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¿Ustedes serán mis testigos?

Foto: Harry Unger
fecha de publicación: 
Lunes, 11 Diciembre 2017

“Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

En Renovación 2027, Transformados por la Palabra: leer las Escrituras desde una perspectiva anabautista, en Augsburgo, Alemania, 12 de febrero de 2017, el Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas) reflexionó sobre Mateo 28,19–20 desde sus perspectivas locales. Las columnas de esta sección se adaptaron en base a sus presentaciones.


Dios nos ha asignado muchas tareas. Está prohibido robar o matar (Exódo 20,15.13). Se nos instruye a no ser celosos (Exódo 20,17), y a vivir una vida de paz y verdad (Romanos 12,18).

Muchas de estas instrucciones nos exigen cambiar nuestra manera de vivir: comportarnos mejor, ser más generosos, perdonar a quienes nos hayan agraviado.

Otras obligaciones se centran más en la vida de los demás: atender a los pobres, a los que sufren hambre o necesitan ropa (Mateo 25,34–36).

Pero, ¿y qué de la tarea que Jesús les encomendó a sus discípulos en Mateo 28,19–20?: “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.”

Muchos cristianos, incluyendo los menonitas, consideran esta tarea como una de las más importantes de las Escrituras. Merced a este mandamiento, hoy día hay muchos cristianos en el mundo. Imaginen si los discípulos hubiesen regresado a sus familias y a sus trabajos. Quizá de vez en cuando habrían pensado en los buenos momentos que pasaron con Jesús, pero seguramente las enseñanzas de Jesús poco a poco se hubiesen perdido.

Al contrario, vemos que en todo el mundo se reúnen personas comprometidas con las enseñanzas de Cristo. Juntos compartimos nuestra esperanza, fe y visión de amor y paz, y establecemos vínculos fraternales en asociaciones como el CMM.  

Una sociedad multicultural

Sin embargo, partiendo de mi contexto holandés, me resulta algo problemático llevar a cabo dicha tarea. Los Países Bajos conforman una sociedad multicultural. Tal como en otros países occidentales, el número de inmigrantes ha aumentado constantemente desde la Segunda Guerra Mundial, brindándonos muchas cosas buenas. Nuestra cultura se ha enriquecido mediante el conocimiento de otras creencias.

¿Cómo deben entenderse las instrucciones de Jesús en un mundo multicultural?

¿Mi tarea consiste en acercarme a mi vecino musulmán y pedirle que se convierta a mi religión? ¿Me corresponde decirles a mis amigos judíos que están equivocados y que les enseñaré lo que está bien? Esto no me parece correcto.

Me encanta hablar de mi fe con personas de todas las religiones, culturas y trasfondos. Pero mi fe también es algo personal. Existen muchas diferencias aun entre menonitas; a veces hay tantas cosas en común entre un amigo musulmán y yo, como entre otro cristiano y yo. ¿Se supone que tengo que decirles a los demás que yo estoy en lo cierto?

Me parece mejor seguir el ejemplo de Jesús con la mujer samaritana en Juan 4. Al sentarse y tomar agua juntos, compartieron historias y, de esa manera, compartían también su fe. Creo que éste es un ejemplo de personas de todas las naciones que conviven en armonía.

Una sociedad secular

No obstante, no sólo vivo en un mundo multicultural, sino que vivo en un mundo secular donde mucha gente siente que la “iglesia como institución” está desactualizada, y que la fe ya carece de sentido. Entonces, les digo a todos los que quieran escuchar que soy pastora no ordenado de nuestra iglesia menonita. Invito a la gente a que venga a escuchar, a ver si le interesa mi fe y ser cristiana también.

Fundamentalmente, creo que las acciones de todos son la manera más potente de dar a conocer lo que significa tener fe, de crear un mundo mejor y más pacífico en derredor.

Así que llevo a la práctica las demás palabras finales de Jesús:

Al velar por mis vecinos, actuando siempre amablemente más allá de mis propios sentimientos y ayudando a quienes estén necesitados, procuro poner manos y pies a la obra. Todos podemos.

—Jantine Huisman, miembro del Comité de YABs (Jóvenes Anabautistas), pertenece a la Iglesia Menonita Joure (Doopsgezinde Kerk Joure), una congregación (Algemene Doopgezinde Societeit) de los Países Bajos.

Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2017.
 
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