde se rompe la maldición de Sodoma y se hace realidad esa bella recompensa de Jesús cuando dice, “Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; anduve como forastero y me dieron alojamiento, les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí lo hicieron” (Mateo 25:35–40).

    Pero esto no terminó allí con el auxilio a una familia miembro de esa iglesia, sino que se amplió el concepto de hospitalidad incluyente, que no excluye a nadie. Siempre encuentra lugar para el forastero, el extranjero, el que sufre, abriendo las puertas de la iglesia; se creó

    todo un ministerio eclesial para apoyar a cientos de desplazados que llegaban allí huyendo de sus territorios después de haber perdido sus bienes y la esperanza. “El refugiado o desplazado es el vivo mensajero del infortunio, trae con él la imagen, el olor y el sabor de la tragedia de la guerra, del genocidio, de la masacre y del abandono del hogar por la violencia.”(Javier Jurado).

    Durante muchos años ha funcionado este ministerio en la Iglesia Menonita de Teusaquillo en Bogotá. Cientos de personas han sido auxiliadas y reconfortadas; decenas de desplazados fueron acogidos desde allí por la iglesia menonita canadiense y hoy gozan de tranquilidad y nueva vida en ese país. Además se amplió a la ciudad de Quito (Ecuador), para recibir a los cientos de colombianos que huían y huyen de su país buscando refugio.

    Crear, iniciar y mantener un ministerio así, abierto a cualquier persona sin importar de dónde venga, en qué crea, qué ideología política tenga, que sea perseguido por guerrilleros o paramilitares, significa un gran riesgo y hace que muchos de los miembros de la congregación dejen de asistir. Pero se siente la coherencia con el mandato de Jesús y el derecho de asilo; la comunidad se fortalece y surgen nuevos liderazgos abiertos a la hospitalidad.

    Se siente la satisfacción de ser una iglesia anabautista histórica de paz donde ningún refugiado se queje ante Dios porque no lo dejan entrar, y que como Job podamos decir, “siempre abrí las puertas de mi casa al forastero” (Job 31:32).

    ‚ÄîRicardo Esquivia, abogado, es miembro de la Iglesia Menonita de Colombia, y tiene más de 45 años de experiencia en la construcción de paz integral desde una base eclesial y comunitaria. Actualmente, es director de Sembrandopaz y trabaja con comunidades en retorno en el caribe colombiano.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2016.

  • Correo: Perspectivas

    La hospitalidad: Consideremos qué significa brindar hospitalidad como seguidores de Cristo

    En septiembre pasado, el mundo occidental tomó conocimiento de la crisis de los refugiados a través de las fotos impactantes difundidas en los medios informativos. Ante una mayor conciencia del problema, la comunidad anabautista mundial considera qué significa recibir al extraño, en tanto personas de diferentes trasfondos religiosos se integran a nuestros barrios. ¿Cómo el amor de Cristo por nosotros motiva y guía nuestra respuesta a los extraños en nuestro contexto local?

    Los refugiados han formado parte de la historia de la Iglesia de los Hermanos Menonitas de Neuwied desde sus comienzos: la historia de nuestra iglesia está marcada por las iniciativas tendientes a la integración de personas de diferentes trasfondos culturales.

    Evangelische Freikirche Mennonitische Brüdergemeinde Neuwied, Alemania, fue fundada tras la Segunda Guerra Mundial por refugiados de Prusia Occidental (actualmente Polonia), y es la iglesia de los Hermanos Menonitas más antigua de Europa Occidental. Al principio, los menonitas que habían fundado la iglesia tuvieron que resolver la manera de adorar junto con hermanas y hermanos de distintas tradiciones cristianas, tales como protestantes, bautistas y Hermanos de Plymouth. La generación siguiente aprendió a integrar a cristianos de Croacia y América del Sur, que se sumaron a la iglesia en la década de 1960. A mediados de la década de 1970, fue un desafío la integración de un gran número de menonitas de la ex Unión Soviética. Aunque tenían las mismas raíces menonitas, adherían a tradiciones particulares que diferían de la cultura de nuestra iglesia. Pero con Dios, nada es imposible.

    Con los años, hermanas y hermanos de América del Norte, Asia y África han formado parte también de esta comunidad diversa de seguidores de Cristo.

    Actualmente, somos una congregación conformada por 460 miembros, que alberga a cristianos provenientes de más de catorce naciones. Aunque el trasfondo y las tradiciones de los miembros de nuestra iglesia son a veces muy diferentes, su fe en y compromiso con un solo Señor Jesucristo ayudan a fortalecer los vínculos unos con otros.

    Un nuevo capítulo

    Hace ocho años comenzó un capítulo completamente nuevo en la historia de la iglesia, cuando tuvimos el valor de abrir nuestras puertas a personas con un trasfondo religioso totalmente diferente.

    ¿Cómo sucedió?

    Líderes comunitarios de nuestra ciudad nos hicieron la siguiente solicitud: ¿estaríamos dispuestos a abrir un club para jóvenes y ayudar a la ciudad a atender a jóvenes inmigrantes de 12–17 años? En retrospectiva, somos conscientes de que fuimos muy ingenuos; no obstante, fuimos fieles cuando respondimos que sí a fin de obedecer el mandato de Dios de, “procurar la paz y prosperidad de la ciudad…” (Jeremías 29:7).

    Entonces, así es cómo este club de jóvenes (treinta jóvenes de trasfondo musulmán y yazidí) encontró un hogar en el edificio de nuestra iglesia. Pronto nos dimos cuenta que estos jóvenes daban por sentado que podían asistir a “su lugar de reunión” en cualquier momento. Cuando las puertas estaban abiertas, entraban, aunque hubiera una reunión de mujeres, un momento de oración o algún otro evento. Cuando las puertas estaban cerradas, simplemente se juntaban en los escalones a la entrada, sin importarles si era de noche o de día.

    ¡Los primeros tres meses de apertura del club de jóvenes fueron realmente estresantes para la iglesia! Pudimos sobrevivir esta etapa gracias a mucha oración, paciencia, intercambio de opiniones, y estableciendo algunas reglas y consecuencias para los jóvenes.

    Reconocimiento, respeto y caridad cristiana

    Para nuestra sorpresa, el vínculo con los jóvenes fue mejorando en los meses siguientes. En nuestra iglesia, los jóvenes vivieron algo que no habían conocido hasta ahora: reconocimiento, respeto y caridad cristiana. Los líderes de la ciudad estaban sorprendidos al ver cómo el comportamiento de estos jóvenes cambiaba para bien.

    Por medio de la experiencia con el club de jóvenes, estábamos preparados para recibir con los brazos abiertos a refugiados y a quienes solicitaban asilo, cuando llegaban a la iglesia en busca de ayuda y fraternidad. Para nosotros, su religión era muy extraña. No era fácil oír lo que estas personas habían vivido en su travesía a Alemania, huyendo de la guerra y del terror.

    Pero, por otro lado, tampoco era fácil para ellos establecerse en una cultura totalmente nueva, en vista de todas las experiencias traumáticas que habían tenido. Nos han expresado con frecuencia que no es lo que decimos lo que los hace acudir a la iglesia sino el amor y cuidado que sienten.

    Este amor les abrió los corazones para aprender más acerca de ese Jesús del que hablábamos. Y entonces, iniciamos un grupo de estudio bíblico en farsi, y luego otro en árabe. Cuando personas de estos grupos encuentran la fe en el Dios vivo y son bautizados, sabemos que habrá más cambios en nuestra iglesia a través de estos nuevos hermanos y hermanas.

    Todas las naciones y lenguas

    Todos advirtieron cuando el primer hermano de Irán fue bautizado. Al salir del agua, sus amigos persas respondieron jubilosamente, dejando sorprendidos y sin palabras al resto de los miembros de la congregación.

    Pero, cuando nos dimos cuenta de que éramos testigos de la promesa de Dios que se hacía realidad –“una gran multitud de todas las naciones y lenguas” (Apocalipsis 7:9)– ¡hubo alegría por doquier!

    Mientras tanto, hemos aprendido que es una bendición que características típicas alemanas tales como la puntualidad y el orden, se estén complementando con características de otros países, tales como la espontaneidad y la hospitalidad. Aunque se supone que la hospitalidad sea una marca especial de los cristianos, estamos aprendiendo mucho al respecto de las personas del Medio Oriente. Ellos siempre parecen tener tiempo para conversar y disfrutar de una taza de té mientras fraternizan. Sus puertas siempre están abiertas y sus mesas disponibles para los huéspedes.

    Hace falta valentía para dedicarle tiempo a extraños, porque cuando lo hacemos salimos de lo que nos es familiar. Sin embargo, lo que aprendemos al vivir de esta manera es indescriptible. Los encuentros con mis nuevas amistades de todo el mundo, han cambiado mi vida tan positivamente que no puedo imaginar cómo era cuando aún no formaban parte de mi vida.

    Walter Jakobeit, pastor de la iglesia de los Hermanos Menonitas (Evangelische Freikirche Mennonitische Brüdergemeinde Neuwied, Alemania), es presidente de AMBD (Arbeitsgemeinschaft Mennonitischer Brüdergemeinden Deutschland), una iglesia nacional que fue aceptada para integrar el Concilio General del CMM, en julio de 2015.

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  • La hospitalidad: Consideremos qué significa brindar hospitalidad como seguidores de Cristo

    En septiembre del 2015, el mundo occidental tomó conocimiento de la crisis de los refugiados a través de las fotos impactantes difundidas en los medios informativos. Ante una mayor conciencia del problema, la comunidad anabautista mundial considera qué significa recibir al extraño, en tanto personas de diferentes trasfondos religiosos se integran a nuestros barrios.

    El número de abril 2016 de Courier/Correo/Courrier procura discernir la variedad de razones que motivan a las comunidades anabautistas de todo el mundo a reunirse para constituir el CMM. A continuación, escritores y escritoras reflexionan en sendos artículos sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo el amor de Cristo por nosotros motiva y guía nuestra respuesta a los extraños en nuestro contexto local?

    El corazón de un extraño

    Una vez escuché que un recién llegado a Canadá describía el alivio que sintió al ser recibido en una comunidad religiosa conformada por otros recientes inmigrantes tras una prolongada etapa de desorientación. Me quedaron grabadas sus palabras:

    Sabían cómo abrazar al extraño porque ellos mismos tenían el corazón de un extraño.

    Es decir, quienes han vivido la experiencia de ser forasteros –la deseperación y soledad que acompañan la separación de todo lo que es familiar y de todo lo que les brinda seguridad y estabilidad; la frustración de no poder hablar el idioma; lo que significa añorar un abrazo–, ellos son los que tienen el corazón de un extraño; un corazón que esté dispuesto a hacer lugar a los demás.

    Elegir lo extraño

    Y, sin embargo, la experiencia de ser un “extraño” de una manera significativa es algo ajeno para muchos de nosotros. Algunos nos hemos sentido incómodos al transitar contextos no familiares por elección propia. No obstante, constituyen mayormente los inconvenientes surgidos de las opciones que existen dentro de los parámetros del privilegio. Otras personas ni siquiera han tenido el lujo de ser “extraños” porque nunca han podido viajar más allá de su lugar de nacimiento.

    Pero, ¿cuántos de nosotros habremos sido empujados a tierras lejanas por la violencia, inestabilidad política y pobreza? ¿Alguna vez habremos llegado a una tierra desconocida con pocas pertenencias, sin conocer el idioma, y habiendo sufrido situaciones traumáticas durante años? ¿Nos habremos aventurado en contextos donde pocas personas se nos parecían o hablaban como nosotros, donde las costumbres eran incomprensibles y las creencias insondables? ¿Cuántos de nosotros habremos sido extraños de manera tal que hayamos generado “el corazón de un extraño?”

    Entonces, ¿qué haría falta para adquirir el “corazón de un extraño” en nuestro presente cultural, con tanto discurso que polariza a cristianos (y a otros) respecto a la crisis de los refugiados sirios, y qué exigiría de nosotros? Hay tanto temor y sospechas, tantas palabras cargadas de enojo y desinformación, tanto rechazo reaccionario e impulsivo, tantos brazos que, en lugar de abrirse en un abrazo, se cierran en actitud defensiva. ¿Cómo podríamos avanzar más allá de estas respuestas automáticas y vislumbrar mejores caminos?

    Memoria e imaginación

    ¿Podría ser tan sencillo como mirar en retrospectiva varias generaciones atrás y recordar que, en algún nivel, casi todos somos parte de una historia de extraños? ¿Podría ser que nuestra reticencia a abrazar a un extraño se debe, en parte, al hecho de que nuestro corazón ha perdido u olvidado, o nunca ha desarrollado la capacidad de ponernos en su lugar?

    ¿Podría ser que nuestro principal problema sea más que nada falta de memoria o de imaginación, no poder recordar cómo es ser el “otro” que anhela ser acogido o ni siquiera imaginar dicha posibilidad? ¿Podría ser que el “corazón de un extraño” esté tan cerca de cada uno de nosotros en la medida que elijamos recordar e imaginar de manera diferente?

    En las Escrituras hebreas, el mandamiento divino de cuidar al extraño está vinculado directamente al hecho de que los hijos de Israel alguna vez también fueron extraños (Deuteronomio 10:19). En el Evangelio de Mateo, Jesús resume toda la Ley y los Profetas –y se deber recordar que “todo” es una palabra bastante amplia– en la sencilla exhortación de que hagamos a los demás lo que queremos que nos hagan a nosotros (Mateo 22:40). Primero, nos insta a que tengamos mejor memoria; segundo, a que tengamos mejor imaginación. Ambas son necesarias si alguna vez habremos de adquirir un buen corazón. Y una vez que empecemos a seguir estos consejos, –una vez que procuremos recordar e imaginar de una manera mejor– será más fácil acercarnos deliberadamente al extraño.

    La iglesia a la que pertenezco recibirá a nueve personas de Siria en nuestra comunidad y en nuestras vidas; y, durante meses, hemos estado haciendo los preparativos para su llegada. Conseguimos una vivienda, le dimos una mano de pintura, compramos comida, ropa y juguetes. Hicimos contacto con otras personas de la comunidad: otras iglesias cristianas, gente de la universidad, un grupo de médicos locales, y miembros de la comunidad musulmana local. Tuvimos la oportunidad de compartir la mesa con familias sirias que ya vivían en Lethbridge, y de aprender de ellos en clases improvisadas de cocina y veladas de información cultural. Entablamos nuevas amistades.

    Hemos procurado adquirir el corazón de un extraño. Y al hacerlo, descubrimos que, en realidad, el corazón de un extraño no está lejos de ninguno de nosotros, mientras estemos dispuestos a recordar e imaginar correctamente.

    Ryan Dueck es pastor de la Iglesia Menonita Lethbridge de Alberta, Canadá. La iglesia forma parte de un Grupo Ecuménico local de Acción Social, que patrocina la reubicación en Lethbridge de dos familias de refugiados sirios. Escribe frecuentemente en su blog en ryandueck.com y colabora con Wondering Fair, “un café online” para el intercambio de ideas sobre cuestiones de fe.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2016.

  • La hospitalidad: Consideremos qué significa brindar hospitalidad como seguidores de Cristo

    En septiembre del 2015, el mundo occidental tomó conocimiento de la crisis de los refugiados a través de las fotos impactantes difundidas en los medios informativos. Ante una mayor conciencia del problema, la comunidad anabautista mundial considera qué significa recibir al extraño, en tanto personas de diferentes trasfondos religiosos se integran a nuestros barrios.

    El número de abril 2016 de Courier/Correo/Courrier procura discernir la variedad de razones que motivan a las comunidades anabautistas de todo el mundo a reunirse para constituir el CMM. A continuación, escritores y escritoras reflexionan en sendos artículos sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo el amor de Cristo por nosotros motiva y guía nuestra respuesta a los extraños en nuestro contexto local?

    La hospitalidad transforma

    La historia de Deymaand

    A fines de la década de 1970, durante el período de la historia de India conocido como la Emergencia (cuando se suspendieron de hecho las libertades democráticas, Deymaand, un joven de dieciocho años, decidió bautizarse en una iglesia menonita local. Dado que su familia profesaba otra religión, se opusieron a su decisión de aceptar la fe cristiana. Cuando Deymaand se negó a dar marcha atrás, su familia lo repudió. Entonces Deymaand decidió irse de su aldea, produciéndose allí una situación conflictiva con la gente. Debido al descontento político que había en India en ese momento, Deymaand fue arrestado inmediatamente para evitar cualquier tipo de incidentes, y encarcelado en Rajnandgaon. Un mes después, cuando se controló la situación en la aldea, Deymaand fue liberado pero se le pidió que no volviera allí.

    Repudiado por su propia familia, Deymaand no tenía adónde ir ni quién lo albergara. Pero el pastor de la Iglesia Menonita de Rajnandgaon (MCR) lo recibió en la iglesia y como un hijo en su propia familia. Deymaand decidió estudiar Teología y completó sus estudios en el Seminario Bíblico Union, Yeotmal. A continuación, sirvió al Señor mediante la predicación y la enseñanza de la Biblia en toda India. Ante las amenazas a su vida y la iglesia, MCR ayudó a sostener a Deymaand y su fe en Jesús el Señor.

    La historia de Sarika

    En la década de 1990, con el liderazgo del pastor Theo Philus Singh, MCR inició un programa de extensión en el estado de Maharashtra, estableciendo algunas iglesias nuevas en las aldeas. Hubo mucha oposición y persecución por parte de los extremistas. Miembros de la iglesia recientemente fundada visitaban con frecuencia las casas de los miembros de MCR, en procura de apoyo y crecimiento espiritual. Al recibir a los nuevos creyentes en sus hogares, arriesgaban su reputación social y sufrían amenazas de los fanáticos. Los miembros de MCR visitaban las iglesias nuevas y atendían sus necesidades, incluso ante tal oposición.

    Un hombre joven de MCR se casó con una mujer joven llamada Sarika. Con el tiempo, Sarika descubrió que su esposo era alcohólico, sufriendo abuso físico por parte de él. Cuando Sarika ya no podía seguir soportándolo, se acercó al grupo de mujeres de MCR. El consejo de la iglesia hizo lo que pudo para reconciliar a la pareja, pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Entonces, el grupo de mujeres ayudó a Sarika y a su hija de nueve años a huir de su esposo. Recibieron a Sarika y a su hija en sus hogares y las protegieron, brindándoles apoyo espiritual, moral y económico.

    Actualmente, y después de quince años, su hija, luego de recibir una buena educación, se desempeña como enfermera en un hospital muy renombrado. Sarika reconoce que MCR la recibió cuando era una extraña y la ayudó cuando necesitaba encontrar una solución a su problema. Está agradecida al grupo de mujeres por todo lo que hizo para protegerlas y apoyarlas.

    Hospitalidad y evangelización

    Estas historias son sólo algunas entre tantas en las que los menonitas se acercan a sus comunidades y acogen a los extraños que están entre ellos. Dichas oportunidades han transformado no solamente la vida de la iglesia, sino que también han ayudado a la iglesia a transformar la vida de muchas otras personas. Concebimos la hospitalidad no sólo como la acción de ofrecer agua y comida a extraños, y ayudarlos a que sigan su camino, sino también estar dispuestos a acompañarlos e incluso satisfacer las necesidades básicas de la vida.

    Hemos llegado a comprender que la hospitalidad es parte integral de la evangelización. Si no hacemos lugar a los demás en nuestras vidas, no podremos motivar a los demás a que hagan lugar a Cristo en sus vidas.

    La hospitalidad nunca ha sido fácil porque altera nuestras vidas.

    La hospitalidad, en el contexto de la evangelización, pone en riesgo nuestra propia identidad como iglesia. Acoger a personas de otras confesiones aumenta nuestra lucha por evadir la integración de los ritos, rituales, y tradiciones de otras religiones. Esto nos ha enseñado la importancia de estar enraizados firmemente en el Señor, estar unidos como iglesia y discernir el bien del mal.

    Desde sus inicios, la Convención de la Iglesia Menonita de India (MCI) ha participado en actividades que tiendan a brindar hospitalidad. Cada unidad de la iglesia tiene historias para contar. Mi iglesia local agradece a Dios el privilegio de poder recibir a los extraños entre nosotros y atenderlos de diversas maneras. Ser parte de esta iglesia ha sido una experiencia formativa que me ayudó a definir mi comprensión de la hospitalidad.

    Elisabeth Kunjam, anteriormente miembro de la Iglesia Menonita de India, se incorporó al Consejo Directivo de las Iglesias de los Hermanos Menonitas de India en 2005, tras su casamiento con Frank Sanjay. Integra la Comisión de Diáconos del CMM. Además, es coordinadora de Mujeres Anabautistas con Formación Teológica de Asia (TTAWA), una asociación que comenzó en 2012 con la ayuda de la Comisión de Diáconos del CMM.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2016.

    Elisabeth Kunjam
  • Reflexionamos sobre nuestro compromiso de celebrar el culto

    Como comunión mundial de iglesias afines al anabautismo, compartimos el compromiso de reunirnos regularmente para celebrar el culto. Aunque nuestra enorme diversidad nos lleva a asumir este compromiso de maneras muy distintas. En el número de octubre 2013 de Correo, líderes de toda nuestra hermandad exponen sobre las diferentes maneras en las que los anabautistas abordan el culto: lo que se ve y se escucha, los desafíos y las bendiciones.

    Resistir el culto norteamericano del “Reino Mágico”

    En su libro, Unfinished: Believing Is Only the Beginning (Thomas Nelson Publishers, 2013), Rich Stearns plantea la siguiente pregunta: “¿Cómo sería la gente si hubiese nacido y se hubiese criado dentro del parque “Reino Mágico” y nunca hubiese conocido el mundo exterior?» Por «Reino Mágico», Stearns se refiere al parque de diversiones de Disneylandia en los EE.UU., construido por la Corporación Walt Disney; mucha gente lo asocia a un lugar perfecto, con personajes ficticios e imaginaci6n fantasiosa.

    Según Stearns, esta visión del “Reino Mágico» es exactamente la manera cómo se podría describir gran parte de las iglesias del “Primer mundo” (o Norte del mundo). Muchos de nosotros vivimos en una suerte de lugar de fantasía, desconociendo mayormente las luchas cotidianas que tienen un impacto en la vida de aquellos que viven, en lo que Stearns denomina, el “Reino Trágico” (o Sur del mundo).

    A pesar de la disparidad de circunstancias, el Reino de Dios constituye el común denominador del Reino Mágico y el Trágico. Como seguidores de Cristo, y más allá de cuestiones geográficas, políticas, culturales o económicas, nuestra lealtad es al Reino de Dios. Como seguidores de Cristo, compartimos objetivos similares. Quisiéramos dirigirnos a los que están en nuestro contexto cultural, pronunciándonos sobre la esperanza y la gracia. Deseamos crear vínculos a fin de demostrar que Jesús es multicultural y relevante. En su Reino, el culto se desprende de la imagen y entendimiento que tenemos en cuanto a quién es Dios. En el reino terrenal, las acciones de la humanidad suscitan respuestas de sus dioses. En el reino celestial, las acciones de Dios suscitan una respuesta de adoración y asombro ante su Creación.

    Como creyentes, podemos proceder de distintos lugares, pero tenemos en común la ciudadanía del Reino de Dios. Por consiguiente, tendría que haber unidad entre los creyentes, a nivel local, nacional y mundial.

    Ésta es la visión del apóstol Pablo en Efesios 4:4-6. Estos tres versículos contienen siete “unos” de la unidad cristiana; y tienen coherencia tanto vertical como horizontalmente. Existe sólo un cuerpo, una esperanza, una fe y un bautismo (unidad horizontal) porque hay un solo Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo– a quien todos pertenecemos (unidad vertical).

    ¿Pero cómo se manifiesta esto en el culto, especialmente al reflexionar sobre nuestra comunidad eclesial mundial?

    La unidad cristiana se expresa a través del tiempo, el espacio y la cultura. Aunque nuestro estilo del culto, ubicación y liderazgo pueden variar, frente a nuestra diversidad tendríamos que poder discernir la unidad en el tejido común de nuestra teología. Por ejemplo, el acto de reunirnos es una expresión común de nuestra unidad, a pesar de las diferencias culturales.

    La unidad cristiana también se expresa en el modo en que llevamos a la práctica nuestra ciudadanía del Reino del Dios, desafiando la opresión e injusticia, y bregando para que los patrones del individualismo y la riqueza, se transformen en el cuidado de los pobres y de la Tierra, otra expresión de nuestro culto.

    Lamentablemente, en América del Norte vivimos actualmente en una cultura sumamente individualista. Ajenos a su entorno, jóvenes y ancianos caminan, conducen, comen e incluso duermen, inmersos en sus propias conversaciones y combinaciones personalizadas de entretenimiento. Nuestra cultura del “Reino Mágico” nos lleva incluso a mercantilizar el culto. En un artículo de 1992, “El culto es un verbo”, Tom Kraeutner afirma que, «nos interesa tanto hacer las cosas ‘bien’ a fin de que la gente responda ‘bien’, que perdemos de vista lo esencial: adorar a Dios”.

    Nuestra teología anabautista nos puede brindar un enfoque útil al reflexionar sobre esta tendencia. El culto es nuestra respuesta a la Palabra de Dios y su Creación. El culto abarca la vida toda, y esta perspectiva del mundo da cuenta de nuestras elecciones como seguidores de Jesús. Nuestro énfasis en la comunidad y en el valor de la diversidad de dones que cada persona aporta al cuerpo, es inclusivo y participativo.

    La realidad es que muchos de los que vivimos en el “Reino Mágico” necesitamos reconocer que nuestras “cosas” nos distraen del culto. Es necesario que hagamos un mayor esfuerzo por poner en práctica lo que decimos. Esto cobró mayor claridad para mí cuando escuché al pasar dos conversaciones después de sendos cultos. En África: “Ojalá pudiéramos quedarnos otra hora más. Es muy bueno estar juntos.” En América del Norte: “Me encantó el culto de hoy. El líder del culto fue increíble y el sonido excelente. Sólo desearía que pudieran ajustarse más al horario; se me hizo tarde para almorzar.”

    Reconozco que estoy generalizando, y agradezco que muchos en América del Norte se esfuercen concienzudamente por impulsar iniciativas renovadoras. Hay muchos recursos disponibles que nos ayudarían a reflexionar sobre cómo adoramos y a quién adoramos. A continuación algunas preguntas que me planteo respecto del culto anabautista en América del Norte:

    ¿Se ve reflejada nuestra teología en la forma y función de nuestro culto? Por ejemplo, dada nuestra diversidad, el estilo no tendría que constituir un criterio importante a la hora de evaluar el culto (forma). Aun así, una de las maneras en la que se expresa nuestra teología es por medio del estilo que elegimos.

    Al reflexionar sobre el género, estilo o temas de nuestro culto colectivo durante el año pasado, ¿incorporamos la gama completa de emociones humanas en nuestras experiencias del culto? ¿Cantamos sólo canciones alegres, o hay lugar para la reflexión y el lamento en nuestro culto? ¿Estamos tan enfocados en una sola dimensión del culto que no llevamos adelante un ministerio integral?

    ¿Procuramos que nuestro culto colectivo sea una expresión de nuestra comunidad en vez de responder a la tendencia cultural centrada en el individualismo?

    Al congregarnos para celebrar el culto y se incluyen actividades y experiencias específicas, ¿le damos lugar creativamente a la participación de la congregación? La inclusión es multifacética. ¿Somos deliberadamente inclusivos?

    Al planificar nuestras «experiencias» del culto, ¿a veces le prestamos demasiada atención a los detalles de cómo lo “haremos” y le prestamos menos atención a cómo esta elección da testimonio de nuestra interpretación de Dios?

    Quizá, como yo, hayan experimentado algunos “momentos especiales” como participantes de los cultos en las asambleas del Congreso Mundial Menonita. Las voces que entonan al unísono en un culto multicultural, en respuesta a la grandeza de nuestro Creador, Salvador y Señor, me brindan un vistazo del culto tal como se describe en el libro de Apocalipsis. Estoy deseoso de compartir esa visión de la eternidad con muchos de mis hermanos y hermanas de todo el mundo, cuando nos reunamos para la Asamblea 16 en Harrisburg, Pennsylvania, EE.UU., en 2015.

    Don McNiven (Kitchener, Ontario, Canadá) se desempeña como Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de los Hermanos en Cristo (IBICA), miembro asociado del CMM. Es miembro del Comité de Supervisión Programática para la Asamblea 16, a cargo del area de Planificaci6n de la música y culto.

  • Reflexiones sobre ser discípulo de Cristo

    Al reflexionar sobre mi peregrinación cristiana por la vida, un legado que atesoro de mi iglesia -los Hermanos en Cristo-, es la sencilla enseñanza de ser un discípulo obediente de Cristo. Esta enseñanza cambia la vida pues demanda un compromiso que implica sacrificio y entrega a Cristo y su causa.

    La obediencia significa sencillamente, “sumisión a la autoridad”. Requiere la disposición de cumplir las instrucciones de dicha autoridad. Es así como los anabautistas entendieron el discipulado cristiano. Recorramos las páginas de la historia de los primeros anabautistas –conozcamos las historias de los sacrificios que debieron padecer– y no podremos menos que reconocer que la motivación subyacente era ser obediente y fiel a Cristo, a la iglesia y a las escrituras según su entendimiento.

    Confesar y aceptar a Cristo como Señor, constituye un llamado a considerarlo la máxima autoridad de nuestras vidas. Por consiguiente, los discípulos deben seguir concienzudamente todo lo que él diga. Con dicho espíritu, los primeros anabautistas tomaron en serio las palabras de Cristo –particularmente el Sermón del Monte– porque no cumplirlo podría producir “un gran desastre”, como lo indican los últimos versículos del sermón de Jesús (Mateo 7:24-27).

    Por lo tanto, ¿qué significa practicar el discipulado cristiano?  Dicho de otra manera, ¿qué significa obedecer a Cristo?

    Confianza que a veces lleva al sufrimiento

    La necesidad de obedecer es fundamentalmente la necesidad de confiar en Dios y en el hijo de Dios, Jesucristo. No confiar en Dios lleva potencialmente a la idolatría. Desagrada a Dios. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento de la Biblia contienen muchas historias que destacan la necesidad e importancia de obedecer a Dios y su Palabra.

    Es sorprendente que la obediencia a Dios –aunque elogiada y bendecida– no conduce necesariamente a una vida de felicidad absoluta. De hecho, para muchos cristianos de todo el mundo en el presente y en el pasado, muchas veces derivó en sufrimiento. Los primeros anabautistas descubrieron en esta verdad una fuente de fortaleza, y perseveraron. Estos discípulos, merced a su obediencia a Dios, sufrieron en manos de quienes se oponían a la voluntad de Dios. En medio del sufrimiento hallaron ánimo en las historias bíblicas de personas como Moisés, Elías, Daniel, Jeremías, y Sadrac, Mesac y Abednego, y especialmente en la vida y enseñanzas de Cristo.

    Nuestros antepasados hubiesen respondido con un resonante “¡amén!” a las palabras del pastor y escritor estadounidense Chuck Swindoll, quien escribiera: “Cuando sufres y pierdes, no significa que estés desobedeciendo a Dios. De hecho, podría significar que estás justo en el centro de su voluntad. La senda de la obediencia está marcada con frecuencia por momentos de sufrimiento y pérdida.

    Llevar una vida de obediencia depende de una elección personal. Dios no nos obliga a obedecerle. Le obedecemos voluntariamente en toda circunstancia, al reconocer que Dios siempre sabe qué es lo que más nos conviene, y qué es lo mejor que él puede lograr a través de nosotros mientras transitamos juntos en medio de las pruebas y los triunfos de la vida. Según la misionera Elizabeth Elliot, “Dios es Dios.  Y porque él es Dios, es digno de mi confianza y obediencia. Hallaré descanso sólo en su santa voluntad, que excede increíblemente todas mis expectativas en cuanto a lo que él nos depara”.                               

    Es según este estilo de vida de confianza en Dios que uno puede cantar confiadamente con los fieles: “Seguiré donde él me guíe / Dondequiera, fiel le seguiré”. Como discípulos de Cristo, debemos comprender que el sufrimiento es inevitable. Y aunque no deberíamos aceptarlo ciegamente, es sin embargo un signo del verdadero discipulado, de nuestra confianza en Dios.

    Confianza en Dios, en la pobreza y la plenitud

    El llamado a la obediencia en la iglesia siempre se ha entendido como un llamado de fidelidad a las escrituras. Por tal razón, los anabautistas consideran el Sermón del Monte como una guía normativa de la conducta de sus vidas en relación a Dios, a los demás, a sus enemigos e instituciones terrenales como el Estado.

    Consideremos las vidas de los primeros anabautistas. La mayoría era pobre, y algunos fueron obligados a una pobreza forzosa por la persecución, a causa de su fe en Cristo y su interpretación de las escrituras. No sorprende que estos creyentes fuesen atraídos por pasajes como Mateo 6:25-34, que requieren confianza en Dios para las necesidades de la vida. La sobrevivencia diaria estaba de verdad en manos de Dios. Para ellos, Dios realmente era un Dios que lo abarcaba todo.

    Tales pasajes también atraen a nuestras comunidades que viven situaciones de opresión, conflicto o injusticia. Para aquellos hermanos y hermanas de todo el mundo para quienes la incertidumbre de la vida es el pan de cada día, la obediencia a dichas palabras de Cristo no es una opción, sino un signo de fidelidad que se necesita para seguir perseverando.

    Por otra parte, los que tiene el privilegio de asistir a los necesitados por obediencia a las escrituras, sienten el desafío de dar de modo que su “mano izquierda no sepa lo que hace su mano derecha”; y así son recompensados por el Padre que ve en secreto (Mateo 6:1-4). La obediencia en tal sentido significa fidelidad a las palabras de Cristo al abordar cuestiones éticas. Significa que revisemos constantemente qué motiva las decisiones que tomamos y las acciones resultantes que realizamos en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él (Col. 3:17).

    Vivir la verdad sin necesidad de juramentos

    Los verdaderos discípulos de Cristo viven en la verdad y con la Verdad. Nunca hay excusas para vivir una vida ambigua. La verdad debe ser la rúbrica de la persona.

    Los primeros anabautistas ejemplificaron este tipo de vida honesta. Por ejemplo, dichos creyentes se abstenían de hacer juramentos. En esa época, hacer juramentos se percibía como un reconocimiento de que había ocasiones cuando el “sí” de uno no era un “sí”, y el “no” de uno no era un “no” (Mateo 5:33-37). ¿Los verdaderos cristianos no tendrían que vivir vidas honestas todo el tiempo, no solamente cuando hablan con funcionarios del gobierno o hacen negocios?

    En este sentido la obediencia a Cristo –en un mundo que exaltaba hacer juramentos– significaba negarse a participar en dichos actos, y enfrentar las consecuencias.

    La senda de la obediencia a Cristo está plagada de diversas prácticas, algunas nacionales y otras culturales; algunas aparentan ser inocuas aunque malignas para nuestra fe. Como cristianos, nunca debemos ser ingenuos y de juntos examinar detenidamente nuestros contextos a la luz de las escrituras, abandonando las prácticas que nos impidan vivir la verdad del evangelio de Jesucristo. En otras palabras,  que nuestro “sí” sea “sí”, y que nuestro “no” sea “no”. Nuestra obediencia a Cristo debe manifestarse en el modo en que abordamos las cuestiones éticas y morales de nuestro tiempo. 

    Un espíritu de amor y humildad, y no de temor

    No se puede hablar de obediencia cristiana sin considerar a Cristo como nuestro modelo. Cuando Jesús expresaba su obediencia a Dios el Padre, decía, “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo”.  Jesús se sujetó a la autoridad de Dios el

    Padre, porque lo amaba. En la oración sacerdotal en Juan 17:20-26, se vislumbra la íntima relación entre Jesús y Dios. Frases como, “Padre, así como tú estás en mí y yo en ti”  y “como tú y yo somos una sola cosa”, nos permiten entender muy bien la relación entre los dos. Un comentario final: “yo te conozco y éstos también saben que tú me enviaste. Les he dado a conocer quién eres, y aún seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos”, demuestra cómo dicha intimidad se manifiesta en el ministerio terrenal de Jesús.

    Quisiera dejar en claro que Jesús se vinculó íntimamente con Dios el Padre, y que el amor mutuo era intenso. Al tratar el tema de la obediencia es importante destacar que Jesús obedeció a Dios por amor y no por temor y coerción.       

    Por nuestra parte, nosotros obedecemos a Cristo por amor, con el mismo amor intenso que sentimos por él, y que expresa por nosotros en esta oración poderosa. Jesús estaba dispuesto a seguir hasta el fin y pagar con la vida –muerte de cruz– porque él sabía que Dios lo amaba incondicionalmente. La iglesia de Jesucristo sólo podrá destacarse reflejando la gloria de Cristo al entregarse con total sumisión y amor por él.

    La vida de obediencia que demuestra Cristo no sólo fluye de un corazón bondadoso, sino también requiere que asumamos una virtud muy importante, la humildad. El himno en Filipenses 2:5-11 nos permite ver cómo la humildad se vincula con la verdadera obediencia. De parte de Cristo había una disposición a despojarse de su naturaleza divina para asumir la menos sofisticada naturaleza humana de servidor. √âl sometió su autoridad voluntariamente a la de Dios. Cristo escuchó esa autoridad superior a fin de realizar eficazmente la misión para la cual había venido. Estaba dispuesto a perder aquello que en el presente se consideraría valioso e importante, para ganar lo que todavía no se veía, pero que tenía una importancia cósmica mayor.

    Por consiguiente, la obediencia que Cristo ejemplifica –dicho en términos románticos– está dónde el amor y la humildad se unen. La obediencia verdadera que enseña la iglesia es la buena disposición a sujetarse al señorío de Cristo, por amor a él, y en humilde sumisión a él, estar dispuestos a hacer todo lo que el Señor nos ha encomendado.

    Amar y orar por los enemigos

    Jesús no se disculpaba cuando decía, “si me aman obedecerán mis mandamientos” (Juan 14:15). Por consiguiente, necesitamos tomar seriamente uno de los importantes –aunque a veces difíciles– mandamientos dados a cada verdadero seguidor de Cristo: “También han oído que antes se dijo: ‚ÄòAma a tu amigo y odia a tu enemigo‚Äô. Pero yo les digo: amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen‚Ķ Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Y si saludan solamente a sus hermanos, qué hacen de extraordinario?” (Mateo 5:43-44, 46, 47) 

    Estos versículos intimidan, aunque son muy profundos. La iglesia hoy día no puede permitirse la lectura de dichas escrituras sin hacerse un profundo examen de conciencia; la iglesia de antaño hacía lo mismo. Por consiguiente, no sorprende que nuestra teología de la no violencia como anabautistas se base en tales pasajes.

    Uno no puede obedecer el mandato de Jesús de amar al enemigo, y a la vez quitarle la vida al así llamado enemigo. Pablo escribe, “Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores [sus enemigos], Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). En otras palabras, Dios amó a sus enemigos –nosotros– de tal modo que en vez de aniquilarnos, nos dio vida a través de Cristo. Obedecer a Cristo significa que debemos amar a quienes nos persiguen, y como Dios, desearles la vida en vez de la muerte.

    El mandato es que oremos por los que nos persiguen. Muchos cristianos creen en el poder de la oración. Muchos pueden decir sin pensarlo demasiado que, “la oración cambia las cosas”. Muchas veces los cristianos no están dispuestos o son reacios a orar por sus enemigos. Quisiera proponer algunas razones por ello. Primero, saben que la oración cambia las cosas. Tienen temor de que Dios les muestre misericordia a sus enemigos. Preferirían verlos sufrir o morir. Segundo, no quisieran que Dios abra los ojos de sus enemigos para que vean la verdad, y lleguen a aceptar la salvación de Dios. No quisieran compartir con sus enemigos la gloriosa herencia del reino de Dios.

    Cuando oramos por nuestros enemigos, Dios, general y ciertamente aborda las actitudes negativas que tenemos hacia nuestros enemigos. Dichas actitudes fomentan y alimentan el espíritu de venganza. Por lo tanto, albergarlas proviene de un espíritu rebelde que dice, ¡“Dios, déjame solo. Voy a resolver mis problemas a mi manera”!           

    No debería sorprendernos que Cristo, cuando concluye su enseñanza sobre la oración (Mateo 6:5-13), hace una fuerte declaración sobre el perdón: “Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo les perdonará también a ustedes; pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados” (Mateo 6:14-15). Esta enseñanza está vinculada a la enseñanza sobre amar a nuestros enemigos y orar por nuestros perseguidores.

    Los que aman y siguen a Dios por medio de Cristo, amarán a sus enemigos hasta el final, aun sacrificando su vida. Orarán por ellos anticipando cuando ellos acepten a Cristo como Señor y Salvador. Al hacerlo, podrán ser “invitados al banquete de bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:9).

    Conclusiones

    Esta enseñanza la he denominado mi legado. Es mi tesoro, y procuro pasársela a la próxima generación para que hagan lo mismo.

    El mundo es mejor gracias al servicio de una iglesia obediente: discípulos de Cristo comprometidos a entregarle todo a él a fin de ganarlo todo de él. Así es nuestra iglesia cuando toma conciencia de que tiene todos los recursos necesarios para ser una fuerza transformadora eficaz en el mundo de hoy.  

    por Danisa Ndlovu

     

    Danisa Ndlovu, Presidente del Congreso Mundial Menonita y obispo de la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabwe (Ibandia Labazalwane kuKristu eZimbabwe).        

                                                                                                                                    

  • Desigualdad económica: Examinemos nuestro compromiso común en pos del Shalom

    Como comunión mundial de iglesias afines al anabautismo, compartimos el compromiso de procurar el shalom. En dicha búsqueda, creemos en la necesidad de intentar alcanzar la justicia y de compartir nuestros recursos, sean materiales, económicos o espirituales. Nuestra enorme diversidad implica llevar a la práctica este compromiso de muchas maneras. En el número de abril 2014 de Courier/Correo/Courrier, líderes de toda nuestra hermandad –promotores del shalom y seguidores de Cristo–relatan cómo los anabautistas abordan las problemáticas relacionadas con la desigualdad económica y las brechas de riqueza en nuestras comunidades.

    Generosidad, no caridad

    Portugal es un país pequeño, de aproximadamente 92.000 km.² Sin embargo, a este pequeño país siempre le ha fascinado el crecimiento y la expansión. En el pasado, salimos a la mar en busca de nuevos países y nuevos modos de desarrollo económico. Dicha era de descubrimiento y exploración le dio al país una perspectiva más internacional. De hecho, no sería erróneo definir a Portugal como el primer país global del mundo.

    Pero en un momento de nuestra historia, Portugal sencillamente se quedó detenido en el tiempo. Esto ocurrió principalmente a causa de un dictador que “congeló” el país –económica, política y socialmente– por más de cuarenta años. Este periodo de estancamiento ha afectado la mentalidad de los portugueses hasta el presente.

    Cuando Portugal logró liberarse del gobierno dictatorial el 25 de abril de 1974, el país esperaba el inicio de una nueva etapa de desarrollo. Cuando nos adherimos a la Unión Europea doce años más tarde, de inmediato se hicieron evidentes los beneficios de esta adhesión: la construcción de nueva infraestructura, el surgimiento de nuevas oportunidades de empleo y las nuevas inversiones fortalecieron la economía. Había llegado la hora de que Portugal se pusiera a la altura del resto de Europa.

    Lamentablemente, los políticos no pudieron ver la otra cara de la moneda del desarrollo. Año tras año el gobierno portugués tenía déficit presupuestario. La deuda creció tanto que la Unión Europea, el Banco Europeo y el Fondo Monetario Internacional tuvieron que intervenir en el verano de 2011.

    De pronto, la economía de Portugal estaba en bancarrota. La tasa de desempleo subió a 16%. (Datos recientes indican que dicha cifra llegó a cerca del 20%.) La gente volvió a emigrar, mayormente las generaciones más jóvenes. Una vez más, la lucha por sobrevivir se convirtió en una realidad del presente.

    Los Hermanos Menonitas de Portugal empezábamos a percibir dicha realidad en nuestra propia comunidad. Sabíamos que debíamos responder de alguna manera. Lo primero que hicimos fue pedirles a nuestros miembros que todos los domingos donaran pequeños artículos que pudieran ser entregados a los necesitados. Además, durante los últimos años habíamos recibido donaciones de Alemania –principalmente ropa, artefactos, muebles y alimentos– enviados por camión cada dos o tres meses. Dichas donaciones brindan una manera más de vincularnos a las personas pobres que viven en nuestro entorno.

    No obstante, queríamos evitar la respuesta “fácil” de sólo hacer donaciones. Así fue que en octubre de 2013 inauguramos una tienda de artículos de segunda mano; algo pequeño pero que, mediante la ayuda de Dios, sigue funcionando bien. Está ubicada en un barrio pobre en las afueras de Lisboa, la ciudad capital; provee los artículos que recibimos de Alemania y brinda la oportunidad a personas de bajos ingresos de adquirir ropa y otros productos a un precio simbólico. Creemos que en vez de entregárselos sin costo alguno, es mucho más eficaz que los clientes paguen aunque sea un pequeño monto de dinero. Y hemos descubierto que, pese a sus dificultades económicas, los clientes pueden comprar los artículos.

    Aunque una persona no tenga el dinero, se busca la forma la manera de lograr un intercambio digno: puede llevar un kilo de arroz, un paquete de fideos u otro alimento y cambiarlo por lo que necesite. Una vez, un hombre muy pobre que vivía en la calle en nuestro barrio, quería comprar un saco pero no contaba con el dinero en ese momento. Le dijimos que podía pagarlo más adelante, y le dimos el saco. A fin de mes, regresó a la tienda para cumplir con su compromiso.

    De esta manera, le enseñamos a la gente a ser responsable, aun cuando tenga que pagar sólo un pequeño monto de dinero.

    Nuestra pequeña tienda también brinda la oportunidad de testificar. A los clientes les suele impresionar la manera en que damos testimonio del amor de Dios. Contamos con literatura cristiana a disposición de cualquiera que venga a la tienda a curiosear, y a veces algunas personas del barrio se acercan a nuestro culto dominical. Creemos que así también podrán tener una experiencia vivencial con Cristo y lleguen a comprometerse con él.

    Una vez por mes nos reunimos con personas del barrio para compartir una comida. Este día es especial porque vemos que la gente llega no solamente a comer sino también a escuchar el Evangelio durante unos diez o quince minutos. Realizamos esta predicación planificada entre el plato principal y el postre: un breve “intermedio” para escuchar la Palabra de Dios, y luego disfrutar de algo rico.

    La comunidad de nuestra iglesia está integrada por personas de bajos recursos. Y sin embargo, debido a nuestro ADN anabautista –evidente desde que comenzó la obra de los Hermanos Menonitas en Portugal en 1984– es muy fácil convocar a nuestras iglesias a fin de extender el amor y bendecir a los que nos rodean. No se trata de hacer el bien por el hecho de hacer caridad, sino de actuar compasivamente unos con otros porque reconocemos que en el Reino de Dios somos todos hermanos y hermanas que se reúnen todos los domingos para alabar a Dios, algunos ricos y otros pobres, pero unidos en Cristo.

    Por tal motivo, nuestra comunidad de Hermanos Menonitas está muy comprometida, deseosa y dispuesta a ser generosa, no caritativa, a fin de apoyar a los necesitados. En consecuencia, se observa el crecimiento de nuestras iglesias, y se ven las enseñanzas de Dios y su influencia en la vida del pueblo portugués.

    José Arrais es presidente de la Associação dos Irmãos Menonitas de Portugal (Asociación de Hermanos Menonitas de Portugal).

  • Cuando Conrado Grebel bautizó a sus amigos el 25 de enero de 1525 en Zúrich, Suiza, ni idea tenía que esta pequeña acción marcaría el origen de la familia mundial de fe que conocemos como el Congreso Mundial Menonita. Desde Suiza, el movimiento anabautista se extendió hacia el norte a Alemania, Francia y los Países Bajos. Tras la debacle en Münster y con el liderazgo de Menno Simons, los menonitas migraron hacia el este a Prusia y posteriormente a Rusia y Ucrania. Más tarde, los menonitas se trasladaron a América del Norte y América del Sur, y luego a todos los continentes del mundo.

    En los países de origen, permanecieron grupos de menonitas. Actualmente, existen congregaciones muy antiguas en Francia, Alemania, Suiza y los Países Bajos, miembros del CMM desde su inicio.

    Estas antiguas iglesias menonitas han heredado la rica historia y tradición de los anabautistas y menonitas de siglos pasados. Sin embargo, las antiguas iglesias de Europa occidental viven tiempos difíciles, no a causa de la persecución sino de la secularización. La membresía decae y las congregaciones desaparecen porque ya no hay suficientes miembros nuevos. Pero aunque sean más pequeñas numéricamente, las iglesias siguen siendo fieles a su identidad menonita y anabautista, y llevan a cabo la obra de Dios, cada una en su propio contexto.

    Los líderes de cada convención nacional y sus representantes en el Concilio General del CMM, se reúnen todos los años para compartir unos con otros e intercambiar las novedades de sus países y del CMM. Desde hace algunos años, las comunidades menonitas más nuevas del sur de Europa –en Portugal, España e Italia– han participado también de esta reunión, junto con los representantes de las convenciones de Austria y Bavaria, y de algunas comunidades que eran anteriormente Umsiedler. Está surgiendo una nueva forma de colaboración entre los menonitas de Europa, en la que comunidades nuevas y antiguas aprenden unas de otras y se inspiran mutuamente. Las iglesias nuevas están ávidas por aprender sobre las raíces de los menonitas; la misión, dinámica y modalidades que aportan las iglesias nuevas sirven de inspiración a las iglesias antiguas.

    Estos acontecimientos han convencido a los líderes de la importancia de intensificar el contacto entre todas las iglesias menonitas europeas, y convocar a más iglesias menonitas europeas –tales como las de Ucrania y Bielorrusia– a participar. Por dicho motivo, después de debatirlo varios años, se resolvió en la reunión de octubre de 2013, en Mainz, Alemania, nombrar un Coordinador menonita europeo, a partir de julio de 2014. Aunque no todas las convenciones han determinado su grado de apoyo, los líderes confían en que habrá suficiente respaldo para financiar dicho cargo, al menos durante los próximos años.

    Este acontecimiento es una clara señal de esperanza. Las comunidades menonitas de los países europeos, aunque pequeñas, tienen un gran compromiso con la tradición, identidad y misión menonitas y anabautistas. Juntas –sean más o menos conservadoras, evangélicas o pietistas– son parte del cuerpo mundial de Cristo. Y al colaborar, cada una en base a su propia identidad y con una maravillosa combinación de lo nuevo y lo antiguo, aprenden, se inspiran y se apoyan unas a otras.

    Henk Stenvers (Países Bajos) es secretario de la Comisión de Diáconos del CMM y secretario general/director de Algemene Doopsgezinde Sociëteit (Iglesia Menonita holandesa).

  • El cristianismo está experimentando un fuerte retroceso en Europa. Hemos pasado en las últimas dos o tres generaciones de ser una cultura exteriormente cristiana, a otra cosa posterior. En general las estadísticas del Congreso Mundial Menonita indican que la evolución de las antiguas iglesias menonitas europeas refleja también esa tendencia.

    Una excepción a este fenómeno es España, donde en menos de cuarenta años ha surgido una realidad anabautista floreciente. Vemos este crecimiento como una obra soberana del Espíritu, que sobrepasa nuestros esfuerzos inadecuados.

    Nuestros hermanos en las iglesias menonitas antiguas de Europa (que datan desde el siglo XVI) nos dicen que nuestra realidad les produce aliento y esperanza. Nosotros, a cambio, valoramos sus siglos de testimonio y fidelidad y nos sentimos honrados de que nos tengan en cuenta en actividades y organizaciones menonitas del continente.

    Historia

    La primera actividad documentada de menonitas en España fue durante la Guerra Civil Española (1936-1939), cuando el Mennonite Relief Committee (Comité Menonita de Ayuda Humanitaria) envió varios cooperantes desde Estados Unidos, para un programa de alimentación de niños refugiados de guerra. La victoria del bando fascista, de ideología nacionalcatólica, puso fin a la presencia menonita al concluir la guerra.

    En los años 70 empezó a ser posible enviar misioneros a España. Tras consultar con los líderes de las iglesias evangélicas españolas, los misioneros menonitas decidieron en principio cooperar con ellas en lugar de establecer otra denominación en el país. Los primeros misioneros, Juan y Bonnie Driver, fueron bien recibidos por la frescura de su mensaje hondamente bíblico, cuyos énfasis anabautistas resultaron renovadores para muchos jóvenes evangélicos. Los Driver permanecieron en España unos 10-15 años antes de regresar a Sudamérica, donde culminaron una dilatada carrera misionera.

    Entre tanto, se había establecido en Barcelona la primera iglesia menonita. El grupo que la impulsó llegó desde Bruselas (Bélgica), donde habían migrado años antes y donde se habían ido incorporando a la iglesia menonita en una misión norteamericana. José Luis Suárez fue el líder inicial de este grupo, y su pastor durante muchos años hasta su jubilación.

    Por aquella misma época, hubo novedades interesantes en la ciudad de Burgos. Allí se estaba produciendo un movimiento de conversiones entre adolescentes y jóvenes, dentro del seno de la Iglesia Católica. Con un fuerte componente de música y arte y de comunidad de vida en viviendas compartidas, este movimiento conmocionó la ciudad entera. Los líderes del movimiento invitaron a Juan Driver a hablar en Burgos, y su forma de enfatizar la enseñanza de Jesús cautivó la imaginación de estos cristianos jóvenes.

    Más tarde tres de los «ancianos» del movimiento realizaron un viaje a Estados Unidos para visitar comunidades cristianas radicales, y allí conocieron a Dionisio y Connie Byler, de Argentina. Les invitaron a venir a Burgos para dar continuidad al ministerio de enseñanza que habían recibido de Driver. La familia Byler ha seguido en Burgos desde 1981, con el apoyo de la Red Menonita de Misión. En los años 90, la comunidad de Burgos adoptó una identidad menonita.

    En los años 90 llegaron a Madrid Bruce y Merly Bundy, misioneros de Hermanos en Cristo (HEC), inaugurando otra zona de influencia anabautista en el país. Gracias a sus esfuerzos y los de otras personas, los HEC tienen ahora dos iglesias en la región de Madrid. Más recientemente, Juan y Lucy Ferreira, de Venezuela, han empezado una obra HEC en Tenerife (Islas Canarias), que se relaciona con las iglesias HEC de Madrid.

    Otra obra empezó a principios del presente siglo, cuando la Organización Cristiana Amor Viviente (una convención menonita de Honduras) envió a Antonio e Irma Montes a España para encabezar un impulso misionero. El fruto de sus esfuerzos incluye ahora dos iglesias en Catalunya y un grupo pequeño en Madrid.

    Encuentros Menonitas y asociación fraternal

    Desde los años 80 estos grupos diferentes en España, muy dispersos en ciudades distantes entre sí, han procurado conocerse y apoyarse mutuamente y fomentar juntos una identidad anabautista o menonita. Desde 1992, esta relación se cimenta en Encuentros Menonitas Españoles (EME), que se celebran cada dos años.

    Al cabo de algunos años nos organizamos como asociación fraternal con las siglas AMyHCE (Anabautistas, Menonitas y Hermanos en Cristo – España). Como AMyHCE participamos en FEREDE, la asociación de iglesias evangélicas españolas (donde somos conocidos como una de las «familias denominacionales» del protestantismo español) y también en el Congreso Mundial Menonita. En CMM tenemos la particularidad de que todas nuestras iglesias, con su diferente filiación denominacional histórica, participamos juntas con esta representación única.

    Por último, nuestra identidad anabautista o menonita se ha fortalecido mediante relaciones fraternales con las iglesias menonitas antiguas de Europa. En 2006, por ejemplo, se celebró en Barcelona el Congreso Menonita Europeo (MERK). MERK reúne a menonitas del continente europeo para mutuo estímulo y diálogo.

    Características sobresalientes

    Como indica esta breve reseña histórica, uno de los rasgos de AMyHCE es nuestra gran diversidad. Diversidad de vinculación con denominaciones históricas del anabautismo mundial, pero también diversidad de énfasis y vivencia. A pesar de ser tan pocas nuestras comunidades, se pueden encontrar entre nosotros prácticas más o menos pentecostales, pero también un cierto recelo del emocionalismo. Teológicamente hay entre nosotros tendencias fundamentalistas y también liberales —pero tampoco nos falta una «tercera vía» anabautista, que explora otras formas de explicar la fe cristiana.

    Aunque pocos en número, nuestras iglesias no han olvidado el servicio y las misiones. Durante años la congregación en Burgos fue conocida por su centro de rehabilitación de drogadictos, mientras que la de Barcelona tenía un hogar de ancianos y otro para discapacitados mentales. La iglesia de Burgos ha establecido un hogar de niños en Benín (África) y un ministerio con ex niños soldados en Costa de Marfil. Este ministerio en África tiene la bendición de recibir apoyos de otras iglesias e individuos.

    Desde los comienzos en los años 70, hay entre nosotros un componente importante de exploración bíblica y teológica en clave menonita o anabautista, que se expresa en ministerios de enseñanza y en literatura, en imprenta y en la internet (www.menonitas.org). Y ahora desde 2010, el Dr. Antonio González, pastor de una de las iglesias HEC, lidera con otros un pequeño centro de estudios teológicos —CTK, Centro Teológico Koinonía— para la formación de una nueva generación de líderes.

    Algunos otros énfasis claramente anabautistas afloran reiteradamente en nuestras comunidades:

    • La iglesia como comunidad estrecha, como familia con fuertes vínculos afectivos y ayuda mutua.
    • Jesús como Maestro y ejemplo, además de Salvador y Señor.
    • No violencia y objeción al servicio militar.
    • Una teología pragmática, más que dogmática: interesa más la integridad del seguimiento personal de Jesús, que afirmaciones teóricas.

    Mirando hacia el futuro

    Este nuevo vástago del cristianismo anabautista o menonita en España ha de afrontar algunos retos importantes. En los próximos 10-15 años, la mayoría de nuestras iglesias deberá abordar un importante relevo generacional. Surgirán líderes nuevos o bien habrá de importarlos desde otras iglesias. ¿Conservará este liderazgo de segunda generación un sentido de identidad más allá de una identidad genérica evangélica? La creación de CTK espera contribuir a dar forma a la respuesta a esa pregunta. Pero es sólo el paso de los años que dará una respuesta definitiva.

    Por otra parte, el cristianismo evangélico en general —y el cristianismo anabautista o menonita como una de las formas del cristianismo no católico— son de implantación relativamente reciente en España. No es una casualidad que llegaron precisamente en la generación cuando los españoles empezaron a replantearse la antiquísima conexión entre la identidad española y la religión católico romana. Pero el debilitamiento del poder del catolicismo sobre el pueblo español no supone necesariamente una apertura a otras formas de cristianismo. Es, al contrario, una señal más de una tendencia en toda Europa, hacia otra forma de entender la existencia humana: una forma postcristiana, hondamente atea. Están en alza la superstición y una credulidad ingenua.

    Esta cultura emergente no es necesariamente hostil al cristianismo, pero pronuncia el cristianismo absolutamente carente de interés, acaso primitivo y desfasado. El reto para nuestras iglesias —conjuntamente con iglesias hermanas de todas las tradiciones— es hallar una forma de encender la llama del interés, la curiosidad y el compromiso. Esencialmente, esto constituye un llamamiento a ser una iglesia donde desborda la vida y presencia del Espíritu de Dios.

    No nos hacemos ilusiones de ser capaces de generar con nuestros recursos humanos el fuego de un interés, una convicción y una pasión por Cristo. Y sin embargo, naturalmente, estamos comprometiendo nuestras energías y recursos para ese fin. No nos engañamos imaginando que el hecho de nuestras oraciones genere automática y mecánicamente una respuesta de Dios. Y sin embargo redoblamos nuestro compromiso con la oración, rogando de rodillas a Dios, que derrame su Espíritu sobre este país.

    Al final va a ser que este último retoño del cristianismo anabautista o menonita en Europa comparte con nuestras iglesias hermanas mayores de origen anabautista, la realidad de que nuestra supervivencia —ni qué hablar de propagación— depende absolutamente de la gracia de Dios. Sólo la gracia de Dios nos podrá asegurar un futuro.

    Aunque parezca extraño, esta es precisamente la razón de nuestra esperanza y confianza y fe en un futuro para nuestras iglesias.

    Dionisio Byler es un escritor y es profesor en la Facultad de Teología SEUT, en El Escorial, cerca de Madrid. Viene siendo secretario de AMyHCE desde su creación.


    Lo que significa ser anabautista en España

    Agustín Melguizo
    Pastor, Comunidades Unidas Anabautistas (Burgos)

    Algunas de las demandas del anabautismo original, han sido asumidas por la mayor parte de las iglesias evangélicas contemporáneas con las que convivo: separación iglesia-estado, bautismo de adultos‚Ķ Eso significa convivir y colaborar con diferentes iglesias cristianas con las que tenemos diferencias pero también mucho en común.

    También significa vivir con la atención puesta en el entorno para llevar la luz de Jesús a cualquiera que se abre a él, y desde el testimonio personal y comunitario, presentar una conversión que afecta a todas las áreas de la vida y también implica ser un discípulo durante toda la vida.

    David Becerra
    Pastor, Iglesia Menonita de Barcelona

    Soy menonita porque un día descubrí que el mensaje y la vida de Jesús estaban revestidos de una no violencia radical. La lectura del Evangelio desde esta perspectiva me llevó a declararme objetor de conciencia al servicio militar.

    Soy menonita porque un día el pastor de la iglesia Menonita de Barcelona se arrodilló, y de forma completamente inesperada me lavó los pies. Este gesto me reveló la auténtica manera de ser autoridad: siendo el servidor (esclavo) de todos.

    En el contexto español ser menonita es entender y vivir el Evangelio de una manera diferente a la habitual, centrada en Cristo y en Su mensaje de reconciliación.

    Antonio González
    Pastor y Teólogo, Iglesia de Hermanos en Cristo

    Para mí, ser anabautista en España no es una mera coincidencia biográfica, sino más bien el resultado de una opción. Durante un tiempo, el Señor me fue llevando a la búsqueda de un modelo auténtico y radical de cristianismo. No se trata primeramente, por tanto, de la opción por una iglesia local o por una denominación. Mi camino con el Señor (y sin √âl), y mi búsqueda teológica me fueron llevando a buscar una conexión más cercana con el proyecto de comunidad que pretendieron Jesús y los apóstoles.

    Ciertamente, muchos cristianos actuales podrían reclamar también una vuelta a los orígenes. Sin embargo, en esa vuelta se suelen olvidar algunos aspectos del mensaje de Jesús, como el pacifismo, o la dimensión comunitaria de la fe, que para mí son esenciales, aunque hayan sido olvidados por las corrientes principales del cristianismo occidental.