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De visita con Danisa Ndlovu

Danisa Ndlovu, Presidente del CMM. Foto de Merle Good
fecha de publicación: 
Jueves, 13 Noviembre 2014

 

Amenazado de muerte por un grupo de Freedom Fighters (Combatientes por la Libertad) cuando tenía 19 años de edad, Danisa Ndlovu confiesa que siente que pudo haber nacido  “para un tiempo como este.”

“Por alguna razón yo estaba cantando una canción gospel con una voz muy fuerte esa mañana mientras caminaba hacia el río. Cuando me di cuenta de que los que estaban junto al camino eran de la milicia y que estaban armados hasta los dientes, seguí cantando, aunque sabía que estaba en peligro. Sentí que Dios estaba conmigo. Y cuando los combatientes me ordenaron entrar en su círculo y luego comenzaron a amenazarme, les dije que me podían matar.”

El miedo quedó atrás aquel día para el joven de Zimbabue.

El momento se convirtió en piedra angular para Danisa, quien se convertiría en obispo de la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabue en el año 2000, cuando el país se veía afectado por la escasez de alimentos y combustible, la corrupción y un gobierno aparentemente indiferente, una epidemia de SIDA y una inflación de más de 1.000% al año.

A pesar de estas circunstancias devastadoras, Danisa y los otros 29.000 o más Hermanos en Cristo en Zimbabue, invitaron al Congreso Mundial Menonita a celebrar su Asamblea de 2003 en la ciudad de Bulawayo. “Necesitábamos el aliento y el consuelo de nuestros hermanos y hermanas de otras partes del mundo,” reflexiona Danisa ahora, al anticiparse a “PA 2015,” la próxima Asamblea del CMM que se celebrará en Harrisburg, PA, 21-26 de julio, 2015.

Elecciones a temprana edad

Danisa, uno de ocho hijos, creció mayormente bajo el cuidado de su abuela ya que ambos padres necesitaban trabajos bien remunerados. “Mi abuela tuvo una gran influencia en mi vida y en mi fe. Me llevó a la iglesia y a la escuela dominical, las cuales siempre han sido parte de mi vida.”

Asistió a la escuela primaria y secundaria de los Hermanos en Cristo en Zimbabue y fue bautizado mientras estaba en la escuela secundaria.

Pero durante su adolescencia fue a vivir con su tía en una zona donde no había iglesia. “Me involucré con algunos chicos. . . fue un punto bajo en mi vida. Sin embargo, a mediados de los años 70, después de que regresé a casa, tenía tal hambre y sed de Dios que pensé que podría morir.

“Había evangelistas itinerantes en aquel entonces, y le pregunté a mi madre cuándo vendría el próximo a nuestra zona. Realmente pensé que no podía esperar. Estaba pasando por una gran sequía, una absoluta falta de esperanza.

“Cuando volví a dedicar mi vida a Cristo un Viernes Santo en 1976, el evangelista me preguntó si me gustaría ir a una escuela bíblica. Cuando le dije que mis padres no contaban con los recursos, me preguntó de dónde había sacado Pedro, el discípulo, los recursos para pagar sus impuestos. ‘De la boca de un pez,’ contesté.

“Me dijo que fuera a la escuela bíblica, y me fui sin dinero. Esa experiencia me enseñó a orar. Fijé un lugar de oración. Y el dinero para pagar las matrículas llegó. Y así es como he vivido mi vida.

Danisa manifiesta su desconfianza en el evangelio de la prosperidad. Dice, “Promete que todo va a salir bien y estará bien. Pero eso no es verdad. Seguir a Cristo tiene su costo. Habrá sacrificio. Sin embargo, descubrí que habrá suficiente para suplir nuestras necesidades.

“Cuando terminé la escuela bíblica, pero sin un sentido claro de lo que debía hacer, me sentí muy desanimado y tan solo. Le pedí a Dios que me ayudara a entender lo que estaba pasando, y un día oscuro en el parque, descubrí el Salmo 37:7 – ‘Guarda silencio ante el Señor. . . y espera pacientemente en Él.’

“Me levanté de un salto, tomé mis cosas, y me fui a casa, donde les dije a todos que iba a ser un evangelista.

“Un ministro me dijo que me veía muy pequeño y muy joven, pero dije, ‘Yo quiero ir.’ Con el tiempo me uní a un programa en donde pude ministrar y visitar las iglesias como evangelista itinerante.

“Fue un tiempo de tensión, y el país estaba inestable. Los Freedom Fighters siempre estaban tratando de reclutarnos. Oré para que alguien pudiera reemplazarme en caso de que me mataran.

“Sentí que Dios me protegía. Un día estaba sentado solo en la iglesia. De repente, cuando estaba sentado leyendo la Biblia, entró un grupo de soldados, todos completamente armados. Podrían haberme torturado o interrogado, pero sólo pasaron por una puerta y salieron por la otra. Nunca entablamos palabra.”

Influencias del liderazgo

Danisa no solo aprendió sobre la fe y el no tener miedo desde joven, sino que también aprendió sobre el liderazgo. “Parte de esto vino del entrenamiento, parte vino de observar a los demás, y parte vino de decidir de forma consciente lo que quería ser y hacer. Mi padre era un líder de la comunidad y fue de influencia para mí.

“Cuando era joven y trabajaba en una librería Cristiana, el gerente me preguntó, ‘¿Eres hijo de un hombre de edad?’ Le pregunté por qué había dicho eso. Me dijo, ‘La forma en la que  muestras respeto, te presentas, y tratas a otros me hace pensar que es así.’”

Durante los tiempos más difíciles en Zimbabue, mientras presidía el funeral de numerosas víctimas del SIDA y proporcionaba guía a los miembros de la iglesia en la búsqueda de hogares para los innumerables huérfanos, Danisa, junto con su esposa, Treziah, se disciplinaron a dar gracias por todo lo que podían.

Se conocieron en la escuela bíblica donde ambos eran estudiantes. “Tuvimos una relación seria desde el principio, pero caminamos juntos durante 11 años antes de casarnos, debido a nuestra educación y algunas cuestiones de familia.

“Cuando pasé por tiempos de tensión y de desafíos como evangelista, Treziah y mi mamá estaban orando por mí. Tuvimos una jornada de fe similar como pareja.”

Danisa y Treziah son padres de tres hijos adultos jóvenes – las hijas se llaman Thinkgrace y Trustworthy, y el hijo se llama Devotion. “Sus nombres reflejan nuestra gratitud y lo que queríamos recordar sobre lo que estaba sucediendo en nuestras vidas cuando cada uno nació,” dijo Danisa con una sonrisa.

Él ha obtenido fuerza y perspectiva de su familia cuando la vida en Zimbabue como líder de   iglesia ha sido casi aplastante. “Siempre que estoy en casa, tan a menudo como sea posible, reflexiono sobre el día con mi familia. Compartimos abiertamente sobre lo que nos hace feliz o no nos hace feliz. ¡Cantamos juntos, repasamos el día, y nos animamos o regañamos unos a otros!

“Cuando estoy enfrentando decisiones, le digo a mi familia cuales podrían ser los diferentes resultados. Esta noche que acostumbramos tener juntos la encuentro muy relajante y alentadora.”

Eligiendo ser agradecido

Ya sea que se enfrente a factores imponderables en su país o en su iglesia local, o los riesgos de la planificación de una Asamblea del CMM en los EE.UU., Danisa tiene el mismo enfoque. “Para mí es una cuestión de confiar en las promesas de Dios y creer en las Escrituras. No se nos ha dicho que todo irá bien. He aprendido a no quejarme sino a ser agradecido. En lugar de preguntar, ‘¿Por qué, Dios?’ Doy gracias por el amor y la presencia de Dios.

“Encuentro poder en agradecer y alabar en lugar de insistir en las respuestas. Hay poder en la creencia de que Dios está aquí conmigo. Cuando enfrento retos en mi liderazgo, elijo no concentrarme en las cosas que me desaniman. Me concentro en el poder de Dios y digo, ‘Camina conmigo.’ Esto no es vivir en negación, lo cual es canceroso. Puede que no tenga las respuestas, pero creo que Dios las tiene.”

Danisa, Presidente del Congreso Mundial Menonita desde el año 2009, en un viaje reciente a los EE.UU. habló con franqueza pero con cuidado acerca de sus esperanzas para PA 2015. “Cuando la iglesia mundial se reúna el próximo verano en Harrisburg, espero que la experiencia sea una ventana, abra los ojos para que todas las iglesias que asistan puedan ver más allá de sí mismas. Todos estamos tentados a creer que la iglesia comienza y termina en nuestro propio grupo.  

“Observo que las congregaciones en América del Norte están cómodas y relajadas y parecen sentir que tienen todo más o menos bajo control. Pero como iglesia mundial, somos una familia. Y no es una cuestión de que algunos de nosotros ‘tenemos’ y otros ‘no tienen.’ Nos pertenecemos el uno al otro. Mantenemos relaciones.”

El regalo del Congreso Mundial Menonita

Nada supera, dice Danisa, el pasar cinco días y medio como una familia mundial, en el  “espacio neutral” que el Congreso Mundial menonita ofrece durante sus Asambleas. Ese espacio no pertenece a ninguna iglesia o agencia. Es un lugar donde las iglesias pueden tratarse entre sí con verdadera reciprocidad, mientras disciernen, adoran, sirven y tienen comunión juntas. Danisa asistió a su primera Asamblea del CMM en 1984 in Estrasburgo, Francia. Él era el miembro más joven de la delegación de Zimbabue.

Espera con ansias presidir la Asamblea de PA 2015, donde un coro de Zimbabue espera cantar en los servicios de adoración. (“Estamos orando para que a todos se les conceda una visa,” comenta él.)

“Una Asamblea del CMM es una regalo para todos nosotros. Al estar juntos, vamos a sentir lo que es recibirnos unos a otros. Somos parte de un cuerpo viviente, y a veces tenemos que estar en el mismo lugar para poder mirarnos a los ojos. Cuando estamos en presencia unos de otros, esperamos la respuesta de la otra persona. Eso es mostrar un interés real. Cuando nos reunimos y hacemos el esfuerzo de ver y escuchar a los demás, empezamos a sentir los sentimientos más profundos de la otra persona.

“El mundo es demasiado pequeño para vivir de manera aislada unos de otros – geográfica y teológicamente. Cada una de las 101 iglesias nacionales que forman parte del CMM traen algo propio de sí mismas. Apreciemos nuestras diferentes tradiciones mientras que también trabajamos juntos.

“En América del Norte, el Señor les ha dado el privilegio de tener al mundo en su continente – con su gran diversidad internacional dentro de sus iglesias. Mi esperanza es que PA 2015 haga que las iglesias quieran trabajar juntas más.

“Cuando nos reunimos como pueblo de Cristo, debería poder plantar mi vida en tu vida. Eso es lo que significa ser vulnerable, ver al mundo de una manera diferente, de pertenecer a Dios y el uno al otro como una familia de fe.”

Artículo de Phyllis Pellman Good de Lancaster, PA, escritora y editora para el Congreso Mundial Menonita. Fotos de Merle Good.

 

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