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¿Maldición o bendición?

Release date: 
Tuesday, 20 January 2015

El poder en el liderazgo de la iglesia: En busca de un compromiso común para edificar juntos la iglesia

Como comunión mundial de iglesias afines al anabautismo, compartimos el común compromiso de edificar juntos la iglesia. A la vez, reconocemos que la iglesia necesita líderes que se hagan responsables de guiar el rebaño. En medio de esta similitud, reconocemos que el poder se ejerce de diferentes maneras en diversos contextos del liderazgo de la iglesia. En el presente número de Courier/Correo/Courrier, escritores de toda nuestra hermandad consideran distintas maneras en que los anabautistas abordan cuestiones de poder en el liderazgo de la iglesia, las luchas y desafíos, y también las bendiciones y beneficios.

¿Maldición o bendición?

El primer recuerdo que tengo del poder en el liderazgo de la iglesia fue cuando observaba el respeto reverencial que se le tenía al pastor. Al comienzo de un culto el pastor y otros líderes no se veían en el auditorio; estaban en alguna sala del fondo. Luego comenzaban los cantos y entonces los líderes hacían su ingreso, en fila, con las biblias e himnarios debajo del brazo. Al final de la canción, en la sala reinaba el silencio y gran expectativa.

De alguna manera, sin haber recibido alguna enseñanza al respecto, llegué a la conclusión de que un pastor era un hombre santo, que estaba más cerca de Dios que todos los demás. Noté que incluso, si expresaba una opinión cuando no estaba detrás del púlpito, ésta se aceptaba sin discusión o disputa. Escuchaba a los adultos que tenía cerca y me daba cuenta de las veces que repetían, “El pastor dijo…” Era como si el pastor fuera la máxima autoridad. Yo también aprendí a venerarlo a él y a todos los pastores que conocí.

A medida que fui creciendo y empecé a leer la Biblia por mi cuenta, descubrí una nueva intimidad con mi creador. Mi interpretación de la relación de Dios con la humanidad sufrió un cambio enorme, y como resultado cambió también mi interpretación de los líderes de la iglesia. Aunque aún tengo en estima a los pastores como mis líderes, también me doy cuenta de que son seres humanos y susceptibles a todas las debilidades y fallas humanas como el resto de nosotros.

En mi vida cristiana he adorado a Dios según la autoridad de muchos líderes. En la estructura jerárquica de mi iglesia –Ibandla Labazalwane KuKristu eZimbabwe (Iglesia de los Hermanos en Cristo de  Zimbabwe)– dichos líderes incluían a obispos, supervisores, pastores y diáconos. Por tal motivo, he experimentado tantos estilos de liderazgo como número de líderes que me han ministrado. Desde mi postura como una hermana más, todos los líderes tienen poder y el poder del liderazgo puede ser positivo o negativo. Los líderes –que son seres humanos falibles– marcan la tónica en aquellos que les siguen por la manera que ejercen el poder.

Un uso positivo del poder es la obediencia. A veces este ejercicio del poder podría significar el abandono de la seguridad de lo conocido, y aventurarse en un terreno nuevo y desconocido. Por ejemplo, a fines de la década de 1960, participé en el grupo de jóvenes de los Hermanos en Cristo que se reunía en un club de mujeres alquilado, en uno de los barrios de Bulawayo, llamado Mpopoma. Dicho grupo fue formado por el señor Khono Ndlovu y la señora Abbie Dube (que durante trece años había sido primero, maestra de la escuela dominical, y después supervisora). Estos dos líderes se dieron cuenta de que había una brecha entre el grupo infantil de la escuela dominical y los jóvenes de la iglesia. A fin de satisfacer esta necesidad, ambos líderes decidieron crear un foro donde se pudieran reunir los jóvenes, hacer actividades recreativas, cantar y estudiar juntos la Biblia.

Su visión se extendió a otras congregaciones de los Hermanos en Cristo en todo el país. Actualmente, contamos con un brazo reconocido de la iglesia: la Juventud. Muchos del primer grupo de jóvenes siguen activos en los ministerios de la iglesia. Al obedecer el llamado de Dios, los dos líderes demostraron un poder positivo del liderazgo.

Otro uso positivo del poder son los preparativos para la sucesión. Desde que empecé a tener más interés en la vida de la iglesia, he sido testigo de varias transiciones de liderazgo durante el mandato de obispos, supervisores y pastores. Cuando el líder en funciones prepara a otros líderes, la transición es tranquila y eficaz, hay varios candidatos posibles de donde elegir para cuando llegara el momento oportuno. Cuando no sucede, perjudica a la iglesia. Cada Moisés debería contar con un Josué o dos.

En contraste, los líderes que no se preparan para la sucesión, debilitan la iglesia. Por ejemplo, cuando un pastor permanece en una congregación por varios periodos, podría estar ejerciendo una forma negativa del poder. Su decisión representa una pérdida para el cuerpo mayor de la iglesia. Si tiene dones especiales, sólo los disfrutan su congregación. En cambio, si diera un paso al costado o pasara a otro cargo, estaría edificando el cuerpo.

Dejar de reconocer los dones de los demás y dejar de usarlos a fin de edificar el cuerpo de la iglesia, constituye otro factor posible de debilidad del liderazgo que a veces produce conflictos. Este año, una de nuestras líderes –la señora Nellie Mlotshwa– festejó su 80º cumpleaños. Su familia le organizó una fiesta, a la que asistieron muchas personas de la Iglesia de los Hermanos en Cristo. Allí, muchos compartieron su experiencia personal de cómo ella les había ministrado y les ayudó a descubrir su propio potencial. Los líderes que tienen y usan este don son verdaderamente bendecidos. La obra del Señor es tan amplia que todos pueden beneficiarse de ella.

A veces la problemática del poder en el liderazgo no se manifiesta tan abiertamente como otros asuntos más sencillos de la vida de la iglesia. Sólo se evade el debate. La iglesia de Zimbabwe, por ejemplo, tiene un gran número de mujeres poderosas que Dios utiliza de manera maravillosa. En sus propios foros, son capaces de nutrir y fortalecer el cuerpo de la iglesia con perfil bajo. Algunas de estas mujeres son muy talentosas. Otras tienen cualidades excepcionales para el liderazgo y cuidan de sus rebaños con gran habilidad. Aun así, la Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabwe no cuenta todavía con pastoras ordenadas. Hubo momentos, en que se cuestionó dicha situación. La respuesta general fue que las mujeres no se habían presentado o solicitado la ordenación. Por otro lado, a hombres talentosos con capacidad para el liderazgo, se les solicita que estén a cargo de congregaciones, y con el tiempo, se certifican u ordenan. Dada esta situación, uno se pregunta, ¿quién ejerce el poder sobre quién?

El liderazgo es poder. El poder es adictivo. Una vez que se consiguió, el poder es un don especial que deberíamos ser capaces de compartir significativamente o renunciar a él completamente. Los líderes siguen debilitando o fortaleciendo la iglesia según la manera en que ejercen su liderazgo. Algunos se atreven a implementar decisiones difíciles a fin de sanar o mantener sano el cuerpo de la iglesia. Otros se arriesgan a tomar decisiones sabias pero impopulares que los llevan al aislamiento o a la soledad. Bendecidos sean los líderes que reconocen la fuente de su poder y pueden lograr un equilibrio de su postura ante Dios y la humanidad. Estos sí que son hombres y mujeres poderosos.

Doris Dube, escritora, maestra, anterior Redactora responsable regional del CMM para África, una de las autoras del Tomo de África de la Colección de Historia Menonita Mundial y miembro de Ibandla LabaZalwane KuKristu eZimbabwe (Iglesia de los Hermanos en Cristo de Zimbabwe).

 

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