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El discipulado de niñas y niños

Raisey Flora, Nicey Serena, Elina, Shalem Raj y Victor de la Iglesia Emmanuel de los Hermanos Menonitas de Jagaboin Pally, Telangana, India, dibujaron sus historias bíblicas favoritas. Foto: Nicey Serena
fecha de publicación: 
Viernes, 5 Julio 2019

En este número, presentamos ejemplos de cómo miembros de la familia anabautista menonita crean un espacio para los niños en las iglesias locales de todo el mundo.


Somos la Iglesia Cristiana Menonita del Perú, una comunidad de fe que se encuentra en Iquitos, una ciudad en medio de la selva peruana, a la ribera del río Amazonas. Allí en medio del calor y la humedad tropical, hemos venido trabajando durante más de diez años con niños y niñas en condiciones de pobreza y abandono.

Todo se inició en el corazón de David y Cecy Moreno (misioneros de la Iglesia Cristiana Menonita de Colombia), quienes comienzan un ministerio infantil reuniéndose cada sábado a compartir con chicos y chicas de la calle, para darles de comer y compartir la Palabra de Dios. Estos niños y niñas empezaron a invitar a sus amiguitos, y en poco tiempo ya había también adolescentes y jóvenes.

A partir del estudio de la Biblia y el discipulado, el amor de Dios fue obrando en sus corazones, de tal modo que empezaron a cambiar sus malos hábitos y a dar testimonio en sus familias. En consecuencia, algunos adultos se acercaron a buscar consejería y así comenzamos a tener grupos familiares en pequeñas casas. Las familias de los niños y niñas veían a David y Cecy como sus pastores. Entonces en febrero de 2012, nos empezamos a reunir en un solo lugar como comunidad de fe establecida, con el acompañamiento de la Iglesia Menonita de Colombia.

Muchas veces, en la iglesias olvidamos la importancia que tienen los niños y niñas en el proceso de evangelización de las comunidades. Creemos que basta con solo reunirlos los domingos y entretenerlos con alguna actividad. Sin embargo, ellos tienen la capacidad de entender sin prejuicios y con un corazón puro el mensaje de Jesús, por encima de las circunstancias difíciles que estén pasando. Son agentes de perdón y reconciliación en medio de la violencia de sus hogares. Una conducta transformadora que demuestra el amor de Dios. “La respuesta amable calma el enojo, la respuesta violenta lo excita más.” (Proverbios 15,1).

En la Iglesia Menonita de Iquitos nuestra labor se centra fuertemente en los niños y niñas. Ha sido un proceso en el que la comunidad de fe ha entendido que no es solo una responsabilidad del pastor, sino que todos estamos involucrados. El Señor Jesús nos ha llamado a formar discípulos y qué mejor que hacerlo con aquellos que aún tienen toda una vida por delante. De este modo, algunos hermanos de la iglesia forman parte activa como maestros y líderes, mientras otros ayudan con los alimentos para poder seguir dando el almuerzo a más de 350 niños cada semana.

Los jóvenes que van creciendo, los vamos formando e integrando al equipo de liderazgo. Dirigen las alabanzas y coreografías que cantamos. Algunos están en las clases de música, otros apoyan tanto la preparación como la distribución de los alimentos, y otros ya están empezando a dar clases a los más pequeños. Sus propios testimonios de vida son de mucha bendición para los niños y niñas, quienes se sienten identificados y animados a través de ellos.

En nuestra experiencia, hemos entendido que los adolescentes son muy importantes en los ministerios de la iglesia. Ellos están en una edad difícil, ya que no se identifican con los niños pero tampoco con los jóvenes. Por dicha razón, muchas veces terminan alejándose de Dios. Es necesario que la iglesia brinde espacios para que los adolescentes puedan servir. Van a cometer errores, algunos días se comportarán como niños, tendrán una batalla constante contra la pereza, pero aun así debemos acompañarles y creer que Dios tiene un propósito con ellos ahora mismo, a pesar de su inexperiencia. Ello fortalecerá su fe y les permitirá crecer como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hace, le sale bien!” (Salmos 1,3)

Los niños y niñas son el futuro, pero también el presente de nuestras iglesias. Al igual que los adultos, también necesitan un tiempo de calidad, en que les escuchemos, les animemos, alabemos juntos al Señor, les enseñemos a orar y les demos la importancia que merecen como ciudadanos del Reino de Dios. “Los niños son como el cemento fresco, cualquier cosa que caiga sobre ellos dejará una huella” Haim Ginott.

—Juan Carlos Moreno, pastor de jóvenes de la Iglesia Cristiana Menonita del Perú. 

 

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Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2019.