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¿Cómo podrá la Biblia brindarnos respuestas a las preguntas del siglo XXI?

Foto: Liesa Unger.
fecha de publicación: 
Martes, 10 Enero 2017

¿Cómo expresan nuestras iglesias miembros la hermosa diversidad local de las Convicciones Compartidas del CMM en nuestro organismo mundial?

El número de octubre 2016 de Courier/Correo/Courrier procura discernir la variedad de razones que motivan a las comunidades anabautistas de todo el mundo a reunirse para constituir el CMM. A continuación, escritores y escritoras reflexionan en sendos artículos sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo el amor de Cristo por nosotros motiva y guía nuestra respuesta a los extraños en nuestro contexto local?

¿Cómo podrá la Biblia brindarnos respuestas a las preguntas del siglo XXI?

¿Cómo podrá la Biblia brindarnos respuestas a las preguntas del siglo XXI? ¡Qué desafío enorme! Hay partes del mensaje bíblico que son muy claras y eternamente válidas. Pero dado que el mundo ha cambiado radicalmente, algunas cuestiones del siglo XXI nos exigen que reevaluemos otras partes. Sin embargo, cómo sabremos hasta cuándo deberíamos aferrarnos a las convicciones del pasado o cuándo es hora de abrirnos a nuevos enfoques e ideas.

En nuestra iglesia local y en relación a dicha pregunta, durante los años 2010–2012 procurábamos respuestas al tema del sexo y del matrimonio, centrándonos en cuestiones referentes a las relaciones sexuales premaritales. No se trata de la única cuestión ética, y, por supuesto, no es la más importante, pero sí concierne a todas las generaciones, y aunque no directamente, a la familia eclesial en general.

Estudiar juntos la Biblia

Sabíamos que había actitudes y opiniones muy diversas. Entonces, ¿se trataba de que cada uno hiciera lo que quisiera? ¿O la Biblia serviría de guía? Algunas personas de la generación de los mayores esperaban que, como resultado de este proceso, se le enseñara a la generación de los más jóvenes lo que era claramente correcto.

A otros –los de la así llamada generación de los “niños quemados”– o a alguno de sus coetáneos, que habían sufrido la disciplina estricta de la iglesia en el pasado, les preocupaba que dichas historias se repitieran. Por consiguiente, este proceso tenía que iniciarse prudentemente. Fue grato comprobar que cien personas de diferentes generaciones se sumaran al proceso, confiando en la guía del Espíritu Santo en nuestra búsqueda común. Emprendimos varias acciones importantes:  

  1. Un período de estudio bíblico personal y en pequeños grupos. Fue provechoso un capítulo del libro de Tim Geddert, All Right Now (Ahora bien): “Dios habla a través de la Biblia; ¿por qué escuchamos a Dios de modo diferente?”
  2. En la primera noche hablamos sobre esperanzas y temores, cambios culturales, hermenéutica, y hubo un intercambio sobre las acciones programadas. Teníamos como objetivo que, al final de este proceso, pudiéramos discernir juntos lo que era vinculante y lo que debería considerarse como libertad individual.
  3. En las dos noches siguientes invitamos a oradores, quienes nos ayudaron a entender mejor los fundamentos bíblicos del sexo y del matrimonio, y lo que podía significar para nuestro modo de vida. La conclusión fundamental fue que la sexualidad debería estar integrada a una relación amorosa de toda la vida, caracterizada por la unión, la exclusividad y la estabilidad
  4. La cuarta noche fue muy especial, porque había llegado la hora de saber qué postura habíamos asumido después de todo lo que se había visto y oído. ¿Qué era lo importante para nosotros? ¿Qué aspectos de la sexualidad y del matrimonio quedaban abiertos a la interpretación personal y cuáles deberían ser abordados por la comunidad (tratándose no sólo de un asunto privado)? 

Para averiguarlo, trazamos una línea y les pedimos a todos que se ubicaran en esta línea según su punto de vista. Nuestro lenguaje corporal expresaba si podíamos mirar a los ojos a las personas con las que no concordábamos o si les dábamos la espalda. Les sugeríamos que hicieran breves declaraciones, tales como, “Estoy parado aquí porque...” La mayoría se ubicaba de cara a los demás, a pesar de sus diferencias. Conformaba un amplio espectro, aunque todos nos encontrábamos bajo la cruz en la pared. 

Unidos pese a las diferencias

En las siguientes semanas, registramos las ideas y perspectivas importantes, que nuevamente se discutían con ancianos y predicadores que no opinaban lo mismo sobre cada cuestión, pero que se unían para hacer la presentación de los temas y conducir el debate con la congregación.

Una amplia mayoría aprobó y aceptó el documento como guía. No se trataba de un documento doctrinario. No había respuestas rápidas a preguntas tales como, “¿Hasta dónde puede llegar una pareja que se ama?”, sino que se planteaban las reflexiones de todo el proceso que atravesamos como iglesia local. Algunas veces los líderes de otras iglesias nos solicitan dicho documento, pero tenemos dudas si debiéramos compartirlo porque el proceso en sí es tan importante. Cada iglesia local debería atravesar su propio proceso.

No sería provechoso simplemente adaptar los resultados de los demás sin un proceso previo. Al recordar lo que pasó, tenemos muchos motivos para estar agradecidos, aunque no quisiéramos callar las experiencias dolorosas; fue difícil esta manera de transformar la vida de la iglesia. No cumplimos con llevar a la práctica los reclamos que verbalizamos. Había gente que salió lastimada, y aún existe cierta tensión.

Esto nos lleva a ser humildes, ya que es más fácil hablar del lado alegre y optimista que del lado más sombrío de la vida. Pero ambos pertenecen a nuestra común experiencia y peregrinación como iglesia local. Como dicen las primeras palabras de las Convicciones Compartidas, “Por la gracia de Dios...” avanzamos, centrándonos en la gran visión del shalom. Con estas experiencias del pasado, abordamos ahora un nuevo desafío: hablar del dinero, la riqueza y la acción de dar.

Estoy seguro de que enfrentaremos otras cuestiones éticas en los años venideros. Cada vez, nuestro punto de partida será la Biblia, la que “aceptamos como nuestra autoridad para la fe y la vida, interpretándola juntos bajo la guía del Espíritu Santo”. Y ello significa que debemos estar dispuestos a seguir aprendiendo toda la vida, conscientes de que no todas las respuestas son instantáneas, sino que las debemos procurar juntos.

Emanuel Neufeld, pastor, Evangelische Mennonitengemeinde Schänzli, Muttenz, Suiza.

Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en octubre de 2016