Artículos de fondo

Generosidad, no caridad

Rosemary Alves (centro), encargada de la tienda de artículos de segunda mano administrada por la Associação dos Irmãos Menonitas de Portugal, en las afueras de Lisboa, Portugal. La acompañan la voluntaria Joana Mendes (der.), y dos clientes. Foto: José Arrais
fecha de publicación: 
Domingo, 15 Junio 2014

Desigualdad económica: Examinemos nuestro compromiso común en pos del Shalom

Como comunión mundial de iglesias afines al anabautismo, compartimos el compromiso de procurar el shalom. En dicha búsqueda, creemos en la necesidad de intentar alcanzar la justicia y de compartir nuestros recursos, sean materiales, económicos o espirituales. Nuestra enorme diversidad implica llevar a la práctica este compromiso de muchas maneras. En el número de abril 2014 de Courier/Correo/Courrier, líderes de toda nuestra hermandad –promotores del shalom y seguidores de Cristo–relatan cómo los anabautistas abordan las problemáticas relacionadas con la desigualdad económica y las brechas de riqueza en nuestras comunidades.

Generosidad, no caridad

Portugal es un país pequeño, de aproximadamente 92.000 km.² Sin embargo, a este  pequeño país siempre le ha fascinado el crecimiento y la expansión. En el pasado, salimos a la mar en busca de nuevos países y nuevos modos de desarrollo económico.  Dicha era de descubrimiento y exploración le dio al país una perspectiva más internacional. De hecho, no sería erróneo definir a Portugal como el primer país global del mundo.

Pero en un momento de nuestra historia, Portugal sencillamente se quedó detenido en el tiempo. Esto ocurrió principalmente a causa de un dictador que “congeló” el país –económica, política y socialmente– por más de cuarenta años. Este periodo de estancamiento ha afectado la mentalidad de los portugueses hasta el presente.

Cuando Portugal logró liberarse del gobierno dictatorial el 25 de abril de 1974, el país esperaba el inicio de una nueva etapa de desarrollo. Cuando nos adherimos a la Unión Europea doce años más tarde, de inmediato se hicieron evidentes los beneficios de esta adhesión: la construcción de nueva infraestructura, el surgimiento de nuevas oportunidades de empleo y las nuevas inversiones fortalecieron la economía. Había llegado la hora de que Portugal se pusiera a la altura del resto de Europa.

Lamentablemente, los políticos no pudieron ver la otra cara de la moneda del desarrollo. Año tras año el gobierno portugués tenía déficit presupuestario. La deuda creció tanto que la Unión Europea, el Banco Europeo y el Fondo Monetario Internacional tuvieron que intervenir en el verano de 2011.

De pronto, la economía de Portugal estaba en bancarrota. La tasa de desempleo subió a 16%. (Datos recientes indican que dicha cifra llegó a cerca del 20%.) La gente volvió a emigrar, mayormente las generaciones más jóvenes. Una vez más, la lucha por sobrevivir se convirtió en una realidad del presente.

Los Hermanos Menonitas de Portugal empezábamos a percibir dicha realidad en nuestra propia comunidad. Sabíamos que debíamos responder de alguna manera. Lo primero que hicimos fue pedirles a nuestros miembros que todos los domingos donaran pequeños artículos que pudieran ser entregados a los necesitados. Además, durante los últimos años habíamos recibido donaciones de Alemania –principalmente ropa, artefactos, muebles y alimentos– enviados por camión cada dos o tres meses. Dichas donaciones brindan una manera más de vincularnos a las personas pobres que viven en nuestro entorno.

No obstante, queríamos evitar la respuesta “fácil” de sólo hacer donaciones. Así fue que en octubre de 2013 inauguramos una tienda de artículos de segunda mano; algo pequeño pero que, mediante la ayuda de Dios, sigue funcionando bien. Está ubicada en un barrio pobre en las afueras de Lisboa, la ciudad capital; provee los artículos que recibimos de Alemania y brinda la oportunidad a personas de bajos ingresos de adquirir ropa y otros productos a un precio simbólico. Creemos que en vez de entregárselos sin costo alguno, es mucho más eficaz que los clientes paguen aunque sea un pequeño monto de dinero. Y hemos descubierto que, pese a sus dificultades económicas, los clientes pueden comprar los artículos.

Aunque una persona no tenga el dinero, se busca la forma la manera de lograr un intercambio digno: puede llevar un kilo de arroz, un paquete de fideos u otro alimento y cambiarlo por lo que necesite. Una vez, un hombre muy pobre que vivía en la calle en nuestro barrio, quería comprar un saco pero no contaba con el dinero en ese momento. Le dijimos que podía pagarlo más adelante, y le dimos el saco. A fin de mes, regresó a la tienda para cumplir con su compromiso.

De esta manera, le enseñamos a la gente a ser responsable, aun cuando tenga que pagar sólo un pequeño monto de dinero.

Nuestra pequeña tienda también brinda la oportunidad de testificar. A los clientes les suele impresionar la manera en que damos testimonio del amor de Dios. Contamos con literatura cristiana a disposición de cualquiera que venga a la tienda a curiosear, y a veces algunas personas del barrio se acercan a nuestro culto dominical. Creemos que así también podrán tener una experiencia vivencial con Cristo y lleguen a comprometerse con él.

Una vez por mes nos reunimos con personas del barrio para compartir una comida. Este día es especial porque vemos que la gente llega no solamente a comer sino también a escuchar el Evangelio durante unos diez o quince minutos. Realizamos esta predicación planificada entre el plato principal y el postre: un breve “intermedio” para escuchar la Palabra de Dios, y luego disfrutar de algo rico.

La comunidad de nuestra iglesia está integrada por personas de bajos recursos. Y sin embargo,  debido a nuestro ADN anabautista –evidente desde que comenzó la obra de los Hermanos Menonitas en Portugal en 1984– es muy fácil convocar a nuestras iglesias a fin de extender el amor y bendecir a los que nos rodean. No se trata de hacer el bien por el hecho de hacer caridad, sino de actuar compasivamente unos con otros porque reconocemos que en el Reino de Dios somos todos hermanos y hermanas que se reúnen todos los domingos para alabar a Dios, algunos ricos  y otros pobres, pero unidos en Cristo.

Por tal motivo, nuestra comunidad de Hermanos Menonitas está muy comprometida, deseosa y dispuesta a ser generosa, no caritativa,  a fin de apoyar a los necesitados. En consecuencia, se observa el crecimiento de nuestras iglesias, y se ven las enseñanzas de Dios y su influencia en la vida del pueblo portugués.

José Arrais es presidente de la Associação dos Irmãos Menonitas de Portugal (Asociación de Hermanos Menonitas de Portugal).

 

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