• Señor, escucha mi oración, ¡permite que mi grito llegue a ti!
    No escondas de mí tu rostro cuando me encuentre angustiado; ¡dígnate escucharme!, ¡respóndeme pronto cuando te llame!
    —Salmos 102:2–3

    Amados hermanos y hermanas:

    El 10 de febrero de 2026, la junta militar de Myanmar lanzó ataques aéreos contra la aldea de Tlangkhua, en el municipio de Tlangkhua, estado de Chin, Myanmar. La bomba mató instantáneamente a seis personas e hirió gravemente a muchas otras civiles de la aldea.

    La mayoría de las víctimas pertenecen a la iglesia miembro del CMM en Myanmar, la Iglesia Bíblica Misionera Menonita. Entre los fallecidos se encontraban el diácono, el tesorero y dos líderes juveniles de la iglesia menonita. Once miembros de la iglesia necesitan atención médica de emergencia. Cerca del lugar donde cayó la bomba se estaba construyendo una iglesia.

    “Actualmente, existe una necesidad urgente de atención médica para los heridos graves y asistencia inmediata para las familias de los menonitas fallecidos.

    La aldea de Tlangkhua es mi ciudad natal y es predominantemente menonita. La mayoría de las personas fallecidas son mis primos y familiares.

    “A todos los menonitas internacionales, por favor, oren. Queremos expresarles nuestra más profunda gratitud por su apoyo en este momento”, expresa un líder del CMM en Myanmar.

    El bombardeo forma parte de una serie más amplia de ataques contra civiles, incluidos los ataques perpetrados el día anterior contra el municipio vecino de Matupi.

    Por favor, oren por aquellos que están sufriendo y llorando en Myanmar. Oren también para que la junta militar abandone esta estrategia de dañar a sus ciudadanos.

    Señor, en tu misericordia, escucha nuestra oración.

    En el nombre de Jesús, amen.

    Henk Stenvers

    Henk Stenvers,
    presidente,
    Congreso Menonita Mundial

    Andrew Suderman

    Andrew Suderman secretario, Comisión de Paz

    Tigist Tesfaye

    Tigist Tesfaye secretaria, Comisión Diáconos


    El Espíritu de Jesús nos llena de poder para confiar en Dios en todos los aspectos de la vida, de manera que lleguemos a ser hacedores de paz que renunciamos a la violencia, amamos a nuestros enemigos, procuramos justicia, y compartimos nuestras posesiones con los necesitados..”
    (Convicciones Compartidas 5) 

    Urgent prayer & pastoral letters

    holding hands
  • Una iglesia de paz renovada llama a un compromiso renovado de unos con otros; incluso aquellos que pueden ser nuestros enemigos. Construir puentes resuelve la desconexión; sin relación y conexión la paz no puede florecer. Esto es esencial si queremos relacionarnos con aquellos que son de una cultura o fe diferente; un reto significativo en las relaciones interreligiosas e interculturales es la percepción que creamos de los otros basados en las suposiciones y prejuicios, esto causa que no veamos y valoremos al otro como un hijo de Dios. Así, para superar este reto, es importante conocernos.

    La hospitalidad juega un papel clave en la construcción de entendimiento desde diferentes puntos de vista religiosos y culturales. Las iglesias tienen la responsabilidad de crear espacios donde el compromiso autentico pueda ocurrir, sin embargo, las iglesias también deben encarnar la espiritualidad de un extraño, un invitado, asumiendo la posición de vulnerabilidad. La iglesia ya no tiene que esperar para hospedar a otros, sino que puede iniciar nuevas formas de relacionarse con esos otros.

    La Iglesia Menonita de Java en Jepara hace esto al visitar a sus vecinos musulmanes. Los Menonitas en Jepara representan cerca del 1% del total de la población, que es ampliamente musulmana. No hay discrepancias entre las diferentes religiones en Jepara, pero aunque nuestra iglesia esta solamente a 300 metros de un edificio de una organización islámica, ¡casi no ha habido una relación establecida entre los cristianos y los musulmanes!

    Cuando nuestra congregación decidió tomar seriamente su llamado a ser una iglesia de paz, priorizamos la construcción de relaciones con personas de otras religiones en nuestra ciudad. Nuestro primer paso fue visitar a uno de los jóvenes líderes islámicos y compartir nuestro sueño de construir relaciones entre menonitas y musulmanes en Jepara. Juntos organizamos una presentación de arte y cultura en la que nuestras comunidades, no solo nuestros líderes, pudieron participar y conocerse mutuamente, asimismo, iniciamos reuniones para reducir las percepciones equivocadas que teníamos los unos acerca de los otros.

    Esto requirió un proceso largo, fue difícil ver más allá de nuestra sospecha (o nociones preconcebidas) del otro. Después de siete años, tenemos una buena relación con nuestros vecinos musulmanes, celebramos el día Internacional de la Paz juntos; la iglesia participa en sus celebraciones de aniversario; ellos participan en nuestras celebraciones de navidad, incluso cuando hay un edicto religioso (fatwa) que impide a los musulmanes dar saludos navideños a los cristianos en Indonesia.

    Asumir la posición de un visitante requiere humildad, nos acercamos a otros sin tener una idea completa de quienes son. Esto requiere que nos acerquemos a los demás con respeto y confianza, creyendo que tenemos algo que aprender de aquellos que pueden ser diferentes. La vulnerabilidad que se genera por el hecho de ser un visitante o un extraño, requiere que uno necesite al otro. Eso significa que no venimos con arrogancia y poder sino con apertura y sinceridad, vulnerables, con la posibilidad de ser rechazados.

    Tal acercamiento, sin embargo, trae esperanza. Al ser huéspedes vulnerables, atraemos oración y bendición del otro, incluso si ese otro es nuestro enemigo. Esta es la postura que Jesús demuestra a través de su encarnación; la reconciliación que Jesús genera entre la humanidad y Dios es hecha posible a través de su ejemplo de ser un huésped en el mundo. Él se entregó a sí mismo y se volvió un siervo, mostrando así humildad. Él acogió el sufrimiento, demostrando así su vulnerabilidad (Filipenses 2,6–8). Su postura generó significado para que la paz de Dios se realizara (Efesios 2,14), lo que nos da esperanza y valentía.

    Danang Kristiawan (Indonesia), Comunicado del Congreso Mundial Menonita

    Este testimonio hace parte de los recursos para la adoración del Domingo de la Paz 2017. Haga clic aquí para ver más: www.mwc-cmm.org/domingodelapaz

  • La misericordia del Espíritu Santo nos fortalece en nuestras pruebas

    “Alabado sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Pedro comienza su carta alabando al Señor, alabanza que es una celebración de la adoración. Dicha expresión de alabanza a Dios se encuentra frecuentemente en las doxologías, especialmente en los Salmos. Por ello, es probable que las primeras iglesias de Asia Menor hayan comprendido que Pedro iniciara su carta adorando a Dios.

    Pero esto me suena un poco extraño. Pensando en el trasfondo de esta carta, los cristianos de las iglesias de Asia Menor enfrentaban una situación de riesgo. Había una alta posibilidad de que ellos perdieran la vida a causa de la persecución que sufrían en todo el mundo. Pablo escribió su carta a los cristianos ante esta situación tan cruel. Sólo pregunto lo siguiente: ¿Cómo podemos alabar a Dios en una situación penosa? ¿Cómo pudo Pedro hacerlo? ¿Cómo pudieron comprender esta carta las personas de la iglesia primitiva?

    Cuando las circunstancias apremian

    Ciertamente, Pedro escribió esta carta a los cristianos. Confiaba en estas iglesias y respetaba a las personas que pertenecían a ellas. Conocía muy bien la situación apremiante de lágrimas y llanto. Seguramente esta carta les haya recordado que, como pueblo elegido de Dios,  “serían rociados con su sangre” (1:2).

    Pedro sabía que sus lectores conocían el significado de la sangre en la realidad inminente, porque mucha gente moría. Y, aún hoy día, sabemos que mucha gente sigue muriendo.

    Cuando enfrentamos una realidad inalterable y las circunstancias nos derrotan, aparece la lucha. Aferrados firmemente a nuestra fe, seguimos luchando. Esta lucha nos causa una sensación de ansiedad, inquietud y miedo. Nos deprimimos y nuestro corazón está abatido; nos volvemos temerosos.

    Esto nos sucede a todos, especialmente cuando vivimos momentos inciertos en  circunstancias apremiantes. Esta instancia es muy dolorosa porque la realidad nos desafía. Las preguntas nos hacen dudar y las dudas nos hacen abandonar nuestras convicciones. Luego nos deprimimos, y la autocompasión nos produce una sensación de desdicha. Nos  acobardamos y retrocedemos por el miedo.

    Fortalecer el corazón abatido

    Sin embargo, la Biblia dice, “…en su gran misericordia”. El carácter japonés kanji para la palabra misericordia (originalmente un pictograma del carácter chino), muestra a alguien que plancha un corazón encogido, utilizando una plancha antigua, y no la eléctrica moderna que usamos actualmente. Con esta plancha antigua, alguien “plancha” nuestro corazón “encogido” a una temperatura moderada, ni alta ni baja, sino la temperatura justa.

    Es la obra del Espíritu Santo. El Consolador fortalece una y otra vez nuestro corazón  abatido, con lo justo y necesario para la sanación y renovación de nuestro ser.

    Dios ha hecho esto con nosotros y continúa haciéndolo aún hoy. Y este Dios levantó a Jesús de la muerte.

    En el contexto del versículo de 1 Pedro, mucha gente moría. Y en el presente mucha gente aún sigue muriendo. Pero este Dios levantó a Jesús de la muerte entre los que morían. Jesús murió como muere cualquier otra persona, pero su muerte trasformó la muerte en victoria. (1Corintios 15:54-55)

    Ésta es la obra del gran poder de Dios. Y el poder de Dios obra en todos nosotros para proteger nuestra fe del peligro, y restaurar nuestra convicción en la gran misericordia de Dios.

    A veces decimos que tenemos fe. Pero la fe no es algo que tengamos dentro de nosotros desde un principio, ni es algo que nazca en el interior de nosotros. Más bien, la fe es algo que traemos a nuestras vidas desde fuera de nosotros mismos.

    Mediante la ayuda de Dios, tenemos la certeza de que todos hemos sido renovados al creer que Cristo fue resucitado. En el poder supremo de Dios podemos ver nuevamente una esperanza viva a través de la resurrección. Y en esta esperanza viva hay una vida que da vida verdadera.

    La luz de nuestra esperanza viva

    Pedro desea contarle a la gente de este gozo para que pueda salvarse a la luz de esta esperanza viva. Sabe muy bien lo desdichado que había sido. Por medio de la sangre de Cristo, Pedro halló algo que nunca había conocido. A través de la resurrección, Pedro se renovó a la luz de la esperanza viva. Descubrió que lo único que hay que hacer es vivir a la luz de esta esperanza viva. Como cristianos, ésta es nuestra esperanza en la salvación que será revelada en el último tiempo de Cristo.

    Entonces, Pedro pudo alabar a Dios. Nos parece escuchar su voz firme, alabando y cantando con lágrimas. Aunque Dios nos desafíe, le alabamos.

    Por supuesto, podremos tropezar con obstáculos y quizá algunas veces podremos caer. Pero nuestra fe nunca desaparecerá, gracias al escudo de Dios. No hay nada que pueda vencer este escudo. Nuestro Dios seca todas las lágrimas de nuestros ojos. (Apocalipsis 7:17)

    Una vez más nos parece escuchar voces de júbilo en esta carta. Y ahora también unimos nuestras voces para alabar y cantar, y así seguir a nuestro Señor Jesús.

    Padre Celestial y Señor,

    ten misericordia de este mundo,

    con tu constante amor y tu abundante misericordia.

    Restaura en nosotros el gozo de tu salvación

    y mantén en nosotros un Espíritu dispuesto.

    Permítenos desde ahora caminar nuevamente en la esperanza viva,

    para seguir como discípulos de Jesús nuestro Señor.

    Amén

    Yukari Kaga, de Japón, disertante vespertina el miércoles 22 de julio de 2015, en la 16ª Asamblea. Yukari es responsable de la pastoral de varias pequeñas congregaciones menonitas de Hokkaido. Además, es directora del Centro Misionero de Paz y colabora en el Centro Menonita de Educación e Investigación de Japón.