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Un llamado divino

Foto: Kevin Falk
Release date: 
Monday, 25 June 2018

Las praderas canadienses podrían parecer un lugar difícil para vivir. Hace mucho frío en invierno. La temporada de crecimiento es corta, y las opciones de cultivo son limitadas.

Es posible que los habitantes de las praderas de Canadá piensen que el cambio en los patrones climáticos sea algo positivo ya que, año tras año, los inviernos son más suaves de lo que recordamos. ¿Quién quiere andar en bicicleta sobre la nieve y el hielo cuando podría conducir un automóvil con calefacción? ¿Por qué deberíamos incomodarnos y preocuparnos por la Tierra?

Los científicos están haciendo sonar las alarmas sobre el estado de la Tierra. Como quieras llamarlo, lo que sea que creas que lo causó, los científicos coinciden en que el cambio climático está ocurriendo.

Para los cristianos anabautistas centrados en Jesús, en la comunidad y en la reconciliación, cuidar de la creación de Dios no es una acción política, sino un llamado divino.

En nuestra adoración a Dios, prestamos atención al entorno físico donde vivimos. Le agradecemos a Dios por su trabajo creativo, y asumimos nuestra responsabilidad como mayordomos. Nuestra tarea de atender y cuidar está escrita en todo el Antiguo y Nuevo Testamento, señala Muller Nzundzi en el artículo principal (págs. 3–10).

De igual manera, amamos a la gente, hecha a imagen de Dios, ya sea que esté cerca o lejos.

El cambio climático hace que las personas sufran: a menudo, los más afectados son los que tienen menos recursos para adaptarse o recuperarse. El aumento de la frecuencia y la gravedad de los patrones climáticos extremos significan que las tormentas son más destructivas, las sequías duran más y las inundaciones son más severas. El resultado son casas y medios de subsistencia destruidos, hambre, desplazamiento e incluso muertes.

Como cristianos, debemos ser conscientes de cómo nuestras acciones han afectado a nuestro prójimo -ya sea un vecino o quien esté del otro lado del mundo-, y emprender diversas acciones, grandes o pequeñas, para ayudar en vez de dañar el medio ambiente.

En las zonas rurales de Filipinas, una organización de raíces anabautistas llamada Café por la Paz, enseña que la Tierra no necesita sufrir para que los humanos puedan ganarse la vida (12). Capacitan a campesinos para que trabajen en paz con la tierra, y en paz con sus vecinos y con Dios.

Rebecca Froese de Alemania tiene la oportunidad de actuar a gran escala (11). Participa en el Consejo Mundial de Iglesias, y asistió a los Acuerdos de París sobre el clima para hacer un llamado a la justicia. También emprende acciones en su congregación local, tales como iniciativas solares y de reciclaje.

De manera similar, José Antonio Vaca Bello actúa de ambas maneras en Colombia (13). Trabaja con diversos aliados para instar a la moderación y a mejores prácticas, a fin de detener la degradación ambiental a causa de la explotación de recursos en su ciudad. Pero también participa en su iglesia local, enseñando que las medidas sencillas pueden marcar una diferencia.

Con sede en EE. UU., la Red Menonita para el Cuidado de la Creación (www.mennocreationcare.org/) proporciona recursos didácticos y litúrgicos que se pueden descargar desde su sitio web. Katharine Hayhoe, cristiana evangélica y científica climática, publica videos en YouTube y Facebook para enseñar sobre estas problemáticas. A nivel comunitario, Carole Suderman escribe consejos sobre la vida sencilla para su congregación menonita local, en Boulder, Colorado. A lo largo de más de veinte años, ha escrito unas mil sugerencias sobre prácticas domésticas, y actividades estacionales o de incidencia política. Todos estos pequeños pasos están arraigados en sus convicciones menonitas de sencillez, responsabilidad en la tarea que Dios nos encomendó y el amor por la gente.

Es fácil sentirse desesperanzados o fatalistas cuando consideramos la complexidad de la creación de Dios, y los cambios que está sufriendo debido a las acciones humanas. Nuestro llamado a participar en el reino al revés que Jesús anunció, no nos permite no hacer nada. El Dios que nos salva nos invita también a hacer su trabajo en la Tierra.

Karla Braun, redactora jefa de Correo y escritora para el Congreso Mundial Menonita, reside en Winnipeg, Canadá.

Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2018.