La igualdad cristiana, ¿una utopía?

Desigualdad económica: Examinemos nuestro compromiso común en pos del Shalom

Como comunión mundial de iglesias afines al anabautismo, compartimos el compromiso de procurar el shalom. En dicha búsqueda, creemos en la necesidad de intentar alcanzar la justicia y de compartir nuestros recursos, sean materiales, económicos o espirituales. Nuestra enorme diversidad implica llevar a la práctica este compromiso de muchas maneras. En el número de abril 2014 de Courier/Correo/Courrier, líderes de toda nuestra hermandad –promotores del shalom y seguidores de Cristo–relatan cómo los anabautistas abordan las problemáticas relacionadas con la desigualdad económica y las brechas de riqueza en nuestras comunidades.

La igualdad cristiana, ¿una utopía?

Vivimos en un mundo perdido. El mundo en que vivimos no es el que Dios había previsto. Cuando decidimos pecar, elegimos nuestra propia manera, nuestro propio señor y nuestro propio camino, que no transmitió bendiciones ni a nosotros ni a los demás. Sin embargo, Dios no abandonó este mundo perdido. Constantemente procura redimir su creación, como lo avalan las Escrituras.

Como seres humanos, debemos enfrentar dos elementos contradictorios  en nosotros y en las estructuras en que vivimos. Aunque vivimos en un mundo perdido, la imagen de Dios no se ha perdido totalmente. Además, la decisión consciente de rebelarse contra Dios y sus propósitos, repercutió en la tierra. Esto significa que todas las culturas tienen elementos que se asemejan a la imagen de Dios en la humanidad, como también elementos de nuestra naturaleza perdida.

Como cristianos, y anabautistas/menonitas, poseemos un fuerte legado espiritual. Los grupos anabautistas surgieron en tiempos de crisis. Su búsqueda de una vida cristiana a semejanza de la primera iglesia en Hechos influyó seguramente en su teología, dado que ésta no se desarrolla aisladamente. Como en la primera iglesia, las primeras comunidades anabautistas en general procuraron reducir las desigualdades económicas. La dimensión radical del “primer amor” también era evidente por el hecho que se atendía a los pobres. La dimensión económica no era un fin en sí mismo, sino un medio palpable para demostrar el amor de Cristo.

Sin embargo, con el tiempo disminuyó la agitación y el cristianismo se alió con el mundo. Los cristianos siempre se han adaptado más al mundo, según las cartas a las siete iglesias de Apocalipsis 2-3. Si al principio, en gran parte, la cultura era considerada “mundana”, después de un tiempo las barreras se derribaron y la cultura obtuvo críticas favorables.

Algo similar le ocurrió a los movimientos anabautistas. Luego de los años primeros de persecución, llegó la tolerancia y cierto distanciamiento del mundo. Sin embargo, no por ello, se evitó las inclinaciones de la carne, que fueron influenciadas por una cultura anterior. El distanciamiento del mundo creó una falsa sensación de seguridad: el mundo estaba muy lejos y su influencia no les afectaba.

En general, los menonitas de Brasil ya no viven en colonias. El capitalismo y materialismo han dado lugar a enormes desigualdades, que parecen aun mayores en los centros urbanos. Los menonitas brasileños en general han recibido una fuerte influencia de la cultura predominante. Las desigualdades son tan pronunciadas en la iglesia como en la sociedad.

Los menonitas llegaron como refugiados a Brasil provenientes de Rusia, prácticamente sin posesiones materiales. No obstante, el deseo de salir adelante y el espíritu comunitario inicial muy pronto les impulsó a buscar oportunidades económicas que les permitieran hacer un salto cualitativo. Esto no tardó en llegar y en poco tiempo la mayoría estaba mejor económicamente gracias a su gran laboriosidad. A los que no pudieron mejorar su situación se les acusaba de perezosos. Con la misión de la iglesia, las desigualdades se agudizaron. Muchos brasileños viven en situaciones de extrema pobreza. Los menonitas se comparan con estos brasileños, comentando lo siguiente: “Al principio, nosotros tampoco teníamos nada, y hoy, mira cómo estamos. Es evidente que ellos no quieren tener una vida mejor”.

El crecimiento económico de Brasil en años recientes ha conllevado el materialismo de los menonitas. Al individualismo ha reemplazado el espíritu comunitario, y la problemática de la desigualdad apenas se trata aunque esté muy presente. En general, los brasileños pueden ver una mansión al lado de una favela sin inmutarse. Esta falta de compasión ha penetrado también en las iglesias. Incluso el trabajo social no formaba parte de la agenda de las iglesias hasta hace muy pocos años, debido a la influencia fundamentalista y al deseo de diferenciarse de la Iglesia Católica. Actualmente, en la mayoría de las iglesias menonitas de Brasil al menos se habla de hacer algo por los pobres. Algunos procuran ayudar donando alimentos, ropa u otra ayuda material. Intentan responder a algunas de las necesidades más apremiantes, pero la desigualdad en sí casi no se menciona, como ocurre también en la sociedad en general. 

Hace unos años, me invitaron a hablar en un retiro de familias sobre la sencillez como estilo de vida. Aunque algunas personas reflexionaron al respecto, la sesión no llevo a un debate grupal ni que se consideraran los aspectos prácticos. Al parecer, aún no estamos listos para ello. ¿Lo estaremos algún día?

Arthur Dück es director y profesor de Estudios Interculturales de la Faculdade Fidelis Christian College, institución educativa de los Hermanos Menonitas de Curitiba, Brasil.

 

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