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Justicia en el viaje: La migración

Foto: Henk Stenvers
Release date: 
Monday, 6 May 2019

Así como las partes del corazón, las cuatro comisiones del CMM sirven a la comunidad mundial de iglesias afines al anabautismo, en las áreas de diaconado, fe y vida, paz y misiones. Las comisiones preparan materiales para la consideración del Concilio General, brindan guía y proponen recursos a las iglesias miembros, además, propician redes y compañerismo en relación al CMM trabajando juntos en temas de interés y enfoque común. A continuación, una de las comisiones comparte un mensaje de la perspectiva de su ministerio.


Causas

Hay mucha información que menciona las diversas causas que promueve la movilidad humana. Entre ellas encontramos los cambios climáticos, los cuales modifican el medio ambiente, los imperios y potencias mundiales, que poseen más riqueza produciendo de esa manera más pobreza en otros países. También están los medios de comunicación que nos facilitan la información, caminos y transporte que llevan al conocimiento de mejores condiciones de vida en otros mundos.

Los anabautistas del siglo XVI vivieron y experimentaron la migración por causa de la persecución que sufrieron, lograron resistir principalmente movidos por su fidelidad a las enseñanzas de Jesús. Las persecuciones furtivas y las huidas, les permitió organizarse y vivir en comunidades intencionales donde aprendieron a convivir, compartir, dialogar, acordar y cooperar.

Estos valores fueron muy necesarios en la vida cotidiana a fin lograr la conformación de una comunidad donde se sostenían el uno al otro en tiempos de dificultad, a pesar del desarraigo de su lugar de origen. Ellos, pudieron sentirse apoyados y acompañados mutuamente en su caminar. En toda la época del martirio y persecución, su fe creció y se afianzó en la vida comunitaria y ayuda mutua, rasgos característicos que les han distinguido con el correr del tiempo.

Así mismo en nuestros tiempos, el movimiento humano se ha dado en todas partes y hacia diferentes direcciones: de norte a sur y de sur a norte, de este a oeste y de oeste a este.

He observado gente que llega a los Estados Unidos haciendo largos recorridos por el continente americano, sin importar el sufrimiento que esto resulte, solo con el fin de lograr el “sueño americano”, como se lo ha denominado.

Compasión

En el texto bíblico encontramos documentado muchos movimientos humanos, algunos voluntarios otros involuntarios, siempre hacia donde está la abundancia, donde está el imperio y donde hay posibilidades de vida.

Como hilo conductor vemos en el texto bíblico, la presencia de Dios manifestada en compasión, al lado de los más pobres y desvalidos de la tierra, entre los cuales se encuentran las mujeres, los niños, los enfermos, los ancianos y los extranjeros.

Especialmente en el Nuevo Testamento vemos la presencia de Dios a través de Jesús que es la compasión de Dios hecho carne (Juan 14,9-10; Filipenses 2,5-11).

En el libro a los Romanos Pablo nos exhorta a mostrar siempre hospitalidad (Romanos 12,13), y el autor de Hebreos incluso sugiere que dar la bienvenida a extraños podría ser un acto de acoger a seres divinos (Hebreos 13,2).

Mi historia

Pensamos mucho para decidir y aceptar una invitación que nos exigió abandonar el confort e ir hacia un futuro incierto, donde no sabíamos qué nos esperaba más adelante. No fue sino hasta el 2016 que Fernando mi esposo y yo, decidimos tomar nuestras maletas para ir como voluntarios a “Casa de Paz”, un espacio de acogida para migrantes que piden asilo político, ubicado a una cuadra del Centro de Detención GEO en Aurora, Colorado, EE.UU.

Recibimos grandes lecciones de vida, de cómo intervenir en situaciones de crisis, estas superan las ideas aprendidas en la academia y en diferentes foros de diálogo sobre migración. Aprendimos

  • A ser compasivos con los extranjeros, sus historias nos conmovieron
  • Responder a las necesidades apremiantes que los migrantes tienen
  • Respetar sus usos y costumbres, los cuales siempre son diferentes a las nuestras
  • Servir incondicionalmente porque todos los seres humanos somos imagen de Dios

Conclusión

Ahora escuchamos éxodos masivos, caravanas de gente que ha salido de su país para llegar a EE.UU. La frontera se ha convertido en un campo de batalla, los caminantes solo se traen a sí mismos, vulnerables y dependiendo de la buena voluntad de los otros, el horizonte que los guía es imaginario, el famoso “sueño americano”. Entre más se camina más lejos se ve, pero unos a otros se animan y se desafían a seguir adelante. Nadie es de aquí, pero al final de cuentas a nadie le pertenece nada, todos somos pasajeros en esta vida.

Ahora, en estos tiempos de globalización, la movilidad humana demanda que las comunidades sean movidas a la compasión al ver las multitudes que están desvalidas como ovejas sin pastor.

—Rebeca González Torres es miembro de la Comisión de Fe y Vida. Posee una maestría en estudios bíblicos, una licenciatura en educación, y es miembro de una iglesia en la Conferencia Iglesias Evangélicas Anabautistas Menonitas de México- CIEAMM. También co-coordina la Comunidad de Instituciones Teológicas Anabautistas para América Latina. Rebeca González Torres actualmente se encuentra sirviendo con la conferencia Mountain States en Denver, Colorado, EE.UU.

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