Duelo en tiempos del COVID-19

Una nueva solidaridad expresada de diferentes maneras 

Nuestra comunidad menonita de Pfastatt está ubicada a cinco minutos de una megaiglesia, que tuvo uno de los brotes más grandes de la pandemia del Covid-19, durante una semana de ayuno y oración en sus instalaciones. Por mucho tiempo fueron acusados injustamente de haber causado la mayor propagación del virus en Francia. La desconfianza de las autoridades hacia las iglesias evangélicas aún persiste.

Una situación sin precedentes

Como todos los demás, nos sorprendió y desconcertó la orden de confinamiento que dio el Gobierno. Era una situación sin precedentes y no teníamos ningún punto de referencia.

La necesidad de conservar el vínculo fraternal surgió de inmediato, especialmente para las pocas personas en aislamiento que no tenían conexión a Internet. Era necesario encontrar nuevas maneras de apoyar y fortalecer espiritualmente a los miembros de la comunidad.

Como pastor, fue necesario que aprendiera a asistir a las personas y enseñarles individualmente por teléfono o por Internet. Esto se debió sobre todo a que estuve acompañando a algunos jóvenes que se habían convertido recientemente, y tuve que esperar el fin del confinamiento para encontrarme con ellos y conocerlos mejor.

Con el fin de estar disponibles y ser eficaces en todo momento, los ancianos y diáconos de la congregación nos reunimos semanalmente por videoconferencia. Nos organizamos para comunicarnos regularmente, compartir contactos, ofrecer meditaciones bíblicas todas las semanas por correo electrónico y postal, para animarnos y fortalecernos mutuamente. Algunas personas sufrieron ansiedad o depresión durante este período, mientras que otras no; pero, los sentimientos de malestar eran extraños y, hasta ese momento, desconocidos.

“¡Nunca antes habíamos orado tanto!”

Una persona de la iglesia organizó una cadena de oración por WhatsApp que resultó ser muy efectiva. Algunos miembros me dijeron: “¡Nunca antes habíamos orado tanto y por tanta gente!”

Se creó otro grupo de WhatsApp para padres e hijos, con el fin de ayudar a las familias con la educación de sus hijos durante la vida diaria en confinamiento, y sugerir ideas para la enseñanza bíblica y actividades organizadas. Muchos se beneficiaron de ello.

A pesar de la situación se llevó a cabo una semana de ayuno y oración, a través de una guía diaria distribuida por correo electrónico, y varios comunicaron sus experiencias a través del grupo de Cadena de Oración. Juntos pudimos seguir de cerca la evolución de la salud de una de las personas mayores de nuestra congregación que se había enfermado gravemente por el coronavirus; pudimos observar cómo fue avanzando el proceso de su recuperación hasta que regresó con su familia.

El dolor del duelo

Durante este tiempo oficié dos funerales para personas que fallecieron por Covid-19. Se permitió asistir a un máximo de veinticinco personas, y la asistencia se limitó a media hora afuera del cementerio. Algunos miembros de la familia no pudieron venir, lo cual hizo especialmente difícil poder expresar el dolor del duelo y compartir sus emociones.

La gente aprendió un nuevo tipo de solidaridad, diferentes maneras de apoyarse. En medio de su soledad, las personas redescubrieron una relación personal con Dios. También volvieron a compartir el culto familiar, intercambios que hacía tiempo que no tenían y que echaban de menos.

Al principio, los cultos dominicales realizados por Zoom y YouTube fueron como un soplo de aire fresco. Ver los rostros de hermanos y hermanas reunidos y escuchar sus voces fue motivo de alegría.

No obstante, nada puede reemplazar un encuentro presencial. Aun con todas las indicaciones a seguir y medidas preventivas a tomar, el hecho de reencontrarnos y saludarnos, escucharnos cantar y alabar, es todo un lujo. Dicho esto, aún no es fácil para todos volver al culto. Constituye un nuevo desafío para los líderes: los hábitos, el formato, la enseñanza de los niños, todo ello requiere inventar algo nuevo.

Estamos convencidos de que a Dios nada lo toma por sorpresa, y que la venida de su Reino nunca ha sido más relevante.

Philippe Figuière, pastor, miembro de la junta de diáconos y ancianos de la iglesia Evangélica Menonita de Pfastatt, Francia.

Conmovidos por el testimonio

Nuestra iglesia de Birkenhof está ubicada a unos 30 km de Mulhouse, Francia. Tuvimos cuatro muertes por Covid-19 antes de agosto. Tres personas tenían entre 75 y 80 años y una de 86 años. Los funerales tuvieron lugar al aire libre frente al cementerio o en el cementerio mismo, en un círculo reducido de personas.

Acompañar a las familias de duelo en tales circunstancias es algo realmente particular. La ausencia de la familia extendida, la iglesia, los amigos, los vecinos, y además realizar una ceremonia reducida, es todo muy doloroso para los que están afectados por esta dura experiencia. No les es posible hacer el duelo en condiciones normales, por lo tanto, la separación se hace aún más difícil.

Es muy importante mantenerse al día con las noticias, hacer llamadas telefónicas, enviar mensajes, expresar afecto y apoyo a los dolientes.

En dos ocasiones se pudieron filmar los servicios funerarios y luego ponerlos a disposición de quienes no pudieron asistir. Nos sorprende la cantidad de visitas que recibió uno de estos videos. Aunque seamos una congregación de 130 miembros, la ceremonia del funeral de uno de los miembros tuvo 785 visitas antes de agosto. Nos animamos a creer que un público no cristiano también ha sido conmovido por el testimonio que dejó este hermano fallecido.

Luc Nussbaumer, pastor de la Iglesia Evangélica Menonita de Birkenhof, Francia.


Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2020.

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