Un espacio seguro a la luz del COVID-19

*Estas sugerencias provienen de una pastora norteamericana; en otros contextos culturales probablemente existan variaciones en las prácticas. Vea a continuación los comentarios de diferentes partes del mundo.


En una fría noche invernal a mediados de febrero, hace aproximadamente una década, coloqué cinco sillas alrededor de la mesa para la reunión de nuestro comité. Una persona entró con aspecto desdichado; se sonó la nariz y estornudó durante toda la reunión. Tenía ganas de apartar la silla, pero no quería ser descortés. Al final de la reunión ella dijo: “Pensé en no venir porque tengo un resfriado terrible, pero fue difícil programar esta reunión”.

A los dos días me enfermé mucho y otra persona que se encontraba ahí también. Los dos tuvimos que pedir tiempo libre en el trabajo.

Ojalá la mujer enferma hubiese llamado por teléfono o enviado un correo electrónico diciendo, “Estoy resfriada, ¿igual quieren que vaya?” Podríamos haber tomado la decisión juntos. En cambio, no se nos dio una opción; no dimos nuestro consentimiento en poner nuestra salud en riesgo.

¿Cómo creamos juntos espacios seguros y saludables? Muchas iglesias piensan en la seguridad en relación al abuso sexual y han trabajado en políticas de espacios seguros en ese contexto. ¿Qué significa un espacio seguro a la luz del COVID-19?

Una cultura de consentimiento

Cuando las sanciones de distanciamiento físico impuestas por el gobierno se levanten y las iglesias comiencen a reunirse en persona nuevamente, nuestras comunidades deberán negociar límites para la salud. No sabremos quién se ha vacunado y quién no, o cuáles podrían ser las afecciones subyacentes de las personas. No sabremos quién quiere mantener el distanciamiento físico.

Con las políticas de espacio seguro existentes, algunas iglesias han cultivado una “cultura de consentimiento” sobre el contacto físico. En lugar de asumir que todos quieren un abrazo, antes de tocar a la persona se puede preguntar. Al preguntar y dar permiso significa que todos se sienten respetados y seguros.

¿Cómo pueden el respeto y la comunicación cuidadosa ayudarnos a negociar los límites de los demás en torno a la salud?

En entornos de grupos grandes, la iglesia puede imponer reglas: “Todos deben usar mascarilla cuando estamos todos juntos en el culto de adoración”.

Pero si en las reuniones de grupos pequeños y en las reuniones sociales hacemos suposiciones, pueden resultar incómodas.

Es importante hacer preguntas. “¿Está observando el distanciamiento social o le puedo dar la mano?” “¿Podemos tener la reunión del consejo de forma virtual o preferiría que la reunión fuese en persona?”

Podríamos desarrollar el hábito de consultar primero antes de reunirnos, para evaluar cómo interactuamos.

La forma en la que formulamos las cosas importa. Si digo, “¿Puedo abrazarte?” puede ser socialmente incómodo responder, “No, no quiero un abrazo”. Es por eso que formular una pregunta en la que todas las opciones están bien es una práctica recomendada: a decir, “¿Está bien darnos la mano o preferiría un abrazo?”

Respetando las decisiones

La cultura de consentimiento no se trata de explicar por qué; se trata de respetar las decisiones.

Si alguien no quiere un abrazo, no le preguntamos: “¿Por qué no quiere que lo abrace?” Eso sería indiscreto.

Del mismo modo, no debemos esperar que las personas divulguen su estado de salud y sus opciones. Es indiscreto preguntar si alguien está vacunado o por qué no puede o no quiere.

Si las personas desean el distanciamiento social o usar mascarillas, deberíamos ofrecer eso sin juzgar. No sabemos por qué; simplemente cumplimos por respeto.

Muchas personas están cansadas y frustradas por la pandemia y quieren que la vida vuelva a la normalidad. Otros viven con riesgos de salud continuos.

¿Qué significa ser iglesia en esta realidad pandémica? Exponer involuntariamente a otros a nuestros virus será un obstáculo, que no solo pone en peligro su salud, sino que también significa que la comunidad no se siente segura para ellos.

Crear espacios seguros es parte de ser iglesia, y eso incluye cultivar una cultura de consentimiento en la que hacemos buenas preguntas y hacemos un esfuerzo adicional para acomodar a todos.

Carol Penner enseña teología práctica en Conrad Grebel University College, Waterloo, Ontario, Canada, y tiene un blog de recursos para el culto de adoración en leadinginworship.com. Este artículo apareció originalmente en la edición impresa del 24 de mayo de 2021 de Canadian Mennonite.

En Colombia, las personas se guían por el lenguaje corporal de los demás. Quizás la persona que prefiere más distancia tome la iniciativa para establecerla. Por ejemplo, extender el brazo con la mano en forma de puño para que el saludo sea el de dos brazos extendidos tocándose los nudillos. —Pablo Stucky, representante regional del CMM para América Latina – Región Andina

 

En el sur de África, la gente practica UBUNTU: Umuntu ngumuntu ngabantu (una persona es una persona debido a otras personas). Hubo una protesta cuando supimos por primera vez en 2020 que no deberíamos darnos la mano ni abrazarnos. Pero ahora, todo el mundo está acostumbrado a saludarse observando la distancia o simplemente saludarse con los codos.
—Barbara Nkala, representante regional del CMM, África del Sur

 

“Todos juntos deben cuidar la seguridad y la comodidad de los demás para que la atmósfera de la comunidad siga siendo cálida y mutuamente beneficiosa. En la cultura oriental, que hace mucho énfasis en los modales, a veces la franqueza en realidad duele y puede resultar incómodo. Esta pandemia ha cambiado muchas cosas y ha hecho que las personas comprendan que deben mantener la distancia entre sí y reducir el contacto sin tener que ser indiferentes unos con ostros.
—Agus Mayanto, representante regional del CMM, Sudeste de Asia.

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