• Alfred Neufeld, presidente de la Comisión de Fe y Vida del CMM, reflexiona sobre el estado de la comunidad de fe menonita mundial

    Actualmente, Alfred Neufeld, teólogo, historiador y lúcido filósofo, emprende dos ejes de estudio: los “Procedimientos” de anteriores Asambleas del Congreso Mundial Menonita y redes sociales.

    Neufeld, de Asunción, Paraguay, rector de la Universidad Evangélica del Paraguay, goza de un año sabático en Regensburg, Alemania.

    Se dedica a la lectura de los “grandes libros de Procedimientos”, elaborados después de las primeras diez Asambleas del Congreso Mundial Menonita (CMM) – realizadas entre 1925 y 1978 – a fin de identificar los temas más importantes relacionados con dichos eventos.

    Además, es un gran lector de las redes sociales, especialmente de los planteamientos teológicos de “predicadores neocalvinistas” (así denominados por Neufeld), a quienes, según ha observado, muchos jóvenes menonitas siguen en la actualidad.

    Neufeld, que preside la Comisión de Fe y Vida del CMM, se dirigió recientemente al Concilio General del CMM en Harrisburg, Pennsylvania, EE.UU., como parte de la 16ª Asamblea PA 2015. Se refirió al tema, “Cómo abordamos conflictos en el pasado”. Le parece que es de gran interés para los menonitas de muchos lugares que se preguntan si la división y fragmentación seguirán conformando su futuro.

    “A medida que estudio la historia de nuestra fraternidad anabautista, y admiro la vida de las madres y los padres fundadores del Congreso Mundial Menonita, he descubierto una gran sabiduría en su manera de abordar los conflictos y mantener a la familia unida”, comentó Neufeld.

    Si bien ninguno de los principales conflictos o tensiones históricos ha desaparecido del todo, Neufeld dijo: “Estoy esperanzado. La familia mundial hoy en día quizá esté más unida que nunca, aunque el desafío de avanzar con cien culturas menonitas es mucho mayor de lo que era con un grupo bastante homogéneo hace noventa años”.

    Luchas actuales en la familia mundial

    Y, sin embargo, Neufeld señaló que hay motivos para mantenernos atentos y solidarios unos con otros en nuestra hermandad mundial. “A continuación figuran aspectos inquietantes que requieren nuestra atención:

    “Las nuevas acciones de crueldad del terrorismo islámico constituyen una prueba decisiva de la calidad de las convicciones menonitas de paz basadas en el evangelio.

    “¿Quiénes deberían ser nuestros líderes y quiénes determinarán nuestra teología?”

    “En Paraguay, Alemania y partes de Canadá (los lugares del mundo que mejor conozco), el 60 por ciento de nuestros jóvenes se inspiran teológicamente en varios neocalvinistas norteamericanos que tienen una fuerte presencia en las redes sociales.”

    “Estos jóvenes bien motivados no buscan algo mediocre de derecha, sino sabiduría bíblica lisa y llana. Pero escuchan las voces de quienes se oponen firmemente al liderazgo de la mujer y que sostienen que la ética espiritual de la no resistencia es un modo de vida en el que se hacen concesiones.”

    “No sólo considero que esto confunde muchísimo a los jóvenes, sino que también podría menoscabar a nuestras pastoras en los países que no tengan mucho apoyo institucional.”

    “Estas amenazas a los elementos constitutivos de nuestra identidad anabautista exigen una atención muy sabia y estratégica.”

    “¿Qué prioridades definen adónde va nuestro dinero?

    “Algunos quisieran que todas nuestras donaciones fueran a la misión y fundación de iglesias.”

    “¿Las iglesias deberían aceptar dinero del gobierno para realizar su obra? Si así fuera, ¿cuánto?, o ¿qué porcentaje del total para proyectos específicos?”

    “Aquellos que tienen interés en la misión a veces preguntan si es apropiado que las organizaciones y redes de servicio o nuestras escuelas acepten este dinero ‘fácil’ cuando las misiones no reciben ese tipo de financiamiento.”

    “Como iglesia, renunciamos al auspicio del Estado hace quinientos años. Esto era central para el anabautismo. ¿Cómo lo abordamos actualmente?”

    “Mi lectura de los Procedimientos de las primeras reuniones del CMM, me recuerda que constituyen una agenda similar a la del período de los nazis, que ofrecieron ayuda para sacar a menonitas de Rusia.”

    Claramente, en estas primeras reuniones “mundiales” de los menonitas se expresaban con cierta honestidad las problemáticas que les aquejaban.

    Motivos esperanzadores del pasado

    Entonces, ¿por qué Neufeld cree que en la familia menonita mundial ha crecido el número de miembros, la fortaleza y el apoyo mutuo?

    “Definitivamente mediante la gracia de Dios, el señorío de Jesús y el milagroso efecto cohesivo del Espíritu Santo presente en todas nuestras iglesias.”

    Y, agrega, podría haber al menos tres secretos más:

    • “Durante todo el trayecto, Dios nos dio líderes talentosos e integradores.
    • “Las misiones, y el crecimiento de iglesias nuevas en el Sur del mundo.
    • “La hermandad centrada en Cristo ha ayudado a enfocarnos en nuestros principios fundamentales comunes, a fin de fortalecer nuestras convicciones compartidas, y ser amables y pacientes los unos con los otros.”

    Algunos consejos para las iglesias del Sur del mundo

    Este teólogo/historiador/filósofo del Sur del mundo brinda algunas sugerencias para sus hermanas y hermanos del Sur del mundo, respecto a su rol y lugar en la familia mundial de fe:

    1. “Las iglesias del Norte del mundo necesitan nuestro apoyo y comprensión, pero no nuestra arrogancia.
    2. “Éste no es el momento para que las iglesias del Sur del mundo hagan observaciones negativas a las del Norte.
    3. “La misión es un camino de doble vía: nuestras iglesias más antiguas ahora se encuentran del lado receptor, lo que fueron nuestras iglesias del Sur del mundo durante cien años. Seamos atentos y humildes.”

    Observaciones de Neufeld sobre la estructura y conducta menonitas

    1. “Quizá sea uno de los milagros contemporáneos de la gracia de Dios que nuestra comunidad mundial y pluralista haya encontrado la manera de mantenerse unida por tanto tiempo. Nuestra teología y nuestra estructura no ayudan. No tenemos una sede mundial de autoridad eclesiástica, ya que cada iglesia nacional es autónoma. No tenemos una Confesión de Fe histórica o contemporánea unificada.”
    2. “Hubo una época en el pasado cuando la gente mayor y los ‘ancianos’ tenían gran autoridad y se les consideraba portadores de la identidad. Hoy en día, somos todos conscientes de que si no podemos expresar nuestra teología e identidad de manera relevante para la nueva generación digitalizada, no habrá futuro para el Congreso Mundial Menonita.” Ni para sus iglesias miembro.
    3. “Cuando finalizó la persecución y marginalización, los menonitas se identificaron claramente con la cultura nacional circundante. La separación del mundo se convierte inmediatamente en un tema complicado.”

    Neufeld señala conflictos del pasado

    Neufeld señala cuatro problemáticas importantes, cada una de las cuales podría haber destruido al pueblo anabautista en múltiples ocasiones en los últimos noventa años, a partir de la primera Asamblea del CMM en 1925:

    1. La lucha por ser, ya sea una iglesia étnica o una iglesia misional.
    2. La guerra y la paz.
    3. La generación emergente frente a la generación saliente.
    4. El avivamiento del pietismo frente al liberalismo iluminado.

    Phyllis Pellman Good, escritora y redactora del Congreso Mundial Menonita.

  • Rebecca Osiro, de Nairobi, Kenia, asume su nuevo rol como vicepresidenta del Congreso Mundial Menonita (CMM), con una vida plena de experiencias que han puesto a prueba su fe, dándole sabiduría.

    En agosto de 2008, Rebecca fue la primera mujer ordenada en la Iglesia Menonita de Kenia (KMC), aunque su interés en la iglesia se remonta a su infancia.

    Su padre era líder de la Iglesia Menonita, y Rebecca recuerda cuando lo ayudaba a llevar comida a los eventos fraternales, y visitaban a los vecinos y miembros de la iglesia. “La iglesia dominante era anglicana, pero muchas de las familias de nuestra zona no podían cumplir con el diezmo. Entonces, cuando fallecía alguna persona de dichas familias, la iglesia no realizaba el funeral.”

    “Dado que mi papá hacía muchas visitas brindando atención pastoral, las familias solían pedirle que realizara el culto y el entierro. Me gustaba acompañarlo, consolar, cantar y preparar té fuerte.

    “La sencillez a la hora de visitar, escuchar, ser cordiales y receptivos, atraía a la gente a nuestra iglesia. Y me atrajo a mí. Cuando cursaba el tercer y cuarto año de la escuela secundaria, solía pasar los sábados a la tarde evangelizando abiertamente y fraternizando con todos los que llegaran.”

    Para la madre de Rebecca era prioritario darle a conocer la Biblia y los cantos de la iglesia. Para Rebecca aún sigue siendo un misterio que hubiese recibido dicha clase de atención de su madre.

    “Yo fui la tercera hija, y no la última de sus diez hijos. Pero me contó que me había dedicado a Dios antes de que naciera. Cuando aprendí a leer, me regaló una Biblia. Me contaba historias bíblicas mientras trabajábamos juntas, o sugería que leyera algún pasaje o versículo. Luego, se le ocurría un himno apropiado para acompañarlos. Y así me integraba a mí y a mis hermanos/as en la iglesia.”

    Rebecca puede que haya recibido una buena formación de sus padres, pero cuando estaba lista para casarse, se empeñó en ser independiente. “Concertar bodas estaba a la orden del día; con frecuencia, una tía hacía de casamentera. Pero yo elegí a mi cónyuge. ¡Su iglesia y la mía a menudo competían informalmente en los cantos y la recaudación de fondos!”

    Rebecca y Joash J. Osiro se casaron en 1981. Tienen cinco hijos adultos. Joash es obispo de la Iglesia Menonita de Kenia (KMC).

    ¿Ser ordenada o no?

    Rebecca no hizo campaña para ser ordenada. Sin embargo, desde hace bastante tiempo que le venía rondado la cuestión de la ordenación de la mujer.

    “En mi infancia y juventud, veía cómo las mujeres planteaban cosas con firmeza, como cuando le decían a mi papá, ‘necesitamos una iglesia.’ Y así se fundaba una iglesia; pronto era hora de tener un líder, y entonces buscaban a un varón. Ordenaban a alguien que no tenía una visión, ¡y la iglesia se moría!

    “Cuando todavía estaba en la escuela secundaria, le preguntaba a mi papá, ‘¿Cuál era la postura de la Iglesia Menonita sobre la posibilidad de que la mujer fuera pastora?’

    “Mi papá siempre apoyó la ordenación de la mujer y fue el primer obispo de Kenia que ordenara a una mujer (en 1994), en medio de una gran controversia. Afortunadamente, vivió para ver mi ordenación a los 49 años de edad. Fue una bendición contar con su apoyo.

    “En algún momento pensé que, quizá, debería simplemente abandonar la idea de ser ordenada, debido a la conmoción que causaba. Para mí, no era una necesidad muy sentida, pero sabía que era importante para otras mujeres que también eran líderes, a fin de que se les reconociera su autoridad.”

    Actualmente, Rebecca es responsable de la pastoral de la Hermandad Eastleigh de Nairobi. “Tenemos de 40 a 70 asistentes en nuestros cultos semanales, que se realizan en un lugar que pertenece a la KMC, permitiéndonos usar dicho espacio los domingos de 10 hs. a 14 hs. Es un barrio internacional de clase media baja, que se está aburguesando un poco. Una gran mayoría es musulmana radical.

    “Nuestros asistentes son autóctonos, y muchos trabajan para los comerciantes locales que no les dejan faltar para asistir a las actividades de la iglesia.”

    Solidaridad en los ensayos de coro

    La Hermandad Eastleigh se había preparado para mandar a algunos de sus miembros a PA 2015 como parte del Coro de KMC, incluido en la programación del evento. Pero cuando sólo cinco personas del coro obtuvieron visas (incluídos Rebecca y su hijo, pero no su hija), fue una gran desilusión.

    “Nos veníamos reuniendo en nuestra casa para ensayar la música ya que no teníamos acceso al edificio de la iglesia fuera del horario de nuestro culto. La gente llegaba directamente del trabajo, y algunos se quedaban a dormir porque no tenían adónde quedarse.

    “A algunas mujeres sus esposos las dejaron afuera de la casa porque los ensayos del coro duraban hasta muy tarde. Pero querían participar porque sólo mediante el canto podían expresar la solidaridad unas con otras.

    “Cuando nos comunicaron que la mayoría de las visas habían sido denegadas, primero pensé que debería quedarme en casa para darles apoyo moral. Luego, me di cuenta de que debía aprovechar la oportunidad que se me había presentado.

    Promover la paz

    A fin de contribuir al sustento de su familia, Rebecca da clases sobre el islam dos veces por semana en un seminario jesuita. Tiene una Maestría en Estudios Islámicos de la Universidad St. Paul de Kenia, y ha participado en investigaciones relacionadas con los Debates Sharia, organizados por la Universidad de Bayreuth.

    Rebecca también participa en la ayuda a mujeres víctimas de la mutilación genital. “Es una pequeña organización, y trabajamos pacíficamente.” Dado que es una práctica profundamente arraigada en la tradición, los hombres que infligen dichas lesiones, muchas veces no están preparados para el horror del daño que causan.

    “Cuando nos reunimos con los agresores que confiesan haber participado en dicha práctica, con frecuencia dicen directamente que no lo volverían hacer nunca más. Trabajamos discretamente. Quisiéramos ayudar a que se recuperen, por lo tanto creamos vínculos.”

    “¡Mi vida está llena de planes fracasados!”

    ¿Cómo se las arregla esta mujer con tantas responsabilidades y exigencias?

    “¡Mi vida está llena de planes fracasados!”, expresa Rebecca, riéndose y levantando las manos en alto. “Tenemos un nieto que vive con nosotros, y familiares que siempre entran y salen por diferentes períodos.”

    Líderes del CMM hacen fila para que les sirvan la comida

    Rebecca ha sido miembro de la Comisión de Fe y Vida del CMM, cargo que dejará al asumir como vicepresidenta de la organización. Está convencida del valor y la necesidad del cuerpo mundial.

    “Lo genial del CMM es la fraternidad y el trabajo en red. Compartimos nuestras historias. Nos reunimos y descubrimos que somos un solo cuerpo.”

    “Hallamos fortaleza más allá de las clases sociales, más allá del estatus. El CMM me da valentía. Siento que estoy en el lugar correcto. Aquí en la Asamblea, me conmueve tanto ver a líderes del CMM, pastores y otros líderes de iglesias haciendo fila para que les sirvan la comida, como todos los demás. En muchos otros contextos, les habrían llevado la comida en lugar de que tuvieran que esperar en una fila.

    “Me conmueve profundamente cuando regreso a casa y veo a mujeres que viven en viviendas de cartón, a menudo sobre aguas servidas, y me preparan un té fuerte (seguramente haya pedido prestado el dinero para comprar el té).

    “A veces me siento débil. ¿Voy realmente por buen camino? Pero nada de lo que estoy haciendo lo hago sola.

    “Recuerdo que mi mamá decía, ‘Ama a tus enemigos’. Creo que es algo que Dios está haciendo dentro de mí. No soy perfecta. Claro que me fastidio.”

    “Sin embargo, me parece que con el tiempo, la gente que ha dicho cosas fuertes, que se ha opuesto a cuestiones de la iglesia que parecían importantes, esas duras discrepancias a menudo se arreglan solas, o al menos parece que ya no se interponen entre nosotros.”

    Esta mujer tiene mucho que aportarle al liderazgo del Congreso Mundial Menonita.

    Phyllis Pellman Good, escritora y redactora del Congreso Mundial Menonita.

     

     

     

     

     

     

     

     

    Ser líder servidor significa hacer fila para inscribirse y para recibir la comida: una oportunidad
    para fraternizar, reconectarse con viejos amigos y entablar nuevas amistades. Foto: Jonathan Charles

     

     

     

     

     

     

     

    Sólo cinco miembros del Coro Menonita de Kenia pudieron obtener visas para viajar a EE.UU. para PA 2015. Rebecca Osiro, segunda a la derecha. Foto: Ray Dirks

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  • Bogotá, Colombia – La Asamblea 16 del Congreso Mundial Menonita (CMM) en Pennsylvania, EE.UU., conectó a anabautistas de todo el mundo en persona y de forma electrónica.

    El CMM publicó un nuevo afiche con estadísticas que ilustran las cifras finales de PA 2015. Hay varios datos interesantes, por ejemplo el 75 por ciento de solicitudes de visas fueron aceptadas y 4,25 toneladas de residuos fueron convertidos en abono.

    En esta Asamblea participaron más personas electrónicamente que en cualquier Asamblea previa del CMM: más de 21.700 vieron la transmisión en vivo y más de 250.000 participaron en la página del CMM en Facebook.

    El CMM invita a todas las congregaciones a seguir celebrando el tema de PA 2015, “Caminemos con Dios”, al unirse a nosotros en las celebraciones del Domingo de la Fraternidad Mundial el 24 de enero de 2016.

    Haga clic aquí para ver el afiche de estadísticas de PA 2015.

    Haga clic aquí para el mapa de las estadísticas de PA 2015 (Esto puede ser utilizado en el boletín)

    Haga clic aquí para ver los recursos del Domingo de la Fraternidad Mundial.

    —Comunicado del CMM

  • Bogotá, Colombia – La Asamblea PA 2015, la reunión del CMM que se celebra cada seis años, cerró su gestión financiera en punto de equilibrio, es decir, sin déficit.

    El equipo de operaciones del CMM hizo ajustes de forma continua, manteniendo las prioridades de la sostenibilidad del medio ambiente y la mayordomía financiera a pesar de los acontecimientos inesperados.

    El importe neto total de USD$3.300.000 por concepto de inscripciones y donaciones (ajustado debido a las transferencias a la Cumbre Mundial de la Juventud y al Fondo de Viajes del Concilio General) corresponden a los gastos totales de $3.300.000. (Ver detalles en el gráfico de sectores.)

    “Agradecemos a todos los que de una forma u otra pudieron asistir,” dice Len Rempel, Director de Operaciones. “Confiamos que el Espíritu Santo de Dios se movió entre nosotros y ha continuado haciéndolo durante el regreso a nuestros hogares.”

    Los ingresos por concepto de inscripciones fueron 25% menos de lo presupuestado debido en parte a un número mayor de participantes de tiempo parcial y menos inscriptos de tiempo completo; sin embargo, eso también significó que algunos gastos fueron inferiores de lo presupuestado.

    Los grandes esfuerzos para recaudar fondos que se realizaron sobrepasaron la meta en un 15%. La ofrenda que se levantó cada día durante los servicios de la noche en la Asamblea sumó $77.000 para los fondos de funcionamiento de las cuatro comisiones y del CMM “donde se necesitaba más.”

    “La acción de dar trasciende las desigualdades económicas y produce como fruto esperanza,” dice César García, Secretario General. “A través de la generosidad se derrotan los ídolos del consumismo, el individualismo y el materialismo para dar paso a la posibilidad de un nuevo comienzo para nuestra comunidad mundial. La generosidad es una forma de adorar a Dios.”

    “Me siento muy animado cuando escucho a las personas, a las congregaciones y a las iglesias miembros que me cuentan que van a enviar lo que puedan, y que desearían poder hacer más,” dice Arli Klassen, Directora de Desarrollo.

    El Congreso Mundial Menonita como una comunidad mundial de iglesias relacionadas con el anabautismo apoya al cuerpo mundial de Cristo y se sostiene mediante el apoyo en contribuciones de las iglesias miembros y de las donaciones particulares.

    -Comunicado de prensa del CMM

  • ¿Cómo se interesó en la vida de la iglesia?

    Kraybill: Cuando era niño en Lancaster, Pennsylvania, EE.UU., mi familia participaba muchísimo en la iglesia local. Mis padres colaboraron incansablemente con la congregación realizando diversas actividades, ya sea de maestros de escuela dominical o cumpliendo tareas de limpieza.

    Mi tío Nevin fue misionero en la actual Tanzania. Las historias que relataba cuando volvía de licencia constituyeron mi presentación a la iglesia mundial, despertando mi interés en el cuerpo mundial de Cristo.

    ¿Podría describir su llamado al ministerio?

    Mi llamado principal es al ministerio pastoral. Con los años, he combinado la pastoral con la labor académica y de educación teológica, que me ha sido muy gratificante.

    ¿Qué funciones ha desempeñado a lo largo de los años?

    Mis estudios me llevaron a Goshen College, una universidad menonita en Indiana; al Seminario Teológico de Princeton en New Jersey; y al Seminario Teológico Union, en Richmond, Virginia.

    Durante mi ministerio, fui profesor de Estudios Biblícos en la Academia Menonita Summit Hills de San Juan, Puerto Rico; di seminarios de mediación de conflictos cuando colaboraba en el Centro Menonita de Londres; y fui presidente del Seminario Bíblico Anabautista Menonita de Elkhart, Indiana. Además, fui responsable de la pastoral de una pequeña congregación de Vermont.

    ¿Cuál es su ministerio actual?

    Después de retirarme de la presidencia del Seminario, me dediqué tiempo completo al ministerio pastoral, inesperadamente en mi iglesia local, Prairie Street Mennonite, una congregación multiracial en el centro de Elkhart.

    Ha sido una experiencia tan vivificante: guiando, formando y aprendiendo de una comunidad permanente. Estoy muy contento de servir a estas personas en dicho rol.

    ¿Cómo ha participado en el CMM hasta ahora?

    En 2003, la Iglesia Menonita USA me pidió que fuera el representante de América del Norte en el comité del CMM, y me asignaron la tarea de elaborar lo que luego fueron nuestras siete ‘Convicciones compartidas’. Fui a Zimbabwe a colaborar con un grupo de estudiosos y pastores en la lectura y análisis de 34 afirmaciones confesionales de diversas membresías del CMM. Extrajimos las ideas básicas que definen nuestra identidad como familia mundial de fe.

    ¿Cómo llegó a ser presidente del CMM?

    Hace unos años, el comité de búsqueda encargado de seleccionar al sucesor de Danisa Ndlovu (de Zimbabwe), se comunicó conmigo para preguntarme si autorizaba que me consideraran para dicho cargo.

    Al principio, me opuse. Según habíamos procedido anteriormente, mi esposa Ellen y yo convocamos a un grupo de cristianos que nos conocían y sabían de nuestro interés en la iglesia local y mundial. Les pedimos que orasen con nosotros y nos ayudaran a discernir. Finalmente, me instaron a avalar mi candidatura, percibiendo que este nuevo giro era la voluntad de Dios.

    ¿Qué realiza el presidente del CMM en el día a día?

    Mi rol no es administrativo, sino de gestión. ( César García, nuestro secretario general, es un director ejecutivo muy capaz.) Soy simplemente un voluntario que tiene el privilegio de ser moderador del Comité Ejecutivo y del Concilio General del CMM, los dos grupos que nos ayudan a realizar la labor de la iglesia mundial.

    Me reuniré con los otros directivos del CMM –la vicepresidenta y el tesorero– para tratar asuntos varios: mensualmente (vía Skype), y cara a cara dos o tres veces por año.

    Quizá la mejor parte de mi tarea sea la oportunidad de visitar las iglesias miembro del CMM de todo el mundo. Mi propósito es visitar las iglesias locales de diversos países, y llegar a conocer a los líderes y sus historias.

    En definitiva, considero mi rol en el CMM como el de pastor y animador: alguien con los oídos y ojos abiertos a la iglesia mundial, que ayuda a fomentar esta visión.

    ¿Y cuál es su visión para el CMM?

    La esencia de nuestro ministerio es la reconciliación. Quisiera para mí y para la iglesia, que estemos reconciliados con Dios mediante Jesucristo. Quisiera que conozcamos el poder de su resurrección, y que sepamos que la energía para nuestros encuentros mundiales surge de esa realidad fundamental.

    Pero dicha reconciliación con Dios mediante Cristo es sólo una parte de la ecuación de la reconciliación. La misión es una labor reconciliadora que incluye la dimensión de llamar a individuos a la fe –a la salvación, arrepentimiento, perdón y renovación por el poder del Espíritu Santo– y la dimensión de promover y restaurar los vínculos entre personas dentro y fuera la iglesia, y en el marco de la ecología mundial.

    La visión bíblica de Dios es la de unir todas las cosas en Cristo. Como anabautistas, es necesario integrar la labor de la conversión individual y la labor de paz y justicia. Si perdemos uno u otro aspecto, perderíamos toda la razón de nuestra existencia.

    Devin Manzullo-Thomas, anterior Redactor responsable de Correo, entrevista a J. Nelson Kraybill, nuevo presidente del CMM, respecto a su llamado al ministerio cristiano, sus responsabilidades en su país de origen y en todo el mundo, y su visión para la labor reconciliadora del CMM.

  • Cómo ser independientes estando juntos

    En el principio, el varón estaba solo. Aunque Dios creó todos los animales y se los trajo al varón  para que les pusiera nombre, el varón estaba solo; aun así no se quedó nada conforme. Dios lo advirtió. Sopló suavemente en él un sueño muy, muy profundo, y mientras dormía, tomó una de sus costillas y creó la otra parte del varón: la mujer.

    Desde ese primer día en adelante, la humanidad fue comunidad.

    Desde el día en que nacemos, formamos parte de una comunidad. Ya sea una familia, tribu, orfanato o escuela, nunca estamos solos. La comunidad nos alimenta, nos asea, nos enseña a distinguir el bien del mal, nos cría.

    Nos hace más fuertes de lo que somos, porque allí somos más que una sola persona. Somos muchos. Nos hace más débiles de lo que somos, porque tenemos que someter nuestra voluntad a las reglas de la comunidad, renunciar a nuestra autonomía.

    En comunidad, no podemos permanecer solos. El interés del grupo colisionará con el del individuo, causando fricción, dolor y frustración.  Pero no tenemos otra alternativa. Ser humano es ser parte de una comunidad.  No podemos sobrevivir solos.

    Aun así, todos ansiamos tener autonomía. Al crecer, ponemos a prueba las reglas y límites de nuestras comunidades. Lo vemos en los niños pequeños, desafiando el “no” un poquito más para ver hasta dónde pueden llegar. Lo vemos en adultos jóvenes rebeldes que hacen su propio camino en la vida,  y toman sus propias decisiones. Y sí, autonomía significa literalmente hacer reglas propias. Pero la interpretación moderna se inclina más a cómo uno va forjando su propio camino en la vida para ser independiente.

    Quisiéramos desesperadamente opinar sobre todo lo que nos interesa, tomar nuestra propias decisiones, hacer y ser lo mejor posible. En estos tiempos modernos, nos enorgullece nuestra autonomía, poder arreglarnos solos, vivir según nuestras propias reglas y defenderlas.

    Luchar contra la comunidad

    Pero la autonomía no es ninguna diversión.  De hecho, es una lucha constante. Y siempre lo ha sido, tanto en la época del Antiguo Testamento, como en la tan conocida historia de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham.

    Aun antes de que naciera, Jacob estaba en comunidad. Incluso como bebé no nacido, no le agradaba demasiado. Él y su hermano mellizo pelean terriblemente en el seno materno, tanto es así que su madre Rebeca se pregunta por qué seguirá viviendo. Cuando nace Jacob, todavía estaba agarrado del tobillo de su hermano mayor.

    En el libro de Jacob, Jacob aparece primero. Siempre.  No hay reglas que no sean las suyas. Y acomoda la comunidad a sus reglas.

    Fácilmente, con sólo un plato de comida caliente, estafa a su hermano Esaú para quitarle su primogenitura. Luego, Jacob engaña a su padre. Isaac, ciego a causa de la vejez, pronto a morir, está a la espera de Esaú para darle su bendición. Entra Jacob, fingiendo ser su hermano mayor, y sin piedad le roba la bendición patriarcal.

    Jacob ahora posee todo lo que le pertenecía legítimamente a Esaú. Lo ha conseguido todo y, a la vez, lo ha perdido todo. Ya no puede permanecer en la comunidad que tanto despreciaba. Debe huir para salvar su vida.

    Vivir según las propias reglas y vivir en comunidad no concuerdan demasiado.

    Tomar sus propias decisiones

    Al huir de la escena del crimen, Jacob abandona todo. O eso cree. Pero antes de salir rumbo a lo desconocido, tiene un sueño. Dios promete acompañar a Jacob dondequiera que vaya. Dios lo protegerá, lo traerá de vuelta, Dios no lo abandonará hasta que Dios haya cumplido con su promesa.

    Como siempre, Jacob no está seguro. Llama el lugar, la casa de Dios, pero de inmediato empieza a negociar.  Si Dios de verdad me acompaña, si realmente me protege y provee, pues entonces, Dios sí será mi Dios.

    Jacob no se rinde fácilmente. Si Dios quisiera acompañarlo, pues bien. Pero Jacob es el que decide.  De eso se trata la autonomía, ¿verdad?

    Y la historia continúa.  Es conocido el amor de Jacob por su Raquel. Pero al intentar casarse con ella antes de que se casara Lea, su hermana mayor, una vez más Jacob procura que la comunidad se acomode a sus propias reglas. Curiosamente, no era rival para lo que tramaba Labán, y termina con cuatro mujeres.

    Después de veinte años de duro trabajo, Dios le pide a Jacob que regrese a Canaán. Jacob toma a sus mujeres, sus once hijos y una hija, arrea los rebaños, y desaparece cuando Labán estaba ocupado esquilando las ovejas.

    Nuevamente, Jacob decide sin tener en cuenta a los demás. Vive según sus propias reglas, temores y suposiciones. Al huir junto con sus esposas e hijos, ignoró el hecho de que también formaban parte de la vida de Labán: hijas, nietos, futuro.

    Por supuesto que está en todo su derecho como persona autónoma. Vive según su propia ley. No hay consideración por ningún tipo de comunidad.

    Entregarlo todo

    Sorpresivamente, y a punto de llegar a casa, el leopardo cambia sus manchas. Jacob se da cuenta de que Esaú podría no estar muy feliz de darle la bienvenida, al recordar cómo Jacob lo había engañado. Jacob trata de asegurarse la paz, y envía a algunos mensajeros. Pero éstos regresan, avisando que Esaú venía en camino con unos cuatrocientos hombres. Jacob (impresionado, preocupado, asustado), confronta ahora las consecuencias de sus decisiones anteriores: ¿y si Esaú se quedara con todo, esposas, hijos, rebaños, riquezas? ¿Querría vengarse, tomar represalias?                                                                                                                                                          

    ¿Y si la comunidad sirviera de escarmiento a quien busca autonomía?

    Entonces, Jacob toma una decisión audaz: por voluntad propia le entrega todo a Esaú. Al hacerlo, trata de reparar el daño hecho.  Reconoce su error, y las consecuencias de sus decisiones en la vida de Esaú.

    Al entregar todo lo que había logrado gracias a su autonomía, Jacob de hecho le entrega su propia autonomía a Esaú.

    Y así, nos introducimos en esa escena épica, en la que Jacob lleva a sus esposas e hijos, todo lo que posee, al otro lado del río, y regresa.  Ahora está total y verdaderamente solo. No le queda nada. Ni siquiera su autonomía.

    Y entonces alguien llega y lucha con él. Toda la noche. Alguien. Sin nombre. Sin identificación, excepto la ominosa, ¿por qué me preguntas mi nombre? (32:29) ¿Será Dios mismo? ¿Uno de sus mensajeros? ¿O tendríamos que interpretarlo todo más metafóricamente? ¿Estará Jacob luchando consigo mismo?

    Quizá. Después de todo, la vida de Jacob es una gran lucha con la gente de su entorno, sus reglas y expectativas, consigo mismo y sus propias decisiones, y cómo transita la vida. Quizá al final, lucha con Dios. O consigo mismo. U otra persona metafórica. No importa.

    Lo que importa es que sale ganando. Con una nueva bendición. Con un nombre nuevo. Ya no Jacob: “el agarra-tobillo”, sino Israel: “el que lucha con Dios”.

    Jacob ya no procura enriquecerse agarrando el tobillo de otros, provocando su caída y fracaso. En cambio, lucha el resto de su vida, cada nuevo día. Con la gente a su alrededor, con Dios, y  más que nada‚Ķ consigo mismo.

    ¿Y saben qué? La mayoría de las veces, sale ganando. Apenas rengueando, pero de todos modos, ganando. Y, al cruzar el río, amanece un nuevo día. Nace un patriarca.

    ¬°Qué historia!

    Una lección sobre las consecuencias

    Pero lo realmente asombroso de la historia de Jacob es que no condena explícitamente a Jacob o sus acciones. En ningún momento de la historia, ni siquiera Dios mismo, desaprueba explícitamente lo que Jacob hace.

    Uno puede sentir que no está todo bien ni hermoso, pero la historia en sí lo calla. Sólo muestra las consecuencias, los efectos de las acciones de Jacob: tiene que huir y abandonar todo. Vive siempre con miedo, de Esaú, de Labán, y nuevamente de Esaú. Tiene que volver a empezar una y otra vez.

    La historia nos cuenta todo eso, pero nunca nos dice que Jacob obró mal.

    Uno puede sentirlo. Uno puede leerlo entrelíneas, pero en realidad uno sólo se lo imagina. La historia nunca lo dice.

    Por eso es una historia tan intrigante. Jacob no es ningún santo, ni bueno por naturaleza ni un ser humano maravillosamente piadoso. Constituye un buen ejemplo porque no es en absoluto ejemplar. Es igual a cualquiera de nosotros. Y así, en nuestras mentes y corazones, fácilmente completamos lo que falta. Sentimos cuán equivocadas son algunas de sus decisiones como si fueran nuestras. Temblamos, pensando en las consecuencias. Esperamos, ansiosamente, que todo termine mal en la historia.

    Y nunca ocurre. Pese a que vive según sus propias reglas y casi nunca reconoce los derechos de los demás, no se juzga a Jacob, excepto cuando Jacob se juzga a sí mismo. Fundamentalmente, de esto se trata la historia.  Autonomía. Vivir según reglas propias. Crear tu propia ley.

    Porque autonomía no sólo significa tomar tus propias decisiones y vivir según reglas propias. Significa que uno tiene que juzgarse también a sí mismo. No hay nadie más. Ni siquiera Dios, según esta historia. Uno tiene que resolverlo solo. Dios sencillamente te acompaña, cualesquiera sean las consecuencias.  Es Jacob quien exige e impone condiciones, no Dios.

    Y esa es una lección del Antiguo Testamento para toda la gente moderna como nosotros, que  tiene ansias de autonomía.

    La autonomía conlleva el reconocimiento de que la gente de tu entorno (tu comunidad) limita la libertad de tomar tus propias decisiones y hacer tus propias reglas. Autonomía, en este sentido moderno, no tiene que ver con determinar tus propias reglas sin importarte nada, sino en comprender, aceptar y reconocer a las otras personas en tu vida. Se trata de respetarlas por voluntad propia porque juntos conforman una comunidad.

    Entonces, la pregunta es: ¿seremos capaces, seré capaz de forjar mi propia vida dentro de estos límites? ¿Podré vivir mi vida libre e independientemente (autónomamente) en comunidad?

    ¿Seré lo suficientemente maduro para reconocer el hecho de que no estoy totalmente a cargo de mi propia vida? ¿Podré aceptar que estoy estrechamente vinculado a la gente que amo, a la comunidad que me rodea y a Dios que me acompaña a dondequiera que vaya?

    O, en un sentido más amplio, ¿será posible que iglesias diversas mantengan su autonomía en la comunidad anabautista en general? ¿Estamos preparados para luchar?

    La historia de Jacob nos enseña que no está mal seguir nuestro propio camino en la vida. No está mal probar nuestra fortaleza y esforzarnos por lograr autonomía. No se trata de tener razón o no. Se trata de tomar tus propias decisiones, y a la vez, reconocer las decisiones de la comunidad que nos rodea. Se trata de reconocer el daño, el dolor y la frustración de ambas partes. Se trata de asumir responsabilidad. Por nuestras acciones y por las acciones de la comunidad. Por uno mismo. Y, si fuera necesario, reparar el daño que hayamos causado.

    Ese tipo de autonomía, madura, moderna, no llega fácilmente. Madurar no es fácil. Mantener cierto sentido de autonomía en la comunidad, es como luchar constantemente con la gente, con Dios y, sobre todo, con uno mismo.

    Y aunque ganes, quedarás medio rengueando.

    Wieteke van der Molen, de los Países Bajos, disertó el viernes de noche, 24 julio de 2015, en la 16¬™ Asamblea. Está a cargo de la pastoral de una pequeña congregación rural menonita al norte de √Åmsterdam, y le encanta leer y contar historias. 

     

  • “Caminemos con Dios” es el tema principal de nuestra próxima Asamblea mundial, a realizarse del 21 al 26 de julio de 2015. Sin embargo, ¿cómo podremos caminar juntos si no creemos exactamente lo mismo? Esta pregunta me la formuló un líder unos meses atrás cuando visité su comunidad. Comencé a responder de la siguiente manera: “En el Congreso Mundial Menonita, amamos la diversidad…” Pero él puso fin abruptamente a la conversación al insistir que no era posible caminar con quienes pensaran de modo distinto a uno.

    Éste pareciera ser el mensaje que escuchamos repetidamente en todo el mundo, especialmente al tratarse de diferencias religiosas. Aun en nuestra historia anabautista tenemos un largo historial de fragmentación y divisiones que surgieron a causa de fuertes discrepancias doctrinales y éticas. ¿Es posible –incluso deseable– tener una comunidad mundial cuando existe tanta diversidad de culturas, decisiones éticas e interpretaciones teológicas?

    Diría que en el CMM hemos descubierto que la diversidad no sólo es posible sino saludable. Tal diversidad se manifiesta cuando compartimos el mismo fundamento establecido, que es Jesucristo.

    Cuando indago en las Escrituras, encuentro al menos tres razones por las que haría falta una comunidad mundial multicultural muy diversa:

    Primero, Jesús. Hay cuatro evangelios que se refieren a Jesús. Cada uno refleja la experiencia de su autor con Jesucristo. Estos escritos teológicos no muestran a Jesús de la misma manera. Existe mucha diversidad entre ellos. ¿Por qué no tenemos sólo un evangelio? ¿Por qué hace falta cuatro puntos de vista diferentes que brinden cuatro interpretaciones sobre Jesús? Desde sus comienzos, la iglesia consideró que dicha diversidad era fundamental, que podría ayudarnos a comprender quién era Jesús. La primera iglesia no procuraba armonizar los cuatro evangelios a fin de darnos un relato singular y homogéneo sobre Jesús. Hace falta la diversidad a fin de conocer mejor a Jesús.

    Segundo, la ética. El texto sobre el amor en 1 Corintios 13 se encuentra en un contexto de diversidad y profundos desacuerdos. En dicho contexto, los creyentes, por ejemplo, diferían respecto a lo que podían comer o no. Estos mismo creyentes tomaban distintas decisiones referentes a dicho problema ético, decisiones que son posibles dado que el Evangelio en sí no brinda una respuesta definitiva. En este contexto, el apóstol Pablo exhorta a amar. En base a este ejemplo, pareciera que se necesitan la diversidad e incluso los desacuerdos en el cuerpo de Cristo si quisiéramos conocer el significado de la unidad, el amor, el perdón, la paciencia y la abnegación. Es fácil amar a quienes piensan de la misma manera que uno, pero, ¿seremos capaces de amar a quienes piensen de otro modo?

    Tercero, la visión. Camino a Emaús, los discípulos descubrieron la verdad sobre la resurrección de Jesús sólo cuando se sentaron a la mesa y comieron juntos –con Jesús en medio de ellos– a pesar de las diferencias. Durante la larga caminata desde Jerusalén, resistieron la tendencia a caminar alejados unos de otros debido a sus interpretaciones teológicas divergentes respecto al Mesías. No hallaron a Jesús por medio de largas discusiones teológicas. Podían ser más receptivos sólo al compartir una comida. Obtenemos una nueva visión de otros seguidores de Cristo –y de Cristo mismo– cuando podemos ver a las personas no como nuestros contrarios, sino como miembros de nuestra familia. Con la familia, es posible sentarse a la mesa y comer juntos pese a nuestras diferencias.

    ¿Por qué hace falta una comunidad mundial? Esta pregunta constituye uno de los temas que abordaremos en el presente número de Courier/Correo/Courrier. Hace falta una comunidad mundial y la diversidad que conlleva, a fin de conocer mejor a Jesús; profundizar nuestra experiencia de unidad, perdón, amor, paciencia y abnegación; y estar abiertos a nuevas realidades que propicien vínculos estrechos.

    Que Dios nos ayude a caminar juntos y amar nuestra iglesia mundial tan diversa. Espero poder vivenciarlo de alguna manera durante Pennsylvania 2015. ¡Acompáñenos, y caminemos con Dios!

    César García, secretario general del CMM, desde su oficina en la sede central en Bogotá, Colombia.

  • “Los colombianos no se pelean por dinero. Se pelean por poder”, según una misionera estadounidense, tras varias décadas de ministerio en Colombia. Se refería a la situación siempre presente de vínculos rotos entre líderes de la iglesia a causa de los conflictos.

    Después de veintidós años de servicio en Colombia, debo reconocer que esa es la triste realidad de nuestras iglesias. Durante este tiempo, he sido testigo de muchos conflictos nocivos surgidos en nuestras congregaciones, y también de demasiados vínculos rotos, y por ello, he visto alejarse a gente que quedó dolida.

    Pero, en el breve periodo que he servido en el Congreso Mundial Menonita, he descubierto que la problemática del abuso de poder y los conflictos nocivos entre líderes no se circunscriben únicamente a la realidad colombiana. De hecho, me he dado cuenta que, al parecer, son temáticas transculturales que están presentes en todos los pueblos y naciones, y un gen trans-anabautista que ha afectado a todas nuestras iglesias. Pese a las diferencias culturales y teológicas, la problemática del abuso de poder y los conflictos entre líderes nos han acompañado desde la época de Caín y Abel.

    ¿Cuáles son algunas de las características que he observado en los líderes de la iglesia de todo el mundo, relacionadas con conflictos nocivos y abuso de poder? Por ahora, puedo mencionar las siguientes:

    Necesidades personales no resueltas. Existen debilidades emocionales muy evidentes cuando los líderes enfrentan conflictos. Por ejemplo, algunos líderes tienen gran necesidad de ser reconocidos. Esperan recibir un trato especial o una manifestación de agradecimiento por su servicio. Cuando esto no ocurre, pueden reaccionar agresivamente, o sumirse en la pasividad y la autocompasión. Muy distintas serían nuestras iglesias si aprendiéramos a orar como la Madre Teresa: “Señor, que no busquemos tanto ser amados como amar”.

    Otro ejemplo tiene que ver con los líderes que llenan la sensación de vacío con los privilegios que conllevan algunos cargos eclesiales. Dichos líderes temen perder estos privilegios, y en consecuencia hacen todo lo que les sea posible para aferrarse a ellos. No les importa si por el camino alguien pudiera salir lastimado. Para ellos es más importante satisfacer sus propias necesidades emocionales que la gente por la cual fueron llamados a dar su vida.

    Perfeccionismo extremo. Es evidente cuando los líderes no están dispuestos a reconocer sus errores o a pedir perdón cuando hayan ofendido a alguien. Ser vulnerable no es algo fácil para algunas personas que tienen cargos de liderazgo. Por algún motivo tales líderes piensan que si abrieran su corazón y reconocieran sus errores, perderían autoridad. El concepto de un líder fuerte y solitario, que no expresa sus sentimientos, está avalado por una interpretación cultural que no acepta la idea del liderazgo como servicio, que en términos cristianos se realiza desde una posición de vulnerabilidad y desde nuestras dolencias, y no desde una posición de poder.

    Implementación de la uniformidad. La consecuencia lógica para los líderes que abusan de su poder es la supresión de la diversidad. Este tipo de líderes no tolera a los que piensan de manera diferente. Cuestionan las diferencias teológicas o los diversos estilos de liderazgo, que son definidos como pecaminosos por las personas que ejercen su liderazgo autoritariamente. Como la diversidad se percibe como una amenaza, estos líderes exigen que se usen credos como una herramienta para medir la ortodoxia, sin reconocer que la diversidad ha formado parte de la fe cristiana desde sus inicios.

    Estas características se encuentran en muchos líderes que no conocen otra manera de ejercer su responsabilidad. Es necesario un nuevo modelo de liderazgo en el mundo. ¿Cómo pueden las iglesias responder a tal necesidad? Dios nos llama a brindar una nueva modalidad de liderazgo: un estilo de liderazgo que no busque sus propios intereses sino el bienestar de los demás; un estilo de liderazgo que reconozca sus errores y que se ejerza desde una posición de vulnerabilidad; un estilo de liderazgo que celebre la diversidad en vez de suprimirla o perseguirla. Espero que el número octubre de 2014 de Courier/Correo/Courrier nos ayude, como familia mundial de fe, a avanzar en dicha dirección.

    César García, secretario general del CMM, tiene su oficina en la sede central en Bogotá, Colombia.

  • Si alguien te pidiera que te definieras con unas pocas palabras, ¿cuáles serían? ¿Cambiarías esas palabras para describirte cuando estás con tu familia, en el trabajo o al viajar a un lugar lejano?

    Descubrí que las palabras que empleo para definirme cambian según el contexto cultural. Cuando vivíamos en Toronto, las dos palabrás más básicas que usaba eran “cristiana” y “mujer”. Constituían los dos aspectos de mi vida que marcaban la diferencia respecto al modo en que vivía. Imaginen mi sorpresa cuando nos mudamos a África del Sur y dichas palabras ya no reflejaban los aspectos clave de mi identidad.

    Toda la gente con la que nos relacionábamos se definía como cristiana, así que esto se daba por hecho. Era mucho más importante ser madre que ser mujer. Además, en África del Sur, ser blanca era lo más importante, un aspecto de mi identidad que había dado por sentado en Canadá.

    Mujer cristiana: dos aspectos importantes de mi identidad en Canadá. Madre blanca: dos aspectos distintos de mi identidad que se volvieron los más importantes en Lesoto. Cambió el modo de percibir mi identidad, aunque yo no hubiese cambiado.

    Este cambio ilustra la primera cuestión que quisiera plantear: la cultura importa, porque la cultura define quiénes somos.

    La segunda cuestión es que el lenguaje importa. Sé un poco de varios idiomas, y me fascinan aquellas palabras que existen en un idioma y que no tienen una traducción directa en otro. En Sesotho, aprendí que existe una palabra para una parte del cuerpo que no se cura bien después de una fractura o herida; en inglés no existe tal palabra. En español y francés existe una hermosa palabra, animador/a o animateur, quien facilita el liderazgo de los integrantes de un grupo, concepto inexistente en inglés. Y en alemán existe la hermosa palabra, gemeinschaft, que personas de habla inglesa han traducido como “hermandad” y “comunidad”, aunque dichas traducciones no logran captar la profundidad que tiene en alemán. Cada uno de estos ejemplos destaca el hecho de que el lenguaje importa porque nos brinda los conceptos que son importantes en nuestra cultura.

    Existen algunas diferencias profundas entre los diversos idiomas y culturas de todo el mundo, diferencias mucho más profundas de lo que nos damos cuenta. La cultura, determinada por el lenguaje, repercute en nuestra cosmovisión, el conocimiento de sí mismo y el sentido de identidad. Y esto representa un desafío especial para cristianos y cristianas, cuyas creencias y prácticas están determinadas por la cultura y el lenguaje, aunque nuestra fe trascienda tales categorías.

    Ejemplos bíblicos de diferencias

    La Biblia nos brinda algunas imágenes e historias para explicar y entender nuestras diferencias basadas en lenguas y culturas, y para mostrarnos cómo tales diferencias podrían de hecho ser parte del plan de Dios para edificar la Iglesia.

    El primer libro de la Biblia, Génesis, relata la historia de la Torre de Babel, que ofrece dos razones para explicar los distintos grupos idiomáticos. Una razón es que la unidad basada en la identidad única, lleva al orgullo; y la otra es que la unidad basada en la identidad única, es una respuesta al temor. En Génesis 11:4-6, leemos que la gente quería ser famosa y temía estar dispersa. Ambos impulsos están arraigados en que las personas dependen de sí mismas en vez de depender de Dios: “Veo que todos forman un solo pueblo y tienen una misma lengua. Esto es lo que han comenzado a hacer, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer”.

    El teólogo Walter Brueggeman señala que en esta historia querían ser grandes personas debido a su identidad única: la misma lengua, la misma comida, la misma vestimenta, misma cultura. Se puede lograr mucho en una cultura homogénea. Brueggemann plantea que Dios dispersa a la gente para mostrarle una manera mejor.

    La unidad que Dios quisiera para la humanidad es la de una diversidad de personas reunidas por medio de la fe y valores comunes, y no por medio de la identidad única basada en el idioma y la cultura. Brueggemann sostiene que la variedad de idiomas y dispersión en esta historia no constituyen un castigo, sino que, en realidad, representan una oportunidad de estar a la altura del potencial mucho mayor que Dios desea para el mundo. Dios le dio a la gente de la Torre de Babel la oportunidad de experimentar las diferencias a fin de aprender a depender de Dios, y reunirse por medio de la fe en vez de la cultura. Hace falta una comunidad mundial para ser lo que Dios quisiera que seamos.

    Otra imagen bíblica relacionada con las diferencias aparece al final de la Biblia, en el último libro, en Apocalipsis 7: 9-14, donde leemos que innumerables personas, de cada nación, tribu y lengua, cantan y adoran juntas a Dios. Es la imagen opuesta a la Torre de Babel, y es un pequeño anticipo del cielo.

    Dicha imagen nos viene como parte de la historia en Apocalipsis, relacionada con la apertura de los siete sellos: siete acontecimientos que conllevan terribles consecuencias para la gente. En realidad, esta imagen figura entre la apertura del sexto y séptimo sello, como una pequeña pausa en la historia. Aquí nos encontramos con una imagen del pueblo de Dios, personas de cada cultura y lengua, que juntas adoran a Dios, a pesar de las pruebas, persecuciones y tribulaciones que padecen.

    En la apertura de los sellos, surge una pregunta en el versículo 13: “¿Quién es capaz de resistir todas estas pruebas?” La respuesta se da por medio de esta imagen: el pueblo multicultural de Dios que adora y alaba a Dios, con personas de todos los países y todos los idiomas, capaces de resistir toda persecución y tribulación. Hace falta una comunidad mundial para ser el pueblo que Dios quisiera que seamos, y para ser capaces de no desanimarnos ante la persecución.

    Llegar a ser el pueblo multicultural de Dios

    Para el pueblo judío de Israel, que creía que era el único pueblo elegido de Dios, esta imagen del pueblo multicultural de Dios representa un cambio radical de enfoque. En Efesios 3, Pablo afirma explícitamente que alguna vez los gentiles no sólo eran extranjeros y forasteros sino no circuncidados, y por consiguiente no eran parte de Israel, no formaban parte del pueblo de Dios. Pero ahora, concluye, por medio de Cristo, pertenecen plenamente [al pueblo de Dios]. El comentario de Pablo significó un cambio enorme en el modo de pensar de los cristianos judíos. Sólo a partir de entonces comprenderían que podía haber otras formas de adorar a Dios que sus tradiciones judías, especialmente las prácticas que les otorgaban identidad, tales como la circuncisión y las normas alimentarias.

    Para quienes piensen que su forma de adorar y comprender a Dios es la correcta, o la mejor o incluso la única forma, la imagen del pueblo multicultural de Dios en Apocalipsis 7 representa también un enorme cambio en su modo de pensar. Hace falta una comunidad mundial para ser el pueblo que Dios quisiera que seamos.

    Somos personas culturales, y nuestras tradiciones e idiomas son el medio para que comprendamos y adoremos a Dios. Hay mucho para celebrar de nuestras formas de adorar y comprender a Dios, donde sea que vivamos y adoremos. ¡Pero nuestras formas no son las únicas! Pueden ser más agradables y conocidas, y nuestros/as líderes incluso nos pueden dar explicaciones bíblicas minuciosas de porqué creemos que nuestras prácticas son las correctas. Como la gente en la Torre de Babel, muy a menudo tememos que las diferencias generen desunión y nos dispersen. Estamos muy dispuestos a depender del idioma, la cultura y la tradición para mantenernos unidos, en vez de depender de Dios para mantenernos unidos a pesar de nuestras diferencias. Es necesario que podamos llegar a ser como la gente de Apocalipsis, un grupo multicultural de personas que adoran juntas a Dios, capaces de resistir toda persecución. Hace falta una comunidad mundial para ser el pueblo que Dios quisiera que seamos.

    Un anticipo del cielo en la tierra

    Habiendo estudiado sociología, sé que todo grupo se esfuerza por definir su propia identidad y su propio modo de hacer las cosas, y que tales modos de pertenencia son importantes. Todos/as deseamos pertenecer a un grupo para compartir una determinada identidad; es parte de la naturaleza humana. La pertenencia es algo bueno. Sin embargo, estas historias de Génesis, Apocalipsis y Efesios nos ayudan a ver que Dios pretende que compartamos nuestra identidad fundamental con quienes siguen a Jesús, y no con quienes comparten nuestro idioma, cultura o nacionalidad. Pertenecemos a un pueblo cuya visión del mundo está determinada por Dios, la Biblia y nuestra comunidad de fe. Nuestra identidad primordial es ser cristianos y cristianas. Pertenecemos a una iglesia local y a una iglesia mundial. Esta identidad y pertenencia deberían ser la principal influencia que defina quiénes somos.

    Nuestras congregaciones son lugares de pertenencia, donde nos conocemos y gozamos similares estilos de adoración y seguimiento de Jesús. Pertenecer a una congregación local donde nos gusta cantar los mismos cantos u orar de la misma manera es algo bueno. Muchos/as pertenecemos también a convenciones regionales o nacionales, otro ámbito en el que compartimos costumbres y tradiciones que nos unen en una identidad común. Pero sé que aun en las congregaciones y convenciones siempre existen suficientes diferencias como para generar conflicto y tensión. Estas diferencias se magnifican cuando agrupamos un gran número de congregaciones y convenciones en un solo país, y luego según culturas, idiomas y países.

    Pertenecer al Congreso Mundial Menonita es diferente a pertenecer a una congregación o convención local. El CMM es la comunidad mundial de la iglesia anabautista, donde nos reunimos porque compartimos convicciones respecto a Dios, Jesús, el Espíritu Santo y la iglesia. Es el lugar donde podemos apenas anticipar el cielo en la tierra, un anticipo de cómo adorar a Dios con personas de diferentes naciones, diferentes culturas y diferentes idiomas. Es un anticipo de cómo ser el pueblo que Dios quisiera que seamos, un pueblo unido por medio de algo más que el idioma, la cultura o costumbres y tradiciones locales.

    El CMM es el espacio donde podemos aprender de nuestra diversidad cultural sobre lo que significa seguir a Jesús. Creo que la mejor manera de responder la pregunta, “¿qué significa ser cristiano anabautista hoy en mi contexto cultural?”, es indagar cómo la gente de otros contextos culturales responde dicha pregunta. El CMM es el espacio donde transitamos el camino de la fe con quienes son diferentes a nosotros/as: diferentes culturas, diferentes países, incluso diferentes tipos de anabautistas de diferentes convenciones. El CMM es el espacio en el que estamos unidos por nuestras convicciones compartidas como cristianos y cristianas anabautistas. Juntos, somos un poco del cielo aquí en la tierra. Juntos, tenemos la fortaleza suficiente para resistir persecución y tentación.

    Juntos con todos los santos

    Volvamos al pasaje escrito por Pablo a los cristianos de √âfeso, no a los cristianos judíos sino a los cristianos gentiles. En los capítulos 2 y 3 les recuerda que son conciudadanos del pueblo de Dios, miembros plenos de la casa de Dios, y partícipes de la promesa en Jesucristo. Aquéllo era un concepto nuevo y asombroso, aunque controvertido en ese entonces, que sigue transformando nuestra comprensión de las acciones de Dios en el mundo de hoy día. Somos todos/as miembros plenos de la casa de Dios, y partícipes de la promesa en Jesucristo, pese a todas las diferencias que nos dividen tan fácilmente.

    Pablo ofrece una oración para esta iglesia gentil en Efesios 3:14-21. Ora para que puedan entender la inmensidad del amor de Dios: su amplitud, extensión, profundidad y dimensión. Y ora para que puedan conocerlo “con todos los santos”. Me encanta esta pequeña frase. Creo que se refiere a que no podemos conocer verdaderamente la inmensidad del amor de Dios sin todos los santos. Es sólo en el desorden de las diferencias ‚Äìculturales, ling√ºísticas, políticas, teológicas y económicas‚Äì con todos los santos, que podremos empezar a comprender el amor de Dios. Hace falta una comunidad mundial para empezar a comprender la inmensidad del amor de Dios, y para ser el pueblo que Dios quisiera que seamos.

    Arli Klassen es directora de desarrollo del Congreso Mundial Menonita.

    Anabautistas de todo el mundo comparten la Cena del Señor durante la reunión del Concilio General del CMM en 2012, realizada en Basilea, Suiza. Foto: Merle Good

    Dos mujeres menonitas conversan entre ellas; una es oriunda de América del Norte y la otra de Indonesia. Para la comunidad anabautista, el CMM es el ámbito donde es posible este intercambio intercultural. Foto: Merle Good