Artículos de fondo

Recordar y aprender

Foto: Tony Schellenberg
fecha de publicación: 
Jueves, 7 Marzo 2019

En Renovación 2027, El Espíritu Santo Transformándonos en Kisumu, Kenia, el 21 de abril de 2018, varias personas compartieron el testimonio de una experiencia acerca de la obra del Espíritu cambiando a las personas dentro la iglesia. Varias de los artículos en esta sección han sido adaptadas a partir de esas presentaciones. Algunos testimonios adicionales también cuentan sobre la obra del Espíritu Santo transformando las vidas.


 ¿Cómo podría hablar en forma adecuada sobre el Espíritu Santo? A menudo la obra del Espíritu Santo en mi vida ha sido convincentemente real, pero también ha desafiado mi capacidad para entenderla, y mucho más para expresarla.

He visto al Espíritu Santo obrar en la vida de la iglesia guiando a grupos desconcertados a llegar a una decisión. He visto al Espíritu Santo obrar en el mundo incrédulo sorprendiendo la incredulidad con la presencia de Dios. Ciertamente, he visto al Espíritu Santo obrar en mi propia vida de maneras predecibles tratando de hacer que sea una persona menos egoísta y destructiva.

La obra del Espíritu Santo puede ser la dimensión más subjetiva e inefable de nuestra experiencia espiritual. Siempre me ha fascinado Romanos 8,26: “Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras”.

He experimentado esto como una persona que planta iglesias.

Una temporada desalentadora

Fui pastor en un entorno urbano. Esta fue una historia mixta: la mitad de la congregación había sido fruto del trabajo de plantación de iglesias, la otra mitad estaba parcialmente establecida, pero era una congregación pequeña y a menudo inestable. Allí también se encontraban algunas personas sobresalientes.

Trabajando en ese entorno me volví relativamente pobre, y no se trataba de la pobreza romántica, estaba tratando de trabajar con personas que sufrían problemas aparentemente sin salida. Las cosas no iban bien, sentí que tenían poco respeto hacia el papel pastoral, pero luego sentí que para un pastor que planta iglesias el ser sensible a esto sería una excusa muy débil.

¿Por qué no podría estar más confiado y creer que Dios estaba aquí y que yo estaba haciendo lo que realmente importaba?

En todo caso, la vida no parecía encauzarse hacia un camino que llevaría al éxito, al bienestar, al amor y la calidez de una comunidad feliz. Era más bien como imaginarse lo que sería un matrimonio difícil. Ciertamente no era lo que yo había esperado cuando dejé mi vida de aspirante a músico para convertirme en una persona que planta iglesias.

Sentí como que estaba desperdiciando años (no meses, semanas o días), talento (en la forma en que estaba) y energía. Más aún, se sentía como que simplemente me estaba agotando y que no tenía nada apreciable para mostrar. Tenía poco poder o confort material para ofrecer a mi familia la cual experimentaba todo esto junto conmigo.

Dolió, y lo digo sin titubeos, ¡todavía duele!

Una visión de abundancia

En una cálida noche de verano sureña, mirando hacia la entrada de mi cochera llena de aceite medité, y mayormente me quejé al respecto. Mitad en oración y mitad en introspección, vi una imagen de agua siendo vertida en un balde con agujero en el fondo y esta agua corría por la entrada de mi cochera (en todas las direcciones).

Había llegado al punto de sentir cierta apatía hacia la apatía misma. Todo parecía triste e inútil, pero ese parecía ser mi destino. ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué desperdiciaría “nuestro” tiempo y recursos de esa manera?

En ese momento, creo que el Espíritu Santo me habló. No escuché palabras, pero las impresiones parecían ser auténticas y no solo una creación conveniente de mi propia imaginación dando vueltas.

Mis fuerzas y recursos son ciertamente limitados e imperfectos, pero el agua viva de la Palabra de Dios que yo estaba tratando de derramar sobre el mundo no es un recurso finito; no se puede agotar y de todos modos no me pertenece. La fuente de esta agua no se iba a agotar. ¿Quién sabe dónde va a parar toda esta agua derramada en el piso? Era parte de una historia más amplia que puedo o no entender.

Mi situación no cambió y de alguna manera, sin embargo, descubrí que aunque era frustrante podía experimentar la paz de Dios. Esa paz todavía puede ser esquiva o vaga, sin embargo, era real y podría afirmarse cuando fuere necesario.

Desde entonces, en varias ocasiones he tenido que recordarme a mí mismo y volver a aprender esta verdad sobre la presencia de Dios, pero al hacerlo, generalmente vuelvo a pensar en el agua que salía del balde esa noche en la que meditaba.

Sobrepasó todo entendimiento, y todavía lo hace.

—Reuben Sairs es instructor y bibliotecario en Rosedale Bible College y pastor asociado en London Christian Fellowship en London, Ohio, una iglesia CMC (Conferencia Menonita Conservadora).

 

Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2018.