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Brevísimo recorrido histórico, perfil, tendencias y desafíos de los menonitas en América Latina

El grupo de teólogas latinoamericanas se vinculó con teólogas de todo el mundo en la Asamblea 16 del CMM en Pennsylvania, en julio de 2015. Foto de Jim Cheng.
fecha de publicación: 
Lunes, 18 Julio 2016

Estas reflexiones articulan muy brevemente el desarrollo histórico, perfil y tendencias de las comunidades anabautistas e iglesias menonitas multiétnicas en América Latina pertenecientes al CMM; y presenta los desafíos de los menonitas en sus tareas misionológicas, trabajo pastoral y en su testimonio de justicia y paz siguiendo a Jesús en un continente multiétnico.

1. El carácter multiétnico de las comunidades e iglesias menonitas y anabautistas

Argentina. En 1917, Josephus W. y Emma Shank, Tobías K. y Mae Hershey, misioneros de la Junta Menonita de Misiones y Caridades de Elkhart, Indiana, se instalaron en Argentina; en 1919 fundaron la primera iglesia menonita de América Latina, en el pueblo de Pehuajó. De esta iniciativa misionera surgiría en 1943, el trabajo y fundación de iglesias entre el pueblo toba/qom.

México. Desde las primeras décadas del siglo pasado, la presencia menonita tuvo un carácter étnico de migración. Un ejemplo es Old Colony Mennonite, de origen ruso y procedente de Manitoba y Saskatchewan (Canadá). Se ubicó en la ciudad de San Antonio de los Arenales, México, desde 1922 hasta 1926, con una migración de aproximadamente 6.000 personas.

Paraguay. Un total de 1.763 colonos menonitas provenientes de Canadá, emigraron a Paraguay entre 1926 y 1927, estableciendo la Colonia Menno. La Colonia Fernheim, que se ubicó también en el Chaco paraguayo, estuvo conformada por 2.000 emigrantes provenientes de: a) Molotschna en Rusia (1930–32), b) Amur, región cercana a Charbin en China (1932) c) y un pequeño grupo proveniente de Polonia. La tercera colonia llamada Friesland se formó en 1937 debido al desmembramiento de la Colonia Fernheim y se ubicó en el este de Paraguay. Desde dicha colonia se inició el trabajo misionero entre el pueblo enhelt en 1937, surgiendo así una nueva organización eclesial indígena menonita en Yalve Sanga (Lago Armadillo).

La historia menonita-anabautista en América Latina debe verse como el encuentro entre las hermanas y hermanos evangélicos enviados por sociedades misioneras norteamericanas, y los pueblos latinos y autóctonos de este continente. Por otro lado, las colonias menonitas con muchas costumbres étnicas y culturales heredadas en Europa desde el siglo XVI, se asentaron en los territorios de pueblos indígenas, afrodescendientes y mestizos. En contextos históricos y países muy distintos se produjo el encuentro de personas de gran diversidad cultural; por medio de ayudas mutuas y de tensiones culturales, étnicas y sociales, surgieron las iglesias que hoy conforman el Congreso Mundial Menonita.

En las comunidades e iglesias menonita-anabautistas se puede escuchar conversaciones y alabanzas a Dios en inglés, francés, alemán, español, portugués, inglés-criollo, francés-criollo, pero también en toba/qom, guaraní, bribri, enlhet, cabécar, kekchí, tupí, garífuna, quechua, emberá-wounaán y en muchas otras lenguas autóctonas. Esa dinámica de interacción entre las diversas culturas en la conformación de las iglesias y comunidades de fe se vio impulsada desde sus inicios por la acción del Comité Central Menonita, los cuerpos voluntarios menonitas, organizaciones educativas, seminarios y universidades menonitas (mayormente de Estados Unidos y Canadá, pero también de Europa), aportando elementos de vital importancia en la práctica de seguir a Jesús. A lo largo de esta historia de constantes migraciones, puede verse la tensión entre quienes percibieron como prioridad el crecimiento de comunidades y la edificación de templos – sin cuestionar las estructuras sociales de sus tiempos – y quienes enfatizaron la lucha por la justicia y la paz como exigencia prioritaria del Evangelio. A partir de dichas migraciones – tanto de grupos menonitas de origen germano, como también de las migraciones dentro y fuera de los países por parte de comunidades y familias de pueblos autóctonos – surgieron comunidades e iglesias anabautistas.

Algo característico de las últimas décadas (1980–2015) con respecto a los inicios de este movimiento en América Latina, es que prácticamente en todos los países ya hay presencia de iglesias y comunidades menonita-anabautistas. Al comparar las estadísticas del CCM de 2009 con sus estadísticas de 2015, se observa que los países de mayor crecimiento del movimiento se localizan en Cuba (150%), Haití (70%) y Bolivia (80%). Aquí se percibe que el perfil de las comunidades menonitas que están cruzadas por el encuentro intercultural y el entendimiento de lo que debe ser la evangelización y la pastoral, tienen grandes trazos que las unen con su pasado.

Cuba. En los años cincuenta, los Hermanos en Cristo llegaron a La Habana, Cuba, a evangelizar junto con los cuákeros y nazarenos en Cuatro Caminos. En 1954, la Junta Menonita de Misiones y Caridades de Franconia, EE.UU., también envió a los misioneros Henry Paul Yoder y su familia para fundar una iglesia en la provincia de Las Villas, en el pueblo de Rancho Veloz. La revolución encabezada por Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, produjo una gran desbandada de misioneros norteamericanos que abandonaron la isla en los años sucesivos. Durante los años de la revolución, el liderazgo de Juana M. García fue fundamental para mantener el trabajo eclesial que iniciaron los Hermanos en Cristo en el pueblo de Cuatro Caminos, en La Habana. El 19 de agosto de 2008 se inició un nuevo trabajo misionero de los menonitas en Cuba. El pastor Alexander Reyna Tamayo y su familia habían trabajado anteriormente como pastores en la Iglesia Evangélica Misionera. En 2004 conoció a Janet Breneman de EE.UU. y Jack Suderman de la Iglesia Menonita de Canadá, después de que ellos ofrecieran cursos sobre la tradición anabautista en la Iglesia Evangélica Libre. En común acuerdo con la Iglesia Evangélica Misionera, Alexander Reyna inició contactos con la Iglesia Menonita de Canadá y llegó a conformar esta nueva organización que trabaja en pequeñas células en los hogares, en las provincias de Santiago de Cuba, Olguín, Granma, Villa Clara y Cienfuegos. El enorme crecimiento experimentado en Cuba, sobre todo en la última década, nos remite a la nueva situación política que vive la Isla, que últimamente inició relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y la apertura religiosa que está experimentando.

Haití. País de origen afrodescendiente y el más pobre de América Latina, sacudido además por el devastador terremoto del 12 de enero de 2010, y la crisis económica y política de sus gobiernos. Es otro ejemplo que remueve la temática del perfil anabautista de las iglesias y las tendencias del servicio que prestan organizaciones anabautistas y sociedades misioneras. Tanto en el caso de Cuba como en el de Haití, se hace necesario un detallado estudio que explique su gran crecimiento numérico así como el perfil cultural presente en la vida y misión de los miembros de sus comunidades.

Bolivia. Se ha convertido en el país de mayor migración de menonitas conservadores de origen alemán en América Latina en las dos últimas décadas. Desde 1980 hasta 2007, se han establecido un total de 53 nuevas colonias en las provincias de Pando, Beni y Santa Cruz. Estas colonias provenían de la división interna de muchas otras colonias menonitas en Bolivia y otros países como: Belice, Paraguay, México, Argentina y Canadá. En 2007, estas nuevas colonias completaban una población de 30.618 personas (adultos, niños y niñas).

En la sociedad civil, una de las reacciones a esa situación es que pareciera que la Reforma Agraria aún no ha llegado a América Latina para fortalecer a los grupos más desfavorecidos, como las poblaciones indígenas o de origen afrodescendiente. Nuestras preguntas se orientan otra vez sobre: a) la relación que surge en este contexto, entre colonias de grupos menonitas de origen europeo con las poblaciones indígenas de sus alrededores; b) el rol de las sociedades misioneras y la conformación de iglesias que tienen el propósito de seguir a Jesús desde sus propias raíces culturales y étnicas. Los desafíos del evangelio en el encuentro y/o desencuentro de comunidades con un trasfondo étnico y cultural tan diverso, están presentes y latiendo fuertemente como el tiempo de las primeras migraciones étnicas de los menonitas en América Latina.

2. Estadísticas de los menonitas en América Latina

I. Región de Mesoamérica:

País: Número de miembros:
México33.881
Guatemala9.496
Honduras21.175
El Salvador909
Nicaragua11.501
Costa Rica3.869
Panamá820

II. Región del Caribe

País: Número de miembros:
Bahamas25
Cuba8.664
Jamaica733
Haití5.566
República Dominicana5.780
Puerto Rico798
Belice5.405
Granada 8
Trinidad & Tobago300

III. Región América del Sur

País: Número de miembros:
Venezuela596
Colombia3.664
Ecuador1.340
Perú1.524
Brasil14.748
Bolivia26.661
Chile1.452
Paraguay 34.574
Uruguay1.464
Argentina4.974

Gran Total: 199.912

Estadísticas del Congreso Mundial Menonita, Membresía, Una comunidad de iglesias afines al anabautismo, Membresía, Junio de 2015.

3. Desafíos pastorales desde la realidad multiétnica de América Latina

Estas breves reflexiones nos llevan a considerar los siguientes desafíos pastorales desde la realidad multiétnica de América Latina.

Renovación en el Espíritu. La experiencia en el Espíritu, al igual que nuestros antepasados del siglo XVI, debe significar iluminación y fortaleza para recrear nuestra identidad anabautista, a fin de asumir una actitud crítica ante el Estado, una teología y práctica pastoral a favor de los pobres, una hermenéutica contextual de la Biblia de no resistencia, un compromiso por la justicia y la paz, una tolerancia grande hacia las diversas formas de concebir el misterio profundo de Dios en la multietnicidad de las iglesias y comunidades anabautistas y la sociedad civil.

Movimiento de teólogas latinoamericanas. El encuentro con teólogas africanas en Zimbabwe, marcó un gran desafío para las mujeres latinoamericanas que se dieron cita en la Asamblea del CMM realizada en Bulawayo, en 2003. De ahí surgiría el “Movimiento de teólogas latinoamericanas”, que en base al apoyo del proyecto “Compartir Dones Globalmente” del CMM, ha realizado diversos encuentros en América Latina. En la Asamblea del CMM realizada en julio de 2009, en Asunción, Paraguay, 120 mujeres menonitas latinoamericanas se reunieron para reflexionar respecto al lema: “El mensaje liberador de Jesús para las mujeres hoy”. En la reciente Asamblea del CMM celebrada en Pennsylvania, EE.UU., del 21 al 26 de julio de 2015, el “Movimiento de Teólogas Anabautistas de América Latina” se reunió con las teólogas anabautistas de todo el mundo para promover una red mundial. Uno de los grandes desafíos de este movimiento es cómo integrar en su liderazgo y en el seno de su trabajo, a mujeres que representen ese carácter multiétnico de los menonitas en América Latina. Es a partir de esa gran diversidad de pueblos y culturas que nuestras familias, iglesias y movimientos alcanzarán un mayor testimonio en la sociedad y en el seno mismo del CMM.

Testimonio de paz. El testimonio de quienes trabajan por la paz, arriesgando inclusive sus vidas por el bienestar de otras personas, nos recuerdan las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos e hijas de Dios”. (Mateo 5:9) Los testimonios ofrecidos por el trabajo de organizaciones menonitas como Justapaz en Colombia, y el Comité Central Menonita durante la revolución en Centroamérica durante los años setenta y ochenta, nos recuerdan que es posible dar nuestra contribución por la paz. Pero, esto nos lleva a reflexionar cómo hemos de dar este testimonio en los nuevos escenarios de nuestra América Latina, frente al crecimiento de la población, la destrucción de las culturas y pueblos ancestrales, el racismo, la xenofobia, la desocupación laboral de los jóvenes, la polución y contaminación ambiental, y nuevas formas de opresión y violencia que destruyen poblaciones y la vida del planeta.

Modelos pastorales. Se hace necesario un análisis más detallado de lo que ha sido el testimonio de los anabautistas y menonitas en América Latina. En la década de los setenta, se desarrolló un método que orientaba la acción pastoral de muchas comunidades tomando como punto de partida las palabras: ver, juzgar y actuar; en otras palabras, analizar con las ciencias sociales lo que  acontece actualmente en nuestros pueblos latinoamericanos, juzgarlo a la luz de los desafíos de la Palabra en el seguimiento de Jesús, y finalmente responder pastoralmente con acciones concretas. Quizá sea hora de reconocer que el método antes descrito nos desafía nuevamente a revisar nuestras tareas pastorales, pero no sólo en el sentido de analizar la situación de injusticia a nivel macroeconómico y social, sino también desde las necesidades de una pastoral que esté atenta a las nuevas expresiones de familia en todo el continente, a los gritos de nuevos grupos marginados en nuestra sociedad, que incluye también a nuestros pueblos indígenas, afrodescendientes y a los pueblos mestizos pobres.

La expresión afrocaribeña. El Caribe ha sido la región latinoamericana que más dificultades ha tenido en organizarse desde la colonia a causa de su historia, su complejidad política y la gran diversidad de lenguas. En la Asamblea del CMM celebrada en Asunción, Paraguay en julio de 2009, los representantes de la zona del Caribe expresaron en el caucus latinoamericano la necesidad de organizarse también como región. El fortalecimiento de las reflexiones teológicas, sociales y pastorales de las iglesias y comunidades anabautistas del Caribe debe ser una prioridad del CMM. La realidad de las iglesias afrodescendientes del Caribe enriquece enormemente el carácter multiétnico del CMM, que permitirá fortalecer el diálogo de dichas iglesias con las iglesias afrobrasileñas, y también con las iglesias menonitas de África. 

La gran diversidad étnica y cultural. En medio de la pobreza económica, las comunidades menonitas de los pueblos originarios y de trasfondo africano de todo el continente, comparten con nosotros su riqueza histórica, cultural y espiritual. Por medio de sus historias y sus mitos hundidos en las entrañas de la selva, los mares, los ríos, las rocas y las praderas, nos exhortan a proteger y velar por la madre tierra. Sus visiones y sueños nos hacen ver el desorden provocado en la creación por los sistemas económicos que protegen los intereses económicos de las transnacionales, o “promueven el desarrollo” a costa de la destrucción de la diversidad cultural. 

La visita de hermanos y hermanas de los pueblos originarios como los métis y ojibwe (América del Norte), los quechuas (Perú), los kekchíes (Guatemala), los emberá y wounaan (Panamá), a las tierras de los pueblos originarios del Chaco paraguayo durante la Asamblea del CMM en Paraguay (2009), es una bella señal de fraternidad y unidad en medio de la diversidad. Desde este anhelo de aprender unos de otros y de poner nuestros talentos al servicio de los demás, es que esta gran variedad étnica de los menonitas en América Latina sólo puede nutrir a la comunidad anabautista; y, además, hacer real nuestros esfuerzos de ser instrumentos de Dios en la creación que añora con dolores de parto su liberación, así como nosotros gemimos y suspiramos por la redención de nuestros cuerpos (Romanos 8:18–25).

—Jaime Prieto es costarricense, casado con la brasileña Silvia de Lima; juntos tienen un hijo llamado Thomáz Satuyé. Jaime es Doctor en Teología por la Universidad de Hamburg, República Federal de Alemania (1992), miembro de la Iglesia Menonita de Costa Rica desde 1971, y actualmente pertenece a la Asociación de Iglesias Evangélicas Menonitas de Costa Rica (miembro del Congreso Mundial Menonita). Es autor de Misión y migración, el tomo sobre América Latina de la Colección de Historia Menonita Mundial publicada por el CMM.

Este artículo apareció por primera vez en Correo/Courier/Courrier en abril de 2016. 

 

 

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