Artículos de fondo

Las dudas fortalecen nuestras convicciones

Tigist Tesfaye Gelagle, sirve a su iglesia en Addis Abeba, Etiopía. Ha sido pasante del CMM en la Oficina del Comité Central Menonita en las Naciones Unidas en Nueva York, y en Etiopía con la Asociación Menonita para el Desarrollo Económico (Mennonite Economic Development Associates) y Compassion International.
fecha de publicación: 
Miércoles, 9 Diciembre 2015

Los organizadores de esta Asamblea fueron tan amables que no impusieron una temática, sino que respetuosamente me dieron la posibilidad de elegir entre una amplia variedad de temas. Como todos saben, tomar decisiones sobre distintas opciones es una elección difícil, pero no lo fue en esta ocasión.

Sin dudar, elegí “Caminando con dudas y convicciones”. Elegir dudas sin siquiera dudar, aunque parezca una ironía, fue lo que realmente pasó. Quizá por curiosidad ustedes podrían preguntarse: “¿Por qué será que este tema me resultó tan interesante? Parte de la respuesta es porque el tema está muy cerca de mi corazón, porque representa mi vida. De algún modo, mi vida manifestaba ideales aparentemente contradictorios: dudas y convicciones. 

Les ruego que sigan teniéndome paciencia mientras expongo mis conceptos.

Por supuesto, las dudas y las convicciones no siempre tienen el mismo peso. En ocasiones, experimento ambas al mismo tiempo y, otras veces, cualquiera de las dos se vuelve más fuerte que la otra: siento que camino por una montaña de convicciones firmes o me encuentro en el profundo pozo de las dudas.

Creo que mi peregrinaje no es exclusivamente mío. Mucha gente joven comparte las mismas luchas en mi pueblo natal de Addis Abeba, Etiopía, y en el resto del mundo, en África, Asia, América Latina, América del Norte y Europa. Pienso que ésta es nuestra vida. Especialmente cuando vivimos en una era tan posmoderna, en la que todo tiene derecho a ser debatido, todo es correcto y todos son saca-espinas, es común encontrar a jóvenes de mi iglesia, de tu iglesia, de la iglesia de ella, de la iglesia de él y de la iglesia de ellos que viven con dudas y convicciones. Les ruego, sigan teniéndome paciencia mientras respondo con una metáfora en primera persona que, quizá, represente a la gente joven de nuestra comunidad mundial de fe.

La fe es como caminar con dudas y convicciones. Valoro profundamente la tradición africana que hemos escuchado; como jóvenes enfrentamos muchos animales salvajes y reptiles venenosos llamados dudas, mientras caminamos como peregrinos con Dios. De hecho, a pesar de nuestros deseos y de varios ingeniosos intentos, es imposible que como caminantes logremos evitar las espinas.

Sobre la metáfora de recorrer un camino espinoso, quisiera también agregar una dimensión positiva. Coincido con Timothy Keller, quien escribió en su libro intitulado, The Reason for God, que:La fe sin algunas dudas es como el cuerpo humano sin anticuerpos”. Por lo tanto, las dudas, aun si no las buscamos activamente en nuestra vida, también son una clave para profundizar nuestras convicciones al caminar con Dios. Semejante declaración tampoco es una manera de negar que las dudas podrían empujarnos a un extremo en el que las convicciones fueran sustituidas por la incredulidad, que sería la antítesis de la fe.   

Por supuesto, el límite entre la incredulidad y la duda no siempre está tan claro. En la siguiente sección, procuraré exponer brevemente los orígenes de mis dudas.

“¿Cuál es el origen de mis dudas?” Como todos ustedes saben, en la vida siempre hay personas que significan mucho para nosotros. En nuestro peregrinaje espiritual, algunas de ellas son nuestros antepasados. A veces, sentimos que la fe no es digna de una búsqueda apasionada. Se equipara con la religión. Siento que no fue por elección propia, sino más bien una herencia no merecida. El hecho de que haya una continua disminución del compromiso de la membresía del Norte, y que el crecimiento de los miembros del Sur no  alcance la esperada calidad de vida en Cristo, siembra dudas en mi corazón, dudas negativas, que me alejan de mis convicciones en lugar de reforzarlas.

Reitero, aparte de que la fe se haya convertido en religión, también hay factores contextuales. Lamentablemente, parece que a nadie le importara suficientemente cultivar ni proteger la semilla de la fe en mi corazón. Mi contexto tampoco es tan amable conmigo. Más bien, es bastante hostil. La época en la que vivo es cualitativa y cuantitativamente distinta de la de mis progenitores. Nuestra visión del mundo está cambiando radicalmente. Ahora todos nos estamos volviendo o ya somos posmodernos. El pensamiento dominante de la era me intimida cada día. Por ejemplo, predicar el Evangelio se percibe más y más como la imposición de mis opiniones sobre los demás. El mundo reconoce cada vez más el pluralismo religioso, una visión del mundo que enseña que todos los caminos son igualmente válidos, pese al hecho de que, lógicamente, a veces tienen perspectivas contradictorias. Por tanto, mi ser interior es bombardeado continuamente por la duda.

Quizá ustedes se pregunten por el rol de la iglesia en mi camino de la fe. Permítanme compartir brevemente mi historia.

Crecí en la iglesia y pertenezco a la tercera generación. La razón por la cual mi vida fuera un poquito diferente a la de mis hermanos africanos es que no tuve conocimiento de la colonización porque Etiopía nunca fue colonizada. Sin embargo, mientras cursaba el segundo año de la universidad, leí un libro y encontré una cita de Jomo Kenyatta sobre la oración y la Biblia: “Cuando llegaron los blancos, ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos nuestra tierra… Pero ellos nos enseñaron a orar con los ojos cerrados, y luego cuando los abrimos, ellos tenían nuestra tierra y nosotros teníamos su Biblia”. Quedé totalmente impactada. Nadie me lo había informado antes. Sentí la duda como un virus en mis células, que me carcomía poco a poco.  

Este fue el momento cuando comencé a indagar los fundamentos de mi fe. La mayoría de mis amigos, que son cristianos ortodoxos, de inmediato me juzgaron y señalaron que mi fe era importada, y más que nada una invención maliciosa de los colonizadores. Estaba confundida y corrí a mi mamá, y comencé a preguntar e indagar. Aun cuando no haya sido así en mi país, ésta es una de las dudas que me quedó grabada por mucho tiempo.

Tampoco tenía muy clara mi identidad. La impronta de diferentes agencias misioneras y una contextualización acrítica del cristianismo, me han transmitido un extraño sentido de identidad. A veces, reflexiono y me pregunto: ¿Seré una cristiana etíope? ¿Puedo referirme a mí misma así? Si así fuera, ¿habré perdido muchas de mis buenas tradiciones? Me persiguen muchas preguntas más. En mi tradición cristiana, no puedo expresar mi cultura porque soy cristiana, no puedo divertirme y salir con amigos, porque me dicen que soy cristiana… Está bien, pero, ¿dónde está la vida sin mi identidad? Ah, la iglesia… Muy bien, entonces… Estoy de todos modos en la iglesia… Reitero, fui criada con prácticas religiosas: bautismo, conversión, etc. No estoy tan segura de que todas estas cosas tengan sentido.

Sin embargo, independientemente de estas cuestiones, todavía estoy en la iglesia con todas mis dudas. Una cosa es clara, no quisiera que mis dudas me vuelvan loca ni que me aparten de caminar junto al Señor. También, es igualmente claro que, como persona joven, hay muchas cosas que me rondan por la cabeza. A veces, las dudas que tengo son tan fuertes que siento que están a punto de derrumbarme o que ya lo han logrado. Me siento totalmente impotente.

No obstante, en medio de todas estas experiencias, hay una luz de esperanza: la persona de Jesús. Jesucristo, que es el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2). Quisiera conocerlo y que nos enseñe sobre el jakol kudho, el quita-espinas. Por lo tanto, le ruego al cuerpo de Cristo que nos muestre cómo se manifiesta la obra de Jesús en la vida de ustedes, para que pueda emularla y experimentarla verdaderamente en mi vida. 

Jesús es Emanuel, Dios con nosotros, quien camina con nosotros en medio de altibajos. ¿Cómo podría transformar esta proposición cognitiva en convicciones de vida que superen mis dudas? Se lo pregunto al Señor. Él está presente para ayudarme y compartir mis luchas. A medida que crezca en él, – “Señor, ayúdame en mi incredulidad” – se habrá convertido más que nunca en el ruego sincero de mi corazón.

Ahora comprendo que la duda es duda, aunque su resultado sea positivo o negativo. En nuestro contexto, refiriéndome a los jóvenes, es común tener dudas respecto a nuestras creencias. Como hemos escuchado, necesitamos llamar al jakol kudho. Podremos obtener una respuesta a nuestras dudas o podremos aprender a vivir con nuestras dudas al caminar con Dios. La cuestión es que Cristo está más allá de nuestra cultura, del legado de nuestra religión y también del entendimiento de nuestra fe. Si las dudas son abordadas adecuadamente con la ayuda de la comunidad de fe y nuestra lealtad a Cristo, éstas nos ayudarán a alcanzar discernimiento y profundizar nuestra fe.

Mas, debemos discernir nuestras dudas destructivas, dudas que surgen de nuestros deseos carnales de indulgencia, de nuestra naturaleza caída. A veces, las dudas podrían ser una excusa para la desobediencia, un medio para rechazar intencionalmente las demandas de la Palabra de Dios. En tales casos, debería reaccionar. Siempre procuro comprobar que la Palabra de Dios sea siempre un medio por el cual examino mis dudas: una duda que refuerce mi convicción o una duda que me arrastre a la incredulidad.

Que esta semana sea una oportunidad de compartir nuestras dudas, seamos del Norte del mundo, donde la abundancia se convierta en una razón para dudar de nuestra fe; o del Sur del mundo, donde la carencia e inestabilidad se conviertan en una razón para dudar de nuestra fe. Compartamos nuestras convicciones unos con otros ante el Señor Jesús, para que podamos superar nuestras dudas. A medida que fortalezcamos nuestra relación con él, con la ayuda de la comunidad de fe, las dudas reforzarán nuestras convicciones.

En resumen: caminar con dudas y convicciones, es como andar en bicicleta. Un pedal representa las dudas, y el otro las convicciones. Sin ambas, no sería posible andar por el camino de la fe.

Que Dios les bendiga y bendiga nuestro tiempo juntos.

Tigist Tesfaye Gelagle, sirve a su iglesia en Addis Abeba, Etiopía. Ha sido pasante del CMM en la Oficina del Comité Central Menonita en las Naciones Unidas en Nueva York, y en Etiopía con la Asociación Menonita para el Desarrollo Económico (Mennonite Economic Development Associates) y Compassion International. 

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