Artículos de fondo

Dios camina con nosotros

Rebecca Osiro, pastora de la Iglesia Menonita de Kenia, Congregación EFC, Nairobi, Kenia, fue elegida vicepresidenta del CMM en las reuniones del Concilio General en 2015. Tom Yoder Neufeld, profesor menonita de Biblia, ahora jubilado, reside en Waterloo, Ontario, Canadá.
fecha de publicación: 
Miércoles, 9 Diciembre 2015

Tom: Caminamos con Dios tanto con dudas como con convicciones. Ambas son parte de nuestro camino de la fe. Después de todo, tal como nos lo recuerda Hebreos 11:1, “la fe es la certeza de las cosas que se esperan, la convicción de las cosas que no se ven”. Según las palabras de Pablo en 1 Corintios 13:12, si es que vemos algo, es “como por un espejo, indirecta y borrosamente”. Así es la fe: consiste en dudas y convicciones.

Rebecca y yo abordaremos este tema a partir de ámbitos muy diferentes, ya que Rebecca es oriunda de Kenia y yo de Canadá. Estamos aprendiendo que ésta es la mejor manera de profundizar nuestras convicciones: escuchar la palabra de Dios desde distintas perspectivas y distintos contextos de vida.

Rebecca: En mi idioma, la palabra para expresar ‘duda’ es kiawa. Los luo de Kenia emplean kiawa en una situación cuyo proceso o resultado final es incierto. A falta de una traducción clara y directa, kiawa significa sencillamente “puede ser”. No es necesariamente negativo ni positivo.

Las dudas están determinadas por el contexto. Se ha acuñado la frase, jakol kudho (el quita-espinas), junto con kiawa, para afirmar lo positivo y neutralizar los aspectos negativos de las dudas en nuestro viaje. El término jakol kudho (el quita-espinas), se refiere literalmente a quien quita la espina del pie del viajero. Como concepto, el término se refiere a un asistente, facilitador o compañero.

En mi país, caminar a través de bosques y matorrales todavía es algo común, sobre todo en medios rurales. No se trata de un paseo corto, sencillo y placentero, sino de un camino lleno de incertidumbres y peligros. No se pueden evitar ataques de inadaptados sociales y criminales, clanes y tribus hostiles, reptiles venenosos, animales salvajes o arbustos espinosos. En dichas circunstancias, sería comprensible que uno dudara de llegar a salvo a su destino.

En este entorno, aun los pinchazos menos peligrosos requieren algún tipo de asistencia, ya que las espinas generalmente se clavan profundamente en la carne. El quita-espinas acompaña e interviene ante el peligro, siendo útil en circunstancias tanto tranquilas como peligrosas: brinda seguridad, comprensión y orientación al viajero, según la situación lo requiera.

Igualmente, la característica dual de kiawa (duda) es representada en la traducción de la Biblia a la lengua luo. En Mateo 14:31, por ejemplo, Jesús le preguntó a Pedro por qué dudaba. Allí dudar no era algo elogiable. La traducción literal al luo es, “¿Por qué agregaste la duda?” Es una reprimenda.

Por otro lado, en Hechos 12:11, en la historia del encarcelamiento de Pedro, al traducir ‘duda’ al luo se convierte en algo positivo: “¡Ahora sé en verdad!”, en vez de, “¡Ahora sé sin lugar a dudas!” Las traducciones de Mateo y Hechos se correlacionan con el uso cultural de la ‘duda’, que puede ser una reprimenda o un elogio.

Pedro estaba profundamente dormido, pese a que aguardaba el momento de su ejecución al día siguiente en una cárcel fuertemente custodiada (Hechos 12:6). Esto es paradójico. ¿Podría haber sido un acto de fe que Pedro aguardara tranquilamente estar con Cristo, según escribe Pablo en Filipenses 1:21: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”? El camino de la fe de Pedro en la tierra estaba por concluir de manera terrible, y, sin embargo, dormía profundamente, el sueño profundo propio de alguien que no dudaba de su destino.

Para mi tribu luo, la aparente tranquilidad de Pedro ante el desastre que lo aguardaba, se podría captar mejor mediante la siguiente frase: wuoth gi jakok kudho, que significa ‘caminar con el quita-espinas’. Pedro debe de haber estado caminando todo el tiempo con jakol kudho, su compañero y facilitador. El quita-espinas estaba junto a Pedro por medio de Rode, la niña criada (v.13), del grupo de oración (v.5 y 12), y del ángel de Dios (v.7). Varios aspectos de jakol kudho nos acompañan hoy día, listos para dar respuesta a nuestras necesidades si sólo pudiéramos ser escuchas activos.

Kwame Wiredu, escritor africano, señala acertadamente que la filosofía y pensamiento africanos se transmiten oralmente por medio de proverbios y del folclore. Al igual que en los Evangelios, encontramos el uso idiomático del oído y la escucha: “el que tiene oídos… que oiga…” En Hechos 12:7 y 8, jakol kudho se le apareció a Pedro, lo tocó y le habló. El rol de Pedro fue ser un escucha activo y obedecer: “Levántate pronto…. Vístete y ponte las sandalias…” Pedro luego siguió a jakol kudho (el ángel) desde la cárcel hacia la libertad.

Jakol kudho (el quita-espinas), se convierte en la frase proverbial mediante la cual el aspecto dual de kiawa (duda) se armoniza. La posibilidad de que esté presente la duda en el wuoth (camino), es sustituida por las convicciones plenamente esperanzadoras.

Con jakol kudho, la manera de emplear kiawa implica convicciones firmes. Jakol kudho interviene en situaciones difíciles para permitirle al caminante tiempo para expresar cualquier cuestión y poder responder consecuentemente. Esto es semejante a la demora en la ejecución de Pedro, dándole tiempo a los hermanos para que oraran por él insistentemente. Así como la obediencia total de Pedro ante cada indicación dada por el ángel (v.7–10) apuntaba a lograr su libertad, así también un forastero estaba en deuda con un jakol kudho a fin de lograr resultados positivos. Hace falta la oración ferviente o la fraternidad de una comunidad de fe y la obediencia de los fieles que procuran obtener la intervención de Dios.

En tanto el forastero y el jakol kudho emprenden su viaje, sus familiares se dedican a la invocación de los poderes supernaturales. No dejan nunca de recitar las palabras para asegurar un seguro retorno, tras lo cual se realiza una ceremonia comunitaria de acción de gracias. En Hechos 12, la hermandad de creyentes aún estaba conmovida por la pérdida de Santiago, y por tanto oraban permanente y fervientemente (con compasión) por Pedro. La oración comunitaria o colectiva es de fundamental importancia en nuestro camino de la fe.

Actualmente, la iglesia se encuentra en medio de fuerzas que amenazan su propia existencia, de la cual proviene su crecimiento numérico y espiritual. Ésta, a su vez, está fuertemente custodiada por sistemas económicos y sociopolíticos que perpetúan la hegemonía cultural en detrimento de la armonía y tranquilidad de la sociedad en su conjunto. Es necesario la invocación constante e intensa de Jesucristo a fin de que nos pueda facilitar y liberar por medio del Espíritu Santo.

Jesús, el mayor jakol kudho, siempre intervendrá dado que intercede por nosotros ante el Padre (Hebreos 7:25).

Dediquémosle esta semana a la oración, en agradecimiento y súplica. Dios, a través del CMM, nos ha brindado un foro para fraternizar. No es el momento de ser críticos ni de distanciarnos unos de otros.

En 1 Corinthians 11:18, Pablo advirtió sobre las divisiones en la iglesia, dirigiéndose especialmente a quienes (cuya facción o modalidad litúrgica) tienen la aprobación de Dios (v.18). Es el momento para la oración de intercesión por nuestros/as hermanos/as cristianos/as que sufren debido a su fe, tales como los objetores de conciencia; por quienes languidecen en la prisión de la pobreza; por quienes están amenazados por la fuerte presencia del secularismo y radicalismo religioso, etc. Es hora de que nuestra teología ayude a constituir el bienestar socioeconómico global en nuestro esfuerzo por establecer una iglesia mundial de “paz justa”.

Cristo, el mayor jakol kudho, nos acompaña incluso cuando parece no haber una salida. No olvidemos que está más oscuro justo antes del amanecer. Con jakol kudho, las dudas no son más que oportunidades para las convicciones. Dudar es saludable, pero no cuando causa divisiones entre nosotros en lugar de reunirnos para seguir indagando, revisando y analizando, en un ambiente fraternal. La duda es un elemento de la fe, dado que al dudar surge la pregunta, y en la búsqueda llegamos a la verdad. Jakol kudho nos guiará a la seguridad desde la cárceles custodiadas (Hechos 12:6), acompañándonos en el camino (v.11, 12 y 17).

Tom: Rebecca, me hago eco de tus reflexiones. Para quienes somos del Norte del mundo las dudas son inevitables, y como dices, con frecuencia son buenas y necesarias. La duda nos mantiene en estado de alerta frente al peligro, e incluso la desconfianza a las falsas certezas es algo bueno. Cuando anhelamos respuestas sencillas, dichas “dudas buenas” pueden evitar que tengamos una fe “ciega” e impedir que nuestras

convicciones se endurezcan y nos volvamos insensibles, incapaces de responder a las cuestiones complejas de la fe y el discipulado. Estas dudas son esenciales a las convicciones que surgen de la fe, no del temor.

Pero, también existen dudas que han dejado rastros de devastación en las iglesias del Norte del mundo. Permítanme mencionar sólo algunas de las espinas en nuestro camino:

En tanto sufrimos mucha pobreza y racismo en el Norte del mundo, la riqueza y el privilegio son dos de las espinas más peligrosas. Si la pobreza y la opresión constituyen la prisión de muchos del Sur del mundo, como dice Rebecca, demasiados de nosotros estamos encarcelados dentro de la fortaleza de nuestra propia riqueza, privilegio y poder. Solemos considerarlos “bendiciones”, y entonces, como Israel, transformamos a Dios en un becerro de oro de la prosperidad, la codicia y la violencia. ¡Deberíamos—no, debemos—dudar de este dios! No es de extrañar que muchos se aparten indignados, y rechacen dicha fe.

El conocimiento, la ciencia y la tecnología—también supuestas “bendiciones” de nuestra cultura—nos llevan a la ilusión de que somos artífices de nuestro propio destino. Como es de esperar, un Dios innecesario tiene poco sentido, impulsando a muchos a dejar la fe totalmente.

Ése es nuestro mundo. ¿Y la iglesia? ¿Y nuestra fe? Hay muchas más espinas allí. Por ejemplo, confesamos que la Biblia es la Palabra de Dios. Pero dicha convicción se ve alterada al pensar que tenemos que ser especialistas para encontrarle sentido, o ante la dificultad de acordar qué es lo que dice, o al escandalizarnos por la manera en que vemos cómo otros la utilizan. Sólo pensemos en nuestra lucha actual en el Norte del mundo respecto a la sexualidad. Entonces, la duda fácilmente da lugar a la indiferencia, e incluso al desprecio. Muchos de nosotros hemos dejado de leer la Biblia del todo. Así, las dudas llevan a la negligencia, y la negligencia nada menos que a la pérdida colectiva de la memoria.

Para algunos, la fuente más perjudicial de las dudas es, paradójicamente, la iglesia misma. Nuestra complicidad de larga data ante la esclavitud, el colonialismo y con las acciones genocidas en contra de pueblos originarios, nos atormenta hasta el día de hoy. Sólo en el siglo pasado, millones de cristianos han matado a millones de cristianos. Destruimos insensiblemente la creación de Dios igual que los demás. ¿Es posible que éste sea el cuerpo de Cristo, a quien un Dios bondadoso envió para salvar al mundo, y no para condenarlo?

Nuestras propias congregaciones pueden hacer tambalear nuestras convicciones, o porque son demasiado cerradas y temerosas, o porque son demasiado abiertas e imprudentes. Y en términos más cercanos, alguien de la iglesia a quien usted admiraba como maestro y ejemplo de vida, pudo haberle hecho daño. El daño y la traición han llevado con demasiada frecuencia a las dudas que quebrantan las convicciones y destruyen la fe.

En esos momentos resulta tentador señalar a los demás. Aunque, para ser sincero, a mí también me resulta tan difícil creer, amar, perdonar, compartir el Evangelio, compartir mis bienes, solidarizarme con quienes sufren, promover la paz, bregar por la justicia. ¿Dónde está el poder transformador del Espíritu en mi vida? ¿Es mi propia fe una ilusión? Yo mismo me convierto en la fuente de mis dudas.

Este tipo de peligros convierten nuestro camino de la fe en una lucha por sobrevivir, al igual que cualquier espina o animal salvaje.

Entonces, ¿cómo caminamos, no sólo con dudas, sino también con convicciones firmes y enérgicas?

Las palabras que leemos al principio de Hebreos 11 son realistas respecto a la fe: la fe es la certeza de las cosas que no podemos ver (v.1). “Por fe andamos, no por vista”, nos recuerda Pablo en 2 Corintios 5:7.

Pero Hebreos insiste en que hay alguien que nos acompaña en el camino de la fe: Jesús. ¡Vemos a Jesús! (Hebreos 2:9), el “autor de nuestra fe”, según Hebreos 12 (v.2), nuestro jakol kudho, como expresó Rebecca, siendo él probado de la misma manera que todos nosotros (Hebreos 2:14–18).

Sí, algunos días todos vamos en la misma dirección, cantando las mismas canciones, como aquí en esta Asamblea. ¡Alabado sea Dios! Otras veces, andamos a los tropezones, procurando brindarnos apoyo mutuo o muy probablemente discutiendo qué camino seguir. Junto con Tomás, el Incrédulo, preguntamos: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo, pues, podemos conocer el camino?” (Juan 14:5). ¿Recuerdan cómo respondió Jesús? “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (v.6). Él es nuestro autor. Es Dios quien camina con nosotros con dudas y convicciones. Ésta es seguramente la convicción más fundamental que necesitamos: no que nosotros caminemos con Dios, ¡sino que Dios camine con nosotros!

Dios también camina con nosotros en la propia Biblia que tantos problemas nos da. Allí está la base en la que se apoyan nuestras esperanzas y convicciones. Por medio de la larga historia de Israel y de los primeros seguidores de Jesús que narra la Biblia, es que conocemos a un Dios que camina con nosotros, al hijo de Dios que nos enseña cómo caminar, a un Espíritu que nos anima y empodera; y, conocemos las convicciones respecto a nuestra identidad, nuestro llamado, nuestra misión. No osemos desperdiciar tan preciado don.

Mas, la Biblia también es Dios quien camina con nosotros de otra manera, muchas veces con brutal sinceridad, expresando nuestra propia lucha con la duda. La historia de Job ha consolado a innumerables personas que luchan con fe ante el sufrimiento incomprensible. El himnario de los Salmos de Israel contiene gritos de ira, resentimiento, lamentos y desconcierto. “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, palabras del Salmo 22, pronunciadas por el propio Jesús en la cruz. Cuántas veces he transformado mi propia oración desesperada en la respuesta del padre que le ruega a Jesús que sane a su hijo. Cuando Jesús le pregunta, “¿Crees?”, él responde, “Sí, Señor, creo; ayúdame en mi incredulidad” (Marcos 9:24).

A veces nuestra fe es poco más que la duda expresada sinceramente a Dios. Aunque, al fin y al cabo, es la fe: ¡la fe como la confianza más profunda expresada en la más oscura de las noches!

La Biblia quizá no sea siempre un mapa claro o una luz brillante, pero es siempre un fiel testimonio de un Dios que camina solidariamente con nosotros aun cuando no veamos nada, recordándonos que no somos los primeros para quienes la fe es una lucha.

¿Y la iglesia? Por supuesto que la iglesia probará nuestra fe. Después de todo, ¡tú y yo estamos dentro de ella! Pero así como la iglesia pone a prueba nuestra fe, es la creación de Dios: la obra de arte de Dios en desarrollo; somos un pueblo que camina y aprendemos a caminar todos juntos. Compartimos convicciones y compartimos dudas. Cuando Pablo les dice a los gálatas que deben sobrellevar mutuamente las cargas, esto incluye seguramente cargar la frágil fe. Nos lamentamos unos con otros cuando las dudas nos abruman y se debilita la fe. Nos alegramos cuando se fortalece la fe. Agradecemos a Dios por quienes tienen fe y convicciones firmes. Los necesitamos en el camino de la fe.

Sólo piensen en sus hermanas y hermanos de hace mucho tiempo y aquellos que les acompañan en el camino. ¡Muchos están aquí, junto a ti, desde todas partes del mundo! Son ejemplos de testimonio valiente y gozoso, amor paciente, perdón sobrecogedor, pasión por la justicia y la paz. Te sostienen cuando estás débil; te toman de la mano cuando no ves el camino. Son el cuerpo del quita-espinas. No, tú eres el cuerpo de Cristo, ustedes, todos juntos somos Dios quien camina junto a nosotros con fe, dudas y convicciones. ¡Demos gracias a Dios!

Rebecca: Finalicemos así como comenzamos, con palabras de Hebreos, esta vez del capítulo 12:

“Levanten las manos caídas y las rodillas paralizadas, y hagan sendas derechas para sus pies, para que lo que es cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.

Sigan la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Miren bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios.” (Hebreos 12:12–15)

Amén.

—Rebecca Osiro, pastora de la Iglesia Menonita de Kenia, Congregación EFC, Nairobi, Kenia, fue elegida vicepresidenta del CMM en las reuniones del Concilio General en 2015. Tom Yoder Neufeld, profesor menonita de Biblia, ahora jubilado, reside en Waterloo, Ontario, Canadá.

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