• “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

    En Renovación 2027, Transformados por la Palabra: leer las Escrituras desde una perspectiva anabautista, en Augsburgo, Alemania, 12 de febrero de 2017, el Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas) reflexionó sobre Mateo 28,19–20 desde sus perspectivas locales. Las columnas de esta sección se adaptaron en base a sus presentaciones.


    Dios nos ha asignado muchas tareas. Está prohibido robar o matar (Exódo 20,15.13). Se nos instruye a no ser celosos (Exódo 20,17), y a vivir una vida de paz y verdad (Romanos 12,18).

    Muchas de estas instrucciones nos exigen cambiar nuestra manera de vivir: comportarnos mejor, ser más generosos, perdonar a quienes nos hayan agraviado.

    Otras obligaciones se centran más en la vida de los demás: atender a los pobres, a los que sufren hambre o necesitan ropa (Mateo 25,34–36).

    Pero, ¿y qué de la tarea que Jesús les encomendó a sus discípulos en Mateo 28,19–20?: “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.”

    Muchos cristianos, incluyendo los menonitas, consideran esta tarea como una de las más importantes de las Escrituras. Merced a este mandamiento, hoy día hay muchos cristianos en el mundo. Imaginen si los discípulos hubiesen regresado a sus familias y a sus trabajos. Quizá de vez en cuando habrían pensado en los buenos momentos que pasaron con Jesús, pero seguramente las enseñanzas de Jesús poco a poco se hubiesen perdido.

    Al contrario, vemos que en todo el mundo se reúnen personas comprometidas con las enseñanzas de Cristo. Juntos compartimos nuestra esperanza, fe y visión de amor y paz, y establecemos vínculos fraternales en asociaciones como el CMM.

    Una sociedad multicultural

    Sin embargo, partiendo de mi contexto holandés, me resulta algo problemático llevar a cabo dicha tarea. Los Países Bajos conforman una sociedad multicultural. Tal como en otros países occidentales, el número de inmigrantes ha aumentado constantemente desde la Segunda Guerra Mundial, brindándonos muchas cosas buenas. Nuestra cultura se ha enriquecido mediante el conocimiento de otras creencias.

    ¿Cómo deben entenderse las instrucciones de Jesús en un mundo multicultural?

    ¿Mi tarea consiste en acercarme a mi vecino musulmán y pedirle que se convierta a mi religión? ¿Me corresponde decirles a mis amigos judíos que están equivocados y que les enseñaré lo que está bien? Esto no me parece correcto.

    Me encanta hablar de mi fe con personas de todas las religiones, culturas y trasfondos. Pero mi fe también es algo personal. Existen muchas diferencias aun entre menonitas; a veces hay tantas cosas en común entre un amigo musulmán y yo, como entre otro cristiano y yo. ¿Se supone que tengo que decirles a los demás que yo estoy en lo cierto?

    Me parece mejor seguir el ejemplo de Jesús con la mujer samaritana en Juan 4. Al sentarse y tomar agua juntos, compartieron historias y, de esa manera, compartían también su fe. Creo que éste es un ejemplo de personas de todas las naciones que conviven en armonía.

    Una sociedad secular

    No obstante, no sólo vivo en un mundo multicultural, sino que vivo en un mundo secular donde mucha gente siente que la “iglesia como institución” está desactualizada, y que la fe ya carece de sentido. Entonces, les digo a todos los que quieran escuchar que soy pastora no ordenado de nuestra iglesia menonita. Invito a la gente a que venga a escuchar, a ver si le interesa mi fe y ser cristiana también.

    Fundamentalmente, creo que las acciones de todos son la manera más potente de dar a conocer lo que significa tener fe, de crear un mundo mejor y más pacífico en derredor.

    Así que llevo a la práctica las demás palabras finales de Jesús:

    Al velar por mis vecinos, actuando siempre amablemente más allá de mis propios sentimientos y ayudando a quienes estén necesitados, procuro poner manos y pies a la obra. Todos podemos.

    —Jantine Huisman, miembro del Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas), pertenece a la Iglesia Menonita Joure (Doopsgezinde Kerk Joure), una congregación (Algemene Doopgezinde Societeit) de los Países Bajos.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2017.
  • “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

    En Renovación 2027, Transformados por la Palabra: leer las Escrituras desde una perspectiva anabautista, en Augsburgo, Alemania, 12 de febrero de 2017, el Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas) reflexionó sobre Mateo 28,19–20 desde sus perspectivas locales. Las columnas de esta sección se adaptaron en base a sus presentaciones.


    Este texto es un llamado y un encargo de Jesús a sus discípulos. Jesús quería que el evangelio llegara a todas las naciones y para eso decidió valerse de las personas. En una primera instancia se valió de sus primeros discípulos. Éstos a su vez hicieron más discípulos, que tenían el mismo encargo: “ir y hacer discípulos”. Así, la misión de la iglesia, como conjunto de discípulos de Cristo, fue acercarse a otras personas con las buenas nuevas.

    La palabra “vayan” tiene una connotación activa. Jesús no dijo: “Esperen que les envíe personas para hacer discípulos”, sino dijo: “Vayan y hagan discípulos.” Por eso, si el discípulo de Cristo quiere hacer más discípulos, necesita ser una persona proactiva. En vez de esperar que otras personas se acerquen a la iglesia, tiene que ir al mundo para compartir las buenas nuevas con sus prójimos.

    Ahora, la pregunta es, ¿cómo voy a compartir las buenas nuevas con las personas que me rodean?

    Existen varios métodos para evangelizar. Los tres más conocidos y usados en Sudamérica son: evangelización casa por casa, evangelización de masas y evangelización a través de amistades. Cada uno de estos métodos tiene sus aspectos a favor y en contra, especialmente al considerar el tiempo y la profundidad del trabajo. Sin embargo, todos son métodos válidos que pueden ser usados según el contexto y la necesidad.

    En el caso de la Asociación Hermanos Menonitas del Paraguay, un método usado es el del impacto social. Es decir, se dedican a fundar hogares para niños carenciados, hospitales, colegios y establecer iglesias, siempre dependiendo de la necesidad de la zona. Además, se fundó una emisora de radio para transmitir el evangelio y valores cristianos.

    A través de estas organizaciones se busca brindar, en primer lugar, un servicio básico a las personas de su alrededor, para luego poder compartir el evangelio con ellos.

    Un método usado en nuestro grupo de jóvenes y en algunas otras iglesias del Paraguay es el fútbol. En Paraguay casi no se juega al vóleibol, al básquetbol o al béisbol; sólo existe el fútbol y todos lo juegan. Por eso, algunas iglesias, entre ellas la nuestra, optan por jugar al fútbol los sábados y domingos por las tardes para atraer a las personas. El propósito principal de este evento no es evangelizar, escuchar una prédica o cantar canciones espirituales, sino solamente jugar al fútbol y entablar amistades con personas nuevas. Se espera que estas personas luego se animen a ir a las reuniones de jóvenes y acepten a Cristo como su Salvador.

    En Latinoamérica creemos que la evangelización debe estar adaptada a la cultura y al contexto de cada iglesia. Independientemente del método, se motiva a los creyentes a transmitir de manera natural y activa su fe personal en Cristo.

    Para nosotros, evangelizar no significa ser intolerante. Creemos que la obra redentora de Jesús en la cruz es el único camino al Padre y al cielo, y por eso es nuestro deber compartir este mensaje de gracia y salvación con las personas que nos rodean.

    —Dominik Bergen, miembro de la Iglesia de los Hermanos Menonitas de Paraguay, fue nombrado representante de América Latina en el Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas) durante la Cumbre Mundial de la Juventud en conjunción con la 16ª Asamblea en Harrisburg, Pensilvania, EE.UU., en julio de 2015 y hasta la reuniones del Comité Ejecutivo en Augsburgo, Alemania. A fin de iniciar estudios teológicos en un seminario de Alemania, renunció a su cargo para asegurar la representación local de América Latina. Actualmente, Oscar Suárez, de Colombia, es el representante latinoamericano.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2017.
  • “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

    En Renovación 2027, Transformados por la Palabra: leer las Escrituras desde una perspectiva anabautista, en Augsburgo, Alemania, 12 de febrero de 2017, el Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas) reflexionó sobre Mateo 28,19–20 desde sus perspectivas locales. Las columnas de esta sección se adaptaron en base a sus presentaciones.


    Me crié en una pequeña aldea de las Filipinas alejada de las ciudades, cerca de las montañas, lagos y fincas. Vivo en una comunidad de estilo de vida sencillo y cuyos integrantes mantienen lazos muy estrechos.

    Somos personas que privilegiamos los vínculos. Compartimos nuestras cosas con los vecinos, esperando que algún día también podamos pedir su ayuda en caso de necesidad. A veces, varias generaciones conviven bajo el mismo techo. Solemos ser muy emotivos: el filipino cuenta con palabras para expresar una variada intensidad de emociones que quizá otros idiomas no tengan.  

    En una comunidad pobre como la nuestra, cuando nos hacen falta ciertas cosas se las pedimos al Señor. Cuando un niño sufre de una enfermedad, rogamos por su sanación porque es nuestra única opción. Cuando no posees nada, lo que tienes son milagros, y valoras cada pequeña acción de la gracia de Dios.  

    Tenemos pastores que apenas han finalizado la escuela secundaria, y sólo pocos líderes de nuestras iglesias lograron acceder a la educación formal. Ninguno de ellos es graduado de un seminario menonita. Mi sueño es que nuestros jóvenes tengan mayor exposición internacional, sean debidamente capacitados y estén más unidos teológicamente.  

    Lo que me lleva a nuestro texto: las instrucciones de Jesús a sus discípulos al final de su vida en la tierra.

    El primer paso del discipulado es permitir que Cristo se adueñe de ti. Depender totalmente de su voluntad, como barquito sin remo, completamente dependiente del viento. Fomentar un corazón dispuesto a vender todas sus posesiones y dárselas a los pobres sólo para seguir a Cristo: éste es el corazón de un discípulo. Al igual que los primeros menonitas, dispuestos a morir por su fe, dispuestos a renunciar a todo para vivir en paz en otras partes del mundo.

    El segundo paso del discipulado tiene que ver con la capacitación, aprender a seguir a Cristo. Uno no se convierte inmediatamente en un discípulo maduro tras el bautismo.  

    Tercero, ser discípulo significa que eres responsable de formar discípulos. El discipulado constituye un mandato para cada uno de los creyentes, no sólo para los pastores. Es tu destino como seguidor de Cristo. Jesús buscaba discípulos deliberadamente, pidiéndoles que le siguieran, enseñándoles, ocupándose de ellos, y luego, pidiéndoles que hicieran lo mismo y formaran más discípulos. No es un don de unos pocos, sino responsabilidad de todos.  

    La pasión por el discipulado proviene de nuestra profunda comprensión y plena experiencia del poder y la gracia de Dios.

    La tarea de orientar o enseñar a los demás debería realizarse de manera sistemática.

    En nuestra organización de jóvenes menonitas en las Filipinas, nos dimos cuenta de que los jóvenes se alejaban, por tanto implementamos un método que, en los últimos meses, ha duplicado el número de nuestros asistentes jóvenes y la formación de muchos líderes. El concepto de esta iniciativa se basa en un ciclo de orientación y enseñanza que promueve los vínculos y la responsabilidad mutua.  

    Elegimos a algunos jóvenes comprometidos con el ministerio. Empezamos a capacitarlos para ser buenos líderes, para enseñar, para ocuparse de los nuevos creyentes, y para dirigir un pequeño grupo. A medida que se les prepara y anima, empiezan a ocuparse unos de otros, a invitar a sus amistades, a realizar sus propios estudios bíblicos, acercándose a sus padres, hermanos/as y amigos/as, formando más discípulos para Cristo.  

    Tengo la esperanza de que nuestra cultura inste a todos a orientar al prójimo y a ser mutuamente responsables. Y pido que quienes sean graduados de un seminario, sean teólogos/as, o personas con más experiencia, tengan la amabilidad de compartir sus conocimientos.

    Si realmente quisiéramos seguir teniendo un rol relevante en este mundo, y ser portavoces y embajadores de paz, es necesario que tengamos un enfoque más consciente en obediencia al mandamiento de Cristo. Debemos sumergirnos profundamente en el amor de Dios a fin de descubrir la pasión indescriptible por el discipulado. Los asiáticos nos multiplicamos por nacimiento, pero como iglesia, nos multiplicamos por medio del discipulado.

    Ebenezer G. Mondez, miembro del Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas), pertenece a Lumban Mennonite Bible Church, Integrated Mennonite Churches, Inc., de las Filipinas.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2017.

  • “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

    En Renovación 2027, Transformados por la Palabra: la lectura de las Escrituras desde una perspectiva anabautista, en Augsburgo, Alemania, el 12 de febrero de 2017, el Comité de YABs Jóvenes Anabautistas) reflexionó sobre Mateo 28,19–20 según las perspectivas locales. Las columnas de esta sección se adaptaron de acuerdo a sus presentaciones.


    Me crié en Zimbabwe, en el sur de África, donde el cristianismo se introdujo a mis antepasados junto con la civilización y el comercio. En este contexto, nunca sentí la obligación de transmitir el mensaje de Cristo a persona alguna.

    El Gran Mandato era para la élite, aquellos que habían sido “llamados” para ello. Como miembro del cuerpo de Cristo, sencillamente tenía que acabar con el pecado, leer la Biblia, orar y esperar para entrar al cielo. Difundir el mensaje era la obligación de quienes habían llevado el cristianismo a nuestras iglesias en Zimbabwe. El misionero era una persona cuya piel era más clara que la mía; que hablaba un idioma que se consideraba superior al mío porque no tenía chasquidos; y que había llegado desde muy lejos. Nunca se me ocurrió que fuera necesario que un hombre negro o una mujer negra tuvieran siquiera que pensar en ser misioneros.

    Un mandato a seguir

    Hoy día, me doy cuenta de que una vez que te arrepientes, tienes que cumplir una obligación y adherirte a un mandato, es decir, hablar a los demás de Jesús.

    Como cristianos, una vez que empezamos a seguir los pasos de Jesucristo, deseamos también amar como él, vivir como él, y sobre todo, compartir acerca del reino de Dios precisamente como lo hacía él cuando anduvo en esta tierra. Nuestro deber es ayudar a los que están perdidos, presentándoles a Jesús para que él los pueda salvar.

    A mi entender, Mateo 28:19 se centra en el hecho de que el Gran Mandato es para todos los que siguen a Jesucristo. Y este mandato es decisivo para la extensión del reino de Dios.

    Formar discípulos

    Formar discípulos tiene que ver con una serie de acciones que nos convoca a salir de nuestra rutina. Implica ir más allá de lo que estamos acostumbrados. A veces tendremos que acercarnos a extraños y contarles de Jesucristo. En mi país, la recepción varía. Si intentas compartir individualmente el mensaje de Cristo, te podrían confundir con un ladrón o alguien que no tiene nada importante que hacer. En mi contexto, podrías compartir el mensaje de Cristo en campañas de evangelización o programas de divulgación en las que la respuesta es generalmente positiva.

    Formar discípulos significa también que los seguidores de Cristo no sean selectivos respecto a aquellos con quienes comparten. El evangelio es para todos. No existe la segregación cuando se trata del mensaje de Cristo, ni para quienes lo compartan ni para quienes lo reciban: Jesucristo nos instruyó que fuéramos y formáramos discípulos de todas las naciones. Independientemente de su raza, tribu, idioma, género o edad, nunca se es demasiado joven ni demasiado anciano para hablarle a alguien de Cristo.

    Nuestra percepción de los demás y nuestra visión de su mundo jamás debería afectar nuestra decisión en cuanto a si merecen recibir el mensaje de Cristo. No puedes ser nunca suficientemente bueno ni demasiado malo para recibir la gracia de Dios: es un don. El Espíritu Santo transformará a cada persona en tanto transite el camino personal de la fe.

    En tanto andas por la faz de la Tierra, ¿adhieres al mandato de Cristo? Una vez que todos reconozcamos que se trata de una cuestión de vida eterna y castigo eterno, seremos firmes en nuestro empeño por formar discípulos, a fin de contarles de Jesucristo a tantas personas como podamos. Si estás siendo selectivo respecto a quién o dónde predicarás el mensaje de Cristo, piensa detenidamente y ora, dado que el reino de Dios está abierto a todos.

    —Makadunyiswe Ngulube, miembro del Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas), pertenece a la Iglesia de los Hermanos en Cristo Mount Pleasant, una congregación de Ibandla Labazalwane kuKristu eZimbabwe en Harare, Zimbabwe.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2017.

  • Dice un dicho que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y yo añadiría, o hasta cuando vea la amenaza real de llegar a perderlo.

    Algo parecido nos pasó con nuestros recursos naturales. Por mucho tiempo tuvimos agua limpia a nuestro alcance, aire saludable para respirar, y un entorno limpio y agradable. Pero cuando nuestra ciudad empezó a crecer, comenzamos a ver basura a nuestro alrededor y nuestro aire se volvió de mala calidad. De pronto, nos dicen que están en peligro los ríos y quebradas de donde proviene el agua cada vez menos disponible, -porque el país concesionó los lugares donde nacen estas aguas para la explotación minera, en especial del oro-, entonces empezamos a preocuparnos.

    Nuestra responsabilidad con el medio ambiente

    Ello nos llevó a tomar en serio el cuidado de la naturaleza y unirnos a esta causa con muchas personas no necesariamente cristianas, pero con un profundo amor por la naturaleza. En concreto, pensamos que era nuestro deber involucrar a nuestra iglesia en la lucha contra la explotación minera de oro en la región de Cajamarca, con graves implicaciones ambientales para la región.

    Es así que empezamos a participar de multitudinarias “Marchas Carnaval” por la vida, el agua y la soberanía de nuestro territorio. Además de implicaciones ecológicas y sociales, también tuvo repercusiones de tipo político, pues llevó a que las regiones promovieran consultas populares sobre si querían explotaciones mineras que afectaran el medio ambiente en su territorio. Esto contradecía las leyes que facultaban a nuestro gobierno con el argumento que la Nación era la dueña del subsuelo, al concesionar estas tierras sin consultar con sus habitantes.

    Las grandes movilizaciones y la negativa de las comunidades expresadas en las consultas llevaron, por ahora, a la suspensión y el retiro de la compañía minera de Cajamarca, que esperamos sea definitivo.

    Conciencia ambiental en la iglesia

    Paralelamente, nos dimos cuenta de que en nuestras comunidades eclesiales no se tenía un conocimiento o, mejor aún, una conciencia ambiental. Por tal motivo, en la escuela dominical empezamos una serie de enseñanzas para adolescentes, jóvenes y adultos sobre el tema medioambiental, que llamamos Eco-teología. Varios de nosotros compartimos sobre el tema, entendiendo las razones por las cuales Dios, nuestro Padre Creador de todo cuanto existe, nos llama a ser cuidadores de su creación.

    El tema suscitó mucho interés en nuestra comunidad y comenzamos a ver claros compromisos e iniciativas de nuestros hermanos y hermanas. Algunas de las iniciativas vistas individualmente parecerían esfuerzos inútiles, pero miradas en conjunto, cuando se suman a las de los demás, comienzan a tener repercusión.

    Por ejemplo, nos dimos cuenta que teníamos que reciclar y empezar a hacerlo desde el origen de los desechos, lo cual nos llevó a adquirir e instalar en nuestra iglesia un punto ecológico donde clasificamos nuestras basura para facilitar su reciclaje. La gente empezó a traer las tapas plásticas de sus envases de refrescos y agua y donarlas a una entidad “tapas para sanar”, que las recicla y usa las utilidades para el cuidado de niños con cáncer. Cuando hablamos sobre el daño que hacen las pilas y baterías de celulares al medio ambiente, algunos hermanos comenzaron a llevar sus pilas en desuso a la iglesia; ahora tenemos que conseguir un contenedor adecuado para recibirlas y después llevarlas a un lugar apropiado. Otra hermana entendió que si gastábamos menos papel en nuestra iglesia y usábamos el proyector para mostrar el orden del culto en lugar de entregar una copia impresa a cada persona, íbamos a contribuir a salvar algunos árboles.

    Y así, pequeñas acciones como recoger la basura, caminar, andar en bicicleta, no usar desechables y otras cositas, empezaron a ser importantes para todos.

    Durante casi un año enfatizamos la enseñanza sobre el cuidado del medio ambiente. Creemos que ahora somos una comunidad con un alto grado de compromiso y conciencia medioambiental.

    —José Antonio Vaca Bello, miembro de la Iglesia Cristiana Menonita de Ibagué, de Tolima, Colombia.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2018.

  • ¡Justicia climática ya!” “¡El pueblo al poder!” “¡Mantengan los recursos donde pertenecen!”, resonó a través de los pasillos mientras caminaba por la Zona Azul, el lugar donde 197 Estados miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC por sus siglas en inglés), se reunieron en diciembre de 2015 para decidir sobre el futuro de nuestro clima. Era la primera vez que asistía a estas negociaciones sobre el clima y resultó ser una reunión histórica en la que se aprobó el Acuerdo de París (un acuerdo mundial para salvar/proteger el clima y las personas que viven en este planeta).

    Era también la primera vez que entraba en contacto con un gran número de comunidades basadas en la fe que abogaban por entornos sostenibles y resiliencia climática, luchando junto a las comunidades y personas más vulnerables. Admitidos como observadores oficiales, las comunidades basadas en la fe tuvieron la oportunidad no solo de hacer un arduo trabajo preliminar de incidencia política acercándose a los negociadores uno a uno, sino que incluso se les dio un espacio para hacer oír su voz ante una audiencia de ministros y Jefes de Estado en el Diálogo de alto nivel.

    El cambio climático no es una “noticia falsa”, sino una dura realidad en todo el mundo, que se hace sentir más intensamente en nuestros hermanos y hermanas del Sur global. La destrucción del medio ambiente y el cambio climático, intensificados a través del estilo de vida que se lleva en el hemisferio norte, son factores clave que contribuyen a la pobreza. La presión continua sobre nuestros recursos compartidos priva a los más pobres y más vulnerables de tener vidas sostenibles y dignas; y esto no es rara vez motivo de conflicto.

    La crisis climática actual y las injusticias climáticas muestran claramente que un entorno sostenible, la dignidad humana y una mayor resiliencia de las comunidades más vulnerables, están estrechamente relacionados y son mutuamente dependientes. Por lo tanto, como menonitas y cristianos en Alemania, procuramos un mayor grado de sostenibilidad en nuestras acciones a fin de proteger la creación de Dios para las generaciones futuras y para el sustento de millones de personas en la actualidad.

    A menor escala, esto comienza con algunas de nuestras congregaciones que tienen paneles solares en sus techos para reducir el consumo de energía de combustibles fósiles.

    Continúa con algunos de nuestros miembros que se niegan a poseer un automóvil, porque simplemente no es necesario en las zonas urbanas.

    Muchas de nuestras congregaciones participan en actividades de los barrios para fortalecer las comunidades locales y apoyar a los menos privilegiados.

    Todas estas iniciativas derivan del compromiso de cuidar la maravillosa creación que se nos ha encomendado.

    Sin embargo, es necesario que incluyamos más de estos temas en la agenda de nuestras iglesias: el 100 por ciento de energía renovable, consumo responsable, educación teológica para el desarrollo sostenible y trabajo de incidencia local. Además, participar activamente en la familia de fe ecuménica podría ampliar este compromiso local y llevarlo a un nivel mundial. A través del trabajo de incidencia en la escena política e influyendo en las políticas y decisiones, podemos cuidar a quienes son parte del pueblo de Dios y no son exactamente nuestros vecinos, sino miembros de la familia de Dios a nivel mundial.

    Volviendo a las negociaciones sobre el clima: como comunidad ecuménica mundial de iglesias, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) tiene un rol prominente entre las comunidades basadas en la fe y las negociaciones sobre el clima. La AMG (nuestra convención) y otras convenciones menonitas que son miembros del CMI, se unieron al “Peregrinaje por la justicia y la paz”, en 2013, en resonancia con los valores anabautistas. En el contexto del clima, esto se ha traducido en el “Peregrinaje por la justicia climática y la paz”: creando conciencia de que no se debe olvidar la justicia climática y que se debe dar voz a los más débiles y vulnerables de nuestra comunidad mundial.

    “Necesitamos la sabiduría de la creación”, dijo Olav Fykse Tveit, secretario general del CMI, durante el culto por la justicia climática en recientes negociaciones sobre el clima: “Una sabiduría que vea la realidad, entienda y reconozca los tiempos en que vivimos. Una sabiduría que […] tenga el valor de actuar y de abrir un nuevo camino para que podamos prepararnos juntos para el futuro”.

    Nuestro amor por Dios y por el pueblo de Dios nos impulsa a alzar nuestras voces, a acompañar a los vulnerables, a participar activamente en política y a luchar por la justicia climática en el mundo. Por lo tanto, unamos nuestras fuerzas ecuménicas y oremos mientras seguimos caminando en este peregrinaje: “Dios de la vida, guíanos a la justicia y la paz”.

    –Rebecca Froese, miembro de AMG (Arbeitsgemeinschaft Mennonitischer Gemeinden en Deutschland), una iglesia menonita miembro de Alemania. 


    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2018.


    El Grupo de Trabajo de Cuidado de la Creación trabajará con las iglesias miembro del CMM para:

    •     Incrementar la conciencia sobre la crisis climática.
    •     Presentar maneras prácticas de alentar un estilo de vida fiel desde un punto de vista ecológico.
    •     Explorar las formas en la que los países representados están siendo afectados por la crisis climática.
    •     Alentar el desarrollo de capacidades bíblicas y teológicas relevantes para la crisis climática.
    •     Desarrollar un plan estratégico para el CMM que incluya proyectos prácticos a corto plazo y compromisos a mediano y largo plazo.

    Más información

  • En este comienzo del tercer milenio, la humanidad enfrenta serios problemas ecológicos que amenazan la vida humana y la de toda la creación. Las consecuencias del calentamiento global son perceptibles en todos los países del mundo: contaminación del aire y del agua, fuertes inundaciones y calor extremo, etc.

    En África, principalmente en los países al sur del Sahara, las personas están expuestas a múltiples enfermedades debido al  deterioro creciente de la creación y de las condiciones de vida. Las otras criaturas, como los peces, los animales (tanto domésticos como salvajes), las aves, los árboles y los ríos, no se salvan. Son víctimas de la avaricia y la locura humanas. Pero, de la misma manera que el Señor nos guarda, nosotros debemos guardar la creación de Dios, cuidando de la tierra y sus habitantes. Esta es la voluntad del Creador.

    1. La Biblia y la preservación de la creación

    La Biblia no guarda silencio respecto a la responsabilidad del ser humano por la creación.  Nos brinda valiosas enseñanzas sobre este tema, a tal punto que muchos han llegado a considerar la Palabra de Dios como una especie de texto de ecología, un manual que ayuda a los cristianos a vivir correctamente en la tierra, un libro que nos dice, “cómo vivir en la tierra para no quedar desorientados al llegar al cielo” (Dewitt).

    1. Fundamento del Antiguo Testamento

    El Antiguo Testamento contiene muchos pasajes bíblicos que nos instruyen sobre nuestra responsabilidad por la creación. Sin embargo, el pasaje más elocuente es el de Génesis 2.15, “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara”. Este versículo establece el fundamento bíblico para la protección de la creación. Enfatiza el mandato cultural de la misión de Dios confiada a los humanos en el jardín del Edén. Este doble mandato misionero consiste en cultivar y cuidar.

    Cultivar (àvàd)

     Esther Martens

    Etimológicamente, esta palabra se origina de la raíz àvàd que significa cultivar, servir, trabajar. En todo el Antiguo Testamento àvàd solo tiene estos dos significados, que vienen a ser lo mismo: honrar y glorificar a Dios.

    En el primer caso, se trata de rendir culto a Dios, de realizar ciertos servicios en la adoración. El segundo se refiere al trabajo manual del ser humano para suplir sus propias necesidades, o las de su amo en el caso de los esclavos. También es un servicio prestado a los reyes (Ex 20.9, 30.16; Lv 25.39; Dt 28.23; Sal 128.2, 24.1–2; Hch 20.35; 1 Co 16.58; 2 Ts 3.8–9,11).

    En esta perspectiva, el ser humano no fue creado para no hacer nada. El trabajo es una necesidad de su naturaleza, que solo puede desarrollarse mediante la actividad. El trabajo es lo que desarrolla la inteligencia, todas las fuerzas de la energía y la voluntad, así como las del cuerpo (Rochedieu). El ser humano ha sido llamado primero a trabajar, ya que es la condición sine qua non de todo desarrollo. El ser humano continúa la obra de Dios a través del trabajo, porque Dios quiere que sea próspero. El apóstol Pablo incluso dice, “si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Ts 3.10).

    Debe enfatizarse que, al principio, el trabajo manual no es una maldición ni una consecuencia del pecado. Es una institución divina. El trabajo proviene de Dios porque él mismo trabajó y aún trabaja.

    El término àvàd, entendido como un servicio a rendir, también se refiere a la adoración que el ser humano debe rendirle a Dios. Pero el verdadero culto consiste en servir a los demás para su bien (Is 58.6–7; Stg 1.27); cultivar significa obedecer la voluntad y las órdenes de Dios. Rochedieu considera a este respecto, “que existe en este caso una estrecha analogía entre cultivar, culto y cultura. El buen uso de la misión lleva necesariamente al servicio que se rinde a Dios para su gloria y honor, y para el bienestar y la integridad de todas las criaturas; le pide a Dios su pan mientras se pone a trabajar para obtenerlo”.

     Yanto Bengadi.

    Cuidar (shamar)

    Este verbo significa cuidar, vigilar, velar por, proteger, preservar, guardar, conservar la memoria, observar, notar, sostener. Este verbo se usa 126 veces en el Pentateuco, 128 veces en los Profetas y 165 veces en el resto de las Escrituras. En el pasaje de Génesis 2.15, shamar tiene el sentido de vigilar, preservar, cuidar.

    Desde esta óptica, la tarea del ser humano consiste en proteger el jardín de las aspiraciones de dominio de un “enemigo” de una naturaleza totalmente diferente, que pronto aparecerá. Esta tarea de Adán, que se refiere solo al jardín, deja entrever la tarea de la humanidad con respecto a la tierra.

    La palabra cuidar (shamar) se refiere tanto a los pastores que vigilan el rebaño (1 S 17.20) como al agricultor que cuida el huerto, como en Génesis 1.28 y 2.15; “se responsabiliza a la humanidad ” (Roop).

    “La misión encomendada por Dios no se cumple mediante la explotación y destrucción de la flora y la fauna”, escribió Jochem Douma, profesor de Ética. Por el contrario, los seres humanos no solo se ocupan de las ‘cosas’ que pueden manipular y deformar según les parezca para enriquecerse, sino que han recibido la administración de una función determinada por Dios. Por consiguiente, deben comportarse con las demás criaturas teniendo en cuenta las características que Dios ha otorgado a cada una”.

    Como administrador de grandes bienes, el ser humano no debe pretender ser el “dueño”. El mundo es una creación de Dios, y no de los humanos. Ellos son apenas administradores de una creación que sigue siendo propiedad de Dios. Debe ser administrada según las normas de la justicia divina y no según aquellas que el ser humano forja en sus deseos de poder.

    Hoy en día, la creación sufre una degradación a gran escala que no debe dejar indiferentes a quienes se llaman discípulos de Jesucristo, porque de ello depende la supervivencia de la humanidad, tanto de hoy día como de las generaciones futuras.

    Fundamento del Nuevo Testamento AnnaMarjan Bosma.

    Varios pasajes del Nuevo Testamento hablan de la dimensión cósmica del Evangelio. No obstante, analizaremos el texto de las epístolas de Pablo a los Colosenses (1.15–23) y a los Romanos (8.18–22). Colosenses 1.15–23 afirma claramente que en Cristo subsiste todo (panta en griego), porque “todo fue creado por medio de él y para él”. Describe el vínculo que existe entre el Cristo de la creación y el Cristo de la cruz. Él es aquel en quien todas las cosas se reconcilian y reencuentran la armonía. Pablo declara audazmente que los beneficiarios de esta nueva armonía no son solo los seres humanos, sino todas las cosas. Es un derecho adquirido en el presente y el futuro.

    En Romanos 8:18–22, Pablo escribe que toda la creación sufre (los seres humanos y las demás criaturas), y está esperando el día de la redención de los hijos de Dios. Este sufrimiento proviene de la rebelión del ser humano contra la ley de Dios. Porque Dios creó un jardín exuberante, productivo y libre de malezas, un lugar lleno de salud y vida, pero el pecado trajo enfermedad, muerte, espinas y cardos. El ser humano debe trabajar duro para ganarse el pan porque la tierra productora de alimentos ha sido maldecida. En el espacio de dos siglos (desde el comienzo de la era industrial), la especie humana ha hecho tambalear los cimientos de la vida.

     Bryan Diaz, Iglesia Cruising for Jesus, Cali, Colombia.

    La creación sufre y suspira dolores del parto debido a la actividad humana: la destrucción de los espacios naturales y la urbanización, la extinción de especies, el deterioro de los suelos, la transformación de los recursos naturales, los residuos y productos peligrosos, la contaminación a gran escala, la alteración del equilibrio planetario, la degradación humana y cultural, el calentamiento global, las condiciones insalubres en las grandes urbes de los países en vías de desarrollo, etc. Estos son los graves males que sufre la creación.

    El mandato que Dios le dio al ser humano es cultivar y cuidar el jardín. Pero en realidad los humanos solo cultivan y explotan la tierra sin preocuparse por la segunda parte del mandato cultural de cuidar el don de Dios, sabiendo que el verdadero dueño del cosmos es Dios mismo, que creó todas las cosas para su gloria. Y si él nos ha dado los beneficios de la creación para que la disfrutemos de manera responsable, debemos tener cuidado de no socavar su fertilidad.

    Por otro lado, si actuamos de acuerdo con la enseñanza bíblica sobre este tema, viviremos felices y ofreceremos a las generaciones venideras un futuro radiante.

    Los beneficios de seguir las enseñanzas de la Biblia sobre preservar la creación

    La enseñanza bíblica sobre la protección de la creación tiene varias ventajas. Nos permite:

    • Desterrar la ignorancia sobre nuestra responsabilidad de proteger la creación. Cuanto más estemos informados sobre la degradación y la destrucción infligidas a la tierra de nuestro Señor, más nos vemos obligados a rever nuestra responsabilidad como gestores y administradores de nuestro planeta y de sus habitantes. Entendemos que Dios es el creador de todo el universo (Gn 1.1), el cual le rinde elocuente testimonio (Sal 19). Toda la creación le pertenece a Dios (Dt 10.14; Sal 24.1; 1 Cor 10.26) que la ama y se preocupa por ella, proveyendo alimento y agua para todas las criaturas (Sal 104; Hch 14.17), como también proveyó a Jesucristo   (Jn 3.16). Se nos asegura que el Señor nos bendice y nos guarda (Sal 104; Nm 6.24–26).
    • Debemos darnos a nosotros mismos y al suelo un descanso sabático, es decir, tiempo para la recuperación y para disfrutar de los frutos de la creación de Dios (Ex 20.23; Lv 25.26). Así como Dios provee para las necesidades de sus criaturas, nosotros también debemos permitirles que sean fructíferos y que se multipliquen (Gn 1.22, 28.17, 9.1–7), y no añadir “casa a casa” (Is 5.8).
    • Participar en los esfuerzos de unos y otros para detener la rápida degradación de la creación que amenaza al mundo. Las consecuencias de esta degradación son dramáticas para la especie humana así como para las otras especies.
    • Desde la perspectiva del desarrollo sostenible, trabajar para nuestro desarrollo, sin comprometer el de las generaciones futuras.

     Sandra Campos.

    Los costos de preservar la creación

    A escala global, los gobiernos mundiales están divididos en cuestiones relacionadas con la protección del medio ambiente. Los países capitalistas y los países más industrializados del mundo son los que más contaminan. No hablan el mismo idioma sobre el tema del calentamiento global, que es una amenaza real para el futuro del mundo. El año pasado (2017), Estados Unidos, uno de los países más industrializados de la tierra, se retiró de los acuerdos de París sobre el calentamiento global.

    Los Estados más industrializados deben dejar de lado su ego y modificar su cosmovisión si esperan cambiar la faz del mundo. Es a este precio que se pueden movilizar los medios financieros para detener la degradación de la creación, cuyas consecuencias son globales.

    Cada Estado debe ser consciente de los serios problemas ecológicos que amenazan la existencia de la creación.

    En la República Democrática del Congo (RDC), la situación ecológica es dramática. De hecho, desde el genocidio de Ruanda en 1994, el este del país ha acogido a miles de refugiados armados que han devastado la fauna y la flora locales. Las guerras sucesivas en el país han contribuido a la degradación del medio ambiente. Los parques nacionales de Virunga y Garamba se han convertido en guaridas de grupos armados locales y extranjeros que siguen matando los gorilas de montaña, okapis, hipopótamos, etc.

    En ciudades como Kinsasa, la situación ambiental es alarmante: antiguamente llamada Kin la belle [“Kin la bella”], sus propios ciudadanos la denominan como Kin la poubelle [“Kin la basurrero”] (Nzuzi). La insalubridad reina en todas partes. Botellas de plástico son arrojadas en canales, arroyos y ríos. La erosión ya ha arrasado algunas partes de los barrios de la ciudad.

    Esta insalubridad es la causante de enfermedades mortales como el tifus, la malaria, el cólera, etc. En el momento de redactar este informe, una epidemia de cólera afecta actualmente una de las zonas más desfavorecidas y pobladas de Kinsasa: el barrio de Camp- Luka.

    Frente a esta situación, el Estado congoleño en general y el gobierno provincial de Kinsasa en particular, son impotentes. Según el gobernador de la ciudad, el gobierno provincial no cuenta con los medios financieros y materiales para garantizar el saneamiento diario de la ciudad. Los esfuerzos del gobierno y de las personas de buena voluntad son apenas una gota en el océano.

    La protección de la creación exige tanto medios financieros considerables como un cambio de mentalidad en la población. J. Nelson Kraybill.

    La contribución de las iglesias menonitas a la protección de la creación en la República Democrática del Congo

    La degradación de la creación en la República Democrática del Congo está estrechamente relacionada con las culturas y las necesidades alimenticias y económicas de las poblaciones de cada provincia. Por ejemplo, en las regiones de Kasai y el suroeste de Kwango, la extracción artesanal de diamantes ha alterado completamente la flora y la hidrografía, y algunas especies de animales silvestres han desaparecido por completo.

    En semejante ambiente, los esfuerzos de los líderes menonitas se centran en concientizar a sus miembros y a la población local sobre un cambio de mentalidad y percepción del mundo en cuanto a la creación, a la luz de la enseñanza bíblica.

    Gracias al programa “Evangelización y Salud Comunitaria”, los pastores y los miembros de las iglesias locales se sensibilizaron respecto a trabajar por su propio desarrollo, pero también por la protección de la creación y la lucha contra la insalubridad. Por ejemplo, hemos pedido a todos los pastores de Kinsasa que limpien regularmente el patio y el entorno cercano a sus sus templos, que construyan instalaciones higiénicas dignas de tal nombre y que planten árboles en el patio, si el espacio lo permite. Después de algunas visitas a diferentes congregaciones, este trabajo resultó eficaz.

    Además, los jóvenes menonitas unen fuerzas con otros jóvenes para combatir la insalubridad y la erosión en Kinsasa. Este trabajo se hace como se puede: usando bolsas, palas, etc. En los últimos años, gracias a los esfuerzos de nuestros jóvenes, las iglesias de Lonzo en el barrio de Camp-Luka, la comuna de Ngaliema y la congregación de Mfila, ubicadas en el barrio de Delvaux de la misma comuna, se han salvado de gigantescas erosiones que amenazaban con hacerlas desaparecer.

    Conclusiones

     Shena Yoder.

    En el contexto de la RDC, las iglesias cristianas en general y los menonitas en particular, tienen una gran responsabilidad en la protección de la creación. Los líderes cristianos y los miembros de las iglesias locales deben aprender más sobre el tema de la preservación de la creación. También deben llevar a cabo acciones concretas que promuevan su protección. Los líderes eclesiásticos deben desempeñar un papel profético interpelando a los líderes políticos en cuanto a la degradación ambiental.

    El contexto de nuestros hermanos y hermanas del Norte es diferente al del Sur. Sin embargo, la lucha contra la degradación de la creación es un asunto común porque sus consecuencias no son solo locales, sino mundiales. Es por eso que las experiencias de los hermanos del Norte pueden servir a los hermanos del Sur que están más expuestos a los daños del deterioro de la creación de Dios.

    Históricamente, los menonitas se han dedicado al trabajo de la tierra (cultivar y cuidar); las experiencias de unos y otros en este campo pueden fortalecer nuestros lazos de fraternidad y solidaridad. Espero que se cree una comisión llamada “Desarrollo y Preservación de la Creación” dentro del CMM para dejar por siempre nuestra huella como comunidad de fe dedicada a las enseñanzas de Cristo.

    ‚ÄîKukedikila Ndunzi Muller, representante provincial de la Comunidad de Iglesias de los Hermanos Menonitas en Kinsasa, maestro del Centro Universitario de Misionología (Kinsasa) y estudiante de doctorado en Desarrollo Holístico.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2018.

    Bibliografía seleccionada

    Dewitt, C.B., L’environnement et le chrétien [“El medio ambiente y el cristiano”] (Quebec: Ed. la Clairi√®re, 1995)

    Douma, J., Bible et écologie [“Biblia y ecología”] (Francia: Kerygma, 1991)

    RocheDieu, C., Les trésors de la Gen√®se [“Los tesoros de Génesis”] (Ginebra: Emma√ºs)

    Roop, E.F, Genesis, Believers Church Bible Commentary [“Génesis, Comentario Bíblico de la Iglesia de Creyentes”] (Scottdale: Herald Press, 1987)

    Nzuzi, Lelo, Kinshasa, ville et environnement [“Kinshasa, ciudad y medio ambiente”] (Paris: Harmattan, 2009)

    Katalamu, Mobi, “Protection durable de l’environnement” [“Protección sostenible del medio ambiente”] (Kinsasa: CUM, 2016)

    Harimenshi, P.B., “Mission et écologie” [“Misión y ecología”] (Kinsasa: CUM, 2002)

  • “Renovación 2027” es el nombre elegido por el Congreso Mundial Menonita para celebrar la década de eventos regionales que se realizarán con el objetivo de conmemorar los cinco siglos de existencia de nuestra comunidad de fe. Quisiéramos abordar estos diez años de actos conmemorativos, centrándonos en las perspectivas mundiales, ecuménicas y transculturales de nuestra historia.

    Durante dicha década de eventos regionales, recordamos el pasado a fin de mirar al futuro. Como señala el escritor colombiano Gabriel García Márquez, “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda”. Quisiéramos destacar nuestras raíces para que podamos agradecer a Dios por el legado de fe que hemos recibido. A la vez, deseamos acercarnos al Señor con espíritu de arrepentimiento y renovación, aprendiendo del pasado a fin de crecer en nuestra relación con Dios en el aquí y el ahora, como así también en los años venideros.

    En el primer evento, “Transformados por la Palabra: la lectura de las Escrituras desde diversas perspectivas anabautistas”, indagamos sobre cómo la máxima de Martín Lutero de sola Scriptura y los ideales monásticos de imitar a Cristo, desempeñaron un papel en nuestra propia tradición, y cómo actualmente las Sagradas Escrituras siguen siendo relevantes en nuestra comunidad mundial de fe.

    Durante ese día en Augsburgo, Alemania, tuve muy presente una instalación artística que vi en una de nuestras iglesias menonitas de Ámsterdam (véase tapa). Sobre el púlpito en el centro del santuario, hay una Biblia abierta que se mueve. Las páginas entran o salen de la Biblia, y vuelan alrededor de la sala.

    Dicha instalación representa las Escrituras como un texto vivo que contiene nuestras propias historias a través de la obra del Espíritu Santo. De este modo, se lleva adelante la historia de los primeros discípulos en Hechos. Nuestro énfasis anabautista en imitar a Cristo nos invita a ver las Escrituras como un guión para nuestras propias vidas, una obra que requiere que la vivenciemos, que la llevemos a la práctica diariamente.

    Aun así, a lo largo de la historia anabautista, la Biblia no siempre se ha considerado desde esta perspectiva.

    La mayoría de las veces, nos hemos valido del texto sagrado como una herramienta para medir la ortodoxia doctrinaria de los demás, causando así división y fragmentación dentro del cuerpo de Cristo. Ello ha sucedido con demasiada frecuencia en nuestras iglesias, al descubrir que no coinciden nuestras perspectivas sobre las Escrituras.

    Muchas veces dejamos de lado los pasajes que nos invitan a practicar el don de la unidad en medio de la diversidad. Hemos descuidado el don de la comunión pese a, y a través de la diversidad. Lamentablemente, hemos llegado a creer que nuestras divergencias éticas o doctrinarias son motivo suficiente para dividir el cuerpo de Cristo.

    Hoy día, en tanto agradecemos a Dios por nuestro énfasis en una interpretación comunitaria, centrada en Cristo y llevando a la práctica las Escrituras, debemos mantener una actitud de arrepentimiento respecto a las divisiones que existen entre nosotros, debido a un enfoque inadecuado de la lectura de las Escrituras. Procuremos la renovación que surge de un corazón contrito, capaces de reconocer nuestro pecado y cómo éste provoca la falta de unidad en la iglesia.

    Ruego que se renueve nuestro entendimiento de la Biblia por medio del texto vivo que habla del ahora; que podamos ver nuestra división como un pecado que debe ser erradicado; y que nuestro anhelo de llevar a la práctica y emplear la Biblia hoy día nos una con un espíritu de interdependencia.

    ¡Vayámonos transformados por la Palabra!

    —César García, secretario general del CMM, desde su oficina en la sede central en Bogotá, Colombia.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2017.
  • ¿Cómo debería la iglesia plantearse la salud mental?

    Nuestro estado mental está conectado al cuerpo y al espíritu, y por tanto, podemos padecer mala salud mental. En esta sección de Perspectivas, líderes y profesionales de la salud de las congregaciones afines al anabautismo de todo el mundo, abordan el rol de la iglesia en el cuidado de la salud mental de sus miembros.

    Las iglesias como comunidades sanadoras

    Desde mediados de la década de 1960, Colombia ha participado en un conflicto armado que ha desplazado a aproximadamente siete millones de hombres, mujeres y niños de sus hogares, tiene más de 60.000 personas desaparecidas y casi 600.000 civiles muertos. Cuando la gente huyó a las grandes ciudades, muchas personas se acercaron a nuestras iglesias. Llegaron portando todas las fortalezas y los recursos que la vida les había brindado, aunque también con la carga de tristeza, pérdida de lazos comunitarios, interrogantes acerca de cómo un Dios bondadoso pudo haber permitido que esto les sucediera; un anhelo de justicia; y el temor –muchas veces justificado– de que el peligro del cual huían resurgiría en la ciudad.

    Las iglesias y organizaciones anabautistas de Colombia reconocimos la importancia de abordar las necesidades espirituales, psicológicas y sociales de la gente que se nos acercaba. Conjuntamente con el Comité Central Menonita (MCC), empezamos a considerar cómo proceder, recibiendo una valiosa capacitación del Programa STAR de Eastern Mennonite University, y del material del MCC sobre Sanación del Estrés y Situaciones Traumáticas.

    Al definir las congregaciones locales como el centro de nuestras iniciativas, vimos el potencial de las comunidades de fe como lugares de sanación. Como iglesias menonitas, de los Hermanos en Cristo y Hermanos Menonitas, aunamos esfuerzos en una iniciativa denominada, Coordinación Eclesial para la Acción Psicosocial (CEAS): un recurso para las congregaciones locales con el fin de responder a las víctimas que iban llegando.

    Cómo ser un lugar de sanación

    En 2012, CEAS inició un proyecto de entrevistas para personas en condición de desplazamiento forzado y que participaran activamente en una iglesia anabautista. Las entrevistas pretendían identificar las cualidades de la iglesia que permitieran a la gente tener experiencias sanadoras (espirituales, psicológicas, sociales e incluso físicas) en medio del desplazamiento forzado, y lo que un mayor número de iglesias podía estar haciendo.

    Las respuestas de la gente demostraban las maneras increíblemente sencillas por las cuales la congregación local se convertía en canal de sanación. Los miembros posibilitaban que la presencia de Dios ministrara a personas traumatizadas, y que tuviera sentido recibir y expresar interés sincero en quienes se acercaban a la iglesia, al brindarles un lugar seguro, escuchar sus penas y su dolor, ofrecer la oportunidad de servir a los demás, y animarlosles a reconstruir su vida. La congregación se convierte en el cuerpo por medio del cual la gente conoce a Cristo y fortalece su vínculo con Dios.

    Los testimonios de la gente que reflejaban la importancia de la seguridad, del reconocimiento de todo lo sucedido y de volver a conectarse socialmente, son elementos decisivos de un proceso de sanación, según la psiquiatra Judith Herman y la terapeuta Carolyn Yoder del Programa STAR. Cuando el sentido del valor de una persona se ha visto afectado, la reconstrucción del concepto de la vida en presencia de una comunidad de fe comprensiva ayuda a avanzar hacia la recuperación.

    Al leer la Biblia a través de la perspectiva del trauma y la resiliencia, vemos la angustia y el anhelo de Dios cuando los israelitas fueron expulsados de su hogar (Lamentaciones 3, Salmos 79.137) y cuando Jonás lo perdió

    todo (Job 2.19), la fe y resiliencia en los Salmos (Salmos 23.91), la esperanza en los mensajes de los profetas (Miqueas 4,1–4), la venida de Jesús para encarnar el amor de Dios (Juan 1,1–14; Efesios 2,17–19) y, como iglesia, nos han dejado el mandato de cumplir con la labor del amor y la reconciliación (Efesios 1,23; 2 Corintios 5,18–20).

    La dignidad transforma

    Como quien ha sufrido, Andrés (nombre ficticio) llegó a la Iglesia Menonita de Teusaquillo de Bogotá lleno de ira y temor, sintiendo que en cualquier momento aparecerían en las calles de Bogotá las personas que habían asesinado a su padre. Al ser recibido y aceptado por quien era, Andrés empezó a abrirse a la comunidad de la iglesia. Dada la oportunidad de profundizar nuevos conceptos, se liberó del odio y encontró dignidad al reconstruir su vida. El testimonio de Andrés demuestra la importancia de una iglesia acogedora, dispuesta a escuchar las historias de la gente y a brindar un espacio para crecer en comunidad y en la fe.

    El resultado final del proyecto de entrevistas es una guía de estudio para una iglesia sanadora, a ser utilizada por las congregaciones locales. Las iglesias menonitas y de los Hermanos Menonitas de diferentes partes de Colombia la han empezado a usar. Dicho folleto resulta provechoso no sólo para las víctimas de situaciones traumáticas, sino para todos los que hayan sufrido dolor, rechazo y pérdidas, y necesitan transformarse y gozar de una vida plena. Los testimonios, los textos bíblicos y los ejercicios del folleto son aplicables a todos.

    Colombia está iniciando la implementación de los acuerdos de paz. Las comunidades locales enfrentan hoy día el desafío de reinsertar a los ex combatientes y avanzar hacia la reconciliación. Las víctimas buscan verdad y justicia. Surgen nuevas formas de violencia armada. En este contexto, las iglesias locales, en tanto sean comunidades sanadoras, podrán contribuir considerablemente a la promoción de la paz. Propiciar las condiciones para el perdón y el arrepentimiento puede ayudar a romper el ciclo de violencia. La sanación de situaciones traumáticas puede poner fin al daño internalizado y a la victimización. La aceptación puede promover los lazos sociales y fomentar la comunidad.

    Las congregaciones locales hace tiempo que constituyen lugares de sanación y esperanza, brindando un mensaje de salvación. Este proyecto documenta las experiencias concretas de las iglesias, identificando los aprendizajes que sirvan como herramientas didácticas para las congregaciones, a fin de fortalecer su capacidad para fomentar la comunidad y la sanación.

    Nathan Toews y Pablo Stucky trabajaron juntos con la Coordinación Eclesial para la Acción Psicosocial (CEAS), de Colombia, financiada por el MCC. Nathan presta servicios actualmente con MCC en Bolivia. Pablo coordina CEAS, y también es representante regional del CMM para la región andina.

    Haga clic aquí para ver el PDF de Iglesia Acogedora y Sanadora, una guía de estudio para una iglesia sanadora.

    Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2017

  • Expresiones anabautistas entremezcladas florecen en el duro suelo de Tailandia

    “Tailandia: el cementerio de la misión.” Esta frase descriptiva ha resonado durante décadas en los oídos de los misioneros con destino a Tailandia. Felizmente, Dios ofrece una historia diferente que está surgiendo al fin, ¡y en la que los anabautistas ocupan un lugar! 

    Semillas de la iglesia 

    Hace 201 años, Anne Judson (esposa de Adoniram Judson, misionero estadounidense) aprendió el idioma lo suficientemente bien como para compartir el evangelio con los prisioneros siameses (tailandeses) en Birmania [actualmente Myanmar]. Doce años después, en 1828, llegaron a Tailandia los primeros misioneros protestantes, 260 años después de los primeros curas católicos residentes. 

    Tanto para católicos como protestantes, el siglo XIX representa una historia de increíble dedicación y perseverancia. Los misioneros enfrentaron factores que aún hoy día son decisivos: una casi impenetrable cohesión social basada en una mezcla de budismo y brahmanismo, como así también un fuerte arraigo en el animismo, un motivo más para temer el cambio. Así como el pueblo tailandés ha demostrado una capacidad inigualable de resistencia a la colonización por medio de una diplomacia perfectamente avenible, así también ha dado prueba de tener un firme compromiso con la declaración de identidad de facto: “Ser tailandés es ser budista”.  

    En 1880, Dios nuevamente se valió de los cimientos establecidos en Birmania a fin de bendecir a Tailandia. Tres evangelistas de la tribu karen fueron llevados de Birmania por un misionero veterano, a una aldea en Tailandia donde conocieron a un hombre que había soñado la noche anterior que tres maestros estarían llegando con la Palabra de Dios. Había esperado todo el día. Quinientos miembros de la tribu karen se arrepintieron y creyeron.  

    El siglo XX significó nuevos desafíos del liberalismo por un lado, y un evangelio trunco por el otro. Surgieron estructuras eclesiales, siendo la más notable la Iglesia de Cristo de Tailandia (CCT), fruto de un siglo de labor de los presbiterianos. Los misioneros establecieron instituciones educativas. El clima social predominante continuó siendo reticente al testimonio del evangelio. En la segunda mitad del siglo XX se generó nueva energía y una visión holística: la afluencia de obreros de la Fraternidad Misionera en el Extranjero (Overseas Missionary Fellowship, OMF) expulsados de China, posibilitó que el norte de Tailandia surgiera como un nuevo centro para una fructífera labor entre las “tribus montañesas”. Luego, las influencias pentecostales fueron avanzando hacia Tailandia. En la década de 1980, la población del centro de Tailandia presenció el primer ejemplo del rápido crecimiento de un movimiento eclesial autóctono. 

    Primer testimonio anabautista  

    El primer testimonio anabautista surgió cuando el Comité Central Menonita (MCC) comenzó una modesta relación con Tailandia en 1960. En el transcurso de los siguientes quince años, el MCC pudo asignar a algunos voluntarios de PAX (servicio alternativo de objetores de conciencia estadounidenses en el extranjero), y adquirir artesanías para ser vendidas en Estados Unidos.  

    Los compromisos del MCC en la región aumentaron considerablemente durante “la guerra americana”, como la denominan los vietnamitas. En 1975, en coparticipación con la Iglesia de Cristo de Tailandia (CCT), el MCC empezó a brindar asistencia a los refugiados y a estudiar las posibilidades de asignar a maestros, y participar en el desarrollo agrícola. Se esperaba que el MCC pudiera ayudar a la CCT a discernir el rol de la iglesia en la sociedad tailandesa respecto a la promoción de los derechos humanos, dado que no había sido un punto fuerte de la iglesia. La presencia del MCC en Tailandia continuó esporádicamente en los años siguientes. Aunque se llevaba a cabo un genocidio en Camboya, un informe de campo del MCC de 1977, sólo señalaba que, “lo que está ocurriendo… no es siempre verificable”. Hacia 1979, se reveló el horror y hubo un drástico aumento en el número de refugiados ingresando a Tailandia. El MCC asumió un rol clave en los campamentos y en los procedimientos de reasentamiento de los refugiados laosianos, hmong, camboyanos y vietnamitas.  

    Según un obrero veterano de dicha época, estos fueron años de renovación. “Palabra y labor” iban de la mano, y Dios le sumaba sus maravillas. Muchos de los actuales líderes tailandeses se contagiaron de su pasión por el testimonio holístico en dichos campamentos. Esta tarea entre refugiados, además de la educación para la paz y la promoción de los derechos humanos en relación a acontecimientos en Birmania, continuaron hasta que el MCC cerró su oficina en 1995.  

    Para entonces, otras entidades anabautistas de la misión habían comenzado a concebir una visión para la fundación de iglesias en Tailandia. Miembros del personal de Misiones Mundiales (World Missions) de los Hermanos en Cristo realizaron un viaje exploratorio en 1986, seguido por el nombramiento de una pareja de misioneros en 1987, que consiguió empleo en un instituto técnico en las afueras de Bangkok. El mandato en este modelo autosustentable era procurar establecer vínculos multiculturales, a fin de compartir el evangelio y alentar el desarrollo del liderazgo autóctono por medio del discipulado.  

    En 1990, las Misiones Menonitas del Este (Eastern Mennonite Missions, EMM) asignaron a un obrero para iniciar el trabajo exploratorio. En 1992 se estableció un equipo para fundar iglesias, dado que los Tobin habían asumido un compromiso de diez años. Para el año 1995, estaban listos para vivir entre los habitantes de Isan que hablan laosiano, en una de las provincias menos accesibles de la zona rural de Tailandia. Surgió la Iglesia Life Enrichment, que estaba muy contextualizada, con cultos de adoración en pequeños grupos y líderes locales plenamente empoderados, y que se sigue extendiendo a nuevas aldeas y distritos.   

    De manera similar, las Misiones y Servicios Internacionales de los Hermanos Menonitas (actualmente MB Mission) realizaron un viaje exploratorio en 1991. Los obreros pioneros que enviaron poco después de este viaje, decidieron mudarse a la Provincia de Nan al norte de Tailandia, para trabajar entre los khmu. Los Schmidt y sus compañeros de equipo llevaron a cabo un ministerio centrado en la evangelización de las aldeas, y su desarrollo educativo y agrícola. Sus vínculos permanentes les han permitido observar un amplio movimiento de personas entre los khmu que se acercan a Cristo, a lo largo de la frontera entre Tailandia y Laos.  

    La labor se consolida 

    Ninguna de dichas entidades terminó colaborando con la CCT, pese a la buena relación que el MCC había fomentado a lo largo de los años. Cada entidad forjó su propio camino junto con nuevos asociados y programas de visas. La Fraternidad Evangélica (Evangelical Fellowship) de Tailandia surgió como aliado y portavoz, promoviendo la fundación de iglesias en todo el país. David Shenk, director de Ministerios Mundiales de las Misiones Menonitas del Este (Eastern Mennonite Missions Global Ministries), alentaba a los obreros de EMM a que priorizaran los vínculos con sus pares anabautistas como clara expresión del valor de la “comunidad”. Por tanto, los líderes del equipo viajaban frecuentemente a fin de reunirse para orar y darse ánimo. Se estableció una modalidad de encuentros en retiros, que dio lugar al recibimiento de nuevos obreros.  

    En 1998, la Convención General de la Iglesia Menonita (General Conference Mennonite Church) envió a una pareja canadiense/laosiana a colaborar con el equipo de EMM. Después de un período, llevó adelante su propia labor de fundación de iglesias en otro lugar de Isan con la Iglesia Menonita Testimonio Canadá (MC Canada Witness).   

    En enero de 2001, llegó el Equipo 2000 [Team 2000], tres parejas de la iglesia de los Hermanos Menonitas que se comprometieron a trabajar juntos durante diez años. Fundaron un orfanato e iglesias al sur de Bangkok, y han continuado desde entonces hasta forjar una visión para los 28 obreros que actualmente se vinculan con numerosos líderes locales e incipientes comunidades eclesiales en varias partes del país.  

    En esa misma época, llegaron los Myer, nuevos líderes de la labor de la Iglesia de los Hermanos en Cristo (BIC). A invitación y recomendación de EMM, iniciaron una labor en la ciudad capital provincial de Ubon Ratchathani, a sólo 50 kilómetros del equipo de EMM. Además de desarrollar planes para el ministerio con visión de futuro sumamente compatibles, la cercanía resultó providencial, permitiendo que los equipos se apoyaran en circunstancias de trágicas pérdidas.  

    Mientras tanto, la Red Menonita de Misiones envió obreros a otro lugar en Isan, y la Misión Menonita de Rosedale (Rosedale Mennonite Mission, RMM) fortalecía su presencia en Bangkok con líderes de segunda generación de América Central, surgidos de compromisos de muchos años que RMM tenía allí. La Misión Menonita de Virginia (Virginia Mennonite Missions) ha participado recientemente como asociada de la Iglesia Life Enrichment, para el establecimiento de un puesto misionero entre las personas oriundas de Isan en Bangkok. Un grupo de anabautistas conservadores ha establecido una escuela misionera anabautista de capacitación ‚Äìel Instituto de Oportunidades Mundiales (Institute of Global Opportunities, Igo)‚Äì en Chiang Mai. Así, al menos en Chiang Mai, los anabautistas son conocidos por tener familias numerosas y por el velo de la mujer, sin mencionar su celo por el evangelio.  

    Todos estos grupos hacen mucho hincapié en el discipulado; todos han adquirido amplia experiencia en cuanto a discernir la presencia y el poder del Espíritu Santo mediante la sanación y la liberación de la opresión demoníaca.  

    Conexión relacional 

    Aunque periódicamente surgen debates acerca de un registro anabautista conjunto, se tomó la decisión de no sujetarse a una estructura que podía parecer voluminosa o artificial. En cambio, ha habido un compromiso, compartido por la mayoría de los grupos, de simplemente conectarse por medio de las relaciones que se vayan forjando.  

    Además de la iniciativa de los líderes del equipo de reunirse dos veces al año como Consejo Anabautista de Referencia (Anabaptist Reference Council), se han realizado tres encuentros muy animados de creyentes anabautistas tailandeses y laosianos. Ha sido emocionante ver el buen entendimiento que se ha ido logrando con tanto entusiasmo, más allá de las diferencias culturales y sociales de larga data, como también de las diferencias generacionales respecto a la “cultura de la iglesia” menonita-anabautista. Dichos encuentros han impulsado la traducción de recursos anabautistas al tailandés: la Confesión menonita de fe, ¬øQué significa ser cristiano anabautista? por Palmer Becker. Se ha traducido también al tailandés, la Confesión Internacional de Fe de los Hermanos Menonitas (ICOMB). Más recientemente, se encuentra disponible en tailandés un libro de Richard Showalter, que incluye historias de las primeras iniciativas misioneras en Asia, y también historias de los primeros mártires anabautistas.  

    En un contexto donde la prosperidad consumista resulta cada vez atractiva, esta manera de entender la fe anabautista es sumamente valiosa.   

    Identidad anabautista 

    Los recursos y las relaciones saludables a largo plazo son importantes para fomentar la identidad anabautista; sin embargo, hay un sello de identidad que depende sencillamente de la experiencia.  

    Aún conmovida por el accidente que le costó la vida a John Hertzler, líder del equipo de EMM, la Iglesia Life Enrichment Church del sur de Ubon Ratchathani, se sintió llamada a llevar a la práctica una importante historia de perdón. Le dedicó meses a compartir el evangelio y discipular al conductor, cuya imprudencia había causado el accidente. El punto culminante fue la presencia de los padres de John el día de su bautismo. La iglesia fue testigo cuando los padres -creyentes incondicionales-, lo recibieron amablemente en la familia de fe.  

    Luego, la congregación se reunió para escuchar las enseñanzas de Truman Hertzler sobre historia anabautista. Contó historias de fracasos en los que sus antepasados habían perdido oportunidades misionales debido a legalismos y apatía. Sin embargo, enfatizaba la perseverancia ante las dificultades y el compromiso con el único fundamento, Jesucristo (I Corintios 3,11), como el camino a una visión renovada y obediencia al llamado de Dios. Uno por uno, los creyentes en la sala se pusieron de pie: “¡Esto también representa quiénes somos! No importa cuánto tengamos que sufrir o cuántas veces vacilemos y fracasemos, si esto es lo que significa ser anabautista, entonces somos anabautistas.” ¡De esta tumba surgió la vida!  

    Además de las comunidades que surgen por medio de los obreros que están en el lugar de la misión, los ex refugiados hmong que se radicaron en EE.UU., constituyen otra corriente que da cuenta del surgimiento del testimonio anabautista autóctono en Tailandia. Muchos se afiliaron a la Iglesia Menonita USA (MC USA). Establecieron su propia Misión de Iglesias Menonitas Hmong e imaginan con entusiasmo el día en que los hmong de las aldeas que salpican el paisaje  montañoso del noroeste de Tailandia, abracen la identidad anabautista.  

    A partir de 2005, este impulso fue apuntalado por un número de visitas de pastores norteamericanos y obreros de la Red Menonita de Misiones con fines de enseñanza, y también  proyectos de construcción. Así, dichos cristianos hmong, que han formado parte de la CCT durante mucho tiempo, han empezado a percibir que su propia teología tiene gran afinidad con el anabautismo. El año 2016 resultó ser importante dado que el Distrito Hmong 20 recientemente consolidado, como distrito de CCT, se ha unido ahora al CMM. Han procurado asociarse porque, según Nelson Kraybill, “quisieran afirmar y promover explícitamente los conceptos anabautistas de la iglesia, incluyendo la no violencia”.  

    Quienes conocen estas iglesias, han comprobado la variedad de prácticas que hace de su presencia en el CMM un don: promoción de la paz como parte de la evangelización, hospitalidad, mayordomía financiera, generosidad, enseñanza bíblica ferviente y el desarrollo del liderazgo. Tanto los representantes del CMM como los de la Red Menonita de Misiones estarán presentes en Tailandia cuando se les dé la bienvenida oficial en abril de 2017.  

    Aunque los cristianos aún conforman un escaso 1,2 por ciento de la población de Tailandia, esperamos bendiciones a medida que estas diversas corrientes de testimonio anabautista se entremezclen y se nutran mutuamente en los años venideros, y que Dios siga permitiendo que, mediante su belleza y resurrección, ¡la vida surja de este “cementerio!”    

    ‚ÄîCarol Tobin y su esposo Skip prestaron servicios en Tailandia de 1989 a 2009, tanto en la fundación de iglesias como en la administración regional para EMM. Actualmente radicados en Harrisonburg, Virginia, EE.UU., Carol sigue estrechamente vinculada a Tailandia como directora regional de Asia con Virginia Mennonite Missions.  


    Este artículo apareció por primera vez en Courier/Correo/Courrier April 2017


    Nombre: Hmong 7th District of the Church of Christ in Thailand* 
    Miembros: 1.733
    Congregaciones: 23
    Presidente: Pornchai Banchasawan
    Nombre : Khmu Mission
    Miembros : 39.250
    Congregaciones : 430
    Presidente : Phone Keo Keovilay
    Nombre : Life Enrichment Church
    Miembros :199
    Congregaciones : 16
    Presidente : Pastor Somchai Phanta
    Nombre :Thailand Mennonite Brethren Foundation
    Miembros : 1.600
    Congregaciones: 20
    Presidente Ricky Sanchez
    *El Comité Ejecutivo aprobó la membresía en votaciones realizadas en las reuniones de febrero de 2017. Cifras del Directorio Mundial del CMM, 6 de febrero de 2017.  
    Fuente: Guía del CMM de 2015