No soy activista social, es el título de un libro de Ronald Sider. Situar a Jesús en un lugar central demuestra que cuestiones como la riqueza, la pobreza, la paz y la no violencia, la acción social y la política, son tan espirituales como la evangelización, la familia y el matrimonio. Según Abraham Kuyper, no hay un centímetro cuadrado de toda la Tierra que no pertenezca al Señor resucitado.
Por ese motivo, hacer justicia y cuidar de los demás no son cuestiones que solo interesen a activistas sociales. Constituyen lo esencial del ministerio de quienes siguen a Jesús. Incluso, como señala Sider, una acción social eficaz requiere el poder de la resurrección de Jesús.
Podemos ver lo fundamental que es confiar en el Espíritu Santo y el poder de la resurrección de Jesús en la acción social de la iglesia cuando comprendemos el significado de la palabra “solidaridad” desde una perspectiva bíblica. Solidaridad puede utilizarse para traducir la palabra hebrea hesed del Antiguo Testamento. Veamos un ejemplo:
“El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que abraces la hesed (solidaridad inquebrantable) y que obedezcas humildemente a tu Dios.” Miqueas 6:8 (DHH).
Hesed combina el amor puro, la generosidad y el compromiso duradero. Es una expresión del carácter; por lo tanto, no depende de cómo respondan los demás. Implica estar dispuesto a perdonar y a actuar para ayudar al prójimo. Se refiere tanto a la actitud como a las acciones.
Por consiguiente, la solidaridad –entendida como hesed– no se practica de forma vertical, desde arriba. Es horizontal e implica respeto mutuo. Como tal, no puede ser fruto únicamente de la voluntad humana. Es consecuencia de un encuentro personal y real con Dios. Al fin y al cabo, amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19).
Una de las razones por las que se estableció el Congreso Mundial Menonita hace un siglo fue para solidarizarnos con nuestras iglesias que enfrentaban la guerra, la violencia y la persecución. El Congreso Mundial Menonita constituye nuestra iglesia mundial, en la que seguimos a Jesús, vivimos la unidad y construimos la paz. Somos un organismo conformado por más de 10.000 congregaciones locales, agrupadas en 110 sínodos o iglesias nacionales. Contamos con alrededor de 1,5 millones de miembros bautizados. Nos necesitamos para seguir a Jesús; nos necesitamos para vivir la unidad; nos necesitamos para construir la paz.
Dios nos invita a actuar como Él, con amor puro, generosidad y compromiso duradero. Dios nos llama a responder a las necesidades de los demás miembros de nuestra iglesia universal con solidaridad y acciones desinteresadas, para que podamos experimentar la solidaridad dentro de nuestra familia de fe y transmitirla al mundo, un mundo que sufre las consecuencias de su alejamiento de Dios, fuente del amor fiel y de la solidaridad inquebrantable.
En la actualidad, al reflexionar sobre la solidaridad en este número de Correo, recordemos a nuestros hermanos y hermanas que enfrentan la guerra, la violencia, la pobreza y la persecución. Oremos por ellos. Compartamos nuestros recursos. Defendamos sus derechos. Acompañémoslos. Pidamos a Dios que el Espíritu Santo esté presente en nuestra iglesia para que podamos seguir respondiendo solidariamente.
—César García, secretario general del CMM, oriundo de Colombia, reside en Kitchener, Ontario (Canadá).
