• El Premio Sermón Menno Simons fue establecido por la Dra. h.c. Annelie Kümpers-Greve (1946-2017), miembro de la congregación menonita de Hamburgo-Altona en Alemania, en el año 2008 por su convicción sobre la palabra hablada. Cada año, el Centro para una Teología Eclesial de la Paz de la Universidad de Hamburgo, Alemania, en cooperación con la congregación de Hamburgo-Altona otorga el premio de 2000 ‚Ǩ por un discurso sobre la paz.

    “El Premio Sermón Menno Simons alienta y reconoce aquellos sermones que: exploren el testimonio bíblico a través de los lentes de la tradición anabautista-menonita; aquellos que promuevan la tradición de ser iglesia de paz en contextos ecuménicos amplios, y que comuniquen de manera eficaz, convincente y que fortalezca la espiritualidad de quien escucha”, explica Fernando Enns, profesor catedrático del Centro.

    La mitad del dinero del premio se le entrega al predicador; la mitad restante es otorgada a la congregación del predicador a fin de fomentar la reflexión bíblica académica.

    Para el año 2021 se recibirán las postulaciones de pastores y predicadores laicos de todo el mundo en los idiomas: alemán, inglés, holandés, francés y español. Las postulaciones se deberán presentar antes del 1 de diciembre del 2020. El sermón debe haber sido predicado en algún lugar antes de ser postulado.

    Alabar al Creador y preservar la creación de Dios son partes importantes de nuestro llamado cristiano a ser “sal” en el mundo,  afirma Andrea Schneider, directora de radiodifusión de la Asociación de Iglesias Evangélicas Libres (VEF) en Alemania quien recibió el premio 2020 por su sermón sobre Mateo 5:13.

    El sermón galardonado en el 2020 se escuchará el 1 de noviembre del 2020 en el culto de la Iglesia Menonita en Hamburgo-Altona. La ceremonia pública de premiación tendrá lugar inmediatamente después del culto.

    “La predicación no es [simplemente] información, sino el comienzo de un proceso de transformación”, declara el pastor Markus Hentschel de la iglesia anfitriona. “Los sermones sobre la paz presentan el conflicto social o político actual a la luz de la paz de Dios y de la mediación de la iglesia, indica Hentschel”.

    “También escuchamos la voz de otra congregación que nos recuerda que la paz también significa estar conectados mutuamente”, añade Hentschel.

    El sermón de 2012 de Lydia Penner, una canadiense que vive en los Países Bajos dice: “El gran sueño de la paz… no se cumple a través de la política de poder y la violencia, sino que surge de actos aparentemente ineficaces de los individuos”, este sermón todavía continúa inspirando a Hentschel.

    El comité de selección incluye a Fernando Enns, Hans-Martin Gutmann, Lukas Amstutz, Christina Duhoux, Birgit Foth, Christiane Karrer y Heinrich Wiens.

    Anteriores ganadores del premio

    2024 Riki Neufeld, pastor de la congregación Menonita Evangélica de Schänzli, en MuRenz (Suiza)

    2023 Joachim Lebrerecht, pastor de  la congregación Lydia-Congregation Herzogenrath, Protestant Church in the Rhineland (EKiR), Aachen, Germany

    2022 Peter Stucky, pastor de la Iglesia Menonita de Teusaquillo en Bogotá (Colombia)

    2019 Dr. Jochen Wagner, chair of the Council of Churches in Rheinland-Pfalz and Saarland, Germany

    2018 Rainer W. Burkart, pastor of the Mennonite congregation in Enkenbach and Neudorferhof, Germany

    2017 Dr. Betty Pries, Waterloo North Mennonite Church, Canada

    2016 Marie-Noëlle von der Recke, Mennonite congregation at Weierhof/ Pfalz, Germany

    2015 Dr. Pieter Post, pastor of the Mennonite congregation in Ijmond, Netherlands

    2014 Carmen Rossol, pastor of the Mennonite congregation in Weierhof/Pfalz, Germany

    2013 Andrea Lange, Mennonite theologian, Mainz, Germany

    2012 Lydia Penner, Pastor of Doopsgezinde Gemeente Den Haag, Netherlands

    2011 Lukas Amstutz, Mennonite theologian at Bienenberg, Switzerland

    2010 Jürg Bräker, Mennonite theologian, Heidelberg-Bammental, Germany

    2009 Ernst Christian Driedger, Mennonite congregation of Limburgerhof-Kohlhof, Germany

     


    Lea más – 2022

    https://www.theologie.uni-hamburg.de/einrichtungen/arbeitsstellen/friedenskirche/menno-simons-predigtpreis.html

    Actualizado 20 marzo 2021

  • Agosto de 2020 marca el 75 aniversario de los ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki, Japón. El Congreso Mundial Menonita (CMM) se ha unido a una amplia coalición de comunidades, basadas en la fe de todo el mundo, quienes hicieron un llamado a los gobiernos para que ratifiquen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

    “Las armas nucleares no crean paz, sino que intensifican el flagelo y la amenaza de guerra en nuestro mundo, vidas y comunidades”, dice el comunicado.

    “Como una iglesia histórica de paz, el CMM se opone a la guerra y a la violencia como un medio para resolver problemas a nivel personal o estatal”, dice el secretario general del CMM, César García. “Las armas nucleares – que causan la destrucción indiscriminada de humanos y de la creación mucho después de su descarga – no deben ser una herramienta para ningún país. El CMM ha hablado formalmente en contra de las amenazas nucleares por décadas.”

    “Reafirmamos que la presencia, incluso de un arma nuclear, viola los principios básicos de nuestras diferentes tradiciones de fe… Las armas nucleares no son solo un riesgo futuro, su presencia aquí y ahora, socava los fundamentos éticos y morales del bien común”.

    El comunicado llama a los gobiernos a comprometerse a que el mundo sea “más pacífico, seguro y justo” – sin armas nucleares.

    A finales de 1945, 213.000 personas habían muerto como resultado de los bombardeos en Japón. Los ataques causaron dolor, sufrimiento y más muerte, tanto de humanos como de la creación, en los años siguientes. El comunicado reconoce a las personas, sobrevivientes de esos ataques, quienes dan testimonio del daño de las armas nucleares.

    “Lamentamos el racismo y el colonialismo que llevó a los estados, con armas nucleares, a probar dichas armas en aquellas comunidades, cuya existencia ellos consideraban innecesarias, vidas muy alejadas de las suyas, vidas que importaban menos, vidas que fueron tomadas en busca del poder destructivo para unas pocas personas”. Reconocemos el inmenso sufrimiento, la opresión y la explotación que enfrentan las comunidades indígenas de todo el mundo cuyos cuerpos, tierras, aguas y aire han servido como campo de pruebas para las ambiciones de quienes dominan con la fuerza”, dice el comunicado.

    Las Naciones Unidas adoptaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en 2017; este Tratado entrará en vigor 90 días después de ser ratificado por 50 estados.

    Algunas palabras del CMM en contra de las amenazas nucleares:

    Mensaje del Comité de Paz, XI Asamblea Mundial, Estrasburgo 1984

    “… La amenaza de una guerra nuclear y la posible contaminación nuclear del medio ambiente se han descrito como los principales problemas morales de nuestro tiempo. Las armas nucleares no solo matan; ellas destruyen toda la vida. Como pueblo de Dios, servimos con esperanza incluso ante la amenaza nuclear…”

    Carta de Preocupación, Tercera reunión de la Conferencia Menonita de Asia, Taipéi, 1986

    “… Como personas cristianas, independientemente de nuestra nacionalidad, política o puntos de vista, nos sentimos con la obligación de hablar en contra de la producción de energía nuclear…”

    —Comunicado del Congreso Mundial Menonita


    PDF icon Haga clic aquí para leer la declaración conjunta interreligiosa (ingles)


    Haga clic aquí para leer los recursos de culto del Domingo de la Paz del CMM

  • Provengo de un lugar donde la gente es conocida como Banyamulenge. Pastoreamos ganado y vivimos en las altas montañas del Este del Congo, desde las cuales se puede ver el Lago Tanganyika.

    A lo largo de los años, mi gente se ha visto obligada a trasladarse de un área a otra en busca de praderas verdes para el ganado. Cuando los belgas gobernaban esta parte de África, vivíamos en lo que hoy se conoce como Ruanda, sin embargo, una hambruna severa nos forzó a dejar nuestras tierras y finalmente terminamos en las faldas de las montañas de Mulenge en la RD Congo.

    Después de años de vivir en paz allí, mi pueblo empezó a sentir los efectos del conflicto político y racial de la región; fuimos maltratados por nuestro trasfondo étnico. En los últimos 20 años, varios de los Banyamulenge han sido blanco de muchos asesinatos. Mi pueblo es despreciado, no deseado.

    En mi propia casa, mi padre era pastor y yo, era líder del coro de la iglesia. Me encantaba entrenar gente joven para cantar, pero un día tuve un sueño en el que Dios me habló: “Tu tiempo en esta iglesia ha llegado a su fin”. Le conté a mi padre sobre mi sueño y él me dejó ir, así que caminé hacia el pueblo más cercano y me dirigí a una iglesia menonita; de inmediato supe que este sería mi nuevo hogar. Finalmente, comencé a liderar el coro y a entrenar a los jóvenes. Fue en este contexto y entre menonitas donde aprendí la importancia del perdón y del trabajo por la paz y la reconciliación. Supe que esto sería parte de mi futuro ministerio.

    Como Banyamulege, este tiempo no fue fácil para mi, dado que mi propia gente seguía siendo maltratada; incluso mi propia vida se vió amenazada un buen número de veces.

    Aunado a lo anterior, en el 2003, mis padres fueron asesinados mientras huían dejando sus lugares de origen. Decidí que también era hora de irme, así que viajé a Burundi, lugar en el que viví por tres años en un campo de refugiados.

    Después de esto regresé al Congo por seis meses para verificar si el entorno de mi pueblo había cambiado, pero todo seguía siendo demasiado difícil, así que esta vez hui a Malawi donde otra vez tuve un espacio en un campo de refugiados.

    En Malawi, el campo de refugiados estaba lleno de conflicto y desesperanza. Incluso entre los cristianos existía mucha división y contienda. La gente de los diferentes grupos étnicos se aislaba, asimismo, la brujería era predominante.

    Entre los refugiados, empecé a ejercitar mi don como evangelista y obtuve una respuesta positiva por parte de la gente. Durante mi primer año en el campamento inicié una iglesia con un grupo pequeño de discípulos, íbamos de puerta en puerta invitando a todos a seguir a Jesús.

    A menudo compartí sobre Ezequiel, en donde el profeta habla acerca de la forma en que Dios dispersó a su pueblo entre las naciones porque lo habían abandonado, pero también les ofreció su perdón: “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne” (36:26).

    Así que la nueva iglesia llegó a ser una reunión de corazones apacibles enfocados en las enseñanzas de Jesús acerca del perdón y el amor hacia nuestros enemigos. Nuestro mensaje era sencillo: así como Dios nos ama, debemos amarnos los unos a los otros.

    Durante ese tiempo un hombre se unió a nuestra iglesia. Él también era un refugiado proveniente del Congo, así que lo recibí en mi hogar. Después de un tiempo, me di cuenta de que él era quien había asesinado a mis padres en Congo.

    En ese momento noté que mis enseñanzas – las enseñanzas de Jesús- estaban siendo puestas a prueba. Mi deseo era ser parte de una iglesia que se tomara las escrituras en serio, y que estuviera basada en la paz y la reconciliación. Si Dios me perdonó, yo tenía que perdonar a los demás. Entonces, perdoné a este hombre por lo que le hizo a mi familia.

    Hoy, nuestra iglesia está construida sobre las bases de la paz y el amor de Cristo.

    Estamos predicando este evangelio y Dios nos está bendiciendo. Ahora hay 11 iglesias más en esta área. Me encanta lo que Dios está haciendo en este lugar; ver crecer a estas iglesias llena mi corazón de alegría.

    ¡A Dios sea la gloria!

    —Originalmente publicado por MB Mission en Witness (Invierno 2017). (Publicación utilizada con autorización).

    Este testimonio hace parte de los recursos para la adoración del Domingo de la Paz 2018. Haga clic aquí para ver más:

  • Bogotá, Colombia – En respuesta al llamado urgente del Consejo Supremo de la Comunidad Evangélica de Siria y el Líbano y del Concilio de Iglesias del Medio Oriente, el Congreso Mundial Menonita hizo un llamado a sus iglesias miembros a “una lluvia de oración, solidaridad y bendición”.

    En un comunicado a “todas las iglesias y organizaciones evangélicas y protestantes en todo el mundo,” el Consejo Supremo declaró estado de emergencia “para preservar lo que queda de la presencia cristiana y no cristiana moderada en el Este, y para evitar su completa desaparición.”

    El Consejo también señaló “la posibilidad de la aniquilación de la presencia cristiana en el Medio Oriente” y expresó su preocupación sobre “el sufrimiento humano y las dificultades políticas” que afrontan dichos países.

    El CMM también recibió una declaración del Consejo de Iglesias del Medio Oriente basada en el llamado a la comunidad internacional realizado por el Líbano “a tomar iniciativas firmes para oponerse al feroz ataque contra los cristianos pasivos de Irak que permanecen firmes en la tierra de sus padres y sus antepasados donde comenzó el cristianismo.”

    “Somos movidos a la oración,” escribieron los líderes del CMM en respuesta al Consejo Supremo. “Queremos asegurarles que cuentan con las oraciones del CMM. Hemos distribuido su llamado urgente a cada una de las 102 iglesias nacionales en 57 países que conforman la membresía del CMM.” El CMM respondió de forma similar al Concilio de Iglesias del Medio Oriente.

    Luego, en una carta a sus iglesias miembros, César García, Secretario General del CMM y Roberto J Suderman, Secretario de la Comisión de Paz, instaron a cada una de las iglesias a escribir su propia carta dirigida directamente al Consejo Supremo y al Concilio de Iglesias del Medio Oriente, “asegurándoles que cuentan con sus oraciones y dándoles a conocer las acciones específicas que están tomando en respuesta a su llamado.”

    “Creemos que ellos apreciarán mucho dicha ‘lluvia de oración, solidaridad y bendición,’” escribieron García y Suderman. “Serán fortalecidos con el hecho de saber que hay iglesias alrededor del mundo orando por ellos y actuando en su nombre.”

    La carta a las iglesias miembros del CMM fue emitida el domingo 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz de las Naciones Unidas, y el Domingo de la Paz del CMM.

    Comunicado del CMM