Testimonios

Profetas inmigrantes enseñan sobre el cuidado de aquellos que son marginados

Las mujeres alaban al Señor durante un culto en una congregación de la Iglesia Menonita de Kenia. Foto: @realfoto_Kenya

En los últimos años Kenia ha sido uno de los puntos álgidos del conflicto entre cristianos y musulmanes en el este de África, dados los ataques letales del grupo militante al-Shabab en Nairobi, Garissa, así como en otros lugares; con cada incidente de terror la tensión aumenta.

No obstante, los menonitas de Kenia están encontrando esperanza en pequeños actos de transformación. Gran parte del desafío consiste en que en el último cuarto de siglo, Kenia ha recibido oleadas de refugiados provenientes de Somalia. Muchas de estas personas aterrizan en el campo de refugiados más grande del mundo (Dadaab) – o en el vecindario Eastleigh de Nairobi. Allí, en el sitio conocido como Eastleigh Fellowship Center, iniciado por menonitas, los cristianos y los musulmanes interactúan de diferentes maneras.

Yusuf, un menonita de Kenia quien enseña inglés en Eastleigh, sostiene conversaciones en torno a la fe, de forma regular, con jóvenes somalíes en el vecindario. Un día, uno de sus compañeros de conversación  tuvo gran enojó y le dio una fuerte bofetada en la cara. “Oré a Dios para que no me enojara”, señala Yusuf, “y simplemente continué con la conversación”.

“Más tarde, los otros muchachos que estaban presentes se me acercaron para pedirme disculpas, además de argumentar que estaban sorprendidos de que yo no hubiera peleado; entonces les dije: “Ustedes no saben cuánto me ha perdonado Dios, así que también nos ha llamado a perdonar”.

“En ese momento me di cuenta que la paz es el mejor testimonio”, explica Yusuf. “A partir de ese momento mi relación con esos jóvenes cambió”.

Una mujer que pastorea una iglesia menonita en Eastleigh confiesa cuán difícil es permanecer, teniendo en cuenta que muchas iglesias se han ido de la zona. En 2014 hubo una serie de bombardeos y la tensión a veces puede ser muy alta. No obstante,  trabajó por muchos años en Eastleigh, enseñando en el centro de confraternidad y ayudando a los jóvenes somalíes con asuntos de inmigración. Ahora estos somalíes tienen sus propios hijos y los traen al centro, y todavía se refieren a ella como “Mamá Rebecca”.

Existe esperanza de que este tipo de relaciones transformadoras se extiendan, pese a que los incidentes de violencia están siempre presentes en las noticias.

De vez en cuando, el fruto de estas amistades cariñosas florece de maneras sorprendentes. Uno de estos casos ocurrió cuando los militantes de al-Shabaab detuvieron un autobús en el norte de Kenia y ordenaron a los musulmanes y cristianos que se separaran; los pasajeros se rehusaron. Los viajeros musulmanes protegieron a sus vecinos cristianos, un musulmán incluso perdió la vida en el ataque.

Este nuevo paradigma de proximidad refleja lo mejor de las dos tradiciones de fe – amar y obedecer a Dios, amar y proteger al prójimo.

Profetas inmigrantes

Este nuevo paradigma de proximidad, que en última instancia es una práctica de acogida a los extranjeros – a los refugiados, a las personas desplazadas, a los inmigrantes – podría ser uno de los asuntos interreligiosos más importantes en nuestro mundo. Dar la bienvenida a los extranjeros vulnerables es uno de los elementos comunes que compartimos como musulmanes y cristianos.

El centro de nuestra fe lo constituyen dos profetas – Jesús y Mahoma – habiendo sido los dos personas desplazadas. A estos también podríamos agregar a Moisés, quien fue una persona rechazada como resultado de un genocidio.

Podemos entonces notar tres cosas sobre Jesús relacionadas con el hecho de dar la bienvenida a los extranjeros:

En primer lugar, Jesús nació dentro de un pacto que se reveló en el contexto de la migración, comenzando con el profeta Abraham y culminando el evento central del Antiguo Testamento, el éxodo de la esclavitud.

Según la Biblia, la migración es un pacto entre Dios y los seres humanos. Este pacto fue un regalo y una responsabilidad; reflejaba la bondad de Dios hacia ellos pero también los llamó a acoger al extranjero de la misma manera en que Dios les acogió durante su esclavitud: “Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” (Deuteronomio 10:19).

En segundo lugar, Jesús mismo fue un refugiado, huyendo de un rey asesino hacia la tierra de Egipto. ¡Qué sorprendente cambio de la historia del éxodo! La tierra que mantuvo esclavos a los hijos de Israel por 400 años pasó a ser la tierra que recibió al vulnerable refugiado Jesús, el Mesías. 

En tercer lugar, la experiencia de Jesús como refugiado seguramente impactó su visión del mundo. Como alguien que había sido forastero y extranjero, pasó su vida desafiando las divisiones que mantenían a la gente excluida.    

Durante su vida y ministerio, Jesús fue más allá de cualquier tipo de frontera, – limpio/impuro, santo y pecador, rico y pobre. La vida de Jesús consistía en hacer un llamado a una vida de comunidad, de generosidad, que reflejaría el amor ilimitado de Dios hacia todas las personas.

Esta enseñanza central de Jesús está perfectamente plasmada en Mateo 25: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed, y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, estuve desnudo y me cubristeis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel, y vinisteis a mí” (vs. 35–36). Jesús cumple el llamado original al pueblo de Dios, consistente en seguir el ejemplo de Dios como libertador y proveedor de nuestros semejantes.

El profeta Mahoma, un huérfano, se unió a una larga línea de profetas cuya obediencia a Dios resultó en hijra, el término coránico para referirse a la inmigración. Se identificó como un inmigrante, expresando que es como un viajero que se queda por un breve período para descansar bajo la sombre de un árbol para luego continuar con su viaje.  

El Corán habla en nombre de los oprimidos y los débiles en la tierra, diciendo: “¿No era la tierra de Dios lo suficientemente espaciosa como para que pudieras huir en busca de refugio?” (4:97). En otras palabras, la tierra le pertenece a Dios, y aquellos que tienen autoridad deben cuidar de los refugiados.

En el sexto año de la profecía de Mahoma, envió 83 miembros de su comunidad para buscar refugio de los mecanos en el reino cristiano de Abisinia (la actual Etiopía). Cuando los mecanos le pidieron al rey Negus que les entregara a los inmigrantes, el rey protegió a los inmigrantes musulmanes; varios versos del Corán alaban su bondad. Este evento es un ejemplo importante de amor mutuo entre musulmanes y cristianos.

Nuestros profetas principales – Moisés, Jesús y Mahoma – fueron personas desplazadas. Nuestras Escrituras nos cuentan de la especial preocupación de Dios por las personas que han sido marginadas. Debemos reconocer que el cuidado de los inmigrantes es fundamental para vivir nuestra fe.

—Peter Sensenig, junto a su esposa Christy y dos hijos, trabaja con la Junta Menonita en África Oriental en una zona mayormente musulmana de Tanzania, enseñando sobre la paz en un centro interreligioso en una universidad. También cuenta con la oportunidad de tomar parte en los diálogos entre musulmanes y cristianos en diferentes partes del este de África. Las reflexiones anteriores surgen de dichos diálogos. 

Este testimonio hace parte de los recursos para la adoración del Domingo de la Paz 2018. Haga clic aquí para ver más: www.mwc-cmm.org/domingodelapaz

Date/Fecha: 
6 Ago 2018 - 11:10am